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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 457 | Abril 2020

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Nicaragua

“Estamos cada vez mejor organizados para enfrentar a la dictadura”

Eliseo Núñez Morales ex-diputado, representante en la Asamblea Legislativa de varios partidos liberales, miembro del Frente Amplio por la Democracia, y hoy asesor en organización territorial de la Alianza Cívica, compartió los avances de la organización en los territorios de la oposición azul y blanco, en una charla con Envío que transcribimos.

Eliseo Núñez Morales

“La Coalición Nacional, convocada por la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia y por la Unidad Azul y Blanco se presentó en Nicaragua el 25 de febrero. Pero no esperamos a esa fecha para empezar a organizar a la población azul y blanco en todo el territorio nacional.

Nosotros concebimos la Coalición Nacional como un estadio de beisbol o de futbol. Todo estadio tiene varias puertas para entrar. Igual con la Coalición: se puede entrar por la puerta de la Alianza, por la de la Unidad Azul y Blanco (UNAB), por la del Movimiento Campesino, por la puerta de los partidos políticos… El 25 de febrero firmaron con la Alianza y con la UNAB, unidas en la Coalición, el Movimiento Campesino y cuatro partidos políticos: el partido costeño Yátama, el partido evangélico PRD, el partido de la exResistencia FDN y el PLC.

Al iniciar enero, ya en la Alianza y en la UNAB habíamos decidido dividirnos el trabajo organizativo porque habíamos visto que el ciudadano que estaba participando en las expresiones azul y blanco tenía varias tendencias y todas deberían tener un lugar en las plataformas azul y blanco organizadas. En la Alianza había más gente que venía del segmento poblacional que votaba liberal y en la Unidad había más grupos de la sociedad civil y del sandinismo disidente. Autoconvocados había en ambos grupos. El movimiento azul y blanco es muy amplio. El segmento de la UNAB es más urbano y más de activismo social y el de la Alianza es más rural, más del interior del país, de gente de tradición política liberal -aunque no liberal de pensamiento, sino con una visión conservadora del mundo-, de gente que estuvo ligada a los partidos, no necesariamente a los dirigentes de los partidos.

Desde enero, en la Alianza nos estamos moviendo por todo el país y hemos tenido buena acogida de la gente, también porque la Alianza ya había hecho un esfuerzo previo dirigido a organizar sectores, una tarea que se realizó desde la Comisión de Inclusión que organizó la Alianza y que sirvió de semillero para el esfuerzo actual.

Otra diferencia entre la Alianza y la Unidad Azul y Blanco es que la Alianza decidió organizar personas territorialmente y la UNAB está organizando organizaciones. La Alianza decidió organizar personas por territorios y no por organizaciones porque en Nicaragua la gente es muy dada a crear organizaciones, pero con mucha facilidad esa organización se divide y se crea otra porque alguien quiere ser presidente de la otra... y se vuelve a dividir. La Unidad Azul y Blanco ya se ha encontrado con esa realidad, con ese obstáculo, y al final no saben si los grupos son reales o no. En la Alianza decidimos atar la organización al territorio, ligar a la gente organizada a su territorio para que así nadie puede agarrar su “casa” y llevársela como el caracol hacia otro lado, sino hacerla sentir que está obligada a negociar en el territorio. Otra ventaja de organizar personas por territorios que fueron de partidos políticos es que, como allí los partidos mantienen una estructura, tal vez pobre, pero la tienen, si cuando entran a la Coalición se encuentran con que ya en el territorio hay organización, esto les facilitará adaptarse a la nueva dinámica que la Alianza y la UNAB tienen.

Hoy la Alianza está cada vez mejor organizada para enfrentar la dictadura. Hemos venido avanzando en organización en todo el territorio. En el diseño que tenemos, el primer paso organizativo es el que llamamos de “exploración, conquista y convencimiento”. ¿En qué consiste? Los del equipo central nos reunimos con grupos pequeños para “explorar” cómo está el ambiente en el territorio al que llegamos. El 6 de enero comenzamos este trabajo y ya para la tercera semana de enero habíamos realizado 45 visitas exploratorias. Al término de la exploración dejamos designado un “equipo de trabajo”. Son pequeños grupos provisionales, que tienen el trabajo de convocar a una asamblea departamental, que debe tener al menos 100 participantes. En la última semana de enero contábamos con equipos de trabajo listos para organizar asambleas en 11 de los 17 departamentos del país y en 5 de los 7 distritos de Managua.

El 10 de febrero comenzaron a celebrarse las asambleas departamentales. De ellas, ya no por designación, sino por votación, salen las directivas departamentales, que tendrán la tarea de convocar las asambleas municipales y departamentales de las que saldrán directivas, ya no provisionales y ya con autoridad política.

Hasta hoy, viernes 20 de marzo, cuando por responsabilidad hemos tenido que detenernos a causa de la pandemia del coronavirus y a causa de la irresponsabilidad del régimen, ya hemos celebrado seis asambleas departamentales y ya tenemos seis directivas departamentales electas. Y en el resto de departamentos donde no tenemos directivas tenemos los 11 equipos de trabajo designados, lo que significa que ya hemos cubierto, de una forma o de otra, todos los departamentos del país.

En los municipios hemos ido avanzando también: en el departamento de Matagalpa y en el de Madriz tenemos ya equipos de trabajo en todos los municipios. Y en los otros departamentos tenemos equipos de trabajo en el 50% de todos sus municipios. Necesariamente, la pandemia va a ralentizar el trabajo. Y no es nada fácil hacer asambleas virtuales. Teníamos pendiente una asamblea en Carazo y quisimos hacerla virtual, pero no todo el mundo tiene Internet para hacer una asamblea virtual de varias horas. Les prometimos recargas, pero sólo 93 personas tenían un teléfono con cámara y era necesario que todos lo tuvieran porque había que registrar votos. En Nicaragua hay muchas limitaciones para el trabajo virtual, además de que el contacto humano no lo ha sustituido nada en ninguna parte.

En el recorrido que hemos hecho por todo el país en muy pocos lugares hemos encontrado que haya problemas entre la Unidad Azul y Blanco y la Alianza. Lo más importante que hemos encontrado es que se nos ha hecho evidente que somos el 80% o más de la población. El FSLN está reducido hoy a los funcionarios públicos. Donde hemos tenido hasta ahora más problemas para organizar es en Managua, porque es en la capital donde está concentrada la mayoría de los funcionarios. Y aún entre los funcionarios lo que hemos encontrado no son problemas de receptividad o de rechazo, sino problemas de miedo, porque se sienten vigilados por algunos vecinos o en sus trabajos.

Cuando iniciamos las visitas de exploración el primer problema que vimos que teníamos que resolvernos era organizativo, era de legitimidad. Y el problema de legitimidad sólo se resuelve con votos, no hay otra manera de resolverlo. Entonces decidimos, como equipo central, designar equipos de trabajo departamentales para que fueran ellos los que organizaran una asamblea departamental con un mínimo de 100 personas -lo que son pocos para el departamento-, y con la obligación de que el 40% de los asistentes a la asamblea viniera de los municipios de ese departamento. En la asamblea se elegirían directivas, nunca por “planchas”, sino uninominalmente. La directiva de nueve miembros que resulta electa no se convierte en una autoridad política, sino en una autoridad organizativa con la tarea de organizar a todos los municipios de su departamento.

Esta directiva electa designa a un equipo de trabajo en cada municipio, que está obligado, igual que estuvo el equipo departamental antes, a hacer una asamblea. Lo que buscamos en estas asambleas es legitimidad. El que lleva más gente a la asamblea es el que gana más votos, por una lógica algorítmica. Y aunque puede ser que con este método no salga el mejor, por lo general el que lleva más gente a una asambleas el que tiene más capacidad de organización. Y si sucede que el que lleva más gente y sale después no sirve para nada, esto entrará en las correcciones que se irán haciendo. Además, como exigimos que el 40% de la gente de la asamblea departamental sea de los municipios, eso nos garantiza que cuatro de los nueve de la directiva departamental que elija la asamblea saldrá de los municipios del departamento. Con esta regla nadie se atreve a llevar gente sin mezclar entre la gente que lleva a gente de los municipios.

En la asamblea departamental provisional el mínimo de asistentes es de 100 personas. En las asambleas municipales exigimos más gente. En las cabeceras departamentales y en los municipios con más de 100 mil habitantes, las directivas se eligen en asambleas que deben tener más de 150 personas. Las directivas electas en las asambleas municipales ya no son provisionales, tendrán un tiempo de funcionamiento más extenso y tendrán funciones políticas y no sólo organizativas.

Hoy, viernes 20 de marzo, estaban en proceso las asambleas municipales y pensábamos poder elegir ya directivas en dos municipios pequeños: Totogalpa y Terrabona. Veremos el tiempo que nos quita la responsabilidad con la pandemia.

En este diseño que hemos hecho, el modelo organizativo es asambleario, no es piramidal. Y eso premia al que está más organizado. Por ejemplo, en el municipio de San José de Bocay, donde la asamblea debía haber sido como mínimo de 100 personas, llegaron 300. Entonces, esas 300 personas se convierten en parte del padrón para elegir la asamblea departamental. Y esto significa que San José de Bocay tiene derecho a llevar a la asamblea departamental de Jinotega a 300 asamblearios. Y si la cabecera del departamento, Jinotega, no logra reunir a más de los 150 reglamentados, entonces San José de Bocay va a tener más influencia que Jinotega en la elección de la directiva departamental, porque San José de Bocay lleva a 300 y Jinotega a 150.

Este diseño nos resuelve también que, con asambleas tan grandes y con elecciones uninominales, donde no se vota en plancha, los grupos sin presencia en todos los municipios se ven obligados a negociar con otros grupos. Esto evita que el grupo se encierre y negocie sólo con directivos. Como no tenemos ninguna referencia numérica electoral del apoyo que hay a la opción azul y blanco que le estamos presentando a la población, trabajamos con algoritmos y si un municipio pone más asamblearios eso significa que tiene más votantes por la opción azul y blanco.

En general, en todos estos encuentros y asambleas no hemos tenido problemas de asedio antes o durante la reunión, porque hemos tomado la decisión de propagandizarla después. Los asedios han sido en general tardíos. Cuando han sabido donde nos reunimos y nos cercan y nos piden cédulas y nos asedian es por fallas que nosotros mismos hemos cometido en el uso de las comunicaciones.

Para controlar a los posibles infiltrados que puede meter el Frente Sandinista a las asambleas las hacemos con “padrinos”. Padrino es quien se hace cargo de a quienes lleva a la asamblea. Se hace responsable de todos los que lleva. Esto no elimina a los infiltrados, pero los reduce bastante, porque los filtros son más y más cercanos. No ponemos límite al número de padrinos. Un ejemplo en la asamblea de Matagalpa: reunimos a 252 personas y había allí 32 padrinos.

En nuestro trabajo no necesariamente todos los que encontramos son de tradición liberal en todas partes. Hemos encontrado también a bastantes muchachos autoconvocados sin afiliación política. En Río San Juan tuvimos una grata sorpresa porque a la reunión de exploración para formar el equipo de trabajo llegaron mayoritariamente estudiantes universitarios y ellos mismos reconocían que su principal debilidad era ésa, ser jóvenes, no tener experiencia. Les hicimos ver la necesidad de que tuvieran soporte en conexiones para crecer. Lo entendieron y ellos mismos convocaron a sus padres, madres, tíos y primos mayores para la asamblea departamental. Fue una experiencia muy interesante porque ellos mismos resolvieron, ellos mismos hicieron la mezcla y a la asamblea llegaron poco más de 100 personas entre gente adulta y gente joven y así eligieron a su directiva: quedó una presidenta adulta y ocho chavalos y chavalas, todos estudiantes y todos menores de 25 años.

Cuando les preguntamos a estos chavalos quiénes les darían soporte, nos estábamos refiriendo a otro paso que tiene nuestro diseño organizativo, que es darle “peso cualitativo” a las directivas que van surgiendo. ¿Qué significa el peso cualitativo? Que hablamos también con profesionales, productores, líderes de opinión, influenciadores de cada departamento. Tratamos de reunirlos por grupos y a algunos los visitamos personalmente. Les pedimos que apoyen a la directiva que queda electa para así darle una nueva dimensión cualitativa a la organización. Para que, por ejemplo, el profesor más conocido del pueblo, que no fue a la asamblea, trabaje con ella de alguna forma. Que el ganadero que no quiso ir por cualquier razón a la asamblea les aporte algo. Que el sacerdote o el pastor evangélico que por su ministerio no fue se integre de alguna manera. En esto de dar peso cualitativo a las directivas también nos ha ido bien.

¿Qué he percibido en este trabajo cuando explico a los primeros contactos que hacemos la importancia de estar organizados? Que la mayoría de la gente quiere ir a unas elecciones libres y transparentes, aunque eso no significa que ya hayamos tomado la decisión de ir. En estos recorridos he confirmado que la elección en el 2021 la gente la siente como un límite, como un parteaguas. La gente siente que hasta ahí puede aguantar. Yo siento que la gente ha tomado la decisión de que 2021 es lo máximo que aguanta a Ortega. Es un sentimiento generalizado, se siente. Y no es así porque vayan a ir a las elecciones, sino porque sólo hasta entonces lo van a aguantar.

Creo, por eso, que hay que buscar la forma de aprovechar esta fecha, que la gente siente como el último plazo que le dan a Ortega. Y para aprovecharla, la pregunta no es si vamos o no vamos a las elecciones. La primera pregunta que nos tenemos que hacer es otra: si Ortega se roba las elecciones, ¿somos capaces de arrebatarle ese resultado fraudulento? Si respondemos que sí somos capaces, vamos a las elecciones aun sin que nos haya dado reformas electorales, porque vamos apostando no a ganarlas porque él nos dio una elección libre y justa, sino porque vamos a arrebatarle el resultado. Y si respondemos que no somos capaces de arrebatarle el resultado, tendremos que prepararnos para un camino largo de resistencia para derrotarlo más allá del 2021. Son dos estrategias distintas que dependen de la respuesta que demos a la pregunta de si tenemos o no capacidad de quitarle a Ortega de las manos su triunfo fraudulento…

Creo que sí se lo podemos arrebatar. Con movilización. Esto no se va a solucionar solo con votos. Será con movilización. Como fue el 18 de abril. Ese día, cuando la gente se tiró a la calle, ellos se replegaron. Lograremos arrebatarle el poder si logramos que la gente se tire de nuevo a la calle. Yo creo que vamos camino de otro levantamiento popular. Sé de dónde no va a provenir ese levantamiento. No va a provenir de la represión política, que ya está normalizada. Creo que la chispa que lo encienda vendrá de la indignación por hechos comunes injustos contra gente común…

Y aquí quiero hacer una reflexión sobre el levantamiento popular de abril de 2018. En abril todo mundo creyó, incluyéndonos a muchos de nosotros, que era posible sacar a Ortega porque vimos a todo mundo salir a las calles. De las cosas más interesantes de abril fue ver que, aunque el movimiento fue absolutamente espontáneo, todo mundo estaba listo a “echarle un galón de gasolina al fuego”.

El rechazo a Ortega se demostró masivo cuando se abrió una posibilidad de demostrarlo. Vimos que todo mundo estaba listo para ver cómo ayudaba a sacar a Ortega. Y Ortega respondió siguiendo el manual. En eso le doy crédito a Félix Maradiaga. En una reunión que tuvimos en el IEEPP en la mañana del 23 de abril, antes de la primera marcha masiva de esa tarde, nos dijo: “Debemos apurarnos, porque estos movimientos masivos tienen su pico en dos meses y en tres o cuatro meses decaen, así que si llegamos al tercer mes y no lo hemos sacado, ya no lo sacamos”. Y así fue, así de exacto. No lo logramos sacar en el pico de la movilización y ya en el tercer mes había iniciado la operación limpieza y la gente se desmovilizó por el terror. Perdimos ese primer momento por falta de organización y por falta de liderazgo. Todo el mundo estaba dispuesto a ayudar a sacarlo, pero no estábamos organizados ni había un liderazgo.

Lo que necesitamos es que la gente vuelva a salir a la calle. Y las elecciones, en sí mismas, son esa meta de corto plazo que necesita la gente para empujar hacia adelante y salir, sabiendo que al día siguiente va a amanecer sin Ortega echándolos presos. Porque hoy el problema para la gente no es asumir el riesgo vital de salir a la calle, es el riesgo del día siguiente: como no lo sacamos vienen con la venganza…

El miedo lo vencemos cuando vemos una luz al final del túnel. En 2018, después de la masacre que significó la operación limpieza, ya no vimos luz al final del túnel y la gente empezó a desmovilizarse. Aun cuando tengamos las peores condiciones electorales, para la gente el 2021 significa eso: sentir que vale la pena correr el riesgo porque ya lo vamos a sacar… En estos términos ya se está hablando así con la gente. ¿Cuál es el principal problema de todo esto? Que lo mismo que lo sabemos nosotros lo sabe también él.

La organización que hoy estamos estructurando es para ir a las elecciones en caso de que decidamos ir. Y es también para no ir a las elecciones si así lo decidimos. Es válida para ambas opciones. Si vamos a ir es con una estrategia y si no vamos a ir es con otra, pero en ambas opciones necesitamos estar organizados.

En lo personal, yo prefiero cambios en las estructuras que administran las elecciones que reformas a la ley electoral. El problema que tenemos no es la ley, es la administración del proceso electoral. Como ahora tenemos administradores léperos y sinvergüenzas el proceso que administran es lépero y sinvergüenza. Prefiero no tener una sola reforma en la ley y buenos administradores en el Consejo Supremo Electoral y en los Consejos departamentales y municipales.

Si logramos cambios de autoridades, para arrebatarle el triunfo fraudulento a Ortega necesitamos unas 300 mil personas organizadas. En el mercado hay un dicho que dice: “Cuida los centavos porque los millones se cuidan solos”. Esto se aplica también a la preparación de un buen tendido electoral.

Si logramos que la gente decida salir masivamente a votar, de ese movimiento masivo vendrá el cuido del voto. Y con grandes volúmenes de gente decidida a participar en el proceso electoral, podremos escoger a la mejor gente para cuidar los votos. La capacidad de cuidar el voto va a depender mucho de cuánto incentivemos a la gente a ir a votar. Porque si no tenemos capacidad de conseguir votantes tampoco tendremos capacidad de conseguir quienes cuiden el voto.

Necesitamos a muchísima gente, pero no vamos a elegir, como hicieron siempre los partidos de oposición al FSLN, a sus fiscales profesionales, porque a ésos ya los tenía ubicados el Frente y los podía comprar o los podía amedrentar. Tenemos que escoger a la mejor gente. Hay 15 mil juntas receptoras de votos. Para cada una necesitamos un fiscal y un suplente: 30 mil personas. Si logramos que el PLC entre plenamente a la Coalición, como por ley al PLC le corresponde tener el primero o el segundo miembro de mesa, necesitaremos en cada junta a un miembro de mesa y su suplente. Ya van 60 mil personas. Hay aproximadamente 4,700 centros de votación, digamos 5 mil. Necesitamos dos de los nuestros en cada uno, 10 mil personas más. Llevamos ya 70 mil personas. Necesitamos 3-4 personas de logística por cada centro de votación. 20 mil más. Para el tendido electoral como mínimo necesitaremos 90 mil personas por lo menos. Y contando con el margen de error, a 120 mil personas bien organizadas.

¿Qué estamos haciendo ya para contar con esas 120 mil personas? Estamos tratando de conseguir, sólo con quienes participen en las asambleas a 15 mil personas en todo el país. ¿Qué representarán esos 15 mil asamblearios? Que cada una de esas personas puede convocar a 15-20 personas para lo que se conoce como el “pastoreo electoral”. Esto significará contar el día de las elecciones con 300 mil personas organizadas, capaces y conscientes de saber a lo que van. Todas estas personas estarán a disposición de la opción azul y blanca de la Coalición.

Hay quien se pregunta si los dos partidos liberales, el PLC y CxL entrarán de lleno en la Coalición. Yo creo que sí, porque, a pesar de lo que se diga de ellos, en esos dos partidos hay gente que es realmente opositora.

Por ejemplo, nos hemos encontrado con reacciones significativas un mismo día y en el mismo departamento de Chontales, de tradición liberal. En el municipio de El Ayote la mayoría de la gente que llegó a la reunión exploratoria no era de partidos, pero la mayoría que sí lo era pertenecía a CxL, un partido que aún no se ha unido a la Coalición porque dice tener reservas. Y esa gente nos dijo: “A nosotros nos han dicho que vamos a ir en unidad. Se han comprometido con nosotros a que el partido no va a ir solo. Pero si no cumplen, nosotros dejamos al partido y vamos con ustedes”. Ese mismo día en la tarde nos fuimos a otro municipio, La Libertad, a una reunión no programada. Pasamos saludando al concejal del PLC y él invitó a los otros concejales del PLC y en la reunión nos dijeron: “Aquí todos somos del PLC y si el PLC no va en unidad, nosotros sí iremos en la Coalición, así que cuenten con nosotros”. Hay una gran conciencia en esto. Si el PLC y CxL no van en unidad, si no van en la Coalición, se van a quedar solos.

Esto que nos dijeron en estos dos municipios de Chontales lo escuchamos igualito por todo el país. Se repite por todas partes. Cuando hacemos las primeras reuniones exploratorias siempre llegan los jefes locales del PLC y de CxL y siempre nos dicen que quieren ser tomados en cuenta en caso de que sus partidos no entren en la Coalición. Sólo están a la espera de lo que hará o no su partido. En ninguna parte hemos encontrado lealtades a liderazgos fuertes. Porque no los hay en esos dos partidos.

Las falsedades, acusaciones o noticias que diseminan las redes sociales generan entre la gente confusión. En nuestro trabajo hemos comprobado que la organización es el mejor antídoto para aclarar. En Boaco nos reunimos con un grupo chiquito de ocho personas, en el paso exploratorio para iniciar con ellos la organización. No hubo un tema de los que salen en las redes que no nos lo sacaran y tuvimos que responderles pregunta tras pregunta durante tres horas seguidas. Salimos con mal sabor de boca sin saber si los habíamos convencido. Hicimos la asamblea de Boaco con temores, pero de los dos que preguntaron más sobre lo que decían las redes, una quedó de presidenta y el otro, un ganadero, llegó a respaldar la asamblea, con gente y con dinero… y así fue como se organizó Boaco. Y ahí está, ya organizado. Nos quedó demostrado que funciona el darles explicaciones a todo lo que ven en las redes y si lo que dicen es cierto, aceptarlo y pedir disculpas.

Una de las cosas de las que hablamos con la gente diciéndoles que debemos corregirla en Nicaragua es elegir no a un líder o a una líder, sino a un liderazgo. Eso implica un concepto institucional: en el liderazgo puede estar hoy uno o mañana estar otra, pero el funcionamiento debería ser el mismo. Cuesta un montón lograr eso. Pero lo vamos a lograr. Como hemos logrado otras cosas que estaban tan enraizadas. Si hace 25 años le decíamos a un papá que no le pegara a su hijo nos quedaba viendo como locos. Si hace 30 años le decíamos a alguien que no fumara nos quedaba viendo como idiotas. Y hoy casi nadie les pega un chancletazo a los niños para que hagan algo y cada vez hay menos gente que fuma. Elegir caudillos también es un hábito y lo podemos cambiar.

Daniel Ortega tuvo la oportunidad de hacer realidad la tesis de Arturo Cruz: que para acabar con el caudillismo es necesario tener un último caudillo. Él pudo ser el último caudillo de Nicaragua, siendo el caudillo institucionalizador. Pero no quiso serlo. No está en su naturaleza serlo. No tiene capacidad para serlo. Daniel Ortega no entiende que el poder es para dejar un legado al país y que ese legado lleve su nombre. Ha estado tres períodos de gobierno seguidos, ¿y qué va a dejar como legado?

Yo tuve oportunidad de decírselo a él cuando en noviembre de 2006 fuimos a reconocer con Eduardo Montealegre que había ganado la Presidencia. Le dije esa noche: “Ahora que usted va a ser el Presidente, ojalá entienda que tiene la oportunidad de hacer los cambios que este país necesita”. ¿A qué te referís?, me dijo él. “Me refiero a que usted va a tener la oportunidad de construir un modelo institucional y democrático que vaya más allá de usted. Porque como usted es la oposición más fuerte que cualquier gobierno puede tener, es usted mismo quien tiene la capacidad de desmontar el sistema que tenemos y estructurar una institucionalidad que lleve y supere su propio nombre”. Él me contestó con una evasiva: “Por eso es que quiero poner el modelo parlamentario”. Cuando me dijo eso yo entendí que él no entendía nada. Que no tiene capacidad para entender.

¿Más mujeres o varones en las asambleas? Siempre hay más mujeres que varones, algo común en circunstancias difíciles. Las mujeres son más decididas y en las reuniones hablan y dan su opinión. Y son elegidas. En Boaco y en Río San Juan tenemos presidentas mujeres. En Matagalpa quedó de presidente un varón, pero como tesorera y en otras posiciones quedaron mujeres. ¿Más jóvenes o gente mayor? Hay de todo y hemos encontrado autoconvocados de toda edad, tanto en la Alianza como en la Unidad Azul y Blanco. Los autoconvocados no tienen partido y están en ambas organizaciones. Entre los autoconvocados jóvenes hay diferencias políticas que tienen su origen en quiénes son sus papás o qué tradición política tienen sus familias. Hay otros sin tradición, que incursionan por primera vez a la política organizada. Aquí todos nos necesitamos y la discusión de las ideas es necesaria. Lo importante es que para que florezca el debate de ideas primero debemos salir de la dictadura.

En estos momentos de frustración que vive la población nicaragüense, cuando sólo quedamos los más insistentes trabajando por la organización, los azul y blanco que seguimos insistiendo tenemos que aprender de los que insistiendo y organizándose logran grandes cambios a pesar de las desventajas. Debemos entender que los grandes cambios del mundo los han hecho las minorías organizadas que logran que las mayorías caminen por el camino que ellas abren.

Moisés Naim dice que las protestas se vuelven ineficientes cuando carecen de dos cosas: de organización y de jefes. Dice que las protestas que han triunfado son las que logran organizarse y nombrar democráticamente a sus jefes. En abril no tuvimos ni organización ni jefes. Y al día de hoy tenemos más organización, aunque aún no tenemos jefes electos democráticamente. Pero ya tenemos un liderazgo, no un líder, pero sí un liderazgo.

Al finalizar todo este inicial proceso asambleario, lo que esperamos es haber reunido en asambleas departamentales al menos a 2 mil personas, haber elegido a 207 directivos provisionales con autoridad organizativa, contar con al menos una persona bien organizada en cada municipio del país y tener preparada la plataforma para, una segunda etapa de seis meses de duración, en la que realizar 153 asambleas municipales, 7 asambleas distritales en Managua, 15 asambleas departamentales y 2 asambleas en las dos regiones autónomas del Caribe, un proceso que movilizaría a un aproximado de 14,400 personas organizadas. Un liderazgo.

Ya estamos en camino y sí, nos sentimos muy optimistas ante la gran recepción que hemos encontrado en todo el país. Somos más del 80% de la población nacional. Y creemos que, tanto en la Alianza como en la Unidad Azul y Blanco, estamos creciendo y estamos cada vez mejor organizados para enfrentar a la dictadura.

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