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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 457 | Abril 2020

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Nicaragua

El virus lo cambió todo…

La emergencia global del coronavirus lo ha cambiado todo. Puso de relieve, repentina y dramáticamente, la necesidad del Estado y la fragilidad del mercado. ¿Qué ha pasado en Nicaragua, el país más pobre del continente? La pandemia ha revelado los riesgos a los que el régimen ha expuesto a la población, priorizando la economía por sobre la vida, porque de estabilizar la ya fragilizada economía depende mantener su cada vez más frágil poder. En todo el mundo el virus ha demostrado la importancia de la acción colectiva. Y en Nicaragua, la población volvió a autoconvocarse en defensa de la vida.

Equipo Envío

El coronavirus ha cambiado planes personales, familiares, nacionales y globales en todas partes. Cambió también drásticamente los de Ortega, empeñado en los últimos meses en estabilizar, como única vía para mantenerse en el poder, una economía que arrastra dos años de recesión. La población nicaragüense, atemorizada por carecer de información transparente, y consciente de las consecuencias de las irresponsables respuestas del régimen a la pandemia, motivadas por priorizar la economía por sobre la vida, decidió, autoconvocada, su plan y asumió el “quédate en casa”, profundizando aún más la recesión económica.

Más allá de Nicaragua, la economía de los aliados de Ortega también está en gravísimos problemas, porque las dos fuentes de sus economías se han visto desecadas por efectos de la pandemia: Venezuela por el desplome de los precios del petróleo, Cuba por el desplome del turismo.

UN DENSO MES DE MARZO


Marzo ha sido un mes denso y tenso: cuando a nuestro país llegaron los primeros ecos de la pandemia, el régimen recibía un importante golpe político: toda la institución policial -principal instrumento de su política represiva- era sancionada por Washington, calificándola como una organización criminal violadora de derechos humanos.

Poco después, el gran aliado de Ortega, Nicolás Maduro, enfrentaba cargos por narcotráfico y terrorismo internacional en los tribunales estadounidenses, y en un alegato penal que abarca a más de una docena de personajes de su cúpula, Nicaragua aparece como ruta de las toneladas de cocaína que el cártel de Los Soles venezolano ha estado enviando desde Caracas al Norte.

El Presidente Trump, obsesionado por conseguir su reelección, y los votos claves de los delegados de Florida, donde tantos venezolanos eligen, ha agudizado así la ya trágica crisis humanitaria de Venezuela.
Y todo esto sucedió en apenas un mes… Es útil un breve relato cronológico de lo que hemos vivido en Nicaragua en este denso mes de marzo…

“NO CERRAREMOS FRONTERAS”


A fines de febrero, cuando el virus azotaba China y aún se hablaba de epidemia y no de pandemia, ya había países que decretaban cuarentenas, ya los había que controlaban sus fronteras, ya había señales preocupantes de sistemas de salud saturados por personas infectadas, ya había miles de fallecidos… En nuestro vecino El Salvador el gobierno ya estaba actuando enérgicamente, como leemos en páginas siguientes.

En Nicaragua, el 29 de febrero, una primera información oficial la escuchamos de la exministra de Salud, Sonia Castro. Anunciaba las “medidas” que adoptaría el gobierno: no adoptar ninguna. Todo lo que harían iba a contracorriente de lo que ya decidían otros países: Nicaragua no cerraría sus fronteras a nadie, viniera de donde viniera, no establecería ninguna restricción migratoria y tampoco establecería ningún tipo de cuarentena a ninguna persona.

Tal vez por ser Castro una funcionaria desprestigiada por la orden que dio en abril de 2018 -no atender en el sistema público a ningún herido en las protestas-, nadie, o casi nadie, prestó demasiada atención a sus desconcertantes anuncios. O tal vez nadie, o casi nadie, estaba pendiente de lo que el virus estaba cambiando ya en el mundo, a miles de kilómetros de distancia, ocupados estábamos en otros temas nacionales y más cercanos…

“NOS DUELE RESPIRAR”


Ernesto Cardenal, el nicaragüense más universal, murió el primer día del mes de marzo. La misa de funeral el día 3 en la Catedral de Managua fue saboteada de forma bochornosa por el régimen, que envió al templo a turbas fanatizadas que interrumpieron la misa gritando que el poeta era un “traidor”, insultaron a quienes se despedían de él y atacaron a golpes a varios periodistas.

Cardenal dejó escrito un extenso poema que tituló “Con la puerta cerrada”, que quería se publicara después de su muerte. En uno de sus versos evoca al niño Álvaro Conrado, quien murió de un disparo de francotiradores en abril de 2018, recuerda sus últimas palabras, “me duele respirar”, y dice el poeta: “A todo el país nos duele respirar / el país entero en manos de una loca… / y de un presidente gobernado por ella…”

Cardenal, toda una vida haciendo de “embajador” de Nicaragua en tantas partes del mundo, repetía desde 2015 a cualquier país al que llegaba a leer sus poemas estas palabras: “El mundo debe saber lo que pasa en Nicaragua”. Fue él quien primero alertó a la comunidad internacional sobre el control absoluto que Daniel Ortega y Rosario Murillo tenían sobre todas las instituciones del Estado, un control tan dañino que hoy se revela como un peligro para la salud de toda la población.

“UN GRANO DE JUSTICIA”


Todavía estaba el país perplejo por el insólito acto promovido por el régimen contra Cardenal en su misa de funeral, cuando el 5 de marzo el Departamento del Tesoro de Estados Unidos sancionó a tres altos jefes de la Policía y a toda la institución armada. Hasta ese día Estados Unidos había sancionado ya a 15 altos funcionarios del régimen y a cinco de las más lucrativas empresas de la familia en el poder, pero no a alguna institución estatal. La Policía fue la primera.

El Departamento del Tesoro sanciona a la Policía por “su papel en graves violaciones de derechos humanos… por ser responsable o cómplice, al ordenar controlar o instruir esos actos… Es responsable de usar municiones letales contra manifestantes pacíficos y de participar en escuadrones de la muerte, así como de perpetrar ejecuciones extrajudiciales, desapariciones y secuestros... Según señalamientos públicos de altos funcionarios de la Policía, las fuerzas parapoliciales son un grupo paramilitar integrado por voluntarios que suelen ser agentes de la Policía vestidos de civil y operan con impunidad siguiendo instrucciones de la Policía”.

La sanción a la Policía, ¿era también una señal de advertencia al Ejército? Mientras algunos analistas decían que sí lo era, otros insistieron en que el Ejército como institución no es percibido, ni en Estados Unidos ni en la Unión Europea, como responsable de las gravísimas violaciones a los derechos humanos que hemos visto en Nicaragua.

La población, que ha visto tan de cerca y por todo el país los desmanes y crímenes cometidos por la Policía, respaldó y celebró que la institución fuera sancionada. Elizeth Cruz, tía de Michael Cruz, uno de los primeros jóvenes asesinados por policías el 20 de abril de 2018, dijo que con las sanciones sentía haber logrado “un grano de justicia”.

“PERSONAJES SINIESTROS”


Además de la institución policial en su conjunto, también fueron sancionados por la misma orden presidencial 13851 y por la misma Ley de Derechos Humanos y Anticorrupción (la Magnitsky Nica) tres de los doce comisionados generales de la Policía: Juan Valle Valle, Luis Alberto Pérez Olivas y Justo Pastor Urbina. La sanción a Pastor Urbina y a Pérez Olivas fue solicitada por Human Rights Watch. Son dos “personajes siniestros”, dijo su director José Miguel Vivanco.

Valle Valle es el responsable de patrullar la capital y, por tanto, del férreo control policial que ejerce el régimen en Managua. Pastor Urbina es el jefe de la Dirección de Operaciones Especiales de la Policía (DOEP), los policías antimotines uniformados de negro, con escudos, cascos y armas de guerra, encargados de atacar, bloquear o asediar cualquier expresión opositora. Actúan prácticamente como un ejército de ocupación. Son ellos quienes garantizan el actual estado policiaco. La DOEP, la unidad policial que más ha crecido desde el levantamiento popular de abril de 2018 “tiene un rol central en la represión en todo el país”, dice la sanción de Washington.

Pérez Olivas está al frente de la Dirección de Auxilio Judicial de la Policía y de la cárcel de El Chipote, “tristemente célebre por las prácticas abusivas que se cometen allí: torturas, violaciones sexuales, descargas eléctricas, laceraciones provocadas con alambre de púas, estrangulamientos y golpizas con tubos de acero”, como se lee en la sanción. Le corresponde también a Pérez Olivas fabricar las evidencias de delitos para que los capturados sean condenados en los tribunales en juicios amañados.

El joven Marco Novoa, brutalmente torturado en mayo de 2018, no en El Chipote sino en una cárcel clandestina, quien salvó su vida por tener la ciudadanía estadounidense, y quien fue el primero en hablar públicamente de las vejaciones sexuales a las que fue sometido, dijo recientemente en el programa “Café con Voz” que vio con sus propios ojos a Pérez Olivas “al frente de sus subordinados” dirigiendo la cárcel clandestina a donde él fue llevado. Allí, Novoa vio asesinar y violar a varias personas, allí supo que había varias de esas cárceles “y también fosas comunes”. Todos sabían allí que estaban bajo las órdenes de Pérez Olivas.

¿AFECTARÁ LA REPRESIÓN?


Las sanciones a la Policía de Nicaragua la colocaron en una lista de organizaciones criminales internacionales sancionadas por Washington, en la que comparte lugar con la institución policial de Irán, sancionada en 2011.
La sanción de Washington tiene consecuencias políticas y financieras. Al día siguiente de anunciada la orden del Tesoro estadounidense, los bancos nacionales retiraron todos los fondos de la Policía. Al no tener cuentas bancarias, los más de 17 mil policías del país tendrán que recibir sus salarios en efectivo. Ninguno de esos miles de policías podrá optar a visa para viajar a Estados Unidos y quienes tengan visa la perdieron.

¿En qué medida la sanción a la institución armada afectará su capacidad represiva? El 23 de marzo el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) tuvo que comunicar a la Policía que se “desobligaba” de desembolsar los $7 millones 600 mil dólares de un préstamo acordado en 2014 con la institución armada.

SE DECLARA LA PANDEMIA


Mientras el régimen asimilaba en silencio las consecuencias de la sanción a la Policía, sin reaccionar públicamente, el coronavirus avanzaba por Europa y llegaba al continente americano.

El 11 de marzo, y después de semanas de estar alertando sobre la necesidad de que los sistemas de salud de todos los países tomaran “medidas urgentes y agresivas”, y en Nicaragua nadie, ni el régimen ni la población, parecían percibir la urgencia, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró oficialmente que el coronavirus había provocado una “pandemia global” por los “alarmantes niveles de propagación y de gravedad y los alarmantes niveles de inacción”.

Por fin, el poder de la palabra “pandemia” despertó a Nicaragua de su inacción… Sin embargo, aunque bastante población empezó a preocuparse, el régimen reiteró lo dicho ya hacía días por Sonia Castro: no tomarían ninguna medida “agresiva”. No querían fomentar alarma, sino continuar con todo lo planificado para que, “en unión y amor”, la población celebrara la semana santa y gozara de las vacaciones de verano, que siempre inyectan dinamismo a la economía, con el turismo nacional e internacional y con mayores niveles de consumo.

SE FILTRA EL PROTOCOLO


Más que el anuncio de la OMS declarando la pandemia, pesó en Nicaragua lo que ese 11 de marzo informó “Confidencial”: al medio de comunicación había llegado un documento elaborado por el Ministerio de Salud (MINSA) desde febrero y mantenido en secreto hasta entonces. Probablemente elaborado con la asesoría de epidemiólogos cubanos, el texto, “Protocolo de Preparación y Respuesta ante el Coronavirus”, hacía una proyección en base a un modelo matemático, que indicaba que en seis meses después de estar presente el virus en Nicaragua habría 32 mil 500 afectados, 8 mil 125 serían casos graves y 813 morirían.

Este documento -verídico porque funcionarios del MINSA han dicho públicamente desconocerlo y nunca se refieren a sus pronósticos porque hacerlo sería aceptar que fue filtrado desde el Ministerio- demostró que el 29 de febrero Sonia Castro habló así porque el régimen sabía de la gravedad de la epidemia. Sin embargo, había decidido ya su irresponsable estrategia: tener controlada la información todo lo posible para mantener la mayor normalidad posible y así garantizar la mayor estabilidad posible a la desgastada economía, que es donde hoy se juega su permanencia en el poder.

El documento tenía el objetivo de ser presentado a la Organización Panamericana de la Salud (OPS) cuando visitara el país. Al conocerlo, algunos epidemiólogos nacionales consideraron que eran cifras teóricas. Otros consideran que se quedan cortas si el sistema de salud se ve desbordado, como es característico en esta pandemia. Alejandro Lagos, experto en salud pública y gerencia hospitalaria, opinó que el gobierno usaba “cifras estratosféricas para después justificar su ineficiencia”. ¿Razón? “Se están curando en salud”, dijo.

“AMOR EN TIEMPOS DEL COVID-19”


Desde hace meses, y para mostrar el apoyo que dice tener, el régimen venía organizando todos los sábados “caminatas” en las que deben participar por obligación empleados públicos y participan por convicción sus simpatizantes. Durante varias horas de la tarde, unos centenares de personas marchan bajo un ardiente sol por una avenida de Managua y bastantes menos por las calles de algunas cabeceras departamentales. Así, sábado a sábado.¬

El 13 de marzo, ya declarada la pandemia, y conocido el documento oficial por la filtración, incluso después de la visita que la Organización Panamericana de la Salud (OPS) hizo a nuestro país, que lo avaló y felicitó al gobierno -lo que causó críticas-, Murillo convocó para el sábado 14 a la caminata sabatina. La llamó “Amor en tiempos del Covid-19” en solidaridad con quienes padecían la enfermedad.

Fue más festiva que cualquier otra: entre una aglomeración de personas ondeando banderas del FSLN, circulaban varias carrozas carnavalescas en las que bailaban hombres y mujeres disfrazados de médicos y enfermeras. En una iba un enfermo en camilla…

EN LA “TODA DULCE” NICARAGUA


Murillo anunció para ese fin de semana “más de 2,800 actividades religiosas, deportivas, recreativas, culturales, gastronómicas, turísticas, en esta Nicaragua que, como decimos con orgullo, es toda dulce y vive llena de amor, promoviendo paz y bien”

Esa misma tarde se celebraba en un centro exclusivo de la capital una reunión de muchas personas: la familia en el poder celebraba la boda de un nieto de Ortega.

En esos mismos días llegó un crucero con turistas europeos. Los recibieron niños pequeños. El régimen dijo que promovería el turismo internacional y nacional para llenar las playas. Anunció ferias de todo tipo y festivales musicales masivos para celebrar la entrada del verano.

La caminata y la irresponsabilidad que demostraba el régimen diciéndole a sus bases que “virus no hay en el país”, que “el calor mata el virus”, que “lo fabricó Estados Unidos”, que “Cuba tiene la vacuna” y que “Dios nos va a proteger”… fueron gotas que rebalsaron el vaso y alarmaron a buena parte del país demostrándonos el peligro y las amarguras a las que el régimen estaba decidido a exponer a la “dulce” Nicaragua.

“SE CONTAGIÓ EN OTRO PAÍS”


Cuatro días después, el miércoles 18 de marzo en la noche, en un mensaje extenso en palabras y con un único contenido concreto, la Vicepresidenta anunció que había un primer caso de contagio por coronavirus en Nicaragua: un hombre de 40 años, que estuvo en Panamá y regresó, comenzando a experimentar síntomas al día siguiente. Murillo remarcó que fue un contagio “en otro país, que allá fue contagiado”, para reforzar la idea, que ha mantenido: que todos los contagiados vienen de fuera, como si el virus no estuviera expandiéndose en el país.

Muy pronto los medios independientes conocieron que el primer caso reconocido era un militar en activo del Ejército de Nicaragua. Basados en sus fechas de salida y entrada en el país, epidemiólogos nacionales consideraron que pudo haber contraído el virus en Nicaragua.

Después del anuncio de Murillo, esa misma noche, el día 19, y aún el 20 de marzo, de golpe, como sucede en Nicaragua, la gente entendió que nos acechaba un invisible y grave peligro. Por todo el país se llenaron los supermercados, se vaciaron las farmacias… y comenzaron a cerrar los comercios.

¿Reconocer un caso confirmado significó una rectificación…? No. El día 19, se desarrolló, tal como estaba programado, un “simulacro multiamenazas” no para enseñar a la población como responder a la expansión de la pandemia, sino para enseñarle, en un performance escolar, a prevenir un sismo que sucedería a la vez que un tsunami y una erupción volcánica… En el simulacro participaron miles de empleados públicos en todo el país, quienes volvieron a reunirse en aglomeraciones durante horas, expandiendo así el contagio.

EL DELICADO SEGUNDO CASO


El 20 de marzo la Vicepresidenta anun¬¬¬ció un segundo caso de contagio: un hombre que había viajado a Colombia en donde, dijo, se había contagiado, reforzando la idea de que el virus no existe en Nicaragua, venía de fuera…

También especificó Murillo que el segundo caso tenía hipertensión, diabetes y VIH, violando la confidencialidad y señalando que “su condición de inmunodeficiencia lo pone en una condición de mayor riesgo”. Al día siguiente en la noche una mujer relacionada con este segundo caso, por ser su empleada, estaba siendo examinada por posible contagio y como no recibía información de la prueba que ya le habían hecho, salió del hospital y habló en Facebook: el segundo caso era dueño de un exclusivo salón de belleza, visitado a menudo por el entorno presidencial.

“¡A LA CALLE, A LA CALLE!”


Para el 21 y 22 de marzo la Vicepresidenta siguió promoviendo la aglomeración de personas al anunciar que más de 400 mil activistas del partido de gobierno se desplazarían por todo el país visitando casa por casa “para educarnos junt@s, para querernos junt@s y cuidarnos junt@s”, lo que fue denunciado por profesionales de la salud como una nueva vía para la expansión del virus.

También es posible que para el régimen -que todo lo controla todo el tiempo- las visitas de sus activistas fueran una estrategia para conocer de primera mano la expansión de la enfermedad y la aceptación de los mensajes de “normalidad” y de “no alar¬mismo” que repetían sus medios y sus voceros. Uno de ellos lanzaba entusiasta la consigna: “¡Nadie en su casa, a la calle, a la calle!”

Fue así, de esta forma opaca y riesgosa, que Nicaragua entró de lleno en este otro tiempo, global e incierto, que la civilización humana está viviendo a causa de uno de esos superminúsculos e invisibles seres llamados virus, millones de años habitando la Tierra, apenas conocidos por nosotros hace poco más de un siglo, mínimos seres que necesitan hospedarse en animales, por ejemplo en nosotros, para reproducirse y demostrarnos así que ellos también existen. Para demostrarnos, en esta ocasión y a todo el planeta a la vez, que pueden cambiarlo todo.

La irresponsabilidad de la dictadura, su priorización de la normalidad para evitar el desplome final de la economía han hecho de Nicaragua un país en riesgo extremo. Donde otros países previenen, la dictadura propaga, donde otros dictan medidas de protección, en Nicaragua se prohíben y hasta se ridiculizan, donde otros ordenan quedarse en casa, aquí se promueve salir a las calles y si es en montón mucho mejor…

“SI ELLOS NO NOS CUIDAN...”


Fue por todo esto que la población -desconfiando desde hace años de las instituciones gubernamentales y sintiéndose en indefensión-, desde que se conoció el primer caso confirmado, empezó a actuar. Las organizaciones sociales, la empresa privada, la oposición azul y blanco, párrocos y obispos, los medios de comunicación independientes, se autoconvocaron para comenzar a divulgar información.

Los epidemiólogos nicaragüenses, de mucha experiencia brindaron a la población explicaciones científicas sobre cuál es la gravedad de este virus: lo exponencial de su propagación. Y cuál es la mejor forma de combatirlo: el lavado de manos y el aislamiento social.

Muy pronto la población fue asumiendo la información que se le brindaba y procesando el riesgo que corría. Y más pronto que tarde, personas, familias, empresas y organizaciones, decidieron cuidarse por su cuenta. “Si ellos no nos cuidan, cuidémonos nosotros”. La iglesia católica canceló todas las procesiones de semana santa. Iglesias evangélicas cancelaron sus cultos. Sin orden de cuarentena, entre el 40% y el 60% de las empresas y organizaciones decidieron el teletrabajo. Universidades y colegios privados suspendieron las clases, a pesar de que inicialmente el régimen se los prohibió. Las que pudieron optaron por la enseñanza virtual. Como el régimen no suspendía las clases en los colegios públicos muchas familias dejaron de enviar a sus hijos a las aulas. Como el régimen hacía, una tras otra, reuniones masivas, la sociedad comenzó a suspender las de más de diez personas. Y como el régimen insistía en que no habría cuarentena alguna para nadie, la gente comenzó a quedarse en sus casas. En las calles de Managua el tráfico disminuyó y las calles de los municipios comenzaron a vaciarse…

HAY DESCONFIANZA


Un factor que ha contribuido a crear temor colectivo es la falta de confianza en la información que brinda el régimen, centralizada en la persona de la Vicepresidenta, que la comunica en su clásico estilo “cariñoso” y después ordena comunicarla impersonalmente a algún funcionario de Salud
.
Muy pronto, desde que se diseminó la epidemia, la mayoría de los gobiernos del mundo han informado responsable y transparentemente de todo: no sólo divulgan medidas de prevención, también dan cifras exactas de personas contagiadas, de los casos graves, de los fallecidos… Buena parte de los mandatarios del mundo han dado la cara a sus poblaciones. No Ortega, que en todo marzo apareció ante la nación para decir algo... El modelo de muchos años se ha extremado en la pandemia: “presidente ausente y vicepresidenta omnipresente”, como dice a menudo el periodista Carlos Fernando Chamorro.

CONTROLAN LA INFORMACIÓN


La información transparente es un elemento clave para enfrentar ésta o cualquier epidemia: así se lo dijo al gobierno de Nicaragua la representación diplomática de Taiwan en Managua el 12 de marzo, pero no hicieron caso al consejo de uno de los países que le son hoy más cercanos por sus donaciones y préstamos.

En Nicaragua, las instituciones no actualizan información y tampoco cuando dan información ésta es creíble. Eso sucede desde hace más de una década y en cualquier tema de interés público. En esta sostenida lógica oficial, todo lo referido a la pandemia ha pasado por ese tamiz y es opaco, controlado, cubierto por el secretismo.

Para agravar más la cosa, las pruebas, los reactivos para diagnosticar si hay o no contagio del virus, los tiene solamente el MINSA (Ministerio de Salud). Eso le facilita al régimen centralizar la información, la más básica, y controlar lo que decidan trasladar o no a la población. “Esto se maneja a nivel de secreto de Estado”, dicen fuentes médicas amenazadas con perder su trabajo en el sistema público si revelan lo que está sucediendo realmente en los hospitales y centros de salud. Si hablan es bajo anonimato. Esto provoca que en las redes lo cierto se mezcla con rumores y temores, con especulaciones y exageraciones.

El sector privado ha insistido al gobierno autorizar a hospitales y laboratorios privados el adquirir los reactivos para diagnosticar el virus. El gobierno se resiste, a pesar de que los test serían más ágiles. Con eso perdería el control de la información.

NO HAY UN SISTEMA CAPAZ


En Nicaragua, el sistema de salud pública es, desde mucho antes de la pandemia, extremadamente deficiente. Sus límites aumentaron desde abril de 2018, cuando por razones de venganza política, fueron despedidas al menos 400 personas (médicos, enfermeras…), muchas especialistas.

El gremio médico ha pedido al gobierno que reponga al personal de salud despedido por razones políticas para reforzar el actual. El gobierno ni se ha referido a esa eventualidad.

En Nicaragua, el Estado invierte anualmente un promedio de 190 dólares por persona. En Costa Rica la inversión es de 1,400 dólares. Aunque no existe información oficial, algunas fuentes médicas han dicho que en todo el país hay apenas 150 ventiladores para salvar la vida a quienes se compliquen en la fase grave de la enfermedad,¬ que consiste en una neumonía por la fibrosis pulmonar que provoca el virus.

LA NEUMONÍA FRECUENTE


Desde Irlanda, el epidemiólogo nicaragüense Álvaro Ramírez dice preocupado a “La Prensa” el 29 de marzo: “Ningún funcionario ha sido capaz de decir cuántos respiradores artificiales tienen. Todos dicen “estamos preparados”. Además, la clave del manejo clínico de los pacientes afectados está en la radiografía, porque eso es lo que va a determinar el nivel de neumonía del paciente. ¿Y cuántos equipos de rayos x tenemos listos y funcionando? Nadie lo ha dicho”.

El régimen podría encubrir el número de fallecimientos por corona¬virus por lo frecuente que en Nicaragua es la neumonía. En los últimos tres años ha sido la neumonía la primera causa de hospitalización. 32,632 personas fueron ingresadas por neumonía en 2019. Fueron 4,749 más casos respecto a 2018. Según el informe epidemiológico del MINSA, antes de que en el país se hablara de la pandemia, desde inicios de 2020 al 7 de marzo llegaron a los hospitales 17,421 casos de neumonía, que provocaron 53 muer¬tes.

En las condiciones actuales, el sistema público de salud no estaba ni estará preparado para enfrentar “el pico” de la pandemia -el crecimiento geométrico, la progresión exponencial que provoca una curva indetenible-, al que estaría entrando nuestro país después de tanta inercia culpable por parte del régimen.

LA NEGACIÓN DE LA REALIDAD


¿Por qué Ortega y Murillo actúan así? ¿Por qué esta “total irresponsabilidad que ha producido escándalo internacional”, como calificó la desidia el director de Human Rights Watch?

Una primera respuesta puede ser que, como es usual en regímenes autoritarios, estén apostando a sacar ventaja de la crisis, creyendo que podrán controlarla y que saldrán “victoriosos” y legitimados.

Otra respuesta es la que vimos desde abril de 2018. Desde esa fecha Ortega y su círculo se han empeñado tercamente en negar la realidad. Desde hace meses, CNN en español repite un corte noticioso demostrando que la cadena televisiva cubre los cambios en América Latina, señalando que, entre otras lacras, persiste “el abuso de poder”, y por eso sus periodistas cuestionan a los poderosos para que acepten su responsabilidad. El poderoso que ponen de ejemplo es Daniel Ortega.

Andrés Oppenheimer lo entrevista el 31 de julio de 2018, cuando casi finalizaba la masacre que significó la operación limpieza. “En este país hay un baño de sangre -le dice-. ¿Qué responde usted a quienes dicen que su gobierno es responsable?” y Ortega responde evasivo: “Aquí han inventado cantidad de muertos”. ¿Tal vez ahora diría que inventarán cantidad de infectados…?

Dejando a un lado los trágicos alcances que pueda tener la convicción mesiánica de la pareja en el poder, apropiada de un pensamiento en el que se mezclan peligrosas ideas como el “sacrificio” necesario para “purificar”, la predestinación o la mediación que el poder político mantiene siempre con los poderes sobrenaturales, el virus ha cambiado repentinamente dos de los objetivos relacionados entre sí que el régimen ha tratado de mantener después de la crisis de derechos humanos que provocó a partir de abril de 2018.

LA NORMALIDAD Y LA ECONOMÍA


Desde que terminó la masacre y se prohibieron las manifestaciones públicas en septiembre de 2018, Ortega buscó imponer, tanto nacional como internacionalmente, la idea de que en Nicaragua ya todo está “normal”. Ahora, este minúsculo ser invisible y “coronado” ha logrado demostrar en todo el mundo una imposible normalidad. Jamás habíamos vivido en un mundo tan interconectado, no sólo por la tecnología, también por ansiedades, esperanzas, temores y dolores similares. También por un virus. Hoy, cuando nada está normal en este mundo, tampoco lo puede estar en Nicaragua.

Desde hace meses, y tras casi dos años de recesión continuada, la economía en declive tenía algunas señales de mejoría en las que el régimen confiaba: aumento en las exportaciones, crecimiento de las remesas. Ahora, cuando el mundo entero, o al menos Occidente, ha entrado bruscamente en una recesión que muchos comparan con la de 1929 o la de 2008, afirmando que será peor, la frágil economía de Nicaragua se desmoronará poco a poco…

Las zonas francas, que dan empleo a más de 100 mil personas y que no se vieron afectadas por la rebelión de abril de 2018, están cerrando: carecen de insumos y la brusca caída del consumo en Estados Unidos ha reducido de forma extrema la demanda de lo que producen, fundamentalmente ropa. También van a caer los precios internacionales de los principales productos de exportación de Nicaragua por la recesión mundial. Y también se reducirán las remesas de nuestros migrantes por la recesión en Estados Unidos, en Costa Rica y en España. Caerá la producción y el consumo...

¿Habrá alguna ayuda estatal para ese 70% de la población nicaragüense que vive día a día en la economía informal?

“ES UN VIRUS TRANQUERO”


“Vea -dice un carretonero en una desolada calle de Managua, uno más de ese 70%- éste es un virus tranquero, ha logrado el paro indefinido que ellos no querían…”

Si son incalculables las consecuencias económicas que tendrá la pandemia en Nicaragua, igualmente inesperados e incalculables son los efectos políticos que un virus sin voluntad y propósito, incluso sin célula, provocará.

El discurso de los voceros del régimen que fanatizan a las escasas bases que aún tiene buscan desesperadamente interpretarlo políticamente, polarizando más a la sociedad. Dice uno de esos ideólogos, que “los puchos (a la población azul y blanco) no pueden disimular su deseo de que venga el coronavirus y les dé una ayudadita en su labor desestabilizadora de la economía”.

En su escrito, niega la presencia del virus en el país y lo que es información preventiva la achaca a que “cuando entre el vi¬rus exista una predisposición en la opinión pública para culpar al gobierno de todo lo que pase”. Considera también que peor que ocultar información -lo que hace el régimen- es crear “alarmismo”, lo que atribuye a los azul y blanco que recomiendan el aislamiento social.

TEMEN PERDER EL PODER


Otra línea de propaganda para alimentar ideológicamente a las bases del partido de gobierno es afirmar que ésta es una epidemia de “blancos y ricos”, ignorando que en todo el mundo mueren miles de personas de todas las clases sociales y de todos los colores...

Ciertamente, y como lo han demostrado varios pensadores asiáticos en estos días, entre ellos el filósofo coreano Byung-Chul Han, esta pandemia no es de ricos y pobres, pero sí parece cierto que en los países orientales de tradición confuciana, con una asumida y aceptada cultura autoritaria y colectiva, tan diferente a la cultura de los países occidentales, de tradición cristiana, con una tan apreciada cultura humanista, individualista y celosa de los derechos y la privacidad personal, ha habido un control más eficiente de la epidemia.

Lo que llama la atención es que este régimen, tan autoritario que devino en dictadura sangrienta, no está siendo autoritario adoptando medidas drásticas, como por ejemplo lo está haciendo Nayib Bukele en El Salvador. Tan fragilizada está la economía, tan sorprendido se siente por la eventualidad vírica, tanto tiempo ha pasado centralizando el poder, ajeno a cualquier debate, a cualquier concenso nacional, que no sabe ya sino temer. Temer perder el poder.

PIDEN AYUDA INTERNACIONAL


Toda la propaganda ideologizada de los voceros del régimen no puede opacar la información que llega del mundo entero que, inteligentemente, lleva a una mayoría a rechazar la propaganda oficial. La población conoce que los aliados políticos de Ortega -Cuba, Venezuela, Rusia- pueden estar maquillando información, pero han decretado medidas drásticas, que afectarán sus economías.

Por salvar la precaria economía, ¿hasta dónde querrá Ortega arriesgar a la población? ¿O querrá aprovecharse de la pandemia para obtener fondos? De hecho, a mediados de marzo el régimen le pidió 470 millones de dólares al Fondo Monetario Internacional, que no brinda ayuda humanitaria, sino créditos. Por esas fechas, el BCIE anunció la entrega de una asistencia financiera no reembolsable de 1 millón de dólares para cada uno de los países de la región, incluida Nicaragua, y está anunciando otros apoyos para enfrentar la crisis humanitaria.

Ortega está pidiéndole préstamos al BID. Y en conjunto con Rusia, Cuba, Irán, Siria, Venezuela, China y Corea del Norte firmó una carta solicitándole al secretario general de la ONU que interceda ante el gobierno de Estados Unidos y los gobiernos de Europa para que levanten las sanciones que han impuesto a esos países. Todos, incluida Nicaragua, firman la carta aduciendo que han “actuado con responsabilidad” ante la epidemia, lo que en el caso de Nicaragua no es cierto.

AYUDA HUMANITARIA
CON RENDICIÓN DE CUENTAS


Tampoco es cierto que el Estado de Nicaragua haya sido afectado, como el resto de países que firman la carta, con bloqueos navales o comerciales de diversos tipos. Las sanciones que ha recibido de Estados Unidos, y parcialmente de Canadá, afectan las finanzas de personas y empresas de la familia en el poder y de funcionarios de Ortega. Incluso, la Nica Act que pesa sobre Nicaragua tiene una cláusula que indica que la ayuda humanitaria no será cancelada a nuestro país.

Toda ayuda humanitaria debe ser canalizada a todos los países que la necesiten en esta crisis mundial, también a Nicaragua. Pero en el caso de nuestro país deben ponérsele condiciones. Muy adecuadamente las señaló la Coalición Nacional Azul y Blanco, que le escribe al BCIE solicitándole que ponga al gobierno de Ortega tres condiciones: transparencia, rendición de cuentas e información.

“Debe asegurarse -escribe al BCIE la Coalición- que los fondos sean utilizados con absoluta transparencia, supervisada y con información pública veraz y actualizada, sobre las cantidades, usos y destinos de la ayuda, para evitar desvíos hacia el financiamiento de actividades represivas o de programas sociales altamente politizados”… “La información debe ser actualizada ante todos los medios de prensa y en sitios web de acceso público” y la rendición de cuentas “deberá ser certificada por una instancia supervisora” del BCIE, que deberá informar mensualmente”.

LOS MÁS AFECTADOS


Apoyar a todos, personas y países, tiene hoy, y durante un buen tiempo, la máxima urgencia. Este apoyo es aún más imperativo para quienes trabajan en la economía informal y viven al día, que son mayoría en los países latinoamericanos. Ya están haciéndolo así los gobiernos de la región, con diversas modalidades en Costa Rica y en El Salvador, por ejemplo. Todas estas medidas desafían a los mejor situados en la economía.

En su Facebook, Ricardo Meléndez, quien fue presidente de la Cámara de la Construcción de Nicaragua escribe: “Una medida para minimizar el impacto del coronavirus en la población es un cierre total, como están haciendo otros países. ¿Aguanta Nicaragua un cierre total de 2-4 semanas? ¿Qué pasaría con el 70% de la población que trabaja en la informalidad y vive de lo que vende o trabaja a diario? Para un cierre total que permita salvar vidas, Nicaragua necesita sin duda un plan de rescate internacional para ayudar a las familias que no cuentan con recursos para soportar un cierre y también para que la económica no colapse”.

Meléndez da por supuesto que el régimen no renunciará a nada y sólo extenderá la mano para que “lo rescaten”... La propaganda ideologizada sostiene en videos, mensajes, memes y todo tipo de propaganda que “los golpistas” destruyeron en 2018 la economía y ahora con el “quédate en casa” quieren terminar de arrasarla. Dice un mensaje en enormes letras: “Cuarentena: un privilegio de clases”. Lo acompaña la imagen de una pareja que vende gaseosas en un carretón…

¿MORIR POR VIRUS
O POR HAMBRE?


En nuestro continente, junto al gobierno de Nicaragua, que afirma que la cuarentena es eso, un “privilegio clasista”, son sólo dos los gobiernos que se han resistido a la cuarentena obligatoria: Brasil y México.

El que nos es más cercano por geografía y cultura es México. Si en Nicaragua son unas 4 millones las personas y familias viviendo de lo que ganan al día, en México son 30 millones. En un reportaje de “El País” en el que la periodista sale a la calle y entrevista a varios trabajadores informales, que no guardan cuarentena, pero cuyas ventas sí están siendo afectadas por quienes la guardan, uno de ellos gráfica claramente el dilema que enfrenta cuando continúa en la calle exponiéndose al virus: “Sí, tengo miedo, pero el coronavirus lo podré resistir con medicina, el hambre no. O nos morimos del coronavirus o nos morimos de hambre, habrá que elegir una”.

Al terminar marzo, el Presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador, que invitaba a abrazos y besos, a salir a la calle e ir a las fondas, comenzó a rectificar convocando por fin al aislamiento social.

EL MOMENTO ES DE UNIDAD


El momento es tan crítico, en el mundo y para el país, que debían unirse “tantos vigores dispersos”. El gremio médico está unido. Hacen campañas virtuales, se han unido epidemiólogos, pediatras, infectólogos y otros especialistas en un Comité Científico Multidisciplinario. Piden al gobierno “coordinar inmediatamente con todos los sectores de la nación, sociedad civil, empresa privada, iglesias y organismos no gubernamentales, la elaboración y puesta en marcha de un plan de reacción rápida”. La Unidad Médica Nicaragüense informa, advierte, aconseja y pide lo mismo: una actuación coordinada de todo el país.

El partido liberal CxL propone que se integre una “mesa nacional multisectorial” para acordar acciones concretas, trabajando en conjunto gobierno y sociedad. El PLC propone en la Asamblea una ley de emergencia.
Toda la oposición al régimen ha recomendado unánimemente el aislamiento social para evitar que la curva de la pandemia tenga un “pico” inmanejable. En uno de sus mensajes, los obispos recomendaron a los fieles en la semana santa “no escuchar la voz del demonio”, dando a entender que esa voz es la del régimen, que propone viacrucis y todo tipo de actividades religiosas, que este año organizarán las alcaldías…

MÁS POLARIZACIÓN


La polarización que está provocando el gobierno, empeñado en una imposible normalidad afecta “la necesidad de una respuesta a una epidémica tan peligrosa como ésta. Debería haber un comité de emergencia nacional”, dice el epidemiólogo Álvaro Ramírez.

Y añade “Los sandinistas saliendo a la calle van a transmitir la enfermedad por todos lados. El costo que esto tenga en vidas humanas este país nunca se los va a perdonar”.

POR LOS PRESOS POLÍTICOS


La Coalición Nacional, que reúne a la oposición azul y blanco, trabaja por el “quédate en casa”, disemina información científica y ha escrito al director de la OMS y a la directora de la OPS, para informarles de las acciones del gobierno, contrarias a las recomendaciones de ambas instituciones, solicitándoles que pida al gobierno actuar con responsabilidad. También escribió al secretario general de la OEA, Luis Almagro. pidiéndole algo similar. “Una crisis sanitaria en Nicaragua tendría inevitablemente funestas repercusiones regionales y un impacto de incalculables proporciones dadas las condiciones de extrema pobreza en las que vive nuestra población”.

También conformó la Coalición Nacional un Comité de Emergencia, compuesto por expertos en salud, finanzas, economía y leyes, para informar y atender las demandas de la población en los territorios.

La Alianza, la UNAB y otras organizaciones políticas, de juristas y de defensores de derechos humanos, han planteado al gobierno la urgencia de que los 70 presos políticos que están en la cárcel, hacinados, muchos de ellos enfermos o con una salud precaria, sean liberados como un gesto de humanidad y de unidad en la emergencia.

ANTE DOS CAMINOS


El dilema personal del vendedor callejero mexicano -morir del virus o morir del hambre- es un dilema que hoy enfrentan prácticamente todos los gobiernos, y muy especialmente los de América Latina.

Toda emergencia le da a todo gobernante la posibilidad de ejercer mayor control ciudadano y distraer a la sociedad de problemas que el gobierno elude o quiere evitar que aparezcan en el escenario. También le da a cualquier gobernante la posibilidad de actuar responsablemente, de mostrar su talante de estadista, mostrando capacidad y conciencia para unir a la sociedad con objetivos del bien común.

Hoy, 31 de marzo, cuando ponemos punto final a este texto- el coro¬na¬virus había trasladado su epicentro de acción a los Estados Unidos y la dictadura de Nicaragua enfrentaba, aún de pésima manera, el reto imprevisto de esta emergencia sanitaria, al que ha respondido arriesgando la vida de la población.

No había seguido ninguno de los dos caminos. Seguía ejerciendo el mismo control represivo y no lograba distraer con sus actos masivos y festivos. Tampoco actuaba con responsabilidad. Y más que unir y lograr consensos, con su propaganda ideologizada, en la que achaca a “los golpistas” la precaución, la prevención, la contención y el cuidado, desunía y polarizaba aún más a la sociedad.

A DOS AÑOS DE ABRIL


Ante esto, y aun cuando haya rectificación “arriba”, la sociedad “abajo” ha decidido defenderse por su cuenta: organizarse, buscar información alternativa, cumplir la cuarentena. Al cumplir dos años de la rebelión de abril, el “virus tranquero” ha venido a renovar la capacidad de autoconvocación de la población azul y blanco. Y a demostrar que es mayoría social. ¡Primero Dios que se alivien los dilemas de los más pobres y lleguemos a tiempo de detener un contagio masivo!

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