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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 112 | Marzo 1991

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Nicaragua

Madurez política e inmadurez económica de la alternativa popular

Nicaragua es el primer país centroamericano que supera su trágica historia de dictaduras militares y guerras civiles, el primer país en el que la sociedad civil empieza a predominar sobre la sociedad política y sobre los militares, el primero en el que la Constitución y las instituciones democráticas pesan más que las armas. De ahí la importancia de valorar la madurez del proyecto popular tras la derrota electoral del FSLN.

Equipo Envío

Nicaragua es el único país centroamericano donde un proceso de desmilitarización de la sociedad ha avanzado con mucha profundidad. En Nicaragua, las masas populares sandinistas y los sectores de la extrema derecha ejercieron en 1990 su pleno derecho de debatir en las calles y en la Asamblea Nacional la política económica y la gestión ministerial del nuevo gobierno sin miedo a represión militar o policial.

La policía desalojó en mayo edificios ocupados o desmontó en julio las barricadas de la izquierda popular sandinista y lo hizo sin violencia siguiendo las órdenes de la Presidenta Chamorro. Hubo algún enfrentamiento armado entre masas políticamente opuestas y fue controlado sin notable uso de fuerza estatal. En noviembre, la policía y el ejército desbloquearon las carreteras atrancadas por un movimiento social y popular de ultraderecha en el interior de Nicaragua, en respuesta también a las órdenes de la Presidenta Chamorro. Hubo algunos incidentes armados y hubo algunas víctimas, no pocas de ellas en ataques contra la policía, víctima tanto entre los que protestaban como entre los policías.

El balance, sin embargo, arroja un resultado en el que indudablemente destaca la actuación de los protagonistas, dominada por el debate económico y político en un marco de democracia. Sin embargo, los enfrentamientos armados que se dieron pueden presagiar situaciones en que se vuelva más difícil contener eventuales brotes de violencia de las masas o de los cuerpos de seguridad. Lo importante es que el escenario de las confrontaciones fue sobre todo la sociedad civil.

Nicaragua es el primer país centroamericano que supera su trágica historia de dictaduras militares y guerras civiles, el primer país en el que la sociedad civil empieza a predominar sobre la sociedad política y sobre los militares, el primero en el que la Constitución y las instituciones democráticas pesan más que las armas.

Si no fuera por el similar tratamiento dado a la derecha y a la izquierda, los escépticos de derecha tendrían razón en su acusación de que el Ejército Popular Sandinista no estaba dejando gobernar a la Presidenta Chamorro. Aceptar ese juicio sería aceptar su argumento de fondo: la democracia y la sociedad civil son propiedad del Estado que posee las armas y no del pueblo autor de la Constitución. El problema que enfrentó el escéptico derechista en la Nicaragua de 1990 fue la realidad del primer ejército del hemisferio comprometido con su modernización profesional y con una función civilista al servicio de la ley sin estar dominado por una clase social o política que utilice ese régimen de legalidad para sus propios intereses.

División interna del FSLN: el costo de su madurez política

El rasgo central del año político en Nicaragua fue la madurez política del FSLN y de Violeta Chamorro en mantener a través de la negociación constante el Protocolo de Transición y, fuera de algunos puntos controvertibles, el respeto a la Constitución. El costo de esta madurez ha sido, en el FSLN, su profunda división -no estábamos acostumbrados a verla aflorar públicamente- y, en la UNO gobernante, una intensificación de su ya evidente división. El costo fue más alto para el FSLN que para la UNO porque la UNO nunca gozó de la cohesión política de los 14 partidos que la conforman, mientras que el FSLN, aun teniendo una gama amplísima de posiciones, las mantuvo disciplinadas mientras estuvo en el gobierno.

En el FSLN, la división ha surgido en torno a lo que su ala izquierda llama "co-gobierno con la UNO", "negociación entre cúpulas" o "Kupia-Kumi. (Kupia-Kumi en mískito significa "corazones unidos" y hace referencia al período somocista, en el que partidos casi inexistentes de oposición aceptaban soborno de la dictadura somocista a cambio de darle apoyo político en la esfera ficticia de la democracia legal). Obviamente, en el contexto de una Nicaragua con 11 años de proceso revolucionario y con el partido más fuerte de oposición en la región, el término "Kupia Kumi" resulta exagerado.

El centro del FSLN arguye que no existe un "co-gobierno" sino sólo el hecho de mantener el Protocolo de Transición y de garantizar el régimen democrático, que ha costado al pueblo 100 mil vidas. Aunque ha habido negociación entre las cúpulas y apertura de un espacio para los nuevos empresarios del ala derecha del sandinismo (cuya opción por la "carrera" empresarial sirve al Ministerio de la Presidencia, Antonio Lacayo, para aprovecharse de un sandinismo dividido por esta opción), también es cierto que las negociaciones entre el FNT y el Gobierno sobre déficit fiscal, despidos de empleados públicos, nivel salarial y política de privatización han sido cualquier cosa menos negociación entre cúpulas.

Una negociación entre cúpulas no produce el grado de ingobernabilidad económica que marcó el año 1990, hecho reconocido por el gobierno y situación insuperablemente confusa para el FMI, la CEPAL y el Banco Mundial, que no están acostumbrados a convivir tales niveles de libertad dentro de la sociedad civil latinoamericana. Ninguna de estas tres instancias ha podido escribir su análisis anual de Nicaragua hasta la fecha.

Lo que el FSLN ha sufrido por su división aflorada públicamente ha sido contrapesado por una revitalización del debate en el seno del partido, por la creciente autonomía de las organizaciones populares y por el cuestionamiento del verticalismo partidario y organizacional entre las bases populares.

El futuro de esta división y de los propósitos de llegar a negociarla y a superarla en el futuro Congreso del FSLN en julio/91 están fuertemente condicionados por la incapacidad de separar las tareas de garantizar el Protocolo de Transición y las tareas de la concertación económica en el contexto del programa de estabilización y ajuste estructural impuesto a la región. Las bases y algunos sectores ultraizquierdistas de medios de comunicación sandinistas confunden constantemente la negociación política con la concertación, como si fueran la misma cosa.

En este sentido, el movimiento popular sandinista no es más avanzado que el resto del movimiento popular de la región porque todavía imagina que se puede aceptar o rechazar la posibilidad de estabilización y ajuste estructural como si fueran una simple opción entre el diablo de la derecha y el ángel de la izquierda.

FSLN: notable madurez política, profunda inmadurez económica

La contradicción entre la notable madurez política del FSLN y su profunda inmadurez económica provoca una situación en la que se profundiza la división y se siembran obstáculos para su unificación y consolidación como partido de oposición.

¿Cómo se explica esta inmadurez económica en un partido con 11 años en el poder y, por ello, responsable de la gestión económica nacional? En primer lugar, el FSLN nunca diseñó una política económica alternativa. En sus primeros años dependía de esquemas de gestión económica adaptados de la experiencia cubana.

Su priorización del Estado sobre la sociedad civil, criticada durante los últimos cinco años en este análisis regional, es el indicador más claro de que el FSLN nunca tuvo una política económica que se pudiera calificar como una alternativa popular viable. Bautizó un modelo aprendido en lo fundamental de Cuba en las aguas de la economía mixta y del mercado abierto de Nicaragua. En segundo lugar, a pesar de los valientes esfuerzos del FSLN, como "zapatero remendón", para adecuar un par de zapatos viejos a caminos nuevos, el esfuerzo no le resultó. A partir de 1988 fue obligado a imponer un paquete de ajuste que se diferenciaba muy poco del paquete neo-liberal del resto de la región. La diferencia fundamental fue que el FMI y el Banco Mundial, influenciados por los Estados Unidos y su guerra de baja intensidad, se negaron a apoyar con financiamiento un profundo ajuste económico que ocasionó tanto sufrimiento al pueblo. Decir que las medidas económica de 1988-89 fueron "un paquete sin pueblo" es reconocer que el FSLN nunca pudo elaborar una alternativa popular dentro de las condiciones del mercado.

La ingobernabilidad: costo de la inmadurez económica del FSLN

Sin duda, en un mundo ideal, habría que culpar al gobierno de Violeta Chamorro por la ingobernabilidad económica y por su falta de un plan económico capaz de responder a las necesidades económicas del pueblo bajo condiciones de ajuste. En el mundo real, sin embargo, es ingenuo esperar de la nueva derecha que represente los intereses de los pobres. Por eso, nos inclinamos a ver en la inmadurez económica del FSLN la causa de la ingobernabilidad de Nicaragua en 1990.

La inmadurez económica del FSLN es compartida tanto por sus cúpulas como por sus bases. Las cúpulas desarticularon su propio ajuste estructural antes de entregar el gobierno a Violeta Chamorro. Las bases, los sindicatos sandinistas, apoyaron esta decisión porque significaba salarios mejores, tanto en la industria como para los empleados públicos. Luego, el FNT y el movimiento de masas parcializó su protesta alrededor de los salarios y el empleo en el sector público sin presentar una propuesta global para un manejo de la economía desde la perspectiva popular. Fue una protesta sin propuesta.

Los resultados económicos de esta táctica meramente contestataria del movimiento popular nicaragüense están analizados en detalle en el número anterior de esta revista. Hubo una desnacionalización profunda de la economía, con transferencia del excedente desde la esfera productiva hacia la esfera comercial, incoherencia profunda de la política económica de 1990 producida por la incompetencia del gobierno en el manejo de las tres monedas que están circulando en Nicaragua: el córdoba "chanchero", el córdoba oro y el dólar.

Los salarios mejoraron en un 63%, beneficiando a sólo un tercio de la población económicamente activa. Pero mientras los empleados públicos mejoraban sus salarios y el comercio alcanzaba niveles de ganancia exorbitantes, se desgastaba profundamente la producción popular, tanto la del campesinado como la del artesanado del SIU. Es decir, como resultado de la falta de un proyecto alternativo económico de carácter nacional, disminuyeron durante 1990 las bases más importantes para la construcción de una alternativa popular y nacional.

Sin la elaboración de una alternativa popular coherente, el FSLN enfrentará crecientes problemas, no sólo para hacer realidad su proyecto de "gobernar desde abajo" sino para su consolidación como partido de oposición. Sin un giro drástico en su lucha económica, las victorias del FNT en 1990, obligando al gobierno a ceder frente a sus protestas, se convertirán en una creciente pérdida de apoyo para el FSLN entre el conjunto del pueblo nicaragüense antes de las próximas elecciones, y esto a pesar de las esperadas incoherencias del gobierno de Violeta Chamorro.

En 1990, Nicaragua fue un modelo político para las fuerzas progresistas de la región, pero ofreció muy poco como modelo económico por la ausencia de una alternativa popular viable.

Los escenarios para 1991: pueblo vs. FMI

El eje de los posibles escenarios para el gobierno, el FSLN y el movimiento popular en 1991 serán los acuerdos que se establezcan entre el gobierno y el Fondo Monetario Internacional. Sin un acuerdo con el FMI, Nicaragua no podrá pagar su servicio de la deuda y no habrá recursos financieros, ni siquiera para reproducir una economía que cae en picado. Para Nicaragua, como para el resto de la región, el paquete de estabilización y ajuste no es una opción sino una realidad impuesta dentro del nuevo balance de fuerzas internacionales. Se puede debatir el carácter del paquete -y eso hará Nicaragua, por la capacidad acumulada durante 11 años de revolución- pero no el programa en sí.

El debate será sobre cinco temas:

1) El ritmo y la radicalidad de la devaluación del córdoba oro.
2) La política crediticia o grado de liquidez que el FMI permitirá a los productores del país.
3) El tamaño del déficit fiscal.
4) El alcance de la privatización (sólo para la burguesía dentro de un marco de economía mixta).
5) La politización de los paquetes económicos compensatorios para el campesinado y los pobres de la ciudad (distribución democrática de estos recursos o uso politizado de ellos para crear una clientela política favorable al gobierno).

Cuatro posibles escenarios para la Nicaragua post sandinista

Cuatro posibles escenarios, desarrollados más ampliamente en el número anterior de Envío, pueden surgir de los resultados del debate:

Escenario 1:

"Violeta en el país de las maravillas". El FMI cede a la presión nicaragüense para lograr un programa de estabilización económica gradual, que da espacio a las demandas populares sandinistas y concede amplio financiamiento internacional.

Escenario 2:

"Violeta en el país de la turbulencia". El FMI impone un programa convencional de ajuste shock y desconoce las demandas sandinistas respecto a la privatización y el uso de los programas compensatorios para los pobres.

Escenario 3:

"Violeta en el país de la incoherencia". Hay un rechazo o demora del acuerdo, o por el lado del gobierno porque tiene miedo de entrar en el país de la turbulencia, o por el del FMI, porque teme comprometer sus fondos en una situación de tan alta ingobernabilidad económica y en la ausencia de un proyecto económico coherente, tanto del gobierno (proyecto neoliberal clásico) como el sandinismo (alternativa popular).

Escenario 4:

"El pueblo en el país de la esperanza". El movimiento popular, en base a una alternativa económica rentable y enraizada en la práctica de las organizaciones populares, logra concertar un ajuste alternativo con el gobierno, el FMI y el Banco Mundial.

Dinámicas económicas en los cuatro escenarios

Las dinámicas propiamente económicas de estos escenarios han sido explicadas con más detalle en el número anterior de Envío. Importa señalar las consecuencias políticas y sociales de los cuatro escenarios.

Los escenarios 1 y 4 son poco probables porque dependerían de una "conversión" sorpresiva del FMI (escenario 1) o de una superación rápida, casi mágica, de la inmadurez económica del movimiento popular (escenario 4). Sin embargo, es ilustrativo considerar las consecuencias de estos escenarios improbables. En el primero, habría una consolidación de la opción moderada dentro del seno del FSLN, aunque sus divisiones internas seguirían, y un espacio para el desarrollo de una alternativa económica popular de más consistencia para el futuro.

El ala derecha de la UNO abandonaría el gobierno en este esquema. En el escenario 4, el FSLN lograría una unidad más estable en base a la depuración de su ala derecha y el partido se renovaría, movilizando a los sectores populares alrededor de sus propias alternativas y presionando al gobierno para que avanzara en esa misma dirección, sería el "gobierno desde abajo".

Los escenarios 2 y 3 son los más probables. En el escenario 2, el del ajuste shock, las tensiones económicas entre las capas populares impulsarían al FSLN a abandonar gran parte del proceso de concertación económica social al mismo tiempo que se profundizaría la crisis interna del FSLN, agudizando las tensiones entre moderados y radicales. En este escenario, el movimiento popular podría desviarse hacia acciones meramente contestatarias y perder tiempo para la construcción de su propia alternativa.

En el escenario 3 -el país de la incoherencia- el gobierno se debilitaría por las presiones de la derecha al interior de la UNO. El FSLN mantendría su unidad, pero con creciente división interna. Este escenario ofrecería una coyuntura de búsqueda de propuestas alternativas realmente nacionales, pero una alternativa requiere más que propuestas e ideas y antes que el movimiento popular lograra una acumulación y sistematización de su experiencia desde abajo, el gobierno se rendiría al FMI y al esquema de ajuste shock por la necesidad imperativa que tiene de obtener recursos externos.

Independientemente de lo que pase en Nicaragua, el único escenario positivo para el movimiento popular y para el pueblo pobre es la construcción del escenario 4 a mediano plazo. Aunque el camino sería más fácil si el FMI cediera a las demandas del FSLN, el movimiento popular puede construir su futuro en cualquiera de los escenarios.

El reto es empieza a hacerlo sin esperar regalos de las instancias políticas nacionales o de los organismos internacionales.

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