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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 102 | Abril 1990

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Nicaragua

Cómo votó Nicaragua? Los resultados electorales

El 19 de julio de 1979 el pueblo nicaragüense derrocó al somocismo en una insurrección popular armada que provoco la admiración del mundo. El 25 de febrero de 1990, el mismo pueblo, con sus votos secretos y libres, entregó el gobierno a la UNO y se lo retiró al FSLN. El respeto a la democracia transformó la imagen de totalitarismo con la que el sandinismo había sido estigmatizado por muchos en el terreno internacional.

Equipo Envío

El 19 de julio de 1979 el pueblo nicaragüense derrocó al somocismo en una insurrección popular armada que provoco la admiración y la simpatía del mundo. 45 años de dictadura dinástica habían saltado en pedazos. Unas veces al frente de ese pueblo y otras siguiendo su movilización espontánea y encauzándola, el Frente Sandinista de Liberación Nacional se convirtió en el sector más poderoso de una alianza de gobierno que intento la reconstrucción nacional y comenzó a realizar proyectos para consolidar la soberanía nacional y para iniciar formas de socializar el potencial de riqueza del país en bien de las mayorías empobrecidas.

El 25 de febrero de 1990, el mismo pueblo nicaragüense, con sus votos secretos y libremente depositados, entregó el gobierno a la UNO, coalición de 13 partidos de oposición al FSLN. Mas de 4 mil observadores -de la ONU, la OEA y el Centro Carter, entre otros muchos- certificaron que el proceso electoral fue fundamentalmente justo y por ello libre y honesto. El gobierno sandinista mostró ante los ojos del mundo que en su forma de concebir un proceso revolucionario, el respeto democrático a la voluntad del pueblo era un elemento esencial. Durante meses de actividad preelectoral y de campaña, y especialmente en el día del voto, ese respeto a la democracia transformó la imagen de totalitarismo con la que el sandinismo había sido estigmatizado por muchos en el terreno internacional.

Las olvidadas elecciones de 1984

Las elecciones del 25 de febrero de 1990 no fueron las primeras celebradas durante la revolución el gobierno sandinista se sometió dos veces al dictamen popular. La primera vez, el 4 de noviembre de 1984, en plena guerra de defensa del proceso revolucionario del ataque de una contrarrevolución alimentada por todas las armas del imperio norteamericano. En aquella ocasión el sandinismo triunfó abrumadoramente: obtuvo el 67% de los votos válidos. Pero muchos no reconocieron el carácter democrático de su ideología revolucionaria. Ahora, cuando la oposición derroto al FSLN, obteniendo un 55% de los votos depositados, el sandinismo ha logrado amplia credibilidad por su apego a la democracia.

Sea lo que sea de esta paradoja, de esta doble medida que el mundo occidental ha aplicado permanentemente a este movimiento revolucionario que mostró "glasnost", "perestroika" y "nueva práctica internacional" antes de que Gorbachov las propusiera como criterios revolucionarios, lo importante hoy es informar e interpretar lo mas correctamente posible el acontecimiento histórico que fueron estas elecciones. En este final del siglo XX ningún movimiento revolucionario nacional-popular puede dejar de adherirse a la democracia representativa aunque intente a la par hacerla mas auténtica abriendo y profundizando continuamente los cauces de la democracia participativa para hacer así que una autentica democracia sea una realidad cotidiana de las mayorías populares y no solo de minorías privilegiadas.

Indices de participación: se tomó en serio la democracia

En 1984 la participación electoral fue alta:; voto el 75.4% de los ciudadanos inscritos. En 1990 la participación fue más alta, un 11% mayor: el 86.3% de los inscritos fueron a depositar su voto.

¿Cuál puede ser la explicación? Parece bastante sencilla. En primer lugar, en 1984 la presión de la contrarrevolución iba en ascenso y en las zonas de guerra, especialmente en las regiones VI (Matagalpa, Jinotega) y en la V (Boaco, Chontales) la abstención llegó al 38.5% y al 38.8% de los inscritos. En 1990, por el declive estratégico de la contrarrevolución y por los esfuerzos de paz de Esquipulas y Sapoá, la guerra descendió a niveles incomparablemente menores. En estas elecciones, y en coherencia con los avances de la paz, en la Región VI una de las fronterizas con Honduras y corredor de penetración de contrarrevolucionarios la abstención se redujo a la mitad: fue del 19.3% .

En la región V, que ha albergado los bolsones contrarrevolucionarios más importantes, la abstención descendió aún más : del 38% en el 84 bajo al 15.3%. Otra zona de guerra, también fronteriza con Honduras, la Región I (Estelí, Madriz, Nueva Segovia), redujo su abstención -19.6% en el 84- en casi la mitad: 11.2% En la Región IX (Río San Juan), fronteriza con Costa Rica, la abstención descendió del 25.1% en el 84 al 16.8%. Finalmente, en la Región II (León, Chinandega), que incluye zonas de guerra fronterizas con Honduras, la abstención bajó del 20.5% al 14.4%.

Por otro lado, la participación en las Regiones III (Managua), y IV (Masaya, Carazo, Rivas), la mayor parte del Pacífico del país no tocada directamente por los combates, la abstención disminuyó notablemente. En la III del 18.1% al 11.6% y en la IV, del 22.7% al 10%. El descenso de la abstención en estas zonas indica -nos parece- que la población nicaragüense tomó en serio la democracia representativa y vio las elecciones de 1990 como cruciales para decidir el futuro del país.

Mapa





Nota:

Las cifras de 1984 que aquí aparecen son las que Envío obtuvo "limpiando" los datos oficiales del CSE de algunas consistencias.

Una vez más, en estos pequeños países centroamericanos el pueblo demuestra mayor fe en las posibilidades de decisión de su voto y encuentra para llegar a depositarlo mayores facilidades que la población de los Estados Unidos. Recordemos que en las elecciones norteamericanas de 1988, cerca del 49% de los ciudadanos inscritos se abstuvo de votar. Es ésta una tendencia mantenida desde la elección de Kennedy en 1960.

En Nicaragua se abstuvo menos del 14%. En El Salvador, en 1972 y en 1977, cuando el pueblo estuvo frente a verdaderas alternativas de gobierno que fueron luego frustradas por sendos fraudes, la abstención anduvo cerca del 22%. Estas cifras colocan a los pueblos centroamericanos en un nivel de aprecio de la democracia representativa más similar al de los pueblos europeos que al del pueblo de los Estados Unidos.

Estas cifras dicen algo importante sobre el carácter del sistema político que los partidos Republicano y Demócrata viabilizan para el pueblo de los Estados Unidos y significan algo importante también para comprender el potencial democrático que late en las aspiraciones de los pueblos de Centroamérica y que debe ser tenido en cuenta por todas las fuerzas políticas de la región, revolucionarias o no. La comparación entra en la participación electoral en nuestros pueblos y la que se da en los Estados Unidos no deja tan limpia esa bandera de la democracia con la que los políticos y los ideólogos del sistema norteamericano se presentan ante el mundo. Entre retórica, propaganda y realidad hay una brecha histórica en el presente político de los Estados Unidos. No por casualidad manifestó el expresidente Carter al finalizar su observación del conteo de los votos: "Querría para mi país unas elecciones como éstas".

Los votos nulos: el pueblo supo votar

Las diversas instancias electorales encontraron en el conteo de los votos depositados un 6% de votos nulos. El porcentaje en 1984 había sido del 6.1%. A pesar del descenso en la cantidad y calidad de los alfabetizadores que la guerra ha producido, socavando así los gigantescos esfuerzos que se hicieron en el primer año revolucionario con la Cruzada de Alfabetización -tantas escuelas destruidas por la acción contrarrevolucionaria en zonas de guerra y tanta dificultad para continuar en ellas la alfabetización con la educación de adultos-, sólo 6 de cada 100 nicaragüenses se equivocaron en las urnas a la hora de marcar su voto. Se trata de una cifra poco significativa.



Todo el esfuerzo que en el análisis de las elecciones de 1984 realizó envío para interpretar el voto nulo y, según esa interpretación, la adjudicación que hicimos de una buena parte de él a la expresión de rechazo de las elecciones, de escepticismo ante ellas o incluso nuestra afirmación de que si la Coordinadora Democrática -entonces boicoteadora del proceso electoral- hubiera participado, una parte de este voto nulo habría sido un voto por la Coordinadora nos parece ahora sin mucha base. La hipótesis más razonable, tanto en el 84 como en el 90, es más sencilla: a ese pequeño porcentaje de ciudadanos que votó nulo no le llegó en ninguna de las dos ocasiones suficiente información para cumplir adecuadamente con el mecanismo del voto. Los votos nulos se debieron entonces y se deben ahora, en su mayor parte, a errores involuntarios más que a voluntad de protesta, a voto "indirecto" por un contendiente no inscrito o a rechazo al proceso electoral.

Sólo en tres regiones del país el voto nulo superó por dos puntos o más el promedio nacional: en la regiónVI (8.26%) y en las dos Regiones Autónomas del Atlántico (7.49% en la Sur y 15.35% en la Norte). El único porcentaje realmente significativo es el de la RAAN.

Y tiene una explicación: los dirigentes del grupo mískito YATAMA, Brooklyn Rivera y Steadman Fagoth, ambos ex-alzados en armas que regresaron a la vida cívica amparados en un convenio con el gobierno dque el ex-presidente carter negoció y garantizó, orientaron a la población mískita a votar por la UNO en la boleta para presidente, por el Partido Social Cristiano en la boleta para la Asamblea Nacional y por YATAMA, en la de los Consejos Regionales Autónomos. Indudablemente, estas directrices ocasionaron suficiente confusión como para explicar el porcentaje de votos nulos, alto y atípico, en una región en donde los mískitos son el grupo étnico más numeroso, no siéndolo así en la RAAS.



Nota:

Para los datos del 84, ver nota en el cuadro anterior.

Una enorme sorpresa: ganó la UNO

A pesar de lo que se desprendía de dos grandes indicadores, las encuestas y las movilizaciones, el FSLN sufrió una considerable derrota en todos los niveles, presidencial, legislativo y municipal. El único nivel en el que paradójicamente sus resultados no fueron malos -a pesar de sus pequeños errores en los primeros años del proceso revolucionario- fue en el de los dos Consejos Regionales Autónomos de la Costa Atlántica. (En las dos Regiones Autónomas del Atlántico no se celebraron elecciones municipales. Será facultad de los recién electos Consejos fijar los límites municipales en ambas regiones y posteriormente, organizar elecciones municipales).






No hay mayores diferencias entre los votos para Presidente, para representantes a la Asamblea Nacional y para Consejos Municipales, lo que repite la pauta de las elecciones de 1984, aunque en ellas no haya habido elecciones a nivel municipal. Ambas elecciones muestran que los votantes nicaragüenses desean darle al Ejecutivo que eligen una Asamblea legislativa coherente con esa elección. La UNO obtuvo en la elección presidencial el 54.7% de los votos válidos y en la legislativa el 53.9%. El FSLN obtuvo el 40.8% en ambas elecciones. Los 8 partidos restantes alcanzaron juntos apenas un 4.2% de los votos presidenciales y un 5.3% de los votos para la Asamblea Nacional.

Los datos son contundentes. El pueblo nicaragüense entregó tanto el Ejecutivo como las funciones legislativas ordinarias a una alternativa inequívocamente opuesta al FSLN, la que llevó como candidatos a la presidencia y vicepresidencia del país a doña Violeta Barrios de Chamorro y al doctor Virgilio Godoy.







Pero el pueblo nicaragüense, al entregar a la coalición opositora UNO esta cuota de poder no le otorgó las facultades legislativas extraordinarias, ya que no le dio un número de representantes suficiente como para poder realizar en el articulado de la Constitución Política del país ni siquiera reformas parciales. Para ello habría necesitado obtener la UNO 55 representantes en la Asamblea (el 60% total) y sólo obtuvo 51.

Sólo otro partido opuesto al FSLN consiguió representación en la Asamblea Nacional: se trata de la Alianza Social Cristiana (Partido Social Cristiano más Partido Popular Social Cristiano) que obtuvo 1 representante en la Región Autónoma del Atlántico Norte.

Por haberlo conseguido allí y dadas las directrices que dio a sus partidarios el grupo mískitos YATAMA, se trata más de un diputado YATAMA que de un diputado de tendencia social cristiana y, por esto, es probable que su voto legislativo sea alineado con el de los diputados de la UNO. Por razón de que en el total de la votación presidencial alcanzaron o superaron el 1% de los votos válidos, el FSLN y el Movimiento de Unidad Revolucionaria (MUR) llevarán a la Asamblea Nacional a sus respectivos candidatos presidenciales, Daniel Ortega y Moisés Hassan.

El FSLN obtuvo 38 representantes como resultado de sus votos. Ante estos resultados, aun cuando los 53 representantes opuestos al FSLN votaran unidos en reformas parciales a la Constitución, sólo tendrían el 57.6% para hacerlas pasar sin compromisos con el bloque de 39 representantes sandinistas que significan el 42.4% de los votos legislativos.

Para una transformación total de la Constitución, se necesita del 66.66% de los votos de la asamblea, es decir del voto de 61 representantes (artículo 194 de la Constitución). La importancia de estos resultados es crucial.

El pueblo nicaragüense ha otorgado a la posición al FSLN una notable cuota de poder pero ese poder lo podrán ejercer los nuevos gobernantes con un límite: el de respetar el marco constitucional que ese mismo pueblo discutió ampliamente en 1986 en numerosas asambleas populares, los cabildos abiertos, y que ese mismo año votó la Asamblea Nacional en carácter de constituyente.









Elecciones municipales: abrumadora victoria para la UNO

Se celebraron elecciones municipales en 131 municipios de Nicaragua. (Queda aún por delimitar el número de municipios precisamente por eso). De los 131 municipios en que hubo elecciones, la UNO ganó en 101 (el 75.6%) y el FSLN en 30 (el 24.4%). Es éste tal vez uno de los aspectos más importantes del triunfo de la UNO en estas elecciones.

La ley de municipalidades está elaborada en Nicaragua para que el pueblo elija una lista de concejales y después, los concejales electos seleccionen de entre ellos al alcalde de cada municipio. La ley favorece al partido o asociación de suscripción popular que obtenga la mayoría simple. Los municipios están divididos en tres categorías por el número de su población. Sólo el municipio capitalino, Managua, está en la primera, con 20 concejales. En la segunda están municipios cuyo tamaño les asigna 10 concejales. Finalmente, hay otra larga serie de municipios cuyo tamaño les asigna 10 concejales. Finalmente, hay otra larga serie de municipios con 5 concejales. La agrupación (partidaria o cívica) triunfadora logra por este hecho la mitad de los concejales en las dos primeras clases de municipios y 3 de los 5 en la tercera. El resto se reparte entre el triunfador y los que le siguen en votos.

Como consecuencia de esta ley, en Managua, por ejemplo, el triunfo de la UNO le ha permitido obtener 16 concejales contra 4 del FSLN. Basta ese ejemplo para dar una idea del alcance de la victoria de la UNO en el ámbito municipal. En nuestros análisis electorales sobre el proceso electoral de 1984, envío clasificaba 26 municipios como "urbanos", según el criterio de que o tenían más de 10 mil ciudadanos inscritos o que eran cabeceras de Departamentos. (Incluyendo lo que en el 84 se denominaba Zelaya Central y las Zonas Especiales I, II y III, Nicaragua tiene 18 departamentos). De estos así clasificados, en las elecciones de 1984 el FSLN ganó únicamente en 6 ( León, Estelí, Jinotepe, Ocotal, Wiwilí y San Carlos).

De los 24 restantes municipios en que el FSLN ganó, 6 se ubican en la Región I (entre ellos, Jalapa, bastión en la defensa de la frontera con Honduras), 5 en la Región II (4 de ellos también fronterizos con Honduras y en los que una asociación cristian de campesinos " el Bloque", ha desarrollado un serio trabajo de educación liberadora), 2 en la Región III ( los dos con fuerte población de obreros agrícolas e industriales), 6 en la Región IV (varios en zonas de cooperativas cafetaleras como Masatepe, cuna de Sergio Ramírez y de la Asociación de Trabajadores del Campo (ATC), 1 en la Región V (Bocana de Paiwas, en donde la UNO no presentó plancha de concejales y cuyo casco urbano es fuertemente sandinista a pesar estar inserto en una zona de guerra), 2 en la Región IX (Río San Juan).

Aparece así bastante claro que el FSLN mantuvo una fuerza importante en bastiones del proceso revolucionario sandinista, como Estelí (la ciudad tres veces insurrecta, donde el FSLAN ganó con el 59.5%) de los votos válidos), Jinotepe, donde el FSLN logró el 61% de los votos válidos y San Carlos (cabecera del Departamento de Río San Juan, donde desde Solentiname el FSLN inició con el asalto al cuartel somocista los dos años de ofensiva que lo condujeron al triunfo final; allí le FSLN logró el 60.6% de los votos válidos). Para tener una mejor idea de los resultados municipales, hemos dividido los resultados en 4 categorías. La primera recoge los 30 municipios en los que le FSLN obtuvo la mayoría.



Resultados regionales: 7 contra 2 a favor de la UNO

En cuanto a las regiones, el FSLN triunfó únicamente en 2 de las 9 del país: la Región I, donde, sin llegar a la mayoría absoluta, consiguió el 47.94% de los votos válidos, mientras la UNO obtenía el 47.72% (la diferencia en votos fue de 299 en favor del FSLN); y la región IX, única en la que el FSLN triunfó con la mayoría absoluta: el 56.2% de los votos válidos. Fue en la Región V donde el FSLN recibió la mayor derrota: la UNO ganó el 70% de los votos válidos y el FSLN sólo el 25%. Una derrota también notable sufrió el FSLN en la Región VIII: 33.8% de los votos válidos frente a 60.7% para la UNO. Y en la Región VI: 36.1% de los votos válidos frente a 57.8% en favor de la UNO. Pero tal vez donde la derrota del fue más sorprendente fue en la Región III (Managua).

El 21 de febrero el FSLN había cerrado su campaña con una concentración multitudinaria en que a juicio de periodistas de todo el mundo no tenía parangón, por sus dimensiones numéricas y por su entusiasmo, con ninguna otra celebrada por fuerza política alguna en Centroamérica.







Sin embargo, el FSLN perdió en Managua por un 42.9% de los votos válidos frente al 53.5% obtenido por la UNO. Algo menor resultó el triunfo de la UNO en la Región IV, donde obtuvo el 53.2% de los votos válidos frente al 43.2% logrado por el FSLN. El voto de la Región VII (Región Autónoma del Atlántico Norte) tuvo características peculiares. El FSLN consiguió victorias importantísimas en las zonas mineras, pobladas básicamente por mestizos y sumus, mientras que la UNO derrotó al FSLN en las zonas pobladas por mískitos. A consecuencia de la política de YATAMA, el Partido Social Cristiano logró resultados atípicos en las elecciones presidenciales de la RAAN. Los porcentajes globales sobre los votos válidos fueron éstos: la UNO obtuvo el 48.2%, el FSLN el 37.7% y el PSC el 8.4%

FSLN: el partido más sólido

Es claro que, en términos de partidos políticos, el FSLN permanece tras las elecciones como la fuerza política homogénea más importante del país. Sus votos, tanto para Presidente como para la Asamblea Nacional -la diferencia es 163 votos menos en el total de votos para la Asamblea -, equivalentes casi al 41% del total de los votos válidos, así lo demuestran.

La UNO, con casi el 55% de los votos válidos, reúne a un heterogéneo espectro de partidos: varias fracciones conservadoras y varias liberales -las tradicionales "paralelas históricas" de la Nicaragua pre-revolucionaria-; el MDN de los burgueses modernizantes y antisomocistas que en 1979 se aliaron con el FSLN; el Partido Social Demócrata, sin tradición pre-revolucionaria en Nicaragua; y dos de los partidos que originalmente estuvieron unidos en un mismo tronco marxista-leninista ortodoxo y luego acabaron divididos en socialistas (PSN) tendientes a la social democracia y comunistas (PCdeN), que conservan tal apelativo con obstinación digna de mayor coherencia política. Incluso hay en la UNO dos ramas del Partido Social Cristiano y, a título personal, alguna personalidad del Partido Popular Social Cristiano.

Tal heterogeneidad queda más visible si gráficamente la representamos asignando a cada uno de estos componentes de la UNO un hipotético y arbitrario porcentaje de los votos válidamente ganados por la alianza UNO en las elecciones. Hipótesis y arbitrariedad no desprovistas de razonabilidad, ya que, aisladamente, estos partidos políticos coaligados o se abstuvieron de medir su fuerza real en las elecciones del 84 o cuando la midieron, como en el caso de socialistas y comunistas, apenas sobrepasaron el 1% de los votos válidos en aquellas elecciones.

Hemos hecho un gráfico con los siguientes presupuestos. Hemos asignado a cada bloque ideológico de los partidos que se coaligaron en la Unión Nacional Opositora (UNO), un porcentaje de total de votos obtenidos por la UNO igual al que les habría correspondido si yendo por separado a las elecciones hubieran obtenido el número de diputados que de hecho obtuvieron en virtud del lugar que ocupaban sus representantes en las listas de la UNO por regiones. Claro que esta hipótesis la construimos únicamente para obtener visualmente una imagen tanto de la heterogeneidad de la UNO como de la debilidad de cada uno de los partidos al interior de este bloque en comparación con el homogéneo bloque del FSLN. No entra en el margen del hipótesis razonables y sensatas que estos minipartidos hubieran logrado estos resultados si hubieran competido por separado.


El bloque conservador se adjudicó 13 representantes a la Asamblea: 5 del PNC (dirigido por Silviano Matamoros), 6 para la APC (fracción de Myriam Argüello) y 2 para la ANC (fracción de Hernaldo Zúñiga). El bloque liberal obtuvo 12 representantes. Los 12 liberales se repartieron así: 3 para el PALI (remanentes del liberalismo somocista), 5 para el PLI (partido del Vicepresidente electo, Virgilio Godoy), y 4 para el PLC (disidencia tardía del liberalismo somocista que liberó el fallecido Ramiro Sacasa). Los 10 del social-cristianismo quedaron adjudicados así: 5 para el PDCN de Agustín Jarquín, 3 para el PAN del viejo afiliado demócrata Eduardo Rivas Gasteazoro y 2 para personas del Partido Popular Social Cristiano que a título personal aceptaron entrar en las listas de la UNO como candidatos, a pesar de que el PPSC abandonó la UNO y formó con el Partido Social Cristiano de Erick Ramírez la Alianza Edén pastora fue un fugaz meteorito que como apareció así desapareció en la campaña sin dejar rastro: una muestra más de sus veleidades políticas.

El bloque de tendencia "social demócrata" obtuvo 8 diputados, de los cuales 5 el PSD (de Guillermo Putoy y Pedro Joaquín Chamorro Jr.) y 3 el MDN (fundado en 1978 por Alfonso Robelo). Lo que podríamos llamar la "seudo-izquierda" quedó con 6 representantes, 3 del PSN (socialistas) y 3 del PCdeN (comunistas). Finalmente, una fracción de los unionistas centroamericanos, el PIAC de Alejandro Pérez Arévalo, logró 2 representantes. Los gráficos que obtenemos son verdaderos ejemplos de política psicodélica si pudiéramos imprimirlos en colores.







¿El triunfo de la UNO: voto de castigo contra el FSLN?

Una conclusión se impone. Las elecciones de 1990 no parecen haberlas ganado estos partidos que se aliaron en la UNO y cuya decisión de unirse contra el FSLN, el gobierno de Estados Unidos intentará estabilizar por todos los medios durante los próximos seis años

Evidentemente, existe en Nicaragua un voto sólido contra las opciones programáticas revolucionarias del FSLN. Ese voto puede oscilar entre el 30 y 35% del electorado. Tal afirmación es una hipótesis que habrá que someter a seria investigación, pero no creemos que sea una hipótesis infundada. Ese voto puede oscilar entre el 30 y el 35% del electorado. Tal afirmación es una hipótesis que habrá que someter a seria investigación, pero no creemos que sea una hipótesis infundada. Ese voto convencidamente antisandinista habría sido probablemente logrado por cualquier candidatura de oposición o -como resultó en 1984- lo habrían logrado diversas candidaturas de oposición por separado.

En aquellas elecciones, 6 candidaturas de oposición al FSLN obtuvieron en conjunto el 33% de los votos válidos. Existe además un voto, que apenas superó el 4% de los votos válidos en las elecciones del 90 y que se lo repartieron 2 partidos de ultraizquierda, uno trostkista (PRT) Y otro proletarista a ultranza (MAPML), 3 ramas del conservatismo y del liberalismo que no se aliaron a la UNO, una alianza socialcristiana, un partido centroamericanista y un novísimo partido formado por revolucionarios que s separaron del FSLN y se califican a sí mismos como los "limpios" los "no burócratas", etc.

Si añadimos al 35% del voto sólidamente antisandinista -que, a la vez, es en su mayoría pro-norteamericano- este poco más del 4% antisandinissta pero no anti-revolucionario, alcanzamos muy cerca del 40% del electorado. Habría bastado que un 10% del electorado restante hubiera votado por el FSLN para darle a los sandinistas la mayoría absoluta en las elecciones, cerca de un 51%. Un resultado así, para un partido al que los estragos de la irreconciliable enemistad del gobierno norteamericano hizo la vida casi imposible en términos de viabilidad para la paz y para un mínimo bienestar económico nacional, habría sido un resultado impresionantemente favorable. Una hazaña, después de 8 largos años de impuesto desgaste. Y un triunfo después de los errores que todo gobierno comete, más aún si lleva diez años en el ejercicio del poder. Los resultados electorales habrían sido entonces los que aparecen en el cuadro siguiente, en términos porcentuales de votos válidos.



¿Entraban estos resultados hipotéticos en el campo de la probabilidad razonable? O dicho de otra manera: ¿por qué ese 10% decisivo no votó por el FSLN pero pudo haberlo hecho con razonable probabilidad? No creemos estar haciendo malabarismos mentales al plantear esta hipótesis de resultados diversos ni al preguntar por sus razones. Estamos sencillamente tratando de explicar unos resultados que contrajeron muchas expectativas y sorprendieron a muchos en la UNO y en el gobierno Bush, a otros muchos gobiernos del mundo, a las delegaciones de observadores del cuerpo diplomático acreditado en Nicaragua y a bastantes corresponsales de los medios internacionales, especialmente a los que se acreditaron expresamente para cubrir los días previos a las elecciones.

Hubo un voto de castigo al FSLN que se dio en base a varios factores, aunque dos de ellos son los realmente trascendentales. El primero es el excesivo peso, desigualmente llevado, del programa de ajustes económicos, que recayó en estos dos últimos años sobre las espaldas de3 empleados del Estado, campesinos, familias del sector informal urbano, obreros agrícolas y obreros industriales. El segundo factor parece ser el peso acumulado en la mayoría de las famil8ias por el cumplimiento del servicio militar e incluso la indecisión del gobierno en suprimir su carácter de obligatoriedad si la guerra no alcanzaba de nuevo niveles de amenaza estratégica a la nación. Estos dos factores fundamentales son efecto de la brutal y eficaz guerra de "baja intensidad" impuesta a Nicaragua por el gobierno norteamericano.

Hay seguramente otros factores de influjo mayor o menor en los resultados electorales. Uno tiene que ver con el dilema entre paz y guerra y con la sensación de que el FSLN por su programática revolucionaria no podría alcanzar realmente la paz frente a la agresiva potencia del norte. Otro factor incidente pudo estar en la brecha existente entre una revolución original en sus objetivos fundamentales -economía mixta, pluralismo político, no alineamiento, democracia participativa, respeto a todas las ideologías- y esquemática en los estilos de trabajo verticalistas y aun prepotentes que se han en proporciones diversas y acentuados por la guerra.

Por otra parte, la campaña del FSLN, que, acompañada de encuestas y sobre todo de concentraciones mucho mas masivas que las de la UNO, produjo la sensación de un triunfo asegurado para el FSLN. Este triunfalismo, provocado y cultivado, pudo generar en una parte del pueblo, incluso del pueblo revolucionario, una reacción, cuidadosamente protegida en el secreto de la decisión política personal, de que era conveniente que el FSLN aceptara gobernar con menos poder del que el pueblo le otorgó en 1984. En otra parte del pueblo pudo provocar la reacción de "apoyar al débil" y no al que ya estaba tan cierto de su triunfo.

Reacciones al conocerse los sorprendentes resultados

No pocas reacciones psicosociales posteriores al conocimiento de los resultados indican que si bastantes de quienes en las urnas decidieron dar a la UNO su voto hubieran intuido que su decisión iba a ser la decisión de muchos otros, habrían votado por el FSLN. Pocos dirigentes políticos han demostrado en el reconocimiento de su derrota la altura de valores que el presidente Daniel Ortega mostró en su discurso a la nación el 26 de febrero a las seis de la mañana. No hubo en él la "gallardía típica" de los dirigentes de las democracias representativas cuando felicitan al adversario electoral.

Hubo, más bien, el testimonio de un profundo respeto al pueblo de Nicaragua, al que en ningún momento dirigió el mínimo reproche; al contrario lo exaltó como el pueblo digno y heroico que en esta década ha sido, levantando con ello admiración y esperanzas en todo el mundo. Este discurso emocionó a la mayoría de los nicaragüenses e hizo llorar a no pocos periodistas y observadores internacionales. Después no hubo celebraciones masivas de triunfo de los partidarios de la UNO. Nadie se volcó a las calles como hubiera sido de esperar. Nicaragua entera se sumió en el silencio y el desconcierto durante un largo día de incertidumbre. Una vez más, el proceso revolucionario nicaragüense, en su pueblo y en lo mejor de su dirigencia revolucionaria, sorprendió al mundo y empezó a esperar los frutos de paz que merecen tantos años de lucha por la justicia y por la democracia.

La Costa Atlántica: resultados electorales más complejos

Envío observó directamente el proceso electoral en las dos Regiones Autónomas del Atlántico: la Norte (RAAN), donde la etnia mískita es la pluralidad más importante, teniendo allí la mayor concentración poblacional; y la Sur (RAAS), donde la convivencia de diversas etnias (creoles, garífunas, mestizos, sumus, ramas y mískitos) la convierte en una de las zonas más multiétnicas de Centroamérica. La llegada a la Costa en septiembre/89 de Rivera y Fagoth, los dos líderes más importantes de los alzados en armas cambió el carácter de la actividad preelectoral. Ambos se dedicaron a reavivar las heridas causadas en los comienzos de la década revolucionaria de los 80, prometiendo revisar etnocéntricamente, en favor de los mískitos únicamente, la ley y la misma concepción de la autonomía. Ambos derrocharon discursos abierta o sutilmente cargados de odio inter-étnico. Este ambiente hizo temer a muchos que allí donde le proceso de paz había comenzado pudiera comenzar también la reactivación de la guerra.

No hay mucha conciencia de que estas elecciones fueron también históricas porque, en continuidad con la Ley de Autonomía -primera en América en favor de los derechos de los grupos étnicos- en las dos regiones atlánticas de Nicaragua se tuvieron además de elecciones presidenciales y legislativas a nivel nacional, las primeras elecciones para Consejos Regionales Autónomos. A pesar de la predominancia mískita en la RAAN, el grupo YATAMA -bajo la dirección de Rivera y Fagoth- no obtuvo la mayoría de los escaños en el Consejo Regional. YATAMA obtuvo 22 de los 45 escaños, el FSLN 21 y la UNO 2.

A estos 45 "consejeros" (con autoridad colegiada ejecutiva) se unen los 3 diputados electos para la Asamblea Nacional: 1 de YATAMA-PSC -fue esta alianza con los socialcristianos la que, concertada apenas un día antes del plazo final para la inscripción de candidatos a la Asamblea, dio a los socialcristianos su única representación en el nuevo parlamento nicaragüense-; 1 del FSLN y 1 de la UNO. En la RAAN le faltan a la etnia mískita, representada por YATAM 2 votos para obtener la mayoría absoluta necesaria para decidir reglamentaciones a la Ley de Autonomía y no tiene los dos tercios necesarios para transformar esta Ley. La mayoría de YATAMA en el Consejo Regional Autónomo le da un control aún más precario que el que la UNO tendrá en la futura Asamblea Nacional. No es fácil que YATAMA consiga los votos de la UNO, pues pertenecen a mestizos de la zona minera de Siuna, que probablemente no apoyarán las propuestas más etnocéntricas y pro-mískitasde YATAMA.



En la RAAS, cuya cabecera es la ciudad de Bluefields, devastada por el huracán "Juana" en octubre/88, la UNO, con candidatos que muy poco se han preocupado de la región, obtuvo la mayoría de los escaños -23- en el Consejo Regional Autónomo. Los candidatos del FSLN, seleccionados por sus propios grupos étnicos y todos ellos gente que había trabajado continuamente en programas en favor de la región, obtuvieron 18 escaños. YATAMA obtuvo 4. A estos "consejeros" electos se añaden los 2 diputados electos a la Asamblea Nacional, 1 de la UNO y 1 del FSLN. En la RAAS la UNO sí cuenta con la mayoría absoluta -por un voto- y, si se mantuviera la alianza YATAMA-UNO, YATAMA podría crear graves problemas tratando de imponer, precisamente en una región donde la etnia mískita es minoritaria, sus cerradas posturas etnocéntricas.



Al día siguiente de las elecciones, el desconsuelo y la alarma cundieron en Bluefields al comprobar la población que los médicos cubanos cooperantes en los programas de salud del hospital blufileño no estaban ya en sus puestos de trabajo. La alarma se incrementó con el interrogante de si continuaba o no el proyecto habitacional de reconstrucción de la ciudad -mil viviendas de concreto, de las que 200 ya están concluidas-. El gobierno de Cuba declaró que lo continuaría a menos de que su constructores fueran expulsados por el nuevo gobierno UNO.

Al día siguiente de la elección, la misma ausencia de los médicos cubanos de sus puestos en el hospital y centros de salud de Puerto Cabezas, fue también alarmante. Líderes de YATAMA fueron desafiantes: "Utilizaremos nuestras hierbas medicinales", afirmaron.

Las reacciones de los votantes costeños después de los comicios completan del cuadro de la complejidad que han revelado las elecciones nicaragüenses. En la RAAS el voto contra el FSLN no fue profundo en su convicción. Influyeron factores de "castigo" al sandinismo. En la RAAN, los partidarios de YATAAMA supieron más claramente por qué votaban en contra del gobierno sandinista y mantuvieron su consistencia aun a costa de los males que les pueda traer en aspectos materiales que afectan a la población en una región tan insalubre.

Unas elecciones que quebraron los esquemas y han hecho historia

En uno de los años más duros de la guerra en defensa de la soberanía y de la liberación nacional, en 1984, el FSLN arrasó en las primeras elecciones en que sometió el proceso revolucionario a la voluntad popular en una de sus formas de expresarla: el voto de la democracia representativa. En ese año, el gobierno de los Estados Unidos forzó a la coordinadora Democrática a boicotear las elecciones. Lo confesó años más tarde al New York Times el candidato que la Coordinadora iba a presentar, Arturo Cruz: "Nunca -escribió Cruz- hubo intención de inscribir mi candidatura". Seis años más tarde, la guerra de baja intensidad brutalmente sostenida por Reagan y sutilmente perpetuada por Bush lograron hacer que la mayoría de los nicaragüenses votaran por la UNO, en un voto motivado fundamentalmente por el hambre y el anhelo de paz. La diferencia entre ambas elecciones, en términos absolutos y tomando en cuenta el aumentó demográfico de la ciudadanía, se puede observar en este gráfico:



Existen elecciones que suponen nada más que un cambio de gobierno dentro de un marco de legitimidad político-cultural invariable. En un sentido, las elecciones nicaragüenses de 1990 participan del carácter de este tipo de elecciones. El pueblo nicaragüense entregó el gobierno a la UNO y hubo un cambio. Pero al entregárselo no le dio el mandato de modificar el marco constitucional, base política y cultural fundamental de la legitimidad de una Nicaragua que como Estado-Nación no volverá a ser la república pre-revolucionaria que fue, siempre que el FSLN y el pueblo que votó por el sandinismo sepan defender correctamente la significación de los resultados electorales.

Hay elecciones que han cambiado la historia. La que en 1936 y en España dio el triunfo al Frente Popular terminó de sublevar a un ejército conservador y levantisco y lo llevó a un alzamiento militar que, apoyándose en el sector fascista de la sociedad española -que en la práctica era media España- desató una guerra civil que causó un millón de muertos y abrió paso a casi cuarenta años de un gobierno dictatorial al comienzo y autoritario siempre, modernizante en sus dos últimas décadas.

También fueron históricas las elecciones británicas de 1945: apenas unos meses después que el pueblo británico consiguiera una victoria aplastante sobre el nazismo y el militarismo japonés conducido por Winston Churchill, este mismo pueblo entregó el gobierno a dirigentes dispuestos a desmantelar el imperio concediendo a la India su independencia eligiendo a dirigentes laboristas como Clement Attlee, a quien Churchill en aquella campaña califico de "oveja con piel de oveja". Los casos de la elección de Juan Domingo Perro en 1946 en Argentina o de Salvador Allende en 1970 en Chile hicieron historia y por décadas desataron reacciones y fuerzas políticas que transformaron, trágicamente por cierto, a los pueblos de Argentina y Chile.

Las elecciones de 1990 en Nicaragua son también históricas: es la primera vez que un proceso revolucionario iniciado con las armas debe y acepta continuarse desde la sociedad civil y desde los instrumentos del Estado que una Constitución le ofrece como garantía de los intereses populares. Es un nuevo desafío con nuevos riesgos. El desafío y los riesgos son históricos para éste y para otros procesos revolucionarios.

La polarización de dos alternativas claras redujo a la insignificancia a otros partidos políticos que en el 84, como opositores, lograron apreciables resultados. No sería prudente "decretar" desde un análisis su definitiva desaparición. La historia política da sus vueltas, impredecibles muchas de ellas . pero no cabe duda que para la ultraizquierda (PRT y MAP-ML), para el Socialcristianismo, tan reconocido por la Internacional Democráta Cristiana, para los conservadores y liberales que admitieron el marco revolucionario de la nueva Nicaragua, para la noble candidatura unionista-centroamericana de Blanca Rojas, y para la del caudillo conservador Fernando Agüero, la elección del 90 ha sido una catástrofe.

Si los disidentes del sandinismo concentrados en el MUR lograron, después de muchas oscilaciones en el conteo de votos, un escaño en la Asamblea -moviéndose entre el 0.9 el 1 y el 1.1% final- quién sabe si el margen de votos que les dio este espacio se debió a una confusión entre los que manejaron la boleta al revés y creyendo votar por la casilla 1 (la de la UNO) votaban por la 10 (la del MUR). Anécdotas veraces en este sentido se han oído desde Chinandega a Masaya y desde Chontales a Matagalpa.

El Frente Sandinista será "purificado" por esta derrota

El Frente Sandinista, sometido a un voto de castigo adicional al castigo tremendo que la guerra norteamericana de "baja" intensidad aplicó a todo el pueblo nicaragüense, será sin duda purificado por esta derrota. Su carta más importante, la heroica solidez del voto del 41% de los nicaragüenses tendrá que ser jugada con gran responsabilidad y entereza al lado de su otra carta crucial: el Presidente Daniel Ortega, ampliamente reconocido hoy como un símbolo de la lucha contra la dictadura, de la defensa de la soberanía y de la construcción del pluralismo y la democracia. En estos logros está lal paradoja de ;la derrota del FSLN. En su derrota política, el proceso de revolucionario del pequeño heroico, del tercer y dino pueblo nicaraguense le ganó la batalla ideológica al imperialismo de los Estados Unidos, la brutalidad de Reagan y al sutil pragmatismo bipartidista de Bush porque en Nicaragua sigue vivo el proyecto de Sandino.

El desafio presente es ganar la paz y la satisfacción de las necesidades fundamentales manteniendo la soberanía. Aunque el FSLN haya perdido las elecciones, las segundas a las que se sometió esta revolución, no será fácil resolver el desafio de la paz y del bienestar económico en favor del pueblo con un gobierno pro-norteamericano y sin contar con el FSLN. Grandes son los desafíos tanto para la ONU como para el FSLN.

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