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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 307 | Octubre 2007

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Nicaragua

Ba’ra sma ki? El Caribe desafía al Gobierno

Según el representante de la ONU en Managua, la mezcla de la emergencia histórica y la emergencia provocada por el huracán Félix en la Costa Caribe dan como resultado “una dificultad pocas veces encontrada en algún lugar geográfico de la Tierra”. ¿Estamos preparados para enfrentar esa dificultad? ¿Lo está este gobierno?

Equipo Nitlápan-Envío

Todos los testimonios que llegaron del Caribe Norte coinciden en lo inesperados que resultaron para las comunidades hoy devastadas, tanto la llegada del huracán Félix, como los desastres que traía la violenta espiral de sus vientos categoría 5, la máxima en estos fenómenos atmosféricos. Nadie estaba preparado para la emergencia que se desató en la ma¬drugada del 4 de septiembre.

¿Está preparado Daniel Ortega y sus funcionarios para responder a esta emergencia? Ba’ra sma ki? ¿Está ahí? ¿Estará ahí, estarán ahí, en todo lo que hay que hacer y dejar hacer a las comunidades afectadas, ahí, en el lugar de tantos retos? Los estilos y políticas que hemos visto desarrollar a su gobierno en los primeros nueve meses indicarían que el desafío costeño lo encuentra poco preparado.

UN DESASTRE COLOSAL

El desastre ha sido material y espiritual. La tragedia ha tocado el alma colectiva y la de cada familia y cada persona. El pueblo mískito y el pueblo mayangna están de luto. También los créoles de Bilwi, también los mestizos del Caribe. Hay pérdidas humanas y ecológicas irreparables. Hay pérdidas sociales y económicas sin solución en el corto plazo. A las necesidades básicas más urgentes -alimento, agua potable, abrigo, techo- la solidaridad nacional e internacional ha tratado de dar respuesta humanitaria y de emergencia, sin lograr abarcar a todos. La zona devastada es la cuarta parte de Nicaragua y una de las más incomunicadas. El desafío es colosal.

Muchos testimonios que llegan de la Costa hablan de 500 muertos, aunque la cifra oficial, entre cadáveres identificados y sin identificar es 102 y la de desaparecidos, 133. Desde el primer momento se escucharon quejas: muchas muertes podrían haberse evitado si el gobierno hubiera decretado la alerta roja a tiempo y si las autoridades navales hubieran iniciado la evacuación de los Cayos Mískitos con tiempo y diligencia.

Ciertamente, el huracán Félix aumentó su potencia a una velocidad que sorprendió a los meteorólogos que lo monitoreaban y tampoco siguió el rumbo previsto. A pesar de esto, se señala indolencia en el gobierno central, tal vez concentrado en esos mismos días en la solemne instalación de los Consejos del Poder Ciudadano, ceremonia anunciada para mediados de septiembre y que no se llevó a cabo. Seguramente todo se pudo hacer mejor. En Honduras, el gobierno manejó la amenaza sobre la zona mískita hondureña -la que se preveía sería impactada- con más capacidad y agilidad.

Este huracán desconcertante entró directamente por la reserva biológica de los Cayos Mískitos, destruyendo los arrecifes coralinos y los manglares de esta valiosísima Reserva de la Biosfera, para después tocar tierra nicaragüense con vientos de 260 kilómetros por hora. En los Cayos, a la hora del embate, había centenares de mujeres, hombres y niños. Al alba, en Bilwi, se han escuchado día tras día desgarradores lamentos rituales por los que nunca volvieron, por aquellas que el mar se tragó sin devolver sus cuerpos.

UN MUNDO QUE YA NO ES VERDE

La cifra oficial de damnificados es de 198 mil, sobre una población total en la región de 300 mil personas, una proporción sobrecogedora. 377 comunidades, de diferentes tamaños, fueron destruidas. Una gran mayoría de los damnificados perdieron todo lo que tenían cuando las láminas de zinc que techaban sus casas fueron arrancadas por los vientos como si fueran papeles. Perdieron también sus árboles frutales y sus animales. Y el arroz, el plátano y la yuca, todo lo que habían sembrado. Los pescadores perdieron sus botes de vela, sus pangas, sus redes. Los buzos, sus equipos. Lo que el viento no se llevó, lo arrancó o lo aterró.

Para más desventura, en la zona en donde los vientos comenzaron a amainar, las lluvias hicieron subir siete metros las aguas del río Coco, el gran Wankí, que anegó cosechas y caseríos. Varios ríos dejaron entrar sus aguas veinte metros tierra adentro. Quedaron contaminadas las aguas. Las enfermedades respiratorias e intestinales proliferan. Los zancudos también. Hay temor de que con alteraciones tan drásticas en los ecosistemas y en las cadenas alimenticias abunden las plagas de ratas.

El desastre ecológico es inmedible. Se calculan más de un millón y medio de hectáreas de bosques arrasadas y seis cuencas de ríos severamente afectadas. El hábitat de valiosas especies ha desaparecido y los animales -monos, venados, dantos, tucanes- están sufriendo, desconcertados. Los bosques de pinos resistieron mejor, por la flexibilidad de sus troncos. Otros bosques tropicales, con maderas preciosas -caoba, roble, cedro real, ceibo- cayeron. Seis “áreas protegidas” resultaron arrasadas. La zona de amortiguamiento de la Reserva de la Biosfera de Bosawás, resultó dañada. El núcleo central de la Reserva, que es el pulmón de Centroamérica, resistió.

El paisaje del Caribe Norte sufrió una mutación. Eileen Mairena Cunningham, investigadora de Nitlapán, lo describe así: “Las comunidades estaban rodeadas de árboles, y sus suelos eran como una alfombra engramada. Las comunidades estaban separadas por bosques y no se miraban. Sólo al irse acercando a ellas las veías. Ahora, todo es distinto. Los árboles están tirados en el suelo, como cuando riegas una cajilla de fósforos, o están partidos por la mitad. El mundo ya no es verde. Ahora es de un color café, por el lodo que quemó las hojas, por los árboles que cayeron y se han ido secando. Ahora, desde cientos de metros ves una comunidad tras otra, ya no las protegen los bosques verdes, ahora las distingues por los “techos” azules y blancos de los plásticos donados”.

¿CON CENTRALISMO?

A una mutación, otra. El gobierno Ortega-Murillo ha dado pruebas de centralismo, sectarismo e ineficiencia desde que asumió el poder. Responder al desafío caribeño reclamaría una mutación en estas tendencias.

Desde el primer momento, el gobierno centralizó todas las operaciones, colocando todas las decisiones bajo el control del gobierno central y del Ejército. Todas las ayudas se acumularon en las bodegas de SINAPRED (Sistema Nacional para la Prevención de Desastres). En un primer momento, esto tuvo alguna lógica. Los recursos del Ejército para el traslado de personas, cadáveres, médicos y suministros eran los más adecuados.

Pero después, el centralismo ha resultado dañino. Ha generado malestar y contradicciones. En la región hay autoridades regionales autónomas, hay autoridades municipales y autoridades comunitarias tradicionales, hay iglesias -la iglesia Morava es el corazón de la Costa-, en Bilwi hay una sociedad civil organizada y en las comunidades trabajan muchas ONG…El gobierno no ha tenido voluntad de coordinar sus esfuerzos con los de todos estos grupos locales, con capacidad, experiencia, recursos, propuestas. Muchos se metieron “a la fuerza” a trabajar. A otros los sacaron. ¿Mutará la tendencia centralista?

¿CON SECTARISMO?

El gobierno ha actuado también con una tendencia sectaria: amor y reconciliación sólo para los incondicionales. Existe la percepción de que, al centralizar las ayudas, el gobierno de Managua las ha manipulado políticamente.

En el Caribe, la guerra de los 80 dejó un arraigado sentimiento antisandinista. Para superarlo -y dentro de la que llamó Convergencia Nacional- en estas elecciones el FSLN hizo alianza con YÁTAMA -el partido regional de los mískitos-, y visiblemente, con dos de sus líderes, Brooklyn Rivera y Steadman Fagoth, enemigos acérrimos del sandinismo en los años 80. De todas las alianzas que hizo el FSLN, ésta fue la que más prometía.

Ahora, la mezcla de centralismo y sectarismo ha ensombrecido esta alianza. ¿Para qué sirvió?, se preguntan en Bilwi, donde la percepción es que el hoy diputado Rivera y el hoy ministro de pesca Fagoth ni resuelven ni los representan, ya que quien lo decide todo es el costeño Lumberto Campbell, delegado de la Presidencia para el Caribe, hombre de confianza de Ortega. Campbell vive en Managua y fue enviado por Ortega a la región para coordinarlo todo. Pasada la emergencia inicial, lo que está por venir plantea un gran desafío a la alianza y a ambos partidos.

¿SÓLO CON INCONDICIONALES?

En un país como Nicaragua el centralismo y el sectarismo se traducen en ineficiencia. Desde el comienzo, el gobierno Ortega-Murillo ha priorizado para el nombramiento de funcionarios de todos los niveles la incondicionalidad política por sobre la preparación técnica o la capacidad profesional. Esto está teniendo repercusiones en la capacidad del gobierno para responder, tanto a la rutina diaria de las instituciones públicas, como a la ejecución de los proyectos ya acordados y a la implementación de sus nuevos proyectos.

La tragedia de la Costa demanda de agilidad, creatividad y de enorme capacidad profesional por parte del gobierno, no sólo para enviar y repartir ayuda humanitaria -y esto puede durar muchos meses-, sino para hacer de esta tragedia una oportunidad de cambio, que es lo que corresponde a un gobierno que dice ser “revolucionario”.

CON LOS VIGORES COSTEÑOS

Lo revolucionario sería no volver al “antes” del huracán sino a un “después” diferente: con los costeños, desde su cultura, en consenso con “los vigores” de allá, que no están tan pasivos ni tan desorganizados, no están tan “dispersos” como a veces se suele pensar desde el Pacífico mestizo. Respuestas meramente asistencialistas o desarrollistas -carreteras y grandes infraestructuras- no responderán adecuadamente a lo que el Caribe Norte necesita y demanda después de la tragedia que ha vivido. Lo revolucionario es siempre aquello que decía el Ché Guevara: No debemos acercarnos al pueblo a decirle: Venimos a darte la caridad de nuestra presencia, a enseñarte con nuestra ciencia, a demostrarte tus errores. Debemos ir con espíritu humilde a aprender en la gran fuente de sabiduría que es el pueblo.

El gobierno ha calculado en 300 millones de dólares la rehabilitación de la zona afectada. Y está apostando, al solicitarle millonarias sumas a la comunidad internacional, a la ayuda humanitaria de emergencia -que fomenta la cultura asistencialista- y a las grandes inversiones en infraestructuras. Sin embargo, lo que quiere el pueblo caribeño es poder volver a sembrar, a pescar, a trabajar. Quiere semillas, aperos, botes, herramientas… Quiere organizarse por sí mismo para reactivar su producción agrícola, pesquera, maderera, comercial. Quiere también la demarcación de las tierras indígenas.

Muchas de las famosas pikineras (de picking) -mujeres que acopiaban la pesca artesanal de toda la zona, y que desde los Cayos a Bilwi y de Bilwi a los Cayos comercializaban productos básicos, ropa y de todo- murieron en los Cayos y son centenares los niños que han quedado huérfanos. Y aún así, en medio de su duelo, lo primero que pedían a la ONG costeña Pana-Pana eran créditos de hasta 15 mil córdobas, seguras de que podrían reanudar inmediatamente y con éxito su actividad en Prinzapolka.

La millonaria y sostenida inversión que necesita la Costa para rehabilitar lo que tenía antes del huracán y para construir otro futuro compromete los planes sociales del gobierno, reduce sus recursos, y reclamaría un cambio de política: menos centralista, más incluyente, más eficiente, más generadora de consensos. Le exige estar ahí “con espíritu humilde para aprender”.

TANTO DOLOR
EN SÓLO UN MINUTO

El 25 de septiembre, veinte días después del huracán, el Presidente Ortega debía hablar en la Asamblea General de la ONU. El 23 se reunió en Managua para recibir el último informe de los daños causados por el huracán. Ese día se comprometió a hacer escuchar en la ONU la voz de los costeños, afirmando que el Félix había provocado la mayor catástrofe que ha sufrido Nicaragua en cuanto a impacto ambiental.

La tragedia humana y ambiental de la RAAN enlazaba plenamente con el tema del cambio climático, central este año en las reuniones de Naciones Unidas. La violencia y abundancia de huracanes destructivos en el Mar Caribe tiene -según los expertos- su explicación en este cambio, que está produciendo un calentamiento global. Los modelos de desarrollo capitalista, también los socialistas, que la Humanidad ha conocido en los dos últimos siglos han contribuido activamente al cambio climático. Una perspectiva ambientalmente informada es una carencia de los políticos de derecha y también de los de izquierda.

En este contexto, el Presidente Ortega podría haber representado a Nicaragua con un mensaje estratégico. Por eso también su discurso en Naciones Unidas resultó chocante. Y decepcionante. Queriendo presentarse como un dirigente de talla no sólo continental, sino mundial, empleó una sobreactuada alteración en palabras y en gestos, para darle fuerza escénica a su mal hilvanada denuncia del capitalismo global. Con un confuso guión mental, Ortega pretendió abarcar mucho y no “apretó” nada.

En las 3,426 palabras del discurso de 25 minutos de Ortega, centradas en ardorosas críticas a Estados Unidos y ardientes apoyos a Cuba, Venezuela y a los programas nucleares de Irán y Corea del Norte, ninguna palabra hizo referencia a nada de lo que ocurre en Nicaragua y sólo 184 mencionaron, en un escaso minuto, lo que había sucedido en la Costa Caribe.

UNA RETÓRICA NO CREÍBLE

El abanderamiento apasionado de Daniel Ortega en Naciones Unidas contra las privatizaciones, tratados de libre comercio e inversiones transnacionales que caracterizan el capitalismo global que denunció con tanta agresividad resulta poco creíble en Nicaragua.

El FSLN controlado por Ortega participó conscientemente en la instalación de ese modelo en Nicaragua cuando sus diputados eran oposición y cuando el propio Ortega activaba y desactivaba las protestas populares contra el capitalismo global y negociaba una y otra vez cuotas de poder en los nuevos espacios de negocios que el capitalismo global iba creando. Hoy, su margen de maniobra ante ese modelo que también él construyó es prácticamente nulo y, administrando uno de los países del mundo más condicionados por el capitalismo global, lo único que le queda es la retórica. Una retórica vacía.

CUMPLIENDO FIELMENTE EL TLC

Dos ejemplos en el mismo mes del huracán muestran las contradicciones entre la retórica presidencial y su administración. Apenas una semana después de la tragedia caribeña, el Presidente Ortega envió a la Asamblea Nacional, para que fuera discutido con trámite de urgencia, un proyecto de reforma a la Ley de Patentes, que favorece plenamente a las transnacionales farmacéuticas y afecta los medicamentos genéricos. Entre los argumentos para su aprobación destaca el Presidente que se trata de adecuar la legislación nicaragüense a los compromisos del CAFTA.

La urgencia se debió a las habituales desidias oficiales. El contenido del proyecto es otra demostración de la poca capacidad que tiene el gobierno de Ortega para revisar, renegociar, mucho menos revertir, los términos de ese tratado capitalista. El fiel cumplimiento del CAFTA es parte de los acuerdos de Ortega con Estados Unidos para mantener las buenas relaciones. Retórica es lo único que le queda al Presidente.

Por eso, el encendido discurso anti-imperialista en la ONU no provocó ninguna reacción entre los funcionarios de Estados Unidos. Los medios de comunicación de ese país también lo ignoraron, a diferencia de lo que sucede con otras figuras políticas críticas de las políticas estadounidenses en los países del Sur, como Evo Morales o el mismo presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad. Nadie toma en serio la oratoria de Ortega.

La diputada sandinista del MRS, Mónica Baltodano, habló en la Asamblea Nacional del proyecto de patentes, yendo más al fondo de la dualidad de Ortega: Le recordamos a los diputados del gobierno la demagogia que significan sus discursos en los foros internacionales hablando del Socialismo del Siglo XXI y de las necesidad de construir otro tipo de relaciones entre los pueblos, que fueron sus votos los que permitieron la entrada en vigencia del CAFTA.

Les reclamamos el que, como fuerza que se autoproclama de izquierda, nunca promovieron una discusión que permitiera informar al pueblo nicaragüense de los efectos nefastos de la aplicación del CAFTA en el futuro de Nicaragua, antes bien, como lo muestra esta iniciativa, siguen promoviendo su aplicación, en detrimento de los intereses populares.

SIN DINERO
PARA EDUCACIÓN

Otro ejemplo. En vísperas de que el 15 de octubre Ortega envíe a la Asamblea Nacional el Presupuesto 2008 y antes de conocerse el monto que el Presupuesto destinará a la educación, ya el Ministro Miguel de Castilla informó que no habrá los 2.9 millones para la alimentación escolar.

La excusa: los recursos disponibles para este programa se desviaron para rehabilitar las destruidas escuelas de la RAAN. Las repercusiones, según el propio Ministro: Se vaciará el sistema escolar, porque una inmensa cantidad de niños en las zonas rurales, y aún en Managua, van a la escuela, más que a aprender, a comer.

Comentando esta noticia, el coordinador de la Comisión Económica de la Coordinadora Civil, Adolfo Acevedo, señala que en la reforma presupuestaria que elaboró el gobierno para atender la emergencia del huracán, de los 26.4 millones de dólares de aumento en la recaudación de impuestos, el gobierno solamente destinó al Caribe devastado 12.4 millones, menos de la mitad.

Señala también que las reservas internacionales brutas en el Banco Central de Nicaragua ascienden a 1,034 millones de dólares y lo que requeriría la comida de niñas y niños -si van a comer a la escuela es porque no comen en sus casas- representaría apenas un 0.28% de esas reservas.

CUESTIÓN DE PRIORIDADES

Otro dato: a pesar de que este mes la Contraloría General de la República emitió una tardía resolución en la que señala responsabilidad administrativa y también penal a varios altos funcionarios de los dos gobiernos anteriores -no a todos los responsables ni a los principales- por la emisión de los bonos CENIS surgidos de las fraudulentas quiebras bancarias de 2000 y 2001, el Presidente del Banco Central afirmó que el gobierno del FSLN seguirá pagando la deuda interna derivada de esos bonos. En octubre, ese pago sacará 21 millones de dólares de los recursos públicos para entregarlos a bancos privados.

Por otra parte, el asesor económico de Ortega, Bayardo Arce, declaró que hay dudas de que la reforma tributaria que se anunció reorientaría el injustísimo sistema de impuestos del país aparezca reflejada en el Presupuesto 2008.

Al parecer -dice Acevedo- se trata de prioridades en la asignación de los recursos, que no ha variado, que sigue siendo la misma que tanto se criticó. Las prioridades que tanto criticó el FSLN durante su campaña electoral y las que tanto criticó el Presidente Ortega en la ONU.

La resignación del Ministro de Educación a este esquema de prioridades quedó también patente en sus declaraciones: La situación de Nicaragua para sostener en pie el sistema escolar y para pensar el futuro de la educación del país cuesta mucho dinero y según lo que veo, no tenemos la posibilidad económica para enfrentar semejante reto que nos pone la pobreza.

LA EMERGENCIA DE ORTEGA: PARLAMENTARISMO

Sin priorizar sostenidamente la educación durante mucho tiempo, haciéndolo desde una visión ética, de justicia, y como una inversión de largo plazo, Nicaragua no saldrá jamás adelante, por más programas de “hambre cero” y “usura cero” que el gobierno organice, que entre tanta desnutrición e ignorancia, resultan mero asistencialismo.

Sin una visión de largo plazo, la Costa Caribe no saldrá de su abandono histórico, revelado ante el país y el mundo por el huracán, que para eso sirven estos desastres naturales: para exhibir las tragedias sociales que agravan vientos y lluvias. A veces, la magnitud de estos eventos también sirve para desatar cambios políticos. No siempre positivos.

Somoza respondió con rapiña y ambición al terremoto de Managua en 1972 y aquella “hora cero” inició el proceso que puso fin a su dictadura. Arnoldo Alemán respondió con irresponsabilidad, oportunismo y rapiña al huracán Mitch en 1998. Y en aquel momento de excepcional solidaridad internacional, se consolidó el proceso que condujo al alevoso pacto del FSLN con Alemán, con las negativas consecuencias que hasta hoy arrastramos. ¿Cómo va a responder el gobierno de Daniel Ortega al huracán Félix?

Una primera señal indica que la respuesta que se va a priorizar en los próximos meses tiene que ver con el proyecto continuista de Ortega. Ésa es su verdadera emergencia. Al regreso de Naciones Unidas, y en el ámbito de una solemnísima reunión de Cortes de Justicia del Mundo celebrada en Managua, a la que -para vergüenza nacional e internacional- Ortega invitó y sentó en primera fila al reo Arnoldo Alemán, el Presidente, después de saludarlo, anunció su propósito de enrumbar al país hacia un sistema parlamentario, sólo porque esto le permitiría ser indefinidamente Primer Ministro o alternarse en ese cargo con su socio Alemán.

¿QUERRÁ ESTAR AHÍ?

La mayoría de los nicaragüenses viven hoy en la miseria. Y la tragedia ocurrida en la cuarta parte del país anuncia nuevas situaciones dramáticas. Nicaragua corre grandes riesgos en este complejo siglo XXI que apenas empezamos a recorrer. Necesitamos de gobiernos capaces de pensar y actuar con el sentido de urgencia, con la mesura y con la sensibilidad social que demanda la magnitud de nuestros problemas y debilidades.

No debe Nicaragua ser usada -como lo hace la pareja presidencial- como el telón de fondo de su proyecto político personal, especialmente cuando ese proyecto contradice el sentido común y el sentido de nuestras necesidades.

En su alocución ante las Cortes de Justicia del Mundo, Ortega interpretó su triunfo electoral en 2006, con apenas el 38% del voto de la población, como un referéndum definitivo que legitimaría cualquier cambio, cualquier proyecto que él decida. Desde enero, el mandato presidencial obtenido con ese 38% está siendo usado por Ortega para construirse una imagen nacional e internacional totalmente incongruente con sus capacidades y con las necesidades del país que representa.

A la vista de todos -incluyendo los que lo alaban- Daniel Ortega es un hombre que tiene una deuda inmensa con el país al que ahora tiene la oportunidad de servir. La mejor manera de trabajar en su imagen es empezar a pagar esa deuda. ¿Querrá estar ahí?

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