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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 250 | Enero 2003

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América Latina

“Queremos derribar tres muros: el latifundio, la ignorancia, el capital”

“Nos sentimos orgullosos y victoriosos porque hemos elegido al presidente Lula... En este momento tenemos la oportunidad de realizar una verdadera Reforma Agraria... Para nosotros el enemigo es el latifundio y el gobierno de Lula va a desempeñar un papel fundamental para democratizar la propiedad de la tierra en Brasil... Estamos movidos por la esperanza y la confianza de que es posible otro Brasil”. Así saludaba el triunfo de Lula el MST, el movimiento social más importante y combativo de América Latina.¿Cuáles son las claves de su gestación, de su crecimiento, de sus logros?

João Pedro Stedile

Uno de los grandes retos de Lula es hacer realidad la Reforma Agraria en un país en donde unos 500 latifundistas poseen propiedades improductivas del tamaño de la Unión Europea, donde los 20 latifundios más extensos del país concentran tanta tierra como las que poseen 3 millones y medio de pequeños propietarios, un país donde 4 millones de familias, más de 20 millones de personas, no tienen tierras. Esa falta de equidad explica la abundancia de hambrientos a los que Lula ha decidido responder para cumplir “la misión de su vida”.

El Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) viene luchando desde hace casi 20 años por la Reforma Agraria. Para mejor conocer la génesis y los logros de este Movimiento, Envío resumió y editó todo un libro-entrevista, Brava Gente, que en sus más de 160 páginas recoge las respuestas que, en febrero de 1998, el dirigente más conocido del MST, João Pedro Stedile, dio al profesor universitario Bernardo Mançano Fernandes, un acreditado investigador brasileño en los temas de la tierra. Stedile nació en 1953, es hijo de pequeños agricultores procedentes de Italia, casado y con cuatro hijos, estudió Economía en la Pontificia Universidad Católica de Rio Grande do Sul. Desde 1979 lucha por la Reforma Agraria, fue uno de los fundadores del MST y es hoy uno de los miembros de su Dirección Nacional.

El objetivo de la entrevista -cuenta Mançano Fernandes- era desenterrar de su memoria los momentos y acontecimientos más representativos construidos por las acciones de los sin tierra... Stedile vivió esta historia desde el principio, fue uno de los que construyó el MST a partir de la realidad, de sus conocimientos y de sus propias ideas. Cada “sin tierra” de todos los rincones del Brasil hizo su contribución, lo que permitió socializar esta lucha por la dignidad humana. Hacer este libro fue iniciativa de la editorial del Partido de los Trabajadores (PT), quien lo publicó en portugués en São Paulo en agosto 1999. Posteriormente, y traducido al español por la intelectual cubana Esther Pérez, el libro se publicó en Buenos Aires (2000), Quito (2001) y La Habana (2002).

Desde la página siguiente, habla Stedile.

LA “MODERNIZACIÓN DOLOROSA” Y “EL MILAGRO BRASILEÑO”

La génesis del MST estuvo determinada por varios factores. El fundamental fue el socioeconómico, las transformaciones que sufrió la agricultura brasileña durante la década del 70. En esa época se produjo un proceso de desarrollo que José Graziano da Silva llamó la modernización dolorosa. Fue el período más rápido e intenso de mecanización del trabajo en el Brasil. En el sur del país, considerado la cuna del MST, la introducción de la soja agilizó la mecanización de la agricultura, tanto en Rio Grande do Sul, donde se sembró entre los surcos de trigo, cultivo que ya tenía cierta tradición; como en Paraná, donde la soja se introdujo como alternativa al café.

La mecanización del trabajo y la introducción de una agricultura con características más capitalistas expulsaron del campo, de manera muy rápida, en aquella década, a grandes contingentes de población. Eran familias que vivían como arrendatarias o parceleras, o hijos de agricultores que recibían un lote de terreno desmembrado de la ya pequeña propiedad agrícola de sus padres. Fue un período en el cual el carácter fundamental de la agricultura era el uso intensivo de la mano de obra.

En un primer momento la población emigró hacia las zonas de colonización, especialmente Rondonia, Pará y Mato Grosso. Poco después comenzaron a llegar noticias de esas regiones: los campesinos no lograban reproducirse en ellas como campesinos. No había allí hábito de agricultura familiar. Las dificultades eran también grandes porque el gobierno, que promovía la colonización de las fronteras agrícolas, buscaba estimular la actividad pecuaria. La verdad era que con el éxodo el gobierno quería promover una transferencia de mano de obra hacia el garimpo (minería artesanal de oro o piedras preciosas) y la extracción de madera. Ése era el gran proyecto que se escondía tras la reubicación de la mano de obra. A pesar de que en las regiones de colonización había tierra disponible -y el gran sueño del campesino es tener su pedazo propio de tierra- la perspectiva de emigrar al norte se deshizo con la llegada de las noticias de quienes llegaron primero, y una parte importante de la población expulsada del campo se fue a la ciudad, motivada por el acelerado proceso de industrialización. Era el período del llamado milagro brasileño.

A fines de los 70 comienzan a aparecer las primeras señales de la crisis de la industria brasileña, que se prolongaría durante toda la década de los 80, conocida como la década perdida. Desde el punto de vista socioeconómico, los campesinos expulsados por la modernización de la agricultura vieron cerrarse esas dos puertas de salida: el éxodo hacia las ciudades y hacia las fronteras agrícolas. Eso los obligó a tomar dos decisiones: tratar de resistir en el campo y buscar otras formas de lucha más acordes con las regiones donde vivían. Esa es la base social que generó el MST. Una base social dispuesta a luchar, que no acepta ni la colonización ni la emigración hacia la ciudad como soluciones para sus problemas. Quiere permanecer en el campo, sobre todo en la región donde vive.

Aunque aún existe un debate sobre la fecha exacta de la fundación del MST, consideramos que fue en enero de 1984, cuando se formalizó como movimiento nacional. En enero de ese año, en la ciudad de Cascavel (Paraná), realizamos el I Encuentro Nacional del Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra, con ochenta representantes de trece estados. Allí definimos los principios, las formas de organización, nuestras reivindicaciones, la estructura y las formas de lucha del Movimiento. Ya estaban presentes algunas ideas importantes. Hubo debates ideológicos fundamentales. El primero fue sobre el nombre del MST. La prensa ya nos llamaba Movimiento de los Sin Tierra, pero los líderes no estaban dedicados a aceptar ese nombre. El término los sin tierra es una expresión que ya se usaba en la Constituyente de 1946, cuando se realizaron los primeros debates sobre la necesidad de una ley de reforma agraria en el Brasil. Finalmente, aprovechamos el nombre por el cual la sociedad ya nos conocía: los sin tierra y aprobamos por unanimidad el nombre de Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra.

LA IGLESIA EMPEZÓ A DECIR A LOS CAMPESINOS: “NO ESPEREN AL CIELO, ORGANÍCENSE AQUÍ”

Hay un segundo elemento, además del socioeconómico, que es muy importante en la génesis del MST. Es lo ideológico. Es el trabajo pastoral, principalmente de la Iglesia católica y de la Iglesia luterana. El surgimiento en 1975 en Goiania de la Comisión Pastoral de la Tierra (CPT) -órgano de la Iglesia católica vinculado a la Conferencia de Obispos del Brasil- fue muy importante para la reorganización de las luchas campesinas. En un primer momento, la CPT tuvo una motivación regional y reunió a los obispos de la región amazónica, que percibían el altísimo grado de violencia que se ejercía contra los aposentados sin títulos de propiedad de las regiones norte y centro-oeste del país.

En 1976, la CPT ya estaba extendida por todo el país. Con la CPT se genera, en plena dictadura militar, un movimiento de obispos, sacerdotes y agentes de pastoral contra el modelo que se estaba implantando en el campo. En la CPT, los sacerdotes, religiosos y pastores discutían con los campesinos la necesidad de que se organizaran. La Iglesia dejó de hacer un trabajo mesiánico y de decirle al campesino: “Espera, que tendrás tierra en el cielo” y empezó a decirles: “Tienes que organizarte para luchar y resolver tus problemas aquí en la tierra”. Fue un trabajo muy importante de concientización de los campesinos. Y algo muy importante: la CPT tuvo una vocación ecuménica al aglutinar a su alrededor al sector luterano, principalmente en los estados de Paraná y Santa Catarina. Y esto también fue importante para el surgimiento del MST. Porque si la CPT no hubiera sido ecuménica, si no hubiera tenido esta visión más amplia, habrían surgido varios movimientos, la lucha se habría fraccionado en varias organizaciones.

“POPULARES” PORQUE TODA LA FAMILIA CAMPESINA PARTICIPA

Hay un tercer factor en la génesis del MST que también es importante. Se trata de la situación política, del proceso de democratización del país. No podemos desvincular el surgimiento del MST de la situación política del Brasil en aquella época. El MST no surgió sólo de la voluntad del campesino, sólo se pudo constituir como un movimiento social importante porque coincidió con un proceso más amplio de lucha por la democratización del país. La lucha por la reforma agraria se sumó al resurgimiento de las huelgas obreras en 1978 y 1979, y a la lucha por la democratización de toda la sociedad. Si la lucha contra la dictadura militar no hubiera llegado también a las ciudades, el MST no habría nacido.

El MST nació como un movimiento campesino, de agricultores acostumbrados al trabajo familiar, que decidieron luchar por la tierra. Considero que la palabra campesino es un poco estilizada. En Brasil los campesinos nunca la han usado. El Partido Comunista de Brasil ha sido el único en utilizar ese término. Aquí, el hombre de campo generalmente se define como agricultor o como trabajador rural o como parcelero o arrendatario.

Nacimos con tres banderas: tierra, reforma agraria y transformaciones generales de la sociedad. Después, nos dimos cuenta de que el MST era diferente de los movimientos campesinos históricos, que se limitaban a luchar por la tierra. Desde el inicio, todas las formas de lucha que desarrollamos fueron de masas, lo que le incorporó al MST tres características fundamentales. La primera, ser un movimiento popular en el cual puede participar todo el mundo. Y hay dos vertientes en ese “carácter popular”. Es popular en el sentido de que toda la familia campesina participa: los ancianos, las mujeres, los niños. En ese aspecto se diferencia de los sindicatos, donde tradicionalmente sólo el hombre adulto participa en las asambleas. Nos percatamos de que ahí residía nuestra fuerza, porque el hombre, además de machista, es conservador e individualista. En la medida en que incluía a todos los miembros de la familia, el Movimiento adquirió una potencialidad increíble. Por ejemplo, el adolescente, que antes era oprimido por el padre, se da cuenta de que en una asamblea de los Sin Tierra vota igual que su padre. Decide igual, tiene el mismo poder, tiene presencia y voz, y se siente valorado.

“POPULARES” PORQUE NUNCA FUIMOS SECTARIOS

La otra vertiente del “carácter popular” del Movimiento, y que lo hace todavía más popular, es que desde el inicio, tal vez por el trabajo previo de la Iglesia, fuimos poco sectarios. Aunque somos un movimiento campesino que quiere luchar por la reforma agraria, al MST puede incorporarse el militante urbano, el técnico rural, el sacerdote... Nadie ha pedido nunca credenciales. Eso también nos dio una consistencia mayor. El MST supo abrirse a lo que había en la sociedad. Simplemente, no se cerró y no se cierra en los límites de un movimiento campesino típico, en el cual sólo entra quien maneja la azada. Al principio había hasta bromas sobre las diferencias entre los de manos callosas y los de manos suaves.

Los de manos callosas eran los que manejaban la azada, los trabajadores rurales, los agricultores. Los de manos suaves eran los que no trabajaban en el campo, en la agricultura, y se comprometían con el movimiento desde otros sectores sociales. Lo importante es que aunque se hacían bromas, había un tratamiento igualitario entre todos. Nunca nadie dijo: “Ustedes, los de manos suaves, esperen allá afuera, que vamos a decidir y después nos reunimos”. Nunca nadie dijo: “Ustedes, los de manos callosas, no saben, déjennos este asunto a nosotros, que tenemos más estudios”. Todo el mundo era igual, se sentía igual, y recibía el mismo tratamiento y las mismas oportunidades, a pesar de las diferencias culturales, de formación y de escolaridad. Nunca había diferenciación establecida sobre quiénes participaban en la dirección política. No obstante, la dirección política estaba compuesta mayoritariamente por trabajadores del campo.

Fue esa amplitud la que le facilitó al Movimiento crear sus cuadros orgánicos. Si se hubiera encerrado en los límites típicamente campesinos, sólo abiertos a los de manos callosas, habría caído fácilmente en el corporativismo, en los intereses individuales. Ese carácter popular que lo llevó a abrirse a otras profesiones, sin discriminar, pero al mismo tiempo sin perder las características de un movimiento de trabajadores rurales, acabó por brindarle una consistencia que contribuyó a formar un movimiento con organicidad y con una interpretación política más amplia de la sociedad.

NO LUCHAMOS SÓLO POR LA TIERRA TAMBIÉN CONTRA UNA CLASE: LOS LATIFUNDISTAS

Otra característica es el componente sindical. Y sindical en sentido corporativo. La posibilidad de conquistar un pedazo de tierra es lo que motiva a una familia a ir a una toma de tierras o a permanecer en un campamento por un período indeterminado. En el primer momento, en el de la toma, se trataba esencialmente de una lucha por una reivindicación económica. Pero después de que la familia ya está asentada, empieza a luchar por créditos para la producción, para que se construya un camino, por el precio de lo que produce. Por lo tanto, también hay dentro del MST un componente sindical corporativo que toca sólo a la categoría de los agricultores. En nuestra trayectoria histórica supimos también incorporar esto al Movimiento. Habría sido más fácil decir: “Únanse al sindicato”. Pero nos dimos cuenta de que la naturaleza del MST exigía hacer también ese tipo de lucha. Aprendimos esa lección de las luchas por la tierra que nos antecedieron.

Aprendimos también que la lucha por la tierra no se puede restringir a su carácter corporativo, al elemento sindical, sino que tiene que ir más lejos. Si una familia lucha sólo por su pedazo de tierra y pierde el vínculo con una organización mayor, la lucha por la tierra no tiene futuro. Es justamente esa organización mayor la que hace que la lucha por la tierra se transforme en la lucha por la reforma agraria. Y ése es ya un estadio superior de la lucha corporativa. Se agrega a la lucha por la tierra el elemento político.

Y ésa es la tercera característica: el elemento político. El MST consiguió sobrevivir sólo porque logró reunir los intereses particulares, corporativos, con los intereses de clase. Si hubiéramos hecho un movimiento campesino para luchar sólo por la tierra, ese movimiento ya habría terminado. Cualquier movimiento campesino que restrinja su lucha al aspecto corporativo, sindical, está condenado al fracaso. Se acaba la lucha en el momento en que se conquista la tierra o el crédito agrícola, o en el momento en que el líder es electo concejal...

El carácter político del Movimiento siempre estuvo presente, desde el inicio de la organización. Comprendimos que la lucha por la tierra, por la reforma agraria, a pesar de tener una base social campesina, solamente saldría adelante si formaba parte de la lucha de clases. Desde el comienzo sabíamos que no estábamos luchando contra un hacendado tramposo. Estábamos luchando contra una clase: la de los latifundistas. Que no estábamos luchando sólo para aplicar el Estatuto de la Tierra de 1964, sino contra un Estado burgués. Nuestros enemigos son los latifundistas y el Estado, que no democratiza las relaciones sociales en el campo. Ese Estado está imbuido de intereses de clase.

En varios momentos de nuestra historia ha habido quienes han afirmado que el MST se convertiría en un partido político. Nunca ha estado en el horizonte del MST transformarse en partido político. Pero tampoco dejamos de participar en la vida política del país. Es cierto que el surgimiento del MST prácticamente coincide con el surgimiento del Partido de los Trabajadores (PT).

Para nosotros, la relación con el PT siempre fue bastante clara. Es una relación de autonomía. Muchos líderes que surgieron en la lucha por la tierra pasaron a militar en el PT como dirigentes o como parlamentarios. La propuesta de reforma agraria del PT también ha estado siempre muy próxima a la del MST. Algunas veces ha sido incluso más radical. Hay una proximidad casi natural entre un movimiento con característica popular, sindical y política, y la propuesta política de un partido de la clase trabajadora. Esta proximidad nunca ha perjudicado la autonomía de las dos organizaciones.

ES PRECISO TENER HUMILDAD Y APRENDER DE OTRAS EXPERIENCIAS

Nosotros hemos aprendido mucho de la historia, de nuestra historia. La lucha por la tierra se libra en Brasil desde la llegada de los portugueses, en 1500. ¿Cómo no reconocer la herencia que nos legaron los mártires de quinientos años de lucha? No hemos inventado nada. Tampoco es un invento la burguesía de hoy: es el resultado de quinientos años de explotación del pueblo brasileño. Los que vinieron antes cometieron errores y tuvieron aciertos. Hemos procurado aprender de ellos, para no cometer los mismos errores y repetir los aciertos.

También subrayamos el aprendizaje que hemos hecho porque es preciso restablecer el valor de la humildad. La burguesía, para mantener la situación tal como está, trata constantemente de alimentar una cierta vanidad brasileña: tenemos “el mejor fútbol del mundo”, “el mayor puente del mundo”, “la hidroeléctrica más grande del mundo”, “el río más caudaloso del mundo”... A veces la clase trabajadora cae en la misma trampa y habla de “las mayores ocupaciones de tierra”, “el mayor movimiento campesino de la América Latina”, “el mayor partido político”...

¿De qué vale eso? De nada, a no ser que alimenta el ego de algunos y esconde fragilidades y deficiencias. Al promover esa vanidad tonta, la burguesía esconde que está destruyendo al país como nación, esconde su sumisión política a los países ricos, esconde la destrucción que está promoviendo en nuestra cultura. Nos vanagloriamos de ser “el país más grande del mundo”, cuando lo cierto es que estamos perdiendo nuestra identidad cultural.

Es preciso que tengamos la humildad de aprender de los que nos antecedieron. Ellos sólo fueron grandes porque aprendieron de los que vinieron antes y fueron coherentes con el pasado que heredaron de otros luchadores. En ese sentido es importante que hagamos el rescate histórico de nuestras luchas. Hacerlo nos da la noción exacta de las limitaciones y del carácter temporal de nuestra participación.

No hemos inventado ni el fuego ni la rueda. Lo que queremos es aprovechar las invenciones que ya existen -el fuego y la rueda- para construir un mundo mejor. La lucha la continuarán los que vendrán después. Esperamos tener las condiciones y la capacidad para dejar un legado de luchas útil. El MST es la continuidad de un proceso histórico de luchas populares. Esperamos ser un eslabón que las una a las luchas futuras. Ése es nuestro papel histórico.

Siempre estuvimos abiertos a aprender de los demás, tanto de organizaciones del Brasil como de organizaciones campesinas de América Latina. Aprendimos que teníamos que preocuparnos por aplicar algunos principios organizativos. Porque si esos principios eran respetados, garantizarían la continuidad de la organización.

TENEMOS UNA DIRECCIÓN COLECTIVA Y NO TENEMOS ORGANIGRAMA

¿Qué principios organizativos aprendimos de los demás? El primero, tener una dirección colectiva, una dirigencia colegiada. Un movimiento campesino que tenga un único presidente tiene dos caminos: o lo asesinan o traiciona. ¿Para qué ser presidente si ya conoces tu destino? Todos los presidentes, hasta los menos reformistas, pueden ser fácilmente cooptados, tanto por vanidad personal como por traición a su clase. No nos faltan ejemplos en la historia de líderes que se han aprovechado de la proyección que les han dado las organizaciones sindicales o populares para ocupar un cargo de diputado o de alcalde. Hay quienes disputan y ocupan esos cargos para que avance la lucha de clases. Pero hay quienes los ocupan solamente en provecho propio, por su vanidad o por su ambición.

Una lección que aprendimos es que no debíamos mezclar la disputa electoral interna con la realización de los encuentros y congresos nacionales. No queríamos dispersar las fuerzas, emplear recursos y gastar el trabajo de la organización simplemente para llenar los cargos de las direcciones. No queríamos seguir el ejemplo de algunas organizaciones de izquierda, que hacen de las elecciones internas un fin en sí mismo. En los eventos nacionales lo que priorizamos es reunir a los militantes de todo el país, discutir las líneas generales del Movimiento y promover una gran confraternización cultural y festiva.

La Dirección Nacional del MST tiene 21 miembros, escogidos mediante un proceso en el que el énfasis mayor es la discusión que tiene lugar en los estados. Para ser aprobado, un candidato tiene que recibir al menos el 50% de los votos más uno. Si no obtiene ese porcentaje no puede formar parte de la dirección. Como mínimo, cada persona con cargo tiene que tener la representatividad de la mitad del Movimiento. Si no la tiene es porque no es conocida, no tiene el respaldo de la base. Eso nos protege de que se introduzca en la Dirección Nacional un aventurero o un oportunista. En los estados todo el mundo se conoce y todos conocen las características y las cualidades de los militantes.

De las 21 personas que componen la Dirección Nacional, seis son mujeres. No tenemos una regla que establezca una cuota para las mujeres. La participación de las mujeres se define a partir de su concurso en la lucha. Existe la preocupación permanente de promover la participación de las mujeres en todas las instancias, sectores y actividades del MST.
Desde hace tres años comenzamos un trabajo específico con las mujeres. Existe un colectivo nacional que produce materiales, que hace una reflexión más teórica sobre la cuestión de género, pero no es un sector ni significa que todos los estados tengan colectivos de mujeres. Es un colectivo que está llevando a cabo una actividad. Puede ser que siga siendo un colectivo el resto de su vida, puede ser que mañana o un poco después se convierta en un sector.

Nunca le hemos dado mucha importancia a la terminología: sectores, comisiones, secretarías... Ni al organigrama. Es más, nunca ha habido en el MST un organigrama. Siempre decimos que eso es cosa de intelectuales que no tienen nada que hacer. O bien de gente que está acostumbrada a formalizarlo todo. Creo que quizás sea por eso que les gustamos a los anarquistas. Si no funciona, lo quitamos y hacemos otro. No tenemos un compromiso burocrático.

LA ORGANIZACIÓN CRECE SI A LA GENTE LE GUSTA LO QUE HACE

Otro principio es la división de las tareas, que permite que la organización crezca y atraiga las aptitudes personales. Hemos aprendido que la primera pregunta que se le debe hacer al militante es: ¿Qué te gustaría hacer en el MST? Del conjunto de respuestas sale una diversidad de aptitudes y habilidades. Eso hace que la organización crezca, porque la persona se siente feliz con lo que hace. ¿Qué sacrificio sería pedirle a un profesor que organizara una cooperativa o la ocupación de un latifundio? Seguro que por sus características personales no se sentiría bien. Si le gusta ser profesor o investigador es en esa área en la que contribuirá con el MST. Eso sólo es posible si hay una verdadera división de tareas dentro de la organización.

Otro principio es la disciplina. Si no hay un mínimo de disciplina, que haga que las personas respeten las decisiones de las instancias, no se construye una organización. Ésa es una de las reglas de la democracia y consiste en aceptar las reglas del juego. Si me incorporo a un movimiento pero no me someto a su organización interna, éste no va a salir adelante nunca. Hemos aprendido hasta del fútbol y de la Iglesia católica, que es una de las organizaciones más antiguas del mundo. ¿Cuál es el secreto? Uno, sin duda, es la disciplina de sus miembros, claro que si se acepta voluntariamente.

El estudio es otro principio que aprendimos e intentamos aplicar de la mejor forma posible. Si no se aprende, no basta con que la lucha sea justa. Si no estudias, ni tú ni tu organización irán lejos. El estudio nos ayuda a combatir el voluntarismo. El jugador de fútbol, por más bueno que sea, tiene que entrenarse en tirar penales todos los días después del entrenamiento táctico. Si no, yerra. Lo mismo sucede en la lucha social: hay que estudiar. Eso nos dijeron todos los líderes con quienes conversamos, que tienen una experiencia histórica de luchas.

El estudio y, específicamente la formación de cuadros, es otro principio. La organización social que no forme a sus propios cuadros nunca tendrá futuro. Nadie de afuera de la organización nos va a formar los cuadros. Necesitamos cuadros técnicos, políticos, organizativos, profesionales en todas las esferas.

LUCHAMOS POR NUESTROS DERECHOS, NO ESPERAMOS QUE NOS LOS CONCEDAN

Otro principio: nuestra lucha por la tierra y por la reforma agraria -ya lo habíamos descubierto nosotros mismos- sólo avanzará si hay lucha de masas. Si nos contentamos con una organización de fachada, sin poder de movilización, o si nos arrimamos al gobierno o esperamos que se nos concedan nuestros derechos, sólo porque están escritos en la ley, no conquistaremos absolutamente nada. El derecho establecido en la ley no garantiza ninguna conquista para el pueblo. Sólo se le presta atención cuando existe una presión popular. La cooptación es la primera arma que la burguesía utiliza contra la organización de los trabajadores. Sólo después utiliza la represión. La burguesía trata de neutralizar nuestra fuerza mediante la cooptación, entregándonos algunas migajas o adulando a líderes vanidosos, personalistas o débiles ideológicamente.

Hemos aprendido una cosa fundamental: los gobiernos de las élites brasileñas siempre van a aplicar con los movimientos de trabajadores, con cualquiera de ellos, y especialmente con nosotros, la táctica clásica de la burguesía, aplicada desde el desarrollo del capitalismo industrial para acá. Esta táctica está compuesta de tres componentes: cooptación de los líderes, división del movimiento y represión. La burguesía siempre ha actuado así en la historia de la lucha de clases.

El pueblo sólo conseguirá obtener conquistas si lleva adelante una lucha de masas. Es eso lo que cambia la correlación de fuerzas políticas en la sociedad. Si no, el propio statu quo se encargará de resolver el problema existente. Un problema social sólo se resuelve mediante la lucha social. Se inserta en la lucha de una clase contra otra.

En esta lucha social, asimilamos desde el inicio la necesidad de defender las tierras indígenas. Como una impronta ideológica del MST. Igualmente, luchar por la reforma agraria en las tierras de las multinacionales. Otra impronta: el carácter antimperialista del Movimiento, nacido de la conciencia de que los extranjeros no pueden poseer tierra en el país mientras haya un brasileño sin tierra.

Otro principio es el vínculo con la base. Por más alto que sea el nivel de un dirigente, por más estudios que tenga, por más combativo y luchador que demuestre ser, si no mantiene los pies en el suelo, si no mantiene la actividad de base, si no sostiene vínculos con su base social, no irá lejos. Es preciso crear mecanismos para oír, consultar, beber de la fuerza y de la determinación del pueblo. Todos erramos menos cuando oímos al pueblo.

“LA OCUPACIÓN ES LA UNICA SOLUCIÓN”

Con la Nueva República, nombre que la prensa le dio al gobierno de Tancredo Neves-José Sarney, que sustituyó al régimen militar en 1984, la gente de izquierda venía a decirnos: “Cálmense, que ahora se va a aprobar la reforma agraria”. Y crecía en nosotros la convicción de que la reforma agraria sólo avanzaría si había ocupaciones de tierra, lucha de masas. Sabíamos que, incluso con el nuevo gobierno civil, no cabía quedarse esperando por la buena voluntad de las autoridades. El pueblo tenía que presionar. De ahí surgió la consigna La ocupación es la única solución. Si el MST se hubiera adherido a la Nueva República, nos habríamos terminado.

En este tiempo comenzaron a multiplicarse las grandes ocupaciones de tierras por todo el país. Inclusive fue la mayor ola de ocupaciones que hicimos en una sola región, la del oeste de Santa Catarina, en mayo de 1985. Mientras el presidente José Sarney y el ministro de reforma agraria Nelson Ribeiro estaban prometiendo mil cosas, en una semana ocupamos dieciocho haciendas en el oeste de Santa Catarina, con cinco mil familias. Fue prácticamente una revolución en esa región. Esas ocupaciones movilizaron más de cuarenta municipios. Fue un alboroto. Las masas entendieron que no podían quedarse esperando al gobierno y que había espacio democrático, pero que ese espacio sólo lo ocuparía quien lograra movilizarse y luchar.

PISTOLEROS ENTRENADOS Y DOS ASESINATOS CON ECO NACIONAL

En la época de Sarney, cuando el gobierno no agilizaba el asentamiento, nadie nos sacaba del área ocupada, que se convertía, en la práctica, en un asentamiento. Como el Estado no podía desencadenar una represión masiva, porque nuestras ocupaciones eran masivas, surgió la UDR (Unión Democrática Ruralista) como organización del latifundio. Tenía dos intenciones: reprimir al MST y, sobre todo, ejercer presión sobre el gobierno, lograr que el gobierno nos reprimiera.
Pero la UDR cometió dos errores graves. Como no conocía bien al MST ni nuestra táctica de ocupaciones masivas de tierra, optó por la profesionalización de los pistoleros. Hasta entonces, el pistolero era un jagunço, un matón, medio vaquero, medio loco, que por unos tragos hacía cualquier cosa. La UDR no hizo una interpretación política correcta de la lucha por la reforma agraria al profesionalizar a estos pistoleros. Comenzó a asesinar a personas que no tenían inserción directa en las ocupaciones de masas que estaban proliferando, y esos asesinatos tuvieron una repercusión muy grande.

Dos asesinatos en especial: en 1986 en Imperatriz el del sacerdote negro de la CPT Josimo Tavares y en Xapuri el de Chico Mendes. Estos dos asesinatos pusieron en evidencia a la UDR. No afectaron sólo a la reforma agraria o al MST, sino al conjunto de la sociedad. Qué absurdo: matar a un sacerdote y a un sindicalista de renombre internacional para combatir la lucha por la reforma agraria. Al matar a luchadores sociales, de una lucha más amplia, erraron el tiro y le acertaron a toda la sociedad. La UDR se convirtió en el símbolo de la violencia.

DERROTA DE LULA, GOBIERNO DE COLLOR: NUESTRO BAUTISMO DE FUEGO

El Encuentro Nacional que más marcó nuestra historia fue el quinto, realizado en 1989, en un clima de agitación muy grande, porque tuvo lugar en la coyuntura de la posibilidad de elegir a Lula Presidente de la República. Se estaba produciendo un crecimiento general del movimiento de masas, principalmente de la CUT (Central Única de los Trabajadores) y del PT. En São Paulo y en otras capitales resultaron electos candidatos de izquierda. 1989 fue un año de efervescencia política. En ese Encuentro definimos la consigna Ocupar, resistir y producir, que fortaleció el sentimiento que ya teníamos de que había que generar una nueva sociedad en los asentamientos surgidos de las ocupaciones de tierra, organizando en ellos la producción, creando en ellos un modelo para la agricultura. Paralelamente, existía la voluntad política de elegir a Lula para transformar el Brasil.

La derrota de la candidatura de Lula fue una derrota política después de diez años de ascenso del movimiento de masas en el Brasil. Como estábamos en la adolescencia, todavía éramos un movimiento muy débil y fue como si perdiéramos a un padre todavía joven. No teníamos madurez suficiente para comprender el momento histórico que vivíamos. La derrota afectó mucho el ánimo de la militancia y la expectativa de que era posible realizar una reforma agraria rápida. Ésa era la señal que nos daba un posible gobierno de Lula.

La elección de Collor de Melo no fue sólo una una victoria electoral. Fue una derrota política para toda la clase trabajadora. Sufrimos mucho durante su gobierno. Fue el peor gobierno que hemos tenido, no sólo por la corrupción que Collor simbolizó, sino sobre todo por la forma como trató a las organizaciones y como enfrentó las cuestiones sociales del país.

Collor estaba decidido a acabar con el MST. Además de no hacer la reforma agraria, su gobierno resolvió reprimir al MST. Puso en actividad a la Policía Federal, una tropa de pura represión política. Ya no nos pegaban en las canillas, sino en la cabeza. Esa represión nos afectó mucho, mucha gente cayó presa. Comenzaron las escuchas telefónicas. Al menos cuatro de nuestras secretarías estaduales fueron invadidas por la Policía Federal.

El gobierno de Collor fue nuestro bautismo de fuego. Si hubiera durado los cinco años previstos y nos hubiera apretado un poquito más, podría habernos destruido. No los asentamientos, porque esos ya estaban constituidos, pero sí como movimiento social. El II Congreso Nacional de mayo de 1990 reflejó esta situación crítica. No cambiamos la consigna, pero nos aferramos más a lo de “resistir”.

Nos dimos cuenta de que la lucha de masas sería más dura, de que vivíamos un período que debíamos aprovechar para una mejor construcción orgánica de los asentamientos. Le dedicamos más tiempo al debate sobre el Sistema Cooperativista de los Asentados (SCA), del cual surgió la Confederación de Cooperativas de la Reforma Agraria del Brasil (CONCRAB), que fundamos en 1992 con más de 60 cooperativas. Tuvimos que volvernos hacia adentro para fortalecer al MST, para resistir al enemigo.

FRENTE AL GOBIERNO DE CARDOSO: “LA REFORMA AGRARIA, LUCHA DE TODOS”

En el III Congreso nacional, el contenido fundamental fue la lucha contra el neoliberalismo del gobierno de Fernando Henrique Cardoso. Nuestra reflexión nos llevó a la conclusión de que para conquistar la reforma agraria tenía que acabar el plan neoliberal, que la reforma agraria depende de las transformaciones del modelo económico. Para que avance es necesario que toda la sociedad la abrace como una lucha legítima de los sin tierra, de los pobres del campo, pero con consecuencias positivas para toda la sociedad. Fue allí que si lanzamos la consigna La reforma agraria es una lucha de todos.

El gobierno de Fernando Henrique Cardoso hizo una lectura tal de la realidad agraria brasileña que afirmó que ya no existe en nuestra sociedad el problema agrario, no tuvo ningún plan de desarrollo del medio rural, y mucho menos de desarrollo agrícola. Y si ése ya no es un problema, la gran propiedad no es obstáculo para el desarrollo del capitalismo brasileño y ya no se necesita una reforma agraria de tipo capitalista.

CARDOSO: NO HAY PROBLEMA AGRARIO MST: EL PROBLEMA AGRARIO ES GRAVE

Argumentaron que la agricultura ya dio lo que tenía que dar. Si la agricultura sólo representa el 11% del PBI del Brasil, ¿por qué preocuparse? El gobierno trabajó en la perspectiva de que en un modelo económico cuyo centro es el capital financiero, nuestra economía se encaminará hacia el modelo norteamericano. O sea, grandes propiedades productoras de granos para la exportación y pequeñas unidades de producción -la agricultura familiar-, altamente especializadas y con un uso intensivo de capital, y ya no de mano de obra, integradas a los grandes complejos agroindustriales.

Otra característica de ese modelo norteamericano: la reducción, a un ritmo de 5% al año, de la población económicamente activa empleada en la agricultura, de modo que en un plazo de ocho años lleguemos a un índice de sólo 4% de la población en el medio rural. En ese modelo no cabe ninguna política agrícola volcada hacia la agricultura familiar, ninguna política más amplia de asentamientos, y mucho menos una política de reforma agraria del tipo clásico.

El MST y las fuerzas progresistas del Brasil consideran que nuestro país enfrenta un grave problema agrario, que es la concentración de la propiedad de la tierra, y que para resolverlo es necesario llevar a cabo un amplio programa de confiscaciones de tierras de forma rápida y regionalizada, y distribuirlas a todas las familias sin tierra, que son 4 millones 500 mil familias en todo el país. En este momento lo principal consiste en organizar a los millones de pobres del medio rural para que luchen por la solución de sus problemas.

NO SOMOS “UN DETERGENTE” Y LO DEMOSTRAMOS

Fernando Henrique Cardoso apostó a que el Movimiento sólo tenía proyección en la sociedad por nuestra propaganda, por los espacios que ocupábamos en los medios masivos de comunicación. El Ministro de Reforma Agraria que el Presidente nombró, Raúl Jungmann, y sus marketing-men planearon una disputa con nosotros como la que hacen dos marcas de detergente. Una disputa para ver quién recibía la mayor preferencia de la sociedad. Pero cualquier sociólogo sabe que los conflictos sociales no se resuelven con propaganda. Cuando existe un conflicto existe la organización social. Jungmann -sin ninguna preparación en cuestiones sociales- consiguió venderle su idea a Fernando Henrique. Ambos creían que haciendo propaganda contra el MST, aislándonos, iban a lograr derrotarnos. Se olvidaron de que un movimiento no es una caja inerte de detergente en el anaquel de una tienda.

Pero no podíamos quedarnos esperando a que la táctica de ellos fracasara. Teníamos que llevar adelante iniciativas que le mostraran a la sociedad que un problema social sólo se resuelve mediante la adopción de medidas políticas. No es con marketing ni con generosos presupuestos de publicidad en los medios de comunicación. Si lográbamos hacerlo, tendríamos de nuestro lado a la sociedad y ella nos defendería de la ofensiva que el gobierno desencadenaría contra nosotros. Por eso hicimos la Marcha Nacional a Brasilia en 1997, un hito en la historia de nuestro Movimiento.

La idea de la caminata no es nueva ni es original del MST, ni de las organizaciones campesinas o de los trabajadores. Si estudiamos la historia de los pueblos, vemos que siempre ha habido caminatas. En las luchas más nobles de la humanidad siempre hubo caminatas masivas y largas. Es un gesto colectivo que ya es histórico. La Marcha a Brasilia, mucho más que una idea, formaba parte de una contratáctica para enfrentarnos a la táctica del gobierno, que era la de aislarnos. Y no nos aislaron.

LUCHAMOS CONTRA EL LATIFUNDIO Y CONTRA LA IGNORANCIA

El MST realiza también eventos estaduales y sectoriales. Uno muy importante fue el Encuentro Nacional de los Educadores de la Reforma Agraria, que reunió a más de 700 educadores, en su mayoría profesores de primaria de los asentamientos. Se realizó en julio de 1997 en la Universidad de Brasilia y tuvo un impacto muy grande en la comunidad académica y educativa de todo el país, porque juntó por primera vez en la historia de Brasil a educadores del medio rural para debatir la Educación y la Reforma Agraria. Lo organizó el sector de educación del MST, con la colaboración de la Universidad de Brasilia, la UNESCO y la UNICEF. Este Encuentro ayudó a propagandizar, en un sentido positivo, que el MST no se preocupa sólo de la tierra, se preocupa también de la escuela, de la educación, que tenemos una propuesta de educación para el medio rural. ¿Y las élites? ¿Con quiénes están los latifundistas? ¿Cuál es la propuesta que ofrecen?

La educación tiene mucha importancia para el MST. El frente de la educación es tan importante como el de la ocupación de un latifundio o el de masas. Nuestra lucha tiene como objetivo derribar tres barreras: la del latifundio, la de la ignorancia y la del capital.

El MST fundó en Veranópolis el Instituto Técnico de Enseñanza e Investigación sobre Reforma Agraria (ITERRA) para ofrecer cursos de primaria y secundaria en una modalidad alternativa. Los orígenes de nuestra preocupación por la construcción de conocimientos, por la investigación, por la educación provienen de varias fuentes. Una de ellas es la propia necesidad que sentíamos en los asentamientos. Si el asentamiento desarrolla formas de cooperación agrícola, si comienza a desarrollar la agroindustria, a trabajar en forma cooperativa, necesita tener entre sus militantes a técnicos agropecuarios, agrónomos, veterinarios, necesita contar con ese tipo de gente imbuida de la ideología que quiere el Movimiento.

NO BASTA ALFABETIZAR, HAY QUE DEMOCRATIZAR EL CONOCIMIENTO

Otra fuente de inspiración fue lo que aprendimos de todas las demás organizaciones y con los viejos militantes. Todos ellos nos han repetido: “Ninguna organización tiene futuro si no forma a sus propios cuadros en todos los frentes del conocimiento humano.” Es claro que no vamos a formar físicos nucleares, porque no tenemos necesidad de ellos, pero necesitamos gente nuestra formada. Esos viejos militantes repiten un proverbio chino: Quien no camina con sus propias piernas no llega lejos.

Otra fuente de inspiración fue la ideología: si luchamos contra la ignorancia, esto no sólo significa alfabetizar, lo que es bastante sencillo. Queremos democratizar el conocimiento para un mayor número de gente. De eso depende el desarrollo. Una cuarta fuente de inspiración fue la propia evolución del programa agrario, en la medida en que entre 1993-95 llevamos a cabo un gran debate ideológico que dio por resultado un programa agrario, que dio un salto cualitativo al imaginar un futuro con una forma superior de organización de la producción: ni mantener el molde campesino ni sumarse al mercado capitalista. Ni tampoco caer en el colectivismo. Ni tampoco quedarnos sólo esperando por el socialismo que resolvería todos los problemas.

Ésas serían dos desviaciones de izquierda: pensar que el colectivismo lo resuelve todo o quedarse esperando por el socialismo. También hay una desviación de derecha, atrasada o basista, que defiende la idea de que el campesino por sí solo resuelva sus problemas, o que basta simplemente con que se integre al mercado y se convierta en un pequeño capitalista. Nuestro programa agrario intenta superar ideológicamente esas dicotomías y representa una propuesta de reorganización del medio rural en el Brasil, para democratizar la tierra y el conocimiento.

Con el MST, aparece por primera vez el acceso a la educación y a la organización de escuelas como una meta necesaria, como parte de un programa agrario, de una reforma agraria. Antes, según la visión clásica de la reforma agraria, el problema se limitaba a poseer la tierra, a repartirla. Para nosotros, tan importante como distribuir la tierra es distribuir el conocimiento. Formamos parte de un proceso más amplio de desarrollo del medio rural que tiene su base en el desarrollo de las personas, para que sean más felices y más cultas aunque vivan en medio del campo.

UNA RIESGOSA Y FALSA IDEA: EL MUNDO RURAL ES UN INFIERNO Y UN ATRASO

En el Brasil prima la visión de las élites de que quien vive en el medio rural es atrasado, está en el fin del mundo, no tiene futuro, está en el infierno, la idea de que la ciudad es lo bueno. Nuestra visión, plasmada en ese programa agrario, es justamente la contraria: sólo es posible que el Brasil se desarrolle, que los pobres tengan una vida mejor, si se desarrolla el medio rural. Llevar a los pobres del medio rural a la ciudad convertiría la vida en un infierno para todo el mundo.

También incorporamos la idea de la agroindustria, porque rompimos con la tradición de ser un movimiento de puros campesinos que piensan sólo en la agricultura. La agricultura es fundamental, porque trabajamos con la tierra, pero no podemos limitarnos a producir materias primas y dejar que los capitalistas se enriquezcan a costa nuestra. Tenemos que dar un paso más allá, tenemos nosotros mismos que transformar la materia prima que la tierra produce, para que no nos exploten las multinacionales de la agroindustria, para poder agregar valor y vender el producto más barato, con mayor acceso al mercado masivo de la ciudad. El programa agrario dio ese salto. A partir de 1995 todo el mundo en el MST se dedica con más ahinco al estudio.

LAS OCUPACIONES DE TIERRAS: UNA CONTRIBUCIÓN DE LOS SIN TIERRA

Las ocupaciones de tierras son una contribución del MST a la lucha social en el Brasil. No es casual que algunos movimientos sociales urbanos estén comenzando a imitarnos, no sólo en la ocupación de terrenos -esto ya hace mucho tiempo que está sucediendo- sino en la idea de ocupar el espacio como una forma de lucha. Hemos recibido noticias de muchas fábricas ocupadas por desempleados, o más bien por sus ex-empleados. Cuando las madres acampan frente a una escuela para luchar por una plaza para sus hijos, en el fondo se trata también de una ocupación.

Hay muchos aspectos que se podrían abordar sobre las ocupaciones de tierras. Primero, es una forma de lucha contundente, no permite que nadie se quede en la cerca, obliga a todos los sectores de la sociedad a manifestarse a favor o en contra. No da oportunidad para que se escamotee el problema social. El escritor gaucho Luís Fernando Verissimo escribió en cierta ocasión un artículo en el que dice que el mayor crimen de que la derecha puede acusar a los sin tierra es el de ser sin tierra.

En este país un tipo pobre y organizado es un peligro. Los pobres están por ahí dispersos y nadie se queja de ellos. Si se organizan y realizan una ocupación, esta acción es tan evidente, tan contundente, que obliga a la sociedad a manifestarse. O como dice el profesor Plínio de Arruda Sampaio: La élite puede llegar a aceptar que los pobres pidan favores o caridad, pero nunca aceptará que se organicen para exigir sus derechos. Y la ocupación es cohesionante, no es un grito aislado.

En cierta ocasión José Gomes da Silva dio una respuesta brillante sobre el tema de las ocupaciones en el programa Opinión Nacional de la TV Cultural de São Paulo. Un periodista, sin mala intención, le preguntó: Usted que justifica tanto las ocupaciones, ¿cómo reaccionaría si los obreros desempleados ocuparan la Volkswagen? ¿No es un ultraje? ¿No es lo mismo que ocupar tierras? Gomes da Silva le respondió: La diferencia está justamente ahí. Todo lo que la Volkswagen tiene en su fábrica fue hecho por el hombre. La empresa puede invocar su derecho porque pagó el trabajo o porque fue ella quien construyó el edificio y las maquinarias. Pero nadie puede decir que hizo la tierra. Es un bien de la naturaleza que tiene que estar al servicio de toda la sociedad. Ahí se acabó la discusión.

LAS OCUPACIONES UNEN A LA GENTE Y DESENMASCARAN LA LEY

La ocupación le proporciona a la gente un sentimiento de unidad para luchar por un mismo objetivo. Pasar por el calvario de un campamento crea un sentimiento de comunidad, de alianza. Por eso es que no funcionan las ocupaciones si sólo participan los hombres. Tiene que ser toda la familia. Y tiene que ser, porque así ya está en proceso lo que después va a ser la comunidad.

Otro aspecto es que la ocupación desenmascara la ley. Si no realizamos la ocupación, no demostramos que la ley está de nuestro lado. Es por esa razón que sólo se produjeron las confiscaciones cuando hubo ocupaciones. Basta con comparar. En el Brasil, donde no existe el MST no ha habido confiscaciones. Donde el Movimiento es más débil, ha sido menor el número de confiscaciones y de familias beneficiadas. La ley sólo se aplica cuando existe iniciativa social, ésa es la norma del derecho. Nuestros alumnos aprenden esa lección el primer día de clase. La ley viene después del hecho social, nunca antes. En el caso de la reforma agraria, el hecho social es la ocupación, las personas que quieren la tierra; después se aplica la ley.

Nadie tiene el dato exacto de cuántas ocupaciones ha relizado ya el MST. Perdimos la cuenta, porque incluso existen muchas situaciones de varias re-ocupaciones por las familias de una misma zona. En Pontal, la hacienda San Bento hubo que reocuparla veintitrés veces antes de que el gobierno la entregara al asentamiento. Pero creo que en total ya son más de mil quinientas ocupaciones en todo el país, a lo largo de quince años de actividad. También es muy difícil decir cuál ha sido la ocupación mayor. En general, cada año hay una o dos zonas que producen un impacto mayor en la sociedad local. Personalmente, considero que algunas han sido ocupaciones históricas, como la de la hacienda Giacometi, en 1996, que era el mayor latifundio de Paraná, con 86 mil hectáreas. El logro principal es que los trabajadores sin tierra ya asimilaron y comprendieron que la ocupación es la forma más eficaz. Y cada año aumenta su número.

DOS VICTORIAS JURÍDICAS: NO ES DELITO, ES PROBLEMA SOCIAL

Desde el punto de vista jurídico, en los últimos años alcanzamos dos victorias muy importantes. Primero: a iniciativa de los diputados del núcleo agrario del PT se aprobó una ley que obliga, en cualquier proceso de desalojo, a seguir un procedimiento que incluye la presencia del Ministerio Público, con un juez que oiga a las partes antes de tomar cualquier decisión. Desgraciadamente, los jueces comprometidos con el latifundio, que siguen aprobando los desalojos, no instituyen proceso, no oyen al Ministerio Público y autorizan de forma ilegal muchos desalojos.

La segunda victoria fue más importante: el Tribunal Supremo de Justicia, aprobó una sentencia que afirma que las ocupaciones de tierras realizadas de forma masiva por un movimiento social, con el objetivo de presionar en pro de la reforma agraria, no implican un despojo ilegal de propiedades y, por tanto, no son delitos; y que tales hechos no pueden ser juzgados a la luz del Código Penal -como acostumbraban a hacer los jueces-, sino a la luz de la Constitución, la que estipula que el gobierno tiene la obligación de confiscar todas las grandes propiedades improductivas. Esa sentencia del tribunal judicial de mayor nivel del país sentó una jurisprudencia muy importante, porque desde el punto de vista jurídico las ocupaciones masivas son finalmente tratadas como problemas sociales, y no como quieren los latifundistas, por el Código Penal, como si se tratara de despojos de patrimonio en provecho privado.



LA TERRITORIALIZACIÓN: OTRA CONTRIBUCIÓN DE LOS SIN TIERRA

La territorialización de la lucha por la tierra es también una contribución del MST a la lucha social. Cada asentamiento conquistado es una fracción del territorio donde los sin tierra se disponen a constituir una nueva comunidad. El asentamiento es un territorio de los sin tierra. La lucha por la tierra conduce a la territorialización. Con la conquista de cada nuevo asentamiento se abren las perspectivas para la conquista de otro. Cada asentamiento es una fracción de territorio conquistado, y es a ese conjunto de conquistas a las que denominamos territorialización.

Con cada asentamiento conquistado por el MST, éste se territorializa. Es esto exactamente lo que diferencia al MST de otros movimientos sociales. Cuando la lucha termina con la conquista de la tierra, no existe territorialización. Así ocurre con la mayoría de los movimientos que luchan por la tierra, que consideramos movimientos aislados porque comienzan con la lucha por la tierra y terminan con su conquista. Los sin tierra organizados en el MST, al conquistar la tierra, vislumbran siempre una nueva conquista, y por ello el Movimiento tiene un carácter socio-territorial.

La política de asentamientos no es, en sí, una conquista. Es un resultado de la confrontación, de la lucha de clases. Pero los asentamientos sí son conquistas, verdaderas zonas liberadas, conquistadas por los trabajadores. Por eso debemos aprovecharlas al máximo, para que, aun cuando sean todavía parciales y enfrenten muchas dificultades, esas zonas de asentamiento sean una reserva de fuerzas para la continuidad de la lucha más amplia por la Reforma Agraria. Por eso es importante que los asentados sigan organizados en el MST.

EL DESAFÍO DE UNA PRODUCCIÓN MASIVA PARA EL MERCADO NACIONAL

En los asentamientos tenemos el desafío de la producción. En la primera etapa del Movimiento, que va desde las primeras ocupaciones de 1979 hasta 1985, existía una visión romántica de la producción. Y ello porque la memoria histórica de los campesinos que conquistaban la tierra aún databa de la etapa anterior a la modernización de la agricultura. La familia fue expulsada por las máquinas, pero la memoria histórica era de buey y de azada.

La familia soñaba: “Si reconquisto mi tierra voy a conseguir criar a mis hijos y progresar en la vida con el buey y con la azada”. En la década del 60 nuestros padres lograron criarnos de esa manera. Ésa era la memoria técnico-productiva del pueblo. Era muy difícil entonces debatir la organización de la producción con los trabajadores Y eso, en cierta forma, favorecía también al gobierno, porque lo liberaba de otras obligaciones vinculadas a la producción. El único debate que conseguimos realizar en esa época fue por el lado idealista, cristiano: ¿Y no sería mejor que trabajemos juntos? ¿No viviremos más fraternalmente si nos unimos en el trabajo?

¿QUÉ ES UN TRABAJADOR RURAL?

Después, ya vino la división del trabajo. La división del trabajo nació con el proceso de desarrollo de las fuerzas productivas. El capitalismo utiliza la división del trabajo para explotar a las personas. Pero puede usarse para explotar a los demás o para mejorar las condiciones de vida de todos. Mucha gente se opone a la división del trabajo porque la confunde con el capitalismo. Nosotros entendemos que la división del trabajo está estrechamente vinculada al desarrollo técnico de las fuerzas productivas que existen en cualquier sociedad.

Ahora nosotros estamos construyendo el concepto “trabajador rural” desde el punto de vista sociológico: si todas las personas, independientemente de su profesión -veterinario, agrónomo, economista, conductor de vehículos de una cooperativa, pequeño agricultor- trabajan en el medio rural, y si el resultado del trabajo de cada uno de ellos se distribuye entre todos, todos son trabajadores rurales. Vamos a lograr superar la estrechez de un concepto que dice que el trabajador rural es sólo el agricultor, el que labra la tierra el que trabaja en el campo.

Además, tenemos que pensar en una producción masiva para el mercado masivo nacional. No sirve de nada ponernos a pensar en producir jalea de cereza para vender en mercados de la clase media. Eso podría hasta dar dinero, pero sólo para las diez familias que producen cerezas. No es el objetivo principal. Queremos producir en primer lugar para la población. Ésa es nuestra retribución por el apoyo que le da a la lucha por la reforma agraria.

QUEREMOS QUE LOS ASENTAMIENTOS SEAN UNA TARJETA DE PRESENTACIÓN

Queremos que el asentamiento sea una tarjeta de presentación del MST ante la sociedad. Queremos que tanto los que viven allí como los visitantes se sientan bien, felices y orgullosos del resultado de la lucha por la tierra. Tenemos que transformar los asentamientos en lugares agradables. Estamos incentivando la reforestación de las áreas deforestadas por el latifundio, plantando flores y árboles en los patios y en las plazas, cuidando de las calles y de las entradas a los asentamientos, promoviendo fiestas y actividades culturales.

Otro desafío que tenemos en los asentamientos es el ejercicio intensivo de la solidaridad con la sociedad. Esa solidaridad debe manifestarse en cosas prácticas, como, por ejemplo, establecer un banco de donantes de sangre para los hospitales públicos de las ciudades próximas a los asentamientos. Debemos ser los primeros en prestar ayuda voluntaria en casos de catástrofes naturales como inundaciones, temporales, sequías. Los asentamientos deben formar brigadas de solidaridad para atender esos casos cuando se presenten.

En la producción tenemos otra línea de solidaridad, que consiste en desarrollar cultivos comunitarios o de otro tipo para donarlos a iglesias, hospitales, asilos. Actuando así, si bien no resolvemos el problema económico, por lo menos lo paliamos y, sobre todo, damos una demostración de integración social con esas instituciones. Queremos decir: “Como el asentamiento es fruto de la solidaridad de la ciudad, estamos retribuyendo esa solidaridad”.

Tal vez no resuelva nada de la economía del hospital, pero si una vez al mes llega una camioneta con verduras, sin duda se producirá un agradecimiento. La gente ve todos los días en los periódicos que las escuelas públicas no tienen dinero para la merienda. Si logramos mejorar la calidad de los alimentos que se les ofrecen a los alumnos, eso será una señal significativa de que la reforma agraria vale la pena. No queremos desarrollar la solidaridad por mera propaganda o por vanidad. Queremos desarrollarla en el seno de nuestra base social como un valor permanente.

EL ORGULLO DE SER BRASILEÑOS, LA MÍSTICA DE PERTENECER AL MST

Otra línea, más vinculada a nuestro proyecto, es la recuperación en nuestros asentamientos de los valores nacionales como la bandera, el himno, las canciones y la cultura del Brasil. Queremos recuperar el orgullo de ser pueblo brasileño. Tenemos que ser la referencia y decirle a la sociedad: “Es bueno ser brasileño, somos un pueblo privilegiado, no tenemos por qué seguir imitando al europeo o al norteamericano.”

¿Qué es lo nuevo de esta organización social que es el MST, además de lo que he dicho hasta ahora? Si tratara de resumir, señalaría dos aspectos. Uno es la cuestión de cómo trabajamos la mística para obtener la unidad entre nosotros. Ni la izquierda -porque sentía vergüenza- ni la derecha han desarrollado la mística. Nosotros incorporamos la mística como una práctica social que tiene que ver con que las personas se sientan bien al participar en la lucha. El otro aspecto son los principios organizativos de los que hablé. Tenemos así dos novedades producidas por el Movimiento y que pueden asimilar otros tipos de movimientos sociales: la mística y los principios organizativos. Son estos dos aspecto los que le dan una sustentación ideológica y política al MST.

QUEREMOS QUE LA GENTE SE EMOCIONE POR UN PROYECTO COMÚN

No podemos tener momentos exclusivos para la mística, como los congresos o los encuentros nacionales y estaduales. Tenemos que practicarla en todos los eventos que reúnan personas, ya que la mística es una forma de manifestación colectiva de un sentimiento. Queremos que ese sentimiento aflore en dirección a un ideal, que no sea una obligación. Nadie se emociona porque recibe la orden de emocionarse, se emociona porque está motivado en función de algo. Y tampoco se trata de una distracción metafísica o idealista, de que todos iremos juntos al paraíso. Si así fuera, mejor llorar, como se hace en muchas sectas religiosas. Los carismáticos usan la mística en pro de un ideal inalcanzable. Cuando es así, no se sustenta, las personas terminan dándose cuenta del fraude. Nosotros fuimos construyendo maneras de hacer mística. Al principio, nos limitábamos a imitar a la Iglesia, que usa determinada liturgia para mantener la unidad en torno al proyecto del Evangelio. Pero cuando forzábamos la copia, no funcionaba. Las personas tienen que tener el sentimiento volcado en algún proyecto suyo. A partir de más comprensión, en cada momento, en cada actividad del Movimiento, fuimos resaltando una faceta del proyecto como forma de motivar a las personas.

Los símbolos del MST son la bandera, el himno, las consignas, el uso de la gorra, los brazaletes, las canciones... Las canciones son un símbolo muy importante el Jornal Sem Terra es más que un medio de comunicación, es un símbolo. En la bandera, el rojo, por la tradición de lucha, por la identidad de la clase trabajadora, es un elemento ideológico muy fuerte. La pareja que aparece en la bandera está tomada del cartel del I Congreso. Para demostrar que en el mundo nada se crea de la nada, nos inspiramos en un cartel nicaragüense que mostraba a un hombre y una mujer en una manifestación. En el I Congreso Nacional, en 1985, esa pareja que empuña un machete, emocionó a la gente. Es una insignia muy bonita. Ya tomamos la decisión de colocar la sigla y el símbolo del MST en todos los productos de las agroindustrias de los asentamientos y de nuestras cooperativas. Queremos que la sociedad perciba que la bandera no está vinculada sólo con las ocupaciones.

TENEMOS QUE MOSTRAR AL MUNDO UN NUEVO CONCEPTO DE “LO RURAL”

Un frente recién comenzado en los asentamientos, y que no depende sólo de nosotros, es el de empezar a tratar el proceso de desarrollo del medio rural como una alternativa a la ciudad, como una alternativa al desarrollo general de la sociedad. Aquí de nuevo vamos en contra de lo que dicen las fuerzas imperialistas. Los países desarrollados predican que el medio rural ya dio de sí lo que tenía que dar. Tenemos que probar que para resolver el problema de los pobres de América Latina y del Tercer Mundo es preciso llevar el desarrollo al medio rural. Vamos a tener que construir ese desarrollo con que soñamos en nuestros espacios, en nuestros asentamientos, para probar que es viable. Como el desarrollo rural es más amplio, no basta con hacerlo en un solo asentamiento: tiene que afectar a una región entera, tiene que ser regional. Y eso toma más tiempo e involucra a toda la sociedad. Es un desafío que nos confronta.

El MST está creando una nueva concepción de “lo rural”. Tenemos críticas sobre ciertas afirmaciones que andan por ahí. Creer que todo tiene que urbanizarse, que sólo debe haber políticas públicas para la ciudad es una visión colonizada del mundo. El Tercer Mundo vive en el medio rural. Tuve la felicidad de visitar China, donde el 80% de la población vive en el medio rural. Lo mismo sucede en la India. Es una idiotez, fruto del colonialismo cultural europeo y norteamericano, que sociedades a las que les tomó 250 años urbanizarse crean ahora que su molde le sirve a todo el mundo. Es la misma estupidez que practican los que idealizan un nivel de vida mundial igual al norteamericano. Si cada familia del planeta tuviera un automóvil, como suelen tener los norteamericanos, la Tierra se acabaría debido a la emisión de gas carbónico.

OTRO BRASIL ES POSIBLE

Algunos confunden la defensa que hacemos de la reforma agraria con una especie de vuelta al pasado. Identifican nuestra lucha con el atraso. Nada más falso. El hecho de que defendamos el desarrollo rural como una vía para mejorar la vida de todos no significa que estemos contra la aglomeración social. Estamos muy a favor de la formación de agrovillas. No estamos contra la industria, que es un resultado del desarrollo de la humanidad y que puede traer numerosos beneficios a la población. Pero, ¿por qué la industria tiene que estar en la ciudad? ¿Por qué promueve una explotación cada vez mayor de la clase trabajadora? ¿Por qué produce una destrucción insana del medio ambiente? ¿Sólo para generar riquezas que se concentran en las manos de una minoría? Es un costo muy alto, y la humanidad toda tiene que pagar por ese modelo. Queremos cambiarlo.

Nuestra propuesta es llevar la industria hacia el interior. En primer término la agroindustria, porque está más vinculada al día a día de la producción de alimentos, al medio rural. Podemos también llevar otros tipos de industrias que utilizan materias primas de la agricultura, de la naturaleza. Las experiencias de Israel y de China demuestran que es posible desarrollar el medio rural de una forma homogénea y llevar el desarrollo a las poblaciones más pobres. Son dos ejemplos de dos sistemas económicos diferentes que sirven para mostrar que es posible pensar en un modelo de desarrollo distinto al que el neoliberalismo intenta imponer en el Brasil. Otro Brasil es posible.

semterra@mst.org.br
WWW.MOVIMIENTOS.ORG/CLOC/MST-BRASIL

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