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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 216 | Marzo 2000

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El Salvador

Resultados electorales: vísperas y perspectivas

Esta crónica fue escrita cuatro días antes de conocer los resultados de las elecciones municipales y legislativas, basado el corresponsal en esa sabia sentencia que dice: "Por la víspera se saca el día". Las vísperas electorales anunciaban ya los resultados. Y los resultados anuncian nuevos e interesantes escenarios.

Ismael Moreno, SJ

Todavía al comenzar el año 2000,el partido ARENA estaba convencido de que en la elección de alcaldes y diputados del 12 de marzo su triunfo sobre el FMLN sería contundente en todo el país. No sólo eran los dirigentes de ARENA los convencidos de este triunfo. Era el ambiente generalizado.

Algunos dirigentes del FMLN daban por descontado que una sociedad desencantada con el partido de izquierda les pasaría la factura. Poco distinguible en los hechos al partido en el gobierno y descalificado por su incapacidad para resolver problemas locales -menos aún los nacionales- el FMLN esperaba un voto de castigo. En esta situación, ARENA consideraba ya el pastel del país en sus manos. Y en las elecciones, sólo le faltaba conquistar la cerecita, la alcaldía de la capital, en manos durante los últimos cuatro años no sólo del FMLN -fácil de derrotar-, sino de un hombre nada fácil como contrincante, Héctor Silva, quien ha sabido ganarse simpatías indisputables en todos los sectores de la sociedad.


ARENA hizo la mejor campaña para Héctor Silva

Como en política nadie más que la misma política tiene la última palabra, en los dos meses previos a las elecciones este escenario fue drásticamente trastocado por factores en los que nada tuvo que ver la campaña electoral del FMLN, sino los graves errores del gobierno central ante los conflictos desencadenados en los últimos meses en el país -especialmente el del sector salud-, la singular torpeza del Presidente de la República ante las demandas de los sectores sociales, y la misma campaña electoral del partido ARENA en San Salvador, presentando a su candidato a alcalde Luis Cardenal, atacando frontalmente toda la labor realizada por Héctor Silva en un San Salvador en donde ni juntos los tres alcaldes areneros que le precedieron hacen un solo Silva. ARENA y Cardenal le hicieron la mejor campaña a Héctor Silva garantizándole así su reelección en San Salvador.


Silva: alejarse del FMLN

En noviembre de 1999, el alcalde Héctor Silva contrató una empresa para realizar una encuesta privada que tomara el pulso a los capitalinos en relación a su candidatura. Después, se filtró que un 90% creía que Silva sería reelegido en la comuna capitalina. Los encuestados no vacilaban en identificar a Silva como la persona con mayor simpatía entre los capitalinos, con casi un 45% de popularidad, mientras que Facundo Guardado y Schafik Handal -máximos líderes de las dos corrientes dominantes al interior del FMLN- aparecían como los políticos con menos simpatías entre los electores, con un 43% y un 42% de opiniones negativas.

Con los resultados de esta encuesta, que nunca se hicieron públicos, parecía claro que la campaña de Silva debía centrarse en su persona y en los logros de su administración edilicia, alejándose de cualquier símbolo que lo presentara atado a la campaña del FMLN y evitando a toda costa aparecer en público con las máximas figuras del partido de izquierda. Paradójico: siendo Silva candidato de una coalición donde el FMLN domina, su campaña debía organizarla tomando distancia del FMLN y de sus dirigentes.


Conflicto en la salud: presiones y descrédito

El conflicto en el sistema de salud influyó en el resultado de las elecciones. Relatarlo es hacer la crónica de la intransigencia gubernamental. Desde el 15 de noviembre de 1999 el sector salud ha vivido en un conflicto creciente, iniciado cuando el gobierno decidió dar pasos firmes hacia la privatización del seguro social, y despidió a decenas de trabajadores y empleados del sector. El sindicato de trabajadores de la salud, junto con el gremio de los médicos, comenzó las protestas paralizando sus labores, como medida de presión para que se restituyera en sus puestos a los despedidos y para detener el programa de privatización de los servicios de salud.

Nadie sabe a ciencia cierta qué presiones han hecho que el Presidente Francisco Flores se haya mostrado tan inflexible en la negociación con los trabajadores de la salud. Existen indicios claros de la presión ejercida por el poder del grupo Cristiani, interesado económicamente en la privatización de la salud. Envío habló con sindicalistas y personal del gremio médico, que creen que la prolongación del conflicto no sólo ha perjudicado a los sectores populares a quienes no se atiende, por la huelga, sino a los mismos sectores económicos que están detrás de la privatización. "No entendemos por qué el Presidente no entra en razón y negocia con nosotros. O son muy grandes las presiones de los grupos económicos, o es torpe e incapaz políticamente para enfrentar los problemas", nos dijo una médica. Lo más visible es lo que el conflicto ha sumado al descrédito general que envuelve a Paco Flores después de sólo nueve meses como Presidente de la República.

Francisco Flores: palabra devaluada

Para recuperar algo de la credibilidad perdida, sus asesores le recomendaron al Presidente ocupar espacios en los medios de comunicación para dirigirse directamente a la ciudadanía. Decidió entonces tener un espacio dominical desde donde enviar mensajes al pueblo. El 27 de febrero, Flores aseguró que "mientras fuera Presidente del país los servicios de salud serían gratuitos". Trataba así de responder al generalizado rechazo a las medidas privatizadoras en la salud y buscaba, a la vez, deslegitimar las luchas del gremio médico y de los trabajadores de la salud. En otras circunstancias, una afirmación tan contundente hubiera resultado decisiva. Pero las palabras de Paco Flores están ya tan devaluadas que no cambiaron el curso del conflicto. La falta de seriedad en sus hechos y en el cumplimiento de sus compromisos han rodeado su gestión de una gran desconfianza y descrédito. Una reciente encuesta de la UCA confirma esta impresión al calificar a Paco Flores con la puntuación más baja entre los tres Presidentes de ARENA que le han precedido. Flores ha batido todos los récords de impopularidad.


Salud: orígenes del conflicto

El conflicto en la salud viene de atrás. En 1977 los médicos salvadoreños del Seguro Social se vieron obligados a sindicalizarse, tras la negativa del gobierno de aceptarlos como interlocutores para discutir sobre las demandas salariales y las mejoras en el sistema de salud pública exigidas por el gremio. En octubre de aquel año se constituyó el SIMETRISS (Sindicato de Médicos Trabajadores del Instituto del Seguro Social) y comenzó su lucha por la nivelación salarial y por la participación en la definición de políticas gubernamentales en el campo de la salud. En enero de 1998 los médicos comenzaron a presionar al gobierno hasta que lograron, en mayo, la firma de acuerdos, que comenzaron a ser incumplidos por el gobierno de forma inmediata.

El SIMETRISS decidió un compás de espera para comenzar negociaciones con el nuevo gobierno de Francisco Flores, quien al tomar posesión, en junio de 1999, declaró que honraría los acuerdos firmados por el gobierno anterior con el gremio médico. Alentado por este compromiso, incluido en el propio discurso inaugural del Presidente, el SIMETRISS estaba convencido de que lograría avances sustanciales para mejorar la atención médica en el Seguro Social.

Pronto se vio que lo que parecían avances en la mesa de negociaciones no tenía traducción en los hechos. La Institución mantenía la misma política de entrampar todo lo que significara mejoras en el funcionamiento del Seguro Social. Posteriormente, cuando el SIMETRISS propuso la apertura de dos centros hospitalarios que el gobierno tenía listos desde hacía casi un año sin usarlos, para descongestionar la estructura hospitalaria en uso -en lugar de atender el tope máximo de 12 mil partos anuales tenía que mal atender 19 mil-, la institución gubernamental se negó. Esta absurda negativa hizo crecer las sospechas de que el gobierno estaba apostando por planes de privatización.


Privatización en marcha

Los médicos sindicalistas tuvieron acceso a una fuente de absoluta credibilidad, que les aseguró que cuando ellos exigían la apertura de los dos centros hospitalarios, ya el gobierno tenía muy avanzadas las pláticas para contratar a dos compañías de seguro que atenderían esos dos hospitales. No por casualidad las dos compañías tienen entre sus accionistas a Cristiani, del Banco Cuscatlán, a Baldochi del Banco Agrícola Comercial, y a la familia Poma. Al conocer este dato, el SIMETRISS, junto al Sindicato de Trabajadores del Instituto del Seguro Social (STISS) comenzó el 15 de noviembre a paralizar sus servicios para denunciar el proyecto de privatización y los intentos de violación de las cláusulas de contrato colectivo.

El gobierno no tardó en responder. Mientras negaba rotundamente la privatización, despidió a finales de noviembre a 221 trabajadores, retuvo los aguinaldos de muchos y realizó descuentos en las remuneraciones de tres meses de trabajo de los huelguistas. El conflicto se agudizó cuando el Presidente de la República informó que se iniciaría la privatización de los dos hospitales del ISSS como parte de un experimento que conduciría a la privatización de todos los servicios de salud del país. La reacción fue airada, ya que esta decisión es atribución de la Asamblea Legislativa y no puede tomarla unilateralmente el Ejecutivo. Además, un cambio tan drástico en el sistema de salud es inconstitucional, ya que la Constitución garantiza salud gratuita a la población.


Represión, insultos, emergencia sanitaria

El 27 de enero, el Juzgado Primero de lo Laboral falló contra los trabajadores que demandaban el reintegro de los despedidos. El STISSS apeló entonces ante la Cámara Primera de lo Laboral, que el 11 de febrero revocó la sentencia y declaró que el Instituto Salvadoreño de Seguro Social había incumplido cláusulas del vigente Contrato Colectivo de Trabajo. Ordenó también al ISSS cumplir en los diez días siguientes a la notificación. Pero, en lugar de ser esta resolución legal un paso en la solución del conflicto, el gobierno y las autoridades del ISSS apelaron ante la Corte Suprema de Justicia para que la revocara.

En febrero, el gobierno inició una clara estrategia represiva, mientras los sindicalistas convocaban a una huelga nacional indefinida. El gobierno ordenó el desalojo violento de varias unidades de salud de la red del seguro social, y tras anunciar el 14 de febrero el cierre de toda negociación, puso en marcha un programa paralelo de atención médica aprovechando instalaciones y recursos militares. Por su parte, el Ministro del Interior convocó a una conferencia de prensa para anunciar un Plan de Emergencia para Atención de la Salud de la Población Salvadoreña y para amenazar con cancelar la personería jurídica del SIMETRISSS, el STISSS y el Colegio Médico, calificando a los dirigentes sindicales de "vagos y delincuentes". Una semana antes de las elecciones, médicos y trabajadores fueron reprimidos violentamente en las calles. Los gases usados por los antimotines alcanzaron a los enfermos de una instalación hospitalaria.


Influjo decisivo en las elecciones

La errónea postura del Presidente de la República y de su gabinete ante este conflicto transformó radicalmente un panorama electoral que antes del conflicto aparecía lineal y no ofrecía dudas de un contundente triunfo de ARENA. La gente interpretó la inflexibilidad del Presidente y de su gabinete como una expresión de la incapacidad de ARENA para gobernar. Así lo expresaba el gremio médico el 16 de febrero al responder a la decisión de cerrar las negociaciones: si el Presidente y su gabinete son incapaces de sentarse a negociar para resolver un conflicto público, debe renunciar para que la sociedad salvadoreña elija a otro gobierno más serio y capaz.

En los resultados de las elecciones del 12 de marzo se expresa esta interpretación y este rechazo. Y aunque no han sido un "descalabro" para ARENA ni un "triunfo rotundo" para el FMLN, sí dieron a Silva un claro triunfo en la alcaldía capitalina y hubo un notable descenso de los votos en favor de ARENA. A pesar de tanto error gubernamental, no se esperaba que el FMLN aumentara sustancialmente sus votos. El FMLN no ha sabido representar una real alternativa ante la torpeza del gobierno. Los votos restados a ARENA a causa de la nefasta administración de Flores, han ido al Partido de Conciliación Nacional (PCN) -alternativa con la que cuenta la derecha salvadoreña-, al Centro Democrático Unido (CDU)- refugio de sectores medios urbanos decepcionados del FMLN -o engrosaron el porcentaje del abstencionismo- única alternativa para quienes creen cada vez menos en la política, en los partidos, y muy especialmente, en los políticos-.


Lluvia de encuestas

En las semanas previas a las elecciones, una lluvia de encuestas cayó sobre los salvadoreños. Encuestas de los grandes medios de comunicación, de grupos privados contratados por los dos partidos mayoritarios, la encuesta privada que hizo Héctor Silva y encuestas de algunas de las universidades salvadoreña. Todas las encuestas situaron en descenso al partido de gobierno y colocaron a Héctor Silva por encima del contrincante de ARENA, Luis Cardenal. Hubo encuestas que separaban a Héctor Silva de Cardenal con un 23% (encuesta de la Universidad Tecnológica), siendo la que presentó un menor margen la realizada por la Cid-Gallup: entre Silva y Cardenal detectaron un 9% de brecha.

De entre la lluvia de encuestas, la más esperada por la sociedad salvadoreña, y en especial por los políticos de todos los partidos, era la que -como ya es tradicional en las contiendas electorales- realiza el Instituto Universitario de Opinión Pública (IUDOP) de la Universidad Centroamericana (UCA). En varias ocasiones, dirigentes de partidos políticos expresaron a envío la necesidad de esperar los resultados de esta encuesta, considerada la que mejor refleja las tendencias de los diversos sectores de la sociedad.

Los resultados de la encuesta, realizada entre el 12 y el 20 de febrero, se dieron a conocer el 24 de febrero. Cerca del 60% de los encuestados expresó poco o ningún interés en las elecciones municipales y legislativas, mientras sólo un 22.6% dijo estar muy
interesado en las elecciones. Resultados preocupantes que evidencian la tendencia al ausentismo de la sociedad en la contienda electoral. La mayoría de la población no se conecta ni con el entusiasmo ni con las pasiones y energías en las que invierten tantísimo los medios de comunicación, el Estado y las élites de los partidos políticos que participan en el proceso electoral.


Falta de credibilidad y de entusiasmo

La encuesta de la UCA constató que el 63.6% de los salvadoreños no se siente beneficiada por los partidos políticos y que un 59.2% no siente que sus intereses estén representados por los partidos. Más de la mitad de la población salvadoreña no sólo rechaza a los partidos políticos, sino que estaría valorando las elecciones como una pérdida de tiempo porque, tras varios eventos electorales luego de la firma de la paz, poco o nada ha mejorado en El Salvador y, muy al contrario, ha habido empeoramientos. Esto es lo que opina el 69.5% de los encuestados. Los encuestados dan al Presidente de la República sólo un 4.84% de respaldo, y a la Asamblea Legislativa un 4.74%. El alto abstencionismo de la población en la contienda electoral tiene como transfondo la pérdida de credibilidad en el sistema político y en el sistema institucional del Estado.

Más de la mitad de los encuestados afirmó no simpatizar con ninguno de los nueve partidos participantes en los comicios. Apenas cuatro de cada diez salvadoreños expresaron su interés por alguno de los partidos políticos. Entre los que tienen interés, un 21.8% se expresó a favor de ARENA y un 21.6% a favor del FMLN, situando el panorama político en un virtual empate entre las dos fuerzas políticas de mayor arrastre, aunque en un ambiente donde domina el desinterés militante.


Héctor Silva: pesadilla y amenaza

Un segundo período de Héctor Silva en la alcaldía capitalina, reelegido por la coalición del FMLN con la Unión Social Cristiana (USC), supone la continuación de proyectos de reordenamiento urbano, de programas de atención al medio ambiente y de búsqueda de respuestas a la población juvenil que vive en situación de alto riesgo, y el inicio de otros proyectos del equipo de Silva, ejecutados todos en un marco de notable transparencia administrativa y de participación de los diversos sectores de la sociedad capitalina a través de los cabildos abiertos y, eventualmente, de plebiscitos donde se toman las decisiones que tienen que ver con los temas de interés general.

Este escenario permite prever una confrontación creciente con sectores sociales y políticos vinculados con la gran empresa y con el partido de gobierno. ARENA no aspiraba a ganar la alcaldía para mejorar la vida de los capitalinos. Le preocupaba tan gran vacío en su poder real y todo lo que significaba de merma para su futuro una alcaldía capitalina en manos de la oposición, cosechando éxitos.

Desde su lanzamiento como candidato en las elecciones de marzo de 1997, Silva se convirtió en una pesadilla que trastocaba los sueños de la derecha dura, ausente de esa vitrina en la que siempre han querido convertir a la capital quienes se consideran los propietarios del país. En estas elecciones, Silva ha dejado de ser una simple pesadilla. Es una real amenaza para las pretensiones areneras de continuar en el poder central. Héctor Silva emerge como inminente competidor exitoso por la Presidencia de la República en un par de años. Nunca como en esta nueva administración de Silva en la alcaldía capitalina, San Salvador puede renovar su carácter de ser trampolín para la Presidencia.

ARENA es más consciente de esto que el propio FMLN. En el actual escenario, el FMLN se fortalecerá si es capaz de dejar que el Concejo Municipal crezca en autonomía en sus decisiones y si permite que Silva consolide su liderazgo y avance en un proceso de búsqueda de concertación entre las dos corrientes que dominan en el FMLN.


Asamblea Legislativa: perspectivas

En la Asamblea Legistalitva, con un virtual empate entre los diputados de ARENA y los del FMLN, el equilibrio impedirá que ninguno de los dos partidos mayoritarios controle el Parlamento, lo que hará necesario que negocien con los partidos pequeños para llevar adelante sus propuestas legislativas. Lo más valioso en este escenario será el balance que se estaría logrando en los poderes del Estado. Se vería, por primera vez, un Poder Ejecutivo obligado a contar con la Asamblea Legislativa y el control de ésta sobre las decisiones de un gabinete de gobierno que hasta la fecha se ha destacado por su arbitrariedad, intransigencia y mediocridad al decidir sobre las demandas nacionales.

Será una Asamblea Legislativa en la que todos los partidos contarán, no sólo los dos grandes. El FMLN podría contar con los votos del Centro Democrático Unido (CDU) y eventualmente con el de los diputados de una Democracia Cristiana que, tras un largo invierno controlada por un sector de la derecha dura, está hoy en manos de dirigentes abiertos a las mejores tradiciones históricas de este partido. En el otro lado, ARENA deberá congraciarse con los diputados del Partido de Conciliación Nacional para lograr votos en su lucha por alcanzar una difícil mayoría legislativa.


Apuesta al caos o pacto "a lo nica"

En un escenario así, ARENA sería la gran perdedora, puesto que habría fracasado en su proyecto de controlar los dos poderes del Estado. Se rompería así con la tradicional impunidad de un Ejecutivo tomando decisiones unilaterales orientados por la cúpula del partido en el poder, impidiendo que los legisladores debatan y decidan. Un enorme riesgo en este escenario es el empantanamiento de las decisiones legislativas dada la polarización entre las dos fuerzas políticas dominantes, que se enfrascarían en pleitos estériles.

Podría darse también una confrontación permanente entre el Ejecutivo y los diputados de la oposición, lo que podría desencadenar un peligroso proceso de ingobernabilidad del que sólo saldrían ganadores los sectores que al amparo del caos político y social consolidan sus oscuros y subterráneos negocios. No pocos políticos y funcionarios del Estado fomentan estos caos.

Una resolución peligrosa en este posible escenario de polarización, por suerte muy poco probable, es la de un acuerdo entre los dos partidos grandes negociando la "gobernabilidad" del país a cambio de repartirse el botín del Estado. Un acuerdo al "estilo nicaragüense", un pacto en el que los dos partidos mayoritarios se pondrían de acuerdo en la aprobación de leyes que favorezcan los intereses de ambos, subordinando a este pacto los intereses nacionales.


Aumentará la violencia social

En el escenario de los sectores sociales se prevé agitación. Parece inevitable el ascenso de las demandas y de las presiones sobre un Ejecutivo inamovible. Si el Presidente de la República con su equipo de gobierno continúa su política de intransigencia aumentará la violencia social, crecerá el desprestigio de la administración de Francisco Flores, ARENA perderá credibilidad y posiblemente aumentará sus respuestas represivas, alentadas por el sector más duro del partido. Si no hay cambios notables en la política actual del gobierno, el aumento de la confrontación nacional y la polarización entre el gobierno y los sectores sociales definirá la coyuntura política post- electoral.
Si las élites políticas y los altos funcionarios de las instituciones estatales no actúan con responsabilidad y se comprometen a la búsqueda consensuada de soluciones para los problemas sociales, todos los vientos anuncian huracanes.

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