Envío Digital
 
Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 30 | Diciembre 1983

Anuncio

Nicaragua

La Iglesia Católica en Nicaragua después de la revolución

La Iglesia de Nicaragua volvió a ser tema polémico a raíz de incidentes ocurridos el 30 de octubre en varias parroquias e Managua y a la posterior expulsión del país de dos sacerdotes. Mientras, según "La Stampa" de Turín, el Arzobispo de Managua denunciaba que "el sandinismo nos ha declarado la guerra" aunque "no estamos todavía en persecución abierta".

Equipo Envío

La FDN, grupo armado somocista con base en Honduras, emitía en Tegucigalpa un comunicado en el que afirmaba que "el régimen sandinista está demostrando su absoluto desprecio por la vida y la integridad física de nuestros obispos y sacerdotes". Unos días más tarde, la Junta de Gobierno se reunía -por primera vez en dos años- con la Conferencia Episcopal. A finales de noviembre, Tomás Borge anunciaba en Managua: "Hemos tenido informaciones cada vez más alarmantes de que se proyecta asesinar a dirigentes religiosos y representantes de partidos de derecha de Nicaragua con el propósito de hacernos aparecer como culpables de esos crímenes. Han expresado diferentes dirigentes contrarrevolucionarios en Miami, San José y Honduras, el proyecto de asesinar a Mons. Miguel Obando para intentar un levantamiento popular en contra de la revolución'.

Cada uno de estos hechos y declaraciones son sólo algunas de las últimas piezas e un cuadro bastante complejo, del que muchas otras resultan desconocidas para los que se interesan por saber lo que pasa en la Iglesia de este país. Trataremos de reconstruir algunas de estas piezas, hilando cronológicamente lo que han sido estos 4 años y medio de tensiones y conflictos, dando también una rápida mirada a lo que ha sido la historia previa a la revolución. Esta cronología es también un informe con elementos interpretativos que, en general, se desprenden de los mismos hechos descritos. Buscamos la mayoría objetividad posible y confiamos al lector conclusiones o análisis más de fondo.

Una Iglesia dormida cuando sonó la hora de Medellín

Durante los 300 largos años del período colonial (1523-1821) y el siglo y medio de independencia antes del acontecimientos eclesial de Medellín (1821-1968), la Iglesia de Nicaragua tuvo un desarrollo muy similar al de otros países centroamericanos y latinoamericanos. En la mayoría de ellos hubo lo que hubo en Nicaragua: casos aislados de obispos-profetas, defensores de los derechos de los indios (en Nicaragua, Fray Antonio Valdivieso) y bastantes sacerdotes que a comienzos del XIX protagonizan el proceso político independentista (P. Tomás Ruiz y otros).

Después de la independencia, la Iglesia jerárquica de Nicaragua fue fraguándose como una fuerza social poco creativa frente al poder político. La jerarquía y la mayoría del clero, supieron acomodarse con escasísimas excepciones a cada nueva situación política, mientras el pueblo vivía masivamente una religiosidad sin mucha vinculación con la realidad. La Iglesia dio un gran apoyo a los conservadores, se colocó a la defensiva frente a los liberales (por laicistas), se mantuvo callada o fue cómplice ante la intervención norteamericana e ignoró la resistencia de Sandino. Pocas voces proféticas hubo en esta etapa, clave para entender el actual proceso revolucionario. La actitud anti-intervencionista del obispo Pereira y Castellón es aislada, pero de tanta vigencia que Daniel Ortega recibió al Papa leyendo sus ardientes denuncias antiimperialistas. Frente a la dictadura somocista la iglesia tardó en despertar. Y cuando la jerarquía despertó lo hizo al mismo tiempo que los sectores burgueses, cuando el pueblo llevaba ya largo tiempo desvelado por la pobreza o la represión.

En 1969, el año siguiente a Medellín, cuatro años después de finalizado el renovador Vaticano II, en plena dictadura, el balance que los mismos sacerdotes y religiosos hacía de la Iglesia resulta dramático. En el Encuentro de Pastoral celebrado aquel año en Managua se elabora este diagnóstico que resumimos; la jerarquía (hay ya 6 opispos) es muy conservadora, está desunida, es lejana al pueblo y sin iniciativas. Los sacerdotes diocesanos son pocos y con ideas anticuadas, no dialogan con el pueblo. Los religiosos y religiosas viven aislados en sus colegios. En las parroquias no existen comunidades, muy poca gente asiste al culto, la liturgia no ha sido aun renovada, los párrocos viven alejados del pueblo y se muestran muy interesados en sus beneficios económicos. Las únicas excepciones a este panorama eran un grupo reducido de sacerdotes diocesanos muy dinámico y algunas comunidades religiosas femeninas que empezaban a trabajar en tareas de promoción social.

Esta iglesia, tan necesitada de renovación, recibirá, tan sólo 10 años después, el impacto de una revolución. El triunfo sandinista conmoverá la estructuras sociales nicaragüenses y, naturalmente, también las de esta Iglesia.

Medellín, de donde nace la llamada Iglesia Popular

En Nicaragua Medellín cambió algo. Algo que era poco en relación con transformaciones ms intensas y extensas que se estaban ya produciendo en otros países incluso del área -El Salvador, Honduras o Guatemala-. Sin embargo, existieron significativos gérmenes de renovación. Están en la raíz de esa Iglesia (sacerdotes y comunidades) que hoy afirma no tener contradicciones con la revolución.

La escasez de sacerdotes dio auge, desde finales de los 60, al movimiento campesino de Delegados de la Palabra (líderes laicos que administran los sacramentos y catequizan a partir de la Biblia a su comunidad y a comunidades vecinas). En Rivas, Matagalpa, Boaco y varias zonas de la frontera norte -donde actualmente se enfrenta a las bandas contrarrevolucionarias- el movimiento creció y fue evolucionando con los años. De él surgieron muchos de los que hoy dirigen organizaciones campesinas y proyectos revolucionarios en el campo. En la Costa Atlántica, y promovido por los religiosos capuchinos, se forman también centenares de evangelizadores laicos que desde los años 70 comenzaron a emplear la lengua mískita.

En algunas parroquias de Managua comienzan a experimentarse -a partir del modelo piloto de la parroquia de San Pablo, inspirada en la experiencia de San Miguelito (Panamá)- las comunidades eclesiales de base. En estos años y a nivel de capas medias y altas, el movimiento de Cursillos de Cristiandad contribuirá mucho a la renovación. Muchos cristianos que ocupan hoy cargos en el gobierno revolucionario -ministros, diplomáticos, altos funcionarios- proceden de este movimiento, que hoy tiene posiciones muy conservadoras.

Un caso excepcional será la comunidad campesina de Solentiname, fundada por el P. Ernesto Cardenal. Arte, reflexión teológica ("El evangelio en Solentiname") y poesía, llevaron durante años por el mundo entero una imagen del cristianismo nicaragüense original y aislada como el archipiélago en donde surge.

A nivel de expresión pública el período "Testimonio" (18 números publicados de enero/69 a fines de 1970) quiso ser un altavoz que coordinara estas nuevas corrientes que atravesaban el paisaje eclesial. El seminario se cerró por las dificultades de mantener un trabajo sistemático como ése en una línea de pensamiento tan nueva. Nunca se repitió un experimento periodístico similar en el país, ni aún después del triunfo revolucionario.

Todos estos gérmenes de Iglesia nueva no consiguieron transformar la estructura básica en la que históricamente se había consolidado la Iglesia mayoritaria: clericalismo -y, por tanto, poca participación femenina; teología arcaica; religiosidad popular histórica, muy poco organizada, muy primitiva; fuerte desvinculación de lo social y lo religioso, de lo cristiano y lo comunitario; escasa práctica sacramental; ausencia de proyectos pastorales diocesanos y en general, deficiente formación del clero.

A pesar de esto, la potencialidad de estos gérmenes renovadores fue inmensa. Enfrentados a la creciente represión y corrupción de la dictadura, estos grupos cristianos gestarán, junto a otras fuerzas sociales y junto a la masa de los empobrecidos creyentes -la mayoría del pueblo nicaragüense- el movimiento de oposición y de insurrección que derrocará a la dictadura.

La iglesia de Nicaragua no es como la iglesia de Polonia

Este elemental pero necesario bosquejo histórico ilumina aspectos que resultan claves a la hora de analizar más a fondo la actual situación eclesial. Nicaragua -como a veces se trata de presentar- no es "uno de los países más católicos del mundo". Mucho menos puede compararse su catolicidad con la de Polonia, como a veces lo han hecho analistas religiosos, publicaciones o hasta emisiones radiales de grupos contrarrevolucionarios. Ni por su pasado ni en el futuro -por una forzada estrategia eclesial- la iglesia de Nicaragua tiene ninguna similitud con la polaca.

El pueblo de Nicaragua es religioso. No más que otros pueblos del continente. Sí mucho más, por ejemplo, que el pueblo cubano. Pero no es "muy católico". Están ausentes de su religiosidad elementos de organización comunitaria, de disciplina interna de práctica sistemática o de arraigo histórico que tipifican la catolicidad.

Y si a partir de la historia hay que relativizar la "catolicidad" de Nicaragua, también hay que relativizar, a partir de esa misma realidad, la fuerza organizada o la "estrategia agresiva" de esa que algunos se empeñan en llamar "Iglesia popular" y a la que quieren presentar como una especie de "Iglesia nacional" opuesta la legítima Iglesia universal. Decir: "La iglesia de Nicaragua es perseguida" o "El 80% de los católicos están con Monseñor Obando" o "La Iglesia está contra o a favor de la revolución" no son afirmaciones válidas porque no aclaran la situación. La iglesia en Nicaragua no es un todo homogéneo. Y esto no sólo porque nunca se debe identificar iglesia con obispos, sino porque hoy es difícil decir qué se entiende por "católicos". Si Nicaragua inició hace cuatro años el primer proceso autónomo de su historia, la cara de la iglesia -conservadora o progresista- no tiene aún una autonomía, una personalidad equivalente a esa realidad de la revolución. Esa cara se está diseñando ahora, en medio de conflictos intraeclesiales, de pugnas políticas y de amenazas de guerra.

En el fondo de este conflicto -los hechos lo muestran- está la confrontación de dos modelos de iglesia. El incipiente modelo de iglesia renovada -que no es una "exclusiva nicaragüense" sino un fenómeno universal y especialmente latinoamericano- frente a esa otra mayoritaria iglesia tradicional, que vivió durante muchos años de las rentas de una religiosidad muy simple y que hoy, a través de algunos de sus líderes, pretende capitalizar esas rentas en contra del nuevo Estado. Es un conflicto entre lo nuevo que apenas nacía frente a lo antiguo que teme perder espacio social. Y como lo nuevo está desarrollándose en medio del conflicto es difícil que se logren algunas síntesis que en otros países se consiguieron. Esto puede explicar polarizaciones extremas del lado de lo antiguo y tanteos y debilidades del lado de lo nuevo. La actual situación desafía por igual a la iglesia tradicional, a la iglesia renovada y al propio gobierno revolucionario, sin suficiente experiencia en un terreno tan complejo como el religioso.

Dos puntualizaciones

Cualquier cronología del conflicto jerarquía-Estado o del conflicto intraeclesial muestra que es difícil las fronteras exactas de uno y otro. Antes de intentar resumir esta cronología en sus momentos más destacados, es necesario hacer dos puntualizaciones:

- Managua marca la pauta. En Managua y en torno a la figura del Arzobispo se han desarrollado muchos de los acontecimientos reseñados. Algunos observadores religiosos llegan a decir que en la Arquidiócesis se ha implementado estos años una "pastoral de conflicto" con la que se habría buscado crear permanentes tensiones con la revolución y con la iglesia progresista. Las restantes siente diócesis de Nicaragua se han visto afectadas por los conflictos de dimensión nacional y también por los específicos de Managua, aunque en ellas las polarizaciones no son tan agudas y los problemas tienen características especiales, en las que no nos detendremos. Particularmente, la iglesia católica en la Costa Atlántica ha tenido siempre y tiene hoy una dinámica peculiar por su historia convivencia con la iglesia morava, por los componentes étnicos de cualquier conflicto y por ser hoy la Costa una de las zonas más sensibles en el terreno de la defensa militar. Excluimos, pues de esta cronología los sucesos relacionados con la Iglesia Católica en Bluefields (Zelaya Norte y Sur) en espera de poder dedicar un estudio especial a este tema.

- Aunque se calcula que un 13% de la población nicaragüense es hoy evangélica (las cifras se han cuadruplicado desde el triunfo revolucionario), nos limitaremos en la cronología a hechos relativos a la Iglesia Católica, que sigue siendo la mayoritaria y la de mayor influjo social. Es también la que protagoniza nacional e internacionalmente la mayoría de los conflictos. Las relaciones de las Iglesias evangélicas con la revolución, las diversas tendencias dentro de los evangélicos y el tema de las sectas religiosas requieren también de un tratamiento especial, que no podemos incluir aquí.

Cronología del conflicto: una aproximación

Julio 1979 - Mayo 1980: Una carta pastoral profética y el apoyo masivo a la Cruzada.

El 17 de julio de 1979, dos días antes de que se consumara el triunfo sandinista, Mons. Obando se encontraba en Caracas, intentando viabilizar con sectores democristianos venezolanos y sectores de los partidos políticos tradicionales y de la gran empresa nicaragüense un proyecto socialcristiano que fuera alternativa para el somocismo casi derrumbado. La amistad entre los líderes de la DC venezolana y el arzobispo de Managua ha sido una constante a lo largo de estos años (viajes, condecoraciones, declaraciones públicas en Caracas...)

La Conferencia Episcopal de Nicaragua no se expresó ante el acontecimiento revolucionario hasta el día 31 de julio. En aquel Mensaje, los obispos no mencionaban la palabra "revolución", que estaba en cada calle y en cada boca nicaragüense. Hablaban de "reordenamiento de nuestra comunidad patria" y afirmaban que no podían "dejar de compartir las angustias y temores en esta etapa de transición. Comprendemos que hay confusiones serias, tanto en los aspectos ideológicos, como en la organización de las nuevas estructuras de Estado". En el ambiente generalizado del esperanza incondicional en el proceso revolucionario, la voz de los obispos apenas se escuchó.

Fueron los religiosos y las religiosas organizados en la CONFER los que reflejaron, en Mensaje fechado el 19 de agosto, el sentimiento de apertura entusiasta que los cristianos experimentaban: "Dios no llama a dar lo mejor de nuestras energías y de nuestras vidas para acompañar este proceso de reconstrucción, iluminándolo desde nuestra fe en Jesucristo". Hasta hoy han existido tensiones, cada vez más acentuadas, entre los obispos y los religiosos de la CONFER, identificados con las líneas renovadoras de la CLAR (Confederación Latinoamericana de Religiosos). Es un fenómeno agudizado en Nicaragua, pero presente en todos los países latinoamericanos por la oposición que durante años ha tenido el CELAM con la CLAR. Hoy hay signos esperanzadores de mejoría. Hay que tener en cuenta que desde los años 60 los religiosos del continente han experimentado una renovación en lo teológico y en la práctica pastoral que no vivieron igualmente otros sectores eclesiales.

Desde los primeros momentos de la reconstrucción llegaron a Nicaragua, procedentes de otros países, sacerdotes, religiosos, religiosas y cooperantes laicos, que fueron bien recibidos por los que ya trabajaban en Nicaragua. Querían colaborar con ellos a consolidar un proceso que, desde el primer momento, se mostraba ante el mundo como un espacio original y privilegiado para profundizar en ese reto histórico pendiente que son las relaciones marxismo-cristianismo. Querían contribuir a la edificación de una Iglesia renovada, ya no por la dinámica de la denuncia de la represión sino por la del anuncio de cómo puede ser una nueva sociedad. Querían escribir nuevos capítulos de la teología de la liberación. La mayoría de estos religiosos traían en su equipaje experiencias pastorales vividas en otros países, especialmente latinoamericanos, en la línea de renovación que marcaron el Vaticano II y Medellín, pero que eran más avanzadas de las que se habían vivido en la Nicaragua pre-revolucionaria. Es por eso que en esta etapa inicial -que podría extenderse hasta finales de 1980- muchos de estos nuevos agentes de pastoral "quemaron etapas", al calor de una euforia que cuatro siglos de dolor, fracasos y esperanzas reprimidas que justificaban sobradamente.

El proceso de renovación teológica y pastoral que vivían ya algunos sectores del pueblo nicaragüense -renovación que la insurrección aceleró en la práctica pero no en la doctrina- sufrió una aceleración aun mayor en los primeros meses de la revolución, pero ahora más en la expresión o formulación doctrinal que en lo práctico. La urgencia de las tareas diarias y una cierta "impaciencia histórica" por estar a la altura del proceso y también de su imagen internacional, están detrás de muchos de los errores que entonces se cometieron. Es la época de materiales escritos, seminarios, folletos, posters, en los que se apresuraban síntesis que aun no habían madurado en la conciencia de muchos católicos. La transmisión de nuevos contenidos, la sistematización de la experiencia vivida en la guerra de liberación, contaba con que la síntesis fe-política (marxismo-cristianismo, sandinismo-cristianismo) ya estaba hecha. Y no era así. A esta etapa y a los materiales que quedan de ella, se refieren una y otra vez los que intentan demostrar que en Nicaragua habría un Estado dedicado a manipular ideológicamente la fe, para destruir las creencias del pueblo y sustituirlas por ídolos políticos y partidistas... Este análisis, además de ser tan apresurado como los planteamientos pastorales que cuestiona, silencia siempre que desde 1980 hasta hoy la reflexión y la práctica de la Iglesia que busca renovarse se ha ido adecuando más y más a la realidad nicaragüense.

El 17 de noviembre de 1979 ocurre un hecho insólito. La Conferencia Episcopal, algo reticente en sus declaraciones iniciales, publica una Carta Pastoral en la que expresa su apoyo al proceso revolucionario y a la insurrección armada que a él condujo, su valoración del pensamiento de Sandino del que surge y del proyecto socialista al que se dirige. Es un texto auténticamente histórico. "Cuando me llegó a la mesa de redacción -evoca en Nicaragua un periodista especializado en temas religiosos de origen europeo- tardé 10 minutos en leerlo y 24 horas en reponerme de mi asombro. ¿Qué grandes cosas estarían pasando en Nicaragua -me pregunté- que un texto tan esperado como "imposible" salía de las siempre cautelosas manos episcopales?". La euforia y la esperanza habían contagiado también a los obispos llevándoles a elaborar un texto no sólo anti-dictatorial ni sólo progresista sino auténticamente revolucionario. Desde finales de 1980 los obispos silenciarán los contenidos de su propia Carta Pastoral y evitarán referirse a ella.

En los comienzos del año 80, la presidencia del CELAM -que apenas un año antes había impedido la presencia de Mons. Obando en la Conferencia de obispos de Puebla para que hablara allí de la situación nicaragüense- lanza a nivel continental una campaña de oraciones y una colecta para ayudar a la Iglesia de Nicaragua. Es la primera vez que se transmitía al mundo un velado mensaje de que esa Iglesia "sufría", pues necesitaba de oraciones y de dinero. Lo hacía el CELAM, organismo connotado internacionalmente durante algunos años por sus posiciones conservadoras. Después de esta iniciativa inicial y de visitas que durante el año 80 hicieron algunos obispos y expertos teológicos vinculados al CELAM en Nicaragua ha tenido perfiles más bajos. Aunque no es temeridad suponer que la valoración que las directivas actuales y pasadas del CELAM hacen del conflicto "religioso" en Nicaragua influye en círculos eclesiásticos nicaragüenses y vaticanos.

En marzo/80, Violeta Chamorro -una de las 5 miembros de la Junta de Gobierno-, el Comandante Daniel Ortega y el P. Miguel D'Escoto visitaron a Juan Pablo II. El Papa hizo entonces una exhortación a los cristianos para que participaran en la Cruzada de Alfabetización -que iba a comenzar el 23 de aquel mismo mes- insistiendo, como es habitual en sus discursos, en que se respetaran "los derechos de los padres y de la familia católica". Apenas un mes después, los 7 obispos -hoy son 9- de la Conferencia visitaron al Papa y éste envió un mensaje al pueblo nicaragüense, con palabras de aliento y cariño. A fines de este mismo mes de abril el P. Alvaro Argüello fue elegido por el clero del país para que lo representara en el Consejo de Estado, que iba a comenzar a sesionar, como nuevo órgano co-legislativo, el 4 de mayo. Mientras, la Cruzada Nacional de Alfabetización, coordinada por el P. Fernando Cardenal, se había puesto en marcha en todos los rincones del país con la incondicional participación de religiosos de 52 congregaciones que trabajan en Nicaragua y miles de alumnos de los colegios católicos de todos los departamentos.

Hasta este momento la unidad nacional de todas las capas sociales, que fraguó en los dos últimos años de la dictadura y terminó con el somocismo, se mantenía viva. La Iglesia también parecía unida.

Mayo-Agosto 1980: Primeros choques públicos

La revolución, en su objetivo de privilegiar "la lógica de las mayorías", chocó necesariamente con algunas de las minorías que, aunque se opusieran a Somoza no aceptaban una transformación tan profunda de la sociedad que les hiciera perder la hegemonía que también Somoza les había quitado. Cuando el 22 de abril Alfonso Robelo abandona la Junta de Gobierno (unos días antes los había hecho Doña Violeta Chamorro, aunque en otro contexto), está expresando su discrepancia con este proyecto de transformación global.

Antes de que se cumpla un mes de esta renuncia, inesperadamente, se hace público un Comunicado de la Conferencia Episcopal de Nicaragua (13 mayo) en el que los obispos manifiestan que los sacerdotes en puestos públicos deben abandonar sus cargos, "habiendo transcurrido las circunstancias de excepción". La llamada episcopal parece expresar, a nivel eclesiástico, esta misma discrepancia. La coincidencia en el tiempo de estos dos planteamientos resulta significativa.

La unidad nacional empezaba a quebrarse. En la Iglesia, se abrió aquí la primera brecha importante. Una brecha que se ahondará más y más por este mismo problema de los sacerdotes en puestos de gobierno. Se trata de un conflicto en el que en distintos momentos han tomado parte activa desde las más altas jerarquías del Vaticano hasta las bases católicas de Nicaragua, desde teólogos de varios países hasta los más altos dirigentes de la revolución. Ha sido también un conflicto de fondo que recurrentemente ha vuelto una y otra vez a aparecer en la arena del conflicto global como una carta clave. Y lo es para todos, aunque desde distintas ópticas. Para la administración norteamericana es clave, por ejemplo, que el P. D'Escoto deje de ser canciller porque conoce bien la política norteamericana y el delicado proceso diplomático en el que Nicaragua se juega su supervivencia. Y es clave también que deje de ser sacerdote para con ello dar más argumentos a su versión sobre el "sandinismo ateo". Por otra parte, para los sectores tradicionales de la Iglesia es clave que deje de ser sacerdote, porque así se mostraría ejemplarmente que sí hay contradicción entre cristianismo y revolución y que esa contradicción se expresa en la imposibilidad de mantener la doble fidelidad a la Iglesia y a un proceso "de izquierdas". También preferiría que dejara de ser canciller por lo difícil que le resulta asumir la novedad de un sacerdote en puesto tan importante en un gobierno al que visualiza como hostil a la religión. Por contraposición -práctica y de principios- con estos intereses o prejuicios, para que el gobierno revolucionario es clave que D'Escoto siga siendo sacerdote y siga siendo canciller. Desde ambas perspectivas es difícilmente sustituible.

Superado este primer episodio crítico, los actos con que se celebra el final de la Cruzada Nacional de Alfabetización (agosto/80), crean algunas tensiones, especialmente en Managua y con Mons. Obando, que se niega a participar en una misa masiva que la Pastoral Juvenil de la capital había preparado para recibir a los alfabetizadores porque no le correspondería la presidencia del acto.

Unos días antes (24/agosto) el Arzobispo había presidido en Monimbó el acto de coronación de la Virgen de la Asunción, imagen históricamente venerada en la ciudad de Masaya. Junto a Mons. Obando estaba el presidente de Costa Rica, Rodrigo Carazo. Todo el acto estuvo marcado por la espectacularidad. Por su coincidencia en el tiempo, se juzgó que tenía la pretensión de ser un "paralelo" de otros actos, también masivos y espectaculares, con que se estaba celebrando el final exitoso de la Cruzada de Alfabetización.

En el acto de Monimbó confluyen elementos que aparecerán cada vez con más intensidad en algunos de los actos de religiosidad masiva promovidos por la Arquidiócesis. El contenido religioso es siempre muy tradicional y sin relación con la realidad del país y el contenido político está implícito. Parece que se intentara demostrar que la Iglesia -representada por el Arzobispo- es la única fuerza capaz de convocar multitudes como lo hace el nuevo Estado. Con estos actos -Semana Santa, Consagración a María, procesiones- la Iglesia más tradicional estaría buscando espacios propios de expresión y de autoafirmación en una situación histórica que le resulta radicalmente nueva.

Nunca ha habido conflicto con la celebración que es central para la religiosidad nicaragüense -la Purísima: novena y "gritería" del día 7 de diciembre-. El gobierno revolucionario la asumió desde el primer año como expresión de identidad nacional, y la ha promovido. También la ha celebrado. Consiste "la gritería" en la preparación y adorno de altares a María en calles y casas. Allí acude el pueblo a cantar y a "gritar" (¡¿Quién causa tanta alegría?! ¡¡La Concepción de María!!) y recibe a cambio dulces, regalos y frutas. La Junta Revolucionaria ha preparado todos los años un gran altar en la Casa de Gobierno por donde desfilan miles de personas y en donde los dirigentes revolucionarios "gritan", mezclados con la multitud.

Los hechos reseñados marcan un inicial punto de ruptura, especialmente en Managua, espacio eclesial en donde los conflictos han sido siempre más agudos y más polarizados. El liderazgo natural que a Mons. Obando le ha dado el estar al frente de la Arquidiócesis y de la Conferencia Episcopal y su trayectoria anti-somocista fue rápidamente aprovechado por los sectores empresariales y políticos en oposición, al proceso. El diario "La Prensa", que representa a estos sectores, ha potenciado, casi sin medida, la imagen del arzobispo, a nivel nacional y a nivel internacional, presentándolo siempre como "pastor de todos los nicaragüenses". Esto ha opacado en cierta forma la misión desarrollada o que podían haber desarrollado otros obispos en sus diócesis y también ha distorsionado en el exterior la imagen de la Iglesia nicaragüense, pues casi todo se ha juzgado a partir de sucesos ocurridos en Managua y protagonizados por Mons. Obando. La "managüización" del conflicto es un factor clave en el desarrollo del mismo.

Octubre 1980: se rompen las hostilidades

Del 6 al 10 de octubre 135 sacerdotes (100 trabajando en el país) celebran una Jornada de Fraternidad Sacerdotal de la que surge un documento de claro apoyo y confianza en el proceso. (Según datos globales de encuestas e investigaciones realizadas entre 1982 y 1983, esta tendencia en el clero se ha mantenido. De los 220 sacerdotes censados -la casi totalidad de los que hay en el país- un 46% apoyaría al proceso -en distintos grados- y un 54$ se opondría a él -también en distintos grados-. Las variables indican que el clero diocesano y el nacional (casi siempre coinciden) es más opuesto que el clero religioso y extranjero (idem), aunque hay que tener en cuenta que a lo largo de toda la historia de la Iglesia en Nicaragua ha habido siempre más sacerdotes religiosos que diocesanos y más extranjeros que nacionales. Sobre estos 220, un 61% son extranjeros y religiosos).

El 7 de octubre, y con el fin de expresar públicamente principios vividos ya en la práctica de la guerra, de la insurrección y de la reconstrucción, "dada la importancia del tema y para orientar a nuestra militancia, para clarificar a nuestro pueblo y evitar que se siga manipulando sobre este asunto", la Dirección Nacional del FSLN publica un Comunicado sobre la Religión, que trasciende las fronteras de Nicaragua. Es -al igual que la pastoral de los obispos el 17 de noviembre del 79- un texto histórico. Por primera vez, un movimiento revolucionario contemporáneo, ya en el poder, rompe con el rígido esquema de ver en la religión el opio del pueblo y uno de los frenos de la historia. Esta ruptura se hace no partiendo de teorías sino de la experiencia vivida en los años en que se gestó el proceso liberador, experiencia fundamentalmente diferente de la que se vivió en Cuba.

La respuesta de los obispos (17 octubre) no pareció haber captado la novedad del texto del FSLN. Volviendo al tema de los sacerdotes en puestos de gobierno, los obispos introducen nuevos elementos polémicos: "intervencionismo humillante", "proselitismo ateizante", "materialismo clasista"... El tono abstracto y prejuiciado del documento provoca una de las primeras expresiones de división al interior de la Iglesia. Públicamente, se expresa esta división en comunicados de los grupos más organizados, que cuestionan a los obispos. En la conciencia mayoritaria del pueblo se empieza a generar el desconcierto. Antes de que se cumpla un año de su anterior Carta Pastoral, esperanzada y positiva, los obispos de Nicaragua, que son los mismos, parecen totalmente "otros", sin que el proceso revolucionario se hayan producido cambios tan radicales que justifiquen este viraje.

A partir de entonces, la desconfianza de un sector de la jerarquía será constante y -al igual que ya insinúan en el documento- comenzarán a argumentar que el nuevo gobierno tiene dos discursos: uno público, en el que dicen respetar a la religión y otro real, de prácticas, con las que buscan manipularla y erradicarla. A estas alturas los obispos y bastantes sacerdotes conocían una circular interna de una instancia del FSLN de la que se alimentaba esta postura de desconfianza. (La circular hacía referencia a la orientación laica que debía irse dando a las festividades religiosas. Cuando circuló este texto -diciembre 79- el FSLN no había hecho aún declaraciones oficiales sobre el hecho religioso). Observadores internacionales insisten en afirmar que el documento del 17 de octubre y una Carta Pastoral posterior que se publicó el 22 de octubre sobre "Jesucristo y la Unidad de la Iglesia", surgieron de los despachos del CELAM, deseoso de dar cuerpo doctrinal a la nueva postura eclesiástica que se iba a iniciar con estos textos. Una postura de confrontación con el Estado, que en el viaje del Papa tendría su más alta expresión.

Octubre 1980 - Junio 1981: "La Iglesia está dividida"

En enero de 1981, mientras Reagan inicia su mandato, se lleva a cabo la Consulta Nacional sobre la nueva educación, en la que participan activamente religiosas, religiosos y padres de familia de los colegios católcios. (La mitad de los colegios existentes en el país son religiosos: 173. El 73% de los 247 colegios privados -entre los que se incluyen éstos- reciben subvención estatal). La Consulta no está exenta de algunas tensiones. El campo de la educación comenzará desde entonces a ser una especie de terreno "minado". Cierta confrontación se había iniciado ya con la Cruzada -más a nivel de prejuicios teóricos que de prácticas-. Al momento de iniciarse la Consulta, algunas tendencias dogmatizantes entre cuadros revolucionarios (expresada en la elección de textos, profesores y programas, especialmente en el nivel universitario) habían aflorado, fundamentando los prejuicios y polarizando las posiciones. Entre las tendencias extremas, de uno y otro lado, la realidad diaria muestra que prevalece el buen entendimiento y el espíritu de colaboración. Al frente del Ministerio de Educación, el Dr. Carlos Tünnermann, católico, conduce una de las áreas más sensibles a la polémica ideológica-religiosa.

El 24 de marzo, y como homenaje a Mons. Romero, un sector de cristianos, preocupados tanto por el vacío de reflexión teológica creativa que hay ante una realidad tan desafiante como la revolución como por aspectos de la evolución del proceso que cuestionan la conciencia cristiana, elaboran el documento "Fidelidad cristiana en el proceso de Nicaragua". Dentro de un apoyo global al proceso, cuestionan la falta de austeridad de algunos dirigentes, el peligro de masificación del pueblo por las consignas, la creciente burocratización estatal, etc.

Este documento refleja una característica de otros escritos o materiales que surgen en este año y se mantienen hasta hoy: el apoyo crítico al proceso. (Un ejemplo entre muchos sería "El Tayacán", semanario popular, que nace en febrero/81 con este objetivo y ha publicado más de 80 números). Hay que destacar que cuando a nivel internacional algunos buscan tipificar a la Iglesia popular como un grupo minoritario de cristianos manipulados por el gobierno, se silencian totalmente éstas y otras iniciativas en esta dirección (encuentros, cursos, folletos...) Superada la hora de la "euforia apresurada" intentan consolidar y extender aquella renovación que la Iglesia había vivido antes de la revolución de forma dispersa y abrirle nuevos cauces, de acuerdo con la realidad nacional. Algunos juzgan estas iniciativas como "magisterios paralelos". También se puede considerar que se hacen necesarias ya que a estas alturas, algunos obispos se habían automarginado de la tarea de acompañar al pueblo creyente con una reflexión nueva ante un proceso tan nuevo. Esta sería la misión que buscan, de diversos formas, los "famosos" centros de la llamada Iglesia Popular. (Instituto Histórico Centroamericano, Centro Antonio Valdivieso y CEPA) desautorizados públicamente por la jerarquía en junio/81.

La jerarquía y grupos de sacerdotes insistirán en reforzar formas de religiosidad popular, con escaso sentido crítico. Es el caso de las apariciones que desde mayo/80 estaría haciendo la Virgen María a un campesino del pueblo de Cuapa (Chontales) y que "La Prensa" comienza a propagandizar, con gran despliegue, desde Managua, romerías populares a Cuapa. Los límites infraestructurales del país (escasez de vehículos, mal estado de los caminos de acceso, falta de hospedajes para los peregrinos...) son motivos de tensión entre los organizadores del "nuevo culto", que reivindican más "facilidades" a las instancias estatales. El debate sobre el sentido de esta nueva devoción mariana envuelve exageradamente a los medios de comunicación durante un tiempo.

El caso de Cuapa muestra cómo ha existido en algunos momentos en el país hipersensibilidades respecto al tema religioso. El mensaje que habría dado la Virgen al campesino Bernardo no es, en esencia, más que una exhortación tradicional a rezar (el rosario) y a hacerlo reflexivamente, con base en el evangelio. Pero el sensacionalismo polémico con que "La Prensa" propagandizó los hechos llevó a los otros dos diarios -también a las emisoras- a ver en los sucesos de Cuapa una expresión contrarrevolucionaria vestida de religiosidad popular. Durante un tiempo, el caso de Cuapa, desorbitado en uno y otro sentido, fue tema de discusiones a todos los niveles. Hoy, pasada la primera polémica, el culto de la Virgen de Cuapa sigue desarrollándose, aunque más serenamente y sin lograr arraigo. Algunos obispos, sacerdotes y religiosas lo han impulsado, especialmente en Managua y en Juigalpa, prelatura en donde está el pueblo de Cuapa. Se han publicado estampas y devocionarios y Mons. Vega, prelado de Juigalpa, le otorgó el título de santuario a la iglesia de Cuapa. (8 diciembre 1982). Sectores religiosos opuestos a la revolución han querido monopolizar Cuapa.

Ya en 1981 las celebraciones de la Semana Santa (procesiones, sermones, publicaciones) contienen elementos en los que se expresa la creciente división de la Iglesia. El apoyo esperanzado al proceso revolucionario o la suspicacia ante él se manifiestan también en distintas formas de celebrar la fe. Las oraciones son distintas, la liturgia es distinta. El día de jueves santo, mientras que los católicos progresistas piden, junto al pan eucarístico, "pan con dignidad" para Nicaragua (Reagan acaba de cortar créditos millonarios para la compra de trigo), Mons. Obando insiste en su homilía en que los sacerdotes no deben de hacer política.

El 1 de junio de 1981 estalla uno de las más agudas crisis en torno al problema de los sacerdotes en cargos de gobierno. En comunicado que tiene tono de ultimátum, dicen los obispos: "Declaramos que si los sacerdotes que están ocupando puestos públicos y ejerciendo funciones partidistas no dejasen estas responsabilidades cuanto antes, para incorporarse totalmente a su específico ministerio sacerdotal, los consideraríamos en actitud abierta rebeldía y formal desobediencia a la legítima autoridad eclesiástica, expuestos a las sanciones previstas por las leyes de la Iglesia".

A los sacerdotes a los que se está refiriendo en este momento la jerarquía son el P. Miguel D'Escoto (Canciller), el P. Ernesto Cardenal (Ministro de Cultura), el P. Edgar Parrales (Ministro de Bienestar Social, que desde 1982 sería Embajador en la OEA) y el P. Fernando Cardenal, que desde el término de la Cruzada de Alfabetización (agosto-80) ocupó el cargo de Vicecoordinador de la Juventud Sandinista.

El tono del documento y lo imprevisto de su aparición causan una gran conmoción en la Iglesia y en el país. A lo largo de todo este mes de junio, sacerdotes, religiosos, religiosas, comunidades de base y diversos grupos expresan en documentos y en reuniones de urgencia su perplejidad por el tono del documento episcopal, su apoyo a los sacerdotes, su deseo de que sigan en el gobierno y, especialmente, su llamado a los obispos para que dialoguen con los sacerdotes antes de tomar decisiones tan drásticas. Entre los documentos más importantes en este momento está uno, extenso, en donde se aborda por primera vez el tema del conflicto inter-eclesial: "Tiempo de crisis, tiempo de discernimiento y de gracia". A nivel internacional, destaca el documento dirigido a los obispos y firmado por 23 teólogos de fama internacional de varios países, en el que se les llama también al diálogo.

A mediados de julio y después de reuniones públicas y privadas del más alto nivel en Nicaragua y en Roma, el Vaticano decide sustituir el ultimátum dado por los obispos por un diálogo conciliatorio. Y acepta que, debido a la situación de emergencia, los sacerdotes continúen en sus cargos, siempre que renuncien al ejercicio del ministerio sacerdotal en público y en privado, dentro y fuera de Nicaragua.

La crisis de junio muestra, entre otras muchas cosas, que la Iglesia que en Nicaragua apoya al proceso revolucionario tiene un significativo respaldo internacional. Este respaldo -mostrado entonces en tomas de postura públicas- se ha mantenido constante y una y otra vez se ha expresado en los más diverso gestos de solidaridad (apoyo económico, presencia personal, presión internacional...) Esta solidaridad, que desborda el campo de lo eclesial, ha tenido y tiene hoy una importancia clave para el proceso de reconstrucción material y moral de Nicaragua y para la defensa del proceso revolucionario.

Al término de la crisis, la Junta de Gobierno y la Conferencia Episcopal acuerdan crear canales de diálogo para evitar situaciones similares que desgastan, tanto a la Iglesia como al gobierno revolucionario. Estos canales nunca llegaron a usarse. A raíz de este tenso y prolongado conflicto, Mons. Obando declara a "La Prensa": "Hay que reconocer con dolor que hay división en la Iglesia". En pleno conflicto, esposas de líderes del partido de oposición MDN (hoy vinculado al grupo armado ARDE) celebran un homenaje a los obispos. Mons. Obando declara a "La Prensa": "No estamos solos".

Julio 1981 - Febrero 1982: No hay diálogo

En junio y julio de 1981 viene a Centroamérica una delegación de 7 miembros de Pax Christi Internacional, organismo eclesial de prestigio en Europa. Dirige la delegación Mons. Luigi Betazzi, obispo italiano de Ivrea. El informe elaborado por la Comisión ayudará internacionalmente a comprender mejor la situación de los países del área, especialmente la de Nicaragua y su problemática eclesial. Según la percepción de Pax Christi: "la personalidad de Mons. Obando se modela más y más como la de un líder de la oposición". Y añaden: "Mientras los obispos reprochan al FSLN de transformar a los cristianos en "instrumentos políticos", ellos mismos se dejan manipular políticamente por la oposición. Fuimos testigos de la manera con que la oposición política proclama al arzobispo "profeta y mártir". El informe de Pax Christi será respondido muy pronto por un "contra-informe" elaborado por una delegación del CELAM que visitará Centroamérica unos meses después.

Unas declaraciones intempestivas de Mons. Obando hacen que en julio/81 el gobierno suprima, también intempestivamente, las misas televisadas de los domingos, en las que siempre el Arzobispo es el celebrante. La Arquidiócesis denuncia los hechos como un índice de la creciente falta de libertad religiosa. Entonces el gobierno propone que los celebrantes sean, rotativamente, los obispos, el Sistema Sandinista de TV transmite la misa papal; grabada en Roma. Por fin, los obispos no dan respuesta y actualmente no existe ya este espacio televisivo.

En julio y agosto, dos sacerdotes dominicos (P. Aragón y P. Batalla) son removidos de sus parroquias de Managua, insertas en barrios populares. La oposición a esta medida que los grupos más organizados de la Iglesia protagonizan por medio de comunicados, manifestaciones callejeras y tomas de iglesias son publicitados ampliamente en los medios de comunicación que apoyan a la revolución. Así ocurrirá también en enero/82 y en julio/82 cuando sean removidos de otras dos parroquias el P. Iacomelli y el P. Arias Caldera. Podría decirse que esta tendencia de los diarios, emisoras y TV a incidir en los hechos de confrontación eclesial -aumentando (por desconocimiento de algunos de los elementos que hacen muy especial la "noticia religiosa")- ha influido negativamente en el conflicto.

Es notable lo mucho que en los diarios de Nicaragua se escribe sobre temas religiosos -noticias, editoriales, comentarios, reportajes-. Desde el triunfo revolucionario hasta el 31 de diciembre de 1982 aparecieron 6.500 de estas informaciones en los 3 diarios del país. Un promedio de 6 informaciones diarias: es posible que sea un récord mundial. Es un índice de lo prioritario que es el tema religioso en la confrontación ideológica que acompaña la lucha de clases agudizada por la revolución.

En los casos de sacerdotes removidos de sus parroquias -además de en Managua han ocurrido casos similares en la prelatura de Juigalpa y también han sido afectadas religiosas- se muestra una de las constantes de la situación eclesial: la falta de diálogo. En las movilizaciones que estas decisiones jerárquicas han provocado se expresaba siempre una petición bien concreta: las comunidades pedían diálogo a los obispos. Querían que se abrieran canales de comunicación habituales por los que comunidades y religiosos progresistas pudieran expresarse antes los obispos y ser escuchados por ellos. Siempre ha sido muy difícil de conseguir este diálogo. En el caso de los disturbios ocurridos en la parroquia Santa Rosa al ser removido el P. Arias Caldera, los fieles que participaron en la toma de la iglesia y forcejearon con el obispo auxiliar de Managua para que no retirara de allí el sagrario, fueron excomulgados por el Arzobispo.

Es evidente que un sector de la jerarquía y los sacerdotes más conservadores han desconfiado, casi a la par que comenzaron a desconfiar de la revolución, de las comunidades de base -movimiento aún en formación en Nicaragua- y han otorgado mayor apoyo y legitimidad eclesial a movimientos laicales más espiritualistas, como son los grupos carismáticos, el movimiento catecumenal o la llamada "Ciudad de Dios", que han tenido notables incrementos en estos años, al igual que las sectas religiosas. Por parte del Gobierno ha habido apoyo para que la Iglesia -con libertad y según sus criterios- construya templos u otras instalaciones en las que desarrollar su labor pastoral. El Ministerio de la Vivienda ha donado hasta el momento a la Iglesia Católica 112.637 metros² de terreno por valor de 12 millones de córdobas.

A fines de agosto de 1981 el gobierno venezolano condecoró a Mons. Obando con la Orden Francisco de Miranda y el diario "La Prensa" publicó, como homenaje al Arzobispo, una edición especial que consistió en 36 fotografías (algunas de página entera) de Mons. Obando, pagadas por empresas privadas y algunos miembros de partidos opositores. Quizá ningún documento expresa mejor que éste la vinculación nunca ocultada del Arzobispo con los sectores adinerados y de oposición del país. En la fiesta en que se le impuso la condecoración, Adolfo Calero (hoy miembro del directorio político de la FDN, grupo armado somocista) y Alfonso Robelo (vinculado al grupo armado ARDE) estuvieron junto al Arzobispo.

1981 termina y la tensión nacional y eclesial han crecido. Las maniobras militares norteamericano-hondureñas "Halcón Vista" mueven a 400 sacerdotes y religiosas de Nicaragua a escribir al Papa para solicitarle gestiones por la Paz en Centroamérica.

Al acercarse las fiestas de la Purísima, "La Prensa" vuelve sobre el tema mariano con otro nuevo "milagro". Se trata de una imagen de la Virgen "que suda". "La Prensa" afirma que no es sudor, sino lágrimas. El arzobispo de Managua y su obispo auxiliar examinan personalmente la imagen para observar el "inexplicable" prodigio. Pocos días después se descubre que se trata de la patraña de unos impostores: la Virgen, de yeso, pasa las noches en un refrigerador. Por el día la sacan y el calor la hace "sudar"...

En enero de 1982 Mons. Obando es invitado por el IRD, fundado en Washington en 1981, por los neo-conservadores para neutralizar los efectos de la teología de la liberación latinoamericana. Este objetivo aparecía ya en el Documento de Santa Fe, a partir del cual se elaboró la plataforma republicana que llevó a Reagan a la Casa Blanca. Según la revista "Covert Action" (núm. 18, 1981), Mons. Obando es hombre "mimado" del IRD y por eso se le otorga al máxima condecoración del Instituto en su viaje. El informe del IRD anteriormente citado señala que "hoy la Iglesia Católica es la única institución en Nicaragua que parece tener muchas posibilidades de impedir que el país sea arrastrado hacia el totalitarismo. Que lo consiga o no depende del soporte moral -y también de la asistencia material- que consiga de las Iglesias cristianas a través de todo el mundo". El IRD intenta conseguir una cosa y otra para la jerarquía de Nicaragua.

El 18 de febrero, el conflicto jerarquía-Estado estalla una vez más con virulencia, a raíz de la publicación de un documento de la Conferencia Episcopal en el que se denuncian graves violaciones de los derechos humanos del pueblo mískito en traslados desde zonas militarizadas de la frontera norte. En aquel momento la guerra que las bandas contrarrevolucionarias han impuesto en la frontera con Honduras es especialmente crítica en al zona de Zelaya Norte, en donde -por presiones de todo tipo- numerosos indios mískitos se han ido vinculando a las bandas o les dan apoyo logístico. Los traslados apresurados de la población son la respuesta del gobierno a esa situación.

El documento de los obispos, publicado en los momentos en que dirigentes de partidos políticos de toda América Latina agrupados en la COPPPAL se reúnen en Managua, causa una vez más una conmoción nacional. Considerando el gobierno que para expresarse sobre un tema tan delicado hubiera sido necesario un diálogo previo, según lo establecido en julio de 1981, hace un llamado de urgencia al Nuncio y después de contestar muy duramente a los obispos (22 febrero), solicita una delegación vaticana con la que poder discutir las relaciones globales con la jerarquía católica. Mientras, religiosos y sacerdotes católicos visitan, con distintas delegaciones, los nuevos asentamientos mískitos. Sus declaraciones cuestionan las drásticas afirmaciones del documento episcopal.

Junio - Septiembre 1982: la crisis de agosto y la Carta del Papa

Ciertamente, hasta este momento, el conflicto interno de la Iglesia y la confrontación jerárquica-gobierno se mantenían relativamente acotados dentro de las fronteras del país, aún cuando órganos de información extranjeros ya se hacían eco de algunos hechos conflictivos para hablar de la "persecución religiosa en Nicaragua", como un signo privilegiado en el que se expresaba la opción dictatorial del sandinismo y la "traición" del inicial proyecto revolucionario.

En junio, el Papa Juan Pablo II tomará una opción más clara. Después de un silencio de dos años, con fecha 29 de junio, el Papa escribe a los obispos de Nicaragua una Carta Pastoral sobre el tema de la Unidad de la Iglesia. Los obispos -sin que se conozcan bien las razones- no pretenderán hacerla pública hasta comienzos de agosto. Cuando la entregan a "La Prensa" para su publicación, la dirección estatal de medios de comunicación, alarmada por el contenido -apoyo incondicional a los obispos y crítica a la "Iglesia Popular"- y acogiéndose a la censura impuesta por el estado de emergencia que había sido decretado en marzo/82, prohibe la publicación del texto papal. Lo erróneo de la medida se hace evidente cuando se difunde por el mundo la noticia de que hasta la voz del Papa es censurada por los sandinistas... Ya a partir de entonces circularán articuladamente dos caracterizaciones del conflicto "religioso" en Nicaragua: "persecución religiosa" y "peligro de la Iglesia popular". La primera nace de una interpretación unilateral de algunos errores del gobierno, difícilmente explicables desconociendo el contexto nacional. La segunda es introducida por el mismo Papa en esta Carta a los obispos.

El gobierno nicaragüense rectifica la medida y el 10 de agosto la Carta Papal aparece publicada en los tres diarios del país. Sectores católicos progresistas la difunden masivamente con comentarios teológicos y bíblicos y con una respuesta al Papa en la que se recoge el sentir auténtico de la que llaman -para deslegitimarla- "Iglesia Popular" que no se reconoce en la caracterización que de ella hace el Papa. Este escrito contribuye a aclarar una vez más ante el mundo cuál es la situación real que se vive en Nicaragua.

El 25 de julio, una banda de la FDN asesina salvajemente a 14 campesinos en la aldea de San Francisco del Norte. Dejan escrito en las paredes de las casas que lo hacen "en nombre de Dios". Comenzaban entonces a producirse actos como éste, que ahora se han hecho dolorosamente habituales en zonas fronterizas campesinas. Entre los sectores cristianos comprometidos con el proceso crece una corriente de opinión que solicita de la jerarquía uan palabra oficial y colectiva de condena de estas agresiones armadas. En su boletín "De Frente" de octubre 1982, la FDN reivindica el hecho diciendo que en San Francisco causaron "numerosas bajas al enemigo, que eran represores". En este mismo boletín, la FDN dedica varios párrafos a elogiar a Mons. Obando, que se "identifica más con la lucha por la libertad de Nicaragua".

Inmediatamente después de las tensiones creadas en torno a la carta del Papa, ocurre en Managua "el caso Carballo" (11 agosto). La posición de este sacerdote venía siendo de provocación a través de la Radio Católica que dirige y en sus parroquias (Santa Gema y Las Brisas). La crudeza con que el supuesto escándalo del P.Carballo se presentó en los diarios y en la TV causó otra gran conmoción nacional en nada favorable al gobierno. Más adelante, dirigentes revolucionarios reconocerán el error en que incurrieron. Los hechos -que vistos desde dentro tienen el aire de un "pleito casero"- serán tipificados desde fuera como la más rotunda prueba de la persecución religiosa en Nicaragua.

A partir de entonces "La Prensa" intentará lavar la imagen del P.Carballo hablando de él como de "otro Cristo sufriente". El sacerdote será invitado poco después a una gira por los Estados Unidos y en abril de 1983 Mons. Obando lo reivindicará dándole el título de "Monseñor" y de Vicario Episcopal de medios de comunicación.

El 16 de agosto, y en solidaridad con el P. Carballo, cinco colegios religiosos de Managua son ocupados por juventudes anti-sandinistas. En la ciudad de Masaya, a 40 kms. de Managua, una manifestación de jóvenes sandinistas es disuelta a tiros por francotiradores que ocupaban posiciones en el Colegio Salesiano. Muere un joven sandinista y varios resultan heridos. Como consecuencia, un sacerdote salesiano español, José Morataya, es expulsado del país acusado de complicidad en los hechos.

En pocos días se han ido acumulando tensiones. El conflicto jerarquía-gobierno y el desconcierto de grandes masas del pueblo llegan a uno de sus puntos más críticos. Cerrados los canales de diálogo, la dirección del FSLN, más preocupada que nada por la situación militar provocada por las crecientes agresiones en la frontera norte, da un paso hacia la reconciliación y hacia la unidad nacional. En comunicado fechado el 18 de agosto, reitera los principios proclamados en octubre de 1980 y trata de central el problema: "Los últimos acontecimientos en los que han participado o se han visto involucrados personas vinculadas a las actividades religiosas no constituyen enfrentamientos entre la Revolución y la Religión... Debemos estar prevenidos para no enfocarlos como una lucha o enfrentamiento religioso, que es la manipulación que quieren hacer los grupos contrarrevolucionarios que han estado detrás de cada suceso". Y añaden: "Debemos enfrentar con madurez cívica los aspectos coincidentes y los no coincidentes, sin que las provocaciones logren llevarnos a la lucha en las calles. Los medios de comunicación deben evitar exacerbar los ánimos y cuidarse de las noticias que tienden a aumentar las tensiones".

El control ejercido por el gobierno revolucionario sobre los organismos de masa -dados a esa confrontación callejera- y sobre los medios de comunicación -dados a atizar la polémica- fue evidente. A nivel público se entra en un período de distensión que se prolongará prácticamente hasta la visita del Papa. El 16 de septiembre, el Comandante Carlos Nuñez, presidente del Consejo de Estado, visita al Cardenal Casaroli, en un afán de tender nuevos puentes de conciliación y entendimiento. (Otras delegaciones del gobierno revolucionario habían ido antes al Vaticano -junio-81 y mayo-82- con el mismo afán de diálogo).

Octubre 1982 - Marzo 1983: La violencia viene de Honduras

La lucha ideológica-religiosa, tan en primer plano durante más de dos años (fines 1980-mediados 1982) empieza a pasar a un segundo plano ante la situación de guerra impuesta a Nicaragua desde Honduras por voluntad de los Estados Unidos.

Las bandas contrarrevolucionarias continúan hostigando al pueblo y ejército de Nicaragua. El 30 de octubre es asesinada la familia Blandón en la aldea norteña de El Jícaro. El padre y uno de los hijos eran Delegados de la Palabra. Desde la Iglesia que en los años 60 y 70 fraguó en la conciencia campesina la síntesis fe-justicia, y después la síntesis cristianismo-revolución, llega un clamor que recorre todo el país. Las comunidades cristianas del norte con sus sacerdotes al frente dan a conocer los nombres de otros Delegados que han sido asesinados recientemente y explican cómo estos líderes cristianos están siendo, junto a maestros y dirigentes campesinos, el blanco preferido de la contrarrevolución.

Crece entonces otro clamor que demanda nuevamente a los obispos que condenen públicamente la violencia contrarrevolucionaria, que está provocando que los escasos recursos humanos y materiales del país tengan que desviarse hacia la defensa armada. Hasta diciembre de 1983 -fecha en que se redacta este informe- las condenas o desautorizaciones desde el Evangelio de esta violencia que ya ha costado la vida de 800 nicaragüenses, desgasta la economía y desangra diariamente al país y está siendo quizá el capítulo previo de una guerra más amplia en que los muertos se contarían por miles y la destrucción sería incalculable, son débiles para la gravedad que tienen los hechos y son parciales: no hay unanimidad entre los obispos.

El total silencio de un sector de la jerarquía sobre este tema resulta contradictorio con la condena de que la Iglesia ha hecho siempre de "toda violencia, venga de donde venga". Más aún cuando esta violencia que viene de Honduras pretende ser algo así como una "guerra santa" contra el comunismo y habla de Dios y lo invoca y propagandiza su causa articulándola con la de la Iglesia y sus representantes. Resulta desconcertante este silencio para los que siendo católicos empuñan las armas para defender la patria y para los fieles católicos de todo el mundo que, oyendo el sonido de este silencio, consideran que algunos miembros de la jerarquía católica pueden tener alguna simpatía con esta contrarrevolución armada.

El 28 de noviembre, por iniciativa de los obispos, y tras una amplia campaña a nivel nacional llevada a cabo con total libertad, se celebra en todas las diócesis la Consagración de Nicaragua al Corazón de María. Miles de personas acuden al acto central en Managua.

El 3 de diciembre la Conferencia Episcopal publica un documento sobre la educación, que insistiendo en los derechos y deberes de los padres católicos a una educación cristiana para sus hijos contiene interpretaciones críticas por parte de algunos dirigentes revolucionarios. El 1 de febrero, en un discurso a los maestros nicaragüenses, el Comandante Tomás Borge responde duramente a los contenidos del documento. (1).

En los primeros días de marzo se publican definitivamente los Fines y Objetivos de la Nueva Educación, en donde se sistematizan los resultados de la Consulta Nacional de enero/81. El texto provoca críticas muy fuertes de padres de familia de algunos colegios religiosos, especialmente en Managua, organizados en al UNAPAFACC-UPAFEC, muy activa en confrontar la nueva educación desde planteamientos religiosos. (2).

(1) Sobre la polémica en torno a este documento episcopal y en general, acerca de la nueva educación en Nicaragua, nos remitimos al "envío" núm. 21 de marzo/83.

(2) Una muestra de estas críticas. (De fondo está la limitación económica del Estado para subsidiar todo tipo de enseñanza): "En el principio general 90 se dice que se respetará la libertad de los padres de escoger para sus hijos escuelas o colegios distintos de los creados por el Estado". Lo que ponen como respeto es de hecho un irrespeto. Respeto sería que el Estado usase todos los medios para que todos los padres nicaragüenses tuvieran acceso al tipo de colegios y escuelas que ellos desean para sus hijos. En cambio aquí se afirma que el Estado respetará la libertad de los padres que tengan capacidad económica de escoger escuelas distintas a las del Estado. Es decir, el Estado no va a respetar el derecho que igualmente tienen las familias pobres, la educación y el colegio que quieren para sus hijos.

Sectores católicos publican el nuevo documento oficial en versión popular, con preguntas para ser discutidas en grupo que ayuden a deshacer los prejuicios planteados por el otro sector católico. La iniciativa es muy bien acogida por el Ministerio de Educación. Los roces que ha habido en el tema de la enseñanza no han faltado hasta hoy. La más reciente caracterización que de ellos hace Mons. Obando según la edición de "La Stampa" de noviembre/83 es ésta: "Ahora la batalla principal se desarrolla en las escuelas con el fin de privarnos de la educación de la infancia. Nos han impuesto textos castristas inspirados en el materialismo. El sandinismo realiza terrorismo psicológico entre las familias e intenta denigrar a nuestros profesores montando vergonzosos episodios".

Ahora, como ya entonces, en marzo/83, la "batalla principal" no se daba en las escuelas sino en las fronteras de Nicaragua. Y el tema de la defensa, de la supervivencia del nuevo proceso, era ya el tema número uno de la realidad nacional.

Marzo - Mayo 1983: después del paso del Papa

Desde febrero, el pueblo y el gobierno de Nicaragua, las instituciones eclesiásticas, los grupos eclesiales de todas las tendencias y las organizaciones populares estuvieron dedicados a la preparación de la visita del Papa. (Nos remitimos al "envío núm. 22 del mes de abril 83 en el que se describen pormenorizadamente los antecedentes de esta visita y las horas que duró ésta).

La visita del Papa -ya a nueve meses de distancia- puede ser evaluada desde Nicaragua como un acontecimiento histórico, clave en la agudización del proceso conflictivo que describimos. Con el Papa se cierra una etapa: la máxima autoridad de la Iglesia se pronuncia a favor de uno de los modelos de Iglesia, con las implicaciones políticas que esto ha tenido. También se abre una nueva etapa, en la que nos encontramos.

A partir de la visita del Papa, la Iglesia opuesta al proceso, al sentirse confirmada en sus posturas, pasó más "a la ofensiva". Esto se notó especialmente entre los sacerdotes, que a través de la tribuna dominical del púlpito y la homilía, expresaban, de formas muy diversas y con libertad, su disconformidad con las orientaciones revolucionarias. Por otro lado, la Iglesia progresista entró, después de la visita papal, en un proceso de reflexión y coordinación importantes, a la búsqueda de proyectos pastorales más realistas. Las relaciones jerarquía-gobierno quedaron prácticamente congeladas tras la vista. En el mundo entero se agigantó el mito de una cuasi-diabólica "Iglesia Popular", instrumento religioso del sandinismo y responsable de la "profanación de Managua".

Desde la visita de Juan Pablo II hasta hoy Nicaragua vive en un estado de permanente alerta, provocado con el incremento de ataques militares, agresiones verbales, amenazas y presiones, sabotajes económicos, que son dirigidos cada vez más abiertamente por la Administración norteamericana. La posibilidad de una cruel y prolongada guerra centroamericana, que sería provocada por la intervención de Estados Unidos en la región, ha hecho que a nivel nacional y en la conciencia popular -tan herida entonces- la visita dle Papa se vea ya como algo lejano e irrelevante.

En los meses siguientes al viaje, dos textos impresionarán a la Iglesia de Nicaragua y a la Universal. Uno, apareció en varias publicaciones producidas, a raíz del viaje del Papa a Centroamérica. ("El Papa en Nicaragua. Análisis de su visita" de IEPALA, Madrid, mayo/83, fue quien lo publicó primero). Es un documento confidencial filtrado en el Vaticano y que llevado supuestamente por el CELAM al Papa habría servido a su Santidad para preparar su visita a Nicaragua.

En este texto se define al gobierno como "enemigo" de la Iglesia y se diseña una estrategia eclesial para enfrentarlo. Debe estar basada en "el fortalecimiento, la unidad y la firmeza", en una enseñanza única y en un liderazgo fuerte que obispos y fieles deben construir en torno al Arzobispo de Managua. El objetivo global de tal estrategia es desarrollar una Iglesia similar a la de Polonia -es el modelo que se propone-, "restringida pero con un margen de acción e independencia" ante el poder.

Noticias aparecidas el pasado 25 de noviembre en "Il Manifesto" de Italia indican que el inspirador de este documento sería Humberto Belli, nicaragüense vinculado a sectores de oposición y empresarios del COSEP, asesor del Secretariado para los No-Creyentes de la Santa Sede, hombre de confianza del CELAM y autor de diversos libros e informes sobre la persecución a la Iglesia en Nicaragua. El último de estos informes -"Nicaragua" Christians under fire"- fue entregados a los obispos norteamericanos en noviembre de 1983.

El otro documento significativo es una "Carta de apoyo a la Iglesia de los Pobres" de Nicaragua, que firma la plana mayor de la teología progresista católica y evangélica del mundo (Chenu, Metz, Schillebeeckx, Küng, Moltmam, Ducquoc, Boff, Casalis...) en que implícitamente se lee que no participan de la deslegitimación que esta Iglesia recibió del Papa durante su visita.

La postura del Papa impidió que salieran a la luz tendencias y conflictos pendientes en el seno de la jerarquía. Desde entonces, ésta unificó más su expresión pública. El 13 de abril, más de un mes después de la visita, y en momentos críticos en los que se agudizaba la agresión de las fuerzas de tarea contrarrevolucionarias, los obispos emitieron un comunicado en el que volvían sobre los acontecimientos de Managua para "lamentar y condenar enérgicamente el incalificable irrespeto cometido contra la Eucaristía y la persona del Vicario de Cristo" por "una minoría". Cuando "El Nuevo Diario" reclamó a la jerarquía igual energía para condenar los actos criminales de las bandas armadas en la frontera, los obispos contestaron (20-abril) con una declaración en la que insistían en que debe haber un diálogo sincero y en que la división está creada por quienes "tratan de edificar una Iglesia llamada "popular" y mezclan lo cristiano con lo político y "partidista".

El 28 de abril, y como respuesta al discurso de Reagan ante las dos Cámaras del Congreso norteamericano el día anterior, 100 mil personas se congregan en la Plaza de la Revolución de Managua. El acto se cierra con un vibrante discurso del P. Arias Caldera (trasladado por Mons. Obando de una de sus parroquias en 1982, amigo personal de Carlos Fonseca y condecorado en 1981 por el FSLN). El sacerdote retomó públicamente los sucesos de la plaza de Managua, de los que ya nadie quería hablar más en el país: "El 4 de marzo ustedes hicieron una oración multitudinaria delante del Papa. Ustedes dijeron: ¡Queremos la paz! (Hizo al público repetir varias veces la consigna de aquel día). Y Dios que es más justo, Dios que es más misericordioso - o mejor, el único misericordioso- más que cualquier hombre santo, escuchó esa oración. No importa que otros interpreten maliciosamente ese gesto cristiano de nuestro pueblo ¡Qué importa! Esa oración se la levantaron a Dios todopoderoso que llena toda la tierra. ¡¡Por eso esa paz vendrá a nosotros!!".

En abril grupos cristianos reflexionan sobre la situación de guerra y la necesaria defensa del país: "Defender hoy por todo los medios este proceso revolucionario es un desafío a nuestra fe y debemos responder a él. Porque creemos, hablamos. Y porque creemos vamos a defender esta revolución". De fondo, esta un tema que va ser el centro de la polémica en los meses posteriores: la defensa armada y un eventual incremento de las fuerzas armadas en este país a travéz del servicio militar la Iglesia progresista contribuye también en estos meses, con trabajo de reflexión en las comunidades, a que la defensa sea asumida conscientemente por los creyentes.

En mayo son recuperados en combates en Maracalí posters que la somocista FDN distribuye en sus incursiones. En uno de ellos aparece una foto del Papa con estos lemas "El Papa está con nosotros". "Con Dios y patriotismo derrotaremos al comunismo". Los obispos no hacen ningún comentario.

En ese mes las Comunidades Cristianas de Jalapa -ciudad que ya es un símbolo de la resistencia de Nicaragua y un espacio en donde muchos han conocido lo que es la llamada "Iglesia Popular" que se desconoce en el exterior- envían un mensaje a los cristianos del resto del país: "Hace un año y 8 meses estamos pasando por secuestros y asesinatos de Delegados de la Palabra, técnicos, profesores, jóvenes, niños y familias enteras". Un mes después (5 junio), y promovidos por CONFER, unos 40 sacerdotes y religiosos y decenas de Delegados de la Palabra de distintas zonas de Nicaragua, se reúnen en Jalapa para mostrar su solidaridad con las comunidades del norte.

El 15 de mayo la Conferencia Episcopal visita al Papa. Mons. Obando dice a Juan Pablo II en su discurso de saludo: "Ha sido tan profundo su paso, tan densa y acertada su palabra, tan humana su portentosa espiritualidad, que el Papa sigue allá en Nicaragua".

Al hablar a los obispos el Papa se refiere, entres otros temas generales, a la situación real de Nicaragua y expresa su deseo de que "cesen los sufrimientos de un pueblo fiel y digno que del Atlántico al Pacífico, de las fronteras del norte a las del sur, ansía vivir serenamente y en paz sus valores propios, buscando con profundo sentimiento social el necesario progreso sobre la tierra". Al leer estas palabras, llegadas a Nicaragua por los cables informativos, muchos se preguntaron si no podrían interpretarse como un cambio de postura en Su Santidad hacia una mayor comprensión del problema nicaragüense, como expresión de las diferencias de apreciación que sobre Nicaragua existen en los círculos vaticanos.

Mayo - Agosto 1983: Iglesia de mártires

El 11 de mayo, y mientras los obispos están en Roma, es expulsado de Nicaragua el sacerdote español Timoteo Merino, párroco de la Azucena y de otros pequeños pueblos cercanos a la frontera sur, en donde opera el grupo contrarrevolucionario ARDE. El gobierno acusa al P. Merino de utilizar su influencia y las estructuras pastorales para favorecer la penetración de ARDE entre la población campesina. El P. Merino va a Roma y declara ante los obispos allí presentes que su expulsión es otra expresión de la persecución religiosa del gobierno e involucra a sacerdotes y a instituciones de Iglesia (CONFER) en esta decisión.

Estando en Roma, Mons. Obando es entrevistado (17 mayo) por la agencia AP sobre la agresión que sufre Nicaragua, tema del que se habla en el mundo entero. En medio de respuestas evasivas sobre otros temas, el Arzobispo dice no tener ninguna información creíble sobre planes norteamericanos contra el Gobierno de Nicaragua...

Los medios de comunicación nicaragüense que apoyan al proceso atacan duramente al Arzobispo y en "La Semana Cómica" se acentúa una campaña -prolongada, irrespetuosa e inoportuna- contra su persona. Igual línea ha seguido, en este sentido, el programa radial diario "El tren de las seis", emitido por Radio Sandino, órgano oficial del FSLN, que nunca ha tenido una orientación digna en el tratamiento de los temas religiosos de actualidad.

El 25 de mayo la Asociación del Clero (ACLEN) se disuelve, después de 18 años de existencia. A ello contribuyeron normas emanadas desde el Vaticano en relación con asociaciones de este tipo. La directiva lo explica así: "Las difíciles circunstancias eclesiales por las que atravesamos nos fuerzan a tomar esta decisión dolorosa", especificando que renuncian al aspecto legal de la asociación pero no a la promoción de los valores propios. Una de las características de ACLEN fue su vivencia de la unidad de la Iglesia integrando en verdadera fraternidad a sacerdotes diocesanos y religiosos, a nacionales y extranjeros.

A lo largo del mes de julio, y por iniciativa de la jerarquía hondureña, se propone un diálogo entre los obispos de Nicaragua y Honduras que evite una guerra entre los dos países. Por razones nunca conocidas este diálogo no se ha realizado.

En las vísperas de la celebración del Cuarto Aniversario de la Revolución, se anuncia en Estelí que está confirmado que el matrimonio Barreda (Felipe y Mery), católico y sandinistas de larga trayectoria, habían sido asesinados en un campamento cotnrarrevolucionario en Honduras, después de ser bárbaramente torturados. Los Barreda habían sido secuestrados cerca de la frontera el 28 de diciembre, por una banda somocista de la FDN cuando cortaban café como trabajadores voluntarios en la movilización nacional para asegurar la cosecha. Al saber la noticia, el Obispado de Estelí, en un documento importante, condenó el crimen afirmando también que "mira con angustia la inminencia de un conflicto armado que cobraría una elevada cuota de sangre".

El 30 de julio 50 sacerdotes celebran en la Catedral de Estelí a los esposos Barreda como nuevos mártires en los que se revela vitalmente que "entre cristianismo y revolución no hay contradicción". Miles de personas de todo el país asisten al acto y evocan la caída de los esposos. Su intachable trayectoria se va convirtiendo en un símbolo y en un ejemplo. Pero los Barreda no son casos aislados. Decenas de otros cristianos revolucionarios, especialmente campesinos, Delegados, jóvenes milicianos, han muerto víctimas de la guerra impuesta a Nicaragua o de la crueldad de la contrarrevolución.

Después de una amplia propaganda sostenida durante meses, que incluye una canción de exaltación biográfica del Arzobispo, Mons. Obando celebra en Managua sus 25 años de sacerdote (14 agosto). Ese domingo, por disposición de la Arquidiócesis, no se celebran misas en Managua. Al acto -que incluye la única misa del día- asisten miles de personas. Sin ninguna alusión a la situación de guerra que vive el país, sino contando anécdotas, de su vida, el Arzobispo pide "por nuestra Nicaragua, para que el alacrán del odio no vierta su ponzoña sobre nuestro pueblo".

Septiembre - Noviembre 1983: ¿La última crisis?

El 29 de agosto, y mientras se discutía en el Consejo de Estado el proyecto de Ley de Servicio Militar Patriótico, la Conferencia Episcopal publica un documento de claro contenido político, muy similar en sus argumentaciones al emitido el día 19 de agosto por el Partido Socialcristiano, al abandonar en el Consejo la discusión de la ley porque el "legítimo movimiento social y popular revolucionario inicial se ha convertido en un partido político". Sugieren también la objeción de conciencia a la Ley. " "Y nadie -añaden- puede ser castigado, perseguido o discriminado por adoptar esta solución".

El documento tuvo más repercusión en el interior -en donde provocó los debates habituales en estos casos, aumentados ahora por lo sensible del tema en momentos en que se incrementaba la guerra de agresión- que en el exterior. En el primer momento no apreció claro si los 9 obispos de la Conferencia apoyaban el texto, pues Mons. López Ardón (Estelí) no estaba en el país y Mons. Santi (Matagalpa) y Mons. Schlaeffer (Bluefields) hicieron declaraciones que no concordaban exactamente con el contenido del documento.

A mediados de septiembre, las comunidades cristianas, en un largo documento titulado "Queremos la paz", recogían inquietudes acumuladas en la conciencia cristiana a lo largo del tenso período de la emergencia y contestaban a los argumentos que daban los obispos para deslegitimar al Estado revolucionario. El documento ha sido clarificador en el interior y especialmente en el exterior, donde tanto se a agigantado en estos meses el tema de la "militarización" de Nicaragua. Generalmente, la jerarquía no suele hacer ninguna referencia a estos documentos de reflexión.

Hay que anotar en la polémica intraeclesial en Nicaragua hay una gran diferencia entre las líneas teológicas que siguen los escritos que produce uno y otro modelo de Iglesia. De un lado, predomina una reflexión más abstracta y universal, que pretende ser válida para todos los lugares y tiempos. Del otro, predomina el intento de iluminar con el Evangelio la nueva realidad y las etapas del proceso de cambios. No se trata de los mayores recursos económicos que unos tienen sobre los otros ni mucho menos de ese tópico que afirma que "la Iglesia de los pobres es la rica y la Iglesia de los ricos es la pobre". Más bien hay un marcado desnivel en la creatividad, en la constancia, en las iniciativas y en el cuadro teológico que se emplea. Esto se puso especialmente de manifiesto, por ejemplo, en los materiales con que unos y otros contribuyeron a la preparación de la visita del Papa.

El día 30 de octubre, penúltima día para la inscripción en el Servicio Militar, organizaciones revolucionarias se tomaron las calles cercanas a diferentes parroquias, especialmente en Managua, con el fin de impedir que se realizaran algunas procesiones y actos masivos en pro de la objeción de conciencia. El precedente de estos actos había sido una procesión de miles de personas en Managua el 9 de octubre en la que el tema de la objeción fue central. Jóvenes de la pastoral juvenil arquidiocesana marcharon con la consigna "Si quieres la paz defiende tu vida" y Mons. Obando se refirió a Cristo, que no "derramó la sangre de nadie sino su propia sangre".

Los procedimientos de las organizaciones revolucionarias para detener los actos previstos fueron muy exaltados y sorprendieron a bastantes fieles que acudían a la misa del domingo ajenos a estos planes. En el barrio de San Judas de Managua se desarrollaron los incidentes más espectaculares. Fue allí donde hubo más presión y violencia verbal de parte de "las turbas". (Apelativo que tienen los grupos organizados cuando están en las calles, también en las manifestaciones; popularmente se habla de "las turbas perfumadas" (anti-sandinistas) y de las "turbas divinas" (sandinistas)). En San Judas iba a celebrar la misa el obispo auxiliar de Managua, Mons. Bosco Vivas, que no logró entrar al barrio. Fue insultado, pero no golpeado de ninguna manera. Conviene saber que el insulto y la palabra burla fuerte son en Nicaragua ingredientes frecuentes de cualquier desorden callejero, sea del signo que sea. Son más una expresión sociocultural que ideológica.

En San Judas y en otras parroquias en donde hubo incidentes, éstos fueron más agudos pues desde hacía tiempo había ya tensiones con los respectivos párrocos. En tres de las parroquias en las que hubo problemas ese domingo (Tipitapa, Centroamérica y San Judas mismo) los anteriores párrocos, abiertos a la revolución, fueron removidos por el Arzobispo para poner en su lugar sacerdotes de línea contraria al mismo. Esto produjo tensiones meses antes. Ha sido una de las líneas pastorales de la Arquidiócesis -también ha habido casos en Juigalpa- el asegurar por diversos medios -remoción de párrocos, desautorizaciones públicas- que las parroquias estén en manos de sacerdotes muy fieles a las líneas jerárquicas. Estas decisiones jerárquicas son las que han dado pie a que dirigentes revolucionarios afirmen públicamente que "en Nicaragua sí hay persecución religiosa" y es la que algunos obispos han desatado contra sacerdotes, religiosos y fieles que apoyan el proceso.

Otro elemento que había acumulado tensiones previas en algunas de las parroquias "agredidas" fue un hecho que ha resultado muy desorientador para los sectores del pueblo afectados: algunos de los sacerdotes-párrocos opuestos a la revolución expresan esta oposición negándose a celebrar misas de funeral o responsos de difuntos por los miembros del ejército nicaragüense o de los batallones de reserva o de las milicias caídos en la guerra. Este hecho ha ahondado tensiones en la Iglesia.

Después de los incidentes del domingo 30, y como reparación, la Arquidiócesis declaró el día 2, Día de los Difuntos, como Día de Luto, Ayuno y Oración cerrando los 60 templos arquidiocesanos -medida jamás vista en la historia del país-. "L' Osservatore Romano" del Vaticano, en su edición semanal en español, se refirió en primera plana a los incidentes de esta forma: "A la profanación" de la celebración eucarística, presidida por el Papa en su peregrinación a Centroamérica el pasado mes de marzo, y a las continuas vejaciones que padece la comunidad católica de Nicaragua, se añade ahora otro episodio de provocación e intolerancia religiosa que causa honda preocupación". Sobre el Día de Luto en la Arquidiócesis afirmaba el vocero vaticano que "es una respuesta sellada con la fe a una provocación llevada a cabo bajo el sello de la violencia".

El día 31 eran expulsados de Nicaragua dos sacerdotes salesianos: José María Pacheco (costarricense) y Luis Corral (español), profesores en el Colegio de Masaya, acusados de propagandizar de palabra y con escritos la objeción de conciencia al servicio militar. La Conferencia Episcopal, además de avalar públicamente la gestión de los sacerdotes, reclamó al gobierno (3 noviembre) que no se había tenido en cuenta la autoridad de los obispos al decidir la expulsión, aunque sí habían sido advertidos previamente los superiores salesianos. En España, el P. Corral -que se declaró "un aprendiz de Gandhi y de la no-violencia"- afirmó que su expulsión era "injusta' ya que "no ha habido una injerencia en asuntos estatales por miniparte" y que el escrito que provocó su expulsión era uno en le que "abogaba por el diálogo entre los bandos en lucha. Siguiendo estos principios, creo que el FDR o como se llame (se refiere a la somocista FDN) podría deponer las armas e iniciar un diálogo de paz con los sandinistas". La negativa al "diálogo" con los ex-guardias somocistas -diálogo en el que ha insistido últimamente la Administración norteamericana- es un "asunto estatal" y por eso la postura del gobierno revolucionario se ha mantenido invariable en este punto, en fidelidad a lo acordado por todas las fuerzas políticas y sociales opuestas a la dictadura, entre las que hubo unanimidad en que el no retorno del somocismo a Nicaragua era base de la nueva sociedad. (Programa de Gobierno de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional, 1.1).

En las primeras semanas de noviembre, la inminencia de una invasión contra Nicaragua movió a las comunidades de PP. Dominicos que trabajan en el país, a los jesuitas de la Provincia Centroamericana, al Concilio Ecuménico Blufileño -en el que se integra la Iglesia Católica de la Zona Atlántica- y a decenas de comunidades de base a expresar su condena a esa posible intervención norteamericana en Centroamérica y su apoyo a una solución pacífica al conflicto en el área.

El 9 de noviembre la Junta de Gobierno se reunía, por primera vez en dos largos años de tensiones, con la Conferencia Episcopal, con el fin de reabrir canales de diálogo en momentos especialmente críticos para el país por la inminencia de la guerra.

El encuentro resultó "positivo", según declaraciones de ambas partes. Por parte del gobierno revolucionario, el diálogo con la jerarquía católica se inscribe dentro de una amplia serie de medidas que estas últimas semanas se han tomado para fortalecer la unidad nacional y contribuir a reafirmar la voluntad de paz de la nueva Nicaragua (amnistía para mískitos y campesinos alzados en armas contra la revolución, liberalización en el control de los medios informativos, anuncio del calendario electoral, diálogos con partidos políticos de oposición y productores privados, etc.).

Por parte de la jerarquía, el inicio de diálogo se vio especialmente favorecido por el hecho de que desde el pasado 21 de septiembre es presidente de la Conferencia Episcopal de Nicaragua Mons. Pablo Antonio Vega, prelado de Juigalpa, de quien se espera un liderazgo al frente de la jerarquía menos conflictivo que el de su antecesor el Arzobispo de Managua.

Las pláticas jerarquía-gobierno han continuado realizándose de manera informal a partir del día 9. Es de esperar que problemas pendientes que se han ido acumulando a lo largo de años en las distintas diócesis vayan encontrando soluciones concretas a través de estos necesarios canales de diálogo.

Cuando este informe termina de escribirse, la distensión esperanzada -en todos los ámbitos de la realidad nacional, también en el eclesiástico- son la tónica dominante. El pueblo de Nicaragua, a la vez que recoge el nuevo café y continúa defendiendo las fronteras de la nación, adorna con la fidelidad puntual de cada año los altares a la Virgen Purísima rezando con más esperanza que nunca porque la paz sea en Centroamérica.

Imprimir texto   

Enviar texto

Arriba
 
 
<< Nro. anterior   Nro. siguiente >>

En este mismo numero:

Nicaragua
Combatiendo con corazón ardiente y negociando con cabeza fría

Nicaragua
La Iglesia Católica en Nicaragua después de la revolución
Envío Revista mensual de análisis de Nicaragua y Centroamérica