Envío Digital
 
Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 28 | Octubre 1983

Anuncio

Nicaragua

Los jóvenes en un país joven

El 67.2% de la población de Nicaragua tiene menos de 24 años. He aquí una primera aproximación al pasado, presente y futuro de estos hombres y mujeres entre 14 y 24 años, de quienes depende en gran medida la transformación social de la nueva Nicaragua.

Equipo Envío

Muy poco tiempo después del triunfo revolucionario, Ernesto Cardenal escribía un poema dedicado a los jóvenes caídos en la lucha:

"...de 20, de 22, e 18, de 17, de 15 años.
Los jóvenes matados por ser jóvenes.
Porque tener entre los 15 y los 25 años en Nicaragua era ilegal.
Y pareció que Nicaragua iba a quedar sin jóvenes...

Fue un espejismo que el dolor produjo en el poeta. Nicaragua no se quedó sin jóvenes. A pesar de tanta sangre nueva derramadas sigue siendo -como casi todos los países de América Latina- un país joven, un país de jóvenes. Y ahora, un país en donde los jóvenes están "en el poder". Están en puestos de gran responsabilidad política, sindical, militar, administrativa, cultural... Están en todas partes. El 67.2% de la población de Nicaragua tiene menos de 24 años. Aunque los datos para evaluar cuantitativamente el fenómeno del sector juvenil de la población nacional sean aun muy escasos y dispersos, hemos querido elaborar esta primera aproximación al pasado, presente y futuro de estos hombres y mujeres entre 14 y 24 años, de quienes depende en gran medida la transformación social de la nueva Nicaragua.

Durante el somocismo: en el campo, creciente proletarización e ideales inmediatistas

En Nicaragua se carece aún de suficientes datos precios para evaluar los fenómenos sociales. Sin embargo, la experiencia diaria y el pasado reciente sí permiten describirlos con bastante justeza. La estructura tradicional de la familia campesina nicaragüense concentra en el padre todo el poder. El es la autoridad que manda y decide, él es quien recibe a las visitas, el que come aparte y mejor. No hay posibilidad de que los hijos cuestionen esta autoridad. Ni tampoco de que rompan con la dependencia paterna para participar -en cualquier nivel- en algún grupo extrafamiliar. Esto era lo que sucedía en todo el campo nicaragüense en los comienzos del somocismo.

Un factor económico-social vino a quebrar esta férrea estructura. En los años 50, años de expansión algodonera, miles de campesinos fueron despojados de sus tierras y arrojados por los grandes terratenientes a las "fronteras agrícolas" -tan abundantes en un país prácticamente vacío- o a la periferia de las ciudades. Los que entonces eran jóvenes carecían de la experiencia necesaria para conocer el manejo de una unidad de producción agrícola y prefirieron las responsabilidades propias de un trabajo asalariado. se fue conformando así una mentalidad cortoplacista. Recibir dinero sábado a sábado era una novedad y se transformó en un ideal. La inercia de una larga historia de pasividad llevaba a los jóvenes -incluso a los adolescentes de 12 y 13 años- a gastar este salario -escaso, pero fijo- en el alcohol y en el juego.

Por otro lado, esta generación -aun dentro de la limitación de oportunidades provocada por la dictadura- pudo estudiar algo más que sus padres. Los que estaban cerca de zonas urbanas vieron influenciadas sus costumbres por esta proximidad de la ciudad. Esto sucedió especialmente en las comarcas que rodean la ciudad de Managua. Fue general entre esta juventud campesina, desplazada y enfrentada a una situación tan distinta a la que habían conocido, el sentimiento de no querer seguir siendo campesinos. No podían seguirlo siendo y tampoco querían serlo. Por eso muchos optaron por vender sus pequeñas herencias de tierra para instalarse definitivamente en la ciudad. Los que nunca tuvieron nada, ni un trozo de tierra, fueron los más afectados por esta situación de desarraigo. de ellos se nutrieron las filas de los marginales urbanos.

En el momento del triunfo, el grueso de la juventud campesina es un estrato social bastante proletarizado, sea en nuevos espacios agrícolas o en el anillo que rodea las ciudades. El amor a la tierra es débil y el mayor ideal es la satisfacción de necesidades inmediatas.

En la ciudad: mayor independencia y mayor concientización

La situación de los jóvenes en las ciudades -especialmente Managua, León, Granada, Estelí, Matagalpa- era distinta. En los barrios populares marginados -tan abundantes en Nicaragua- los muchachos y las muchachas desde muy temprana edad, asumen tareas de adultos para reforzar la economía de la casa. Esta realidad comienza prácticamente en la niñez. Pequeños vendedores que acompañan a las madres, expertas vendedoras del mercado; muchachos que arriesgan la vida entre el tráfico callejero vendiendo periódicos o frutas, lustrabotas y vendedores de chicles, -también mendigos...- son muchos de los jóvenes en este ambiente. Es un mundo en el que la diversión sana, el compañerismo, el desarrollo normal, apenas tienen un lugar. Las perspectivas de futuro para estos muchachos eran miserables. De ahí nacían delincuencia y prostitución.

Si bien en la ciudad había mayores oportunidades para estudiar, la necesidad de atender primero que nada a la supervivencia, hizo de la deserción escolar, ya desde los primeros años de la enseñanza, un hábito entre estos potenciales estudiantes. La diaria batalla por ganar unos centavos fomentó actitudes individualista, a la par que iba esperando un sordo sentimiento de rebeldía ante una estructura injusta y aparentemente sin salida.

En las clases medias y altas era otra la situación. De entre ellas surgió el grueso de la clase estudiantil de Nicaragua. Los gustos de estos jóvenes -manipulados por la penetración cultural norteamericana- marcaron los estilo masivos de diversión en cuanto a música, bailes, fiestas... Para muchos la única aspiración era acceder a niveles de bienestar más altos y su escala de valores tenía el éxito personal, el afán de lucro o el individualismo como pautas de conducta. Muchos se prepararon profesionalmente en el extranjero y regresaron al país aún más alienados culturalmente, más distantes de la realidad de un país tan extremadamente subdesarrollado como era el suyo.

De estas clases, por dialéctica histórica, surgirían también muchos jóvenes revolucionarios, inconformes desde su posición de privilegio con la situación de opresión de sus hermanos, con ojos abiertos y conciencia en carne viva para descubrir que había posibilidad de cambios sociales profundos. Ellos formarán las organizaciones juveniles estudiantiles que tan gran aporte harán a la lucha de liberación contra el somocismo.

La juventud en la insurrección

Estos rasgos generales que caracterizan a la juventud campesina y urbana se dan en el marco de una sociedad dependiente, empobrecida y sacudida por transformaciones profundas de la dinámica capitalista. Las ciudades del Pacífico -Managua, Estelí, Matagalpa, León, Carazo y Chinandega- acogen a la mayoría de los campesinos desplazados y expropiados de sus tierras. En estas ciudades se concentrarán también los empleados del sector terciario, que en Nicaragua tiene su origen y se desarrolla paralelamente al proceso de industrialización de los años 50. La escasa industria de Nicaragua nace entonces, en relación con el desarrollo capitalista de la economía agro-exportadora. En las ciudades del Pacífico surgen colegios, universidades, servicios, la infraestructura vial y portuaria...

Otro factor a tener en cuenta en este marco es el desarrollo de la industria de la construcción que se produce después del terremoto de Managua en 1972. En torno a la construcción se estructurará el núcleo más importante del proletariado urbano, que en Managua quedará sumergido dentro de un sector informal más amplio de comerciantes urbanos y empleados del sector servicio.

En esta situación se produce un fenómeno singular: mientras entre 1963-78 la población urbana aumenta del 4.1% al 4.8% por año, la población estudiantil de secundaria crece en ese mismo período en un 16.8% por año. El acelerado crecimiento del profesorado-estudiantado y a la par, de la población marginal urbana desempleada o subempleada, permiten comprender por qué el espacio más apto para desafiar al poder fueran las ciudades y la importancia estratégica que tenía el que la lucha antisomocista se desarrollara en círculos concéntricos desde la periferia hasta alcanzar Managua.

En una evidencia que la revolución sandinista es una revolución joven. Quienes participaron en la guerra y en la insurrección tenían menos de 20 años como edad promedio. Los jóvenes, junto a las clases pobres de las ciudades y el expandido sector terciario constituyeron una especie de tercera fuerza social que fue realmente la base social de la insurrección, con una significación mucho más importante que la que tuvieron las fuerzas sociales del proletariado y del campesinado.

La ideología sandinista -antiimperialista, nacionalista y justiciera- potenció enormes energías juveniles reprimidas durante mucho tiempo. Este factor subjetivo politizó a los jóvenes, a la par que los politizaban los factores económico-sociales en los que se veían inmersos y que les hacían rechazar contestaría y revolucionariamente los valores de un sistema capitalista corrupto.

Estos jóvenes no sólo participaron en manifestaciones, en hostigamientos a la guardia nacional, en apoyo logístico a la guerrilla, sino que potenciaron con múltiples actividades la capacidad de convocación que el ideal revolucionario tenía en el pueblo. Los jóvenes fueron los organizadores de la insurrección en los barrios de Managua, los más activos integrantes de los Comités de Defensa Civil. De ellos se nutrieron las brigadas y las unidades de combate de las guerrillas urbanas y rurales. Sin ese entusiasmo juvenil una guerra tan desigual hubiera sido imposible de sostener. El idealismo juvenil permitió a todos vislumbrar una salida a una situación de opresión y represión tan cerrada. Ese mismo idealismo sigue siendo el impulso para cumplir con los desafíos que la revolución les presenta.

La juventud después del triunfo revolucionario: la gran escuela de la alfabetización

Cuando llegó la hora del triunfo, todo estaba por hacer. Partiendo prácticamente de la nada había que organizar una nación y sus instituciones, había que reconstruir lo destruido en la guerra, había que darle un sentido nuevo a la nueva historia. Las tareas eran inmensas, complejas y la urgencia no permitía detenerse para preparar adecuadamente a los que iban a asumir tan enorme responsabilidad. El entusiasmo de los jóvenes ha sido puesto a prueba en la reconstrucción mucho más que en la insurrección.

Cuando un pueblo que no sabía leer y escribir o que estaba apenas alfabetizado no se podía hacer realidad un proyecto social y político tan profundo como era la revolución. La Cruzada de Alfabetización, que empezó a planearse inmediatamente después del triunfo y que se inició en marzo de 1980,es la primera tarea que se le presenta a la juventud nicaragüense como desafío.

Aproximadamente 100,000 jóvenes de todas las clases sociales se integran en las brigadas de alfabetización que se desplazan por todo el país. Por 6 meses conviven y comparten jóvenes campesinos con jóvenes de la ciudad. Para muchos de éstos es la primera vez que se aproximan a la vida campesina. La Cruzada fue una gran escuela para unos y otros. Un acontecimiento social de concientización masiva incomparable.

Las tareas de la Cruzada permitieron a los jóvenes campesinos ser reconocidos en su comunidad por primera vez como sujetos con un rol social propio. Ellos eran los que mejor podían colaborar con los brigadistas que llegaban de la ciudad. Ellos se constituyeron líderes, porque con ellos había que contar: conocían el terreno. La Cruzada no sólo inicia una nueva relación entre el campo y la ciudad, entre el campesino y el joven urbano, sino que es también el inicio de una relación nueva del joven campesino al interior de su comunidad rural. Muchos de estos jóvenes brigadistas alfabetizadores -junto a otros incorporados más adelante- dan hoy continuidad, a través del Programa de Educación de Adultos, a la tarea iniciada entonces.

El reto de reconstruir y defender el país

Para la juventud, la defensa de los logros que va alcanzando la revolución, que es a la par la defensa de la nación, se ha convertido muy pronto en tareas prioritarias con la que expresar el compromiso con la revolución.

El grado de compromiso entre los jóvenes -si los miramos globalmente- varía según una serie de factores entre los que el haber participado o no en la insurrección juega un papel clave. También es muy importante el ambiente familiar en el que se desarrolla este compromiso. La clase social a la que se pertenece es menos importante. Y así, hay jóvenes de clase media o alta, de barrios marginales o de sectores rurales, integrados plenamente en las tareas de la revolución, a la par que los hay en esas mismas clases apáticos y desinteresados.

La defensa armada y la defensa de la producción económica recaen en buena medida sobre los hombros de la juventud. Es una realidad para la que no hay cifras, pero que se muestra ante cualquiera, que las milicias territoriales y los batallones de reserva a la par que las brigadas para la corte de café, algodón y caña de azúcar, están formados mayoritariamente por jóvenes entre 15 y 24 años. En estas dos trincheras, jóvenes voluntarios continúan manteniendo vivo el espíritu de compromiso social que iniciaron con la Cruzada.

También en las jornadas de salud, que buscan mejores niveles de higiene ambiental y la implementación de métodos de salud preventiva, está la juventud. Se calcula que en la campaña contra la malaria de noviembre de 1981 participaron más de 80,000 jóvenes.

En el campo, los jóvenes han pasado a ocupar puestos de responsabilidad comunitaria. En las cooperativas, por ejemplo, un cargo tan clave como el de la administración, está en manos juveniles, pues ellos tienen una mayor preparación. Hay cooperativas que tienen como secretarios de finanzas a muchachos de 15 años. Los sindicatos campesinos están formados casi en un 80% por población juvenil. Por otra parte, la juventud rural es la que con mayor naturalidad se vincula a los organismos de masas centralizados en la ciudad. También por este ángulo se han roto los diques que separaban al campo de las ciudades.

Una nueva educación para una nueva juventud

La educación en Nicaragua respondió durante muchos años a las necesidades técnicas y económicas de un modelo social elitista, marcado profundamente por el individualismo. Los pensum de estudios y los programas universitarios no se organizaban según el interés nacional, que demandaba investigadores, técnicos agrícolas, creadores. Todavía se parecen las consecuencias de este sistema y será necesario que transcurra mucho tiempo para superar este subdesarrollo.

Los cambios iniciados en el campo de la educación en la que debe ser formada la nueva juventud, evidencian las prioridades de la revolución. Desde la Consulta Nacional sobre Educación (1980) hasta hoy se han producido desarrollos significativos.

La matrícula universitaria pasó de 23,791 (1978) a 33,800 en el primer semestre de 1982. Este incremento de la matrícula en los niveles superiores están en relación con el objetivo de transformar la composición social del estudiantado universitario. Hasta 1979 el acceso a la universidad era un privilegio para los jóvenes con mejores recursos económicos. El campesino y el muchacho marginal de la ciudad tenían todas las puertas cerradas.

Aunque todavía los resultados no son clamorosos, se han dado pasos significativos. Tal vez el más importante ha sido la creación de las llamadas Facultades Preparatorias, orientadas a incorporar a jóvenes campesinos y urbanos de escasos recursos, priorizando a los sectores rurales. Al terminar el sexto grado pueden ingresar en estas Facultades en un régimen de internado totalmente gratuito. Después de completar tres niveles pasan a la universidad. Actualmente, hay un grupo numeroso de muchachos del Departamento de Río San Juan, uno de los más empobrecidos y aislados del país.

Otro cambio importante en la política educativa ha sido la transformación de las carreras. En el primer semestre de 1982 se creó el 46% de las carreras técnicas que hoy existen. Y de los 33,800 alumnos inscritos en el primer semestre de ese año, el 13.4% lo hicieron ya en esas carreras (un 7% más sobre el curso anterior).

También se orienta la educación a romper la superación que históricamente había existido entre trabajo manual productivo y estudio. El Ministerio de Educación ha implementado a todos los niveles escolares el Programa Estudio-Trabajo, que permita acercar estas dos realidades. Para incentivar la creatividad en este campo, se organizan anualmente las Jornadas de Ciencia y Producción a nivel medio y las Científico-Universitarias en la enseñanza superior. En ambos casos, se da la oportunidad a los jóvenes para que puedan desarrollar sus conocimientos teóricos en diversas ramas que vinculan, en forma concretas, estudio y producción.

En la última jornada, celebrada en octubre y noviembre de 1983 participaron 18,000 estudiantes con 2,500 proyectos, de los cuales 52 fueron elegidos como ejemplares. En las tres áreas-sociales, productiva y de infraestructura se presentaron proyectos como la protección del puerto de Corinto de los violentos oleajes mediante la construcción de espigones de mangle para acumular arena; la obtención de eucalipto y su aplicación como médicamente; la siembra sistemática del cardamomo, planta aromática que tiene mercado internacional y sirve para dar sombra a las plantas de café, etc.

Algunos desafíos en la nueva educación

Uno de los problemas más serios relacionados con estos cambios cuantitativos en la educación están en relación con el rendimiento académico, especialmente en el nivel universitario. Es un problema que ha provocado un debate a nivel nacional a lo largo de varios meses de 1983.

Las cifras son alarmantes. De los 11.446 aspirantes que se presentaron a ingreso en la universidad en el primer semestre de 1983, sólo aprobaron la prueba inicial de ingreso el 4.79% Es un índice de la mala preparación que traían. Managua, en donde se supone que están los mejores centros educativos del país y el profesorado mejor preparado técnica y pedagógicamente, aportó el 57% de los aspirantes. Y sólo aprobó el 1%. En estas mismas fechas, el 80% de los estudiantes del primer año de Ingeniería reprobaron matemáticas. Del segundo año, reprobó el 70%. Es preocupante: no se podrá desarrollar el país con ingenieros, agrónomos y técnicos mediocres o deficientemente preparados.

Decir simplemente que el bajo rendimiento académico es producto de la revolución, es un error. Las diferencias del sistema educativo heredado no se superan en cuatro años. Hay carencias de materiales -laboratorios, libros, aulas- y carencias más profundas en los hábitos de estudio y en metodología adecuadas.

Y si la revolución tiene que afrontar este problema que aunque heredado tiene que resolver, también deberá reflexionar sobre el sentido del incremento en la matrícula de nivel superior (para 1984 la proyección de incremento es de 15,000 nuevos cupos). dada la situación económica del país, puede ser un planteamiento irreal un ritmo de incremento como el previsto de 15,000 o más alumnos por año. ¿Estará el país en capacidad de absorber el flujo de profesionales egresados de las universidades nacionales o extranjeras en un futuro cada vez más cercano?

Una nueva cultura

Si la educación quiere se renovada, también la lectura. No es fácil responder actualmente a la pregunta sobre los hábitos culturales, los gustos y las costumbres recreativas de los jóvenes nicaragüenses. Estamos en plena transición y las transiciones culturales son muy lentas. En la ciudad es una realidad visible que la penetración cultural norteamericana, producto de la larga dictadura, ha introyectado valores y hábitos extraños a las verdaderas raíces del pueblo nicaragüense. El desprecio y la falta de interés por conocer la propia cultura privilegian aún la música, canciones, modas y costumbres importadas durante muchos años de los Estados Unidos. La creación de un nuevo sistema de valores que en lo cultural se exprese por la búsqueda de la identidad nacional, es aún más una meta que una realización.

Los medios de comunicación masivos, hacen esfuerzos por brindar una programación coherente con los nuevos valores, pero los avances no han sido muy significativos. No tiene aún el país capacidad técnica ni económica ni profesional suficiente para enfrentar este reto. Hacer buenos programas de radio, de TV, hacer buen cine, cuesta muchísimo dinero. Y Nicaragua es un país muy pobre.

En ámbito menos masivos, el Ministerio de Cultura ha desarrollado, a través de los Centros Populares de Cultura (CPC) una serie de actividades orientadas a promover la cultura popular. En el primer semestre de 1982, estos Centros realizaron 39 exposiciones, 40 seminarios y asesorías para artistas aficionados, 584 eventos artísticos y 35 festivales populares. La participación juvenil en todas estas actividades ha sido decisiva, tanto en la preparación como en la convocatoria y la realización.

La Juventud Sandinista impulsa el Movimiento "Leonel Rugama" -poeta revolucionario asesinado a los 20 años- en el que participan más de 4,000 jóvenes en todo el país. El objetivo de este movimiento es proporcionar a todos los jóvenes posibilidades de desarrollo artístico según la inquietudes de cada uno.

Durante años, los únicos medios de recreación para los jóvenes han sido -y siguen siendo aún- las discotecas y cines en las ciudades y las peleas de gallos en algunos barrios y zonas rurales. Implementar medios de recreación alternativos, es una tarea cada vez más urgente, también como medio para neutralizar la tensión que produce el actual estado de guerra. En las ciudades existen ya centros recreativos nuevos y este año se han destinado 10 millones de córdobas para establecer centros recreativos en cada cabecera departamental. Estos centros de diversión para la juventud cuentan con cachas de baloncesto, fútbol y baseball, piscinas, bibliotecas y áreas para juegos de ajedrez, etc. El desafío serán aún por mucho tiempo las zonas aisladas del campo, donde los jóvenes se ven impulsados por al inercia a hacer del alcohol la mejor válvula de escape, como siempre lo hicieron sus padres.

El deporte ha recibido también atención especial. es frecuente ver los fines de semana en las calles y espacios vacíos, grupos de muchachos jugando béisbol, fútbol y otros deportes.

El Instituto Nicaragüense de Deportes (IND), realizó durante el primer semestre del 82, un total de 301 competencias en las que participaron 39,296 atletas de las diferentes ramas deportivas. La juventud sandinista impulsa también el "Movimiento Bosco Monge" -destacado deportista asesinado a los 19 años- que agrupa a 13,000 jóvenes interesados en cultivar algún tipo de deporte. Este movimiento surgió en 1980 y en 1981 organizó los Primeros Juegos Escolares Nacionales con la participación de 3,500 jóvenes.

La juventud organizada

Antes del triunfo, las organizaciones juveniles con alguna significación en Nicaragua, podrían agruparse en dos modalidades: las de carácter nacional: FER (Frente Estudiantil Revolucionario) AES (Asociación de Estudiantes de Secundaria) MES (Movimiento Estudiantil de Secundaria), todas conformadas mayoritariamente por estudiantes de distintos niveles.

Los movimientos estudiantiles de carácter nacional surgidos a partir de 1963, tuvieron una participación destacada en las luchas reivindicativas populares de los años 70, las huelgas de maestros, las movilizaciones contra el alza del transporte, etc. y se constituyeron en una fuerza de peso determinante en la lucha final contra la dictadura somocista.

La guerra y la insurrección disolvieron prácticamente estas organizaciones estudiantiles. En el momento del triunfo muchos de los dirigentes habían caído y las bases estaban dispersas. El nuevo modelo social exige ya otras organizaciones. Queriendo recoger en una los intereses revolucionarios de los jóvenes con el ideal de formar "un hombre nuevo para una sociedad nueva", nace el 23 agosto de 1979 la Juventud Sandinista 19 de Julio (J-S 19).

La JS es una organización política y quien entre en ella tiene que tener una clara definición política revolucionaria. Integran la JS 40,000 muchachos y muchachas entre los 13 y los 28 años como afiliados o militantes, además otros 25,000 pueden sr movilizados para tareas especiales. Los afiliados integrantes son generalmente estudiantes de distintos niveles. En 1983 se ha iniciado la expansión de la organización por centros de trabajo, hospitales y fábricas.

Todo joven que esté dispuesto a participar en las tareas que le señale la organización, puede integrarse voluntariamente y participar como afiliado. Si después de 6 meses se considera que ha respondido bien y que está dispuesto a mayores compromisos, puede pasar a ser militante. Actualmente, la trinchera de la defensa -armada en las fronteras, productiva en las cosechas- es la tarea prioritaria de la JS. "Pero tampoco podemos perder de vista -dice un militante- que nuestra trinchera es también el aula de clase. Ser los mejores estudiantes, ser ejemplo para los demás, saber combinar trabajo y estudio, superar el tradicional bajo rendimiento.... todo eso es meta para el joven sandinista, una meta difícil, pero por ahí queremos ir".

Después del triunfo y porque muchos de los jóvenes que participaron directamente en el derrocamiento de la dictadura eran cristianos, surgieron nuevos movimientos en los que seguir cultivando la reflexión cristiana y la celebración de la fe. Y así nacen la ECR (Estudiantes Cristianos Revolucionarios) y UCR (Universitarios Cristianos Revolucionarios) y las comunidades juveniles cristianas de base (CJCB). Son movimientos aún en fase de estructuración y con potencialidades de crecimiento no del todo desarrolladas.

Reflexiones

Son muchos los retos, muchos los desafíos que se plantean a este joven proceso y a sus jóvenes protagonistas. Dos ejemplos: la sobrecarga de tareas que recae sobre los más comprometidos con él, es preocupante. Cómo mantener el necesario equilibro entre el esfuerzo diario diversificado que exige la revolución, con el espacio de recreación necesario para superar pragmatismos, eficacismos, modelos de hombres y mujeres "máquinas de la revolución", es un gran desafío. Al estudio y al trabajo cotidiano se suman hoy tareas agotadoras: milicias, participación en los comités de defensa, brigadas de salud, recogida de cosechas... Un abismo incontrolado puede ser una mala resulta frente a este desafío. El joven necesita saber priorizar y ser educado para ese nuevo reto, que sí es un producto de la revolución y sus acelerados ritmos.

Para los jóvenes no comprometidos con la revolución el reto es bien distinto. Es dejarse interpelar por la novedad que encierra este proceso y que viene a sacarlos de una larga enajenación, a veces cómoda. O responden a este hora del desafío nacional y reconstruyen con todo el país, o se quedarán inexorablemente marginados de una historia en la que pudieron ser protagonistas y sólo fueron espectadores.

El camino que se vislumbra en la relación afectiva de la pareja es otro gran reto. Se impone implementar una educación sexual que responda a la nueva concepción de la relación hombre-mujer colocándola en su lugar justo. No es fácil en un país donde el machismo es tan fuerte, los "moralismos" están muy arraigados y muchos tabúes han formado parte de costumbres sociales. La revolución da un nuevo contenido a la relación afectiva de los jóvenes y se abre una nueva dimensión que rompe el círculo cerrado del individualismo para proyectarse en un amor más amplio: el amor a la patria, el amor al pueblo, la pasión por la vida de otros. Los extractos de una carta que una brigadista de los cortes de café escribe a su novio que está en un batallón, muestran esto:

Mi amor: tengo sueño, estoy cansada y con las manos hechas paste. Los zancudos me tienen acribillada, pero sé que hay 40,000 latas de café esperándome (...) Quiero que sepas que estoy muy orgullosa de que estés ahí, de que seas soldado vanguardia (...). Hablar desde las gradas del colegio tomándonos una cola era fácil, sabíamos que salíamos de ahí a nuestras casas. Ahora es el momento de probar si es cierto lo que decíamos: ¡Probemos que estamos con la causa del pueblo!

Frente a esta gran prueba de "amor político" está todo el pueblo de Nicaragua y especialmente la juventud.

Imprimir texto   

Enviar texto

Arriba
 
 
<< Nro. anterior   Nro. siguiente >>

En este mismo numero:

Nicaragua
La intervención norteamericana en el Líbano: ¿un mensaje cifrado?

Nicaragua
Un ejército del pueblo y para la defensa

Nicaragua
Los jóvenes en un país joven
Envío Revista mensual de análisis de Nicaragua y Centroamérica