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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 148 | Mayo 1994

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Nicaragua

Congreso FSLN: lo que está en juego

¿Cuál debe ser el programa y la estrategia alternativa del FSLN conviviendo con un proyecto neoliberal que fabrica cada día más nicaragüenses empobrecidos?

Orlando Núñez

Si tuviéramos que resumir los factores que tienen en jaque la unidad del FSLN, escogeríamos dos preguntas. ¿es posible recuperar la identidad revolucionaria aceptando un proyecto neoliberal, y conviviendo con una lógica de mercado inclinada hacia la concentración de la riqueza en manos de la nueva burguesía? Si esto no es posible, ¿cuál debe ser entonces el programa y la estrategia alternativa para un FSLN que no tiene en agenda la lucha armada como forma de recuperar el poder político, pero que guarda un compromiso con los desposeídos, que son hoy más que nunca la mayoría de la población nicaragüense?

La gran confrontación del 90

En 1990, el FSLN sometió a la decisión popular el poder político conquistado a través de una revolución armada diez años antes. No obtuvo la mayoría electoral y sufrió su primera derrota, probando las reglas de juego de la democracia liberal. Era evidente que una década no había sido suficiente para transformar la conciencia popular en una sociedad bombardeada durante mucho tiempo por la doctrina del libre mercado. Vistas así las cosas, bien podríamos afirmar que el 40% de votos sandinistas alcanzado en aquellas elecciones fue una de las tantas hazañas de la revolución en las postrimerías de fin de siglo.

Muchas explicaciones se han dado sobre aquella derrota. Unos la interpretan por la presión imperialista. Otros la achacan a los errores del sandinismo. La verdad es que, independientemente de la cuota de verdad de estos argumentos e independientemente de cómo se hayan revestido los contendientes, en las elecciones del 90 compitieron los dos grandes proyectos que escenificaron el enfrentamiento ideológico del siglo XX: el capitalismo y el socialismo.

De nada sirvieron los esfuerzos sandinistas optando por una economía mixta, por el pluralismo político y por el no alineamiento. De poco sirvieron los esfuerzos de la teología de la liberación, aspirando a humanizar socialmente las relaciones entre hombres y mujeres y a neutralizar los prejuicios anticomunistas. Y pocos sandinistas levantaron a tiempo la voz para contrarrestar los excesos del estatismo revolucionario - frente a una población acostumbrada a otros valores - o los excesos del fundamentalismo partidario.

Un pacto agotado

A la derrota electoral siguió un ininterrumpido esfuerzo gubernamental para desmantelar los logros revolucionarios, todavía debilmente institucionalizados: la democratización de la salud, de la educación, de la propiedad agraria y urbana, la probidad administrativa, la dignidad nacional. Las tropas campesinas de la contrarrevolución pasaron al desempleo junto a la mayoría de los sandinistas, el FMI intervino Nicaragua, la corrupción gubernamental y la concentración de la poca riqueza en manos de algunos se disfrazó de privatización y neoliberalismo.

La derrota electoral del FSLN no resolvía todas las contradicciones. Y la contrarrevolución neoliberal y la dirigencia sandinista firmaron un pacto político para atenuarlas. Independientemente de las intenciones, los resultados de aquel pacto han sido dos:

* El gobierno ha podido implementar su plan neoliberal en la forma más draconiana posible.

* El sandinismo ha podido mantener un espacio político, parlamentario y popular, y también casas y bienes proporcionales a las cuotas de poder político alcanzados durante la revolución.

Este resultado ha sido cuestionado por la derecha, por el centro y por la izquierda del espectro político de la sociedad nicaragüense. Y las contradicciones sociales, políticas e ideológicas han penetrado el corazón del sandinismo, aflorando con fuerza en ocasión del II Congreso del FSLN.

Las dos corrientes

Las posiciones más polarizadas reflejan, consciente o inconscientemente, los nuevos dilemas del FSLN. Por un lado, se apuesta a la renovación y se propone un distanciamiento de todo lo que no contribuya a la estabilidad, la paz y el progreso, invitando al sandinismo a aceptar las reglas del juego de la democracia electoral y poniendo todo el empeño en ganarse la opinión de las mayorías. Por otro lado, se señala un límite al discurso electorero , buscando cómo diferenciarse del resto de partidos políticos tradicionales, y un límite a los atropellos a que están siendo sometidos los sectores populares por parte del gobierno y de los grupos oligárquicos.

En todo caso, la democracia y la democratización - aun con todos sus costos - han penetrado las filas del FSLN. Unos insistiendo en la democracia política electoral y otros insistiendo en la democratización de la propiedad. Unos insistiendo más en el proyecto nacional y otros insistiendo más en el proyecto popular. Unos insistiendo más en las luchas parlamentarias y otros insistiendo más en las luchas populares. Unos avergonzándose del pasado y otros avergonzándose del presente. Unos añorando el poder y otros añorando la revolución.

Mientras el FSLN discute y se prepara para buscar una salida unitaria y de consenso en el Congreso, así como para recuperar su identidad perdida, el desempleo y la miseria siguen avanzando. Los desalojos de casas y parcelas por parte de la policía repiten escenas del antiguo régimen. La corrupción gubernamental es cuestionada hasta por los organismos financieros internacionales. La delincuencia y la prostitución se "democratizan" en todos los niveles. Los valores mercantiles no parecen tener competencia. La población se decepciona de todas las políticas y de todos los políticos y la demagogia comienza a ser moneda corriente en todos los partidos. La tentación de esperarlo todo de una mano salvadora multiplica las sectas religiosas y comienza a susurrar falacias al oído de casi todos, atentando contra el sentido común.

El FSLN es visto por mucha gente - incluso por sus detractores - como una fuerza política de estabilidad y se observa con preocupación el actual desgaste de sus dirigentes, que todavía no se percatan que el daño que hacen al "adversario" sandinista revierte sobre ellos mismos, porque todos son representantes de un partido que a veces pierde la perspectiva de su verdadero adversario: la miseria y desesperanza del país y de sus ciudadanos.

Democracia-revolución

Democracia y revolución siguen siendo el binomio complementario y contradictorio de todo partido revolucionario en un país pobre como el nuestro. Y el FSLN no es una excepción a este dilema. La democracia política nunca resolvió las injusticias sociales. Y las revoluciones no han tenido la oportunidad ni el modelo para gobernar o para transformar un país con una hegemonía suficiente que haga posible combinar la democracia política y económica.

Para bien o para mal, la revolución tiene que marchar con la velocidad de las masas y no con la prisa de los revolucionarios. Y la democracia política seguirá siendo el parámetro para conocer esa velocidad. A su vez, la democracia política sólo puede funcionar permanentemente con una base material que la sustente. De lo contrario, la dictadura será la única respuesta de las clases políticas para imponer, frente a la desesperación popular por la pobreza y el marginamiento, la estabilidad que todo país requiere.

El Congreso ya comenzó y su última sesión sólo sancionará el resultado de una correlación de fuerzas que se ha venido conformando a lo largo de las asambleas y al calor del debate. Los dilemas teóricos o prácticos señalados no serán resueltos en esta sesión. Pero al menos se habrá tenido el coraje de plantearlos y esto contribuirá a que el FSLN continúe perfilando su naturaleza de partido democrático y revolucionario.

Qué hay que combinar

Hasta ahora, los factores de consenso que parecen dibujar la nueva identidad del FSLN se encaminan a una combinación de la democracia representativa con la democracia participativa, que vaya más allá de los votos del día de las elecciones y que institucionalice la participación de las diferentes organizaciones - gremios, sindicatos, movimientos sociales - en la gestión del poder político y de las políticas económicas. Una combinación de las luchas parlamentarias con las luchas populares, que garantice la defensa de los ciudadanos frente a una ley cuya balanza se inclina a los que pueden comprarla y frente a un mercado que sólo permite la entrada a los grupos económicos de la oligarquía. Una combinación del respeto a la propiedad privada con la defensa de la pequeña propiedad y con el fomento por parte de los partidos revolucionarios de la propiedad asociativa, que neutralice la diferenciación social y permita democratizar la economía.

Una combinación del fortalecimiento de las estructuras partidarias con la renovación y revocabilidad de sus dirigentes, que viabilice la construcción del poder local y la democratización o control del liderazgo. Una combinación de la representatividad general de los militantes con la legitimidad de la participación sectorial y territorial, que permita y estimule la presencia de grupos marginados - mayoritarios o minoritarios -, como las mujeres, los indígenas, los jóvenes, las localidades periféricas, los profesionales y otros.

Mientras la agitación política e ideológica al interior del FSLN sigue creciendo y el fantasma de la división amarga el corazón de la militancia de base, las fuerzas liberales siguen avanzando y arrebatándole al FSLN los espacios de la oposición. Esperamos que las contradicciones y conflictos internos no agoten las energías para enfrentar al verdadero adversario: la restauración liberal.

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