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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 25 | Julio 1983

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Nicaragua

Hacia la guerra

En junio gran cantidad de batallones, integrados por milicianos y reservistas nicaragüenses han salido para las zonas de combate en el país. Nicaragua responde así a una guerra impuesta, que se acerca a un desenlace cuyo resultado será decisivo para el futuro de los pueblos y movimientos de liberación del área.

Equipo Envío

La situación actual puede entenderse mejor si hacemos un breve recuento del proceso político regional. Desde marzo de 1982, el gobierno norteamericano ha hecho un reacomodo en sus planes hacia Centroamérica. A partir de entonces es claro que el objetivo fundamental es el derrocamiento del Gobierno Sandinista mientras se debilita o al menos contiene al FMLN y URNG en el Salvador y Guatemala respectivamente.

El plan Reagan contra Nicaragua

Según el plan norteamericano quedaba descartada la posibilidad de una resolución del conflicto a través de Fuerzas Interamericanas de Paz o acuerdos militares con algunos gobiernos suramericanos, debido al conflicto anglo-argentino. Igualmente se buscaba el no enfrentar los elevados costos políticos y las dificultades institucionales de una intervención militar directa estadounidense, sin por ello descartarla en casos extremos. Desde esta perspectiva y aprovechando la creciente docilidad de los regímenes centroamericanos a los dictados de Washington, la Casa Blanca elaboró el siguiente plan contra Nicaragua:

- Agresiones armadas a todo lo largo de las fronteras norte y sur

La Guardia Somocista operaría en el norte, apoyada en la zona atlántica por el sector miskíto contrarrevolucionario. Las fuerzas de Edén Pastora y Chamorro Rapaccioli actuarían por el sur. El FDN actuaría desde Honduras y ARDE desde Costa Rica.

- Creación de una retaguardia sólida en ambas fronteras

En caso de guerra, Estados Unidos y Honduras la conformarían en el norte, mediante operativos ejecutados por tierra, mar y aire. Costa Rica, tras alegar problemas fronterizos, acordonaría la frontera sur con fuerzas internacionales.

- Liberación de un territorio

Y después de lanzada la ofensiva y formación de una junta provisional de gobierno, que sería reconocida al menos por EE.UU., Honduras y El Salvador. El ejército hondureño, amparado en tal tipo de legalidad y en denuncias sobre violación nicaragüense a su territorio, entraría a la guerra.

- En esta situación se preveía el levantamiento insurreccional de importantes sectores del pueblo nicaragüense

Al cual se le juzga altamente descontento por problemas económicos, la amenaza del ateísmo y el presunto totalitarismo político.

- Intervención militar directa de fuerzas norteamericanas

No descartada como último recurso, en caso de que el plan anterior se abocara al fracaso. En cualquier caso, los Estados Unidos jugarían una importante labor de retaguardia.

- Acción política-diplomática

Como parte de la guerra que buscaría la deslegitimación de Nicaragua acusándola de "totalitaria y guerrerista", abriendo así las posibilidades de ejecutar el plan descrito.

Este diseño político-militar ha sido denunciado por las autoridades nicaragüenses, haciendo ver su correspondencia con otras fuentes informativas. Pero sobre todo ha sido avalado por los hechos. Son éstos los que principalmente ratifican la dque dicho proyecto se está implementando. El plan se complementaría con el accionar en contra de las fuerzas revolucionarias de El Salvador y Guatemala para hacerlas retroceder o por lo menos contenerlas. Sería el derrocamiento del sandinismo el que vendría a dar el jaque mate a las fuerzas populares en el istmo.

La implementación del plan norteamericano

Según la Administración Reagan, sus nuevos planes deberían haber culminado victoriosamente en diciembre de 1982. Sin embargo no sucedió así. En efecto, con relación a Nicaragua las fuerzas somocistas del FDN mostraron un gran avance militar, pero una clara insuficiencia estratégica para incidir adecuadamente en los objetivos que se les habían señalado. Triplicaron el número para de sus acciones militares mensuales en relación al período anterior, desgastaron económicamente al gobierno, cuadriplicaron sus asesinatos, se convirtieron en unidades militares bien apertrechadas. Sin embargo, las nuevas actividades produjeron 411 Guardias somocistas aniquilados (7% de sus fuerzas) y no lograron incidir adecuadamente en contra de la cosecha del café y algodón nicaragüense. Por otra parte, la unificación con las fuerzas de ARDE avanzaba lentamente. Las actividades en el sur de Nicaragua eran aún incipientes, detectándose apenas en territorio fronterizo costarricense.

Se vio también que el ejército hondureño -compuesto por 20.000 hombres- encontraría graves dificultades en un ataque terrestre contra Nicaragua, pues la fuerza del ejército sandinista y de las milicias populares oscila entre 20.000 y 50.000 miembros respectivamente. La aviación hondureña afrontaría también graves riesgos en us acción debido a la defensa antiaérea nicaragüense.

El apoyo en la retaguardia de las fuerzas norteamericanas, aunque con alcances importantes, sólo serviría si tuviera posibilidades reales de triunfo el ejército hondureño o somocista. A su vez una intervención directa norteamericana afrontaría serios costos políticos tanto por el persistente síndrome de Vietnam al interior de EE.UU., como por la legitimidad internacional de Nicaragua. Esta ha quedado demostrada en su triunfo en el Consejo de Seguridad de la ONU y en el apoyo de Países No Alineados. Apoyo que, entre otras cosas, ha deslucido la propuesta costarricense-norteamericana del "Foro pro Paz y Democracia" en favor de la propuesta mexicano-venezolana que, a su vez, fue reforzada por Colombia y Panamá en la Isla de Contadora.

Como contrapartida, es preciso señalar que estas limitaciones no implican aún una victoria sobre el plan de Reagan. Los contrarrevolucionarios, con sus constantes incursiones armadas y las posibilidades siempre abiertas de sabotajes exitosos, conservan una potencialidad de destrucción nada despreciable. El ejército hondureño, aunque incapaz de un triunfo estratégico con sus solas fuerzas, tiene un poder destructivo sumamente alto, máxime si cuenta con la retaguardia norteamericana. Finalmente, una intervención directa norteamericana no es descartable si nos atenemos a declaraciones de altos dirigentes estadounidenses y al contenido de la Enmienda Symms, pues si es cierto que una intervención traería grandes costos al gobierno de Reagan también lo es que un derrota de su plan igualmente los acarrearía.

El panorama se complica si analizamos la situación de Guatemala y, sobre todo, la de El Salvador. El régimen de Ríos Montt, sin haber podido unificar plenamente al bloque en el poder, ha contenido ciertamente a la URNG, pero no le ha dado aún golpes decisivos. La situación de El Salvador ha comenzado a acelerarse significativamente. A partir de la campaña "Héroes revolucionarios de octubre 82" se ha iniciado la ruptura del equilibrio estratégico que hasta entonces había mantenido los ejércitos en lucha. Al mismo tiempo, el conflicto entre los grupos dominantes y los sectores militares ha tendido a agudizarse.

Las alternativas

Al llegar diciembre del 82, encontrándonos con la situación descrita y no con la "ofensiva final" contra el gobierno nicaragüense necesariamente surgieron varias preguntas: ¿Habría abandonado EE.UU. su plan militar inicial o solamente lo habría propuesto para crear mejores condiciones contra Nicaragua? O, por el contrario ¿se buscaría una salida negociada ante las dificultades de un triunfo militar? Además, ¿qué hacer ante los importantes avances del FMLN?. La intervención o la negociación eran entonces las alternativas posibles en el conflicto centroamericano. Ahora bien, al interior de cada opción eran viables varias fórmulas. Por ejemplo en caso de intervención, ¿se trataría de una intervención directa norteamericana o se trataría de una agresión a través de Honduras? En caso de negociación, ¿entre quienes sería la negociación y quienes los mediadores? Al no ser excluyente el binomio intervención-negociación, ¿qué relación tendría la acción armada con la acción diplomática y cuál de ellas sería el polo dominante?.

Basados en la disyuntiva intervención-negociación, se han desplegado a lo largo de 1983 cinco fórmulas disponibles:

- La opción interventora

Esta fórmula fundamentalmente reeditar el plan original contra Nicaragua, corrigiendo y reforzando algunos puntos que se habían mostrado problemáticos en su realización. Paralelamente habría que reforzar al ejército salvadoreño para impedir un mayor avance del FMLN. Sin embargo, esa situación, lo mismo que la guatemalteca, sólo se definiría radicalmente en la victoria sobre Nicaragua. Al interior de esta fórmula hay dos posibilidades. En la primera, las fuerzas del FDN y ARDE, con el ejército hondureño y la insurrección interna en Nicaragua, derrocan al gobierno sandinista y los Estados Unidos juegan un papel de retaguardia. En la segunda, el derrocamiento buscado por las fuerzas somocistas y hondureñas se produce porque falla algún factor de los previstos y los Estados Unidos se ven obligados a intervenir directamente en defensa de su plan y aliados.

- La victoria armada revolucionaria

En caso de implementarse la opción interventora y ser derrotada, sea por incapacidad de las fuerzas reaccionarias y centroamericanas o porque Estados Unidos a pesar de sus planes no consigue materializar su intervención directa, o porque interviniendo se vietnamiza la situación impidiendo victorias rápidas que dan margen a presiones internas del pueblo y Congreso norteamericano, Nicaragua se alza con la victoria aunque con gran costo en vidas humanas y en daños económicos. Un revés de este tipo para la política de la Administración Reagan abriría muchas posibilidades a una victoria revolucionaria en El Salvador a corto plazo.

- La doble negociación interna

Si la Casa Blanca no se decide por la fórmula interventora, el planteamiento que ha pugnado por ocupar su lugar es el de la doble negociación interna: en El Salvador y Nicaragua. Este plan supondría apoyar al máximo las fuerzas del FDN y ARDE para crear fuertes convulsiones populares contra el gobierno nicaragüense obligándolo a negociar internamente. En El Salvador también se impulsarían las negociaciones entre el FDR-FMLN y el Gobierno desplegando EE.UU. toda su capacidad de apoyo al ejército salvadoreño para conseguir mejores posiciones en el diálogo. Esta fórmula implica equiparar la situación nicaragüense con la salvadoreña, permitiendo aprovechar toda la maquinaria de guerra que se ha ido montando, pero sin llegar a los extremos de la fórmula interventora.

- La negociación internacional-bilateral en Nicaragua y la negociación interna en El Salvador

Una alternativa a la fórmula de la doble negociación interna consiste en la realización de un diálogo de Nicaragua, tanto con Estados Unidos como con Honduras. Esta postura presupone que el problema real en Nicaragua no es causado principalmente por contrarrevolucionarios nicaragüenses sino por el apoyo que les brinda Honduras y especialmente el Gobierno de Washington. Para que dicho diálogo tenga éxito deberían implementarse al mismo tiempo, negociaciones internas en El Salvador, a las cuales está anuente el FDR-FMLN. En esta fórmula el fracaso en cualquiera de las negociaciones propuestas acarrearía con mucha facilidad el cierre delas otras negociaciones.

- La opción Contadora

Los países que componen el grupo Contadora ofrecen sus oficios como mediadores. No descartan la realización de negociaciones de muy diversa índole con el fin de solucionar los problemas del área. Su gestión se enmarca en un rechazo a la vía militar como solución de los problemas regionales. Consideran incorrecto inscribir los conflictos centroamericanos en la confrontación Este-Oeste. Se define contra la injerencia foránea en el istmo y proponen ayudas económicas para impulsar necesarias reformas sociales.

La ratificación norteamericana del plan interventor

En el presente año se ha evidenciado a través de los hechos, que la Administración Reagan, ante el binomio intervención-negociación, ha optado por la fórmula interventora. Las acciones guerrilleras en El Salvador no han persuadido al Gobierno de Washington a cambiar sustancialmente sus planes. En los 5 primeros meses del año, Reagan ha buscado fortalecer por diversos medios al ejército salvadoreño pero sin olvidar la prioridad que significa Nicaragua. Iremos analizando paso a paso cada uno de los puntos que conforman el plan Reagan señalando sus posibilidades y limitaciones.

- Agresiones armadas por la frontera norte y sur

En febrero, 1.600 soldados norteamericanos y 4.000 efectivos del ejército hondureño comenzaron las maniobras conocidas como "Pino Grande", en cuya preparación trabajaron 900 asesores norteamericanos. El ejercicio consistía en el simulacro de un desembarco hondureño en territorio extranjero con el apoyo de marines y paracaidistas yanquis. Al mismo tiempo se aprovechó la situación para dotar al Gobierno de Tegucigalpa de equipo bélico más moderno, fortaleciendo de igual manera a las tropas somocistas del FDN. Al terminar esa operación, no menos de 1.200 guardias somocistas se introdujeron en territorio nicaragüense para cumplir el "Plan C" elaborado por la Agencia Central de Inteligencia. El objetivo principal de dicha acción era asentarse en el interior del territorio nicaragüense por medio de las seis "Fuerzas de Tarea" en que se subdividían los efectivos contrarrevolucionarios. Cada fuerza de tarea podía actuar como bloque o en calidad de tropa irregular. Contaba con fusiles Fal, Aka, ametralladoras 50 y M-60, morteros de 60 y 80 mm y servicios de radio para la comunicación entre los destacamentos y con su retaguardia en Honduras.

Las fuerzas somocistas realizaron una campaña de "persecución, cerco y aniquilamiento" contra los contingentes somocistas. A la mayoría de las fuerzas de tarea se les logró cercar varias semanas después de su ingreso al país. Sin embargo, dichos "cercos" se realizaban con un radio de 50 kms lo que posibilitaba la evasión del mismo. El principal éxito de las fuerzas nicaragüenses fue poner a los agresores a la defensiva y en repliegue hacia Honduras. Esto no evitó gran cantidad de enfrentamientos directos entre el ejército y las milicias nicaragüenses contra la guardia somocista. Algunas fuerzas de tarea registraron bajas calculadas entre el 20 y el 40% de sus efectivos.

Ante la situación desventajosa que vivían las fuerzas de tarea, los somocistas ubicados en la frontera hondureña se reagruparon en 3 puntos para lanzar ataques y quitarles presión. En consecuencia, 1.200 hombres atacaron las inmediaciones de Jalapa, más de 500 incursionaron por Zelaya Norte y fuerzas menores atacaron en otros puntos fronterizos. Las unidades militares somocistas han sido permanentemente rechazadas por las fuerzas nicaragüenses tras duros combates de varios días. Al ser repelidas, las fuerzas contrarrevolucionarias vuelven a Honduras, se reagrupan, y se lanzan de nuevo al ataque. Esta es la dinámica que se ha mantenido en los últimos tiempos. Como resultado del conjunto de las acciones militares en la frontera norte ha sido la frustración de los intentos norteamericanos de internar tropas somocistas dentro del territorio nicaragüense que ha impedido la toma de poblaciones importantes por parte de las fuerzas invasoras. En contrapartida, esta situación ha implicado un desgaste enorme en fuerzas humanas y materiales para Nicaragua. Igualmente, el reclutamiento mercenario que está haciendo el FDN en Honduras, con la colaboración de contrarrevolucionarios cubanos agrupados en la brigada 2506 y Alpha 66, indica que se está en capacidad de relanzar nuevos e importantes ataques.

Mientras tanto, en la frontera sur las fuerzas de ARDE, jefeadas militarmente por Edén Pastora, iniciaron operaciones. El papel que cumplen los 2.000 hombres que operan desde esa región es básicamente quitar presión en la frontera norte, obligando a las fuerzas sandinistas a la dispersión. Puede hablarse así de una unidad en la acción entre las fuerzas somocistas y las de Alfonso Robelo y Edén pastora. Sin embargo, dentro del plan global el papel secundario que para Estados Unidos juega este movimiento ha provocado fricciones en EE.UU. y con el FDN. ARDE resiente la limitada ayuda económica y militar que se le ha enviado. Esto, obviamente, incide en el peso específico que dichas fuerzas podrían tener tras una eventual derrota sandinista . Las recientes declaraciones de Pastora amenazando con retirar sus fuerzas son una consecuencia de esta situación. Previsiblemente, Estados Unidos, tendría que aumentar su apoyo a ARDE para no perder ese importante bastión táctico. Es previsible pues, que las acciones en el sur continúen y se recrudezcan.

- Sabotajes internos

El accionar de los comandos internos contrarrevolucionarios ha encontrado serias limitaciones. En numerosos puntos del país (El Viejo, Chichigalpa, La Paz Centro, Boaco, Managua, etc.) han sido detectados por los organismos de la Seguridad del Estado., Sus operativos exitosos son escasos y poco relevantes. Sin embargo, las fuerzas de tarea si han golpeado puntos económicos relativamente importantes. En el mes de junio ocasionaron pérdidas por valor de dos millones de dólares en equipos de construcción. Entre el accionar fronterizo y el sabotaje interno se han perdido hasta el momento 581 millones de córdobas. Una nueva e importante ofensiva fue dada a conocer en el mes de junio, cuando Nicaragua expulsó a tres diplomáticos norteamericanos. Su misión era de desestabilización mediante atentados personales (que incluían al P. Miguel D'Escoto), infiltración en partidos y sindicatos del país, promoción del agiotismo, manipulación de la religión, espionaje militar y contactos para facilitar el entrenamiento de células armadas del Partido Conservador Demócrata. El desgaste económico y la infiltración en organismos nacionales constituyen objetivos importantes dentro del plan bélico de Reagan.

- Retaguardia sólida en Honduras y Costa Rica

Las fuerzas de ARDE se han movido con suma libertad en la frontera costarricense. Los destacamentos de la guardia rural tica siempre "encuentran campamentos contrarrevolucionarios desocupados". La existencia de los mismos ha sido reconocida públicamente por altos dirigentes del gobierno de Monge.

Sin embargo, en caso de una guerra, la función de esta retaguardia en el sur se ampliaría. Para Honduras está prevista una operación conjunta con Estados Unidos que, además de reforzar y abastecer a quienes se desplazaron hacia el interior de Nicaragua, serían muros de contención ante la eventualidad de una respuesta ofensiva sandinista contra territorio hondureño. Observadores políticos han comentado que tal operación podría montarse con mucha rapidez, dadas las estrechas relaciones entre los gobiernos de Tegucigalpa y Washington y las maniobras conjuntas a través de fuerzas internacionales, aduciendo, problemas fronterizos. Recientemente ha solicitado esta acción al grupo de Contadora por medio de la OEA. El envío de observadores -y no de fuerzas de paz- por parte de México, Venezuela, Panamá y Colombia, ha retrasado momentáneamente la acción. Sin embargo, es significativo observar que al pensarse en cierto momento que Contadora no asumiría ningún compromiso al respecto, Costa Rica ha vuelto a manifestar su petición a la OEA.

- Formación de una Junta provisional de gobierno e intervención del ejército hondureño

En el plan estadounidense, las agresiones armadas, tanto por el norte como por el sur, reforzadas por la retaguardia honduro-costarricense y la ejecución de sabotajes internos, son necesarios pero no suficientes. De ahí que vean necesario lanzar en contra del gobierno revolucionario al ejército hondureño, que viene siendo preparado desde 1980. El accionar militar hondureño consistió hasta hace unos meses en eventuales apoyos armados a la guardia somocista. Sin embargo, en los últimos meses dicho apoyo es cada vez más continuo y consistente, siendo ya corriente el mortereo a posiciones nicaragüenses. En los primeros cinco meses del año se habían producido 26 provocaciones en puestos fronterizos, puestos de observación, patrullas y servicios operativos del ejército nicaragüense. En sólo el primer trimestre del año se experimentaron en 6 ocasiones agresiones directas de sus tropas y 6 movilizaciones disuasivas en nuestras fronteras. Ese accionar se ha incrementado en los meses de mayo y junio.

Mientras tanto, los norteamericanos instalaron en Tegucigalpa un potente radar del tipo AN-TPS-43 manipulado por 50 miembros de su fuerza aérea, con alcance sobre el territorio nicaragüense, salvadoreño y guatemalteco. Igualmente se comenzó a instalar en Silín, a 20 kms. de Puerto Castilla, una base militar para entrenar fuerzas hondureñas, salvadoreña y, según analistas, a los guardias somocistas. La creciente tensión bélica entre Honduras y Nicaragua se puso de manifiesto en una visita del General Gustavo Alvarez a Estados Unidos, Tras ser condecorado por el Pentágono señaló que había pedido un incremento importante para su fuerza aérea y para sus fuerzas terrestres. Sin descartar una guerra, señaló: "Nicaragua está madura para una insurrección popular... y ese sería el mejor modo para salvar a Centroamérica y hacer justicia al pueblo nicaragüense ". Igualmente pidió a Estados Unidos que se comprometiera a enviar tropas a su país en el caso de una guerra con Nicaragua. Todo esto habla de un resurrección -sin nombrarlo- del CONDECA.

El comienzo de una guerra abierta y total de Honduras y Nicaragua, según los planes de Washington, podría desatarse a partir de supuestas acciones sandinistas contra una población hondureña vecina a la frontera. El miembro de la Junta de Gobierno, Sergio Ramírez denunció en Venezuela la existencia de un plan concreto del ejército de Honduras que asesinaría a campesinos hondureños con uniformes de soldados sandinistas. Esto predispondría a la población hondureña contra Nicaragua y sería el pretexto para la declaración de una guerra. En este mes de junio, dos periodistas norteamericanos fueron muertos en la zona fronteriza -en territorio de Honduras- y el Gobierno de Tegucigalpa culpó de los hechos a Managua, en un comunicado lleno de lagunas informativas. Sin embargo, estas declaraciones de periodistas holandeses presentes en esa zona la semana anterior hicieron ver la fragilidad de dicha versión.

Esta guerra, en caso de lanzarse, justificaría un gobierno provisional contrarrevolucionario que se ubicaría en algún "territorio liberado". Según declaraciones del Ministro de Defensa nicaragüense, los miembros de dicha Junta son conocidos. Entre ellos están: Alfonso Callejas, ex-Vicepresidente del gobierno de Somoza; Adolfo Calero, agente de una empresa transnacional y miembro de la CIA desde los años 60; Enrique Bermúdez, coronel de la oficialidad somocista; y Alfonso Robelo, dirigente de ARDE y ex-miembro de la Junta de Gobierno de Nicaragua. El carácter somocista de esa Junta se evidencia aún más al conocer los nombres y antiguos cargos, del Estado Mayor del FDN, principal fuerza armada contrarrevolucionaria. Dicho personal tiene como promedio 19 años de pertenencia a la Guardia de Somoza, la mayoría ha sido entrenada en Fort Gulick (zona del Canal de Panamá) y pertenecía a la EEBI, cuerpo de élite dirigido por Anastacio Somoza Portocarrero.

- Levantamiento insurreccional del pueblo nicaragüense

Las ofensivas del FDN y ARDE, los sabotajes internos, la retaguardia sólida en Honduras y Costa Rica, la intervención del ejército hondureño y la constitución de un gobierno pro-norteamericano, no parecen ser suficiente garantía para derrotar al pueblo de Nicaragua supuesta su capacidad de defensa antiaérea, su cantidad de hombres en armas, la fuerza organizada de los sectores populares y el entrenamiento que la población tiene por guerras anteriores (insurrección general de septiembre del 78 e insurrección final de julio del 79). Sin embargo, la Agencia Central de Inteligencia juzga que el grado de descontento del pueblo nicaragüense es tal, que dicha experiencia la aprovechará no para defender el proceso revolucionario sino para apoyar a las fuerzas invasoras. El principal argumento para sustentar tal postura lo encuentran en los serios problemas de abastecimiento que afronta el Gobierno revolucionario.

El desabastecimiento es un problema real y agudo en ocasiones. Entre las principales causas que lo provocan están: la falta de divisas para comprar algunos productos, la política de bloqueo ejercida por el Gobierno de EE.UU. (trigo, repuestos, producción bananera, reducción en la cuota de azúcar, etc.), un crecimiento productivo inferior al incremento en la capacidad adquisitiva de la población, problemas relacionados con la estacionalidad de la producción (inundaciones, sequías, etc.), acaparamiento de comerciantes con fines especulativos, acaparamiento del consumidor cuando se rumora que un producto va a escasear u fallas técnicas y humanas en los mecanismos de distribución. Ultimamente se ha dado problemas de desabastecimeinto en el aceite, la leche en polvo y la leche pasteurizada, el pollo y los huevos. Ha habido acaparamiento de productos no perecederos: arroz, maíz, aceite y azúcar.

Esto, naturalmente, provoca cierto grado de descontento. Pero, es preciso tener en cuenta que la postura de un pueblo no se determina únicamente por razones económicas. Si para cualquier pueblo resulta difícil levantarse contra su propio gobierno en caso de agresión foránea, para el pueblo nicaragüense dicha posibilidad es virtualmente imposible. Cualquier observador imparcial de la realidad nicaragüense así lo advierte.

- La intervención militar directa de fuerzas norteamericanas

Si los EE.UU. implementan exitosamente su plan, su tarea se reducirá únicamente a labores de retaguardia. No necesitarían intervenir directamente. Ciertamente, eso es lo que desean. Pero, ¿y si algún factor importante fracasa? ¿Qué hacer en caso de que el ejército hondureño, su gendarme en el área, vaya resultando derrotado por las fuerzas nicaragüenses?. La respuesta de Reagan parece ser la de la intervención directa. Su forma de manejar al Congreso abriría tal posibilidad.

En efecto, en diciembre del 81, la CIA informó a los Comités de supervisión del Congreso que había empezado a preparar comandos especializados contra Nicaragua. El objetivo expuesto era el detener un presunto tráfico de armas dirigido a la guerrilla salvadoreña. 16 meses más tarde ese comando era un ejército de mas de 8.000 hombres. En Febrero de 1983, los legisladores fueron informados que el objetivo era más bien presionar a los sandinistas para llevarlos a la mesa de negociaciones. Era el momento en que la fórmula de la "doble negociación interna" propuesta por Enders había alcanzado mayor peso. El paso de Jeanne Kirkpatrick por Centroamérica impulsaría la fórmula intervencionista provocando la caída de Enders. Muchos miembros de la Cámara de Representantes y del Senado expresaron su preocupación por los objetivos finales de la operación de la CIA.

Cuando el Presidente Reagan calificó a los contrarrevolucionarios nicaragüenses como "luchadores por la libertad" hubo un sentimiento inequívoco de que no estaban plenamente informados de los propósitos últimos de las operaciones. La Administración continuaba respaldando a los somocistas a pesar de la oposición relativa en el Congreso, y parecía preparar al escenario para una batalla centroamericana que podría obligar a Estados Unidos al uso de fuerzas en el exterior. "¿Y si los nicaragüenses entran en territorio hondureño?" '¿Y si los nicaragüenses piden ayuda a los cubanos?" "¿qué hacemos en esos casos?" Tales eran las preocupaciones de muchos Congresistas.

Tratando de evitar opciones últimas y de limitar la ayuda pedida por Reagan para El Salvador comenzó una importante lucha entre la rama ejecutiva de los Comités del Congreso que supervisan las Agencias de Inteligencias. La preocupación aumentó cuando líderes contrarrevolucionarios, asociados con la CIA, afirmaron que su objetivo era derrocar al gobierno nicaragüense. Hubo reuniones turbulentas en diversos Comités y sub-Comités. El inusual discurso de Reagan en la sesión conjunta del 27 de abril, fue diseñado para ganar apoyo de los dos partidos para una eventual guerra en Nicaragua y conseguir la aprobación de más ayuda militar a El Salvador. "Queremos que el Presidente nos diga, en lenguaje claro, qué es lo que él quiere hacer en relación a Nicaragua", dijo el Presidente del Comité del Senado. Para "asegurar" que eso se haga, el Comité del Senado votó a favor de que la guerra encubierta no continúe más allá del 30 de septiembre, sin un nuevo informe del Presidente capaz de satisfacer a la mayoría. Al día siguiente, un portavoz del FDN dijo: "No hay problema, antes de esa fecha estaremos en Managua". Poco después, el Jefe de Estado Mayor Conjunto Norteamericano, E.S. Meyer, alterando sutilmente los términos en que el problema está planteado, declaró que si ocurría una invasión de Nicaragua a Honduras se optaría por ocupar Managua. "Creo que los sandinistas deben entender que nada es imposible... Nosotros estamos comprometidos a asegurar la estabilidad en la región...

Y estaríamos dispuestos a respaldar a Honduras, no veo cómo podríamos dejar de ir". En una opinión compartida por amplios sectores del Partido demócrata, Walter Mondale declaró: "Creo que este país está ampliando la guerra, la está norteamericanizando, y creo que bajo la actual política es inevitable que sean enviadas tropas estadounidenses a Centroamérica". En consecuencia, aunque Reagan tendría importantes escollos que salvar, puede poner al Congreso en una situación tal que no haya otra alternativa que el apoyo a la política presidencial.

g) Una acción diplomática por la guerra

La política internacional de EE.UU. ha buscado permanentemente el aislamiento de Nicaragua. Así lo demuestra el intento de la Comunidad Democrática Centroamericana y posteriormente el Foro pro Paz y Democracia. Sin embargo, las victorias diplomáticas de Nicaragua consiguieron que propuestas más equitativas y progresistas, como la de México y Venezuela, se impusieran en la arena internacional. Al sumarse a dichas propuestas Colombia y Panamá, constituyéndose el grupo de Contadora, los EE.UU. y Costa Rica sufrieron una importante derrota. Esto los obligó a cambiar su táctica, salvaguardando sus objetivos. Los EE.UU. desde un principio se negaron a cualquier negociación bilateral con Nicaragua. Honduras, por su parte, se vio forzada a entrar en las negociaciones del grupo Contadora, apoyadas e impulsadas por Nicaragua.

A sabiendas que cualquier arreglo político echaría por el suelo el plan interventor, Honduras ha buscada reeditar en parte el Foro pro Paz y Democracia. Este pretendía aislar a Nicaragua mediante una correlación adversa en su interior forzando a adoptar medidas no previstas al Gobierno de Reconstrucción Nacional o, mejor aún, desprestigiarlo por su negativa, a las propuestas de la mayoría de los países del Foro. Por eso, Honduras ha insistido tenazmente en la presencia de todos los países centroamericanos, proclives por sí a los dictados de Washington. Estados Unidos ha apoyado tal postura en la OEA y ONU. En contrapartida, Nicaragua ha buscado la solución bilateral como medio para superar una correlación adversa. Por eso, Contadora, a pesar de sus indudables logros, se van estancando. Al mismo tiempo, las propuestas de paz al interior de El Salvador se han visto impedidas por la negativa del Gobierno de Magaña a participar en las mismas, respaldando así el plan de Reagan.

El plan de guerra de la Casa Blanca y su acción diplomática son por tanto, claras. El apoyo reservado que han mantenido últimamente hacia Contadora se explica al advertir que, al negarse EE.UU. a dialogar y forzar a Honduras a hacer lo mismo, guardando tan sólo las formas, tiene maniatada la opción latinoamericana y satisface a quienes le piden apertura. Al mismo tiempo, aparenta impacientarse por la "lentitud" de las gestiones de Contadora mientras avanza en su plan militar. Las palabras de Richard Stone, "enviado de paz" por la Administración a Centroamérica, no pueden ser más claras: "Estados Unidos mantiene un apoyo relativo y circunstancial a las gestiones del grupo Contadora, pero considera que los países protagonistas no pueden seguir arrastrando los pies; su acción negociadora debe hacerse de prisa y deben abandonar el mecanismo de ganar tiempo. Si no se procede a esta dirección y nos convencemos que Nicaragua está ganando tiempo, vendrá la limpieza... Si no quieren la paz serán vencidos". Las próximas campañas electorales en Estados Unidos, parecen ser un factor adicional para la inminencia de las acciones.

Hacia la guerra

Basados en el binomio intervención-negociación, se han desplegado en 1983 cinco fórmulas concretas. Actualmente, la fórmula de Contadora sufre serios problemas en su implementación ante la posición de fondo de Estados Unidos. En esa misma medida, la alternativa planteada por Nicaragua referida a un diálogo bilateral internacional queda detenida. La negativa del régimen de Magaña a negociar con el FDR-FMLN incrementaba aún más la viabilidad del camino propuesto por Nicaragua, soslayar el problema salvadoreño. Al mismo tiempo, la fórmula de la "doble negociación interna", no aceptada por el gobierno de El Salvador y Nicaragua, vista con desagrado por el sector intervencionista de la Administración , y de difícil implementación por una serie de factores conexos, se vino definitivamente al suelo con la destitución de su principal impulsor, Thomas Enders. Aunque aún no se descarte plenamente la opción de Contadora, y se deba luchar para que logre su objetivo pues nunca es tarde para detener una dolorosa guerra, las opciones que se van a imponiendo son: la interventora (en cualquiera de sus dos modalidades) y su contraria, la victoria armada revolucionaria. Naturalmente, tras una confrontación bélica pueden surgir nuevas alternativas. Si no hubiera ganadores ni perdedores absolutos pueden reeditarse nuevas opciones de negociación. Pero en esa hipótesis no se piensa actualmente.

Lo que hoy está claro es que estamos en camino hacia la guerra. Si la Administración Reagan logra sortear algunos puntos aún no resueltos plenamente y Nicaragua no logra producir un acontecimiento que altere la situación, la confrontación bélica en Centroamérica es inevitable. Los "plazos" del Senado y sobre toda la campaña electoral estadounidense -donde Reagan y los republicanos deben presentar resultados sobre el istmo- presagian un desenlace a corto plazo.

Siendo factor clave en una guerra con Honduras la insurrección popular, y si está se produce pero no precisamente contra el gobierno de Nicaragua, sino contra los invasores, ¿qué pasará si Reagan no logra desarrollar al interior de Estados Unidos una fuerza suficiente para intervenir? ¿Y qué pasará si Reagan consigue intervenir con tropas norteamericanas?. La Administración tendrá que responder adecuadamente a sus electores algunas preguntas: ¿qué hacer para evitar empantanarse en Nicaragua si las fuerzas nicaragüenses -como sería lógico- adoptan una táctica guerrillera y de lucha irregular en vez de defenderse frontalmente? ¿Cómo controlar rápidamente, sin vietnamizar la situación, a una guerrilla sandinista dispersa por las montañas, los llanos y las ciudades, luchando contra un ejército interventor? ¿Qué hacer si hay un bloqueo naval a Cuba -para evitar que apoye a Nicaragua- y el gobierno de Fidel Castro, por cualquier razón, se lanza a romper el cerco -como lo ha declarado-? ¿Qué hacer con el FMLN si éste, consciente de lo que sucedería en caso de una derrota de Nicaragua, ataca a Honduras o incrementa más aún sus ataques en El Salvador? Sólo un iluso puede creer que esas preguntas las responde fácilmente el gobierno norteamericano, sólo el pueblo centroamericano las contestará.

Un hecho importante -quizás el único- que podría detener la lógica de este proceso hacia la guerra podría darse si, tras mejores y muy recientes evaluaciones del acontecer centroamericano, los más altos funcionarios de la Administración Reagan concluyeran que dichas acciones presentan, al menos, significativas posibilidades de fracaso. Eso, en una coyuntura interna pre-electoral, podría llevarlos a no arriesgarse momentáneamente en dicha acción. En ese caso (mientras continúan el entrenamiento del ejército salvadoreño y la guerra contra el FMLN, favoreciendo paralelamente ataques militares limitados e implementando acciones económicas contra Nicaragua), podrían presentar en Estados Unidos -para efectos propagandísticos-, la campaña electoral salvadoreña y la difícil situación de Nicaragua, como un logro parcial. La política interna y otros puntos de política exterior (medio oriente, la presión ejercida sobre la Unión Soviética y sus aliados, etc.) podrían ocupar le lugar principal de la retórica republicana.

Ahora bien, tanto si continúa la lógica de la guerra como si se detiene parcial y momentáneamente, los pueblos centroamericanos continuarán su proceso ascendente de lucha.

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