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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 139 | Julio 1993

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Nicaragua

En busca de alternativas

En Nicaragua, El Salvador y Guatemala las fuerzas progresistas buscan un nuevo modelo económico. Será también necesario hallar un nuevo modelo político.

Equipo Nitlápan-Envío

Centroamérica enfrenta el reto de su reconstrucción económica y social en el marco de profundos cambios a nivel mundial. La región empieza a adaptarse a estas transformaciones internacionales con retraso. Una década de agudos conflictos políticos y militares, con efectos destructivos incalculables, ha puesto a esta área del planeta en una situación especialmente compleja.

La tarea se hace todavía más difícil porque para lograr la reconstrucción y el desarrollo de las economías nacionales en un mundo cada vez más competitivo, hay que acelerar el proceso de integración regional. Y aún más, porque para que un nuevo modelo de integración y el actual modelo de desarrollo sean viables deben incorporar las aspiraciones de las grandes mayorías de Centroamérica, empobrecidas durante siglos y hoy más conscientes de sus derechos y posibilidades.


Un modelo "amarrado" desde afuera

En esta urgente, compleja y cambiante realidad centroamericana, soplan ahora los vientos electorales. La ronda de elecciones empieza en Honduras el próximo mes de noviembre. En 1994, seguirán El Salvador y Costa Rica. Difícil creer que en Nicaragua se adelantarán los comicios -aunque algunos así lo creen o quieren-. En Guatemala, el nuevo Presidente anunció elecciones para 1995.


En El Salvador y Nicaragua, los principales partidos de oposición son los que una vez fueron los movimientos guerrilleros mejor organizados de la región. Los salvadoreños del FMLN van a participar por primera vez en elecciones como partido político. En Nicaragua, el FSLN participará por primera vez en un proceso electoral como partido de oposición. Y en Guatemala, no se descarta una eventual participación electoral de la URNG si el proceso de negociaciones se acelera y se reorienta.


Izquierdas y derechas van a la contienda electoral con el desafío de guiar a sus países y a toda la región por el camino de la democracia y de la reactivación económica. ¿Podrán los partidos políticos centroamericanos conducir a Centroamérica a un nuevo período de desarrollo, pero con equidad social? ¿O nos tocará asistir a otro ciclo de 30 años de crecimiento económico como el que experimentó Centroamérica después de la Segunda Guerra Mundial y que, por su falta de justicia, culminó con un estallido social?

Los partidos políticos centroamericanos tienen muy poco espacio para definir la estrategia de desarrollo para sus países y la región. El camino ya ha sido trazado por el Fondo Monetario Internacional y por el Banco Mundial y todos los gobiernos centroamericanos están aplicando programas de estabilización y ajuste estructural diseñados por estos organismos, que promueven una estrategia de desarrollo basada exclusivamente en el sector exportador y en la desregulación y privatización de la economía.

Crecen las exportaciones

Recetas internacionales sigue también el modelo de integración regional. En lugar de fomentar una verdadera estrategia de desarrollo y un nuevo tipo de unión aduanera entre los países centroamericanos, los organismos multilaterales ya han decidido la prioridad: convertir la región en una zona de libre comercio.

El FMI y el Banco Mundial sostienen que es éste el único camino para reconstruir la economía centroamericana. Lo mismo repite la nueva generación de tecnócratas y políticos neoliberales que hoy predominan en los gobiernos centroamericanos. ¿Se reducirán entonces las elecciones a una simple disputa sobre quién puede administrar mejor este modelo amarrado desde afuera? ¿Le quedará a las izquierdas únicamente la bandera de una administración progresista del modelo?

La reactivación de la economía centroamericana en estos últimos años parece darles la razón a los creyentes en la ideología neoliberal. El crecimiento económico de la región alcanzó en 1992 la cifra más alta de los últimos 15 años: 3.8%. Y esto, a pesar del descenso en los precios internacionales de sus principales exportaciones. Todos los países registraron tasas de crecimiento mayores al 4%, con la excepción de Nicaragua, aunque nuestro país tuvo ? también por primera vez en 8 años ? una tasa de crecimiento económico positivo: 0.5%.

Hay varios factores que explican este repunte de la economía centroamericana. Un factor clave ha sido la reapertura del comercio entre los mismos países de la región, que estimuló significativamente la industria manufacturera, virtualmente estancada desde la desintegración del Mercado Común Centroamericano a finales de la década de los 70. El valor de las exportaciones en el comercio intrarregional se duplicó en los últimos 5 años y ya representan la quinta parte de las exportaciones totales de los países del istmo.

Pero no solamente han aumentado estas exportaciones. También crecieron las de productos no tradicionales al resto del mundo, generadas ? entre otras fuentes ? por la acelerada expansión de maquiladoras taiwanesas, surcoreanas y de otros inversionistas extranjeros, atraídos a Centroamérica por el bajo costo de su mano de obra y por su proximidad al mercado de Estados Unidos, así como por las generosas concesiones que los gobiernos de la región les ofrecen. Las exportaciones de productos de las maquilas son ya más de la quinta parte de las exportaciones totales de Centroamérica.

Remesas, inversiones y ayudas

Otro factor importante ha sido el flujo creciente de remesas familiares provenientes de los cientos de miles de centroamericanos que emigraron en los 80 a Estados Unidos. El Salvador, Guatemala y Nicaragua recibieron en conjunto más de mil millones de dólares en concepto de remesas en 1992, lo que representa un ingreso de divisas equivalente a lo obtenido por el café, producto rey de las exportaciones de Centroamérica desde hace décadas. Pero no solamente hay un aumento de los ingresos por remesas familiares. Se ha dado además una muy modesta repatriación de los capitales que emigraron también por los agudos conflictos de los 80. Esta repatriación ha sido estimulada por las altas tasas de interés que ofrece la banca centroamericana, superiores a las hoy vigentes en Estados Unidos y Europa.

El aumento de estos flujos de capital privado hacia Centroamérica ha estado acompañado de la reanudación de los préstamos de la banca multilateral a los gobiernos del área, posible porque todos ellos han aceptado y cumplido satisfactoriamente con la condición establecida: la implementación de los programas de estabilización y ajuste estructural. El Salvador y Nicaragua han recibido además flujos excepcionales de ayuda externa para apoyar el proceso de paz y democratización de ambos países, los más afectados por la guerra.

Importamos más, exportamos menos

Esta reciente expansión de la economía centroamericana ha tenido como contrapartida el acelerado ensanchamiento de su déficit comercial con el resto del mundo. Las importaciones han crecido mucho más rápido que la producción nacional, incentivadas por la liberalización que promueven las políticas de ajuste estructural. Importaciones mayoritariamente no productivas: la característica más sobresaliente es que se trata de bienes de consumo para los sectores sociales de mayores ingresos, lo que a su vez ha generado en la región un "boom" de las actividades comerciales ? y no de las productivas ?.

En cambio, las exportaciones tradicionales (café, bananos, algodón, azúcar y carne) han sufrido una considerable caída de su rentabilidad por el agudo descenso de sus precios internacionales. Incluso el banano ?único rubro de exportación tradicional que gozaba de cierta estabilidad en los mercados? registró una significativa caída de su precio internacional por las restricciones impuestas en 1992 por la Comunidad Europea a las importaciones de banano centroamericano.

Los bajos precios internacionales han sido factor clave en la reducción del valor de las exportaciones tradicionales de Centroamérica, cuyo monto actual es un 18% inferior al que tenían a finales de la década de los 70. La economía centroamericana sigue siendo altamente dependiente de sus dos históricos productos de exportación: café y bananos. Ambos representan todavía más del 40% del valor de las exportaciones totales de la región, a pesar de los esfuerzos de diversificación realizados desde hace décadas.

El sector externo sigue siendo el talón de Aquiles de la recuperación económica de Centroamérica. Las políticas de liberalización comercial impuestas no han solucionado este problema. Más bien, han promovido en el corto plazo una verdadera invasión de importaciones, mientras que la ampliación y diversificación de las exportaciones camina a ritmos mucho más lentos y sólo podrá conseguirse a largo plazo.

Según los más recientes datos disponibles, el valor de las importaciones creció entre 1985 y 1990 en un 43%, mientras que durante ese mismo período el valor de las exportaciones sólo creció el 14%. Esta evolución del comercio exterior de Centroamérica es la causa de la progresiva ampliación de su déficit comercial con el resto del mundo, que pasó de un 5.7% del PIB en 1985 a un 7.2% del PIB en 1990.

Setenta por ciento de centroamericanos son pobres

Centroamérica no puede sostener indefinidamente este tipo de patrón de reactivación económica. Hasta ahora, el flujo excepcional de ayuda externa y los préstamos de la banca multilateral han financiado los crecientes déficits comerciales. Pero ya hay claras señales de que Centroamérica no dispondrá de la relativamente abundante ayuda externa de estos últimos años. También se está tocando fondo en el endeudamiento externo: el pago de la deuda externa centroamericana representa casi un tercio del total de sus exportaciones.

La cuestión de si la actual reactivación económica de Centroamérica es sostenible no está reducida únicamente a los crecientes déficits comerciales y al peso abrumador de la deuda externa. El modelo es también insostenible porque está profundizando el avance de la pobreza en lugar de contenerlo y está aumentando con ello la enorme deuda social acumulada desde hace demasiados años.

Según Naciones Unidas, los centroamericanos que viven en condiciones de pobreza son ya el 70% de la población de la región. Los salarios reales se siguen deteriorando, el gasto social se contrae cada día más y los niveles de desempleo son más altos que nunca. La emigración a Estados Unidos, la expansión del sector informal urbano, el aumento del narcotráfico y de la delincuencia, son las válvulas de escape a la crisis.

En varios países centroamericanos (Guatemala, El Salvador y Nicaragua), el número de emigrantes que se incorporó al mercado de trabajo en Estados Unidos en los últimos años es mayor que el de la población incorporada en los mercados de trabajo de cada uno de estos países. Otra fórmula que adoptan los desempleados ha sido la de "emplearse" en la economía informal urbana, donde miles de centroamericanos compiten todos los días por su sobrevivencia en actividades de pequeño comercio y de provisión de servicios de todo tipo. Pero también hay muchos que optan por las formas de "iniciativa privada" que el sistema les deja: el narcotráfico, la delincuencia y la prostitución. Centroamérica es hoy en día un punto intermedio ideal en las rutas del tráfico de drogas entre América del Sur y Estados Unidos.

Una región en crisis ecológica

El crecimiento de la pobreza urbana está siendo también acompañado por el aumento de la contaminación ambiental. En los barrios pobres de todas nuestras ciudades se amontona la basura y circulan libremente las aguas negras, contaminando las aguas de ríos, lagunas y lagos. El círculo es vicioso: cada vez se contamina más el agua, que cada vez produce más enfermedades, que tienen cada vez menos atención en hospitales con presupuestos cada vez más recortados... La contaminación se agrava al no haber regulaciones de ningún tipo para el establecimiento de industrias en las ciudades centroamericanas. Tampoco hay regulaciones para el uso de pesticidas en los campos centroamericanos.

Pero el avance de la pobreza afecta ecológicamente aún con mayor fuerza en las zonas rurales, causando el problema ambiental más grave que padece la región: la deforestación acelerada de sus bosques tropicales. Miles de campesinos se mueven todos los años hacia las zonas boscosas, buscando un pedazo de tierra donde sembrar granos básicos o criar algún ganado para sobrevivir. Se estima que más de 4 mil kms. cuadrados de bosque se destruyen cada año en Centroamérica por el avance de la agricultura migratoria. El despale de los bosques ubicados en los volcanes y montañas de la región ? para usar la madera principalmente como leña para cocinar ? está provocando además una severa erosión de los suelos, afectando ya a más de la mitad de las tierras agrícolas disponibles. Así, al incremento de la deuda externa y de la deuda social, tenemos que sumar el aumento de la deuda ecológica regional.

Sólo las fuerzas progresistas

El carácter excluyente del actual modelo de reactivación económica promovido por la banca multilateral es incapaz de enfrentar los retos del desarrollo sostenible de Centroamérica en los 90. Una vez más, como ha sucedido siempre en nuestra historia, los sujetos sociales mayoritarios ? campesinos, indígenas, pequeños empresarios, asalariados urbanos y rurales ? están siendo excluidos por las políticas económicas. La lección de los 80 no está siendo tomada en cuenta ni por los gobiernos ni por la banca multilateral.

Pero durante los 80 también surgieron en nuestra región un gran número de organizaciones populares y de organismos no?gubernamentales que están luchando por un modelo más democrático de desarrollo. Emergieron también instituciones de investigación y educación comprometidas con el análisis y estímulo de políticas encaminadas a enfrentar la pobreza y promover un desarrollo con equidad.

Medianos y pequeños

Pero lograr que las grandes mayorías empobrecidas se conviertan en los protagonistas del desarrollo de Centroamérica es una tarea a largo plazo. Poder construir un modelo de desarrollo democrático y sostenible, exige ampliar y descentralizar gradualmente la base productiva de la región. Y esto sólo se puede hacer si se invierte en capital humano, en la formación humana y tecnológica de estas fuerzas sociales mayoritarias.

Las fuerzas progresistas de Centroamérica ya lo están haciendo. Son ellas las que pueden modificar el rumbo del actual modelo de desarrollo. A corto plazo, su tarea más urgente es conseguir que los pequeños y medianos productores agrícolas e industriales puedan insertarse rentable y eficientemente en el desarrollo económico y social de la región.

Esta inserción de los pequeños y medianos productores en el desarrollo regional enfrenta un doble desafío. En primer lugar, las organizaciones populares y no?gubernamentales carecen de métodos y recursos que les permitan apoyar la reconversión productiva de estos sujetos económicos populares, excluidos por el modelo neoliberal. En segundo lugar, estos pequeños y medianos tienen enormes dificultades para aglutinarse y poder negociar las estrategias de desarrollo nacional y el modelo de integración regional al tener en frente esa poderosa alianza que forman los grandes empresarios y gobiernos neoliberales de la región con los organismos multilaterales y los gobiernos de los países ricos. Se trata de un colosal y urgente desafío.

Lo que ya no es viable

La búsqueda de un nuevo modelo de desarrollo económico y social para Centroamérica, que supere el actual modelo neoliberal ? que no es una alternativa viable para la región ?, debe ser acompañada de la búsqueda de un nuevo modelo político. Política y economía han sido siempre realidades totalmente interrelacionadas entre sí. Hoy, con la actual "globalización" de la economía, esto es más evidente.

Los esfuerzos para diseñar una auténtica reactivación económica se vendrían abajo si no se logra diseñar también un nuevo modelo político que sea estable y viable. A su vez, cualquier pacto entre fuerzas sociales y políticas que busque impulsar y consolidar un nuevo modelo político sería inútil si éste no está sustentado en una estructura económica nueva y más equitativa que la actual.

Entramos en la década de los 90 descubriendo que están descartados por largo tiempo los diversos modelos de socialismo que buscaron las fuerzas revolucionarias centroamericanas en los años 70 y 80, no sólo los tipificables como autoritarios sino también los democráticos. Ambas formas del modelo socialista son inviables en los 90. De igual manera, debería quedar descartado el retorno al modelo de dictaduras económicas sociales?políticas que predominó en Centroamérica hasta el triunfo sandinista de 1979.

¿Otra guerra?

Porque la vuelta a este tipo de dictaduras llevaría en pocos años a nuevas guerras civiles. Con los niveles de subdesarrollo y anti?desarrollo económico que hoy vivimos, no habría en esas guerras ni vencedores ni vencidos. De vencer, las fuerzas populares sólo repartirían miseria. Pero el triunfo de esa burguesía que añora los tiempos de su pasado poder tendría similares consecuencias. Los niveles de atraso económico en los que se encuentra, descartan a esta burguesía como motor de cualquier tipo de desarrollo que sea adecuado a estos tiempos tan transnacionalizados. Haciendo una caricatura histórica, esa burguesía "vencedora" sería similar al grupo social que quedó en el poder el siglo pasado en Nicaragua, tras la guerra nacional contra el filibustero William Walker: los más altos funcionarios de aquellos gobiernos atendían asuntos públicos por la mañana y para sobrevivir, vendían cuajada por las tardes en sus señoriales casas granadinas.

No es viable el modelo socialista en cualquiera de sus versiones. Tampoco debería ser viable el modelo dictatorial que precedió a la revolución sandinista. Ambos modelos harían inviables a nuestros países como naciones.

Lo que Nicaragua revela

Desde esta perspectiva, en Nicaragua se revelan, quizás con más claridad que en los otros países de la región afectados por conflictos militares ? El Salvador y Guatemala?, las alternativas políticas que se presentan en la búsqueda de un nuevo y viable modelo político.

En Nicaragua, es de suma importancia el surgimiento de una nueva fuerza socio?política, en relación a las fuerzas contendientes en los 60, los 70 y los 80, cuando dos proyectos se disputaban el poder: el proyecto sandinista ? impulsado desde la lógica de las mayorías populares ? y el proyecto somocista ? basado en el sector más conservador de las élites empresariales ?.

Por décadas, existió en Nicaragua esta tercera fuerza, pero sólo es hasta hoy que se perfila con posibilidad de tener un creciente margen de autonomía frente a las dos fuerzas que polarizaron el conflicto social. Es la fuerza que los somocistas conocieron como "sector empresarial modernizante", simbolizado en los 70 por Pedro Joaquín Chamorro quien, contrapuesto al somocismo y al sandinismo buscó impulsar un modelo de democracia empresarial. Hoy, este sector ?encabezado no por casualidad por su viuda, Violeta Barrios? es el que está en el poder.

En los tiempos somocistas, los chamorristas estuvieron subordinados a Somoza, y aunque periódicamente entraban en conflictos con la dictadura, los solucionaban con pactos y componendas que permitían al somocismo continuar siendo hegemónico dentro del conjunto de la burguesía nicaragüense. Cuando ? tras el asesinato de Pedro Joaquín Chamorro ? buscaron, por primera vez en su historia, romper con el somocismo y se aliaron con el sandinismo, los sandinistas mostraron mayor fuerza y habilidad que ellos y consiguieron la hegemonía en esa alianza, lo que les llevó al triunfo de 1979 y a más de diez años de gobierno.
Así, esta "burguesía modernizante" nunca tuvo posibilidades de un desarrollo autónomo y no pasó de ser una fuerza subordinada o al somocismo o al sandinsmo. Las carambolas de la historia le dan hoy el chance histórico, derrotado el proyecto ditactorial somocista en 1979 y el proyecto socialista sandinista en 1990.

La necesidad de alianzas

En caso de desarrollarse y consolidarse este sector, hoy en el poder, podría atraer tras sí a una gran parte de los sectores medios del campo y de la ciudad, que verían en esta burguesía la vía para evitar la exclusión dictatorial a la que les sometió el somocismo y la guerra y el descalabro económico que vivieron con el sandinismo.

Sin embargo, es un hecho cada vez más patente que en la Nicaragua de los 90 ninguna de las tres fuerzas históricas que han cohabitado en el país ?somocismo, sandinismo y chamorrismo? tiene posibilidad de gobernar la nación excluyendo a las otras dos. Para ser viable el gobierno de cualquiera de estas fuerzas, tiene que aliarse estratégicamente con otra de las dos fuerzas ?no necesariamente en forma de co?gobierno?, para conformar un proyecto nacional duradero. Alianza que no implica necesariamente la eliminación de la tercera fuerza que quede excluida, pero sí su progresiva reducción en el paisaje político hasta hacer de ella un diminuto arbolito bonsai, adorno de la democracia institucional, pero carente de peso político, social o económico.

Alianza que, por estratégica, supone acuerdos sobre puntos comunes que ambas fuerzas respetan ? una como gobierno, otra como oposición ? y que constituyen el nuevo marco político nacional, el nuevo modelo político sustentado en un nuevo modelo económico.

El acuerdo estratégico del chamorrismo o con el sandinismo o con el somocismo no se producirá en base al voluntarismo de los actuales gobernantes. Vendrá determinado por la correlación de fuerzas existentes, nacionales e internacionales ? que cada vez pesan más en Nicaragua ?. Estará determinado por el peso que el somocismo o el sandinismo tengan dentro y fuera del país para poder garantizar a esa alianza una estabilidad y duración en el tiempo. Y por la capacidad que el somocismo o el sandinismo tengan de vetar mediante protestas sociales un eventual acuerdo con la fuerza rival.

En el caso del sandinismo, su peso social puesto en acción deberá lograr una modificación de la óptica triunfalista del chamorrismo, para romper así su insensibilidad y corrupción, a pesar de las crecientes necesidades de las grandes mayorías. Pero el sandinismo se estaría engañando a sí mismo si piensa que eso se puede realizar sin conseguir, paralelamente, un saneamiento ético que conceda, en sus propias filas, más valor a su capital moral que a su capital económico. En el marco de los estatutos del FSLN eso debe llevar, entre otras cosas, a una pronta renovación de la Dirección Nacional del FSLN para que el sector "piñatero" desaparezca de ella. El factor ético es clave para recuperar fuerza política ? y fuerza en las alianzas ? tanto en el ámbito nacional como en el internacional.

Dos modelos de democracia

En caso de que el chamorrismo se aliara estratégicamente con el somocismo, como socio minoritario, Nicaragua se encaminaría hacia un modelo que podríamos llamar de democracia restringida, en el que se buscaría diluir el peso y la expresión de las fuerzas populares, cerrándoles espacios de diversas formas. En una fórmula de alianza empresarial de esta naturaleza no es descartable que el somocismo pudiera retornar al poder, imponiendo su hegemonía a los chamorristas y llevando al país a un modelo crecientemente dictatorial.

En caso de que el chamorrismo se aliara estratégicamente con el sandinismo en su conjunto ? y no sólo con determinadas cúpulas del FSLN, como ahora ?, Nicaragua se enrumbaría hacia una democracia progresista, donde los sectores populares y sus intereses tendrían espacios. La consolidación de un modelo así implicaría poner freno a mayores deterioros en el ámbito económico y social, pues el retroceso de estos tres años nos está acercando peligrosamente a las estructuras socio?económicas que caracterizaron el somocismo. En una alianza así se sentarían las bases para que a mediano o largo plazo retornara al gobierno un proyecto popular, en el marco de una alternabilidad electoral que respetarían ambas partes.

Tiempos de indefinición

Hacer realidad estas hipótesis y esta alternabilidad de hegemonías supone unas bases previas de acuerdo nacional que difícilmente pueden darse entre las tres fuerzas nicaragüenses, dadas las abismales diferencias que separan a dos de ellas: somocismo y sandinismo. Para que haya alianza estable, una de estas dos fuerzas debe ser reducida a bonsai.

Como esto aún no se consigue ni tampoco es fácil conseguirlo, continúan sobre el tapete los grandes temas de la política nacional, la propiedad el principal de ellos. Una devolución masiva de propiedades confiscadas a los somocistas les daría la fortaleza económica para iniciar la "reducción" del sandinismo. Y a la inversa, si el esquema de propiedad heredado por la revolución se conservara, sería el sandinismo el que iniciaría la reduc?ción de los somocistas. Los grandes temas ? propiedad, reformas a la Constitución, ejército, etc. ? están sin definir aún por el chamorrismo, porque no tiene éste aún definida su alianza.

Para acelerar la alianza y para iniciar la "reducción" del adversario, el somocismo insiste en que el problema de Nicaragua es político. Pretenden, por la vía de reformas institucionales en las Fuerzas Armadas, en el Legislativo, en la Corte Suprema, en el Poder Electoral, etc. cerrar al máximo posible los espacios de actuación del sandinismo. Por su parte, el sandinismo insiste en que el problema nacional es económico, buscando, con una reforma o transformación de fondo del programa neoliberal, sentar las bases que permitan fortalecer a los sectores populares y reducir o eliminar los espacios por los que el somocismo recuperaría su poder económico.

El nuevo modelo político está indefinido. Al igual que está por definirse un modelo económico que sea realmente alternativo al modelo neoliberal. Indefinida está también la política de la administración Clinton ante los dilemas de fondo de Nicaragua. Son tiempos de indefinición.

¿Cuánta soberanía?

Está abierta aún la posibilidad de que Nicaragua camine hacia una democracia progresista o hacia una democracia restringida. En la primera se consolidaría como una revolución democrática la revolución que se quiso inicialmente socialista. En la segunda, sería posible una nueva dictadura somocista, que consolidaría una contrarrevolución.

En uno u otro modelo está en juego también el grado de independencia y de soberanía de la nación nicaragüense. Supuesta la buena relación o la casi total dependencia del chamorrismo ante las instituciones financieras internacionales que hoy diseñan el modelo neoliberal que nos imponen, lesionando la soberanía nacional, es evidente que una alianza chamorrismo?somocismo haría todavía más dependiente a Nicaragua, convirtiéndonos en una neocolonia. Por el contrario, una alianza chamorrismo?sandinismo permitiría al país mayores márgenes de negociación autónoma y creativa con estas poderosas instituciones y con las fuerzas que hoy controlan los mecanismos de la economía internacional.

Si las elecciones del 90 se dieron entre un modelo hacia el socialismo y el regreso a un modelo capitalista, los próximos comicios ? si es que Nicaragua llega a ellos sin definir aún un acuerdo estable entre dos de estas tres fuerzas ? serán una elección sobre el tipo de democracia: o restringida o progresista.

Es probable que un modelo económico verdaderamente alternativo al neoliberalismo sólo se pueda plantear después de que se consolide la alianza estratégica y esté trazada la definición política. En el caso de que la tendencia sea hacia una democracia restringida ? con la amenaza de un retorno a la dictadura ? no surgirá un nuevo modelo económico alternativo de corte progresista. Si la tendencia es hacia una alianza que consolide una democracia progresista, es mucho más posible que consigamos elaborar un modelo económico que sea suficientemente diferenciado del neoliberal.

El Salvador y Guatemala

Lo que sucede en la Nicaragua de los 90 tiene mucho que ver con el conflicto subyacente en estos otros dos países del área y con los límites que la nueva realidad económica impone a las fuerzas políticas, condicionando la concepción e implementación de una economía alternativa.

La actual situación pre?electoral salvadoreña no está muy alejada de la nicaragüense. También allí existen funda? mentalmente tres fuerzas: ARENA (correlativa al somocismo), el FMLN (correlativo al FSLN) y la Democracia Cristiana (correlativa al chamorrismo).

La DC no pudo, con la guerra y con Duarte, tener autonomía frente a ARENA. Pero en la nueva situación salvadoreña se perfila como fuerza con mayor margen de autonomía, aunque también necesitada de hacer alianzas.

Ninguna de las tres fuerzas salvadoreñas puede gobernar sola el país y todas necesitan construir alianzas estabilizadoras que encaminen el país hacia un modelo de democracia, que será también o restringida o progresista. En el primer caso, los acuerdos de paz no habrían logrado otra cosa que el desmantelamiento militar del FMLN y su reducción por vía legal a bonsai político. En el segundo caso, los acuerdos se fortalecerían y se avanzaría en hacer realidad el espíritu progresista que está contenido en su letra.

También es verdad que es casi imposible pensar que ARENA, con su enorme peso económico y político en la sociedad salvadoreña de post?guerra, pueda ser reducida a corto plazo a estatura bonsai ni siquiera sufrir un debilitamiento sustancial. En cualquier caso, la economía salvadoreña y su futuro modelo dependerán mucho de la correlación de fuerzas que surja de las elecciones de marzo/94.

Los recientes e inesperados cambios en Guatemala dejan ahora también abierta la posibilidad de que surja en este país ?aún en guerra? una tercera fuerza equilibradora de la polarización de tantos años. ¿Estaría encabezada esta nueva fuerza por el nuevo y singular Presidente de la República, Ramiro de León Carpio?

Obviamente, cada nación tiene sus propias características, ritmos e historia. Sin embargo, la tendencia en estos tres países centroamericanos puede hacer converger hacia el mismo dilema a sus tradicionales fuerzas de derecha, a sus fuerzas de izquierda en búsqueda y a esa nueva derecha modernizante, que sin ser el centro se coloca en él para aliarse con unos o con otros y aprovechar así la oportunidad que la historia le ha abierto.

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