Envío Digital
 
Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 98 | Octubre 1989

Anuncio

Nicaragua

Los actores del 90: en el escenario electoral del 84

¿Cómo fueron las elecciones de 1984? ¿En qué marco internacional e interno se celebraron? ¿Qué condiciones políticas había en Nicaragua hace cinco años? ¿Qué obstáculos hubo que salvar hasta llegar a las urnas? Las ya cercanas elecciones de febrero de 1990 reclaman una crónica memoria de lo que fueron las casi olvidadas elecciones de 1984.

Equipo Envío

"Estas elecciones han sido hechas según un modelo liberal pero dentro de un proceso revolucionario. Unas elecciones así son importantes para determinar el respaldo popular que tiene una causa. Y quizás el éxito más grande de unas elecciones como éstas ha sido la gran cantidad de votos que tuvieron los partidos que no eran el FSLN. Ha habido disidencia y se ha podido expresar. Desde el punto de vista de la historia de este proceso revolucionario, hemos visto ahora más claro que era acertada la concepción que se pensó allá en 1978. Ya había entonces una visión de fruto para captar que una de las bases de esta revolución tendría que ser el pluralismo político. Y ahora esto se ha institucionalizado más. Y este pluralismo confirmado en las elecciones es una de las cosas nuevas que una revolución como la nicaragüense tiene que enseñar a América Latina y a otros países. Por eso, el aporte de estas elecciones es un aporte revolucionario". (Leonel Argüello, miembro del Consejo Supremo Electoral, en entrevista a envío. Diciembre/1984)

La falta de pluralismo político: permanente argumento del gobierno Reagan

Desde el mismo comienzo de la revolución, la supuesta falta de pluralismo político se convirtió en uno de los más usados argumentos del gobierno norteamericano para atacar a los sandinistas. En 1982, la administración Reagan empieza a exigir al gobierno de Nicaragua, "elecciones libres", cuando hacía dos años, en el decreto 513 del 10 de septiembre de 1980, se había establecido ya que las elecciones se celebrarían en 1985.

El adelanto de estas elecciones anunciadas fue un reclamo permanente no sólo de los Estados Unidos sino también de partidos políticos. Durante años, el tema de las elecciones se hizo presente en toda discusión sobre la unidad nacional o sobre el proyecto de sociedad.

En 1983, año de gran tensión militar por la agresión norteamericana a Grenada se empezó a discutir en el Consejo de Estado la Ley Electoral y se promulgó la Ley de Partidos Políticos, que otorgaba a todos los partidos nicaragüenses el derecho a "optar al poder político", formulación que fue muy discutía entonces. A finales de aquel difícil año 83 se anunció que las elecciones se celebrarían en 1984, un año antes de lo previsto. El 21 de febrero del 84, al celebrar los 50 años del asesinato de Sandino, se les puso fecha: serían el 4 de noviembre, dos días antes de que se celebraran las elecciones norteamericanas, en las que Ronald Reagan se postulaba a la reelección.

1984 fue un año electoral, a la vez que fue uno de los años más duros de la guerra contrarrevolucionaria. Las elecciones de aquel año 1984 fueron muy diferentes a lo que serán las del 89. El paisaje político era otro. Y el futuro post-electoral que se podía adivinar después de los comicios era todavía muy confuso. El FSLN no se atrevía entonces a lanzar como consigna electoral el "Todo será mejor" de este año 89.

Anuncio de las elecciones y escalada de la guerra

Internacionalmente, el anuncio de adelanto de las elecciones halló receptividad y apoyo. NO en el gobierno norteamericano, que tanto había clamado por esas elecciones. "Estados Unidos quiere ver realidades detrás de la retórica", fue el comentario de George Shultz. Días después del anuncio, el 10 de enero del 84, la comisión Kissinger presentaba al gobierno Reagan su informe sobre Centroamérica. En él se expresaba "desconfianza" en la seriedad de la propuesta nicaragüense y se sugería que ésta debía ponerse a prueba con la participación en las elecciones de los insurgentes. Poco después la administración comenzó a exigir también la necesaria supervisión de las elecciones.

Richard Stone, nombrado Embajador Itinerante de los Estados Unidos para Centroamérica, viajó por la región propagandizando estas dos condiciones y buscando aliados para presionar a los sandinistas con ellas. Las presiones políticas contra Nicaragua no descartaban -según el Informe Kissinger- el uso de la fuerza como un último recurso en caso de que Nicaragua no aceptara las exigencias norteamericanas. "La guerra con Nicaragua es una opción a considerar para resolver la crisis", declaraba por su parte el General Gustavo Alvarez, jefe de las Fuerzas Armadas de Honduras, el principal aliado de Estados Unidos en el área.

Pero el anuncio de próximas elecciones tuvo su máximo eco al interior de Nicaragua. La Coordinadora Democrática Nicaragüense (CDN) -que aglutinaba entonces al PSD, PLC, PSC y a una facción conservadora- publicó el 26 de diciembre de 1983 un documento de 9 puntos en el que, siguiendo la política de presiones de los Estados Unidos, ponía como condiciones para participar en los comicios los dos mismos puntos señalados por el gobierno norteamericano: el diálogo con los alzados en armas y la supervisión extranjera de las elecciones. Los restantes puntos planteados por la CDN eran, más que condiciones, un programa de gobierno alternativo al del FSLN.

"Quieren ganar las elecciones antes de inscribirse", dijo de este documento Daniel Ortega, entonces Coordinador de la Junta de Gobierno. Para argumentar su negativa a dialogar con los contrarrevolucionarios, el FSLN los señaló como responsables de los 50 mil muertos causados por la represión somocista y de los 7.391 muertos que había en aquel momento como producto de las acciones contrarrevolucionarias. Y como signos de su voluntad de reconciliación nacional, el FSLN se refirió a pasos dados desde el inicio de la revolución -el máximo, la abolición de la pena de muerte- hasta los de aquel año 83: indulto a campesinos y mískitos involucrados en actividades contrarrevolucionarias y amnistía para todos los que habían abandonado Nicaragua después del triunfo revolucionario, haciéndose entonces una excepción para los oficiales de la Guardia Nacional y los dirigentes contras que "hayan dirigido o planeado ataques terroristas en contra del país".

Con respecto a la supervisión extranjera de las elecciones, el FSLN la consideró lesiva a la soberanía nacional e inconsecuente con la memoria de Sandino, que en su tiempo se había opuesto expresamente a esta práctica. En lugar de esta supervisión, el FSLN propuso la presencia de observadores internacionales: de la ONU, del grupo de Contadora, de las Internacionales Socialista, Liberal y Demócrata Cristiana y del grupo de los NO-AL.

Los 6 partidos políticos existentes en el país al margen e la CDN-PDC, PLI, PPSC, PCdeN, PSN y MAP-ML aceptaron el anuncio de las elecciones, desecharon las dos condiciones planteadas por los norteamericanos y la Coordinadora y se dispusieron para emprender la lucha cívica dentro del marco legal.

En el terreno internacional, personalidades como Hans Juergen Wischnewski, vicepresidente de la Internacional Socialista y líder de la socialdemocracia alemana, y Carlos Andrés Pérez fueron de los primeros en mostrar su apoyo a la decisión del gobierno de Nicaragua. En entrevista a "La Prensa", Carlos Andrés declaró que si fuera nicaragüense, participaría como oposición, como miembro interesado o como un simple ciudadano en las elecciones anunciadas. El grupo de Contadora dio su apoyo a las elecciones nicaragüenses como una concreción de los 21 "objetivos generales' del Documento que había sido firmado el 9 de enero de 1984 por los cinco presidentes centroamericanos. Los 21 objetivos se contenían en 5 grandes apartados: Paz, Democracia, Seguridad Nacional, Economía y Derechos Humanos.

La respuesta norteamericana no sólo fue de presiones políticas. También se dio un escalamiento de la agresión militar. En febrero del 84, Estados Unidos inició el minado de los puertos nicaragüenses, utilizando para ello lanchas pirañas, helicópteros y aviones. Henry Kissinger y Jeane Kirpatrick -embajadora norteamericana en la ONU- justificaron esta acción terrorista -que The New York Times calificó de "bloqueo hecho a mano" como una "acción legal" porque Nicaragua "realiza una acción armada contra sus vecinos". El minado de los puertos -hito histórico en la guerra contrarrevolucionaria que, años después, en ocasión del Contragate, sería revelado en todos sus detalles como una acción directa de la CIA- tendía a desgastar la ya débil economía del país y buscaba sobre todo crear una situación de desestabilización en la que la realización de las elecciones fuera imposible.

Pero no sólo eran sofisticadas minas las que introducía la CIA en aguas nicaragüenses. En los meses siguientes al anuncio de elecciones se infiltraron en Nicaragua 6 mil nuevos contras estructurados en 5 Comandos Regionales, 3 Fuerzas de Tarea y 6 Columnas de 300 hombres estos últimos del grupo ARDE y en la zona sur del país. Tres grandes maniobras militares organizó también el gobierno de Estados Unidos como amenaza contra Nicaragua: las "Granadero I", a sólo 8 kms. de la frontera con Honduras, las "Ocean Venture 84" en aguas del Caribe y las "Guardianes del Golfo", en el golfo de Fonseca. Por otra parte, el Congreso norteamericano aprobó abiertamente $21 millones para financiar a los contrarrevolucionarios. "Con elecciones o sin ellas continuaremos nuestra política de presión sobre Nicaragua", fueron las palabras de George Shultz.

Ante esta escalada, el gobierno de Nicaragua lanzó una ofensiva internacional para denunciar el "terrorismo de Estado" del gobierno Reagan acudiendo a Contadora -que condenó el minado el 8 de abril-, al consejo de Seguridad de la ONU y finalmente, acusando formalmente al gobierno de Estados Unidos ante el Tribunal Internacional de La Haya -que emitiría su fallo 2 años después-. La revolución se planteó un claro y nuevo objetivo: defender militarmente las elecciones de las acciones terroristas que iban a pretender impedirlas. El 25 de marzo, la Asamblea Sandinista declaraba que las elecciones eran "parte de la Defensa de la Revolución".

El inmenso desafío de organizar las elecciones

El 15 de marzo de 1984, el pleno del Consejo de Estado aprobó finalmente -después de varios paréntesis y altibajos- el texto definitivo de la Ley Electoral. Y la Junta de Gobierno nombró a los 3 miembros del Consejo Supremo Electoral (CSE) -después se ampliaron a 5-, que funcionó desde ese momento como cuarto poder del Estado, quedando en sus manos la responsabilidad de llevar a término el proceso que conduciría a las elecciones.

Entre los puntos más debatidos de la Ley Electoral estuvo la edad mínima para votar -quedó en 16 años-, para ser candidato a la Presidencia y Vicepresidencia -25 años- y representante en la Asamblea Nacional -21 años-; la inscripción obligatoria para las elecciones, la emisión del voto como un derecho, y el derecho al voto de los militares.

En marzo quedó también establecido el calendario electoral; la inscripción de los candidatos sería del 25 de mayo al 25 de julio; la de los ciudadanos el 27, 28, 29 y 30 de julio y la campaña electoral duraría del 1 de agosto al 2 de noviembre.

El Consejo Supremo Electoral se dio a la tarea de organizar las elecciones, partiendo en muchos aspectos de la nada. El primer objetivo era superar la imagen de las elecciones somocistas, marcadas por la coacción y por mecanismos que favorecían el fraude. Esa tarea implicaba estudiar y decidir todos los detalles, desde el tipo de tela que debían tener las cortinas tras las que debían votar los ciudadanos -en el somocismo eran transparentes- hasta el establecimiento de las demarcaciones electorales trabajando sobre un estimado de la población del país, porque no existía censo poblacional desde hacía muchísimos años.

Preparar al personal que trabajaría en las Juntas Receptoras de Votos fue otro gran desafío. Entre el 20 de mayo el 22 de julio se celebraron talleres de capacitación en todo el país. El primero duró 8 días y en él participaron 170 personas, la mayoría de las cuales fueron después los presidentes de las juntas electorales zonales. Esos 170 multiplicaron lo aprendido en otros 36 talleres regionales de 4 días, en los que se capacitaron otras 1,200 personas, que a su vez orientaron otros 375 talleres zonales. Se capacitó así a 40 mil personas en total, que participaron voluntaria y ejemplarmente en todo el proceso electoral, como trabajadores al servicio del CSE.

Para organizar todos los aspectos técnicos del proceso fue muy valiosa la asesoría de expertos suecos. "Ellos tienen mucha experiencia y sólo nos hacían recomendaciones. Nos dieron sugerencias que tomamos en cuenta y que nos dieron un gran resultado", reconocería después de los comicios Roberto Everstz, que estuvo al frente de la Dirección de Asuntos Electorales. Suecia, Noruega y Finlandia hicieron una estimable dancen de papel, con el que se imprimieron las boletas electorales y otros materiales del CSE y se apoyó a los partidos para su propaganda.

Se calcula que en todo el proceso electoral se gastaron 300 toneladas de papel y que la ayuda internacional que recibió el CSE fue de un millón 500 mil dólares. Francia regaló 30 aparatos de télex para la recepción de los datos de todas las Juntas Receptoras de Votos, Finlandia donó 55 máquinas calculadoras para los contadores que trabajaron en el Centro de Cómputos que se instaló en Managua durante las votaciones y también la tinta indeleble que se empleó para marcar el dedo de los votantes. En total, se calcula que los gastos del proceso electoral costeados por el presupuesto estatal -entre los que se incluyó el financiamiento a los partidos políticos- fue de unos 400 millones de córdobas, que al cambio de entonces representaban 14 millones de dólares.

Se abren los espacios políticos y se abstiene la Coordinadora

A pesar de que la Ley Electoral garantizaba el desarrollo del proceso electoral con un amplio margen e pluralismo y libertad, la CDN, en comunicado del 25 de mayo, día en que se inició la inscripción de los partidos políticos, condicionó su participación en las elecciones al cumplimiento de los famosos 9 puntos del documento de diciembre/83, haciendo especialmente énfasis en el diálogo con "los alzados en armas". Hacía apenas un mes que la Conferencia Episcopal de Nicaragua había hecho este mismo planeamiento en una polémica Carta Pastoral que publicaron los obispos el domingo de Pascua y que provocó el mayor nivel de confrontación verbal entre el gobierno y la jerarquía de la Iglesia Católica que se había producido en cinco años de revolución.

Mientras ponía condiciones, la CDN aprovechaba los espacios abiertos dentro del vigente estado de emergencia. Sin embargo, se iba perfilando ya su opción abstencionista. "La Prensa" atacó a todos los partidos que decidieron participar en el proceso electoral, especialmente al PLI y al PCD, acusándolos de "colaboracionistas" y ridiculizó permanentemente al candidato del PLI, Virgilio Godoy. El diario se negó también a publicar cualquier propaganda partidaria u oficial que legitimara las elecciones, incluidos los avisos del Consejo Supremo Electoral.

Mientras esto sucedía en Nicaragua, en Estados Unidos se desarrollaba también un proceso electros, en el que el tema nicaragüense y el centroamericano se convirtieron en puntos de ardiente polémica. La administración republicana de Ronald Reagan necesitaba cambiar su imagen e inflexibilidad y militarismo, pues si bien el electorado norteamericano avalaba la gestión del presidente Reagan, haciendo casi segura su reelección, no estaba de acuerdo con su política hacia Centroamérica. Tratando de no restar puntos a su popularidad y de no entregar el caso centroamericano a la propaganda opositora de los demócratas, Reagan decidió dar un signo de flexibilidad.

El 1 de julio, a la par que los contrarrevolucionarios escapaban de Ocotal, tras un intento frustrado de tomar la ciudad norteña -uno de los más importantes y fracasados golpes militares propagandísticos de la contra-, George Shultz llegaba sorpresivamente al aeropuerto de Managua para dialogar con el gobierno sandinista. A partir de ahí se iniciaron entonces las conversaciones Estados Unidos-Nicaragua conocidas como el diálogo de Manzanillo, por la ciudad Mexicana donde se celebraron los encuentros.

El tiempo mostró que se trató de un paso puramente táctico de la administración republicana para asegurar la reelección de Reagan y preparar condiciones para reanudar la agresión militar contra la revolución. Aunque el contenido de las pláticas nunca se hizo publico, por acuerdo mutuo de las partes, su inmediato estancamiento tras las elecciones norteamericanas mostró que no había sido más que un recurso de "maquillaje", como acostumbran a decir los gringos en su argot político.

Mientras se dialogaba en Manzanillo, los contrarrevolucionarios financiados por el gobierno de Estados Unidos continuaban la guerra. Organizaron específicamente un plan terrorista destinado a sabotear las elecciones, que se llamó "Luna Negra". En esta difícil coyuntura, la movilización popular del 19 de julio en Managua, en la que participaron 300 mil personas, fue un signo del respaldo popular a las elecciones, que estaban siendo tan atacadas por los norteamericanos y por la CDN.

En ocasión del 50. aniversario de la revolución, el gobierno anunció el levantamiento casi total del estado de emergencia para garantizar plena libertad en el proceso electoral. Se restablecieron los derechos de libre circulación, reunión, manifestación pública, huelga, amparo y hábeas corpus. También se dio total libertad de expresión, manteniéndose únicamente la censura en la información sobre asuntos militares. Y se prorrogó la ley de amnistía hasta el mismo 4 de noviembre, liberando a presos que permanecían encarcelados por actividades violatorias de la ley de emergencia, muchos de ellos militantes del PCD.

A la tensión política creada por el desafío que representaba el desarrollo las inscripciones, se unió la creada por la llegada al país de Arturo Cruz, designado el 21 de julio por los partidos de la CDN como su candidato a presidente, cuando todavía estos partidos no tenían suficientemente dilucidada su participación o no en las elecciones. Ya desde Washington, en donde trabajaba para el Banco Interamericano de Desarrollo, Cruz declaró que estaba seguro de ganar si se les daba "tiempo y libertad".

Al llegar a Nicaragua, Cruz amenazó con la abstención si el gobierno no cumplía los 9 puntos señalados por la CDN en su documento de diciembre/83. Se abrió de nuevo el debate sobre este polémico documento, en el que se mezclaban y confundía "condiciones electorales" -algunas ya se estaban implementando- con líneas programáticas de gobierno. Están pidiendo que el FSLN, simple y sencillamente, inicie un desmantelamiento de sus propias estructuras, fue el comentario de Mauricio Díaz, dirigente del PPSC. Cruz volvió a plantear que el diálogo de reconciliación nacional, que incluyera a los dirigentes contrarrevolucionarios del exterior, era la condición básica para que la CDN participara en el proceso, a la vez que calificó el proceso electoral de farsa y la Ley Electoral, discutida durante meses por todos los partidos -incluidos los de la CDN- como una extorsión política.

En sus primeras ruedas de prensa en Nicaragua, Cruz se presentó como mediador entre el gobierno revolucionario y los contrarrevolucionarios, con los que dijo estar en contacto y a quienes llamó amigos.

La llegada de Cruz al aeropuerto de Managua resultó una de las grandes sorpresas de la campaña electoral. Porque a pesar de toda la propaganda desplegada por La Prensa, sólo unas 400 personas llegaron a recibirlo. Durante unos día, la CDN organizó concentraciones, en donde se oyó corear consignas como "¡Con Arturo Presidente tendremos pasta de dientes". En Chinandega y Matagalpa estas concentraciones terminaron en violencia callejera entre los simpatizantes sandinistas y los de la CDN.

Al final, después de toda la expectativa creada, especialmente en Managua, la CDN no inscribió a sus candidatos en los plazos estipulados por la ley electoral. Tampoco lo hizo cuando se les prolongó el plazo hasta el 5 de agosto. Desde ese momento y hasta lo sucesos de comienzos de octubre en Río de Janeiro -que abrieron un dramático y breve paréntesis- la CDN enarboló la bandera abstencionista, amenazando con que si no se cumplían sus condiciones, habría "un baño de sangre".

Al no inscribirse para concurrir a los comicios -y según disposición de la ley electoral- los partidos de la CDN perdieron su personalidad jurídica, que les fuer retirada por el Consejo Nacional de Partidos Políticos. Sin embargo, la Coordinadora continuó teniendo una abierta presencia política, tanto a través de su fiel vocero, el diario "La Prensa", como a través de reuniones, asambleas y hasta conatos de manifestaciones al aire libre que les estaban prohibidas por la ley, al haber perdido su personalidad jurídica. Por el clima creado con sus declaraciones y el desafío que representaban, estas concentraciones produjeron altercados callejeros violentos en León, Boaco y Masaya.

Los partidos que decidieron participar en el proceso electoral criticaron continuamente el abstencionismo de la CDN, por muy distintas razones. "Es una manera de colaborar con el continuismo del FSLN", dijo Virgilio Godoy, candidato del PLI, a pesar de que su partido amenazó durante toda la campaña con seguir ese camino abstencionista. Mauricio Díaz calificó de "Cómoda" la postura de la CDN y afirmó que había sido tomada desde Washington y no desde Caracas (se refería a la polémica abstención del Partido Social Cristiano que fue permanentemente cuestionada por la DC internacional). Domingo Sánchez, candidato del Partido Socialista, señaló que los partidos de la CDN "respaldan a Reagan con su posición intransigente".

Para el FSLN, la Coordinadora se había "suicidado políticamente" al abstenerse, porque se automarginaba con esta decisión de la redacción de la nueva Constitución de Nicaragua, tarea fundamental que desarrollarían los diputados que iban a ser elegidos para conformar la nueva Asamblea legislativa.

Las inscripciones de votantes resultaron una gran sorpresa

En los últimos días de julio se celebraron las inscripciones. La falta de cedulación ciudadana, de una identificación única, y el deseo de crear mecanismos que garantizaran contra cualquier fraude, llevó al Consejo Supremo Electoral a establecer la libreta cívica, que se entregaba a todo ciudadano al inscribirse y que él debía presentar como identificación al momento de ir a votar, retirándosele, tras ejercer el voto.

Organizar todo el proceso de inscripciones, desde la impresión de los catálogos y las libretas cívicas hasta la elaboración de una propaganda masiva que motivara al pueblo fue un desafío de alto calibre para el CSE, en un país en donde ninguno de los votantes había conocido otra cosa que las elecciones somocistas, organizadas de principio a fin para e fraude. El proceso de inscripciones costó mucho sudor y 90 millones de córdobas.

Se temía la abstención. Y no tanto por una voluntad política del pueblo de no participar sino por la delicada situación militar en algunas zonas, por la falta de hábitos ciudadanos y por los mismos defectos que podían aparecer hasta el último momento en la recién creada infraestructura preelectoral que había diseñado el CSE.

Los resultados sorprendieron a todos. El número estimado de electores con capacidad de voto había sido calculado en 1 millón 665 mil 528 personas y el número de ciudadanos inscritos al término de las cuatro jornadas fue de 1 millón 551 mil 597 personas, lo que supuso una participación récord de más del 95%. La primera declaración de un vocero del gobierno Reagan fue de perplejidad: "No podemos explicarnos qué mueve a los nicaragüenses a inscribirse". La sorpresa tocó también a los partidos de la CDN que postulaban la abstención, aunque en los últimos días antes de las inscripciones habían llamado a través de La Prensa a participar.

El alto nivel de participación sorprendió también al propio gobierno, que nunca la esperó tan ordenada y tan masiva. El millón y medio de inscritos rebasó los cálculos más optimistas y obligó a reformular los mismos estimados poblacionales que manejaba hasta entonces el Instituto Nacional de Estadística y Censos. La inscripción masiva se interpretó como un masivo voto por la legitimidad del proceso y también como una garantía de que la logística necesaria para asegurar participación y orden el día de las votaciones estaba ya ensayada y asegurada.

La guerra seguía. 40 Juntas Receptoras de Votos no pudieron inscribir por la presencia contrarrevolucionaria en la zonas afectadas. A la par, seguía también la amenaza militar norteamericana. El 8 de agosto, recién comenzada la campaña electoral, llegó a instalarse en aguas del Pacífico nicaragüense el acorazado norteamericano "Iowa", capaz de alcanzar con sus potentes proyectiles la capital de Nicaragua. Gerald Gnockow, capitán del Iowa, verdadero cuartel flotante con 1,200 marines a bordo, declaró: "Si mi gobierno me ordena intervenir en cualquier país centroamericano, estoy en capacidad de hacerlo". Para servir a estos fines intervencionistas, el "Iowa' había sido modernizado recientemente, al costo de $400 millones, cantidad muy superior a lo que Nicaragua ganó por todas sus exportaciones aquel año.

La campaña electoral iba a durar tres meses, el triple del tiempo de las campañas británicas, el doble de la campaña española y una tercera parte más larga que las campañas en Estados Unidos. A la par que se abría el espacio legal, se abrió también para los partidos el espacio en los medios de comunicación. Para pagar estos espacios, así como para comprar otros materiales necesarios para la propaganda (papel, pintura, gasolina) el Estado entregó a cada partido 9 millones de córdobas.

Bajo el principio de Libre contratación, cada partido tuvo derecho a 30 minutos semanales en la TV y a 45 minutos semanales en cada una de las emisoras de radio del estado. Bajo el mismo principio, pudieron contratar también espacios en las emisoras privadas, que estaban obligadas a vender un mínimo de 5 minutos diarios a cada partido. Se exceptuó a "Radio Católica" y a "Ondas de Luz", emisoras religiosas, que no podían publicitar a ningún partido. La TV dedicó media hora diaria en horas pico de la noche en el canal 6, el de mayor audiencia, a la propaganda proselitista. Cada partido, turnándose, tuvo media hora semanal, en dos espacios de 15 minutos. A fines de septiembre, el estado redujo los precios radiales y televisados en un 50% para dar mayores posibilidades a los partidos.

Durante toda al campaña, "La Prensa" no publicó publicidad de ningún partido, porque su opción era el abstencionismo. El Nuevo diario la publicó de todos los partidos y Barricada, aunque sí informó ampliamente de las actividades partidarias, sólo publicó propaganda del FSLN.

Una victoria en Contadora y el peligro de la intervención de Estados Unidos

Una gran victoria diplomática en el espacio negociador abierto por Contadora vino a reforzar a comienzos de septiembre la legitimidad del proceso electoral nicaragüense, causando nuevos desconciertos al gobierno norteamericano. Para aquella fecha el grupo de Contadora llevaba 20 meses trabajando para impedir que la confrontación Estados Unidos-Nicaragua se resolviera por la vía militar y desencadenara un conflicto regional. Para entonces, Contadora había elaborado un Acta de Paz ante la cual Nicaragua había manifestado algunas inquietudes para decidirse a firmarla. En aquella encrucijada y para lograr algún éxito, Contadora necesitaba 1) revisar el Acta de Paz teniendo en cuenta esas inquietudes, 2) comprometer a Estados Unidos en el proceso de paz y 3) evitar que el tema de Nicaragua fuera a parar a la OEA, donde el nivel de autonomía de los países latinoamericanos frente a Estados Unidos había sido históricamente mínimo.

El Acta Revisada de Contadora, fechada el 7 de septiembre, tuvo e cuenta el punto de vista nicaragüense eliminándose del documento la exigencia de los diálogos de reconciliación nacional con las fuerzas insurgentes de los distintos países. Esto vino a legitimar el proceso electoral que Estados Unidos y la CDN intentaban condicionar a ese diálogo reconciliador. Por otra parte, el Protocolo adicional al Acta, que en la primera versión del texto estaba destinado a ser firmado únicamente pro los países directamente involucrados en el conflicto centroamericano -Estados Unidos, URSS y Cuba- quedó abierto en el Acta Revisada a la firma de todos los países del mundo, lo que amplió notablemente la muralla anti-intervencionista. Finalmente, el Acta Revisada fue llevada por los propios cancilleres de Contadora a la 39 Asamblea de la ONU, evitándose definitivamente la peligrosa curva que podía hacer desembocar el tema centroamericano en aguas de la OEA.

El 21 de septiembre, en un acto solemne, el comandante Daniel Ortega y el padre Miguel D'Escoto anunciaban al pueblo nicaragüense y al mundo la decisión de Nicaragua de aceptar en su totalidad y suscribir de inmediato, sin modificar alguna el Acta Revisada. Nicaragua era e primer país centroamericano que se pronunciaba sobre el texto final y que lo aceptaba plenamente.

El gobierno norteamericano se vio amargamente sorprendido por esta decisión. En los días previos, todo su aparato de propaganda se orientó a presentar a Nicaragua como el país intransigente que obstaculizaba la paz en el área y boicoteaba a contadora. Incluso se especulaba con que Daniel Ortega, en su discurso ante la Asamblea General de la ONU, explicaría por qué Nicaragua no podía firmar el acta. De un día para otro había cambiado todo el escenario.

Estados Unidos comenzó a presionar a sus aliados centroamericanos para que hicieran "necesarias modificaciones" al Acta. Después, los cuatro gobiernos explicitaron su rechazo a la misma, argumentando que era deficiente y que se necesitaba una nueva fase de negociaciones. A pesar de esto, las elecciones nicaragüenses y el Acta de Contadora, dos banderas manipuladas por los Estados Unidos, perdían vigor, por la fuerza misma de la realidad. Hubo entonces una nueva escalada militar. 6 mil contras dentro de Nicaragua y 9 mil en la frontera con Honduras amenazaban a Nicaragua.

En su discurso en la ONU, el Comandante Daniel Ortega alertó al mundo: "La ofensiva militar está lista a desarrollarse a partir del 15 de octubre. También están listas las fuerzas norteamericanas para el incursión directa sobre Nicaragua. Están preparados los gobiernos centroamericanos que llevarán la formalidad de solicitar la "ayuda" de los Estados Unidos... Tienen los actores en sus respectivos sitios, con sus papeles memorizados. Ya están hechos también los cálculos de las bajas norteamericanas al realizarse la intervención. Se trata de repetir la obra vergonzosa de Granada, ahora contra Nicaragua".

Mientras se amenaza con la intervención directa, la guerra seguía. Según informaciones oficiales de aquellos meses, en agosto y septiembre se desarrollaron 202 combates, con el saldo de 286 contrarrevolucionarios y 75 sandinistas muertos.

Siete partidos en plena campaña

La campaña electoral, fue sobre todo una campaña austera, pobre en esos recursos propagandísticos que son parte de los escenarios electorales. Un enorme esfuerzo y muchas semanas costó la impresión a todo color de uno de los productos más llamativos de la campaña, las boletas electorales. Se imprimieron 4 millones al costo de casi 200 mil dólares.

Hicieron su campaña 7 partidos. El Partido Liberal Independiente llevó como candidato a Presidente y Vicepresidente Pereira. El tema de la paz fue el eje central de la propaganda del PLI. En un país en donde la guerra ocupa el primer lugar no puede existir bienestar ni paz para el pueblo. Votando por el PLI votamos por la paz, decía una de sus consignas radiales. El PLI interpretó la guerra como un negocio de los que nos gobiernan y un experimento de las dos grandes potencias. Fue este partido quien inició durante su campaña otra campaña contra los internacionalistas. En todos sus mítines, Virgilio Godoy hablaba de este tema, prometiendo que si ganaba el PLI los sacaría a todos del país, llevándolos al aeropuerto hasta con música, con tal de que se vayan.

El Partido Conservador Demócrata llevó como candidato a Clemente Guido y a Mercedes Rodríguez, viuda del General Emiliano Chamorro, viuda del conservador que firmó con Somoza el llamado Pacto de los Generales. El PCD se definió siempre como centrista y en una de sus cuñas radiales decía: "¡Somos la clase media luchando por tus derechos!". En sus comparecencias, Clemente Guido enseñó varias veces a los electores la oración de la libertad, que debían rezar cada día antes de acostarse para que les dé valor para votar por el Partido Conservador". La oración era muy simple: ¡De frente contra el Frente!

El Partido Socialista llevó como candidatos a Domingo Sánchez Sancho y a Adolfo Everstz. En un principio, los socialistas quisieron que a las elecciones se presentaran un días "todas las fuerzas revolucionarias". En su campaña, el PSN defendió siempre la revolución: "somos hermanos políticos e ideológicos del FSLN -manifestó varias veces Domingo Sánchez- y cuidamos el proceso revolucionario como a la niña de nuestros ojos". Proponía una revolución en la revolución para combatir el oportunismo, el burocratismo y la prepotencia que la estaría desvirtuando. Criticaron también al imperialismo norteamericano apoyando el fortalecimiento de la defensa militar de la nación.

El Partido Popular Socialcristiano llevó como candidatos a Mauricio Díaz y a Guillermo Mejía. El PPSC enfatizó en su propaganda "lo cristiano". Sus consignas -"Cristianos al poder", Los cristianos somos la paz, Revolución sí, pero cristiana, "El modelo no es cristiano ni nicaragüense" - se dirigían según ellos al 99.5% de los nicaragüenses, que son cristianos.

El Partido Comunista de Nicaragua llevó como candidatos a Allan Zambrana y a Manuel Pérez Estrada. Su campaña electoral fue la más sobria y al más gris, haciendo énfasis en las líneas económicas no revolucionarias del gobierno sandinista, desde la economía hasta la política salarial.

El Movimiento de Acción Popular Marxista-Leninista llevó como candidatos a Isidro Téllez y a Juan Alberto Henríquez. La campaña de MPA-ML estuvo caracterizada por duras críticas tanto a la política económica del gobierno como al imperialismo. Una de las consignas del partido era: !Ni un voto a la burguesía! !Balas para el imperialismo!, mientras se calificaba implícitamente al sandinismo de socialdemocracia y se declaraba explícitamente que la campaña no era para pedir votos sino para llegar al cerebro de los trabajadores.

El Frente Sandinista llevó como candidatos a Daniel Ortega y a Sergio Ramírez. Su campaña fue extremadamente realista, con ninguna promesa, con ningún "todo será mejor". El FSLN declara con responsabilidad al pueblo que vanguardiza -decían los documentos oficiales de campaña- que las posibilidades de aumentar rápidamente el nivel de vida son muy limitadas. También habló claramente de la continuación de la guerra y de las duras perspectivas económicas a través de los 70 mil activistas que desplegó por todo el país en visitas casa por casa, mecanismo de propaganda al que concedió mayor importancia que a cualquier otro. "Seguimos de frente con el Frente" fue la consigna electoral del FSLN.

En Río de Janeiro, el último round FSLN-CDN

Desde que las elecciones se anunciaron, la CDN trató de presentarse, interna e internacionalmente, como la única oposición legítima. El gobierno y el FSLN, aún sin admitir ese presupuesto, hicieron lo posible y lo imposible porque la CDN abandonara su posición abstencionista y participar en los comicios. Por eso, en septiembre, el FSLN solicitó al Consejo de Partidos Políticos que devolviera su personalidad jurídica a la CDN y al Consejo Supremo Electoral que ampliara extraordinariamente el plazo de inscripción. Las dos solicitudes fueron aceptadas y el 2 de octubre, en la reunión del Buró de la Internacional Socialista en Río de Janeiro se dio el último round de la batalla. Allí, el Comandante Bayardo Arce, en presencia de Willy Brandt, Carlos Andrés Pérez y Hans J. Wischnewski, negoció con Arturo Cruz la participación de la CDN en las elecciones.

En Río, la demanda clave de la CDN para condicionar su participación fue la posposición de las elecciones, incluso hasta noviembre de 1985. A esta exigencia se unieron otras 20 garantías electorales (más divisas para papel, más tiempo en los medios, etc.). A todas estas demandas accedió el Comandante Arce. Respecto de la posposición de las elecciones, la aceptó hasta enero de 1985 a cambio de que Cruz consiguiera que los contrarrevolucionarios cesaran la guerra, depusieran las armas y abandonaran Nicaragua antes del 25 de octubre.

Cuando ya parecía que Cruz iba a aceptar, éste decidió llamar a Managua y al volver a la mesa de negociaciones en donde Cruz se había comprometido hacia minutos, se declaró "sin representatividad" para firmar acuerdos definitivos. Arce percibió entonces que se trataba de tácticas dilatorias y abandonó las conversaciones. El fracaso de las negociaciones de Río, apenas un mes antes de las votaciones, consagró definitivamente la abstención de la CDN y la irreversibilidad de la fecha de las elecciones.

La posposición de las elecciones fue un reclamo permanente el gobierno norteamericano que estaba preparando la reelección de Reagan. Asegurada ésta, Reagan quería asegurarse también más meses de desgastante debate político y de guerra en una Nicaragua "sin elecciones", lo que le facilitaría más cualquiera de sus proyectos agresivos. En una situación así, no tendría que esperar otra coyuntura favorable porque ésa sería la coyuntura: la ausencia de elecciones. Sin aceptar este análisis no se puede entender la marcadísima insistencia del gobierno Reagan en este tema de la posposición de la fecha electoral. La posposición de las elecciones no significaba otra cosa que la posibilidad de dar golpes militares tan contundentes que provocaran que éstas no se llegaran nunca a realizar.

Sobre lo sucedido en Río de Janeiro se ofrecieron versiones muy diferentes. La CDN presentó al FSLN como "inflexible", mientras el Comandante Arce, de regreso a Managua, explicó pormenorizadamente a todo el pueblo el proceso de las negociaciones y sus resultados. Los testigos de la Internacional Socialista que estuvieron presentes callaron para mantener su neutralidad, aunque en México, Brandt hizo declaraciones suficientemente explícitas: Lo sensato hubiera sido la participación del grupo encabezado por Arturo Cruz, pero las negociaciones fracasaron y ellos perdieron el tren.

Y en La Habana: "La regla general es que en unas elecciones participe quien quiera participar. Y no hay que cometer el error de pensar que el único grupo de oposición que existe es el del Doctor Cruz". El Comandante Tomás Borge resumió así la situación creada en Río, y de hecho, en todo el proceso de tensión entre el FSLN y la CDN: "Tanta voluntad tenía el FSLN de que se inscribiera la CDN, como la CDN tenía de no inscribirse".

Otro tema que creó tensión y generó polémicas fue la expectativa creada, desde el anuncio mismo de las elecciones, sobre cuál sería la posición oficial de los obispos nicaragüenses frente a ellas. Pronto se empezó a hablar de la publicación de una Carta Pastoral sobre el tema. Mientras los sectores eclesiásticos más beligerantes de la Arquidiócesis de Managua, representados por el padre Bismarck Carballo, alimentaban las expectativas anunciando la publicación de una carta que contendría principios, algunos obispos, en declaraciones a los medios, decían ignorar que se estuviera preparando tal Carta Pastoral. Por otra parte, en todas sus declaraciones públicas, tanto Mons. Obando -entonces no era Cardenal- como Mons. Vega se habían manifestado escépticos ante el proceso electoral, refiriéndose siempre a la falta de condiciones.

El caso es que la Carta -escéptica o esperanzada- nunca llegó. La evaluación de la gravedad de la situación que, sin duda, tuvo que hacer la jerarquía durante la etapa de ruptura en las relaciones Iglesia-Estado abierta con la otra Carta Pastoral que pedía el diálogo con los contrarrevolucionarios y más adelante, durante la etapa de tregua que abrió el viaje de una delegación sandinista al Vaticano (septiembre/84), influyó decisivamente en profundizar la falta de consenso que siempre ha existido en la Conferencia Episcopal cuando se trata de pronunciar una palabra pública que enjuicie el proceso revolucionario.

En esta ocasión, la falta de criterios comunes se tradujo en silencio. Y así, los obispos como colectivo, no llamaron a la abstención -hubiera sido penado por la ley electoral- ni tampoco mostraron pública adhesión a ninguno de los partidos contendientes. Tampoco expresaron en un escrito pastoral distanciamiento escéptico frente a lo que iba a ocurrir. En marzo habían publicado un comunicado con normas que hacían referencia de manera genérica a las elecciones, calcando para ello las que habían publicado en 1974, en las últimas elecciones somocistas. Ahora, en vísperas de las elecciones, ya definida la opción abstencionista de la CDN, guardaron un silencio total, sólo roto por la posición unilateral y beligerante que asumió Mons. Vega el 25 de octubre, publicando una larga y personal Carta Pastoral llena de durísimas críticas al gobierno sandinista, texto que no encontró eco en ningún sector del país.

La decisión del PLI y los santos inocentes de la guerra

Si en lo internacional el debate de Río sirvió a la CDN como nuevo argumento contra las elecciones, al interior de Nicaragua contribuyó a definir de una vez el terreno del debate político. Los 6 partidos opositores al FSLN que, aceptando las reglas del juego, participaban en las elecciones criticando el abstencionismo, venían reclamando que no sólo en el exterior se hubiera agigantado a la CND como la "única y legítima" oposición, sino que también en el interior, y por responsabilidad del FSLN, se había producido idéntico fenómeno distorsionado de la realidad. Todo cambió después de Río.

Del 9 al 20 de octubre se desarrolló la llamada Cumbre de Partidos Políticos entre los 7 partidos participantes en las elecciones -los de la CDN fueron invitados y rehusaron-. En 7 rondas de conversaciones -60 horas en total- los partidos, trascendiendo la coyuntura electoral, trataron de asegurarse espacios políticos antes de poner a prueba su peso social en las urnas. El PLI de Virgilio Godoy fue el que presionó más en este sentido.

El 20 de octubre, todos los partidos firmaron los acuerdos de la Cumbre, en los que se diseñaba el futuro político post-electoral: periodicidad de las elecciones, libertad de expresión, de organización, de movilización, libertad sindical, garantías a la propiedad, carácter no partidario en las organizaciones comunales, etc.

En este contexto de apertura y diálogo, después de firmar acuerdos que incluían también la participación en las elecciones del ya cercano 4 de noviembre, se produjo la sorpresa mayor de todo el proceso: el anuncio de que Virgilio Godoy y su partido, el PLI, abandonaban la contienda.

La decisión se tomó el domingo 21 de octubre, en la convención Nacional del PLI. Después de 7 horas de debate y pro 94 votos contra 20, los delegados liberales votaron por el abstencionismo. En la noche del 22, Godoy, en comparecencia por TV, anuncio sus razones: no había garantías para que el pueblo se expresara y la paz no se conseguiría con las elecciones. En aras de la paz, el PLI se retiraba de la contienda.

Resultó muy significativo que en víspera de la convención, La Prensa, que hasta ese momento había criticado al PLI como "colaboracionista" y había ridiculizado a Godoy, hiciera elogios desmedidos al PLI y especialmente a su máximo dirigente. Después del anuncio de éste, las radios contrarrevolucionarias de Honduras y Costa Rica aplaudieron la decisión de Godoy y la presentaron como la prueba definitiva de que las elecciones eran ilegítimas y sin condiciones. El día 30 Godoy presentó por escrito su decisión ante el CSE, solicitando el retiro del emblema del PLI de las boletas electorales. Pero, fundamentándose en los términos de la Ley Electoral el CSE declaró que las boletas no se alterarían y que se tendrían como válidos los votos que se depositaran a favor del PLI. Hubo también argumentaciones técnicas: no había tiempo material para imprimir nuevas boletas.

La decisión del CSE consolidó el cisma en el PLI. El candidato a Vicepresidente, Constantino Pereira, se apoyó en este "pie legal' y convocó a la militancia liberal a oponerse activamente a Godoy a ir a votar. Los partidos y los candidatos pertenecen al pueblo. El PLI es un partido que respeta las leyes y actúa en la legalidad. Mi actitud es de dignidad para salvar el honor del PLI. Mi objetivo es unificar al PLI alrededor de una tesis patriótica, dijo Pereira en una importante comparecencia televisada.

Después Pereira señaló que alguien -sin precisar quién- le había ofrecido a Godoy la candidatura presidencial en una futura coalición de partidos opositores que participarían en otras elecciones, posteriores a las del 4 de noviembre, en las que él tendría asegurada la victoria. Esa había sido la razón de Virgilio Godoy. Todo fue una cuestión de última instancia -declaró tras las elecciones Pereira- una especie de compromiso nacido de un orgullo y una soberbia alimentada intensamente ante la promesa de que podría sr el presidente de los nicaragüenses.

El problema del PLI conmocionó al país en unas vísperas electorales cada vez más tensas. El 28 celebró su Convención Nacional el Partido Conservado Demócrata, con un objetivo similar al que reunió a los liberales: decidir si iban o no a las elecciones. Los conservadores estaban muy divididos frente al tema y la expectación política era grande. La crisis se produjo en pro, a diferencia de lo que ocurrió con el PLI, en el caso del PCD y tras debates aún más acalorados, ganaron los que querían ir a las elecciones, liderados por Clemente Guido. Al grito de "¡Arriba Clemente!" !Abajo el Frente!, "turbas" conservadoras del sector juvenil del partido derrotaron el abstencionismo que propugna el propio Coordinador del PCD, Enrique Sotelo Borgen.

Mientras tanto, los grupos contrarrevolucionarios seguían actuando. Entre sus acciones terroristas se destacó el 29 de octubre el ataque con morteros contra el asentamiento campesino de San Gregorio (Nueva Segovia), con el único resultado de 6 niños -entre 11 y 5 años- asesinados. La imagen de los niños campesinos de San Gregorio, tendidos sobre una pobre mesa de madera, "santos inocentes" de la guerra contrarrevolucionaria, se convirtió en un símbolo de lo que ocurría en Nicaragua. Desde hacía una semana Managua estaba más llena que nunca de visitante extranjeros. Se calcula que vinieron a las elecciones unos 500 observadores e invitados de 21 países y alrededor de mil periodistas.

Fue un grupo de observadores norteamericanos el que tuvo la ocasión de escuchar asombrados de boca de Mons. Pablo Vega un juicio -que se hizo histórico- sobre el crimen ocurrido en San Gregorio: "Matar el alma es por que matar el cuerpo -sentenció el obispo-. Y aquí hay una ideología que parte de que el otro es mi enemigo, y por eso una bomba que se mete en el alma es más grave".

4 de noviembre de 1984: un día para la historia

Todo estaba listo para el día 4 de noviembre. "Lo hemos hecho todo en sólo 8 meses -decía con orgullo Roberto Everstz-, y todo esto hubiera requerido de hasta 3 años en una situación normal. Todo esto era la compleja logística electoral en un país sin censo, sin estadísticas, sin hábitos ciudadanos, con guerra, con presiones políticas inesperadas...

El día 31 de octubre violó por primera vez los cielos de Nicaragua, rompiendo premeditadamente la barrera del sonido, el avión de espionaje más sofisticado de la fuerza área de los Estados Unidos, el SR-71, el "Pájaro Negro". Aquel primer día entró por el puerto de Bluff saliendo por Chinandega, atravesando Nicaragua en sólo 7 minutos y sobrevolando Managua produciendo fuertes explosiones a su paso. Los vuelos de espionaje y amedrentamiento duraron desde ese día hasta el 8 de noviembre. Se justificaban en la propaganda -que ya preparaba el gobierno Reagan- en torno a la adquisición por Nicaragua de aviones MIG soviéticos, que habrían estado llegando esos días y cuyo arribo tenía que ser verificado por Estados Unidos.

El día 2 de noviembre el FSLN celebró su manifestación de cierre de campaña reuniendo a 300 mil managuas en la nueva plaza que había sido construida recientemente a orillas del lago. Fue sin duda la más festiva y gigantesca de las 250 manifestaciones que se celebraron en el país en los 94 días de campaña. Pero el tono del candidato Daniel Ortega no fue de fiesta: "Debemos apresurarnos, en el verdadero sentido de la palabra, para preparar la defensa de Managua. Debemos prepararnos a enfrentar la intervención en cualquier momento". Los presagios eran muy preocupantes.

Ese día 2 se cerró la campaña electoral. Para entonces, 8 funcionarios electorales habían sido asesinados por los contrarrevolucionarios, el último en la misma mañana del día de las elecciones.

El 4 de noviembre Nicaragua entera amaneció dispuesta al gran desafío. Desde las 6:15 de la mañana se inició una cadena radial que informaría de todo el proceso de las votaciones y que recalcó continuamente que era "la hora de la dignidad". A esas mismas horas, el padre Bismarck Carballo hablaba por La Voz de Estados Unidos: "Como sacerdote no tengo opiniones políticas, la opinión deben darla los partidos, pero los partidos han dicho que estas elecciones son ilegítimas", fueron sus palabras.

El último éxito de la contrarrevolución fue el asesinato ese día de un policía electoral, emboscado en un camino de las montañas de Matagalpa. Sólo después de varios días se supo que e las 3.892 Juntas Receptoras de Votos, únicamente 16 -ubicadas en regiones fronterizas y en el Atlántico Central- no pudieron abrir o funcionar normalmente por el hostigamiento de los contras.

Las Juntas abrieron sus puertas de par en par a observadores y periodistas de todo el mundo, que pudieron comprobar todo los pasos de la mecánica electoral. Muchos periodistas norteamericanos pedían que les regalaran como recuerdo una boleta electoral. "Nos dijeron que en Estados Unidos les encantaría poder tener una boleta tan bonita", contó después Roberto Everstz.

Hubo dos boletas electorales -una en la que se elegía al Presidente y Vicepresidente y otra en la que se votaba por los representantes a la Asamblea Nacional, cuerpo legislativo que suplió al Consejo de Estado y que nació de aquellas elecciones. Con una cruz en la casilla de su partido, cada ciudadano decidía su voto tras gruesas cortinas azules.

El ambiente fue de total tranquilidad. eso motivó a "La Prensa" y a otros medios de comunicación que le eran afines a hablar de apatía, de un pueblo que votaba coaccionado y sin alegría. Nosotros insistimos tanto en los talleres de capacitación en la solemnidad del momento, en la seriedad y en que el voto era soberano, que todo eso se interpretó como la seriedad máxima -nos contaba Roberto Everstz-. Uno de los observadores suecos, al ve tan seria a la gente, decía que creía que estaba en su país". Y Leonel Argüello, miembro del CSE: "En su disciplina la gente fue más allá de lo que esperábamos. A mí me asustó. Igual había sucedido en las inscripciones. Hubo una conciencia enorme de la trascendencia del momento. Parecía como si la gente entrara en un templo, no hablaban. Y toda esa liturgia se iba contagiando a los que hacían fila, hasta crear un clima realmente solemne, que a nosotros mismos nos impresionó".

En la noche del día 4 los primeros datos hablaron de una masiva participación, que después se supo había sido de un 75.4. La cadena radial convocó a los ciudadanos a celebrar fiesta por el triunfo del pueblo, sin que aún hubiera datos precisos sobre los resultados de ningún partido en concreto. En las plazas de pueblos y ciudades hubo bailes, piñatas, toros encohetados y gigantonas, como una Navidad. En Managua, hasta 100 mil personas bailaron hasta la madrugada. Se celebrara un día histórico: eran las primeras elecciones que se hacían en Nicaragua contra la voluntad de los Estados Unidos.

El 5 de noviembre "Barricada" tituló: "Victoria de Sandino en elecciones libres". "El Nuevo Diario": "Ganó el pueblo". Y "La Prensa": "Votación bajo gran apatía".

Los resultados electorales y la crisis de los MIG

Días después, cuando todavía había señas de la finlandesa tinta indeleble en los dedos pulgares de los votantes, se conocieron los resultados.

-De 1.551, 597 ciudadanos inscritos en julio, votó 1.170 142 (75.41%).

-Los porcentajes nacionales para la elección presidencial sobre los votos válidos depositados fueron los siguientes:

FSLN ----------------------------------- 66.97%

PCD ------------------------------------ 14.04%

PLI -------------------------------------- 9.60%

PPSC ---------------------------------- 5.56%

PcdeN --------------------------------- 1.45%

PSN ------------------------------------ 1.31%

MAP-ML --------------------------------1.03%

Los porcentajes en la elección para diputados fueron muy similares.

Si la abstención había sido la consigna de los Estados Unidos y la de la CDN, se analizó qué significaba el 25% de abstención de los inscritos en julio.

A juicio de los analistas, las dos categorías más numerosas para engrosar la abstención fueron los combatientes movilizados por la guerra que no pudieron votar y los campesinos que tuvieron serias dificultades de transporte en zonas muy aisladas. Los votos nulos fueron sólo un 6% de los depositados. La contrarrevolución también había hecho propaganda para que la gente fuera a votar anulando su voto con señales erradas o escribiendo groserías. El bajo número de abstenciones y de votos nulos fue una clara victoria frente a la contrarrevolución.







Dividiendo el número de votos válidos de cada región por el número de diputados a la Asamblea que corresponde a cada región -proporcional al número de población- se obtiene el cociente electoral para la adjudicación de escaños en la Asamblea Nacional. El resultado final de composición de la Asamblea Legislativa fue:



De los 96 diputados propietarios de la nueva Asamblea Nacional Constituyente, 13 fueron mujeres (1 conservadora y 12 sandinistas).

Según lo estipulaba la Ley Electoral, todos los candidatos a Presidente de los partidos que resultaron perdedores tuvieron derecho a un escaño en la Asamblea.

Las delegaciones de observadores que visitaron Nicaragua esos días fueron unánimes en ratificar la honestidad del proceso de votaciones que habían presenciado. De "un sistema electoral eficiente y honesto" habló la delegación norteamericana conjunta de WOLA y el International Human Rights. La delegación irlandesa, formada por parlamentarios de varios partidos, concluyó: "Creemos que las elecciones en Nicaragua fueron libres y honestas.

El proceso electoral en Nicaragua fueron libres y honestas. El proceso electoral fue llevado a cabo con total integridad. No tenemos ninguna duda respecto de la validez de los resultados electorales'. La delegación canadiense, constituida por eclesiásticos y miembros de organizaciones de derechos humanos, se expresó así: "la ley electoral de Nicaragua es excelente. Las elecciones fueron bien administradas en circunstancias excepcionalmente difíciles. La población participó democráticamente en el proceso electoral". La delegación enviada a petición de un grupo de las Iglesias de Holanda resumió así sus observaciones: "A la pregunta de si las elecciones del 4 de noviembre constituyen un paso hacia la democracia pluralista respondemos de manera afirmativa".

Incluso las conclusiones menos entusiastas, como las de la delegación oficial del Parlamento Europeo, resultaban positivas: "El hecho de que los partidos de oposición hayan obtenido un 32% de los sufragios depositados implica 1) que los sandinistas han sacado partido de su identificación con una revolución triunfante, 2) que Nicaragua no es hoy un estado totalitario, si bien dependerá de las capacidades y del valor de opositores electos y no electos el que la democracia pueda deslizarse más tarde hacia un régimen de partido único".

Bastantes de las delegaciones de observadores expresaron también su convicción de que la abstención de la CDN estuvo políticamente decidida desde el comienzo y obedeció a una directriz del gobierno Reagan.

El 4 de noviembre, Nicaragua celebró sus elecciones. Como era de esperar, el FSLN resultó vencedor, pero ni el desarrollo de las votaciones ni los resultados electorales fueron como los esperaba la administración norteamericana. Las elecciones nicaragüenses no fueron "la farsa anunciada" por Estados Unidos.

El 6 de noviembre, Estados Unidos celebró sus elecciones. Como era de esperar, Reagan resultó vencedor. Pero, como nadie podía esperarlo, aún antes de terminar de anunciarse en Estados Unidos los resultados finales de la reelección, la administración republicana planteó, con repentino despliegue propagandístico, el escándalo de los MIG.

Basándose en un supuesto cargamento de aviones MIG de combate que estarían llegando a Nicaragua en un buque soviético, el gobierno norteamericano amenazó al de Nicaragua con tomar "las medidas que fueran necesarias" -no descartándose la intervención, según algunos voceros- para impedir su desembarco en el puerto de Corinto. Estados Unidos justificó esta actitud en el desequilibro militar que supondría en Centroamérica tales aviones y en la amenaza que representaban para la seguridad nacional de Estados Unidos.

En pocas horas se sucedieron agresivas declaraciones de Reagan, Shultz y Weinberger. El barco soviético "Bakuriani" -que no transportaba ningún MIG, sino maquinaria agrícola- fue provocativamente interpretado en el mismo canal de entrada al puerto por una fragata de guerra norteamericana que permaneció allí, en amenazante vigilancia.

El día 8 volvió a volar sobre Nicaragua el "Pájaro Negro" y ese mismo día "La Voz de Estados Unidos" interceptó por varios minutos la señal de la emisora estatal "La Voz de Nicaragua", como una "acción de prueba". Esa misma medida se tomó en Granada cuando se decidió la intervención. También en aquel largo día 8, el gobierno de Estados Unidos anunció que varios batallones de sus mejores entrenadas divisiones terrestres -entre ellas, la 82 División Aerotransportada, que participó en Granada- habían sido movilizadas de sus cuarteles, a la vez que también advertía de gigantescas maniobras militares en el área.

Nicaragua puso en estado de alerta a todas sus fuerzas armadas y a la defensa civil, llamó también al Consejo de Seguridad de la ONU y movilizó contactos políticos y diplomáticos en todo el mundo.

Así, en 72 horas, después del claro y mayoritario triunfo del FSLN y del Partido Republicano, el conflicto Estados Unidos-Nicaragua entró en una de sus más agudas fases. "Es el momento más crítico por el que ha atravesado la revolución". dijo el recién electo Presidente nicaragüense Daniel Ortega.

Imprimir texto   

Enviar texto

Arriba
 
 
<< Nro. anterior   Nro. siguiente >>

En este mismo numero:

Nicaragua
Haciendo camino: cuatro pasos hacia la paz

Nicaragua
Los actores del 90: en el escenario electoral del 84

El Salvador
En el proceso de Esquipulas es la hora de El Salvador

Internacional
La URSS ante el conflicto USA-Nicaragua
Envío Revista mensual de análisis de Nicaragua y Centroamérica