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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 89 | Noviembre 1988

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Nicaragua

Bush y Joan abren serios interrogantes

El 8 de noviembre fue elegido Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica al republicano George Bush, quien fuera durante 8 años vicepresidente de Ronald Reagan, y director de la CIA durante la administración Ford. Días antes, el huracán "Juana" había devastado Nicaragua.

Equipo Envío

La herencia de Reagan, sus límites y su única posibilidad

En la medida en que Bush se iba perfilando como triunfador, se ha ido perfilando también la futura estrategia del imperialismo norteamericano para "resolver" conflicto con la Nicaragua sandinista. Una estrategia donde demócratas y republicanos, manteniendo diferencias, coinciden en los aspectos esenciales. Una estrategia que, aún en esta etapa inicial de su diseño, provocó ya movimientos significativos en fichas nicaragüenses que serán esenciales para el nuevo juego.

En una reciente reunión de análisis políticos de Estados Unidos y América Latina celebrada en Washington, Elliot Abrams, Viceministro para Asuntos Latinoamericanos, afirmó categóricamente: "Estamos empezando la era post-contra". Evidentemente, con esto no quería decir que Estados Unidos se hubiera decidido por fin a acabar con la contrarrevolución, a desmantelarla. Cuando Abrams decía esto, miles de contras, en sus seguros campamentos de Honduras, empezaban a recibir los primeros envíos de los $27 millones de "ayuda humanitaria" que el Congreso norteamericano les había aprobado el 30 de septiembre. La "era post-contra" es la era en que republicanos y demócratas reciben a los contrarrevolucionarios como herencia de Reagan y les asignan un nuevo papel en su política anti-sandinista.

Al enumerar el 28 de octubre los "objetivos estratégicos" que quedaron pendientes en su administración y que deja al próximo gobierno, Reagan mencionó en primer lugar a su contras. Seguir apoyándolos "hasta que los sandinistas cumplan sus promesas democráticas y hasta que Ortega deje de restringir las libertades civiles" es la prioridad de su "agencia inacabada".

Después de 8 años de guerra contrarrevolucionaria y del apasionamiento patológico con que Reagan defendió y priorizó este objetivo de su política exterior, Bush no puede prescindir de esta herencia. Dukakis tampoco lo hubiera podido hacer,m de ganar la presidencia No podrán prescindir de este herencia los congresistas, republicanos o demócratas. Necesariamente todos tienen que tener en cuenta el testamento y la herencia del Presidente Saliente a la hora de repensar su política hacia Nicaragua.

En lo fundamental, Bush, hereda una derrota. En el último mes de campaña electoral, cuando en los medios de comunicación norteamericanos se hacía balance del período Reagan, la palabra "derrota" aparecía permanentemente al evaluar lo ocurrido en Centroamérica: tanto en Nicaragua como en El Salvador, aunque del fracaso en este último país apenas se quiere hablar. Y en el segundo debate televisado Bush-Dukakis, Bush reconoció el fracaso de la política Reagan en Centroamérica, aunque culpara de ella al liderazgo demócrata del Congreso.

Las fisuras en la herencia de Regan

La opción contrarrevolucionaria que Reagan mantuvo tenazmente durante 8 años y entrega en herencia a sucesor, aparece cuarteada por serios límites y sostenida por un sola posibilidad Estos límites son:

- La debilidad militar de la contrarrevolución, probada en 8 años, en los que nunca pudo tomar ningún poblado medianamente importante de la geografía nicaragüense y en 3 años consecutivos, desde 1985, de sostenido declive estratégico.

- Su debilidad política, probada en las continuas divisiones en su dirección, siempre resueltas con el maquillaje con que la diplomacia norteamericana disimulaba cualquier fisura.

- La actual oposición del partido demócrata de Estados Unidos a privilegiar una salida militar en Nicaragua, probada en los últimos paquetes de ayuda promovidos por los demócratas en el Congreso.

- Las dificultades para lograr un sostenido y homogéneo consenso antisandinista de todos los gobiernos centroamericanos, demostrados de forma sorprendente en los acuerdos de Esquipulas.

- El contexto latinoamericano, donde el Grupo de los 8, surgido precisamente al calor del conflicto centroamericano actúa, aunque con dificultades, en una reinvindicación continental de soberanía y mayor justicia económica.

- El más amplio contexto internacional, donde en Europa y en la URSS se amplía el consenso para resolver por medios políticos-negociados los conflictos regionales.

Una sola posibilidad sostiene la opción contrarrevolucionaria que Reagan deja en herencia a Bush. Y ésta es la grave crisis económica que vive Nicaragua, heredera de un subdesarrollo de siglos, desgastada por 8 años de guerra desigual y bloqueada en su economía pro más de 3 años de embargo comercial decretado por los Estados Unidos.

En esta crisis económica, sólo solucionable a largo plazo y en condiciones de paz, se encuentra la puerta abierta para que Bush-o Dukakis si hubiera sido elegido- encuentre sentido a mantener en reserva la opción contrarrevolucionaria para activarla y presionar o acabar con los sandinistas.

Si quiere ser realista, cualquier estrategia hacia Nicaragua tiene que partir de la herencia de Reagan, reconociendo sus muchos límites y esta única posibilidad. Es cierto que esos límites no son de última hora, sino que vienen probándose en la realidad desde hace años y que han sido tantos, que deberían haber abierto la posibilidad de una negociación entre Estados Unidos y Nicaragua, al menos desde 1987, después de Esquipulas II. En varios momentos de estos últimos años de guerra pareció que esa negociación iba a realizarse, ya que incluso en el partido republicano, los más pragmáticos así lo sugerían. Pero siempre, todos los pragmáticos fueron avasallados por la patología política que en relación a Nicaragua tenían el Presidente y su equipo.

Ahora, aunque Reagan hereda a sus contras, no deja en herencia a nadie su personal obsesión anti-sandinista, que ha sido tan decisiva políticamente en estos años. Es por esto que la estrategia hacia Nicaragua tenía que variar con un nuevo presidente, fuera demócrata o republicano.

El paquete demócrata: diseño de la nueva estrategia

Republicanos y demócratas, con muy distintos grados y variaciones tácticas, han ido ganando realismo frente al conflicto con Nicaragua, al analizar los serios límites que encontraría si continuaban comprometidos con la opción militar contrarrevolucionaria. Y ya desde antes del triunfo de Bush, este realismo se había ido imponiendo en algunos sectores republicanos y expresándose en las primeras pinceladas del diseño de la nueva estrategia de la era post-contra.

Estas pinceladas fueron dadas por los demócratas cuando elaboraron, defendieron y consiguieron aprobar en el Congreso, el 30 de septiembre, el último paquete de ayuda a la contrarrevolución en el gobierno Reagan, en el que hay 3 componentes:

-Ayuda logística (llamada "humanitaria") para mantener viva y viable a la contrarrevolución en Honduras: $27 millones 140 mil dólares.

-ayuda para que la Iglesia Católica la administración en favor de las víctimas de la guerra: $5 millones.

-ayuda militar para la contrarrevolución, que les sería entregada si se dan algunas condiciones: $41.5 millones.

Un poco antes, el Congreso, a través del National Endowment for Democracy (NED) había aprobado $2 millones a los partidos opositores de Nicaragua. Y el 20 de Octubre aprobó una resolución en la que apoya "la continuación de los esfuerzos para fortalecer en Nicaragua a la oposición democrática interna y a los organismos de prensa independientes.* (En el presupuesto 86/87, el NED dio a los partidos y fuerzas de oposición nicaragüenses $250 mil. En el del 87/88, $800 mil. En este de 1988/89 son $2 millones. Es una cantidad significativa, tanto por lo que suele invertir el NED en estos objetivos como por el tamaño de Nicaragua).

Este paquete demócrata, que fue "mínimamente aceptable" en su momento para los republicanos, no puede ser calificado de "liberal" -aunque lo sea más que el que deseaba Reagan- sino que se trata de un paquete con una clara etiqueta de imperialismo y pragmática.

En él está el diseño que la realidad de los límites de la contrarrevolución y de la posibilidad de la crisis económica nicaragüense impone a republicanos y a demócratas, ambos antisandinistas. Según este diseño, la nueva estrategia consistirá en fortalecer económicamente a los partidos políticos y a los sectores más conservadores la Iglesia católica para que saquen provecho político de la crisis económica y desestabilicen al gobierno, mientras mantienen viva en la retaguardia hondureña a la contrarrevolción, como reserva armada de esta oposición, capaz de ser reactivada militarmente en cualquier momento, según lo exijan los juegos y rejuegos de las negociaciones a emprender con Nicaragua.

El giro fundamental estaría en que durante estos 8 años la oposición reaganiana dentro de Nicaragua actuó como el brazo político de la contrarrevolución armada, que era quien protagonizaba la lucha anti-sandinista. Y ahora, la contrarrevolución pasa a ser el brazo armado de la oposición política, a quien se le otorga el protagonismo. Este girolo imponen los límites militares de la contrarrevolución y lo sugieren las duras condiciones de la economía nicaragüense. Y demócratas, pudiéndose después dar variaciones en los grados de la presión que se ejerza sobre los sandinistas y sobre los aliados centroamericanos. Y es sobre esos grados que discutirán Bush y el Congreso, dominado por los demócratas. Pero son sólo variaciones sobre una misma melodía, adversa a la revolución .

Condiciones pragmáticas para reactivar la ayuda militar

Las "condiciones" que señala el paquete para que sea reactivada la ayuda militar son también pragmáticas:

-Nicaragua no debe atacar "injustificadamente" a los contras. De esta forma, el imperialismo no abandona a la fuerza armada que creó y evita que los sandinistas pueden aniquilarla de una vez por todas.

-Nicaragua no debe violar "flagrantemente" los acuerdos de Esquipulas II atacando a sus vecinos. De esta forma, el imperialismo puede seguir fortaleciendo militarmente a sus aliados centroamericanos, asegurándose así un permanente cerco geopolítico de presiones.

-Nicaragua no debe recibir un "nivel inaceptable" de ayuda militar de la URSS. De esta forma, el imperialismo mantiene a Nicaragua dentro de ciertos límites en sus compromisos con el área socialista.

Este paquete, que es diseño de política al menos hasta marzo/89, es pues, un paquete esencialmente pragmática e inteligente. Los demócratas fueron realistas al proponerlo. Y los republicanos, al aceptarlo. Al hacerlo suyo demuestran que ya no pueden seguir negando la realidad de la derrota de la opción militar ni tampoco pueden menos preciar la oportunidad que les ofrece la combinación de factores sociales y políticos sobre una economía en ruinas.

Con lo fundamentalmente del análisis político que se expresa en este paquete, Dukakis y Bush estuvieron de acuerdo durante toda su campaña electoral, evitando ambos agitar las aguas más de lo debido en el sensible tema de Nicaragua, donde sigue habiendo una gran cantidad de divergencias tácticas.

Las fichas se mueven en el carril de la nueva estrategia

El "estancamiento dinámico" que caracterizó la coyuntura desde el mes de agosto empezó a hacerse más dinámico y menos estancado en el mes de octubre, en la medida en que el candidatos republicano George Bush se iba a perfilando como el futuro presidente de los Estados Unidos. Y como también se estaba ya concretando la nueva estrategia norteamericana de creciente apoyo a la oposición política mientras se mantenía a los contras como su reserva armada, los diversos actores empezaron a moverse en función de la probable nueva situación.

En el terreno político de la oposición nicaragüense, dos fueron los movimientos más significativos:

1) Continuaron los intentos por articular una "tercera vía":

El mes pasado, la anunciada alianza del Partido Social Cristiano de Erick Ramírez con Edén Pastora para crear esta alternativa mostró que había serias fisuras en el "partido de Reagan", que es la Coordinadora Democrática Nicaragüense, a la que pertenece al PSC de Ramírez, ya que el anuncio de éste provocó malestar entre otros partidos de la CDN. Después de esta ola de malestar, Ramírez comenzó a trabajar en octubre en lo que llama el Bloque Opositor (BO), con otros 4 partidos opositores: liberales, popular-socialcristiana, socialista y comunistas. Estas iniciativas han traído, como efecto inmediato, el mayor debilitamiento del llamado "Grupo de los 14", que agrupó a toda la oposición política nicaragüense durante algunos meses y que estuvo liderado por la Coordinadora.

Similares intentos hacia una alternativa "centrista", que supuestamente superaría la polarizada contradicción entre sandinistas y contrarrevolucionarios -en lo militar y también en los político-, se dieron también en el directorio contra, cuando Alfredo César anunció este mes otra nueva iniciativa: la creación de la llamada Coalición de Centro Democrático (CCD), junto a otros 4 representantes en el exilio de grupos socialcristianos y socialdemócratas.

Según César, el CCD es una organización dentro de la contrarrevolución, que tiene como objetivo inmediato negociar un cese al fuego definitivo con el gobierno sandinista y como objetivo estratégico una "solución integral", para la cual mantendrían temporalmente a los contrarrevolucionarios como reserva, sin desarmarlos, y promoverían mayores posibilidades para la oposición política interna. Como puede verse, el carril por el que pretende moverse César es exactamente el diseñado por el paquete demócrata, que con reticencias y por realismo aceptaron los republicanos, y que estará vigente al menos hasta marzo/89 Por otra parte, aunque la iniciativa Erick Ramírez Edén Pastora provocó desacuerdos en todo el espectro de la oposición nicaragüense y la iniciativa de César provocó el total repudio de los sectores somocistas de la contrarrevolución, no puede descartarse el que estos intentos vayan agarrando más cuerpo y se dé una coincidencia entre el plan Pastora y el plan César, pues ambos personajes estuvieron aliados durante años en el Bloque Opositor del Sur, grupo político militar que tuvo su sede en Costa Rica.

2) Se buscó fortalecer al sector más conservadores de la Iglesia Católica:

Es muy significativo que tanto en el paquete aprobado por el Congreso en junio, como en este último paquete del 30 de septiembre, se consideran partidas millonarias para ayuda a los niños víctimas de la guerra ($17.2 millones en junio) y para las víctimas de guerra en general ($5 millones en septiembre), que en el primer paquete no tenían un administrador específico, pero que ya en el segundo serían entregados a la Iglesia.

A esto hay que añadir que en el paquete de junio había una partida de $10 millones para la verificación de los acuerdos de paz de Sapoá, de los que $2 millones eran para el Cardenal Obando. El cardenal y el secretario de la OEA, Baena Soares, formal la Comisión Verificadora de estos acuerdos, pero la AID, sin coordinación con Baena, había ido introduciendo en el país, para el Cardenal, 25 vehículos y 8 generadores eléctricos. En todo esto, se puede apreciar que, objetivamente, la estrategia norteamericana busca otorgar un papel de cada vez mayor protagonismo político al Cardenal Obando y a los sectores eclesiásticos afines a su pensamiento político para irlo convirtiendo en algo así como en el "gran verificador" de la democracia en Nicaragua.

La potenciación política del figura del Cardenal, como aglutinador y vocero de la oposición nicaragüense vuelve a ser pieza importante en la nueva estrategia de la política norteamericana. Y para ello, las ayudas millonarias a este sector de la Iglesia y a los partidos es también clave, porque esta nueva estrategia se implementará en un país en el que todo escasea, donde por la vía asistencialista se pueden obtener ventajas políticas significativas y en donde, compitiendo con ayudas, se puede trabajar en la desestabilización de un gobierno limitado al querer dar respuesta adecuadas a las necesidades económicas nacionales.

En el carril marcado por esta nueva estrategia bipartidista se movió, aunque en dirección opuesta, el gobierno de Nicaragua.

En el mes de septiembre, el Presidente Daniel Ortega había anunciado categóricamente que la ayuda aprobada pro el Congreso para los niños víctimas de la guerra no entraría en Nicaragua hasta que no terminara la guerra misma. Esto no bastaba la palabra, por solemne que fuera. Había que concretar este principio en una ley. El paquete demócrata del 30 de septiembre y el del NE, destinados a introducir al país millones de dólares para los grupos anti-sandinistas, dio pie a la elaboración de esta ley. Como una respuesta jurídica a esta estrategia, la Asamblea Legislativa de Nicaragua aprobó por mayoría en los primeros días de octubre una ley que establece como delito de "traición a la patria" el recibir dinero del gobierno de los Estados Unidos, puesto que éste le ha declarado públicamente la guerra a Nicaragua con la creación y el mantenimiento del ejército contrarrevolucionario y porque esta guerra ha sido declarada ilegal por el más alto tribunal internacional, el que Naciones Unidas tiene en La Haya. Este delito de traición estará penado con cárcel entre 4 y 12 años y con la confiscación de los bienes del traidor.

Al mismo tiempo, y en esa misma dirección, el gobierno ha buscado canalizar legalmente otros conflictos con la oposición reaganiana. Este mes, el más sonado fue la demanda que por injurias y calumnias interpuso el gobierno contra los dirigentes de la Central de Unidad Sindical (CUS), perteneciente a la Coordinadora, que en las páginas de "La Prensa" había responsablilizado a funcionarios del gobierno por el asesinato --que se probó fue de orden común contra tres supuestos militantes suyos, los que se probó después tampoco eran tales militantes.

Creando un marco jurídico adecuado a la nueva estrategia y aplicando con firmeza las leyes que ya existen, Nicaragua está aceptando el reto del "imperialismo pragmática" de la era post-contra, diseñando así su propia estrategia. Pero como los contras siguen en Honduras, apertrechados, entrenándose y alimentándose, como reserva armada de esa oposición, en todo el mes de octubre y en noviembre continúa la inscripción y el reclutamiento de jóvenes para cumplir con el servicio militar, este año con la consigna" ¡Estoy legal!". La ley, pues, es el marco del debate político y es también la vía para continuar un debate militar que le fue impuesto a Nicaragua hace ocho largos años.

Finalmente, moviéndose también en el carril de la nueva estrategia y contando ya con una victoria de Bush la Cumbre de Presidentes centroamericanos, ya decidida para celebrarse en San Salvador a mediados de noviembre, fue suspendida indefinidamente por decisión del Presidente Duarte, que adujo no había ningún "punto de acuerdo" ni tampoco una "agenda positiva". Otro argumento dado por el gobierno salvadoreño fue que no tenía suficiente dinero para hacer esta Cumbre y celebrar la Asamblea General de la OEA, que este año tiene lugar en San Salvador también a mediados de noviembre.

La Cumbre había sido fechada para después de las elecciones norteamericanas, por sólo después de conocer sus resultados habría más claridad sobre las opciones a tomar por la próxima administración norteamericana. Pero en la medida en que Bush se fue perfilando como el ganador y tras una fira del embajador itinerante de Reagan por Centroamérica, Morris Busby, la Cumbre quedó pospuesta. Esta decisión en la que las posiciones de los gobiernos de Honduras y El Salvador son las que más pesan, puede interpretarse como una forma de dejar las manos libres a Reagan y a Bush sin que los centroamericanos hayan dicho una nueva palabra -Esquipulas IV- que pueda condicionar el movimiento de esas manos. El retraso la Cumbre es claramente un retraso del fin de la guerra en Centroamérica, al menos en el caso de Nicaragua.

El huracán puede provocar nuevas tempestades

El huracán "Joan" o "Juana", del que informamos en detalle en el segundo artículo de este Envío, es un importante golpe para la economía nicaragüense, más importante porque llegó a Nicaragua en una coyuntura en la que lo económico resulta lo más determinante para la nueva política de agresión del imperialismo.

En 1988 Nicaragua esperaba un decrecimiento de -4% de su Producto Interno Bruto, como consecuencia de la aguda crisis económica. Después del huracán, y, según el Comandante Henry Ruiz, es de esperar un decrecimiento del PIB mayor en que un -25%. A partir de la reforma económica, era en el campo producción campesina y algunos rubros de agroexportación- en donde se habían logrado algunos avances, siendo la economía de las ciudades la que estaba siendo más afectada por la reforma y los ajustes económicos. El huracán golpeó especialmente la economía campesina en 5 regiones del país, afecto seriamente a corto plazo rubros importantes, ha puesto en peligro el más estratégico -el café- y dañó quizá irreversiblemente a corto y mediano plazo el promisorio rubro de la madera, por la devastación de bosques que causó en amplias zonas del centro y sur de Nicaragua.

Por todo esto y por mucho más, "Joan" causó a Nicaragua un impacto negativo mucho mayor que el que hubiera causado cualquier "bombardeo quirúrgico" con los que Reagan ha amenazado en estos años y con los que ha soñado castigar a la revolución sandinista. Y esto, por la variedad y la profundidad de las afectaciones en tan extensa área del territorio nacional y en sólo pocas horas. Los efectos más de fondo de este devastador golpe causado en este crítica coyuntura, se irán sintiendo poco a poco y dramáticamente.

Un cambio tan brusco, que hace aún más crítica la ya crítica economía nicaragüense, abre posibilidades a la reactivación de la opción militar. Por que, aunque se mantienen todos los límites que tiene esta opción, la única posibilidad de desestabilizar el proyecto sandinista, y eventualmente de derrocarlo, se ha ampliado tan significativamente, que tanto los guerreristas republicanos como los negociadores demócratas pueden verse tentados, siguiendo precisamente su pragmatismo, a intentarlo de nuevo. Con el desastre del "Juana" puede valer la pena probarlo una vez más. Con el impulso de los vientos de este huracán. Bush, puede decidirse a culminar con éxito la obra de Reagan.

El hecho es que el huracán ha cambiado la situación. Y que tanto los primeros pasos del nuevo presidente Bush como los últimos del saliente presidente Reagan podría estar inspirados en las consecuencias de este desastre.

Pero si Bush, pese a la oportunidad que le abre el huracán, considerando de mayor peso las limitantes de la opción militar que ya señalamos y midiendo adecuadamente el fortalecimiento político que -por la organización, eficacia y sacrificio que desplegó- dio al gobierno el paso del huracán, se decidiera a seguir la estrategia ya diseñada para la era post-contra, no hay que olvidar que Reagan estará en la Casa Blanca hasta el 20 de enero y que hará todo lo posible y lo imposible por embarcar a su sucesor en la continuación la guerra. En esta su última etapa en la presidencia, Reagan tiene que buscar cómo provocar una situación que dejo cómo provocar una situación que deje cuando menos a Bush -y cuando más también el Congreso- con el menor margen posible de opción. Dos días después del paso del huracán y al celebrar el quinto aniversario de la intervención de los marines en Grenada, dijo Reagan: "No está escrito el último capítulo sobre Nicaragua".

Al hacer balance preliminar de los daños del huracán, el Presidente de Nicaragua informó que 3 mil contras habían recibido la orden de introducirse desde Honduras, en territorio nicaragüense, para obstaculizar las tareas de reconstrucción y atención a los damnificados y la ya iniciada recolección del café.

El mayor peligro de que se encienda nuevamente la mecha de la guerra y de que ésta quede prendida, tiene, como en tantas otras ocasiones, su mejor escenario en la frontera Honduras Nicaragua. De hecho, ya que antes del huracán se venían produciendo continuas provocaciones -disparos con fusiles y con morteros- del ejército hondureño contra puestos fronterizos del ejército de Nicaragua, especialmente en el triángulo de Jalapa. (Entre septiembre y octubre se contabilizaron 23 de estos ataques sólo en el puesto de Marupuchí). Pero después del paso del huracán ha habido movimientos más preocupantes. Un grueso de tropas contrarrevolucionarias, hasta ahora en descanso en sus bases hondureñas, han sido desplazados a la zona de Arenales, bolsón de tierra hondureña que se adentra en territorio nicaragüense, en donde también han confluído 2.500 hombres del ejército hondureño, que han instalado en la frontera artillería pesada, nunca antes usada en estos desplazamientos: obuses de 105 y 150 mm., capaces de alcanzar objetivos a 30 kms. de distancia. Mientras, un pequeño avión -espía norteamericano, el R4-E40, que vuela sin piloto, sobrevuela continuamente la frontera para seguir los movimientos del ejército sandinista. Entre septiembre y octubre ha habido otros 50 vuelos-espía en la frontera, además de 19 vuelos de exploración estratégica, que vinieron directamente de los Estados Unidos. En los días siguientes al huracán y hasta el 31 de octubre, hubo vuelos de exploración realizados por aviones U-2, que tomaron fotografías de todo el territorio.

En una situación así es fácil imaginar la creación de un grave incidente fronterizo con el ejército hondureño, peón fiel del gobierno norteamericano, y con la contrarrevolución presente en esas zonas, que desembocara en una emergencia en la cual Reagan decidiera algún tipo de "acción quirúrgica" -en defensa de Honduras- y al que le posibilitaría la convocatoria de urgencia del Congreso para reactivar la ayuda militar a la contra. Las razones serían las que ya señala el paquete del 30 de septiembre: los sandinistas habrían atacado injustificadamente a la contra y habrían violado flagrantemente los acuerdos de Esquipulas atacando a un vecino. De esta manera, Reagan dejaría comprometido a Bus con la prolongación de la guerra.

Es fácil imaginar una situación así, sintiéndose Reagan incómodo con su derrota en Nicaragua, a la vez que alentado por el desastre económico provocado por el "Joan". Es fácil imaginar que Bush revise la nueva estrategia de desestabilización y la cambie por la guerra al estilo Reagan, tentado por la oportunidad única ue le brinda el huracán. Es claro que tendría que invertir un gran esfuerzo político en recitar ese muerto artificialmente vivo que es hoy la contrarrevolución.

Muchos son los interrogantes que "Juana" ha dejado abiertos a su paso, este último round de Ronald Reagan y en el primer asalto de George Bush. El pueblo de Nicaragua, forjado en una historia y dentro de una geografía nada fácil, cree poder responderlos con paciencia, con coraje y, por tanto, con éxito.

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