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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 81 | Marzo 1988

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Centroamérica

¿Hacia dónde va Centroamérica?

A la luz de los análisis nacionales es muy claro que Esquipulas II, sin dejar de influir en todos los países ha tenido en ellos una incidencia muy diversa.

Equipo Envío

Probablemente es en Guatemala donde menos se ha convertido en un factor predominante de la política interna.

Esquipulas II: Nacional y regionalmente

Ala luz de los análisis nacionales es muy claro que Esquipulas II, sin dejar de influir en todod los paises ha tenido en ellos una incidencia muy diversa.

Probablemente es en Guatemala donde menos se ha convertido en un factor predominante de la política interna, ha tenido, sin embargo, un gran influjo en la política internacional del gobierno de Cerezo.

En Honduras los acuerdos de paz han sido, desde el comienzo, una piedra en el zapato tanto del débil y aislado presidente Azcona como de las Fuerzas Armadas, si bien estas se han demostrado un margen de maniobra mayor que el del presidente a la hora de desenvolverse en el marco de la política exterior. Esta se encuentra encerrada en la camisa de fuerza de la permanente presencia en el país de las tropas estadounidenses, que participan en las maniobras "conjuntas", y del negocio de los contrarrevolucionarios y la CIA representan para las Fuerzas Armadas. Internamente, la Iglesia y varias organizaciones del pueblo han logrado ir imponiendo al gobierno y a las Fuerzas Armadas una progresiva atención a los compromisos de democratización y de respeto a los derechos humanos implicados en Esquipulas II.

Para Costa Rica, Esquipulas II ha sido un factor de enorme prestigio internacional, concentrado sobre todo en la figura de su presidente, galardonado con el Nobel de la Paz. Es dudoso cuanto ha logrado capitalizar Arias ese prestigio par contrarrestar los dolores de cabeza que le ha producido la crisis económica por lo que su país atraviesa. Sí parece haber conseguido una ampliación grande de la mayoría costarricense pro-paz cuya existencia precisamente había hecho cambiar al Arias candidato a la presidencia el duro lenguaje antinicaragüense, al cual tenía acostumbrado al electorado hasta octubre de 1985. Logró recluir así a una minoría ultraderechista de tipo belicista en su propio extremismo ideológico y quitarle fuerza sus planes para "taiwanizar" a Costa Rica y obtener prebendas de su servilismo pro-estadounidense a través de las migajas caídas del mesa de la Iniciativa para la Cuenca del Caribe.

Por otro lado, par contrarrestar con el ejemplo la reteciencia del presidente hondureño constituir en su país un Comisión Nacional de Reconciliación, el gobierno costarricense la estableció: la CNR aceptó indagar sobre algunas acusaciones de organizaciones cívicas que empañan la orgullosa democracia tica (una sola huelga legal en diez años, miles de detenciones e investigaciones arbitrarias de ciudadanos sospechosos de "comunistas", -13.736, el 39% de las 39.990 personas detenidas en 1985- negación de inscripción legal como partidos a dos asociaciones políticas, falta de acceso popular los medios de comunicación social, etc.). La CIVS redujo de esta forma a su tamaño real la imagen de Arias como juez impoluto de sus colegas centroamericanos.

En El Salvador los acuerdos de paz sufrieron los vaivenes de la personalidad inestable y megalómana del presidente Duarte, las sacudidas provocadas por sus cálculos mal hechos de que Esquipulas II pondrían contra la pared a Nicaragua, y los embates de la insoslayable realidad de que en El Salvador los "movimientos insurreccionales" -en palabras de acuerdo de paz- son y en partes considerables del país, un poder paralelo al del estado. Duarte debe ser considerado -parafraseando a Aristóteles- como un "animal político" no subestimable. Como tal, quiso "jugar" con Esquipulas II para levantarse de su delicada situación pre-electoral y amontonar "carbones encendidos" sobre la cabeza de los sandinistas.

El cumplimiento real y acelerado del gobierno nicaragüense con Esquipulas II ubicó a Duarte en la necesidad de responder a las iniciativas inteligentes y audaces con que el FMLN-FDR lo confrontó. Esquipulas II abrió de esta manera en El Salvador un espacio político novedoso, que aún no ha agotado sus posibilidades. Sin embargo la cambiante retórica de Duarte, las presiones de Estados Unidos y de la Fuerza Armada -a veces contradictorias, como en la extraña ley de amnistía que pretende "olvidar" por igual tanto los "delitos" políticos de rebelión armada como los crímenes de los militares algunos de ellos ejecutados en la presencia de ciudadanos estadounidenses -y el recrudecimiento de asesinatos y secuestros practicados por los escuadrones de la muerte, han afectado fuertemente la imagen internacional del gobierno salvadoreño y del gobernante partido demócrata cristiano, haciéndole perder así tanto interna como externamente.

Finalmente, en Nicaragua los acuerdos de paz de Esquipulas II influyeron en una proporción mayor que en ninguno de los otros cinco países. El gobierno sandinista fue el primero en constituir la CNR, el primero en instituir un diálogo nacional extraparlamentario, el primero en declara un cese al fuego limitado unilateral, el primero en indultar a casi un millar de prisioneros, y sobre todo el primero en profundizar de un modo notable la atmósfera de libre expresión en el país.

Esquipulas II tuvo un gran influjo en Nicaragua, sobre todo porque se convirtió en un símbolo apropiado por grandes sectores de la población y creador de una esperanza nueva de paz, como lo prueba el hecho del surgimiento de numerosas comisiones de paz y de reconciliación regionales y locales así como los encuentros de familiares a ambos lados de las fronteras con Honduras y Costa Rica. Hay que destacar, tal vez sobre todo, la transformación de los medios de comunicación impresos, no principalmente por la reapertura de "La Prensa" -que adoptó una línea absolutamente distorsionadora e intransigente- o de la Radio Católica, sino sobre todo por el debate en "Barricada" entre gobierno y partido (sandinistas ambos), dentro del mismo partido que gobierna, y entre gobierno, FSLN y sectores del pueblo organizado.

La política exterior se vio también notablemente influida por Esquipulas II, al poner por vez primera a la Administración Reagan a la defensiva cuando en la ONU, en la OEA, frente a otros gobiernos en forma bilateral, en las internacionales de partidos políticos y con los republicanos y demócratas, Nicaragua se fundó ya no sólo en su propio derecho a la independencia sustentado por el Derecho Internacional sino también en los acuerdos de cinco presidentes centroamericanos.

La diversidad reseñada del influjo que Esquipulas II tuvo en los diversos países, a nivel interno y en perspectiva internacional, deriva fundamentalmente de la diversa capacidad de las fuerzas sociales en cada país para aprovechar con robustez y con imaginación política la oportunidad abierta para los acuerdos de paz. También se debe, menos básicamente, a otro segundo factor. Esquipulas II no diferencia bastante las diversas realidades nacionales; por el contrario casi las funde y confunde en una única perspectiva, la que proviene de la institucionalidad de los gobiernos.

En Guatemala, donde las masacres 1981-83, la política de tierra arrasada, el control social posterior ejercido en aldeas modelos, polos de desarrollo y por patrullas civiles obligatorias, y la lejanía de los principales teatros de guerra de la capital y de las zonas centrales y sureñas del país, determinan condiciones aún muy difíciles para la articulación entre la URNG y los movimientos de masas, es donde el primer factor peso más para diluir internamente el influjo de Esquipulas II.

En Nicaragua, donde el gobierno y una mayoría del pueblo se unificaron nacionalmente en la nueva esperanza de paz, donde las fuerzas armadas son mandadas verdaderamente por el Presidente de la República y no al revés (como sucede en Honduras, El Salvador y Guatemala), donde la oposición política se aferró a Esquipulas II como a un clavo ardiendo para reclamar concesiones de la mayoría sandinista, y donde tanto la Jerarquía Católica como los dirigentes protestantes y muchas de sus respectivas comunidades o grupos eclesiales participaron activamente, es donde Esquipulas II ejerció mayor influjo interno y en la política exterior.

Si en El Salvador las cosas se movieron también mucho, aunque más contradictoriamente, ello se debió, al igual que en Nicaragua, a que la movilización tanto de las vanguardias revolucionarias como de las organizaciones populares en la sociedad civil adquirió una nueva intensidad, mientras que la Fuerza Armada y los partidos de derecha pronto vieron claro lo que estaba en juego; no en vano los grandes periódicos -derechistas- calificaron a Esquipulas II como la "Bahia de Cochinos" de Centroamérica. La menor fuerza de laos organizaciones sociales del pueblo en Honduras y en Costa Rica determinaron una incidencia de Esquipulas II en esos dos países menor a nivel interno que en Nicaragua o en El Salvador, pero mayor que en Guatemala.

Sin embargo, el hecho de que Arias tuviera su nombre y su prestigio empeñados en lo que, tal vez algo a su pesar, llegó a ser la configuración última de los acuerdos de paz de Esquipulas II, lo hicieron actuar internacionalmente en coherencia con ellos, tanto en su viaje a los Estados Unidos como al recibir el Nobel de la Paz en Oslo. Para Honduras, muy a pesar de las intenciones de su gobierno y de sus Fuerzas Armadas, el peso internacional de Esquipulas II fuer determinante, dada su insoslayable contradicción a los ojos del mundo como firmante de los acuerdos y máximo santuario de la contrarrevolución nicaragüense.

Naturalmente otro tercer factor importante en el diverso influjo de Esquipulas II en cada uno de los países centroamericanos lo constituyó el común denominador entre las posturas de la Administración Reagan, el partido demócrata y los grandes medios de comunicación estadounidenses.

Este común denominador es la imagen de Nicaragua como país cuyo gobierno es el que más obligaciones contraía con los acuerdos de paz, el que más debía ser vigilado para ponerlo en la picota si no cumplía y el único que merecía que se le siguieran aplicando presiones -ese criminal eufemismo que resucitó todo el lenguaje de la guerra de Vietnam, encubrido y tergiversador de la realidad-. En estas circunstancias y dado que ni Europa ni Canadá adoptaron una postura activa para que Esquipulas II se aplicara según los mismos parámetros en todos los países centroamericanos, tenía que ser Nicaragua el país en que Esquipulas II iba a influir mas.

En ese sentido, desde el punto de vista de una estrategia estadounidense, que no renuncia al diseño imperialista de las "esferas de influencia", Esquipulas II se convertía en la herramienta para tratar de cooptar a Nicaragua, es decir de obligarla a domesticar su proceso revolucionario de manera que quepa en las filas de los países que aceptan las reglas de juego de las democracia occidentales y se pliegan a sus estrategias geopolíticas. Esta mirada a Nicaragua, con "lupa" y "doble medida" es el producto del éxito principal de la política exterior de Reagan respecto a Nicaragua. Reagan intentó la satanización de este original proceso revolucionario, en la esfera de influencia que los Estados Unidos más cercana a ellos, y logró que se dejen de lado los únicos parámetros validos de objetividad: las puertas abiertas que Nicaragua ha mantenido para cualquier tipo de misión internacional y para millares de observadores de toda índole.

Hubo que esperar hasta el 15 de enero, cuando en San José de Costa Rica los cinco presidentes hasta se reunieron nuevamente en lo que ya se conoce como Esquipulas III, para que llegara la hora de Nicaragua, a través del mecanismo que el presidente Ortega había defendido con firmeza en Esquipulas II, a través de la CIVS. En el informe de la CIVS quedó claro que hoy por hoy es de los grupos de Contadora y Apoyo y de la OEA y la ONU, de quienes Nicaragua podía esperar una liberación de la política injusta de ser pesada con balanzas truncadas de antemano.

El informe entregado a los presidentes reconoce que "en el caso de Nicaragua, la CIVS ha podido comprobar que, pese a la gravedad del hostigamiento bélico que el país sufre, se han dado pasos concretos para la puesta en marcha de un proceso democrático". La CIVS evita eufemismos al referirse a los Estados Unidos ( no usa ni siquiera el lenguaje tímido de los acuerdos de paz, habitual también en los comunicados del grupo latinoamericano de "los ocho", -"gobiernos extrarregionales"-) y afirma que "el cese definitivo de... (la) asistencia... militar en particular, las fuerzas irregulares que operan contra el gobierno de Nicaragua..., por parte del Gobierno de los Estados Unidos de América,... continúa siendo un requisito indispensable para el éxito de los esfuerzo de paz y del Procedimiento de Guatemala en su conjunto".

La CIVS elogia la composición de la Comisión Nacional de Reconciliación en Nicaragua mientras que señala que, en El Salvador la CNR ha quedado afectada en "su misión reconciliadora" por la renuncia de los representantes de los partidos políticos. La CIVS critica el corto plazo dedo a "los alzados en armas" salvadoreños para poder acogerse a la Ley de Amnistía (15 días), y constata que "en distintos países y en diferente grado, fue práctica sistemática la eliminación física de los miembros capturados de los grupos irregulares o fuerzas insurreccionales", volviendo así el papel mojado a la amnistía y levantando el gravísimo caso de los miles de desaparecidos en Guatemala y El Salvador y de los m de 150 en Honduras.

No habiendo en este sentido acusaciones contra Nicaragua y Costa Rica, avaladas por organismos internacionales defensores de los derechos humanos, es claro que la CIVS está en Guatemala, El Salvador y Honduras. La CIVS coincide con la mayoría de sus informantes en que "en algunos países" las buenas intenciones gubernamentales respeto de los derechos humanos y de la participación efectiva en la vida democrática quedan fallidas por "abusos de autoridad de las fuerzas de seguridad y por la acción de grupos paramilitares de nuevo tácitamente a Guatemala, El Salvador y Honduras. Igualmente constata que, a pesar de que el Estado de Sitio ha sido levantado, "se encuentra vigente un Decreto Ley que permite a las autoridades detener a una persona por más de 72 horas".

La CIVS no acepta el pretexto de varios gobiernos centroamericanos (Costa Rica y Honduras) de que su territorio, en caso de que sea utilizado por fuerzas irregulares contra Nicaragua, lo es sin anuencia de dichos gobiernos, y constata que así se "facilita la acción de dichas fuerzas o movimientos" y (se) dificulta el logro de la paz", añadiendo además que hasta la fecha no ha podido realizar versificaciones in situ. El organismo verificador señala con satisfacción que se ha tenido ya una reunió de la Comisión de Seguridad de los cinco gobiernos centroamericanos y del grupo de Contadora como mediador para continuar negociando las cuestiones de seguridad, verificación y control (armamentos, maniobras militares, verificación de seguridad mutua), dejadas pendientes por el procedimiento que pretendía llevar a la firma del Acta de Contadora y que permaneció interrumpido desde junio de 1986. La reunión se tuvo en Caracas el 10 de diciembre, con el compromiso -no cumplido cuando escribimos este análisis- de continuar la negociación en Panamá la primera semana de febrero de 1988, y habiéndose ofrecido ya Colombia parta sede de la tercer reunión negociadora .

Finalmente, la CIVS insiste en tres condiciones para llevar la práctica los acuerdos de paz con éxito. La primera es que se distinga en el organismo de verificación claramente entre los papeles de los gobiernos u organismos que son juez y parte de los acuerdos y aquellos que sí lo son; que se considere "requisito sine qua non" la verificación in situ "si esta ha de estar cubierta de objetividad, independencia y eficacia", y que, una vez constatado el obstáculo estructural que ha significado la simultaneidad en el cumplimiento de los compromisos, se le den a los acuerdos de paz "un plan de ejecución y un calendario de cumplimientos de compromisos".

Sin haber pretendido la exhaustividad, si hemos ofrecido suficientes ejemplos como para indicar que la CIVS revirtió en gran manera la tendencia a hacer caer el peso del cumplimiento de Esquipulas II sobre las únicas espaldas del gobierno de Nicaragua. Este hecho, consistente con el análisis que en la introducción hicimos de lo que significaba Esquipulas II en términos de reto a la dominación estadounidense y de exigencia de autodeterminación latinoamericana, precisamente por entregar las responsabilidades de verificación a una comisión en que los Estados Unidos estaban ausentes, permite entrar en el debate de lo que ha sido en realidad Esquipulas II a nivel regional.

Significado de Esquipulas II en Centroamérica como región

¿Qué significa regionalmente Esquipulas II? ¿Cómo lo podemos caracterizar mirando al conjunto de Centroamerica? Se pueden establecer tres respuestas provisionales. La primera es la más realista, la menos alentadora, la mas cautelosa, la que enfatiza que Esquipulas II es sobre todo el intento de cinco gobiernos de autolegitimarse, de romper el estancamiento económico de la región y de los países y de minar cualquier legitimidad que asista a losa caminos de la lucha armada político-militar (revolucionario o contrarrevolucionaria) en Centroamérica. Según ella, Esquipulas II se caracterizaría como una iniciativa útil para actuar como muro de contención de un intervención militar estadounidense más directa en Centroamerica, y por tanto, así desde el ángulo gobiernista como desde el revolucionario, como una iniciativa que debe prologarse mientras dure la administración Reagan.

La segunda respuesta pondría su acento en la utopía primigenia de Esquipulas II, en los propósitos de los presidentes Arias y Cerezo, en conexión con un grupo de congresistas estadounidenses demócratas, de domesticar a Nicaragua, no fundamentalmente por métodos militares sino por métodos políticos poniendo coto además al peligro de generalización regional del conflicto. Se trataría de cooptar la revolución sandinista encajonandola en un marco político que, en comparación con Contadora y Apoyo, da mucha mayor importancia a la "democratización" al estilo occidental que a la autodeterminación y no injerencia (Esquipulas II es más un acuerdo político que un tratado jurídicamente obligante y su valor jurídico provienen de aquellos principios de justicia social y política y de derechos humanos y derechos internacional que la sustentan).

Esquipulas II trataría de convertirse en una nueva herramienta de la guerra de baja intensidad contra el proceso revolucionario sandinista y contra los demás movimientos revolucionarios centroamericanos, pero poniendo énfasis en la maniobra política y no en la presión militar. De este modo se restaría mordiente a cada uno de los aspectos de jurisprudencia internacional en que se apoya Esquipulas II: su carácter de acuerdo político regional al más alto nivel -presidencial- y apoyado por la ONU, la OEA y los Grupos de Contadora y Apoyo.

La tercera respuesta, la mas atrevida, pondría el acento en el dinamismo de Esquipulas II, en el carácter de "caja de Pandora", al revés, es decir para los regímenes autoritarios disfrazados de democráticos y para la geopolítica tradicional del imperio, que los acuerdos de paz han ido adquiriendo. En este sentido, Esquipulas II se habría ido desarrollando como

un muro de contención, al menos, no sólo contra una estrategia de intervención mas directa sino incluso contra la política de guerra de baja intensidad de los Estados Unidos y contra las políticas de contrainsurgencia de los regímenes autoritarios de Centroamérica cuyo grado de dependencia respecto de la geopolítica estadounidense no es el mismo en Guatemala que en El Salvador y Honduras. La relativa reivindicación de civilismo de Esquipulas II -presidentes frente a fuerzas armadas o cuerpos de seguridad y sectores del pueblo organizado en la sociedad civil frente a la mayoría de los estados- y la relativa reivindicación de autonomía de Esquipulas II frente a la geopolítica estadounidense, se abrían aliado objetivamente para proporcionar un nuevo marco político a la región, diversamente utilizable en cada país.

Esta tercer caracterización se revelaría tanto mas verdadera cuanto mas se decidieran los países de Contadora y Apoyo a defender los principios de "solución latinoamericana" a conflictos latinoamericanos, de "autodeterminación" de los pueblos y de "no injerencia" en los asuntos internos de otros estados. Asimismo se reforzaría la validez de esta respuesta en caso de que aumentara la participación de la sociedad civil centroamericana en la búsqueda de una paz justa, llegando a constituirse una instancia, que podríamos llamar "Esquipulas de los pueblos", que actuara, aunque no se lo pidan los gobiernos, como parte de los mecanismos verificadores de los acuerdos de paz.

Esta instancia podría trabajar en alianza con organizaciones de la sociedad civil de los Estados Unidos, que buscan alternativas a la política exterior de los Estados Unidos hacia Centroamérica, y en alianza con organizaciones sociales del "Grupo de los 8" en América Latina, así como ampliando este proceso de construcción de solidaridad hacia Europa, Canadá y los países no alineados. Así se conseguiría que el carácter internacional y los valores de justicia e independencia que Esquipulas II contiene, fueran verificados y protegidos por gobiernos y sectores sociales que confían mas en la fuerza del derecho que en los recursos de la prepotencia.

Finalmente, esta tercera caracterización de Esquipulas II aumentaría sus posibilidades de representar atinadamente la realidad si en lugar de conceptualizarse a Esquipulas II como una contradicción prima facie entre los intereses del proceso revolucionario nicaragüense de legitimar su propio estado y los intereses de los demás movimientos insurgentes centroamericanos de escapar de la deslegitimación -escape que la realidad se encargará de facilitar si estos responden con imaginación política a la coyuntura-, se conceptúa a Esquipulas II como el dinamismo que abre el nuevo sujeto histórico centroamericano un nuevo marco político en el cual cabe hacer avanzar su propio desarrollo.

¿Existen en Centroamérica las condiciones reales para que favorezcamos en este análisis conclusivo alguna de las tres respuestas en debate? El desarrollo de la reunión de presidentes centroamericanos en San José de Costa Rica el pasado día 15 de enero Esquipulas II da algunas claves para la respuesta. El esfuerzo considerable de la Administración Reagan para liquidar el proceso de paz basado en Esquipulas II (visitas a la región de Abrams, Colin Powell y Busby, así como infiltración de los chantajes y amenazas de que eran portadores) no logró su objetivo. La vigencia del compromiso político de Esquipulas II se mantuvo en la Declaración consensual de los presidentes en San José el día 16 de enero.

Disgustados, sin embargo por la imparcialidad de la CIVS, varios presidentes constataron "reservas" respeto a su dictamen y una mayoría de ellos se impuso sobre la minoría, para liquidar la CIVS, y trasvasar sus funciones a la Comisión Ejecutiva de los cinco cancilleres centroamericanos. Nicaragua, a pesar de todo, consiguió mantener el principio de que la Comisión Ejecutiva ("juez y parte") no puede hacer correctamente su trabajo en solitario y bajo las presiones reaganianas, sino que tiene que gestionar "la cooperación de Estados regionales y extrarregionales u organismos de reconocida imparcialidad y capacidad técnica" para poder cumplir creíblemente su misión.

No se siguió en San José la recomendación de la CIVS de completar la disposición de Esquipulas II de cumplimiento "simultaneo" de los acuerdos con "un plan de ejecución y un calendario de cumplimiento de compromisos". Más bien se endurecieron los términos del compromiso político al abandonarse el principio de simultaneidad y al exigirse un cumplimiento "total e inexcusable" a "obligaciones incondicionales y unilaterales", terminando de cumplir lo incumplido "inmediatamente en forma pública y evidente", estimando "irrenunciable e inalterable" su compromiso de Esquipulas II y obligándose a honrarlo "sin resistencia ni soslayos".

Naturalmente que este intransigente refuerzo de Esquipulas II quitaba a Nicaragua razones para negarse -antes del fin de la guerra- a levantar el estado de emergencia, para aplicar la ley de amnistía a los presos o para entrar en negociaciones directas con la contrarrevolución sobre el cese al fuego. Pero la misma obligación se aplica a los gobiernos de Costa Rica y Honduras respecto del "santuario" (uso del territorio) que la contrarrevolución nicaragüense tiene en sus países y otro tanto se aplica a las crecientes violaciones de los derechos humanos en Guatemala, El Salvador y Honduras y a sus fallos en propiciar la participación democrática, así como a la prohibición de dar cualquier ayuda a la contrarrevolución nicaragüense, de mantenerse firmes y solicitar al gobierno estadounidense el cese de la ayuda a la contra, de contribuir a establecer mecanismos creíbles de verificación, control y seguimiento, y de continuar, con la mediación de Contadora, las negociaciones sobre argumentos, maniobras y control de seguridad.

En tales circunstancias, el anuncio hecho por el presidente Ortega inmediatamente después de firmada la declaración Conjunta de San José volvía a ubicar a Nicaragua como la pionera en el cumplimiento de los acuerdos hacia la paz. Se levantaba el estado de emergencia, se aceptaban negociaciones directas con la contra para un cese al fuego, se aplicaba la amnistía en cuanto el cese al fuego y el cese de ayuda de los estados Unidos a la contra se produjeran o incluso inmediatamente si un país no centroamericano estuviera dispuesto a recibir a los amnistiados, y se anunciaba la celebración de elecciones, en el año 88, par el Parlamento Centroamericano y municipales de acuerdo a la Constitución.

Tal anuncio confrontaba la retórica grandilocuente del presidente Duarte como las mesuradas declaraciones del presidente Cerezo o las tímidas de Oscar Arias ("todo depende ahora de Nicaragua", sin atreverse ya a señalar -en su conferencia de prensa el 16 de enero- la importancia de que el Congreso votara "no" a la ayuda a la contra en sus próximas sesiones del 3 y 4 de febrero). Confrontaba además, por supuesto, el silencio elocuente de Azcona, que ya presagiaba su directo incumplimiento de los acuerdos cuando más tarde, en la víspera del voto del Congreso, expresaría su opinión de que un voto favorable al plan Reagan no violaba los acuerdos, porque "lo importante era dar un espacio político a Nicaragua y nosotros se lo estamos dando".

Mientras, tanto ni el presidente Duarte aceptaba continuar el dialogo con el FMLN-FDR de inmediato, sino que respondía a sus propuestas demorandolo hasta después de las elecciones municipales, ni aceptaba el presidente Cerezo proseguir el dialogo con la URNG, ni hacia nada el presidente Azcona para negar el uso del territorio hondureño a los contrarrevolucionarios nicaragüenses ( pesar de la evidencia adicional de su continuado uso, proporcionada pro el derribo en Nicaragua de un avión DC-6, cargado de vituallas y pertrechos militares, y procedente de las hondureñas Islas del Cisne, según testimonio tanto de un sobreviviente hecho prisionero como de otro que logro huir a Costa Rica).

Por su lado, casi al día siguiente de Esquipulas III, el presidente Ortega enviaba a su ministro de educación, padre Fernando Cardenal a 7 de los 8 países de Contadora y Apoyo, a su ministro de Bienestar Social, Reynaldo Tefel,a México, y él mismo iniciaba un período que lo llevaría a España, el Vaticano, Italia, Noruega y Suecia. El objetivo de esta inmediata diplomacia era solicitar a los países de Contadora y Apoyo -cuya no expresa inclusión en el proceso de verificación se consumó en forma poco elegante por la Declaración Conjunta del 16 de enero- que volvieron tomar la iniciativa en favor del proceso de paz y frente a la inminencia del voto sobre la ayuda a la contra en el Congreso de los Estados Unidos.

A la vez se intentaba ampliar a determinados países de Europa la urgente invitación del gobierno de Nicaragua para participar en los mecanismos de verificación, ofreciendo Nicaragua ser el primer país en aceptar esa verificación in situ con independencia de que otros países centroamericanos lo pidieran o no. No se visitó Canadá, pues ya el canciller Clark había dejado clara la disposición de su gobierno de ofrecer su larga experiencia en verificación de los acuerdos de paz durante su viaje Centroamericana en noviembre pasado. También a fines de enero, el gobierno de Nicaragua levantó el estado de emergencia y se reunió directamente con la contrarrevolución en San José, intercambiando con ella agendas para la discusión sobre el cese del fuego y señalando los días 10 a 12 de febrero para el segundo encuentro de común acuerdo en Guatemala.

Excepto en el caso de Honduras (y hemos aludido al incumplimiento craso del presidente Azcona -corroborado además para la carta verdaderamente servil que el general Regalado, jefe de las Fuerzas Armadas, envió en vísperas del voto la Congreso estadounidense-), Nicaragua, a través de su obstinado enfoque de que un voto contrario a la propuesta de Reagan de ayuda a la contrarrevolución era condición imprescindible para salvar el proceso de paz, logró el silencio de Duarte, un dementido expreso de Cerezo al Washington Times (propiedad de los "moonies"), a unas presuntas declaraciones suyas en favor de la ayuda, y un clara reafirmación del canciller costarricense y del embajador en Washington (ante el propio Congreso esta última) sobre la postura de Arias adversa a la de Reagan.

Además, el cumplimiento inmediato por parte de Nicaragua de varios de los puntos de acuerdo y las respuesta favorable de Europa a participar en los mecanismos de verificación in situ, caso de que los otros cuatro países centroamericanos concurrieran en la invitación nicaragüense, sumados a la declaración de los vicecancilleres de Contadora y Apoyo -la víspera del voto en el Congreso- exhortando a los Estados Unidos a "que, acatando el derecho internacional, cesen las acciones destinadas a la desestabilización", granjearon a Nicaragua el máximo espacio de simpatía política desde 1979. El 3 de febrero, la Cámara de Representantes del Congreso estadounidense, tras una enconada campaña de Reagan y un duro debate en el pleno, derrotó la propuesta de Reagan por el estrecho margen de 219 contra 211 votos. "Dar una oportunidad la paz" fue la motivación mas utilizada por quienes defendieron un voto contrario a Reagan. El speaker de la Cámara fue, sin embargo, mas lejos, recordando al presidente Reagan que no fue llamado a Washington para "ser presidente de Centroamérica sino para ser presidente de los Estados Unidos".

La frase del congresista Wright contiene, sin embargo, una elemental debilidad. Viene de alguien que, como líder de una de las cámaras legislativas de los Estados Unidos, no h sido capaz de cuestionar ni la moralidad ni la legalidad de un voto que pretende ayudar fuerzas irregulares a mantener una guerra con un gobierno con el que el gobierno de los Estados Unidos tiene relaciones diplomáticas. Como "ilegal e inmoral" definieron los Obispos Católicos estadounidenses la ayuda a la contrarrevolución nicaragüense en sucesivas cartas al Congreso reiteradas por su definida declaración de noviembre de 1987.

En términos de realismo político, sin embargo, la intervención de Wright en el debate remite, como a sus referencias objetivas, tanto a la indomable resistencia del progreso revolucionario nicaragüense -y, por tanto, a la incapacidad de la contrarrevolución para cumplir los fines de una política exterior que se ha fundamentado en su presunta fuerza y en el alegato de su naturaleza democrática- como a la capacidad de Esquipulas II de crear nuevos marcos políticos para las relaciones entre Centroamérica y los Estados Unidos y para las realidad internas de los países.

Todos estos acontecimientos apuntan hacia el echo de que Esquipulas II constituye en realidad un debate político sobre el futuro de Centroamérica. Desde la posición del gobierno hondureño -enfáticamente servil a su dependencia de la geopolítica estadounidense, pero al fin y al cabo incapaz de retraerse a la firma de acuerdos y a su ratificación en enero de 1988- hasta la postura del gobierno de Nicaragua -el único que tiene tras de si una sociedad civil suficientemente consensual, coincidente con los objetivos gubernamentales, como para poder cumplir con el dinamismo y no sólo con la letra de los acuerdos-, encontramos otras posiciones intermedias.

La postura del gobierno salvadoreño ha sido la de cumplir precipitada y ambiguamente con los acuerdos, "atendiendo más a la forma que al contenido, más a la letra que a la intención, más a lo común que a lo diferenciado" (de la realidad de su país en comparación con la de otros). Mostraban sí Duarte y la Fuerza Armada, una vez más, su apego a las imágenes manipulables de la realidad y no a las condiciones de la realidad -imagen de democracia, imagen de fuerza militar en creciente incapacidad de ganar la guerra, imagen de reformas económicas, etc.-.

La línea del gobierno guatemalteco ha aspirado a mantener el suficiente prestigio internacional como para atraer los recursos del exterior necesarios para tratar de enterrar el brutal pasado y presente de los militares en un proyecto de modernización económica y política, para cuya ejecución le falta verdadero poder, un poder aparentemente "reformista", que intenta desviarse del éxito del proceso centroamericano hacia la paz. Encontramos finalmente la compleja postura del gobierno de Costa Rica.

El presidente Arias sabe que cuenta con una sociedad civil mayoritariamente imbuida de un convencido antisandinismo, alimentado por la campaña de os ultraderechistas medios de comunicación impresos y radiales y por los pronunciamientos del Movimiento neo fascistoide "Costa Rica Libre". Es también consciente de que esa misma mayoría no quiere ver a costa Rica en vuelta en una guerra regional u que mas pronto que tarde, necesita su país de una nueva potenciación del mercado regional centroamericano., Para Costa Rica, Esquipulas II es y -previsiblemente- se seguirá queriendo que sea el intento de pacificar Centroamérica, domesticar al sandinismo y tratar de conducir el conflicto salvadoreño hacia cauces políticos que le quiten su intratable calidad beligerante.

Para los movimientos revolucionarios que disputa el poder -FMLN-FDR-URNG y para amplios sectores populares. Esquipulas II no es su letra sino su dinamismo. Para el nuevo sujeto histórico centroamericano, Esquipulas II es la consagración de los conflictos en los países centroamericanos no tienen su origen en la confrontación Este-Oeste sino -en palabras de la declaración Conjunta de San José el 16 de enero de 1988- que "las causas primigenias de este conflicto" son "económicas y sociales" y, aunque los presidentes no lo digan directamente, políticas.

Nos referimos todo el énfasis de Esquipulas II en los derechos humanos, en el pluralismo político, en la democracia participativa y en el acceso al pueblo a los medios de comunicación masiva, así como el carácter de primer gesto de independencia real frente a la geopolítica estadounidense que su mera existencia implica. Precisamente por eso el FMLN-FDR y la URNG exigen un dialogo político sin deponer las armas, basados en la misma distinción que incluso la letra de Esquipulas II no pudo dejar de hacer entre "fuerzas irregulares" (la contrarrevolución nicaragüense, esencialmente regresiva y financiada desde fuera) y "movimientos insurreccionales" (el FMLN-FDR y la URNG, esencialmente proyectados hacia un futuro nuevo y sustentados hacia un futuro nuevo y sustentados en la base realmente autóctona a la que convocan las causas genuinas del conflicto). En Nicaragua, solo las etnias indígenas y creoles de la Costa Atlántica tuvieron en los errores sandinistas de los primeros años revolucionarios una base para rebelarse: desde entonces, el proceso hacia la autonomía territorial esta intentando dar una respuesta a justas reivindicaciones y esta logrando además la paz con adelanto respecto de las otras regiones del país.

Como compromiso político, Esquipulas II es algo así como un embrión de una constitución Política regional para Centroamérica. En su texto literal se observa aun la inviabilidad de todo embrión, pero se observan también las líneas maestra, de cuya evolución y desarrollo depende el aborto o el nacimiento de la paz con justicia en Centroamérica. Todo el mundo quiere hoy intervenir en el proceso con ingeniería genética de tipo político, pero lo que hará Esquipulas II aborto o nacimiento sano o enfermizo, sra la capacidad popular de tomar en serio lo que los presidentes formularon, tal vez retóricamente algunos de ellos: "conscientes (al firmar la Declaración Conjunta de San José) de que serán sus pueblos... quienes juzgaran el cumplimientos de estas obligaciones contraídas de buena fe". (Subrayamos nosotros). Lo importante es hacer activo el juicio de los pueblos centroamericanos. Lo importante es convocarlos -mejorando en la sociedad civil la articulación del nuevo sujeto histórico centroamericano- a hacer irreversible lo que su fuerza social -en largas luchas- obligó a formular a sus presidentes en los acuerdos de paz.

Solo así se logrará evitar que Esquipulas II se quede reducido a un maniobra dilatoria par impedir la intervención estadounidense directa y para esperar el final de Reagan o que se convierta en un nueva herramienta política de la guerra de baja intensidad para cooptar la revolución nicaragüense y contener todos los demás procesos, sean estos político-militares o estén aún en capacidad de poder desarrollar profundas y necesarias transformaciones por vías menos conflictivas. Sólo así se conseguirá que Esquipulas II desarrolle su dinamismo como acontecimiento nacionalizador de los países y causante de mayor autonomía para la región centroamericana. En este éxito posible esta la clave para que en Centroamérica se de un nuevo modelo de desarrollo con justicia y una democratización autentica de las sociedades.

Por eso es Esquipulas II un debate -en palabras y en actos, en signos culturales y en movilización política- sobre el futuro de Centroamérica. De ahí su carácter de proceso dialéctico, su potencialidad de fracaso y su promesa de éxito. La letra de Esquipulas II esta en rezago con respecto a las aspiraciones populares. Su dinamismo se adelanta a los medios concretos para llevarlos adelante. Lo que importa es trabajar dura e imaginativamente en una política que obligue a concretar a los medios.

Un balance de Esquipulas II

Habiendo desarrollado ampliamente el carácter de Esquipulas II, podemos ahora abordar un balance de este acontecimiento. La CIVS formuló tal vez de manera inmejorable lo que estaba en juego:

Cabe recordar que, así como el deterioro en la estructura política, económica y social centroamericana no se produjo súbitamente, tampoco la paz en la región puede lograrse de manera inmediata. Los factores en juego son por su naturaleza complejos y actúan en distintos niveles a la vez. Varios de los actores presentes en el escenario centroamericano no son parte en el acuerdo firmado por los principales interesados que son los Jefes de Estado de la región. El reto es enorme pues se trata de oponer en práctica un acuerdo integral, universalmente satisfactorio, simultáneamente ejecutable y verificable, y que demás comprometa a aquellos que son parte en el conflicto pero que no son signatarios del acuerdo.

¿Por qué fue firmado Esquipulas II?

En primer lugar, ¿por qué fue firmado Esquipulas II? A su firma condujo sobre todo el impulso para encontrar una solución latinoamericana al conflicto centroamericano, desencadenado por Contadora y Apoyo, a petición de Nicaragua y que en 1987 encontró a la administración Reagan minada por su perdida en las elecciones legisladoras de 1986 y por el escándalo "Irán/Contragate" -entre otros muchos escándalos- así como por la incapacidad de la contrarrevolución de remontar su declive estratégico y llevar a cabo eficazmente la política de guerra de baja intensidad del gobierno estadounidense. La actividad de tres presidentes centroamericanos (Arias, Cerezo y Ortega) y la voluntad política de miembros demócratas del Congreso estadounidense de encontrar un nuevo marco mas eficaz para la política exterior hacia Centroamérica contribuyeron a la firma.

En los gobiernos de Nicaragua y El Salvador influyó la necesidad de encontrar una alternativa a la guerra ante el deterioro progresivo de la economía; razones económicas pesaron también en la decisión de Costa Rica y Guatemala. el gobierno de Honduras, descoyuntado entre sus profundas dependencias de la geopolítica estadounidense y sus primeras de no obstaculizar un acuerdo presidencial, se vio arrastrado a la firma -además de por las presiones de sus colegas sobre Azcona- por otro factor que influyó en los cinco presidentes: la torpe maniobra de Reagan de tratar de imponer su propio plan al encuentro de los presidentes. Con el borrador y confeccionado, no pocos vieron en el texto la probabilidad de poner a Nicaragua contra la pared e ilegitimar a los grupos insurgentes. Todo este racimo de motivos coyunturales estuvo dinamizando mas estructuralmente por la misma calidad popular del conflicto centroamericano y la imposibilidad de aplastar militarmente la larga lucha del nuevo sujeto histórico centroamericano.

En segundo lugar veamos lo positivo y lo negativo de Esquipulas II. Esquipulas II, sin dejara de significar una iniciativa de paz, hacia retirarse a Contadora y Apoyo a un segundo plano y gritaba así excusas al llamado "grupo de Tegucigalpa" para no llegar decisiones política. Suponía un acto de autonomía de los gobiernos centroamericanos respecto de Estados Unidos. Retiraba a los militares una parte de su fuerte protagonismo en el conflicto y la traspasaba a los gobernantes civiles. Proporcionaba, finalmente, medidas concretas y plazos bien definidos, mas que los de cualquier otro borrador anterior presentado por Contadora. Estas eran sus facetas positivas.

Por otro lado, Esquipulas II ignoraba -excepto en su distinción entre "fuerzas irregulares y "movimientos insurreccionales" y en su reconocimiento de que no todos los países están envueltos en un conflicto desgarrante de su tejido social-, las diferencias profundas en su calidad de los conflictos que desgarran a Nicaragua, por un lado, y a El Salvador y Guatemala, por otro. Los acuerdos de paz desconocían totalmente la especificidad de los conflictos étnicos -culturales- que en varios de los países y sobre todo en Guatemala califican y agravan el grado de conflictividad económica y política de las sociedades. Como lo acaba de reclamar el Consejo Mundial de los Pueblos Indígenas en su reunión del 9 al 11 de febrero en Managua, los indígenas centroamericanos y sus hermanos afroamericanos han sido olvidados por los acuerdos de Esquipulas II.

Ello, especialmente en el caso de Guatemala, implica querer olvidar crímenes de esa humanidad, cuyas horrendas secuelas aun prosiguen. Ni siquiera la CIVS, al tratar del problema de la repatriación y de la reubicación de refugiados y desplazados guatemaltecos, enfatiza (como si lo hace cuando se refiere a la repatriación de los mískitos nicaragüenses) los problemas específicos que el carácter de indígenas añade al carácter de refugiados o desplazados en el caso guatemalteco. Esquipulas II cae así en una simetría de conflictos nacionales, potencialmente capaz de hacer entrar en contradicción al gobierno revolucionario de Nicaragua con los movimientos revolucionarios salvadoreños y guatemalteco, así como a la contrarrevolución nicaragüense respecto de sectores gobiernistas y militares de El Salvador y respecto del gobierno y las Fuerzas Armadas de Honduras.

Consecuencia de lo anterior es la tendencia de Esquipulas II a deslegitimar simétricamente a la contrarrevolución nicaragüense, de una parte, y al FMLN-FDR y a la URNG, de la otra. No hay, además, en el texto de Esquipulas II el realismo que resalta la CIVS (a propósito de las dificultades tremendas del proceso apenas inicial hacia la paz) en la cita aducida al comienzo de este apartado. Precisamente por ello, la simultaneidad y los plazos demasiados cortos se convirtieron en los mas graves obstáculos para la sobrevivencia de los acuerdos.

El cumplimiento de los numerosos compromisos del acuerdo

En tercer lugar, vayamos ahora al balance en el cumplimiento de los numerosos compromisos contraidos. Las Comisiones Nacionales de Reconciliación (CNR) no tuvieron ni en Guatemala ni en El Salvador el papel catalizador del proceso que de ellas se esperaba. Solo en Nicaragua el gobierno nombró en la CNR a personalidades que se han destacado por su actuación opositora al mismo gabinete (El Salvador lo hizo, pero refuto de tal manera el papel de la CNR que los representantes de los partidos de oposición abandonar la misma bajo protesta).

Salvo en Nicaragua donde otros obispos entraron a presidir comisiones regionales de paz y de reconciliación y donde pastores evangélicos también participaron en ellas, es lamentable que los obispos presentes en la CNR no aprovecharon su prominente defunción para una convocatoria de toda la jerarquía católica centroamericana en favor de la paz. Sin embargo, en Honduras la Conferencia Episcopal Católica, junto con otras organizaciones sociales, contribuyó con un pronunciamiento publico a impedir que el gobierno dejar de constituir la CNR.

El diálogo con la oposición no armada tuvo un papel importante en Nicaragua y El Salvador y la CNR guatemalteca intento que lo tuviera en Guatemala, donde además el Arzobispo estuvo dispuesto a mediar entre el gobierno y el CACIF a propósito del paquete tributario. Peor en El Salvador el gobierno discriminó en ese dialogo a la UNTS, precisamente la confederación sindical mas afín, en su proyecto de sociedad, a la posición revolucionaria armada. En Nicaragua por otro lado, los partidos o agrupaciones políticas y sindicales de oposición (14 de 15) suspendieron el dialogo el 21 de diciembre cuando el gobierno se negó a la exigencia de que presentara de inmediato reformas constitucionales (no contempladas en Esquipulas II) a la Asamblea Legislativa. En Honduras nadie dialogó y en Costa Rica se adujo que el dialogo político es constante, si bien es notable que -en el terreno sindical- solo una huelga ha sido declarada legal en 10 años.

En Guatemala, El Salvador y Nicaragua se iniciaron diálogos con la oposición armada a diversos niveles y con diversas agendas. El dialogo de Madrid entre el gobierno guatemalteco y la URNG constituye en si mismo un triunfo del realismo político; por unos breves días el gobierno (y los militares, que -después de haberse opuesto- enviaron cuatro observadores de mediano rango) dejaron de lado la ficción de que la URNG esta derrotada y esta logró una ventana al mundo para airear los tremendos problemas de la sociedad guatemalteca y par mostrar que entre sus jefes se encuentran personalidades, como el hijo del Nobel de Literatura Miguel Angel Asturias (Rodrigo Asturias, alias "Gaspar Ilom"). En el encuentro de Madrid tuvo sin duda que ver el influjo del Presidente Felipe González, pero el gobierno se negó a invitar al Arzobispo de Guatemala para que fuera testigo del dialogo (la URNG sí lo invitó y confinó a los españoles al papel de mero anfitriones.

En El Salvador, después de haber afirmado Duarte el 15 que no se dialogaría, gracias en parte a la mediación del presidente Arias, se celebró un dialogo de dos días en la nunciatura y, como consecuencia, las posiciones del FMLN fueron de nuevo conocidas frente a una impresionante manifestación de masas y se crearon dos comisiones, una para el alto al fuego y otra para los demás puntos de agenda. De las dos posteriores reuniones programadas, la de Caracas se tuvo y la de México la suspendió el FMLN en protesta por el asesinato del presidente de la Comisión de Derechos Humanos Independiente, Herbert Anaya. En Nicaragua, se tuvieron, con la mediación del Cardenal Obando, dos reuniones entre el gobierno y la contrarrevolución en forma indirecta y en la República Dominicana. La contrarrevolución suspendió la ultima entre dos equipos técnicos cuando el ya mediador y los equipos se hallaban en Santo Domingo.

A finales del mes de enero, como y se ha dicho, se continuaron los diálogos, esta vez ya directos, en San José. Tras el voto del Congreso, desfavorable a la contrarrevolución, esta pospuso las pláticas que se iban a tener en Guatemala el 10, 11 y 12 de febrero y el mediador, ausente en Europa, facilitó la postura de la contrarrevolución al pedir la posposición hasta su regreso, el 18 de febrero. El Cardenal Obando presentó a la CIVS un informe en que reconocía los avances en el cumplimiento de parte del gobierno y señalaba lo que, a su juicio, aun faltaba por cumplir. Sin embargo, el énfasis hecho por el, como mediador, cuando el gobierno negaba el dialogo directo con los contrarrevolucionarios, énfasis en los muchos muertos que esta inflexibilidad y la demora consiguiente en cesar el fuego provocaban, contrasta con el pedido de posponer el dialogo -ahora ya directo- mientras durara su ausencia en Europa.

En los tres países mencionados, hasta el momento, los diálogos se han estancado por la postura de los gobiernos de restringirlos a la concertación de un cese al fuego y pro la postura de las "fuerzas irregulares" o de "los movimientos insurreccionales" de querer pasar a discusiones de los aspectos políticos del conflicto. Aquí es donde el fallo de Esquipulas II en no diferenciar situaciones conflictivas diferentes se muestra más claramente.

Respecto de la amnistía, se han dado leyes en todos los países menos en Costa Rica (donde la CIVS no la ha exigido, sino que solo ha recomendado la revisión de una sentencia en un caso que, a su juicio, tiene vetas políticas). En Nicaragua, existía ya una ley que se mantiene en vigencia y atañe a los alzados en armas que se desarmen. Además la Asamblea, a petición del presidente Ortega, decretó otra, manteniendo su vigencia en suspenso en espera de que la CIVS dictaminara que ha cesado la ayuda a la contrarrevolución y el uso de territorios de países centroamericanos por parte de ella; la ampliación de esta ley (que excluye a ex-guardias nacionales sentenciados antes de 1981) se ha mencionado ya, así como el indulto que a una cuarta parte de los prisioneros se concedió en noviembre. La ley que decretó la Asamblea Nacional de Guatemala daba un período de 6 meses para que los alzados en armas, se acogieran a ella; la CNR criticó, sin embargo la reducida serie de instituciones a las cuales se debía acudir para acogerse a la amnistía, indicando que en ellas no se favorecía suficiente seguridad a quienes desearan hacer uso de la ley. La CIVS recogió esta objeción.

De la increíble impunidad que la ley votada en El Salvador ha otorgado a los presuntos responsables de crímenes realizando por abusos de poder de la Fuerza Armadas y de los cuerpos de seguridad -excepto a los asesinos del Arzobispo Romero- ya hemos hablado mas arriba. Por otro lado, la ley estuvo en vigor sólo 15 días. Son algunos campesinos y algunos sindicalistas quienes en Honduras mas se han acogido a la amnistía que allá se voto en el congreso. En El Salvador hicieron uso de la amnistía, además de los aludidos criminales alrededor de 500 presos políticos. Sólo en Nicaragua la amnistía en disposición de los alzados en armas ha sido utilizada en cifras que alcanza a más de 2.500 personas desde 1985 (sin contar a los mískitos). Desde Esquipulas II, el caso mas notable es el de un jefe miskito que se desalzó con alrededor de 400 combatientes en diciembre de 1987.

El cese al fuego decretado de común acuerdo en Guatemala mientras tenían lugar las pláticas de Madrid fue incumplido por el ejército, según denuncia de la URNG, y fue seguido por la ofensiva del ejército, tal vez de mayor envergadura desde 1982. En El Salvador y en Nicaragua los gobiernos decretaron sendos ceses al fuego unilaterales (de 15 días y de un mes respectivamente) que no lograron su cometido de inducir a la otra parte a respetarlos y que, en el caso de El Salvador fue demasiado breve, impuesto a regañadientes de la Fuerza Armada y roto por ella "con el menor pretexto o sospecha". La CIVS ha criticado veladamente "la falta de concertación" en las propuestas de cese al fuego, mostrando por ello su preocupación así como por "l intensificación" de la guerra desde Esquipulas II, constatación con la cual coincidimos.

Respecto de la democratización cabe afirmar con la CIVS, en su juicio sobre todo el proceso hacia la paz, que es ilusorio haber esperado que se pudiera "lograr de manera inmediata". El país donde ha habido avances más drásticos ha sido en Nicaragua. En el campo de la libertad de prensa basta citar a un corresponsable estadounidense -Stephen Kinzer- conocido por su poco afecto al sandinismo: "Ningún otro país en la región puede jactarse de contar con un periódico de importancia ("La Prensa") que cuestiona básicamente la legitimidad y los fundamentos del grupo gobernante"; en otros países existe libertad de prensa, aunque sólo en Honduras (pensamos nosotros) se cuente con un periódico ("El Tiempo") que editorialmente mida al gobierno de acuerdo a los criterios constitucionales y al mismo tiempo dé cabida a información objetiva sobre posturas populares o revolucionarias o del gobierno de Nicaragua.

La CIVS señala que fuentes opositoras destacan en Costa Rica y en Guatemala falta de libertad de acceso a la información. Desde el levantamiento del estado de emergencia que hay en Nicaragua total libertad de uso de los medios de comunicación y de acceso a información. Kinzer añade que esto se da "dentro de un amplio espectro de perspectivas políticas", aunque el COSEP afirme que el gobierno no ha respondido a su solicitud de abrir una estación de televisión, solicitud que el gobierno afirma no haber recibido -mientras aduce además ejemplos de países como Francia, Italia, etc., en los que la Televisión es monopolio estatal.

El mayor pluralismo político se da actualmente en Costa Rica y Nicaragua. En cambio se halla fuertemente restringido en Guatemala, El Salvador y Honduras, tanto por la inseguridad acusada por elementos del ejército y cuerpos de seguridad como por la existencia en esos países, de tanta y tan fácil violencia, de estereotipos de "comunismos" que se aplican cualquier agrupación a la izquierda de centro, como también por la persistencia en El Salvador del decreto 618 que sigue permitiendo detenciones por más de 72 horas sin transferencia del detenido al sistema judicial.

Por lo demás ya no existen en la región estados de sitio o estados de emergencia, aunque existen violaciones persistentes y arbitrarias a muchos de los derechos humanos y de ciudadanía protegidos por las Constituciones. En Costa Rica y Nicaragua, es donde hay menos acusaciones, provenientes de organismos internacionales de derechos humanos, referentes a asesinatos o desapariciones por abuso de autoridad. Los estereotipos de "reaccionario" o de "contra" que en Nicaragua se aplican a algunas formas de oposición, no llevan aparejadas amenazas ni hechos de desesperación o asesinato, sino a lo más desprestigio, detenciones temporales y apremios psicológicos en algunos casos.

Por supuesto, el punto mas controvertido del balance de Esquipulas II, es el que se refiere a la ayuda de los gobiernos regionales o extrarregionales a "fuerzas irregulares" o "movimientos insurgentes" y al "uso del territorio de un estado para agredir a otro". La CIVS constata que, además de la continuidad de la ayuda de los Estados Unidos a la contrarrevolución nicaragüense, El Salvador denuncia que Nicaragua "ayuda... veladamente... a las fuerzas insurgentes en su país" y que Nicaragua denuncia a Honduras, El Salvador y Costa Rica de ayudar a la contrarrevolución y de prestarle territorio . La diferencia está en que El Salvador, ni por sí mismo ni por medio de la administración Reagan, ha conseguido proporcionar pruebas creíbles de su alegato que contengan la trascendencia de las pruebas que Nicaragua presenta y que se refieren a numerosos vuelos de abastecimiento a la contrarrevolución desde el aeropuerto de Ilopango.

Nada digamos de las abundantes pruebas que Nicaragua presenta para respaldar sus denuncias Honduras y -en menor grado- Costa Rica. A pesar de la insistencia nicaragüense, la CIVS no tuvo capacidad para verificar in situ tales denuncias; ello se debió en gran parte a la oposición que Honduras mantuvo frente a la misión técnica de la ONU y la OEA, comisionada por la CIVS "para evaluar las necesidades de la inspección in situ"; el gobierno hondureño defendió una singular interpretación de la simultaneidad entonces vigente en el cumplimiento de los compromisos: "primero" debía democratizarse Nicaragua y "luego" venían sus propias obligaciones. Fuera de ultimátum dado a los miembros del directorio de la llamada "Resistencia Nacional" nicaragüense, residentes en Costa Rica de separarse de su postura armada o abandonar el territorio costarricense, y del cierre de una casa de la misma "Resistencia Nacional" en Tegucigalpa, cuando el ex-coronel Bermúdez reveló que estaba dando una conferencia de prensa desde allí, nada serio se ha hecho para impedir a los contrarrevolucionarios un uso del territorio centroamericano, ofensivo o agresivo respecto de Nicaragua.

El problema de los refugiados y desplazados

Respecto del problema de los refugiados y desplazados, la acción valiente de mas de cuatro mil trescientos refugiados salvadoreños en Mesa Grande forzó al gobierno salvadoreño a aceptar su repatriación garantizada por ACNUR y por representantes de la Iglesia Católica salvadoreña, a partir del cruce de la frontera. Muchos menores son los números de repatriados desde los campamentos de indígenas guatemaltecos refugiados en México. La CIVS acepta los datos de la cuarta reunión tripartita del grupo de trabajo Honduras-Nicaragua-ACNUR, según la cual en 1987, hasta el 8 de octubre, 2633 nicaragüenses (de ellos 2572 refugiados de la Costa Atlántica) habían sido repatriados; en esa misma reunión se determinó la reapertura del puesto fronterizo de Leymus y la repatriación semanal de grupos de 100 "por razones de seguridad".

El problema, sin embargo, es ingente: mas de 40.000 refugiados indígenas guatemaltecos en México, y cerca de medio millón de desplazados tanto en El Salvador como en Guatemala, la mayoría de los cuales son también indígenas en este último país, además de otros 12.000 salvadoreños en Honduras y alrededor de 43.000 refugiados nicaragüenses en Costa Rica y en Honduras, de ellos, a fin de octubre de 1987, 14,000 mískitos y sumus. Por ello ACNUR pidió a un "Grupo de Consulta integrado por expertos invitados a titulo personal" que hiciera recomendaciones una vez estudiado el asunto. Este grupo ha recomendado la celebración en 1988 de una Conferencia Internacional para encontrar soluciones; el Alto Comisionado pediría que los cinco países centroamericanos y México auspiciaron tal conferencia.

Hemos reseñado ya lo que se hizo en materia de los compromisos en el campo de la seguridad, con la mediación de Contadora (reunión de Caracas el 10 de diciembre) y lo que se haya incumplido hasta la fecha (la continuación de esas reuniones en Panamá a comienzos de febrero).

Ayuda internacional para el desarrollo de Esquipulas II

En la línea de la ayuda extraordinaria al desarrollo que Esquipulas II pide a la comunidad internacional "para alcanzar sociedades mas igualitarias y libres de la miseria" y consolidar la democracia creando "un sistema de bienestar y justicia económica y social", esta en marcha, por resoluciones de la Asamblea General de la ONU y también de la OEA, la promoción de "un plan especial de cooperación para Centroamérica" y el envío de una misión técnica que facilite la presentación del plan a la ONU antes del 30 de abril de 1988. Se han aumentado además las reuniones entre ministros de economía y comercio exterior de la región para ir preparando una agenda conjunta que los cancilleres centroamericanos presentaran en su cuarta reunión con los cancilleres de la CEE a fines de febrero en Hamburgo. Los grupos técnicos de ambos bloques de pises se reunieron en San José durante la tercera semana de enero, dejando el documento de Hamburgo prácticamente afinado.

Mientras tanto, en Managua, el Ministro Comisionado de la CEE, Claude Cheysson, se reunió con los cinco vicepresidentes centroamericano, firmo un convenio con Nicaragua ($7 millones donados para un proyecto agrícola), y otro con los gobiernos centroamericanos y Panamá ($28 millones mas y $3 millones que añade España para el fomento mejorar y aumento de cooperación regional en el terreno del cooperativismo con un plazo de cinco años a partir de 1989). Los vicepresidentes centroamericanos revisaron un documento previo para la elaboración del "Plan de Acción Inmediata" reiteraron su apoyo a los organismos de integración económica y agradeciendo a la CEE su ayuda en especial para el financiamiento que apoyar la institucionalización del Parlamento Centroamericano. Mientras tanto, también, el Senador Terry Sanford, demócrata sureño, ex-gobernador y demócrata sureño, ex-gobernador y expresidentes de Duke University, apoyado por toros 7 senadores demócratas ha constituido una comisión mixta multilateral de consejeros de Estado Unidos, Europa y América Latina para que en conjunto con otros representaste centroamericanos formulen una propuesta para la reactivación y el desarrollo de Centroamérica. Esta propuesta debe dejar de acentuar lo militar y hacer énfasis en soluciones de paz, desarrollo y democracia. Esta iniciativa se incluirá entre aquellas que intentan enmarcar la política exterior de los Estados Unidos en nuevos principios de coexistencia y respeto a la voluntad autónoma de los pueblos.

El tema electoral

Finalmente, respecto del tema electoral, Honduras no ha señalado siquiera nuevas fechas para las elecciones municipales que inconstitucionalmente suspendió el año pasado. El Salvador se prepara para elecciones legislativas y municipales en marzo de 1988; en la campaña participará pro vez primera Convergencia Democrática, una alianza del MNR de Ungo, del MPSC de Rubén Zamora y del nuevo Partido Social Demócrata, aunque no presentaron aún candidaturas.

La presencia en El Salvador de Rubén Zamora por segunda vez (tras la de Ungo y el mismo Zamora a fines del pasado año) pondrá de nuevo a prueba no sólo su propia valentía sino sobre todo la capacidad de auténtica apertura del pluralismo político en El Salvador. También en Guatemala se celebrarán este año elecciones municipales, ahí si con un espectro de partidos que, a pesar de la participación del Socialistas Democrático, presenta un carácter de mediocridad del liderazgo, fruto trágico de los asesinatos políticos de 1971 a 79 y no ofrece programas políticos que vayan mas allá de las modernizaciones reformistas de centro, plegadas a los planes contrainsurgentes del Ejército.

En Nicaragua están anunciadas las elecciones aún sin fechas para los consejos territoriales autónomos de gobierno de las dos regiones de la Costa Atlántica (Norte y Sur) y elecciones municipales. En este mismo país el gobierno ha prometido realizar elecciones para el Parlamento Centroamericano en los plazos previstos por el Tratado elaborado por los vicepresidentes centroamericanos. Junto con Guatemala es Nicaragua uno de los dos únicos países cuyos poderes legislativos han ratificado ya el Tratado Constitutivo de dicho Parlamento.

Esquipulas II: un texto contradictorio que revela las contradicciones de Centroamérica

Esquipulas II, debate dialéctico sobre el futuro de Centroamérica, ha mostrado en sus grados de cumplimiento e incumplimiento el carácter de las contradicciones entre su texto y su dinamismo. Es el gobierno de Honduras el que menos ha cumplido pero también el que mas costos ha pagado en su imagen internacional y en el descenso de su capacidad para mantener un consenso social imprescindible para gobernar; sólo a costa de un aumento de represión y de una profundización de su dependencia de los Estados Unidos ha mantenido este gobierno su inmovilismo. Nicaragua es la que mas ha cumplidos, tomando en cuenta tanto la flexibilización hacia la oposición (cívica y armada) como su dinamismo diplomático para dar relieve a lo que se jugaba en Esquipulas II.

Por el valor que tienen el mantenimiento de su antagonismo con Reagan respecto a "los medios" de solucionar el conflicto centroamericano -según sus propias palabras- el presidente Arias de Costa Rica ocupa un lugar en el cumplimiento; pero se empaña este éxito cuando se comprueba su intento -contrario al dinamismo de autodeterminación que dio origen a Esquipulas II- de forzar a Nicaragua a entrar por el aro de un modelo democrático unívoco: la reducción de la democracia a los mecanismos electorales representantivos, sin tomar en cuenta la verdadera esencia participativa de la democracia, vigente en Nicaragua mas que en otros países centroamericanos e inserta en los acuerdos de paz por insistencia del presidente Ortega.

Guatemala es importante por haber sostenido con fuerza la misma realización de Esquipulas II (cuando amenazaba su "muerte" por la posposición unilateralmente exigida por Duarte) y por haber defendido, en el caso de Nicaragua, la necesidad de la coexistencia con el modelo sandinista y la peligrosidad de la solución militar injerencista de los Estados Unidos. En esto prácticamente se equiparan Cerezo y Arias, saliendo mejor parado incluso Cerezo, que desde la reunión de febrero del 87 en San José se opuso a cualquier arreglo que no tuviera a Nicaragua como corresponsables y cofirmante. Sin embargo, el incumplimiento interno -su impotencia y probablemente su falta de voluntad política para mandar de verdad al ejército y a los acuerdos de seguridad y caminar en Guatemala hacia profundos cambios de estructura en lo político, en lo económico, en lo étnico, etc.,- y el cheque en blanco a los militares para lanzarse a fondo al intento de solución militar del conflicto guatemalteco, lo han desencadenado muy bajo en el récord de cumplimiento de la letra y el espíritu de Esquipulas II.

En penúltimo lugar queda El Salvador, con su cumplimiento precipitado y retórico, es decir formalista, y con su mala fe en culpar a Nicaragua de los fracasos presuntas de Esquipulas II y superrresponsabilizarla de los posibles éxitos, así como en su aquiescencia la hipoteca de la soberanía nacional en favor de la estrategia reaganiana. Con esta aquiescencia niega Duarte precisamente lo que constituye la esencia de Esquipulas como acontecimiento: la profundización inicial de la independencia política de la región centroamericana.

Todos los movimientos revolucionarios, políticos o insurgente, de Centroamérica pueden también obtener ventajas de Esquipulas II. Las ventajas obvias se han concretado en poder usara como fundamento de sus programas políticos una nueva legitimidad nunca antes reconocida tan claramente para dichos programas por gobernantes que presiden sistemas sociales organizado sobre la injusticia, la dependencia externa y la represión. La afirmación de Esquipulas II de "que tenemos caminos centroamericanos para la paz y el desarrollo" justifica las denuncias de los programas revolucionarios de cualquier sometimiento a los intereses geopolíticos o económicos de los Estados Unidos. En el mismo concepto de democratización incluyeron los presidentes "la soberanía, la integridad territorial de los Estados y el derecho de todas las naciones a determinar libremente sin injerencias externas de ninguna clase su modelo económico, político y social".

Así pues, si los gobiernos fallan inveteradamente en este punto, entonces los movimientos de liberación nacional están plenamente justificados. Igualmente lo están, si fallan los gobiernos, los programas revolucionarios que reclaman cambios estructurales profundos para conseguir lo que los presidentes afirmaron que incluye también la democratización: "la promoción de la justicia social, el respeto de los Derechos Humanos,... la efectiva participación popular en la toma de decisiones" (cuidadosamente explícita en el texto como uno de los criterios, junto con la libre organización de partidos políticos, el acceso libre de las diversas corrientes de opinión procesos electorales honestos y periódicos, la libertad de acceso a los medios de comunicación masiva y la plena vigencia de las garantías constitucionales, de la autenticidad de una democracia "representativa y pluralista").

Finalmente los presidentes centroamericanos afirman lo que los movimientos revolucionario llevan sosteniendo como razón de sus programas y proyectos de una nueva sociedad: que "las legítimas aspiraciones de paz y justicia social, de libertad y reconciliación" de "las juventudes" (y no sólo de ellas, es claro) centroamericanas "han sido frustradas durante muchas generaciones" y que las sociedades centroamericanas tienen que alcanzar una justicia internacional y unos modelos de desarrollo diferentes de los vigentes para poder llegar a ser "más igualitarios" y para poder liberarse "de la miseria".

Evidentemente, de la tensión entre intento de deslegitimar a los "movimientos insurreccionales" y reconocimiento de la legitimidad de sus planteamientos surge en Centroamérica, gracias a Esquipulas II, un espacio político antes desconocido para la legitimidad de las aspiraciones populares. Ello se h reflejado tanto en los diálogos de los gobiernos respectivos con la URNG ( por primera vez -avance no despreciable-) y con el FMLN-FDR como en la creciente credibilidad y respetabilidad del proceso revolucionario nicaragüense, cuyo carácter diferente de los otros proceso actualmente vigentes en Centroamérica Esquipulas II legitimó.

Desde el punto de vista latinoamericano, en cambio, Esquipulas II ofrece un balance más tenso que el que hemos considerado en el párrafo anterior. El principio de solución centroamericana al conflicto centroamericano tiene una cruz en su medalla: implica el intento de restar la fuerza que a la solución centroamericana le da el aporte latinoamericano de Contadora y Apoyo. En Esquipulas II permanecieron Contadora y Apoyo en la Comisión de Verificación y Seguimiento, así como en la mediación de los asuntos pendientes de acuerdo (desarme, maniobras, asesores militares, extranjeros, seguridad y control de ella).

Después del 16 de enero, Contadora y Apoyo no quedaron explícitamente incluidos entre los Estados a los que la Comisión Ejecutiva de cancilleres centroamericanos deberán acudir para asegurar una verificación objetiva de los acuerdos de paz. Nadie duda de que esto es una bofetada a gobiernos cuyos compromiso con una solución digna del conflicto centroamericano ha sido mas largo y mas consistente que, por ejemplo, el del presidente Arias. Ya hemos visto en el análisis nacional de El Salvador que, en la OEA y en la ONU Contadora y Apoyo chocaron con Costa Rica y Guatemala que copatrocinaron con El Salvador resoluciones derrotadas en contra del FMLN. Sólo Nicaragua, como también hemos visto, decidió lanzarse, inmediatamente después de Esquipulas III, a rescatar la fuerza latinoamericana para el cumplimiento de los acuerdos de paz.

Una oportunidad para legitimar la revolución nicaragüense

En definitiva hay un criterio fundamental, en base al cual debemos los centroamericanos sacar un balance de Esquipulas II. Se trata de que los acuerdos de paz han dado al proceso revolucionario nicaragüense una oportunidad de legitimación y sobrevivencia mucho mayor que las que habría tenido sin ellos. Si se acepta que es precisamente el triunfo en 1979 del proceso revolucionario nicaragüense el que abre para Centroamerica una neuma coyuntura favorable en su larga lucha de liberación, no se debe dudar de que, desde la lógica de la mayorías centroamericanas el balance de Esquipulas II es favorable para toda la región. Si además se coincide con el análisis hecho mas arriba de que Esquipulas II abre a las aspiraciones populares de las mayorías centroamericanas nuevos espacios políticos (tanto mas utilizables cuanto mas avanzada este en cada país la articulación del nuevo sujeto histórico centroamericano), entones la sobrevivencia del proceso revolucionario nicaragüense se conjuga sin contradicción con el mejor horizonte para todo el movimiento revolucionario de Centroamérica. Esto, en realidad es lo que tan claramente han denunciado las derechas oligárquico-burgueses y -mas clandestinamente- los militares. Y esto es lo que la administración Reagan ha querido a toda costa destruir.

Si además se aplica otro criterio -¿qué habrá ocurrido sin Esquipulas II?- se termina de analizar el balance positivo del proceso de paz. Sin Esquipulas II, habría habido en octubre o noviembre un voto sobre un pedido de la administración Reagan la Congreso, no de alrededor de $50 millones (incluidos los seguros para los aviones derribados sobre territorio nicaragüense), sino de $270 millones, que habría supuesto -en caso de ser aprobado- el paso a la siguiente administración estadounidense de la política de solución militar al conflicto centroamericano.

Sin Esquipulas II, la reunión de cancilleres de Centroamérica con la CEE, que ya se avecina, tendría bastantes menos probabilidades de resultados positivos, como lo atestigua el semifracaso de la reunión de Guatemala el pasado año. Sin Esquipulas II, nos encontraríamos en el punto muerto que el Secretario General de la ONU, diagnostico en enero de 1987 en México, al terminar la gira de Contadora, Apoyo, la OEA y la ONU por Centroamérica: "No hemos encontrado voluntad de paz" -dijo en tono de derrota-. Sin Esquipulas II y su ratificación fundamental en la Declaración Conjunta de San José el 16 de enero de este año, es dudoso que Reagan no hubiera podido convencer a cinco congresistas vacilantes para votara en favor de la ayuda a la contrarrevolución nicaragüense (no se olvide que en el Senado la votación le fue favorable, si bien por un margen estrechísimo, menor que en ocasiones anteriores).

En Esquipulas II hay un germen de paz con justicia, de paz con nuevos modelos de desarrollo y participación política. Tanto la agudización de la crisis de satisfacción de las necesidades básicas de las mayorías centroamericanas como el agravamiento de la prolongación incalculable del conflicto militar y social que desgarra a la región obligan a considerar Esquipulas II como un paso notable hacia los fundamentos no sólo de una paz duradera y firme, sino de una paz que pueda llegar a ser revolucionaria. Esquipulas II, por otra parte, no es sólo un fenómeno centroamericano. Encarna las demandas de los Pequeños Países de la Periferia, sobre todo de sus pueblos, y las afecta entregándoles un importante precedente en el campo político y en la esfera jurídica internacionales. Todos estos pueblos del Tercer Mundo se enfrentan con el mismo tipo de crisis de autodeterminación y de nuevos modelos de desarrollo económico, de satisfacción de las necesidades básicas de sus mayorías y de nuevos modelos de democracia en los que converja la representatividad de un voto libre y respetado con la participación popular y el rescate de sus culturas.

Si no se olvida entonces -como explicó envío en el análisis de coyuntura de enero- que el proceso nicaragüense es hoy revolucionario porque es nacionalizador, porque se encuentra en la etapa de construcción de una nación auténticamente libre y reinvindicación de igualdad jurídica internacional y de no alineamiento, no se caerá pro otro lado, en el error analítico de juzgar como "concesiones" arrancadas a una revolución lo que son cartas de una negociación nacionalizadora compatibles con los rasgos estratégicos y originales del proceso.

La diferencia con los procesos nacionalizadores conducidos por burguesías ascendentes en países del Tercer Mundo, es que en el nicaragüense lo que tiene la prioridad es la lógica de las mayorías y su creciente participación popular. Por eso, el manejo político que el sujeto histórico centroamericano en ascenso, en Nicaragua y en otros países, haga de la economía tiene hoy una importancia crucial. Los acuerdos de paz no pueden fracasar únicamente por fuerzas militaristas en su contra; también pueden derrumbarse si no se gana la batalla de la economía de las necesidades básicas de las mayorías en Nicaragua y si no se aprende a ganarla en las zonas de lucha revolucionaria de El Salvador y Guatemala, así como en los esfuerzos populares de las organizaciones campesinas y sindicales de todos los países centroamericanos.

Las tendencias de la coyuntura: el factor económico y su peso político-ideológico

"Pedimos un trato internacional que garantice el desarrollo para que la paz que buscamos sea duradera" (Esquipulas II). "No es posible alcanzar la paz sin desarrollo. (Declaración Conjunta 16-1-88). Estas enfáticas palabras de los presidentes centroamericanos reconocen la gravísima crisis económica por la que atraviesa Centroamérica. La crisis no es comprendida por la mayoría de los presidentes -sospechamos- en su verdadero carácter; muchos de ellos la han profundizado con el terrible aumento de la dependencia de la ayuda estadounidense, ligada a una manera militarista de intentar solucionara los conflictos.

En cierto sentido, se podría especular que si Estados Unidos llegara a liberarse de su paranoia respecto a las amenazas fatasmagóricas que cree ver en Centroamérica con respecto a su propia seguridad nacional, si además pudiera liberarse de su complejo de "buen samaritano" imperial, tendría tal vez mejor solucionados sus intereses abandonando Centroamérica a su miseria actual y a su baja capacidad de desarrollo. Probablemente otros países de la alianza occidental seguirían ese ejemplo de abandono, desinteresándose de un mercado tan pequeño (25 millones de habitantes en 1988) una vez dado el nuevo supuesto de un desinterés geopolítico estadounidense. La trama delineada es tal vez irreal porque es difícil para quienes están acostumbrados acordes y corruptos. Son nuevos modelos de desarrollo los que necesitamos. Y para ello, hay que comenzar por verdaderas economías de sobrevivencia. Diseñarlas políticamente y convertirlas en necesidad cultural son las tareas revolucionarias, las tareas populares del nuevo sujeto histórico centroamericano en este terreno. Son tareas para hoy, no para mañana.

La urgencia no se puede exagerar. En nuestros pueblos latinoamericanos existe una capacidad, una potencialidad política e ideológica (de sentido de la vida, de símbolos, de sentido común estratégico, de sabiduría, motivaciones, e incluso de creciente conocimiento de lo que esta en juego en el mundo de hoy, en la "aldea global" que han hecho de el las comunicaciones masivas) incomparablemente mayor que su graso de desarrollo economico y su acceso a tecnologías apropiadas para el punto desde donde parten en su intento de mejorar. Esta brecha tiene que ser llenada con estratégicas que articulen la economía, la política (inducido su aspecto militar y de seguridad) y la cultura. Y esta articulación es un arte no lejano al milagro de ese objetivo que buscamos: un nueva sociedad con mujeres y hombres nuevos y no la reaceptación o los espejismos de modelos fracasados o viejos de sociedad. El desafío es político y cultural, porque se trata no de economía sino procesivamente de economía política.

El factor militar y su constante predominancia

"La intensificación de las acciones bélicas tras la firma del Procedimiento de Guatemala, con las consiguientes perdidas humanas y materiales, constituyen motivo de fundada preocupación" (Informe de la CIVS).

Si miramos la realidad de los países envueltos en un conflicto político-militar, bien se de origen fundamentalmente externo (Nicaragua, agredida por una contrarrevolución catalizada en sus inicio y sostenida en lo fundamental de su lucha por el financiamiento de vituallas y tecnología militar que le proporciona los Estados Unidos y por el "santuario" que le proporcionan varios países centroamericanas), bien sea de origen interno (El Salvador y Guatemala) o bien se encuentre involucrado por complicidad (Honduras), es indudable que Esquipulas II no ha podido disminuir todavía la intensidad de estos conflictos. Lo ha impedido, por un lado, el empecinamiento de la administración Reagan en una política de solución militar hacia Nicaragua, secundada por los esfuerzos desesperados de los contrarrevolucionarios para montar una imagen de fuerza militar e influir en el voto del Congreso.

Por otro lado, la convicción del gobierno demócrata cristiano y la de la Fuerza Armada de El Salvador, así como de su antagonista el FMLN-FDR, de que militarmente pueden aun ganar mucho (convicción que comparten los Estados Unidos, aunque han tenido que modificar el análisis de los plazos de un derrota del FMLN, posponiéndolo de nuevo, ahora por 8 años), impide también el descenso del factor militar en El Salvador. Y aunque en Guatemala se llevó a cabo el primer dialogo entre el gobierno y la URNG y ésta ha hecho ya varias propuestas de continuaron, el ejército ha lanzado una ofensiva que lleva ya cuatro meses y medio, que ha centrado en el Ixcan 8.000 soldados, que usa imponentes medios aéreos, y que no tiene trazas de terminar.

En Honduras, a pesar de que en su Congreso Nacional se han oído voces para que los Estados Unidos trasladen a los contrarrevolucionarios nicaragüenses a su territorio tras el voto desfavorable a ellos en la Cámara de Representantes, el jefe de las Fuerzas Armadas ha publicitado un presunto plan de un movimiento subversivo que sería apoyado desde Managua (presagio de montes para justificar incidentes armados entre los ejércitos hondureño y nicaragüense y dar otras salidas a la política belicista de Reagan), y el gobierno civil no se ha distanciado de estos diseños.

Hasta donde Panamá entremezcla su destino con Centroamérica, también en ese extremo del Istmo el papel de las fuerzas de defensa ha crecido, precisamente por el intento estadounidense de imponer la salida de su comandante, con quienes los mismos gobiernos estadounidenses han cooperado hasta hace muy poco tiempo, a pesar de toda la corrupción que hoy le achacan y que probablemente es verdadera. Desde el Comando Sur de Panamá han partido muchas misiones de ayuda a la contrarrevolución, varios de sus jefes han hecho notoria su presencia en las maniobras hondureñas y han visitado también a los asesores militares estadounidenses en El Salvador. En todo ello se están violando los Tratados Torrijos-Carter, que dan a la presencia armada de los Estados Unidos en el Canal la única misión de defenderlo en conjunto con las fuerzas de defensa panameñas. Por ello, estas han pedido el retiro del comando sur. Evidentemente la respuesta del Departamento de Estado ha sido negativa.

La mayor parte de la región esta en proceso de paz, peor agobiada por el peso predominante del factor militar. Paradójicamente, la perspectiva de paz y el mayor espacio para la negociación hacia ella fomentan en las partes en conflicto el intento de negociar con las mejoras cartas posibles, y una de las mas oponentes es la fuerza militar. Nadie duda de que, sin la fuerza militar del procesos revolucionario sandinista, Esquipulas II no habría sido posible. Tampoco hay duda de que la tecnológica de cohetes y de comunicación puesta en manos de la contrarrevolución por los 100 millones asignados en octubre de 1988 y en febrero de
1987, ha obligado al gobierno sandinista a tratar de salvar Esquipulas II con el máximo de flexibilidad política. Tampoco se puede espera razonablemente que un FMLN crecido continuamente y una URNG, tenazmente resiente y no lesionada en su fuera estratégica militar sino mas bien lentamente en avance, vayan a deponer las armadas sin conseguir ninguno de sus objetivos políticos hacia una nueva sociedad. La contrarrevolución nicaragüense, finalmente, va a tratar de recibir hasta el 29 de febrero el mayor contingente de armas sofisticados y va a tratar de impedir un cese al fuego para ver si así cambian las condiciones en el Congreso de los Estados Unidos.

La confianza en las soluciones militares era la causa de la prolongación del conflicto sine die. La fuerza del factor militar sigue ahora pesando para que las negociaciones hacia la paz tiendan a prolongarse lentamente. Mientras no sean posibles la continuidad de la medición de Contadora y la voluntad de los gobiernos centroamericanos de negociar las cuestiones de desarme y seguridad, le faltan al proceso de paz los elementos fundamentales para reducir el peso dominante del factor militar en el conflicto centroamericano.

Los factores subjetivos: más decisivos que nunca

Desde el punto de vista del nuevo sujeto histórico centroamericano, nunca como hoy aparece tan clara la necesidad de articular los esfuerzos l buena mes prescindir de los productos "de postre" que Centroamérica les brinda hoy por hoy. La trama ayuda, sin embargo, ver la arena movediza sobre lo que hoy descansa la sobrevivencia económica de los pueblos de Centroamérica.

Existe una gran carencia en las practicas revolucionarias cuando de economía se trata. Los movimientos político-militares están acostumbrados a engatuzar el recurso último de la lucha armada para conquistar el poder revolucionario y a contar con la solidaridad internacional par muchos de sus problemas económicos. Son, en muchos aspectos, movimientos en parte subsidiados y en parte heroicos en las privaciones que aceptan para conseguir un poder al servicio de la justicia y l liberación nacional. Ni la practica de solidaridad ni la del heroísmo los preparan para la brutal cotidianidad del manejo de la economía. Podemos decir en este sentido que -con la excepción de los esfuerzos realizados por poblaciones en resistencia en zonas que los movimientos revolucionarios controlan- al nuevo sujeto histórico centroamericano le falta un componente crucial: un sujeto económico, que conozca y valore adecuadamente el único recurso real de riqueza: el trabajo productivo, y en primer lugar el trabajo que asegura la producción autóctona y autosuficiente de la mayor cantidad posible de las necesidades fundamentales de las mayorías en este terreno, además de su distribución justa y eficaz.

Ni los cuatro países centroamericanos no revolucionarios ni el proceso revolucionario nicaragüense han encontrado -en sus diversos sistemas económicos y políticos- la clave para una economía que ponga a un pequeño país del Tercer Mundo en vías de desarrollo en camino a satisfacer las necesidades fundamentales de la economía y deje de lado la lógica de las minorías satisfechas. El desgaste de esta realidad produce en las mayorías populares se esta convirtiendo en un problema político y cultural de máxima magnitud. A nuestro juicio, en estos dos últimos años, el factor económico esta pasando a ser determinante a corto plazo, precisamente en lo que tiene de político-cultural.

Una ética cotidiana de la producción, una moral de la distribución y el mercadeo, una cultura verdaderamente de la austeridad y de la sobriedad compartida, un realismo que tome en cuenta las posibilidades tecnológicas que los niveles de educación -básicas, técnica intermedia y profesional- de nuestros pueblos permiten, y una atención prioritaria a la alimentación, la salud sobre todo preventiva y ambiental, el vestido y la vivienda producidas en la región y a los puestos de trabajo que los aseguren, se imponen como política verdaderamente transformador y como revolución cultural, que necesitan de liderazgo definido y ejemplar. No hay que temerle ni a la campesinización ni al fomento de un artesanado, que son en realidad las bases reales del trabajo material productivo en nuestros países.

En Nicaragua, particularmente, la defensa y la producción pueden y deben encontrar caminos de una articulación mucho mas estructural. Eso, mientras dure la guerra. Pero también, para que el ejército, por pequeña que sea en la paz, vaya adquiriendo hábitos nuevos de relación con la producción y con la contribución a la distribución. De lo contrario, ni se podrá ver en la economía informal un recurso de sobrevivencia popular -creciente hoy, pero que siempre ha existido, porque si no, nuestros pueblos se habrían extinguido de hambre, frío y agotamiento de sus fuerzas- ni se podrá evitar que los grandes especuladores la sometan a sus leyes inmisericorde de sobrevivencia económica y la lucha militar para la liberación nacional y la justicia social con una movilización político-cultural de las mayorías centroamericanas. Todo el análisis que hemos hecho de Esquipulas II llevas concluir de que la paz, si ha de incluir los elementos de independencia nacional, de liberación de la miseria, de promoción de la justicia y de un modelo de sociedad mas igualitaria, y sobre todo la efectiva participación popular necesaria para ello, sólo puede tener oportunidad, aun después de Esquipulas II, allí donde las fuerzas sociales masivas estén en capacidad de presionar y donde su presión este articulada con la de los movimientos político-militares y -en el caso de Nicaragua- con la del gobierno sandinista -sobre todo con sus organismos armados y de seguridad- y con el FSLN.

Esquipulas II ha abierto espacios políticos inéditos en Centroamerica, no sólo para la negociación como fundamento de solución del conflicto sino sobre todo para la movilización popular que reclame que la negociación se produzca y se encamine según la lógica de las mayorías. Estamos convencidos de que lo mejor de Esquipulas II es fruto de la larga resistencia, de los innumerables esfuerzos cívicos y del uso del ultimo recurso de la fuerza (impuesto por la intransigencia de lo que en la introducción denominamos la "triple alianza") de parte de las mayorías populares.

La crisis económica -en cuanto no depende de la guerra- y la prolongación de la guerra, que profundiza extremadamente la crisis económica, tienen el peligro de desgastar a las masas y, en Nicaragua sobre todo, de confundirlas. ¿No se había hecho la revolución para el aumento del bienestar de las mayorías? ¿Y no se ha profundizado durante la revolución la pobreza? Estas preguntas golpeantes -que golpeen también quienes resisten la opresión y lucha por el poder popular en Guatemala y El Salvador- apuntan a la fuente del aumento de importancia decisiva de los factores "subjetivos": la expectativa de paz y su contrario, el recrudecimiento de la guerra, por un lado; y, por otro, el creciente estrechamiento de los márgenes para la subsistencia y la sobrevivencia, atacados también por la religiosidad milagrera, desmovilizadora, "informal" por ser débilmente institucional y manejada, como la economía informal, por los grandes "especuladores" de la cultura religiosa.

Desde el punto de vista contrainsurgente e imperial, no es menos decisivo el factor político-ideológico. Cuando la solución militar pierde, al menos prestigio, entonces es la hora del resurgimiento de la desinformación, la hora de la propaganda, la hora de la provocación y de la intransigencia (en Nicaragua, para forzar la vuelta al status quo anterior a Esquipulas II), la hora de combinar elecciones formales y recurso al espectro del terror, y la hora de exigir a Nicaragua la renuncia a su revolución. Es en realidad, la hora de desgastar a las mayorías y de trata de cooptar a sus fuerzas revolucionarias, las que están en el poder y las que compiten por el.

Como tareas importantes del análisis y de la estrategia político-ideológico del nuevo sujeto histórico centroamericano se imponen hoy dos muy urgentes: captar con lucidez los proyectos de la minorías oligárquico-burguesas en cada país y tratar de dar a los medios de comunicación masiva la atención que merecen para descubrir caminos para vencer en la encarnizada lucha por las imágenes contra la verdad de nuestros pueblos.

El condicionante del factor internacional

"El ferviente deseo de los pueblos de Centroamérica por la paz y la democratización política, económica y social, se ve obstaculizado por una pugna geopolítica que no les atañe y por intereses hegemónicos que son diferentes y extraños a sus legítimas aspiraciones" (Informe de la CIVS). De Contadora y Apoyo, fortalecidas por la OEA y la ONU, es decir, de donde aun se experimenta la mayor debilidad para influir en la solución del conflicto centroamericano, es de donde ha venido la máxima claridad sobre lo que está en juego. Es ahí, en la posibilidad de que se derrote el intento de los Estados Unidos acuerpado por la mayoría de los presidentes centroamericanos en Esquipulas II de aislar a Centroamérica de América Latina, a Nicaragua de Centroamérica y a ambas de los organismos internacionales donde tienen mayor peso los países no alineados y el Tercer Mundo, donde reside la esperanza del mayor aporte internacional a una paz digna en Centroamérica.

Ahí es donde coinciden los intereses de liberación nacional, de redefinición de la seguridad nacional, de reivindicación de nuevos órdenes internacionales económico, político, jurídico y cultural. Es ahí donde fuerzas aún débiles -por la tremenda fragilidad de las economías y de las "resurrecciones" democráticas en América Latina- pueden juntarse y hacerse menos débiles. Por eso tiene tanta importancia la insistencia de Nicaragua en que Contadora y Apoyo sigan presentes en los mecanismos de verificación de Esquipulas II y en que se reactive su mediación para llegar a convenios alrededor de la seguridad nacional y regional en Centroamérica.

La acción de las Internacionales de Partidos Políticos, sobre todo de la socialista y la demócrata-cristiana, van a tener también un influjo grande. La presencia del miembro directivo de la Internacional Socialista Hans Jurgen Wischnewsky en el equipo que, por Nicaragua, negociar el cese al fuego, significa un avance notable en el apoyo de esta Internacional a una paz digna en Centroamérica. La decepción que el gobierno de Duarte, primero, y, poco a poco, también el de Cerezo, han provocado en la Internacional Demócrata Cristiana va a jugar también un papel. Pero una cosa son los partidos y otra los gobiernos.

De la reunión de Hamburgo entre los cancilleres de Centroamérica y la CEE va a depender mucho para el proceso de Esquipulas. Mil cuatrocientos treinta millones de dólares se le van a pedir a la CEE para un Plan de Emergencia Económica en favor de Centroamérica. Es evidente que los países de la CEE - y Canadá también-, aunque ven a fondo, mucho mas lúcidamente que los Estados Unidos las causas profundas del conflicto centroamericano, también van a pretender entregar su aporte a cambio de presiones para que los modelos de una futura Centroamérica más pacifica y democrática no les resulten amenazantes para sus valores e intereses, aún muy "eurocéntricos". Dando, pero no dando mucho, intentarán conservar una influencia recién ganada.

Finalmente está el problema de la política exterior norteamericana. No es prudente esperar que adopte el ropaje auténtico de una opción de coexistencia respetuosa hacia Centroamérica. Mas probable es que el nuevo sujeto histórico centroamericano tenga que habérselas con una tolerancia hacia la Nicaragua sandinista, que mantendrá el arma de la normalización o no de las relaciones como instrumento de presión económica y aun militar, en el supuesto de que Reagan, en los meses que le quedan, no logre revertir la actitud de la Cámara de Representantes, ni pueda obligarla a compromisos con el Senado, a propósitos de la ayuda humanitaria que los demócratas van a sugerir. Será frente a El Salvador donde de nuevo se volverá a probar si hay o no una nueva política exterior centroamericana. Porque es el impasse salvadoreño el que mas perplejos tiene hoy los políticos estadounidenses.

En todo este juego de factores, Esquipulas II, al demostrar un vez mas la necesidad de soluciones que tengan en cuenta las grandes diferencias de cada país, ha probado también que Centroamérica no tiene futuro sino como región que actúa conjuntamente y fomenta el resurgimiento de los proyectos de Morazán y de Bolívar.

El eje de la coyuntura centroamericana pasa, al comienzo de 1988, por un desafío notable. El reto consiste en profundizar la independencia y construir los estados nacionales en un marco de cooperación regional, económica, política y cultural de tal manera que no se derrote sutilmente, a través de un protagonismo de los actuales estados, al protagonismo de los pueblos y a sus exigencias de dignidad y de pan. Esquipulas II es verdaderamente una coyuntura, una encrucijada.

De ella puede salir o avanzando o retrocediendo el proyecto de nueva sociedad del nuevo sujeto histórico centroamericano. Por tanto, el análisis nos conduce a la formulación de la estrategia: Esquipulas II debe dejar de ser predominantemente "Esquipulas de los gobiernos" para ir llegando a ser "Esquipulas de los pueblos" . A ello, desde nuestro punto de vista de cristianos, deberían de contribuir esforzadamente la Iglesia Católica y las Iglesias evangélicas, y sobre todo sus comunidades insertas en estos pueblos. Ellas son también parte del nuevo sujeto histórico emergente en Centroamérica. Y este sujeto es el que tiene que saber usar Esquipulas para el objetivo de una paz digna y popular.


Managua, Nicaragua
21 de febrero de 1988
Aniversario del asesinato de Augusto C. Sandino

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En este mismo numero:

Centroamérica
Introducción: La irrupción de Esquipulas II

Guatemala
La política, continuación de la guerra - Modernización y Militarismo

El Salvador
La crisis de la solución militar

Honduras
El máximo obstáculo para Esquipulas II: dependencia nacional y negocio militar

Nicaragua
Pasos en el camino hacia la paz: en el fin de la era Reagan

Costa Rica
La paz entre la dignidad y el sometimiento

Centroamérica
¿Hacia dónde va Centroamérica?
Envío Revista mensual de análisis de Nicaragua y Centroamérica