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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 431 | Febrero 2018

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Internacional

Un fantasma recorre América Latina y el planeta

¿La tierra es plana y Darwin nos engañó a todos…? Vivimos un organizado asalto a la razón, que es un regreso al Medioevo, que es una guerra contra el Estado laico, los derechos humanos y los derechos de las minorías, que es una contrarreforma religiosa. Que es un grave peligro avanzando como fantasma contra la democracia.

Jaime Ordóñez Chacón

Cuando todos esperábamos que el siglo 21 sería el salto hacia otra cosa, hacia una cierta conciencia universal que llevaría al planeta por encima de las ideologías, los dogmas y los nacionalismos que generaron dos guerras mundiales en el siglo 20 y casi todos los conflictos desde el inicio de la civilización, lo que está sucediendo es algo distinto. La actual centuria se está presentando como un retroceso asombroso. Lejos de acercarnos a la modernidad y a la tolerancia los fantasmas más oscurantistas están resurgiendo.

El Brexit, el ascenso de la ultraderecha en Europa -al escribir estas líneas acaban de hacer coalición y ascendieron al poder en Austria con el nuevo canciller Sebastian Kurz-, los ataques y las revueltas nacionalistas contra la Unión Europea que vienen desde la izquierda o desde la derecha, incluyendo el acérrimo separatismo catalán o la Liga Norte de Italia y -del otro lado del Atlántico- la plutocracia populista de la Casa Blanca, que amenaza con dislocar el planeta, son algunos de los síntomas más graves y más evidentes.

UNA REVUELTA BASADA EN UN PENSAMIENTO IRRACIONAL


El asunto va más allá: se trata de una revuelta contra la Ilustración, a todo fuelle y a todo vapor. Este pensamiento irracional y ultramontano está llevando a grupos de personas bien organizadas en Estados Unidos, en América Latina y en otros lugares a defender excentricidades como que la tierra es plana -un retorno a los tiempos previos a Eratóstenes, contra toda la evidencia científica, aeroespacial, fotográfica y digital-, a sostener que la Teoría de la Evolución de Darwin es una falsedad y a negar el calentamiento global y el daño progresivo que causa al planeta, entre otras locuras similares.

EL MOVIMIENTO DE LOS “FLAT EARTHERS”: ¿HACIA UN NUEVO MEDIOEVO?


El llamado movimiento de los Flat Earthers está creciendo en distintos países y tiene seguidores en Estados Unidos, Canadá, Australia, Indonesia, Suráfrica, Nueva Zelanda y hasta en la culta Francia. También se extiende por América Latina. En Centroamérica, algunos promotores de ese desatino han empezado a escribir en las redes sociales.

El análisis semiótico del discurso de los Flat Earthers tiene los indicios esperados. En su mayoría son seguidores dogmáticos de agrupaciones religiosas cristianas y las palabras claves de su mapa conceptual son tradición / antigüedad / religión / verdad, con un curioso rechazo sistemático a la palabra ciencia, todo un combo de nociones que se remonta al pensamiento pre-renancentista. Entre los Flat Earthers un 72% son hombres y un 28% mujeres. Agrupan a todo tipo de personas, incluidos profesionales, comerciantes, médicos y educadores. Incluso se ha creado una Flat Earth Society con 40 mil personas registradas, que crece a un ritmo de afiliaciones de 364 personas por día. Parece poco, pero la tendencia es a inflarse exponencialmente.

TAMBIÉN NIEGAN EL CALENTAMIENTO GLOBAL


Defender la “planitud” de la Tierra en pleno siglo 21 podría parecer anecdótico y marginal si esto no se sumara a otras tendencias. Hasta el ortodoxo san Agustín aceptaba su redondez ya en siglo 4.

En los últimos años se verificó también el crecimiento de un grupo que rechaza la Teoría de la Evolución darwiniana. Muchos son miembros del Tea Party de Estados Unidos y un porcentaje de los votantes estadounidenses ultra-re-publicanos han iniciado movimientos para que en las escuelas y colegios se regrese a enseñar el Creacionismo bíblico y la historia de Adán, Eva y la costilla.

Hay algo más grave, que rebasa lo anecdótico o pintoresco: el ascenso a puestos de poder en la Casa Blanca y en otros países -incluidas cajas de resonancia de opinadores en muchos países de América Latina- de personas que rechazan sistemáticamente el calentamiento global. Piensan que el efecto invernadero es un fraude y que también lo es el deshielo de los polos, documentado por la NASA y por otras entidades. Ciertamente, hay un sector industrial y petrolero, con fuerte representación política que rechaza la noción del calentamiento global y los controles de emisiones por codicia económica y no por ingenuidad o desconocimiento, que se han aprovechado inteligentemente de esa narrativa para hacer una escalada conservadora que llevó al rompimiento de la Casa Blanca con el Acuerdo de París. Y eso sí puede tener un impacto directo en el resto del planeta.

UNA GUERRA CONTRA EL ESTADO LAICO, LOS DERECHOS HUMANOS Y LAS MINORÍAS


El problema no termina ahí. Este tsunami dogmático y ultra-religioso no se ha quedado oficiando en sus cultos e iglesias y ha salido a las calles a ganar puestos de poder en diversos países de América Latina. Iglesias cristianas, evangélicas y de diversa filiación se han transformado paralelamente en partidos políticos empezando a cambiar el mapa del poder en la región. Sucede en Costa Rica, Perú, Guatemala, Paraguay, Honduras y, más levemente, en Colombia y Panamá. Pero es una enfermedad contagiosa que pronto se extenderá al resto.

En los países donde el bipartidismo ideológico que venía del siglo 20 se empezó a fragmentar y se produjo la implosión de las viejas agrupaciones socialdemócratas, democristianas o liberales, los espacios vacíos han sido llena¬dos por pastores religiosos que combinan sus púlpitos, cánticos y jaculatorias con escaños legislativos. Las bases de sus votantes están constituidas por las propias feligresías, que en el caso de los evangélicos, neo-cristianos y otros, destinan el 10% de sus salarios (el diezmo bíblico) no sólo a sus iglesias, sino a estas nuevas aventuras políticas. Son cantidades enormes de “dinero religioso” que está entrando a la política y a sus agendas.

EL “FANTASMA” EN COSTA RICA


En Costa Rica, por ejemplo, 5 de los 57 diputados del período 2014-2018 fueron electos directamente por iglesias transformadas en partidos. Y un número mucho mayor, entre 21 y 30 diputados, la tercera parte o la mitad del Parlamento, ha votado confesionalmente en diversas ocasiones por temas donde se mezclan las agendas religiosas con los problemas de política pública, incluidos diputados del PUSC (socialcristiano), del ML (libertario) y hasta del PLN (socialdemócrata), fundado en 1950 por José Figueres, Rodrigo Facio y otros reconocidos agnósticos laicos.

El neoconservadurismo religioso de la clase política costarricense les llevó a oponerse a la fecundación in vitro, a pesar de existir una resolución de la Corte Interamericana de Derechos que obligaba al país aprobar una legislación que regulara esa práctica. El argumento de los opositores fue de índole esencialmente religiosa.

UNA NUEVA CONTRARREFORMA


En los últimos años esta nueva Contrarreforma multi-confesional -el mejor concepto que se me ocurre contra esta andanada de ataques de varias iglesias y sectas que ha puesto en jaque al Estado liberal que se implantó a medias en América Latina a fines del siglo 19 e inicios del 20- está dirigida a minar la noción del proceso secular y del Estado laico y a frenar avances como los derechos humanos y el reconocimiento de minorías.

Una cruzada contra la educación sexual en los colegios de primaria y secundaria en Costa Rica bajo el lema “a mis hijos los educo yo” o “la familia primero”, y argumentos similares -en un país donde la estadística indica que casi el 50% de los embarazos de adolescentes se da en el seno del propio hogar o sus periferias- ha venido acompañada de una reacción visceral contra cualquier avance por reconocer los derechos civiles de las parejas de mismo sexo, por no hablar de la aceptación del matrimonio civil. Esta violenta cruzada contra las minorías sexuales y las diversidades de distinta índole viola derechos humanos y todo lo avanzado en las últimas cuatro décadas en esta materia.

En el Perú se presentan problemas similares, con una pugna constante entre avances en los derechos civiles y el pensamiento confesional, no únicamente del catolicismo, sino del resto de las iglesias cristianas y evangélicas, que obli-garon a la renuncia de la Ministra de Educación.

De acuerdo a la ONU, un tercio de los países del planeta criminaliza la orientación sexual y ataca a las minorías. América Latina ranquea muy mal en esa lista, no muy lejos de países islámicos como Pakistán, Afganistán, Emiratos Árabes Unidos, Catar y Mauritania.

UN PELIGROSO RETROCESO


Este es el nuevo fantasma que recorre América Latina y el planeta. Es un dogma que promueve la intolerancia y nos hace retroceder a mucho tiempo antes de la Ilustración, a más atrás del Renacimiento, a un Medioevo agresivo y ramplón que, además, se justifica a sí mismo diciendo: somos la mayoría. Grave peligro. Es el poder del que grita más.

La única medicina está en volver a Locke, a Mill, a la tradición de Voltaire y a los principios de Estado liberal, al reconocimiento de las mayorías y también de las minorías, a la tolerancia y a la diversidad de opiniones, a la modernidad a la cual creímos haber llegado. Pero parece que todavía no.

DIRECTOR DEL INSTITUTO CENTROAMERICANO
DE GOBERNABILIDAD (ICG) Y CATEDRÁTICO
DE TEORÍA DEL ESTADO DE LA UNIVERSIDAD
DE COSTA RICA.
COORDINA EL OBSERVATORIO
DE LA DEMOCRACIA EN CENTROAMÉRICA.

PUBLICADO EN EL DIARIO “EXTRA” DE COSTA RICA.

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