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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 394 | Febrero 2015

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Nicaragua

El Gran Canal y las “grandes” expectativas de empleo

La empresa HKND informa que contratará a 25 mil obreros nicaragüenses para la construcción del Canal Interoceánico. Y calcula que, ya construidos, los subproyectos asociados al Canal podrían generar hasta 250 mil empleos. Hay que hacer cuentas… y al hacerlas, veremos que eso significa muy poco para el empleo total, que eso no mejorará el problema de la baja productividad del empleo y que eso no nos sacará de la pobreza.

Adolfo Acevedo

Al anunciarse la construcción del Canal Interoceánico se generaron enormes expectativas en torno al empleo que generaría esta megaobra. Se llegó a hablar de un millón de empleos directos e indirectos. Posteriormente se dijo que los empleos directos serían 50 mil. En diciembre de 2014, el documento de HKND describiendo el proyecto del Canal estima que durante la fase de construcción del Canal -se habla de unos cinco años- se emplearían anualmente 25 mil trabajadores nicaragüenses de la construcción. De los otros 25 mil, 12,500 serían chinos y 12,500 de otros países.

¿QUÉ REPRESENTAN
25 MIL EMPLEOS EN EL CANAL?

25 mil empleos nicaragüenses apenas representarían un 0.6% del empleo total anual proyectado para ese período de cinco años, asumiendo que el empleo total crece a una tasa del 6% en promedio anual. Algunos dicen que, al menos, esos empleos generarían puestos de trabajo que de otra manera no existirían, lo que equivale a suponer que sin el Canal no habría nada que ofrecer a esos miles de trabajadores o a que sin el Canal la economía nicaragüense no podría generar siquiera en los próximos cinco años una cantidad de empleos que apenas representaran el 0.6% de la creación de empleo total. Es una suposición equivocada: sin el Canal la economía nicaragüense ha venido generando un incremento en el empleo formal a una tasa del 7% en promedio anual. No existe, pues, ninguna razón para suponer que sin esta me¬¬¬gaobra no sería posible generar esos 25 mil empleos formales, aun asumiendo que la tasa fuera menor del 6% en los próximos cinco años.

Se supone también que los 22 mil obreros que hoy trabajan en Nicaragua en el sector de la construcción permanecerían desempleados sin el Canal, lo que significaría que en los próximos cinco años cesaría por completo la inversión en viviendas y en las estructuras e infraestructuras en las que normalmente se emplean estos obreros. En realidad, más que generar nuevos puestos de trabajo, lo que sucederá es que el Canal absorberá principalmente a los obreros de la construcción retirándolos de otros proyectos y creando a corto plazo cuellos de botella en la oferta para estos trabajadores.

¿Y HABRÁ MILES DE EMPLEOS INDIRECTOS?

Sobre las expectativas del efecto multiplicador de la construcción del Canal en la creación de empleos informales -comiderías, ventas, hospedajes- el documento de HKND también ha permitido redimensionarlas.
Según se desprende de ese documento no habría mucha demanda adicional de comercio informal, hospedajes o comiderías porque todos los trabajadores vivirían encerrados en “campamentos de trabajo”, en donde les serían proporcionadas todas las comidas y en los que estaría totalmente prohibido el comercio informal.

Según la información brindada por la empresa HKND, los campamentos de trabajadores se utilizarán como “campos cerrados” en donde a los trabajadores (que no sean locales nicaragüenses que viven cerca) no se les permitirá abandonarlos, a menos que formen parte de un viaje organizado para comprar artículos personales, para entretenimiento o para hacer turismo… Serán construidas instalaciones centrales para proporcionar todas las comidas para los trabajadores de la construcción… Sólo a los trabajadores de las comunidades aledañas se les permitirá vivir fuera de los campamentos… Las obras de construcción están previstas a operar en dos turnos de 12 horas al día siete días a la semana. Los arreglos precisos están aún por determinar, sin embargo conceptualmente serían los siguientes: fuerza de trabajo nacional / local: 2 semanas trabajando, 1 semana de descanso”.

La realidad indica que serían muy pocos los trabajadores de “comunidades aledañas” porque la mayoría de los obreros de la construcción residen en Managua o en otras ciudades importantes y no en esas “comunidades aledañas” en donde estarían localizados los campos de trabajo en la ruta prevista para el Canal, ubicados en zonas rurales alejadas. De esto se deduce que la mayoría de los trabajadores vivirían totalmente encerrados en esos campos de trabajo y sólo podrían salir cuando HKND, de vez en cuando, organizase para ellos un viaje para comprar artículos personales o para un tour turístico. Trabajarían siete días a la semana en las obras de construcción en turnos de doce horas: unos entrarían a las 8am y saldrían a las 8pm, cuando otros estarían entrando para salir a las 8am. Quizá cada quince días, en su semana de descanso, podrían ir a su casa para llevar el salario de la quincena y pagar la deuda acumulada con la pulpería o la tienda de la esquina, pagar los recibos de agua y luz, comprar el tanque de gas para la cocina, comprar algo de ropa y salir un rato con la familia…y así hasta la próxima quincena. Quizá en este país de subempleados esto al menos es algo, aunque para el país en su conjunto es extremadamente poco.

¿CUÁNTOS NUEVOS EMPLEOS?

De acuerdo a las proyecciones del Centro Latinoamericano y Caribeño de Demografía (CELADE), la población económicamente activa aumentará en Nicaragua en 375 mil personas entre 2015 y 2020. En ese período, que se corresponde con el que se anuncia será el de construcción del Canal, se incorporarán 375 mil personas al mercado laboral, como resultado del bono demográfico y del bono de género.

Aun si todos los actuales obreros de la construcción son empleados en la construcción del Canal, eso sólo absorberá un empleo que ya existe y prácticamente no representará oportunidad alguna para esos 375 mil nuevos trabajadores. Y aun asumiendo que de esos 375 mil, 25 mil fueran entrenados aceleradamente para reemplazar a los actuales obreros de la construcción empleados en la construcción del Canal, que habrían dejado abandonadas las obras de construcción “normales” que se construyen año con año en el país, eso a duras penas absorbería el 7% de las 375 mil personas en que aumentaría la población económicamente activa.

El impacto en el empleo de la construcción del Canal está así a millas de distancia de los fantásticos sueños que encendieron la imaginación de tantas personas, que contaban con que esta obra representaría la oportunidad de crear decenas y decenas de miles de empleos.

¿SALIR DE LA POBREZA?

Terminada la construcción del Canal, ya en la fase de operación, el documento de HKND estima que el Canal pasaría de generar 2,700 empleos en 2020 a quizá unos 12,700 empleos en 2050, dependiendo del tráfico de buques que elijan atravesar ese Canal.

Como se sabe, la productividad media de la economía -de la cual depende crucialmente el ingreso per cápita de un país- es un promedio ponderado, siendo el factor de ponderación el peso de cada sector de la actividad económica en el empleo. Y mientras el grueso del empleo siga siendo generado por actividades de muy baja productividad, no sacará al país de la pobreza.

Igualmente, mientras porcentajes cada vez mayores del empleo no sean generados por actividades de creciente productividad, la productividad promedio de la economía no crecerá para poder impulsar las tasas de crecimiento del PIB per cápita necesarias para que la población nicaragüense llegue a la fase de envejecimiento en mejores condiciones que las que hoy se prevén. Ningún enclave, como lo será el Canal y sus subproyectos asociados, que genere porcentajes tan reducidos de empleo podrá modificar esto.

¿Y QUÉ OTROS IMPACTOS EN LA ECONOMÍA?

¿Y más allá del impacto en el empleo, cuál será el impacto económico del Canal? Un impacto sería el esperado durante la fase de construcción, cuando se producirían entradas masivas de capital para financiar las obras. Y otro sería el impacto durante la fase de operación del Canal, cuando esos flujos habrían cesado y el Canal funcionaria como un enclave sin muchos encadenamientos con nuestra economía.

Durante la fase de construcción, el masivo influjo de capital produciría un auge económico, debido exclusivamente al impacto directo y multiplicador que tendría sobre la actividad económica y el empleo el componente de la inversión nacional en las obras de construcción.

En esa fase es de suponer que el componente de maquinaria y equipo será predominantemente importado de China. También la mayoría de los materiales de construcción serían importados porque Nicaragua no posee la capacidad de suministros que requiere una obra tan colosal. Esto es exactamente lo que se afirma en los acuerdos de cooperación estratégica entre HKND y las empresas estatales chinas que presumiblemente suministrarían esos materiales.

El mayor impacto esperado sobre la economía nicaragüense se podría esperar por la vía de los salarios pagados a los trabajadores contratados, pero sólo en la medida en que esos trabajadores gastaran sus salarios en bienes y servicios producidos en el país. Y no podemos olvidar que el gasto de consumo en Nicaragua muestra un creciente contenido importado.

El anuncio hecho por HKND de que en la fase de construcción sólo se empleará a 25 mil nicaragüenses reduce significativamente, tanto el impacto del Canal en la generación de empleo nacional, como cualquier estimación sobre el impacto de la masa salarial que reciban estos trabajadores en la economía nacional, teniendo en cuenta que los productos que consumirán los trabajadores chinos los suelen importar de China y los trabajadores extranjeros -la empresa china podría abastecerlos en comisariatos propios- usualmente no gastan la mayoría de su salario en el país donde realizan un trabajo temporal.

¿UN AUGE ECONÓMICO DURADERO
O SÓLO TEMPORAL?

La cifra del empleo para trabajadores nicaragüenses debería ser matizada también considerando los complejos efectos macroeco¬nó¬micos de esta megaobra.

Ciertamente, pese a que el componente de inversión nacional en el Canal sería relativamente reducido, sí se produciría un importante auge temporal en la actividad económica durante la fase de construcción, ya que aunque ese componente sea minoritario, generará auge en una economía tan pequeña como la nuestra. Sólo como referencia: en 1999, el auge en la construcción asociado a las obras de reconstrucción post-Mitch dio lugar a un crecimiento del 7% de la economía.

Esto implicaría también un auge temporal en el empleo, pero no directamente asociado a las obras de construcción, sino como efecto de la inversión nacional en la obra. Sin embargo, ese auge temporal no estaría asociado a la creación de empleo de mucha calidad. Lo estaría principalmente a empleos en actividades no transables, principalmente en el comercio y los servicios, sobre todo informales, sectores que ya producen o venden los bienes y servicios en los que los trabajadores nicaragüenses gastan habitualmente sus salarios.

¿SEREMOS VÍCTIMAS
DE LA “ENFERMEDAD HOLANDESA”?

Este auge generaría efectos importantes que reducirían las posibilidades de creación de empleos, cuando no implicarían su destrucción en los sectores transables. En primer lugar, porque debido al minúsculo tamaño de nuestra economía, ésta no podría absorber una entrada de capital de la envergadura de la esperada sin que se provoque una masiva sobrevaloración del tipo de cambio real, que causará un marcado deterioro del precio relativo de los transables ante los no transables.

Se generaría entonces posiblemente una explosión inflacionaria, cuando no una crisis de balanza de pagos, a menos que se encontrara la manera de financiar el efecto mul¬tiplicador de la inversión, que tendería a filtrarse al exte¬rior con un mayor volumen de las importaciones, hasta en cien¬tos de millones de dólares anuales.

Este fenómeno, llamado “enfermedad holandesa” -consecuencia dañina provocada por un aumento significativo en los ingresos en divisas de un país-, bloquearía durante un período prolongado cualquier posible proceso de cambio estructural y colocaría gran parte de las actividades transables actualmente existentes en una situación de extrema dificultad para sobrevivir o incluso las destruiría.

La “enfermedad holandesa” significaría que la sobrevivencia de muchas líneas de producción transable -exportable- se verían en entredicho, junto con el empleo que generan. En el mejor de los casos, constreñiría drásticamente el crecimiento de esas actividades y su capacidad de generar empleo para absorber a esas 357 mil personas que entrarán al mercado laboral.

Un tipo de cambio flexible o una eventual dolarización completa de la economía no podrían hacer mucho para contrarrestar estas tendencias. En un contexto de precios flexibles, la trayectoria del tipo de cambio real es independiente del régimen cambiario que tenga la economía.

El auge económico produciría también, con toda probabilidad, un incremento temporal en el costo de la fuerza de trabajo, lo que pondría en crisis la permanencia de un número indeterminado de empleos en sectores como las textileras de las zonas francas, cuya viabilidad depende fundamentalmente de que su costo se mantenga muy bajo. La fragilidad del empleo en las zonas francas se ha puesto de manifiesto con la expiración en diciembre de 2014 del privilegio arancelario que durante diez años significaron los TPL. Un incremento temporal relativamente importante del costo real de la fuerza de trabajo podría dar lugar fácilmente a una pérdida de empleos capaz de contrarrestar en alguna medida el incremento del empleo en las obras del Canal.

¿ANTE UNA DEPRESIÓN HISTÓRICA?

Pero la fase de construcción del Canal terminará y con ello los flujos de capital que la acompañarán. Al cesar tan desmesuradas entradas de capital, cuando culmine la construcción de las obras el auge económico será seguido por la mayor depresión económica de que tenga registro la historia de Nicaragua y de Centroamérica. Al cesar el auge temporal, alimentado por el fuelle de las masivas entradas de capital, la economía caerá en una magnitud proporcional a la de la “inflación” en la actividad económica y al empleo que esas entradas de capital estaban alimentando.

Sería una situación como la que ya advertía la CEPAL en 1966, en un estudio realizado para el gobierno de Panamá evaluando las consecuencias económicas de la construcción de un nuevo Canal: “Los problemas de la caída del ingreso y del empleo alcanzarían proporciones mayores al terminar las obras… El PIB bajaría bruscamente en una proporción que se estima entre el 17 y el 20%... A su vez, el desempleo abierto calculado se elevaría de golpe a niveles superiores al 20% de la población activa”.

¿Y LOS EMPLEOS EN LOS SUBPROYECTOS?

No existirá actividad alguna capaz de compensar el efecto del abrupto cese de los desproporcionados influjos de capital asociados a la fase de construcción y no habrá manera de evitar la depresión económica.

En el mejor de los casos, los 250 mil empleos que se afirma generarían los subproyectos asociados al Canal contemplados en la concesión canalera (dos puertos, un aeropuerto, una zona de libre comercio, resorts turísticos), reemplazarían los empleos destruidos por el impacto de la masiva “enfermedad holandesa” sobre la producción transable. Ojalá así fuera.

Sin embargo, esos 250 mil empleos representarían, para entonces, apenas cerca del 5% del empleo total. En ese momento, la mayoría absoluta del empleo seguirán generándola actividades de muy baja productividad. Y mientras el grueso del empleo sea generado por actividades de muy baja productividad, ninguna obra que genere un 5% del empleo total sacara al país de la pobreza.

¿SÓLO UN ENCLAVE Y SIN MARCHA ATRÁS?

Ya construido, el Canal quedará reducido a un poderoso enclave estrictamente privado, bajo control total y absoluto del concesionario y sus socios, separado para todo propósito del resto del país, sin muchos encadenamientos con el resto de la economía. Será un enclave que coexistirá con una economía nacional de baja productividad, inundada por el subempleo. En ese momento, la población de nuestro país estará arribando a marchas forzadas a la fase de su envejecimiento y ya no habrá marcha atrás.

ECONOMISTA INDEPENDIENTE.

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