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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 392 | Noviembre 2014

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Panamá

Reflexiones en la comarca Ngäbe-Buglé: ¿Seguridad alimentaria o soberanía alimentaria?

La pobreza, tan presente en Panamá, contrasta con la “locomotora del desarrollo” que se supone es el Canal que atraviesa el país. La pobreza de los pueblos indígenas contrasta con la de la población en general. Y la desnutrición de estos pueblos contrasta con la riqueza nutricional de sus alimentos tradicionales, algunos milenarios. ¿Qué han comido tradicionalmente los ngäbe? ¿Qué hacer para fortalecer a este pueblo en su identidad, su cultura, su salud, su educación y sus comidas?

Jorge Sarsanedas

A mí me criaron comiendo patas de rana”, me comentó hace años un ngäbe bastante robusto y fuerte. Me llamó la atención, porque asociamos las ancas de rana con platos exquisitos de restaurantes parisinos, no con la comida de la empobrecida Comarca Ngäbe-Buglé, un territorio de casi 7 mil kilómetros cuadrados, delimitado en 1997, en donde vive casi el 55% del pueblo ngäbe y un 35% del pueblo buglé.

Según datos oficiales, el 96,3% de la población indígena de Panamá vive en pobreza (84.8% en pobreza extrema) y un 62% de los niños padece desnutrición crónica. La mortalidad materna entre indígenas es de las peores en América Latina: 62.3 muertes por cada mil nacidos vivos. Y el índice de desarrollo humano, según el PNUD en 2010, fue de 0.447, cuando el índice global del país fue de 0.780. Haití, que es el país con el peor índice de América, tiene 0.456. Pero en la Comarca Ngäbe-Buglé hay distritos, como Besigä, con un índice de 0.348, al nivel de los países africanos que están peor, Mali y Burkina Fasso.

Esto resulta sencillamente escandaloso y clama por una solución pronta, pues aunque son estadísticas que se intentan maquillar de muchas formas resulta imposible ocultar la realidad… a quien la quiera ver.

UNA SITUACIÓN INHUMANA

En el territorio panameño vive una parte de la población de siete pueblos originarios de América Latina: ngäbe, guna, buglé, enbera, wounaan, naso y bribri. Parte de los pueblos guna, enbera y wounaan vive en territorio de Colombia, los enbera han llegado al actual Ecuador y parte de los pueblos ngäbe, bugle, naso y bribri vive en territorio de Costa Rica. En el territorio panameño estos pueblos conforman el 12% de la población, total, que según el censo de 2010 es de 3.5 millones de personas.

A pesar de los siglos de dominación, rechazo y discriminación, estos pueblos conservan, en diversos grados, muchas de sus costumbres, modos de vida, ritos, creencias, idiomas, arte y vestidos, muchos elementos de su identidad. Han vivido durante siglos en una situación inhumana y en ella viven aún hoy. No sólo enfrentaron una invasión para conquistarlos y supuestamente “evangelizarlos”, también se les impuso una cultura que, además de su idioma, escritura y religión, les introyectó prácticas culturales alimenticias.

Desde inicios de la Conquista, a comienzos del siglo 16, existen señales de la imposición cultural en la zona del Darién. Hoy, en pleno siglo 21, las estadísticas indican que no ha cambiado mucho la situación, aunque existen caminos de penetración y edificios a los que llaman escuelas y estructuras -muchas de ellas vacías- a las que llaman puestos de salud.

HAY CRECIMIENTO ECONÓMICO
PERO CON DESIGUALDAD

La nutricionista Helena Saracho Domínguez se refiere a “un envidiable crecimiento económico” en Panamá,
que alcanzó en 2012 el 10.7% del PIB, pero señala que ese crecimiento ha sido acompañado por “un reparto muy inequitativo de la riqueza, que se refleja en la pobreza que afecta al país y esas cifras se disparan entre la población indígena”. Concluye que “la inmensa mayoría de la población indígena panameña vive en pobreza” y detalla que “las niñas y niños indígenas menores de cinco años padecen desnutrición crónica en un 62%, cifra tres veces superior a la del panorama nacional”. Yendo más allá, el antropólogo Kevin Sánchez Saavedra afirma que “el actual movimiento migratorio pendular hacia zonas de agroexportación o hacia ciudades grandes de Panamá, erosiona y afecta la subsistencia y soberanía alimentaria de estos pueblos”. En relación a la alimentación, hay que señalar que en Panamá el 75% del salario mínimo, para quienes lo tengan, se gasta en la compra de la canasta básica de alimentos, una situación que se torna angustiosa, especialmente para los indígenas.

LA HERENCIA
DE NUESTROS ABUELOS

¿Es el pueblo ngäbe un pueblo condenado a la extinción? ¿De dónde surge la capacidad que ha tenido de mantenerse en el tiempo, luchando, resistiendo, permaneciendo?

Hace años, llegué a un rancho de la Comarca y un grupo familiar de unas diez personas entre adultos y niños estaba sentado alrededor del fogón donde cocinaban “algo” en una paila grande y tapada. Estuve un rato platicando y me despedí. Salía del rancho cuando me preguntaron si yo comía “hojas”. Les contesté que sí y me invitaron a pasar nuevamente y me brindaron una totuma llena de una sopa de frijoles con muchas, muchas “hojas” de diferente tipo.

Saborée entonces una de las muchas comidas heredadas de los abuelos, una de las que les ha permitido superar la desnutrición a miles de indígenas. Las “hojas” son el gran socorro de la comida indígena. Son hojas de otoe (malanga, quequisque), una muy buena fuente de vitaminas y minerales. Son hojas de uyama (ayote, zapallo), fuente de betacaroteno y vitaminas, además de ser medicinales. Son hojas de frijol y el mismo frijol tierno, con toda su riqueza de proteínas, vitaminas y ácido fólico, que combate la anemia. Es el berro de agua, del que se comen las hojas y los brotes tiernos, con toda su riqueza de yodo, hierro y vitamina A. También son las flores y cogollos de la chichica y la flor de la cabuya (maguey, aloe), que también son alimenticias.

COMEN ALIMENTOS
RICOS EN NUTRIENTES

Hay alimentos que consumen los ngäbe, muy ricos en nutrientes y poco conocidos por los no indígenas: el ñürün o bodá, que es la pacaya o maíz de montaña, un alimento muy apreciado por la población indígena maya. Comen la flor y el palmito. Es más rico en calcio y fósforo que cualquier hortaliza. También consumen los frijoles de palo o guandú (chícharo, guandul), una gran fuente de minerales (fósforo, manganeso, magnesio, ácido fólico y flavonoides).

También tienen una increíble fuente de nutrientes en el pifá (pijibay), del que comen el fruto y el cogollo o palmito. Les aporta proteínas, aceites, vitaminas liposolubles y minerales. Es como una pequeña fábrica nutricional y probablemente el alimento más completo del trópico. Una buena conocedora de este alimento habla de él así: “Es un cultivo de gran interés a nivel mundial para el combate del hambre, su valor nutritivo es excelente, es mejor que el maíz y prácticamente superior a cualquiera de los cultivos que consumimos como fuente de energía”.

Los ngäbe también elaboran conservas como el gwa münün (polvo de pescado) o el kwi münün (polvo de gallina), que tienen muchísimos nutrientes y son desconocidos por los no indígenas. Preparan el mren kugwän (sal quemada), sal recogida en la montaña (sal negra) y cocinada con cáscaras de huevo molidas, muy rica en calcio. También se alimentan con hongos, muy apetecidos por los ngäbe; con diversos tubérculos (ñame, ñampí, yuca, otoe) y con frutas sumamente nutritivas y también medicinales: marañón, aguacate, guayaba y papaya,
sólo por mencionar cuatro originarias del continente, todas ricas en vitaminas. También se nutren de animales de caza y de pesca que, aunque no son abundantes, también les proveen de proteínas y alimento. También los guna ,los wounaan y los enbera tienen comidas tradicionales muy nutritivas.

POLÍTICAS ERRADAS
EN LA AGRICULTURA

Con toda esta riqueza alimenticia, por qué es tan grave la desnutrición y la inseguridad alimentaria, de dónde surge una situación tan escandalosa. Surge de siglos de inepcias, racismo, discriminación, prepotencia, intolerancia y falta de voluntad política para hacer algo a favor de estos pueblos. En Panamá, y probablemente en muchos países del continente, la causa está en un sistema “en el que el provecho se considera como el motor esencial del progreso económico, la concurrencia como ley suprema de la economía, la propiedad privada de los medios de producción como un derecho absoluto”, como lo describió hace años el Papa Pablo Sexto.

Este sistema se manifiesta en políticas erradas, desviadas y contrarias a la identidad indígena. En la agricultura, las políticas han sido orientadas cada vez más hacia la agroexportación (cereales, carnes y productos no tradicionales) y hacia la agroindustrialización (azúcar, café y etanol). En ningún momento se han dirigido políticas agrícolas en la Comarca Ngäbe-Buglé hacia la producción propia y tradicional, adaptada al ambiente y conocida por este pueblo, a pesar de su gran riqueza nutricional. Los pocos proyectos agrícolas dirigidos a la Comarca han sido para el cultivo de hortalizas no producidas por el pueblo (cebolla, zanahoria, lechuga, repollo…) o para la siembra de árboles extraños (pinos, teca, eucalipto).

Ciertamente, la mayoría de los terrenos comarcales son de vocación forestal, pero ¿por qué no se han sembrado árboles propios, frutales, sobre todo el pifá? Se ha promovido bastante la siembra de café -a veces orgánico- para engrosar el rubro de exportación. Todas, políticas erradas en la agricultura que no mejoran la nutrición de la población.

POLÍTICAS DE SALUD
AJENAS A SU CULTURA

Las políticas de salud de los gobiernos han estado orientadas siempre a la medicina curativa y no a la preventiva.
En las ciudades existen campañas de prevención (contra el dengue, vacunación de niños, entre otras), pero en las zonas indígenas la cobertura es mucho más limitada.

En el caso de la comarca Ngäbe -a diferencia de la comarca Embera-Wounaan- los médicos tradicionales y las parteras (krägä bianga y ngibiaga) no forman parte integral del sistema de salud y son requeridos a lo sumo sólo como traductores. Toda su sabiduría preventiva y curativa no tiene espacio en el sistema oficial. Se intentan controlar las enfermedades con medicina química, cuando hay muchas posibilidades de curación y prevención con plantas medicinales. Son políticas erradas porque no aprovechan el valioso patrimonio cultural del pueblo.

POLÍTICAS EDUCATIVAS
CONTRA SU IDENTIDAD

Las políticas oficiales de educación también son erradas. En la escuela se le enseña a niños y jóvenes contenidos que les posibiliten ser ciudadanos y acceder a niveles de educación superior. Con estos dos objetivos -generales, algo confusos y fuera de la realidad- las escuelas que hay en la Comarca Ngäbe-Buglé atacan de forma permanente la identidad del indígena como pueblo.

En los contenidos educativos apenas si se nombra la historia y el desarrollo de las culturas indígenas. No sólo no se conocen, sino que existe un verdadero menosprecio y rechazo por los idiomas, las costumbres, los ritos y la riqueza alimentaria de estos pueblos. Una investigadora me comparte haber escuchado a maestros y pastores evangélicos hablar sobre la “cochinada” que es comer lo que comen los ngäbe. Se crea así un bombardeo contra la identidad étnica, con la consiguiente baja en la autoestima de estos pueblos.

Si en las escuelas de la zona indígena no se recuperan esas riquezas, se seguirá atentando no sólo contra la seguridad alimentaria sino, sobre todo, contra la soberanía alimentaria de este pueblo.

Aunque desde 1975 en Panamá se habla de educación bilingüe -al principio- y de educación bilingüe intercultural después, sólo hasta 2012 surgió el primer grupo de maestros bilingües para la Comarca Ngäbe. Sólo se han elaborado algunos materiales bilingües y ni siquiera se ha desarrollado la Educación Bilingüe Intercultural (EBI).

Hay que anotar que en la Comarca Guna sí se está caminando en esta línea, pero sobre todo por insistencia de las comunidades y sus autoridades. El gobierno de Martinelli disminuyó en un gran porcentaje el presupuesto destinado a la EBI.

Dados los siglos de marginación, racismo y desprecio hacia los indígenas, se ha llegado a situaciones absurdas, aunque comprensibles, como el hecho de que los padres de familia ngäbe no les hablen a sus hijos en su idioma nativo, “para que no sufran lo que ellos sufrieron” y, aunque existen leyes que amparan, promueven e impulsan los idiomas indígenas, con dificultad son apenas conocidas solamente por los ya habitantes.

CAUSAS
DE ESTE DESASTRE HUMANO

La producción insuficiente de alimentos, el rechazo de los modos ancestrales de producción, la ausencia de transferencias de nuevas y adecuadas tecnologías, sostenibles en la realidad rural de la Comarca o para quienes viven en zonas de montaña, el deterioro de los recursos naturales, un entorno sociocultural que no potencia la capacidad adquisitiva de la población y el desconocimiento casi total, culpable o no, de los aportes culturales alimentarios del pueblo ngäbe, unido todo esto a una educación formal de espaldas a la cultura ngäbe y a una salud meramente curativa que no integra la riqueza cultural indígena, además de la permanente ‘inconsulta’ a las comunidades interesadas, se aúnan para propiciar la inseguridad alimentaria de la Comarca.

Si a esto unimos la falta de voluntad política de los gobiernos para enfrentar el tema indígena, la diversificación de la producción, la protección a los precios en el agro, entre otros desafíos, entenderemos mejor el desastre humano que estos pueblos viven actualmente.

EL CONCEPTO
DE SEGURIDAD ALIMENTARIA

En los últimos años se ha hablado mucho de seguridad alimentaria. El término se ha incluido y asumido
en las agendas y discursos de la FAO en Naciones Unidas, en las agencias internacionales de distintos pelajes y en las de muchos gobiernos y políticos de todas las facciones.

Según la FAO, para obtener seguridad alimentaria, se requieren suficientes cantidades de alimentos y de una calidad adecuada para ser suministrados a través de una producción nacional o de importaciones (comprendida aquí la ayuda alimentaria); recursos adecuados para adquirir los alimentos apropiados y para acceder a una alimentación nutritiva; utilización biológica de los alimentos, lo que significa una alimentación adecuada, agua potable, sanidad y atención médica, para lograr un estado de bienestar nutricional; insumos no alimenticios que, aunque están totalmente relacionados con la salud nutricional de una población, no se alcanzan simplemente asegurando el alimento.

Saracho Domínguez comenta: “Dirigir parte de los recursos económicos del Estado a la compra de productos de importación en vez de invertirlo en las causas de la mala situación alimentaria de su pueblo ni es una solución ni una mejora… Pareciera que el objetivo estatal fuera transformar al campesinado en una fuerza de trabajo asalariada, idónea para la industria o el sector servicios, o simplemente abocar inmensos territorios al monocultivo… La seguridad alimentaria deja de lado la noción de campesinado y los derechos sobre la tierra y la producción campesina. Está demasiado inserta en el sistema económico y el comercio internacional, olvidando la potencialidad de los pequeños productores y los mercados locales y la cultura alimentaria de la población”.

LA SOBERANÍA ALIMENTARIA
ES OTRA COSA

El otro concepto, el de soberanía alimentaria, impulsado por organizaciones en por lo menos 69 países -dice Saracho Domínguez-, “es mejorar la situación alimentaria priorizando los derechos fundamentales de la población campesina, pues son ellos quienes cultivan y cuidan la tierra. Este planteamiento prioriza el derecho de las poblaciones campesinas, tanto al acceso a la tierra como a la producción de esas tierras. Prioriza el derecho de los pueblos a definir políticas agropecuarias y de producción de alimentos. Incluye el abastecimiento de productos alimentarios a los pueblos que los producen. Plantea como objetivo primordial de la producción cubrir las necesidades de las comunidades locales, un punto importante teniendo en cuenta que gran parte de la producción alimentaria de los países “en desarrollo” se destina al consumo de los países “desarrollados”. Propone como necesario el derecho a proteger y regular la producción agrícola y ganadera, así como el mercado nacional…

Por todo esto, el potencial de su acción se fundamenta en estos seis pilares: –Se enfoca en alimento para el pueblo.
–Valora a quienes proveen alimento.
–Localiza sistemas de alimentación.
–Empodera localmente.
–Desarrolla conocimiento y destreza.
–Trabaja con la Naturaleza”.

La diferencia entre seguridad alimentaria y soberanía alimentaria reside en la voluntad de cambiar el sistema alimentario y no sólo la alimentación.

EL BUEN-VIVIR
(NÜNE KWIN GWAIRE)

En América Latina se habla mucho de “desarrollo económico” para calificar los proyectos que se llevan o se promueven en las zonas indígenas y la Comarca Ngäbe-Buglé no escapa de esto. Son millones de dólares los que se han invertido en los últimos cuarenta años en esa zona y no se nota realmente el cambio, a juzgar por los sufrimientos actuales. Sí se evidencian los recursos invertidos en carreteras, en edificios, en más casas, en postes de electricidad que tímidamente van subiendo a la montaña. Pero, ¿y las estadísticas que no mienten? ¿Y el sufrimiento real de la gente?

En muchos pueblos originarios del continente se está hablando hoy del “buen vivir” como un estilo de vida, de “un modo de proceder”, dirían los guaraní, que implica mucho más que el desarrollo económico. Los guaraní hablan de “relaciones de reciprocidad y el poder compartir”, mientras que los queshwaymara lo definen así en el artículo 306 de la Constitución boliviana: “La economía plural articula las diferentes formas de organización económica sobre los principios de complementariedad, reciprocidad, solidaridad, redistribución, igualdad, seguridad jurídica, sustentabilidad, equilibrio, justicia y transparencia. La economía social y comunitaria complementará el interés individual con el vivir bien colectivo”.

Entre el pueblo ngäbe se podría hablar un poco de juritde y de etdebali, como instituciones centrales en la cultura, que pueden recoger algunos aspectos del ahora llamado “vivir bien”. Juritde es una palabra del idioma ngäbere que no tiene traducción exacta y podría traducirse por compartir, pedir, distribuir, ser solidarios, redistribuir. Es ayudar a quienes por alguna razón no han tenido buena cosecha o están en situación precaria (viudas, huérfanos, enfermos). Etdebali es una palabra ngäbere que viene de etdeba (=hermano) y que designa la hermandad ritual adquirida a partir del krün gitde, un juego ritual que acerca a las comunidades y que, probablemente en sus inicios, era una forma de redistribución y nivelación de excedentes. Estos conceptos son los que nos brindan el marco cultural para plantear los posibles caminos para salir adelante con algo tan vital como es la soberanía alimentaria del pueblo.

SON NECESARIAS
ESTRATEGIAS “DESDE ABAJO”

¿Por qué caminos transitar para revertir un proceso de siglos? ¿Cuáles mecanismos concretos se deberán abordar para que el actual camino hacia la destrucción se pueda reorientar? ¿Qué elementos culturales se deben recuperar para que algunos procesos vitales, como la nutrición autóctona, la ecología propia, la medicina tradicional, entre otros, puedan ser nuevamente piezas integrales de la sociedad indígena?

Lo primero e imprescindible debe ser construir estrategias “desde abajo”, desde las comunidades locales, desde las organizaciones propias, tal como lo implica el movimiento pro soberanía alimentaria. Cualquier política regional, estatal, oficial o particular que no cumpla con esta condición, no dará resultados.

El pueblo ngäbe es un pueblo de consensos, no de supuestas “votaciones democráticas”, mucho menos de aceptar directrices impuestas por “autoridades” de cualquier tipo. La otra condición importante es que haya verdadera voluntad política de los gobiernos y de las agencias de desarrollo para empezar el camino desde ahí, desde abajo.

OTRA AGRICULTURA
ES POSIBLE

En la agricultura, una de principales políticas que debería fomentarse es el apoyo a la producción masiva de alimentos tradicionales comprobadamente nutritivos. Esto crearía una ‘despensa’ para que la gente se pueda dedicar a la siembra de árboles tradicionales, que son fuente de comida, materiales y medicinas y a la organización de proyectos comunitarios de producción orgánica. Otra política podría ser apoyar y organizar la exportación de productos cultivados orgánicamente y apetecidos por extranjeros (café) o que tienen un gran potencial de nutrición: aguacates, pifá, guayabas, membrillo, marañones, ñürün… Y como vía para fortalecer la zona de la Comarca se podría apoyar y difundir la institución cultural del juritde y el trueque de productos, basados en la institución cultural del etdebali.

OTRA SALUD

En la salud, habría que incluir de manera formal e integral a los médicos tradicionales y a las parteras en el sistema sanitario de la Comarca. Se trabajaría así con respeto a la cultura, con prevención, con mayor conocimiento de la situación, con mayor cercanía a la gente, desde la cultura y con el apoyo de la medicina occidental.

Así, todos los elementos nutricionales que existen en la flora propia y en las costumbres preventivas que incluyen el boin y el kä, serían elementos integrales de la atención en salud. Boin o boine es una palabra ngäbe que se puede traducir por ayuno o prevención, limitación, prohibición, ante una situación particular (embarazo, mordedura de serpiente, algunas enfermedades) que indica abstenerse de algunos alimentos o prácticas.(=cacao) no sólo tiene utilidad como alimento y medicina, también es un elemento fundamental de varios rituales de la cultura ngäbe.

OTRA EDUCACIÓN

Al ser la educación formal otro de los pilares de la destrucción cultural de la que somos testigos, se deberían reorientar profundamente las políticas educativas, empezando por una propuesta de interculturalidad a nivel nacional no sólo para las zonas indígenas, porque Panamá es un país formado por la interacción de varias culturas.

Hemos aceptado la cultura traída por los españoles y por otros pueblos llegados hace casi dos siglos (chinos, hindúes, norteamericanos), pero casi siempre hemos rechazado culturas que tienen siglos de estar presentes entre nosotros (indígenas, africanos y afrocaribeños) Debemos empezar aceptando que somos una nación cuya identidad está integrada por todas esas culturas y que la interculturalidad resulta fundamental en la educación del pueblo panameño. Habría que desarrollar con fuerza y creatividad la educación intercultural bilingüe prioritariamente en las escuelas de las Comarcas y en las zonas indígenas.

CÓMO MEJORAR
LA NUTRICIÓN

¿En qué va a ayudar a la nutrición el hablar el idioma propio? En conocer los alimentos tradicionales y valorarlos tienen los ancianos un gran papel que desarrollar en las escuelas. Podrían enseñar los orígenes de esos alimentos y dar a conocer lo básico de la medicina tradicional y de las costumbres preventivas de salud. Habría que desarrollar también una universidad intercultural indígena para investigar, profundizar y preparar personal en todos esos aspectos de salud y nutrición.

Otras medidas serían importantes para mejorar la situación nutricional de los pueblos indígenas: la construcción de carreteras, las buenas instalaciones de salud y educación, lugares para almacenamiento agrícola, electricidad con energía solar, eólica o generada por minihidroeléctricas.

Cuestión fundamental es asegurar los territorios actuales de los pueblos indígenas y ponerlos a salvo de explotaciones mineras y de megahidroeléctricas. Las hidroeléctricas de Valle Riscó y de Barro Blanco han inundado territorios indígenas, acabando cultivos, dañando el ambiente, destruyendo ecosistemas alimentarios y nutricionales, provocando desplazamientos, desarraigando poblaciones… Puede suceder lo mismo con la hidroeléctrica del río Teribe, en la zona indígena naso, y con otras que están en estudio.

SON FUERTES PARA RESISTIR

El pueblo ngäbe ha sufrido, sufre y sigue sufriendo de manera insultante. Pero no se extingue, sigue caminando y dando ejemplo de lucha. Su capacidad de resistencia y sus estrategias de sobrevivencia, desde que rechazaron la dominación colonial, siguen manifestándose y esa fuerza histórica contribuirá a hacer realidad propuestas alternativas que los conduzcan al buen vivir.


COLABORADOR DE LA COORDINADORA NACIONAL DE PASTORAL INDÍGENA DE PANAMÁ. TEXTO PUBLICADO INICIALMENTE EN EL ANUARIO DE ESTUDIOS CENTROAMERICANOS DE LA UNIVERSIDAD DE COSTA RICA. COLABORACIÓN CON ENVÍO.

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