Envío Digital
 
Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 57 | Marzo 1986

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Nicaragua

Los Indígenas Sumus de la Costa Atlántica

Los nicaragüenses de la Costa Atlántica sirvió como carne de cañón en la lucha entre los dos poderes coloniales, Inglaterra y España. Estas cicatrices, muchas veces vueltas a abrir en el transcurso de la historia colonial y moderna, hacen difícil hoy la confianza mutua y el diálogo.

Equipo Envío

"Los derechos de autonomía de los pueblos indígenas y comunidades de la Costa Atlántica se ejercerán en el área geográfica que tradicionalmente ellos han ocupado. Este derecho es reconocido y garantizado por el gobierno revolucionario".

Principio siete del borrador de documento de autonomía de Nicaragua "Si fuéramos a hablar de los derechos originarios en donde tradicionalmente han vivido los sumus, sería para hablar acerca de toda la Costa Atlántica". (Murphy Almendarez, Coordinador General de la Organización Sumu Sukawala)

Los nicaragüenses de las dos costas buscan algo nuevo

Mucho se ha oído tanto dentro de Nicaragua como afuera en los últimos seis años acerca del "problema indígena" de la Costa Atlántica de Nicaragua. Posiciones asumidas en el debate, particularmente aquella expresada por Brooklyn Rivera, líder de la organización indígena armada Misurasata, frecuentemente aún el problema y las demandas de los tres pueblos indígenas de la Costa Atlántica -Mískitos, Sumus y Ramas- como si fueran uno sólo y como si Rivera legítimamente hablara por todos.

Rivera no es el primero en hacer esto. Hay una tendencia a suponer que "todos los indígenas piensan lo mismo". Esta suposición, siempre falsa, tiene varias fuentes. Una es que los indígenas en todas partes han sufrido un destino semejante de manos de los gobiernos, las clases dominantes y otros grupos étnicos. Durante los períodos colonial y postcolonial, fueron obligados a ceder sus tierras que anteriormente ocupaban libremente para dar lugar a la expansión de las relaciones capitalistas de producción y a los conceptos de la propiedad privada.

Al final del siglo pasado, los tratados teóricos sobre las causas del subdesarrollo de América Latina se inclinaban a enfocarse en la mezcla de sangre negra e indígena entre la población, planteando que este mestizaje era la principal causa de la pereza y de la falta de visión empresarial, a su vez vistas como la raíz del problema. Hoy los proyectos de asimilación de los indígenas a la cultura dominante compiten con otros que pretenden mantenerlos marginados y oprimidos, y aun con otros que glorificarían esa marginación y harían de ella un monumento a los errores cometidos de alguna manera por el resto de la sociedad moderna.

La izquierda tradicional, tanto en América Latina como en América del Norte, ha hecho pocos esfuerzos exitosos por incorporar a sus teorías y prácticas de clase la realidad palpable de la opresión étnica. Por su parte, los movimientos étnicos e indígenas encuentran difícil ver más allá de una opresión étnica, a su típica posición de explotación dentro de una estructura de clases en el país. Esta dinámica negativa ha hecho que algunos pensadores en estos movimientos rechacen tanto a la derecha como a la izquierda, postulando que las dos ideologías tienen más que ver entre ellas que con los indígenas. Más aún, el fracaso hasta el momento de los movimientos y gobiernos de liberación nacional del Tercer Mundo en su búsqueda de respuestas adecuadas frente a las reivindicaciones indígenas acumuladas por tanto tiempo, se combina con la impaciencia indígena y su intransigencia para producir un creciente auto-concepto de los indígenas como un "cuarto" mundo y una tendencia a buscar alianzas solo entre sí y con simpatizantes incondicionales.

El primer intento de poner freno a este proceso está tomando lugar en América Central. Los pasados 10 años de lucha de los grupos que actualmente conforman la URNG en Guatemala, han visto un impresionante aumento en el respeto mutuo, la práctica conjunta y los esfuerzos serios de los indígenas y no indígenas para entrecruzar sus experiencias y sus aspiraciones legítimas. En Nicaragua los sandinistas están demostrando que ellos mismos están abiertos a la autocrítica pública de sus preceptos originales, a una detenida evaluación de las reivindicaciones de los indígenas y otras comunidades étnicas de la Costa Atlántica y a una disposición para asumir sus reivindicaciones legítimas como parte de los principios fundamentales de la revolución ya no sólo como concesiones del gobierno.

Los nicaragüenses de las dos costas cargan con las cicatrices de siglos de una historia amarga. El pueblo originario de la Costa, además de haber llegado después al territorio que hoy ocupan, sirvieron como carne de cañón en la lucha entre los dos poderes coloniales, Inglaterra y España. Estas cicatrices, muchas veces vueltas a abrir en el transcurso de la historia colonial y moderna, hacen difícil la confianza mutua y el diálogo abierto hoy en día.

A esta desconfianza histórica se le agrega una lacra de anti-comunismo, promovido por Somoza y los misioneros norteamericanos en el pasado y por la Voz de América y la propaganda desde Honduras y Costa Rica en la actualidad, que distorsionan su comprensión de los sandinistas. De parte de la población del Pacífico en general, la desconfianza vuelve a despertarse fácilmente con las memorias del territorio dividido durante tanto tiempo de la historia nacional y su conciencia de la unidad que sigue siendo frágil hasta estos días. Por parte de la Revolución en particular, la confianza está condicionada por algunas evidencias de sentimientos separatistas entre la población costeña y por las amplias evidencias de la manipulación norteamericana directa en la situación para lograr sus propios fines.

Escuchando a los mískitos

Una importante minoría de los 80,000 mískitos que viven en la vasta pero poco poblada región de la Costa Atlántica (el departamento de Zelaya ocupa más del 50% del territorio de Nicaragua y tiene menos del 10% de su población), han interpretado los esfuerzos de los sandinistas de la peor manera posible. Varios miles han decidido alzarse en armas. Algunos de ellos, en abierta complicidad con el gobierno estadounidense y con el principal grupo contrarrevolucionario financiado con fondos norteamericanos, el FDN, han declarado públicamente su deseo de derrocar al gobierno sandinista. Otros han sido más ciudadosos, expresando que luchan solamente para asegurar los derechos indígenas. Muchos de los combatientes mismos, como en cualquier guerra, no están claros de por qué luchan. Ellos dejan que las explicaciones de sus líderes, y la asistencia que viene de afuera, les dé un sentido a la posibilidad de morir.

Según un comandante misura en diálogo con los sandinistas, más de 300 combatientes mískitos de su organización han muerto. La población ha sufrido trastornos en sus actividades agrícolas, ataques armados por las organizaciones mískitas a las actividades económicas en la región y una reducción en los servicios de educación y salud debido a los ataques contra los vehículos y el personal técnico del gobierno cuando entran en las zonas de combate. La mayoría de las comunidades están presionando a sus "muchachos" para que negocien un término justo a los combates. Están buscando dirigentes políticos no dirigentes militares, para representar sus intereses dentro de la apertura creada por la decisión del gobierno de otorgar una autonomía y una posibilidad de alcanzar una ciudadanía de primera categoría sin precedentes en América Latina.

Los sumus: indígenas que no han sido escuchados

Mientras tanto, hay otro grupo indígena en la Costa Atlántica cuyos puntos de vista en general no han sido escuchados. La experiencia histórica de los sumos, su visión del mundo y su carácter como pueblo -en la medida que tales generalidades puedan tener validez- los conducen a sacar conclusiones distintas y a expresar sus aspiraciones de una manera distinta de la de los mískitos. Habiendo sido originalmente la población dominante de la Costa Atlántica, la población sumu en la actualidad asciende a poco más de 8,000; como consecuencia, sus expresiones se han perdido dentro del tumulto general de las reivindicaciones mískitas.

Los sumos viven principalmente en lo que es ahora la zona de las minas en el noroeste del departamento de Zelaya, aunque agrupaciones más reducidas de comunidades, o comunidades solitarias, se encuentran cerca del desemboque del Río Grande de Matagalpa, al norte de Bluefields; en el río Umbra, el río Prinzapolka y el río Wawa, todos en Zelaya Norte; en el río Siquia en Chontales y en el río Bocay en Jinotega (Comunidades reubicadas dentro de Matagalpa debido a la presencia del FDN en la frontera con Honduras).

Cuando comenzaron los combates en la Costa Atlántica a finales de 1981, las comunidades sumus estuvieron entre las primeras a ser llevadas a Honduras por las fuerzas de Misura, algunas por medio del terror y otras por el secuestro. Se calcula que unos 2,000 o 3000 sumus -quizás una tercera parte de la población total- han vivido en los campamentos de refugiados controlados por Misura o en reasentamientos administrados por la Alta Comisión de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) en la zona oriental de Honduras durante los últimos cuatro años. Más de 300 civiles de Musuwas, la capital sumu con una población de 1,600 que fue levada a Honduras en marzo de 1982, se han retornado a Nicaragua en los últimos meses. Está planeado que varios cientos de refugiados retornen próximamente.

Pocos sumus han participado en la contrarrevolución. Al contrario, a pesar de las tensiones de los primeros años de la Revolución en la Costa, los sumus en su mayoría han participado en las tareas de la defensa y la construcción de la Revolución. En octubre de 1985, 30 sumus alzados en armas y que habían estado bajo la dirección del FDN se entregaron a los Sandinistas, y ahora están estudiando en Managua o defendiendo a su comunidad contra las incursiones del mismo FDN.

La mayoría de los sumus, en particular los jóvenes tienen más reasentamientos con los mískitos que con los sandinistas. Cuando el gobierno revolucionario anunció su decisión de reconocer el derecho de la Costa a un gobierno autónomo, los sumos inicialmente respondieron en el sentido de que "si volvemos a ser esclavos de los mískitos, preferiríamos mantener la situación actual".

Sukawala: la organización de los sumus

Los sumus tienen su propia organización, Sukawala (que significa, en sumu, Asociación Nicaragüense de Comunidades Sumus), que nació en 1974. Sukawala nunca fue reconocido por las demás organizaciones indígenas de la Costa Atlántica en la última década -en un principio Alpromisu, después Misurasata-, a pesar del hecho de que ambas decían representar los intereses de los sumus además de los de los mískitos. Sukawala ha sufrido varios reveses por falta de fondos y problemas internos, y fue reconstituido en abril de 1985, para promover a los derechos de los sumus y una posición sumu frente al proceso de autonomía. Los dirigentes de Sukawala definen el papel de la organización más en función del desarrollo social que de la representación política de las comunidades, pero agregan que el período actual ha dado lugar a la necesidad de una definición política más clara, que ellos definen como "independiente y a favor de la Revolución".

El informe que presentamos es resultado de una visita de Envío a tres comunidades sumus -Mukuswas, Españolina y Wasakin- cerca de los centros mineros de Rosita y Bonanza. En Bonanza también conversamos con muchas de las personas originarias de Musuwas que han retornado de Honduras. En Rosita y en Managua conversamos extensamente con la dirigencia joven y anciana de Sukawala.

Los sumus dan cuenta de la autonomía

En junio de 1985 los cinco miembros de la Comisión de Autonomía y los más de 80 miembros de las dos camiones regionales de las Zonas Especiales I y II (aproximadamente el territorio del departamento de Zelaya) realizaron un seminario de una semana en Managua. En el seminario las tres comisiones se unificaron y redactaron un borrador de documento concebido como "documento guía" de propuesta para principios y políticas para el ejercicio de la autonomía en la Costa Atlántica (véase Envío, octubre/85).

Este documento era visualizado como la base para una consulta a nivel de domicilio en todas las ciudades y comunidades de la Costa Atlántica. Según la explicación de Managuel Ortega, antropólogo y miembro de la Comisión de Autonomía, "Esperamos que los principios esbozados allí se mantendrán, pero esperamos que la gente aceptará algunas partes del documento y rechazará otras,y nos dará una idea más profunda de lo que les significa el documento. El Estatuto Sobre Autonomía será redactado para la Constitución basándose en esta consulta popular".

Un problema clave es que pocos costeños han desarrollado una visión programática de lo que debería ser la autonomía. Las décadas de aislamiento y la represión abierta o encubierta en la Costa han significado que las aspiraciones de los costeños se han congelado de la memoria colectiva a lo largo de un siglo pasado. Para los mískitos, es la memoria histórica de una autonomía relativa bajo la protección de los colonizadores "benévolos", los ingleses, sus apoderados en la Costa. Para los sumus, es la memoria idílica descrita por el dirigente anciano, Ronas Dolores Green, de "vivir solos con nuestros grupos, respirando el aire puro, y bañándonos en nuestros ríos cristalinos y frescos, antes de que vinieran los extranjeros y poco a poco exterminaron nuestros recursos, convirtiendo nuestras tierras en un desierto". Otros grupos también, los creoles, los ramas, los garífunas y los mestizos, abrigan sus respectivos sueños, pero ninguno ha tenido la oportunidad en las últimas décadas de expresarlos o ponerlos al día con la realidad contemporánea.

La etapa programada para la consulta se terminó en enero pasado, pero los sumus no estaban satisfechos. "La consulta fue provechosa porque nos dio algunos indicadores sobre un posible gobierno regional y otras cosas", dijo Murphy Almendarez, coordinador general de Sukawala, "pero era demasiado abstracta". Explicó que el documento de autonomía hablaba de una sola geografía, una sola historia, y un solo conjunto de derechos para toda la Costa, mientras que de hecho hay numerosas realidades, no solamente entre los diferentes grupos étnicos, sino también entre diferentes zonas geográficas de la región. Otra crítica fue que los términos filosóficos y políticos utilizados en el documento generaron confusiones en la población en su mayoría de bajo nivel educativo.

Durante la primera consulta, añadió Almendarez, "Nuestra gente nos preguntaba, quién hizo esta autonomía? Dígannos, cuando yo les preguntaba a la gente del gobierno siempre nos decían que nosotros tendríamos que discutirlo y proponer algo". Esta desconfianza ha sido bastante difundida durante el proceso de autonomía; se podría decir que esto ilustra tanto la falta de confianza como la dependencia paternalizada que la población siempre ha sentido respeto al gobierno central.

Sukawala decidió dejar de plantear simples críticas. "Nos dimos cuenta de que no podemos lavarnos las manos y dejarlo allí, dijo Almendarez, de 23 años. "Por ejemplo, el documento de autonomía hablaba del derecho a la tierra, pero nosotros tenemos que decir cómo es que lo queremos", decidieron realizar una asamblea de las comunidades a finales de febrero.

Manuel Ortega está plenamente de acuerdo con la iniciativa: "Es sumamente positivo el que las comunidades sean beligerantes. El éxito de la autonomía depende no de la Comisión, sino de la energía de la participación de la gente".

La historia sumu: una historia de persecución

Todas las fuentes históricas o antropológicas están de acuerdo en que los sumus originalmente eran la población más numerosa de la Costa Atlántica, extendidos geográficamente desde Punta Gorda (unos 40 kilómetros al sur de lo que hoy es Bluefields), hasta el río Patuca al norte (que antes de 1960 formaba la frontera entre Nicaragua y Honduras). Sus comunidades en el oeste llegaban hasta Chontales al sur y Matagalpa y Jinotega al norte. Algunos dicen que llegaban hasta Nueva Segovia.

Como señala Ronas Dolores Green en una historia escrita para el Centro de Investigación y Documentación para la Costa Atlántica (CIDCA), los centros de población eran Bilwi (Bil-culebra y wi-hoja), actualmente conocido como Puerto Cabezas, otro lugar es Wawa, el nombre de una clase de insecto que la tradición dice puede escuchar su propio nombre..." Nombres sumus de lugares en el Pacífico, según Dolores incluyen áreas bien conocidas como Pancasán (Pamkasan: Pamka=danto, asang=montaña, o montaña del danto), Matiguás (Matiwas: mata=garrapata, was=río, o río de garrapatas), Waslala (lalah=amarillo, o río amarillo). En la Costa Atlántica muchas comunidades que ahora son de los mískitos tienen nombres sumus, entre ellos la capital mískita del río Coco como Waspam (pam=pescado), Bilwi y Wawa, arraiba mencionados y Asang.

Tradicionalmente, los mískitos vivían solo por el litoral congregándose en particular en el área de Cabo Gracias a Dios como fue nombrado por Colón al atracar allí. Los mískitos, descritos por las crónicas como gregarios, tenían las condiciones geográficas y culturales para desarrollar relaciones de comercio con los ingleses.

Los ingleses armaron a los mískitos para repeler a los españoles que consideraban suyo el territorio. Con su superioridad, los mískitos saquearon muchos de las comunidades sumus también, tomando a las mujeres y niños sumus para sus comunidades y vendiendo a los hombres como esclavos a los ingleses. Los mískitos, con más inclinación a casarse con gente de afuera que los sumus y ramas, típicamente endógamos, también se mezclaron con los europeos y los esclavos africanos que llegaban a la Costa. Pronto llegaron a representar una mezcla fenotípica, aumentaron numéricamente y se expandieron geográficamente a expensas de los sumus y los ramas.

La "Mosquitia Nicaragüense, definido como un protectorado de Gran Bretaña, y junto con la monarquía mískita, insertada en la cultura mískita por la Corona Británica como una forma de dominación indirecta, fomentaron una progresiva transculturación de parte de los sumus hacia el ser mískito. Los sumus y los ramas tenían que pagar un tributo al rey mískito porque vivían en lo que supuestamente era la propiedad mískita.

Los misioneros moravos también son responsables de esta trasculturación. Después de traducir el Nuevo Testamento y muchos de los himnos moravos a mískito a finales del siglo pasado, empezaron a atender a las comunidades sumus más aisladas en los principios del siglo XX. Mientras que los sumus están agradecidos por los servicios educativos prestados por los moravos y las atenciones sin precedencia en su historia, ellos admiten que la lengua de enseñanza era el mískito. Los misioneros moravos también intentaron poner fin a la práctica tradicional sumu e vivir en comunidades muy pequeñas y dispersas de familias extendidas, y muchas veces los alentaron a reubicarse más cerca de la Costa de lo que hubieran querido. Dentro de este esfuerzo los misioneros demostraron su falta de comprensión de la diferencia entre los diferentes dialectos sumus (había diez de los cuales siete ahora están extinguidos), y en varias ocasiones intentaron reubicar a los sumus dentro de comunidades más grandes de mískitos, en particular en Zelaya Sur.

Dónde viven los sumus

Un informe sobre la distribución de las comunidades sumus escrito por el antropólogo nicaragüense Jorge Jenkins y Gotz von Houwald a principios de los 1970, detalla la continua trasculturación de las comunidades sumus, o e parte de los mískitos que se reubicaban en las comunidades sumus (como era el caso de Kwabul en el río Pis Pis al norte de Bonanza) o al revés (más frecuente en el área del río Bocay, en Jinotega). En el momento del estudio había diez áreas distintas de asentamientos sumus dispersos por todo el departamento de Zelaya, el norte de Jinotega y la parte sureste de Honduras, en total unas 7,500 personas.

La dispersión geográfica de los sumus y su absorción por los mískitos hace difícil llevar a cabo un censo precios. Un documento de Sukawala de 1981, pretende que la población sumu en Nicaragua es de 15,000 pero los sumus actualmente, como los dirigentes de Sukawala, calculan una cifra más cercana a los 7,000 u 8,000.

Aún sin cifras absolutas, no se puede negar que la población sumu se ha reducido constantemente con el transcurso de tiempo; han sido amenazados tanto desde fuera como desde dentro. Además de las expediciones mískitas de los primeros tiempos, existen crónicas históricas de masacres entre los diferentes grupos sumus, incursiones en las zonas montañosas del norte de Zelaya, tradicionalmente ocupadas por los sumus, por los campesinos desplazados de sus propias tierras en el Pacífico a partir de os años 1950, y aún más devastado, el descubrimiento de oro en las montañas sumus por los norteamericanos a finales del siglo pasado que no les aportó nada más que la contaminación con cianuro de sus ríos. "No era por aventura ni por accidente que hemos vivido de una forma tan dispersa", señala Almendarez. "Obedece las leyes de la historia. Cuando había una guerra o algún otro peligro hemos huido siempre a algún lugar".

La autonomía: definir la propia realidad

Ronas Dolores, trazando una línea entre la solidaridad indígena con los mískitos y la preocupación sumu de volver a ser dominados por ellos, dijo: "Nosotros, junto con los mískitos, una vez prestamos nuestras tierras a otros sin tener muchas alternativas, y el esfuerzo de cobrar este préstamo nos hace hermanos. Pero no quiere decir que los dos queremos las mismas cosas. Yo nací sumu y moriré sumu. Tenemos que descubrir lo que queremos de la autonomía como sumus. Déjenme ponerlo así: los plátanos y los bananos no crecen en la misma finca".

Para los sumus y para los indígenas de todo el continente el problema fundamental es el mismo independiente de la forma en que está planteado: ¿Qué quiere decir indígena? ¿Cuál es la esencia de los derechos que tienen que defenderse?. Como dijo una indígena guatemalteca que lidiaba con el problema, "Me han acusado de ser ladina porque tengo una licuadora. ¿Qué quiere decir esto? ¿Que ser indígena necesariamente está ligado a las maneras antiguas, marginadas y atrasadas de hacer las cosas?".

Sukawala invitó a 46 representantes de las nueve comunidades sumus en la zona de las minas a su asamblea de febrero 86 para definir su propia realidad. Antes de la asamblea, los dirigentes de Sukawala redactaron su propio "documento guía", con la misma finalidad fundamental, como el documento redactado por la comisión de autonomía para inspirar una profundización de los conceptos y conducir a propuestas específicas. Los representantes se dividieron en cuatro grupos para discutir los puntos del documento: la autonomía, la tierra y el derecho a la tierra, los recursos naturales y el medio ambiente, y la asistencia social y el aspecto militar. Al final del segundo día se discutieron las propuestas en plenario. Al momento de redactar esto, se estaban preparando los resultados en sumu y en español para presentarlos a la comisión de autonomía y a las comunidades.

Almendarez considera la asamblea prácticamente un éxito total, en particular porque había podido definir varias propuestas concretas. Añadió: "También en la asamblea nuestro pueblo aclaró la idea que tenían anteriormente de que nosotros sabíamos la definición y simplemente no se les estaba contando".

"En la zona de las minas hay muchas ideas diferentes sobre la autonomía", explicó Almendarez. "Para algunos significa más atención a las comunidades, más servicios sociales, vivienda y desarrollo; para otros significa tierras comunales y aun otros dicen que ya se consiguió autonomía con la nacionalización de las minas". A pesar de su experiencia limitada con los gobiernos nacionales, los sumus rápidamente decidieron que los problemas sociales como la educación y la salud son responsabilidad del gobierno con o sin autonomía. Decidieron que la autonomía tiene que significar más libertad para plantear sus propios derechos como sumus. Por lo tanto, el objetivo era separar la visión general, válida para todos los sumus, de las necesidades específicas de ciertos sectores, tales como los refugiados de Musawas que todavía no pueden retornar a su comunidad por las actividades del FDN.

"Vivir según nuestro sistema de vida"

El borrador preparado para la asamblea traduce la definición sumu de autonomía (a las yalahnin lani) como "vivir nuestro sistema de vida". "Es un concepto natural -explica el documento- vivir una libertad armoniosa. No niega el derecho al desarrollo, pero debe de ser de acuerdo con nuestra realidad'.

Un factor importante tanto en el borrador como en el documento elaborado por la asamblea fue el derecho a la tierra. Las secciones sobre este tema en el documento revelan una poesía y un esencial amor por la tierra pocas veces expresados por no-indígenas: "Las montañas verdes y los ríos llevan en sí su propio misterio. Esta realidad mística de nuestra historia es ahora una reflexión de nuestra melancolía. Hoy no se conoce esta tierra. Se ve vírgen; sin embargo, estas montañas virgenes tuvieron poblaciones sumus. Hoy pareciera que la comunicación es difícil, pero entonces hubo una red de comunicación entre una y otra comunidad. Era una sola tierra. Por lo tanto nuestro derecho es enfatizar la historia".

El compañero Almendarez dio esta respuesta a una pregunta acerca de las diferencias entre el concepto sumu de la tierra y el de los campesinos mestizos, que también dependen en una estrecha relación con la tierra para sobrevivir. "Es más filosófico, no solamente un pedazo de tierra como instrumento de trabajo o una relación comercial. Para nosotros es una cuestión más que nada de unidad recíproca. Nos podrían dar las mejores tierras en otras partes, pero nosotros sólo defendemos donde vivimos junto con nuestros hermanos. Sabemos dónde queda nuestra casa, nosotros vivíamos allí antes que viniera ningún otro. Es por eso que los sumus que se fueron a Honduras están retornando. Esta correspondencia no tiene precio. Es como un familia, cuando uno sabe que la unidad familiar existe".

Cuando le preguntamos si los sumus definen su tierra como comunidad o por territorio, Almendarez sonrió: "Esta es la propuesta central, y la más problemática. Ha generado muchos debates en la asamblea. Al final concluimos que propondríamos un reconocimiento de demarcaciones geográficas que se extendrían desde Kukalaya hasta Waspuk".

"Tenemos que mirar hacia el futuro, explicó Almendarez. ¿Qué tendrán los sumus en 10 años? Podría haber más migraciones campesinas, o el proyecto de Profonicsa en Kukalaya (un proyecto maderero del gobierno ubicado a medio camino entre Rosita y Puerto Abezas) que está atrayendo a más gente, podría parar, y entonces esa gente tendría que buscar otra cosa que hacer. O la mina de Rosita podría comenzar de nuevo y la población podría crecer. La guerra se terminará algún día, supongamos. Si estamos hablando de autonomía, algo debe quedarles a los sumus para que podamos sentirnos seguros en esta situación. Nunca hemos tenido esta posibilidad anteriormente".

Dentro de este territorio los sumus también quieren títulos comunales. Algunas comunidades, según señaló Ronas Dolores, una vez recibieron títulos, como resultado del tratado Harrison-Altamirano entre la Gran Bretaña y el presidente nicaragüense, Zelaya, en 1905. Wasakin, la comunidad de origen del Cro. Dolores ya recibió reconocimiento de su título comunal del gobierno sandinista. Durante la celebración pública del sexto aniversario e la Revolución, el 19 de julio de 1985, el Presidente Ortega le entregó al Cro. Dolores un título firmado para 50,000 manzanas, comprendidas entre su comunidad y las dos comunidades colindantes de Españolina y Santa María. Tienen la esperanza de que entonces MIDINRA les compre las tierras de los ganaderos mískitos.

La propuesta territorial más amplia es problemática, y los sumus reconocen los problemas. Por un lado está entre varias propuestas contradictorias planteadas por diferentes sectores costeños: algunos mískitos están proponiendo un solo territorio indígena que incluiría a los sumus y los ramas; y los creoles tienden a ver cualquier demarcación de áreas como divisionistas. El compañero Almendarez dice que una demarcación del territorio sumu no implica un deseo de excluirse de la propuesta para un gobierno regional autónomo.

Otra dificultad que quizá influye en las posiciones de los otros grupos arriba mencionados, es que el área demarcada por los sumus incluye Bonanza y Rosita, dos de las minas de oro nacionalizadas después del triunfo de la revolución. Según el Cro. Almendarez los sumus no proponen que las minas sean de su propiedad exclusiva sino que ellos participen en la toma de decisiones y que la explotación de las minas los tome en cuenta como pueblo. "Nuestra política sería que nosotros cobraríamos un porcentaje como impuesto para becas y asistencia social, además de los servicios que les presta el gobierno a todas las comunidades. Las minas nunca han significado nada para nosotros, salvo la muerte".

Las Minas: riquezas para algunos, muerte para los sumus

Wasakin es una de las comunidades más antiguas ubicada en las riberas del río Bambana. Según explica el Cro. Ronas Dolores en un artículo que redactó para Wani, la revista de CIDCA, un comerciante norteamericano se interesó por una piedra de oro que tenía en su casa un residente de Wasakin. Poco después los gringos estaban transportando maquinaria río arriba, desde la Costa y contratando a los sumus para trabajar en la mina que habían hecho en un cerro cercano, más tarde llamada Rosita. Para el año 1892 unos 500 exploradores estaban rastreando las tierras de los sumus en busca de las piedras amarillas brillantes. Para el año 1920, tres o cuatro compañías extranjeras controlaban toda la producción minera en la región atlántica, y comenzaban a hacer inversiones en minas con pozos profundos. Para el año 1942, ocho años después de casi duplicarse el precio de oro en el mercado internacional, se abrió la mina de Bonanza. Químicos mortíferos, tales como el cianuro, comenzaron a ser vertidos en los ríos que desembocan en el río Bambana. A principios murió toda la fauna el río, después murieron los cultivos sembrados a lo largo del río y al final, para el año 1950, la gente también comenzó a morir. Según el Cro. Dolores, murieron unos 40 niños sólo en marzo de 1979.

Casi se llega a Wasakin por una trocha al sur e Rosita construida después del triunfo. Sólo falta que lo lleven a uno a través de un trecho poco profundo y recoso del río Bambana en un pipante, hasta donde comienza el cerro donde está ubicada su comunidad centenaria.

Wasakin es una comunidad más poblada y más acomodada que la mayoría de las comunidades sumus; tiene más de 600 habitantes. Las casas de madera o bambú con techo de paja se rigen sobre sus postes altos, concentrados en grupos familiares, demarcados por senderos muchas veces transitados. Abundan bananos, cocos y árboles frutales. Así como las flores, las matas de tomate, los niños y los perritos. El centro de vida en Wasakin, como en todas las comunidades sumus, es la caza el cultivo para el autoabastecimiento y la venta, las actividades religiosas y la recreación en el río. Algunos residentes de Wasakin también se dedican al güiriseo. PEMIN, la asociación de güiriseros, acaba de subir un penique (2 gramos) de oro a 5,000 córdobas, un intento de ajustarse al precio del mercado negro mayormente en manos de la contra. Los güiriseros con quienes conversamos parecían estar muy satisfechos con esta decisión.

El río Bambana ya no está tan contaminado como antes, porque la mina de Rosita ha quedado cerrada en los últimos años, pero siempre fluye una corriente gris de desechos tóxicos que desemboca en el río. A pesar de esto, varias mujeres y niños estaban bañándose en el río cuando llegamos.

Las minas necesitan de una inversión enorme para volver a producir y de otro tanto para deshacerse de los residuos contaminados. Pero no reactivar implica no ganar divisas ni para los sumus ni para el país. Envío sugirió que el plan de los sumus podría crear contradicciones inesperadas para las comunidades sumus. "Hay un dicho popular, dice Murphy Almendarez: "Un clavo saca el otro". Tendremos que estudiar el problema y llegar a un acuerdo".

La cuestión de la defensa

La posición de los sumus sobre la defensa se distingue de la de muchos mískitos. Están dispuestos a defender tanto la revolución como su propio territorio, pero debido a su población reducida, la necesidad de producir para sobrevivir y su bajo nivel educativo, quieren integrarse en las milicias locales en lugar de ser enviados a otra parte del país. Algunos argumentan que el servicio militar debería ser voluntario para que puedan estudiar los que quieran.

Dada su ubicación alrededor de las minas de oro estratégicas, los sumus han sido víctimas de ataques del FDN y de Misura. En el otoño de 1985 el FDN se empeñó en tomarse la zona de las minas, pero fue repelido por las tropas del EPS y el Ministerio del Interior (MINT) y por las milicias territoriales. Los sumus participan en número significativo en todas estas fuerzas.

Todas las comunidades que visitamos han sufrido los costos directos e indirectos de esta guerra contrarrevolucionaria. A diferencia de la mayoría de los mískitos y los creoles que todavía tienden a buscar a los Estados Unidos como sustituto de los ingleses como su gran protector, pocos sumus abrigan ilusiones sobre la responsabilidad del gobierno norteamericano para sus sufrimientos.

Durante casi todo el tiempo en los últimos dos años, las actividades de la contrarrevolución en la región han significado que el personal médico de Rosita no podía salir a las comunidades en los equipos móviles que se habían implementado. También han tenido problemas con el abastecimiento de comida y medicamentos. Esa situación se ha mejorado, por lo menos por el momento, y la zona acaba de conseguir una ambulancia.

Al igual que en el Pacífico, los vehículos y los técnicos civiles han sido los blancos preferidos de la contra, así como las escuelas y los centros de salud. Esto forma parte de su esfuerzo de impedir la extensión de los beneficios de la revolución a la población. Ya que varios de los suyos han sido asesinados mientras cumplían con sus tareas como trabajadores de MINVAH y de TELCOR, los sumus no son propensos como los mískitos a culpar al gobierno en vez de a los contrarrevolucionarios por la falta de servicios.

En cada comunidad nos contaban que hasta finales e 1985 no habían podido salir a sembrar a sus fincas por miedo del secuestro. Este año, debido a los éxitos militares de los sandinistas, los sumus otra vez están saliendo para la montaña, donde tradicionalmente han sembrado su cosecha de arroz, maíz, frijoles, banano y otros productos básicos. Algunas de las fuerzas del FDN que anteriormente habían operado en la zona se han retirado a Honduras, y otros se han bajado hacia Zelaya Central acercándose a las áreas donde opera Misurasata.

Wasakin tiene su propia milicia de 35 hombres, según nos contaron, asi que los contrarrevolucionarios nunca han atacado directamente a la comunidad. Un residente fue secuestrado en las afueras de Wasakin en 1985 por un sumu de nombre Ampino Palacio aliado con el FDN, pero logró escapar y volver a su comunidad. Sin embargo, la gente nos dijo que constantemente está atemorizada.

Nos contaron otras historias peores en las otras comunidades que visitamos. En Mukuswas, originalmente ubicado dentro del bosque entre Rosita y Bonanza, los mískitos atacaron en junio de 1983, llevándose a la fuerza 33 de los habitantes. Después de esa desgracia, una parte de la comunidad original de 150 personas se trasladaron a predios más cercanos a la carretera. Dos de las familias secuestradas ya están de vuelta del campamento Misura en Honduras.

En Españolina, una comunidad de 190 habitantes cerca de Mukuswas, ocho personas fueron secuestradas en febrero de 1985, entre ellos el pastor moravo. El pastor logró escaparse, junto con cinco personas más; se cree que los otros dos están muertos. En Santa María nueve personas fueron secuestradas y una asesinada, con un saldo de varios niños huérfanos. Cinco jóvenes de Españolina, junto con otros de Mukuswas, están en el EPS cuidando el puente que atraviesa el río Tungki.

En Bonanza nos reunimos con 12 familias de Musawas, al norte de este centro minero, que habían pasado los últimos dos años en el campamento de Misura llamado Tapalhwas, en Honduras. A mediados de 1984 lograron salir de Tapalhwas y volver a Nicaragua donde se escondían en las montañas detrás de su comunidad de origen, temiendo encontrarse con los sandinistas, quienes, según versiones de Misura, los iban a matar. Fueron protegidos por un año por un grupo de 30 sumus jóvenes armados que combatían con FDN, pero no tenían ropa ni sal. Finalmente algunos sumus trabajando con el gobierno en Bonanza supieron de ellos y los convencieron a que se bajaran a Bonanza.

Algunos de los 30 desalzados sumus están estudiando ahora en Managua, y otros están trabajando en la empresa estatal minera. Otros se han unido a las fuerzas del MINT; mientras estaban en las montañas se dieron cuenta de que el FDN no tenía el más mínimo respeto para los intereses indígenas. Esto ha sido un paso adelante en muchos sentidos; sin embargo, ha habido problemas. Algunos sumus que siempre han combatido al lado del gobierno están resentidos con los que combatieron al otro lado.

El FDN y Kisan (una nueva reagrupación de Misura que cuenta con financiamiento abierto del gobierno norteamericano) todavía entran en Nicaragua por el río Waspuk, donde está ubicado Musawas. Esta gente, junto con los 200 que han sido repartriados a través de ACNUR, tiene miedo de volver a su comunidad e origen. El gobierno les está dando tierra para sembrar cerca de Bonanza, y la mayor pare de esta gente afirma que se quedarán allí hasta el final de la guerra; trabajando mientras estudian sus hijos. Viven hacinados en casas de la empresa minera, muchas de ellas en condiciones ruinosas.

Nos sentamos en el corredor de una de las casas, conversando con los hombres que poco a poco iban acercándose. Un anciano esta sentado en las gradas jugando con su hija. Un joven vestido en el uniforme pinto del EPS se mecía lentamente en la hamaca; su madre estaba parada junto ala puerta de la casa. Los hombres explicaban que en Honduras tenían poca libertad para cosechar frutas silvestres, para sembrar o cortar leña. Nos contaron que todos los beneficios fueron destinados a los refugiados mískitos por que los mískitos tenían hombres combatiendo con Misura. Dijeron que están contentos de estar de vuelta, pero que se sienten como huérfanos porque no están en sus propias casas. También dijeron que ahora viven mezclados con gente de diferentes culturas, y preferirían vivir aparte; pero eso es imposible hasta que no se termine la guerra.

Les preguntamos por qué pensaban que había una guerra y cómo sería posible pararla; los hombres no dijeron nada, y algunos rieron un poco. Entonces la mujer habló en voz baja: "Pararía un poco si el hombre más rico dejara de apoyarla".

Una población que crece: de objetos a sujetos

Sukawala todavía no ha presentado la propuesta de su asamblea a la Comisión de autonomía. Los siguientes extractos de una entrevista con Manuel Ortega Hegg, miembro de la comisión técnica de la comisión de autonomía, nos dan la oportunidad de enterarnos no sobre la respuesta de la comisión a estas propuestas específicas sino sobre la reflexión teórica que ha informado los primeros trabajos de la comisión.

"En la Costa la Revolución, en el sentido de la participación del pueblo en su propio destino y el de su país, comienza con la autonomía. La gente se está convirtiendo de un objeto a un sujeto. Es difícil para todos, para ellos y para nosotros. Esta es una lucha permanente, tenemos que mantener nuestra conciencia tanto en las metas grandes de largo plazo como en las luchas cotidianas.

"La idea fundamental de la autonomía es que comience a responder verdaderamente a los problemas. Nosotros no queremos soluciones a medias para problemas que sólo vuelve a surgir otra vez. Por ejemplo, con respecto a la reivindicación de la tierra, muchas veces hay una confusión entre derechos legítimos y formas específicas de garantizar el ejercicio de esos derechos. Los grupos pequeños tiene una tendencia a eliminar sus fronteras. No creo que la demarcación del territorio en sí misma pueda garantizar el ejercicio de los derechos; el modelo bantustan históricamente no lo han hecho nunca".

"La autonomía establece un territorio para toda la gente de la Costa Atlántica dentro del cual se garantizarán sus derechos. El gobierno autónomo mismo podría definir áreas dentro de las cuales los diferentes grupos tengan mayor injerencia. Los pueblos indígenas y comunidades étnicas mismas pueden proponer áreas, pero tenemos que estar atentos."

"La autonomía establece un territorio para toda la gente de la Costa Atlántica dentro del cual se garantizarán sus derechos. El gobierno autónomo mismo podría definir áreas dentro de las cuales los diferentes grupos tengan mayor injerencia. Los pueblos indígenas y comunidades étnicas mismas pueden proponer área, pero tenemos que estar atentos a los peligros del localismo, del exclusivismo y la posibilidad de que esto podría perjudicar a los mismos pueblos que los están proponiendo para su propia protección. Por ejemplo, los mískitos dicen que el territorio autónomo debería ser autosuficiente. Este país en su totalidad no es autosuficiente, ni mucho menos una sola región. Este localismo pierde de vista a la nación. Sólo con la revolución se da la posibilidad de garantizar las condiciones, porque se están recuperando los medios materiales y porque al pueblo se le garantiza su participación".

"La cultura no se desarrolla en el aislamiento eso es sencillamente la manera de llegar a ser una pieza de museo. Es una especie de racismo a la inversa decir que los indios tienen un cerebro diferente porque esto quiere decir que no pueden entender otras coas. Aquí es donde entra la dignidad. Las relaciones con los otros significan nuevas ideas a ser contempladas desde dentro de la realidad propia de uno. Si yo me siento seguro de lo que soy, si yo me siento un ciudadano de primera categoría, yo puedo ir a cualquier parte en el mundo sin temor. Eso me enriquece, y nadie me puede quitar nada. El aislamiento es una posición defensiva hacia un mundo hostil".

"Con respecto a la participación en la toma de decisiones y en los beneficios de la exportación de los recursos, eso ya es un principio de la autonomía. Tiene que haber una cuota para los costeños con mecanismos compensatorios. No porque el Pacífico los haya explotado, porque en realidad Nicaragua es una nación muy dependiente y la mayor explotación la realizó Estados Unidos. La compensación no se da por culpabilidad sino por justicia, por el desarrollo desigual del Atlántico. Pero los derechos exclusivos sólo agravan los problemas. Tenemos que buscar los mecanismos dentro de la autonomía para poner un plano de igualdad a los más oprimidos y explotados".

"Todos nosotros tenemos la tendencia de enfocar nuestros problemas desde un punto de vista localista. El problema que han tenido los sumus con las minas existe donde quiera que hay minas en Nicaragua. En Chontales, en León, en todas partes. El único caso especial en la zona de las minas de la Costa Atlántica era la discriminación racial, pero la explotación brutal y el peligro para la población era lo mismo. Así que no se trata de compensar sólo a uno, sino que los sectores más desarrollados ayuden a los demás a nivelar su desarrollo. Tenemos que crear la igualdad basada en la solidaridad con todos los nicaragüenses".

"Con respecto a la posición sumu sobre la defensa: es una filosofía fácil de comprender. La revolución está estudiando la cuestión de la defensa para los grupos étnicos con miras a la flexibilidad. El único principio es que todos tienen la obligación a defender a la patria. Hay muchas formas posibles pero también dependen de las formas que asuma la agresión".

"En mi punto de vista no hay derecho indígena esenciales. Todos los seres humanos tienen el derecho de comer, de dormir, de hablar su propio idioma, de realizar sus propias actividades religiosas, de dedicarse a la producción, de garantizar su sobrevivencia, etc., dentro del marco de su propia cultura. El estatuto de autonomía necesariamente va a reflejar las generalidades aprobadas,y va a dar un marco jurídico para ellas. Le toca al proceso de autonomía misma en la Costa asumir estas generalidades de diferentes maneras para diferentes grupos de acuerdo a sus propias realidades. Los grupos más graves tendrán que aceptar esto como un desafío y demostrar su buena voluntad. El gobierno central garantiza las mismas condiciones de igualdad para todos, pero le tocará al gobierno autónomo poner en práctica".

Conclusiones: optimismo, expectativas y consejos

Los sandinistas tanto como los pueblos de la Costa Atlántica están lidiando con cuestiones serias y difíciles que tendrán consecuencias mayores, no sólo para su propio futuro sino también para el desarrollo de las relaciones entre gobiernos centrales y minorías étnicas en toda América Latina. El desafío es de identificar y respetar los derechos legítimos de todos los pueblos de una nación sin peligro para la unidad nacional en sí misma. Si esto se puede lograr en Nicaragua, se aumentará la posibilidad de que otros gobiernos y movimientos puedan reconsiderar sus posiciones. Si esto no es posible significaría un revés de igual tamaño.

Las oficinas de la comisión de autonomía en la Costa están procesando los resultados de la primera consulta, mientras sigue la consulta misma. En Zelaya Sur donde el proceso es más avanzado que en el área del norte, más conflictiva, se está preparando una encuesta para llegar a conocer las reacciones de la población a las propuestas concretas que predominaron en la primera ronda. Según Johnny Hodgson, coordinador de la comisión en el sur, "Cuando se elabore el estatuto no a va haber sorpresas".

Mientras tanto, abogados costeños están comenzando a elaborar la propuesta legislativa. Es probable que estará lista para ser presentada a la Asamblea Nacional antes de la presentación de la Constitución, quizá en julio. La reglamentación de ese estatuto será la responsabilidad del gobierno regional.

El mes pasado la bancada sandinista de la Asamblea Nacional estudió el documento de autonomía en un seminario para prepararse para discutir y defenderlo en los foros abiertos sobre la Constitución que tendrán lugar en todo el país. En uno de los discursos de apertura de ese seminario, otro miembro de la comisión de la autonomía, Orlando Núñez, dijo a los atentos diputados del FSLN: "No es suficiente simplemente apoyar las luchas legítimas que no son las nuestras. Tenemos que sentir esas luchas en nuestro ser y hacerlas nuestras. Eso es lo que significa ser revolucionario".

Murphy Almendarez dice ser optimista acerca del proceso. Tenemos que se realistas; posiblemente no logremos todo lo que estamos proponiendo a la comisión de autonomía. Estamos preparados a discutir, a considerar otras propuestas y a negociar. Pero lo más importante es que por primera vez haya una oportunidad para que podamos discutir y plantear soluciones para nuestro futuro y la estamos aprovechando.

La lección que aprendieron los sumus -que la autonomía es un proceso que ellos tienen que ayudar a definir en lugar de esperar a que el gobierno se la defina-, todavía no se ha arraigado en la Costa pero está recibiendo mas reconocimiento entre los otros pueblos también. En la medida en que la participación política de los costeños en el transcurso de tiempo carezca y de frutos, el otro extremo, el de aquellos mískitos que suponen que su única arma efectiva es un rifle, queda marginado. Como señaló Manuel Ortega, "Un pueblo al que se le permite sentir su dignidad no se vende".

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