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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 343 | Octubre 2010

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Nicaragua

En alerta roja

El proceso electoral de 2011, con su culminación en las elecciones presidenciales de noviembre, ¿será una “fiesta cívica”, como la rutina informativa califica los eventos electorales? ¿O se convertirá en un huracán lleno de riesgos? En la medida en que este acontecimiento se ha ido acercando han abundado las señales de alerta. ¿Alerta azul, verde, amarilla, naranja, roja?

Equipo Nitlápan-Envío

Cuando las abundantes y persistentes lluvias de este copioso invierno ocupaban diariamente las primeras planas de los diarios, y las emisoras radiales y los canales de televisión priorizaban la información sobre los desastres causados por los diluvios, el cuestionado magistrado presidente del Poder Electoral, Roberto Rivas, anunció que estaba listo a convocar ya a las próximas elecciones. En el “radar meteorológico” de la política nacional el anuncio de Rivas encendió la alerta roja. Otra más.

CADENA DE ALERTAS

El próximo escenario electoral se ha ido configurando cada vez más tenso. Llega precedido por la alerta roja que provocó el fraude electoral que el partido de gobierno organizó en noviembre de 2008 para quedarse con las más importantes alcaldías del país. También lo precede la alerta verde que se mantiene encendida por la falta de actualización del padrón electoral y la alerta anaranjada que representa la entrega partidarizada, discrecional y desordenada, que hace el Poder Electoral de las cédulas de identidad, documento indispensable para poder votar.

Una alerta amarilla se encendió ya desde que el Presidente Daniel Ortega anunciara en julio de 2008 su voluntad de presentarse como candidato a la reelección, a pesar de la doble prohibición constitucional que se lo impide. Desde esa fecha, Ortega ha hecho de todo para suprimir ese obstáculo con una mayoría calificada en el Parlamento (56 votos) y así reformar ese artículo de la Constitución. No lo ha conseguido. En julio de este 2010 era un secreto a voces que en la tribuna del 31 aniversario de la Revolución Ortega anunciaría oficial y solemnemente su candidatura porque contaba ya con el respaldo parlamentario. No pudo hacerlo.

PLAZO: 15 DICIEMBRE

El 15 de diciembre de 2010 se cierran las posibilidades de que Ortega logre esa reforma constitucional, única vía que haría legítima la que sería su sexta candidatura presidencial bajo la bandera del FSLN. Esa fecha anuncia ya en el calendario político una nueva y previsible alerta roja si es que Ortega persiste en dedicar las energías de su gobierno a lograr su reelección.

¿Y ESTAS SEÑALES?

Los datos sobre el apoyo o el rechazo a una nueva candidatura presidencial de Ortega son contradictorios. Como lo son los datos que acompañan a cualquier huracán en formación. La mayoría de la población nicaragüense se ha expresado -en todas las encuestas- opuesta a la reelección de Ortega, a que Ortega gobierne en un nuevo período. Sin embargo, en una reciente encuesta esa opinión pareció moverse. Una mayoría expresó un apoyo mayoritario a una transacción: dejar a Ortega presentarse como candidato y a cambio, garantizar elecciones libres, transparentes y convenientemente observadas.

Después de conocerse esta opinión mayoritaria, también el sector empresarial le ofreció a Ortega un trueque: votos para una reforma constitucional que legalice y legitime su candidatura a cambio de elecciones transparentes y además, otra reforma constitucional que restablezca el porcentaje necesario para ganar: del 35% al 45% de los votos. ¿La causa de este cambio de opinión es el desgaste nacional ante el diario debate sobre la reelección? ¿O es la certeza de que en esas condiciones -observación y mayor porcentaje- sería segura la derrota de Ortega?

En la otra acera, una mayoría de los votantes por el FSLN -que son minoría dentro del espectro político nacional- han respaldado todo el tiempo una nueva candidatura de Ortega. Pero en varias encuestas de los últimos dos años viene apareciendo el nombre de Dionisio Marenco, exitoso alcalde de Managua (2004-2008) y dirigente del FSLN muy apreciado, aunque hoy ninguneado por quienes controlan el partido. Marenco aparece como un buen candidato presidencial para los encuestados del FSLN, aun cuando él ha reiterado que no está en competencia y que sólo competiría bajo la bandera rojinegra. ¿Lo señalan con tan alto puntaje sólo por simpatía? ¿O será que un sector del FSLN tiene la convicción de que Marenco lograría un gobierno sandinista más coherente, más incluyente, con mayor consenso nacional y con mejor futuro del que han visto con Ortega?

A PUNTO DE COLAPSAR

Encuestas van y vienen y ni trueques ni alternativas a su liderazgo hacen variar la voluntad reeleccionista de Ortega. Por eso, cuando llevaba ya dos años experimentando serias dificultades para conseguir los 56 votos que le permitieran reformar la Constitución decidió retorcerla.

El radar meteorológico institucional se ha ido colmando de alertas rojas durante todo este año. En octubre de 2009 fue la sentencia de los magistrados del FSLN de una sala de la Corte declarando inaplicable a Ortega el artículo constitucional que le prohíbe la reelección por violar sus derechos humanos. Dos meses después fue el decreto de Ortega ordenando permanecer en sus cargos a magistrados judiciales y electorales, aun cuando se les venciera su período.

La respuesta a esta emergencia fueron los acuerdos de Metrocentro 2: todos los partidos de oposición reunidos con representantes de la sociedad civil y de la clase empresarial acordaron mantenerse firmes en no respaldar la reelección de ninguno de los magistrados electorales responsables del fraude de 2008. Ya cercano el plazo del 15 de diciembre, esta estructura de contención parece estar a punto de resquebrajarse.

UN HORIZONTE AGRAVADO

Ya cercano el plazo fatal de diciembre, el Presidente Ortega provocó, ejerciendo el control que tiene sobre la Corte Suprema y la directiva de la Asamblea Nacional, una secuencia de alertas rojas, exacerbando la crisis institucional en la que ha metido al país, demostrando gran desesperación al no lograr legitimar su candidatura o una obstinación que siembra vientos sin calcular la cosecha de tempestades que tarde o temprano provocará.

Aprovechando la larga vacación de las fiestas patrias, dos diputados del FSLN en la directiva de la Asamblea Nacional decidieron publicar en el diario oficial La Gaceta un texto de la Constitución que incorpora el artículo transitorio 201 -sin valor jurídico después de cumplir su función hace 20 años, y por eso desaparecido en todas las ediciones-, con el que Ortega pretende dar validez a la permanencia en sus cargos de magistrados con período vencido.

Días después, magistrados del FSLN en la Corte Suprema de Justicia, acompañados de los ilegales conjueces que los acompañan, aprovechando la atención nacional centrada en los desastres ocasionados por las lluvias, resolvieron, basados en La Gaceta, que en el conflicto de poderes entre el Ejecutivo y el Legislativo por el decreto presidencial, la razón la tiene el Presidente y el decreto es legal.

Días después, seguían las lluvias y continuaban las alertas rojas: esos mismos magistrados organizaron una ilegal Corte Plena para ratificar la sentencia que elimina de la Constitución el artículo que le prohíbe la reelección (147) a Ortega. Reformaron de hecho la Carta Magna, facultad que sólo compete al Legislativo.

El broche “rojo” lo puso Roberto Rivas -presidente de facto del Poder Electoral en base al ilegal decreto presidencial “legalizado” ahora en la Gaceta y por la Corte- anunciando la convocatoria a las elecciones de 2011. Eso significa que será él quien dirigirá el proceso electoral. Días después, Rivas declaró que acataba la sentencia que “legaliza” la reelección de Ortega. Eso significa que él lo inscribirá como candidato presidencial. Alerta roja por partida doble.

SORPRESA Y SOSPECHAS

Aunque la “crónica” de cada paso en esta secuencia era la de “muertes ya anunciadas”, y todas se veían venir, no deja de sorprender la falta de pudor con que el partido de gobierno decidió escribir cada una de ellas.

Sorprende también la inoperancia, la ausencia, la omisión, la lasitud -o la complicidad- con que los representantes del PLC y de Alemán, presentes tanto en la directiva de la Asamblea Nacional, como en la Corte Suprema y en el Poder Electoral, no impidieran que esto pasara o, más bien, que lo dejaran pasar. Las excusas que ofrecen son tan débiles como sospechosas.

Han pasado nueve meses de vigencia del decreto ilegal, sin que haya sido posible una negociación entre el Ejecutivo y ningún grupo en el Legislativo para elegir a dos docenas de altos funcionarios del Estado, que hoy continúan en sus cargos de facto.

Alemán, que se ha repartido todos esos altos cargos con Ortega, con mayor o menor fortuna desde hace más de diez años, no ha querido pagar el costo político de negociarlos ahora con Ortega. Porque estaba construyendo su candidatura presidencial. Y porque sobre él pesa la presión de los acuerdos de Metrocentro 2, que él también firmó, la presión de las bases del PLC y la presión de algunos dirigentes de su partido. Todos frenan su intención de darle continuidad al pacto con Ortega.

Sin embargo, tras nueve meses de crisis institucional, y en vísperas del pistoletazo de salida para el proceso electoral, la secuencia de alertas rojas de este mes podría animar a Alemán a pagar de una vez ese costo.

Para justificar la nueva reedición del pacto, Alemán argumentaría que se “rinde” por la paz social que requiere el correcto desarrollo de un proceso electoral, para que “se levante y ande” la tullida institucionalidad del país, para evitar más desgastes de los que ya ha producido la crisis…

Es una hipótesis. Sería un paso impúdico que calzaría con el impudor de las últimas actuaciones del partido de gobierno. Tiene base teniendo en cuenta el cambio de clima electoral que ha producido la pre-candidatura de Fabio Gadea Mantilla.

UN MAPA MUY CAMBIADO

Desde que Fabio Gadea Mantilla anunció que estaba dispuesto a ser candidato presidencial de una alianza opositora nacional y unitaria, muchas cosas cambiaron. La búsqueda de la unidad liberal, expresada en interminables y estériles diálogos y en la iniciativa de las primarias interpartidarias, se agotó. Alemán perdió esa iniciativa y con ello su espacio político se vio aún más reducido. Montealegre se desgastó flirteando con Alemán, tanto en las pláticas por la unidad como en la preparación de las primarias. A Daniel Ortega se le alteró el cuadro electoral que tenía diseñado. Y el electorado que no acepta al FSLN recuperó deseos de participar y expectativas de ganar.

Aunque todo esto es reversible en esta tierra del olvido que es Nicaragua, la realidad es que la candidatura de Gadea Mantilla continúa agarrando vuelo y se ha impuesto rápidamente como una realidad con la que hay que contar. Y aunque hay aún mucha imprecisión sobre sus propuestas, se va haciendo evidente que goza de simpatías más allá de los sectores rurales y de los sectores antisandinistas y que cuenta con ellas también en el sector empresarial.

UN “CUENTO”
QUE APENAS COMIENZA

“Pancho Madrigal” se ha impuesto ya como nuevo protagonista en la política nacional, pero el camino que debe recorrer éste su último “cuento”, el de final más complejo de todos los que ha contado, es aún muy largo. ¿Conoce a Gadea la juventud nicaragüense, mayoritario segmento de la población votante? Es ésa una de las preguntas más frecuentes que se escuchan. ¿Votarían por Gadea las feministas más conscientes, sabedoras de su pensamiento conservador? Es otra pregunta que flota en el ambiente.

Los últimos datos son los de una encuesta nacional de Cid Gallup realizada entre el 1 y el 6 de septiembre, apenas un mes después de que Gadea apareciera en el escenario pre-electoral. Según esa encuesta, el 54% rechaza a Ortega y el 33% no identifica a ningún político como “líder de la oposición”. En una simulación electoral entre tres opciones (Ortega-Alemán, Ortega-Montealegre y Ortega-Gadea), es Gadea el que acorta más la diferencia con Ortega y el que reduce más el número de quienes “no saben-no responden”, pero en todas las opciones gana Ortega.

Ortega—Alemán: 34% vs. 27%
con 39% que no sabe.
Ortega—Montealegre: 34% vs. 28%
con 38% que no sabe.
Ortega—Gadea: 36% vs. 31%
con 33% que no sabe.
El “cuento” apenas empieza a contarse. Sin embargo, el efecto “sacarrín” se mantiene y dos meses han bastado para lograr cambios, importantes en el cuadro del juego y en el radar meteorológico de la política nacional, cambios no imaginables hasta hace poco.

DÁNDOSE OXÍGENO

Es evidente que quienes han sido más afectados por esta inesperada turbulencia son el grupo de Ortega y más aún el grupo de Alemán. Ambos socios tendrán que revisar sus tácticas. De momento, el grupo de Ortega trata de minimizar la irrupción de Gadea en el escenario ignorándolo, aunque seguramente ya conspirando contra él.

El grupo de Alemán ha sido más explícito: lo ha atacado, vulgareado y hasta amenazado. Gadea se ha mantenido firme, se ha acercado a los sandinistas del MRS y se ha enfrentado a Alemán, su consuegro, correligionario y máximo líder del partido al que Gadea pertenece y por el que ha sido electo como diputado al Parlamento Centroamericano tres veces consecutivas.

En la nueva situación, y necesitándose Ortega y Alemán como rivales electorales para dar continuidad a una Nicaragua permanentemente bipartidista, la lógica de la sociedad política de ambos -llamemos así al pacto que mantienen desde hace años-, requiere que Ortega le dé oxígeno a Alemán y que Alemán se dé a sí mismo oxígeno para conservar cohesionado al PLC en torno a su candidatura y a su desgastado liderazgo.

Alentando el anti-orteguismo más irreflexivo, Alemán buscó aire en Tegucigalpa visitando al golpista Roberto Micheletti, su primer viaje al extranjero en ocho años, después de caer preso por un rosario de delitos de corrupción. Al regreso, Alemán pagó una cadena nacional en televisión, en la que, nombrándose “líder de la oposición” se ofreció a “defender la institucionalidad y el Estado de Derecho” y convocó a toda la oposición a cobijarse bajo su liderazgo para derrotar a Ortega. Días después, publicó un comunicado en el que el PLC afirma que “no tiene absolutamente nada que analizar, dialogar o conversar” sobre la candidatura presidencial de Alemán, decisión que consideran “definitiva, inquebrantable e irreversible”.

FMI: NO CORREN RIESGOS

Desde el punto de vista económico, el partido de gobierno espera llegar con cierta comodidad al evento electoral. La economía ha tenido una recuperación más vigorosa de la prevista. El 1% de crecimiento que habían calculado el gobierno y el FMI al iniciar el año 2010 ya quedó atrás. La economía crecerá este año un 2.5% gracias a los buenos precios de los productos de exportación y a un positivo aumento de las remesas. Aunque el empleo haya crecido apenas y las lluvias compliquen las cosas en el año electoral -especialmente por las pérdidas en la cosecha del básico y diario frijol rojo y por graves daños en la infraestructura-, algunos nubarrones económicos parecen haberse disipado.

El gobierno aspiraba aún a mayor comodidad. La misión técnica del FMI visitó el país en la segunda semana de septiembre, y aunque el gobierno tal vez apostaba a exhibir el trofeo de haber conseguido un nuevo acuerdo trianual con el Fondo, el FMI sólo parece dispuesto a extender el actual acuerdo por un año más, el año electoral de 2011.

En el gobierno anterior, Bolaños consiguió del FMI la extensión por un año del acuerdo que tenía con el Fondo, para que el nuevo gobierno que surgiera de las elecciones de 2006 se encontrara con ese camino allanado. En su primer año de gobierno, 2007, Ortega fue quien se lo encontró. Ahora, el FMI no parece querer arriesgarse a un compromiso que vaya más allá del actual período de Ortega.

TRES URGENCIAS

Otra alerta roja se encendió cuando el FMI abandonó el país. La sanidad fiscal exigida por el Fondo requería de una reforma al presupuesto 2010.

El Presidente Ortega quiso aprovechar esto para mostrar los avances que ha logrado, con antiguos y nuevos aliados, y con nuevas y viejas maniobras, en la Asamblea Nacional, único espacio institucional sobre el que no tiene total control.

Ortega decidió sacar el máximo provecho de la emergencia nacional por las lluvias. Organizó una reunión de urgencia con la directiva de la Asamblea Nacional -sólo con sus diputados y aliados- el sábado 25 de septiembre y ahí solicitó que la Asamblea se reuniera de urgencia en la mañana del domingo para que le aprobaran la reforma presupuestaria, que presentó a la Asamblea con trámite de urgencia. Todas estas urgencias las justificó el Presidente con los desastres que estaban causando las lluvias, que ya desde julio eran recias y urgentes las respuestas que había que dar.

El resultado final fue una sesión dominical, a la que no acudió la oposición, con una reforma presupuestaria que se aprobó con escaso debate y en la que apenas el 15% de los incrementos presupuestarios están destinados a responder a la emergencia por las lluvias. El gobierno cumplió con el FMI con la reforma presupuestaria. Y como fue aprobada con los votos de 52 diputados -algunos de ellos aliados que van y vienen y otros, nuevos aliados-, Ortega pudo mostrar que está sólo a 4 votos de lograr la reforma constitucional que legitime su reelección.

LA INCÓGNITA EXISTENCIAL

Un factor que reduce la comodidad económica del partido de gobierno en estas anticipadas vísperas electorales es lo ocurrido en las elecciones parlamentarias venezolanas del domingo 26 de septiembre. Aun cuando Chávez haya obtenido el mayor número de diputados, durante los últimos años tuvo todo de su parte para neutralizar al bloque opositor y no lo logró, según indicaron los resultados que obtuvo la oposición.

Con magníficos precios del petróleo durante tres años consecutivos (2005-2008), con un control casi absoluto en la Asamblea Nacional sin presencia de la oposición, y con una oposición sin proyecto, sin liderazgo y dispersa, Chávez no lo logró. Para las elecciones presidenciales de 2012 no cuenta ya con esas ventajas.

¿Qué pasará en esas elecciones? Es ésa “la incógnita existencial para el Chavismo”, afirma y alerta Heinz Dieterich, el más articulado ideólogo del Socialismo del siglo 21, ahora crítico de la deriva del proyecto bolivariano, al que compara con el fabuloso Titanic, cuando navegaba seguro en alta mar en vísperas de enfrentarse al iceberg que lo destrozó. ¿Qué será del proyecto de Chávez? Es ésa también una incógnita existencial para el proyecto de Daniel Ortega.

CON EL TIEMPO EN CONTRA

La convocatoria a las elecciones presidenciales de noviembre de 2011 por un Consejo Supremo Electoral de facto y responsable de un fraude, en un clima político alterado, como el actual, enciende alertas rojas. ¿Qué hacer? Es el dilema de los partidos políticos convocados. ¿Participar en esas elecciones, acudiendo a la convocatoria, no participar, participar bajo protesta? Si participan legitiman a las ilegales autoridades electorales. Si no participan pierden su personería jurídica. Si participan bajo protesta -dicen los defensores de esta solución intermedia- podrán evitar el fraude o evidenciarlo y reclamar después.

El tiempo está en contra y el aviso de huracán es real. Resulta indispensable emplazar y obligar al partido de gobierno a sanear antes de las elecciones el Poder Electoral. Un grupo opositor liderado por la Alianza Patriótica así lo hizo el 29 de septiembre, sin lograr ningún resultado.

La oposición parlamentaria ha demostrado, alerta tras alerta, que es incapaz de revertir ninguna de las ilegalidades de Daniel Ortega desde el Parlamento, incapaz también de forzar una negociación que cambie a los actuales magistrados electorales, eligiendo, si no a todos, al menos a algunos que garanticen transparencia o que tengan, al menos, capacidad para darse cuenta de las irregularidades que intenten hacer otros, eficacia para detenerlas y valor para denunciarlas.

El tiempo está en contra. Algunos medios de comunicación y dirigentes políticos insisten en que ante la probada ineficacia de la oposición parlamentaria, debe ser el pueblo quien presione en las calles con manifestaciones masivas por elecciones creíbles.

Las presiones e incertidumbres diarias que provocan la pobreza y ahora las lluvias, y el temor instalado por el partido de gobierno entre los miles de empleados estatales y entre una ciudadanía inconforme con lo que sucede, pero muy desgastada y suspicaz ante cualquier iniciativa política, han convertido esas propuestas de lanzarse a las calles en meras utopías.

¿QUÉ HACER?

El tiempo para transformar el Poder Electoral se ha ido agotando. Todos los sistemas de alerta temprana parecen haber sido ineficaces o insuficientes. Pero falta aún tiempo hasta que llegue la hora de ejercer el derecho al vo¬to y de cumplir con el deber de votar.

El huracán de la jornada electoral está aún en fase de “alejamiento”. ¿Qué hacer? Mantener alto el nivel de atención a la información, conocer la ubicación de los refugios que exija la crisis, atender las instrucciones más sensatas y más éticas, estar preparados para una posible evacuación de prejuicios ideológicos. Y permanecer a resguardo de la desesperanza.

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