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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 336 | Marzo 2010

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Costa Rica

El triunfo de Chinchilla sella veinte años de derechización

Laura Chinchilla y el PLN ganaron con amplio margen en una campaña electoral que se jugó sólo en el terreno de la derecha, en un país en el que la palabra “derecha” no existe en el vocabulario político. El hecho de ser mujer no hizo posible ningún discurso novedoso. Los resultados electorales expresaron el debilitamiento institucional, la creciente desigualdad social y los espacios que viene ganando en Costa Rica el autoritarismo populista.

Carlos Sandoval García

La mañana del 28 de octubre de 2009 fue singular en San José. El tránsito hacia el distrito de Zapote era bastante más lento que lo acostumbrado. Lo usual es que la aglomeración de vehículos a esa hora sea en sentido inverso. No parecía haber un accidente que justificara la tardanza.

A la distancia se divisaba una larga fila de vehículos que bloqueaban el acceso a la vía que conduce a la Casa Presidencial. Eran “porteadores” -a veces llamados taxistas “informales”-, que prestan servicio de domicilio a domicilio y se supone no recogen pasajeros en la vía pública. La movilización procuraba persuadir al Poder Ejecutivo para que enviase a la Asamblea Legislativa el proyecto de ley que eliminaría el “porteo” al lugar 120 de la agenda parlamentaria, para que no hubiese posibilidad de que fuese dictaminado. En los parabrisas de los autos de aquella larga fila se podían leer algunos rótulos que repetían consignas como “Disculpe, estamos trabajando” y “Operación arroz y frijoles”.

LA DERECHA LOS CONVOCA

Las organizaciones de taxistas han manifestado que el ”porteo” es competencia desleal, pues entre otras cosas desestimula el empleo de taxis, un sector al que se le exige, entre otras cosas, una licencia de conducir específica, el empleo de automóviles de modelo reciente y un seguro obligatorio y específico.

Independientemente de consideraciones sobre la disputa, lo más sugerente es que se trataba de una medida de presión cuyos principales protagonistas no eran afines a tesis de izquierda, como suele ser lo usual. Fueron convocados por el Movimiento Libertario, la organización partidaria situada más a la derecha del espectro político en Costa Rica.

Sectores empobrecidos, conduciendo automóviles cercanos al final de su vida útil, eran convocados por un discurso que insiste en que las regulaciones del Estado -en este caso, las referidas al transporte público- les impiden trabajar. Ese día la derecha convenció a miles de conductores a que tomaran las calles y lo consiguió.

HAGAMOS MEMORIA...

Movilizaciones de este tipo tomaron fuerza justo al iniciar la campaña oficial rumbo a las elecciones del 7 de febrero de 2010, en las que el partido Movimiento Libertario (ML) obtuvo el 20.89% de los votos para Presidente y en las que el gobernante partido Liberación Nacional (PLN) triunfó holgadamente con un 46.78%. Los resultados de 2010 pueden resultar sorprendentes si se recuerda que hace apenas cuatro años, en las elecciones de 2006, Óscar Arias Sánchez, candidato por el PLN, ganó por un estrecho margen de 1.1% a Ottón Solís, candidato del Partido Acción Ciudadana (40.92% vs 39.80%) y (a)penas alcanzó el 40% necesario para ganar en primera ronda. En 2006, el ML obtuvo un 8.5% y el abstencionismo llegó al 35%.

En octubre 2007, el primer referéndum en la historia de Costa Rica, en el que se decidió la aprobación del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos dio como resultado también un triunfo muy ajustado a favor de la aprobación del TLC, con una diferencia de apenas 3.22%. Los resultados finales indicaron que un 51.61% aprobó el TLC y un 48.39% votó en contra del TLC. El abstencionismo alcanzó un 40%.

CHINCHILLA: TRIUNFO HOLGADO

Laura Chinchilla, la presidenta electa, obtuvo el 46.78% de los votos, 5.86% más que los obtenidos por Óscar Arias en 2006. Otto Guevara, candidato en ambas elecciones por el Movimiento Libertario obtuvo un 12.39% más que en las elecciones de 2006. Ottón Solís obtuvo 25.11%, un 14.69% menos que los votos que él mismo obtuvo cuatro años antes.

Sumados los votos por Solís y Guevara no alcanzan los votos por Chinchilla. La diferencia de votos de Chinchilla con Ottón Solís, candidato que ocupó el segundo lugar, es la más alta después de los resultados de 1953 y 1982. Si se comparan los votos obtenidos por el PLN en las elecciones de 2010 a nivel presidencial con el total de votos válidos, el PLN obtuvo su tercer mayor porcentaje de votos, sólo superado con los que ganó en 1953 y 1982.

Para la conformación de la Asamblea Legislativa el PLN obtuvo 24 diputados. El PAC descendió de 17 a 11, uno menos que hace cuatro años. El ML pasó de 6 a 9 diputados. El Partido Unidad Social Cristiana (PUSC) obtuvo 6 diputaciones, una más que hace cuatro años.

El Partido Accesibilidad sin Exclusión (PASE), que reivindica los derechos de personas con discapacidad, pasó de 1 a 4 diputados. El Partido Frente Amplio, de izquierda, obtuvo un diputado, como hace cuatro años. Y dos partidos de orientación religiosa obtuvieron un diputado cada uno. Uno de ellos obtuvo una diputación hace cuatro años y el otro la obtuvo ocho años atrás.

El abstencionismo, que había ido en ascenso en las elecciones de 1998, 2002 y 2006 disminuyó ligeramente para situarse en 30.85%, menor que en las dos últimas elecciones.

A pesar de los miles de millones de colones invertidos en publicidad y propaganda, la mayor parte del electorado no conocía a la mayoría de las personas que se presentaron a los cargos en la Asamblea Legislativa. Menos aún, a quienes se los disputaron en los consejos municipales. El acceso desigual a la campaña política, financiada con recursos públicos, es la crítica más frecuente al sistema electoral costarricense.

En su 60 aniversario, y luego de las elecciones de 2002, 2006 y del referéndum -tres consultas con resultados muy ajustados-, el Tribunal Supremo de Elecciones interpretó el nuevo Código Electoral en el sentido de que su deber es escrutar la documentación electoral provista por las juntas electorales. Se exceptúan de esta norma aquellas juntas electorales sobre las que haya apelaciones, existan inconsistencias, hayan tenido presentes menos de tres miembros, en ellas se haya extraviado el patrón registro o tengan resultados que arrojen diferencias de dos puntos porcentuales o menos entre el primero y el segundo lugar en la elección presidencial. El amplio margen obtenido por el PLN no despertó mayores impugnaciones.

DEBILITADA INSTITUCIONALIDAD

A lo largo de la primera década del siglo 21 han ocurrido cambios decisivos en la institucionalidad costarricense. En el año 2000 se intentó privatizar el Instituto Costarricense de Electricidad (ICE), con una iniciativa conocida como el Combo ICE. La Sala Constitucional lo declaró improcedente. Pocos años más tarde, con cambios importantes en su conformación, la Sala Constitucional avaló la reelección presidencial no consecutiva, lo que permitió la postulación de Óscar Arias, quien ya había sido presidente (1986-1990). Finalmente, las leyes aprobadas en el marco del TLC con los Estados Unidos acabaron con el monopolio de las telecomunicaciones en manos del Estado.

En 2007, la muy desigual distribución de recursos en el referéndum entre los sectores que apoyaban el TLC y los que lo adversaban, y las irregularidades que se presentaron muy pocos días antes de la consulta popular, delinearon un debilitamiento de la institucionalidad a manos de los grupos de mayor poder en el país. A ello se sumó la dilación de la Asamblea Legislativa en nombrar a uno de los magistrados de la Sala Constitucional, así como el nombramiento de una diputada de la actual legislatura como nueva Defensora de los Habitantes.

¡SE ACABA LA PURA VIDA!

Este giro hacia la derecha en términos políticos se ha complementado con un aumento de la desigualdad en la distribución del ingreso. El Coeficiente de Gini, parámetro para aproximarse a la concentración del ingreso, pasó de 0.37 en 1990 a 0.43 en 2009, un cambio que indica, como lo han apreciado Juan Pablo Pérez y Minor Mora en un reciente libro, emblemáticamente titulado “Se acabó la Pura Vida” (FLACSO, 2009). En él afirman que “conforme las transformaciones estructurales fueron madurando, el ingreso tendió a ser apropiado, en mayores proporciones, por los sectores que se ubican en los estratos superiores de la estructura social”.

La geografía de las desigualdades, que contrapone las áreas residenciales exclusivas con las comunidades empobrecidas, es seguramente el mejor registro del crecimiento de la inequidad. La ironía es que muchas de las personas que trabajan como empleadas domésticas, vigilantes privados, constructores o jardineros en las áreas residenciales viven en las comunidades empobrecidas y criminalizadas y son responsables de la reproducción de la vida en los espacios privilegiados.

MODERNIZACIÓN
VS. CONSERVADURISMO

El debilitamiento de la institucionalidad del Estado y la concentración del ingreso no se ha dado solamente en la última década. Podría afirmarse que la cultura política costarricense surge de la tensión entre la modernización producida por instituciones prestadoras de servicios y una esfera pública anclada en el conservadurismo.

La sociedad costarricense experimentó cambios institucionales de largo aliento en las décadas de 1940 y 1950, que condujeron al establecimiento de un sistema público de seguros, salud, electricidad, telecomunicaciones, educación superior. Este sistema favoreció el acceso a mejores condiciones de vida a un buen sector de la población. Estas instituciones de lo que se podría llamar un Estado del bienestar estuvieron acompañadas de un sistema político que durante buena parte de la segunda mitad del siglo 20 logró consolidar un sistema electoral legitimado como mecanismo de elección de gobernantes.

Sin embargo, esta consolidación de las instituciones y del sistema político no se acompañó de un ímpetu similar en las políticas culturales, en aquellas instituciones desde las cuales, o con apoyo de las cuales, se producen imágenes, discursos, prácticas, incluidos los medios de comunicación. Ésta es una de las paradojas del Estado costarricense que no ha recibido suficiente atención y, mientras las instituciones proveedoras de servicios claves para el bienestar público se consolidaban, las instituciones culturales no seguían la misma tendencia.

LA CONVERGENCIA DE LAS ÉLITES

Si existe una cierta continuidad autoritaria a lo largo de la última década, que hunde raíces en años anteriores, ¿cuál sería la principal novedad de esta coyuntura? Tentativa y provisionalmente argumentamos que, tanto en términos electorales como ideológicos, se ha profundizado el giro hacia la derecha experimentado por la sociedad costarricense en la última década.

Al menos dos rasgos caracterizan la consolidación de este giro. Por una parte, bajo la consigna “Adelante” del PLN se fundieron los intereses del gran capital otrora vinculado sobre todo al PUSC, venido a menos luego de que dos de sus ex-Presidentes, Rafael Ángel Calderón Fournier y Miguel Ángel Rodríguez Echeverría, están a la espera de resoluciones en tribunales judiciales del país.

La inversión, sobre todo en los sectores turismo y financiero habrían acercado a quienes en otras épocas estaban definidos más por sus divergencias políticas que por sus coincidencias empresariales. Como promesa de campaña, “Adelante” parece haber persuadido a amplios sectores del electorado, y también a importantes grupos del capital, que ya habían apostado por la candidatura de Óscar Arias, aunque también entonces simpatizaran con otros partidos.

EL AUTORITARISMO POPULISTA

La segunda novedad es el recurso al autoritarismo populista empleado por el ML para convertir la inseguridad en el principal y prácticamente único tema de discusión durante la campaña electoral. alentando políticas de mano dura, acompañándolas de una retórica populista. Respuestas punitivas a la inseguridad se complementan con un discurso que apela al imaginario popular, ávido de respuestas simples a problemas complejos.

El autoritarismo populista articula y traduce ideas que de otro modo tendrían poca circulación. No se trata de una derecha promoviendo tesis neoliberales, debilitadas hoy con la actual crisis económica internacional, sino prometiendo orden a través de un repertorio de imágenes que echan mano del lenguaje coloquial (“El que la hace la paga”) o imágenes de un hombre joven semidesnudo, que se ha desprendido de casi toda su vestimenta para no ser asaltado.

El argumento de la mano dura contra los delincuentes fue el caballo de batalla del Movimiento Libertario. Con un claro tinte masculinista, empleó un discurso en el que los hombres son los llamados a defender el orden.

UNA HIPÓTESIS EN LIMÓN

No es casual que en las provincias costeras, Guanacaste, Puntarenas y Limón, en donde la desigualdad y la inseguridad han aumentado, el ML alcanzó el segundo lugar en las elecciones 2010, por encima del PAC. En Limón, la provincia en que la tasa de homicidios dolosos se ha incrementado más, el abstencionismo fue del 45.04% en 2006 y de 38.48% en 2010, una disminución del 6.56%. A nivel nacional el abstencionismo disminuyó sólo en un 4.14%. En 2006, el ML obtuvo apenas un 13.50% en esa provincia. Cuatro años después obtiene el 31.41%, superior al 20.82% a nivel nacional. A manera de hipótesis se podría señalar que la disminución del abstencionismo habría estado motivada por el incremento de los votos por el ML, sobre todo en áreas del país, como Limón, en donde es mayor la inseguridad.

A propósito del triunfo de Margaret Thatcher y del ascenso del neoconservadurismo en Inglaterra hace 30 años, Stuart Hall publicó en 1979 un conocido artículo titulado “El gran espectáculo hacia la derecha”, traducido y publicado en 1981 en la Revista Mexicana de Sociología. En él caracterizaba el autoritarismo populista. Siguiendo la argumentación de Hall, se podría afirmar que este viraje no es un reflejo de la crisis, pero sí un modo de intentar legitimar la hegemonía en tiempos en que la reproducción del sistema social en Costa Rica arriesga dos de sus pilares más apreciados, según los parámetros de América Latina: la institucionalidad y una menor desigualdad en el ingreso.

LA VÍA PUNITIVA

El autoritarismo populista permite a sectores con poder presentar concepciones ideológicas que adversan los intereses y expectativas de los sectores subalternos, haciéndolo de tal manera que éstos reconocen como propias las concepciones de los poderosos.

Las tesis del Movimiento Libertario, que insisten en que las políticas punitivas y no la inversión social pueden resolver la inseguridad, atraen a los sectores sociales que padecen la carencia de inversión pública, que entre otras cosas, ha deteriorado la calidad de la educación pública de sus hijos.

El autoritarismo populista que procura suplir por la vía punitiva lo que el Estado del bienestar ya no ofrece se inscribe en un viraje de más amplio alcance hacia la derecha, caracterizado no sólo por el autoritarismo, sino también por políticas económicas neoliberales y por el debilitamiento de la institucionalidad. Tanto el autoritarismo populista como el viraje hacia la derecha encuentran un terrero fértil en una esfera pública conservadora, que la modernización de las instituciones de Costa Rica no ha modificado.

EL ML Y EL PLN SE REQUIEREN

El ML increpó fuertemente la candidatura de Laura Chinchilla, llamándola “candidata de los ricos” y demandándole abrir las puertas de su casa, ubicada en uno de los residenciales más selectos del oeste de San José, al tiempo que respondía a las críticas del diario “La Nación” por informaciones en torno al origen no del todo claro de los dineros empleados en su profusa pauta publicitaria. Las críticas al autoritarismo populista del ML y, sobre todo, a los presuntos orígenes de sus fondos, debilitaron en las últimas semanas la aceptación del electorado a su promesa “Hagamos el cambio YA”, en una campaña muy semejante a las de Honduras y Panamá, que dieron la victoria a Lobo y a Martinelli.

A pesar del discurso, las propuestas del PLN y del ML comparten, en un plano menos evidente, algunos rasgos. El proyecto de acumulación de las élites y la desigualdad creciente que han caracterizado las políticas neoliberales y que parecen convocar a grupos empresariales de diferentes persuasiones políticas en torno a la nueva Presidenta, producen contradicciones que vuelven a veces incierta la reproducción del sistema social. Ponderar mucho más la acumulación que la distribución incrementa la inseguridad y debilita vínculos sociales e interpersonales.

Es frente a este panorama que surge el discurso del ML. La campaña del ML es la reacción autoritaria populista desde la derecha ante el riesgo de una crisis de legitimidad que se produce como consecuencia de la profundización de políticas sociales que excluyen y generan desigualdad. La campaña electoral se jugó en el terreno de la derecha, una ironía en un país en cuyo vocabulario político la palabra “derecha” no existe.

LOS “SUCESOS” EN LOS MEDIOS

La articulación entre autoritarismo y populismo no sería posible si no hubiese un contexto que la hiciera posible. En el caso de Costa Rica -también en muchos otros países- un factor sin duda decisivo ha sido el auge de los “sucesos” como tema predominante en la agenda de los medios de comunicación. La paradoja de instituciones modernas y una esfera pública conservadora ha sido alimentada en la última década por la expansión de la “tabloidización” de la televisión, caracterizada por un pronunciado aumento de las noticias de sucesos.

Si antes la “actualidad nacional” incluía los sucesos como una de sus secciones, a lo largo de esta década, los sucesos son el segmento de entrada y ocupan unos 15 minutos de las ediciones de los dos noticieros de mayor audiencia en el país, principal fuente de información de un buen sector de la sociedad costarricense, como ha mostrado el Informe de Desarrollo Humano 2005, publicado por el PNUD.

A esto se suma el crecimiento de la prensa tabloide, sobre todo el de los diarios “Al Día” y “La Teja”, ambos del Grupo Nación, el principal grupo de comunicación de Centroamérica. Con apenas más de dos años de circular, “La Teja” vende más de 125 mil ejemplares diarios. En ambos tabloides, sucesos, farándula y fútbol ocupan la mayor parte del espacio impreso. La imagen de sociedad que comunica, “La Teja” es la de un mundo en donde no hay instituciones, las personas son individuos sin relaciones interpersonales o sociales y la vida es una sucesión de episodios sin vínculos entre sí. Desde sus inicios, la última página de esta publicación presenta a una mujer en bikini. Y en las últimas semanas ha rifado implantes de senos, a lo mejor para acercar a más lectoras a sus páginas.

Las miles de personas que leen “La Teja” asumen la política como algo lejano y acaban sintiéndose objetos y no sujetos de la actividad política. Cobra aquí vigencia la tesis que sugiere que la ideología se vuelve hegemónica no sólo cuando impone sus puntos de vista, sino también cuando impide contar con otro punto de vista sobre lo que pasa. La edición del diario “La Teja” del lunes 8 de febrero 2009, al día siguiente de las elecciones, saturada de anécdotas de la jornada, fue una muestra del carácter profundamente político de la antipolítica populista.

EL AUTORITARISMO POPULISTA
YA ECHÓ RAÍCES

En un sondeo telefónico nacional realizado por la Escuela de Estadística, con apoyo del Instituto de Investigaciones Sociales para el semanario “Universidad” de la Universidad de Costa Rica, surgen conclusiones que abonan la tesis del autoritarismo populista. Por ejemplo, ante la pregunta de si lo que hace falta en el país es un líder autoritario que resuelva los problemas, un 56% de las respuestas avalaron esta proposición, ya sea con “muy de acuerdo” o un “de acuerdo”.

La identificación con la salida autoritaria ha sido documentada por diversas encuestas en las últimas dos décadas. Muy probablemente, lo novedoso es que, por primera vez, y a lo mejor no será la última ocasión, la inseguridad se politizó hasta el punto de constituir el principal tema de la campaña electoral, algo que ya veíamos venir. (ver Envío de agosto 2008).

El auge del autoritarismo populista abanderado por el Movimiento Libertario no hubiese conseguido tanta resonancia sin el abandono del centro político, tradicionalmente ocupado por el PLN, que ha renunciado a una agenda socialdemócrata y se identifica con el credo neoliberal. Así, la derecha se ha convertido en el centro del espectro político. Incluso ni la posibilidad de que una mujer fuese candidata y encabezara las encuestas a lo largo de la campaña hizo posible estructurar un discurso novedoso.

Temerosa de movilizar la cultura machista en su contra y temerosa también de que las organizaciones feministas le reclamaran su poca iniciativa en las reivindicaciones de las mujeres, la candidata Laura Chinchilla permaneció a la retaguardia de la propaganda de su propio partido. Eso sí, hizo explícita su oposición al matrimonio de personas del mismo sexo.

EL PAC NO PA(C)LPITÓ

Si la derecha ha respondido a un desarrollo excluyente y generador de desigualdad con un repertorio de discursos autoritarios populistas, las alternativas de centro contribuyeron poco al debate político en esta coyuntura electoral. El PAC -el partido más innovador en la política electoral en la última década- parece haber abandonado su promesa de la acción ciudadana. En un país en donde el anticomunismo continúa siendo una dimensión estructurante de la cultura política, Acción Ciudadana teme ser tildado de “izquierda” y no logró hacer visible siquiera una agenda ocialdemócrata, ya en extremo lejana del PLN.

La promesa del PAC de que la participación de la ciudadanía es indispensable en la concepción de propuestas políticas se fue borrando, tanto en la participación electoral como en la gestión gubernamental. La campaña giró en torno a Ottón Solís como figura. El PAC no expresó mayor interés en forjar alianzas a nivel municipal, que sumaron nueve para estas elecciones, lo que le hubiese permitido pa(c)lpitar mejor en el plano local.

Si bien el PAC ha manifestado que la desigualdad es un tema de especial relevancia y que es necesario llevar a cabo una reforma fiscal, postergada por los dos últimos gobiernos, esto no incidió en su agenda política ni sus candidatos parecen formar parte de iniciativas, grupos o movimientos que reivindiquen la importancia de la equidad como elemento cardinal de la vida social.

¿QUIÉNES QUEREMOS
“ESA” COSTA RICA?

La promesa del PAC, “La Costa Rica que queremos” resultó en extremo vaga y difusa. No se explicitó quiénes son los que la quieren ni tampoco cuáles serían las iniciativas principales para alcanzar esa Costa Rica. Tampoco -y a lo mejor ésa es la ausencia clave- no se explicita cómo desde la participación ciudadana se va a construir “La Costa Rica que queremos”.
Mientras tanto, Liberación Nacional concretó su consigna “Adelante” en un sistema de cuido para que las mujeres jefas de hogar puedan trabajar de manera remunerada fuera del hogar, en opciones laborales para la juventud, en trabajo bien remunerado para las personas adultas y en pensiones dignas para las personas en edad de jubilación. A ello sumó el actual programa “Avancemos”, que apoya a estudiantes para que no abandonen la educación formal. Así, a la par que el PLN cohesionaba a importantes sectores del capital, también fue capaz de concretar iniciativas capaces de convocar a amplios sectores de la sociedad.

Ignorar esto puede conducir a obviar que toda ideología, para legitimarse, tiene que articularse con el sentido común. El PLN le dio un rostro humano a su neoliberalismo.

Los resultados de las elecciones 2010 muestran que un tercio de las personas que votaron por Ottón Solís no lo hicieron en las papeletas de diputados y diputadas del PAC. Esto confirma algo que Solís parece resistirse a reconocer: buena parte de los votos obtenidos por él fueron más que producto de identificación partidaria, motivados por la expectativa de impedir que Laura Chinchilla ganara. La base de apoyo al PAC es bastante menor a la que muestran los resultados electorales.

La crítica del PAC a las encuestas o al modo en que los medios de comunicación dan cuenta de ellas no puede ignorar que hay sectores sociales que se identifican con argumentos del centro derecha o de la derecha y que, en tercer lugar y a lo mejor lo más importante, “La Costa Rica que queremos” y el PAC como propuesta política no ha logrado constituirse en referente para los sectores empobrecidos.

EL CORAZÓN
ESTÁ A LA IZQUIERDA...

El panorama del centro izquierda es aún más difuso. Pese al enorme esfuerzo de las movilizaciones contra el TLC, la izquierda tiene una muy débil expresión en el panorama electoral. La democracia participativa parece haber ganado un aliento y una capacidad de convocatoria que no se expresa en las formas de democracia representativa. No parece haber condiciones para aglutinar a una constelación de fuerzas que puedan dar respuestas progresistas al proyecto neoliberal de las élites ni a la interpretación autoritaria y populista de la inseguridad.

Un sector importante de quienes votan por el Frente Amplio proviene de las clases medias urbanas, sobre todo de las empleadas en el Estado o en sus instituciones. Las iniciativas progresistas surgidas en las universidades públicas suelen tener pocos vínculos fuera de su propio entorno. En Costa Rica no hay una cultura política de izquierda enraizada en los sectores populares. La experiencia sindical de izquierda es esporádica y ya lejana de la tradición de los sindicatos bananeros, muy disminuidos -aunque aún activos- desde mitad de la década de los 80.

Pese a ello hay una muy amplia constelación de grupos y organizaciones ecologistas, feministas, ecuménicas, comunales, con un gran potencial, pero con poco diálogo, a menudo mediatizado por disputas entre dirigentes particularmente autoreferenciados. Esto podría explicar, al menos en parte, por qué esta amplia constelación se articula muy bien en torno a la democracia participativa, pero luce errática en eventos de democracia representativa como las elecciones. Cuando están en juego puestos de elección se magnifican sus discrepancias internas.

...PERO LA IZQUIERDA
NO ESTÁ EN EL CORAZÓN

A las disputas entre dirigencias, a veces sin mayor presencia popular, se suma el reto de cómo traducir en iniciativas más propositivas, movilizaciones y protestas que han surgido articuladas en oposición y resistencia a proyectos nacionales como la privatización de las telecomunicaciones o el TLC. El paso de la protesta a la propuesta es una tarea aún pendiente que requiere nutrirse de la cultura popular, para que logre tener eco en la vida cotidiana de amplios sectores sociales.

Un tercer reto consistiría en cómo esa constelación de grupos y organizaciones articule propuestas de trabajo que, además de integrar perspectivas, pueda entrar en diálogo no sólo con sectores medios politizados, sino también con sectores sociales más amplios, quienes suelen ser asediados por el clientelismo político, que les ofrece, en una campaña sí y en otra también, viviendas y mejoras en las comunidades, lo que muchas veces termina en sólo promesas. En esta última elección, el clientelismo se alternó con el autoritarismo populista, que prometía seguridad y mano dura. Frente a un futuro como el actual, caracterizado por la incertidumbre, el clientelismo o el discurso autoritario encuentran terreno fértil y llenan un vacío.

LOS ROSTROS QUE LE FALTAN
A LA IZQUIERDA

A mediados de enero, tres semanas antes del 7 de febrero, día de las elecciones, surgió la posibilidad de una alianza del PAC con dos pequeños partidos, Alianza Patriótica, socialdemócrata, e Integración Nacional. La expectativa era que “muchos organismos de la sociedad civil, igual que ocurrió en la lucha contra el TLC, se activarían de inmediato. Habría un efecto bola de nieve que, en cuestión de días, podría cambiar el rumbo de la elección y hacer trizas las encuestas de los grandes medios de comunicación”, manifestó a Informa.tico (www.informatico-tico.com), una de las personas que propició la alianza.

Aparte de ser una iniciativa tardía, a la que el partido de izquierda Frente Amplio, no se sumó, se trató más de una opción electoral que de una alternativa política. Se demostró que seguimos careciendo de iniciativas capaces de identificar los rostros del esfuerzo cotidiano de amplios sectores de la sociedad costarricense. Miles de adolescentes recogen café en este tiempo de elecciones para costearse los gastos de entrada a clases. Miles de maestros y maestras esperan meses para que se les deposite su salario. Obreros y obreras agrícolas producen la piña o el melón que identifican a Costa Rica en los mercados internacionales, para solo mencionar algunos ejemplos. Pero ni los muchachos y las jóvenes que recogen café ni las docentes comprometidas ni obreros y obreras para citar apenas estas tres posibilidades, adquirieron rostro en la campaña electoral.

Frente al proyecto neoliberal y a la respuesta autoritaria populista no hay en Costa Rica una alternativa popular democrática. Construir esa alternativa supone darle rostro a las personas ausentes del discurso político y de la política, a aquellos que sólo son comparsa de fondo en el escenario en el que desfilan los candidatos.

Este reto no sólo se plantea en términos de representación, sino también de participación en la construcción de una alternativa popular democrática, en la que la experiencia de tan amplios sectores sociales, a menudo desperdiciada, enriquezca la comprensión y la intervención en el terreno de las potencialidades y las capacidades.

El reconocimiento de esta experiencia desperdiciada supone una actitud humilde, capaz de reconocer que se requiere escuchar y dialogar para intentar recoger la diversidad de mundos de vida que caracterizan la sociedad costarricense. Universalizar la propia condición y actuar como si el único universo de vida fuese el propio ha encontrado en estas elecciones su más contundente refutación.

¿Y EL BALANCE
DEL GOBIERNO ARIAS?

La ausencia de una alternativa popular democrática -o de varias, ¡ni muchas ni pocas!- evidencia la carencia de una política de la memoria. De hecho, una de las ausencias más (re)sentidas es un balance de la administración Arias. Por ejemplo, pese a que en materia ambiental, la propuesta del gobierno se tituló “Paz con la Naturaleza”, fueron numerosos y frecuentes los conflictos en esta materia: por agua, por concesiones a parientes de ministros, por minería de cielo abierto…

En materia de reforma fiscal ocurrió algo semejante, pues el gobierno la había prometido, luego de la aprobación del TLC y de las leyes complementarias. Sin embargo, transcurrido el segundo año de la administración Arias, la reforma fiscal, una de las herramientas de política pública que procura atenuar la desigualdad, quedó en el olvido. El olvido gubernamental era esperable, más grave es el olvido desde posiciones críticas.

Más relevante aún pudo ser la desatención del sector vivienda, pues veinte años antes, la promesa de construir 80 mil viviendas fue un factor clave en la elección de Óscar Arias, por un escaso margen de votos, como presidente para el período 1986-1990. En 2007 se dio a conocer que recursos del BCIE, destinados a proyectos sociales, fueron empleados en onerosas consultorías. Se estima que la actual administración apenas construyó un tercio de lo planeado.

Al final de la campaña circularon documentos en soporte digital como “La historia de los Arias”, presentaciones en power point o el documental “Santo fraude”, en referencia al modo en que se libró el referéndum 2007, pero no se logró posicionar en la esfera pública la importancia de un balance informado de la administración Arias.

El proyecto neoliberal del PLN, al tiempo que concentra poder y distribuye beneficios entre un pequeño sector, exhibe debilidades. Pero mayores han sido las debilidades de la oposición.

INSEGURIDAD Y DESIGUALDAD:
UN VÍNCULO AUSENTE

La encuesta realizada desde la Universidad de Costa Rica, además de la identificación de amplios sectores sociales favorables a elementos del repertorio autoritario, también muestra rasgos de una experiencia y memoria desperdiciadas en términos políticos. Cuando se le consulta a las personas si el problema de seguridad se resolvería con una mejor distribución de la riqueza, un 47% está “muy de acuerdo” o “de acuerdo”, mientras un 39.2% está “muy en desacuerdo” y “en desacuerdo”.

Si bien el tema de la desigualdad no ha estado en la agenda de los medios ni lo estuvo en esta campaña electoral, salvo muy tenues insinuaciones del PAC, prácticamente la mitad de la población consultada considera que hay una relación entre desigualdad e inseguridad.

Ya desde 2004 había evidencia de que en Costa Rica, como suele ser el caso también en otras sociedades, hay una correlación estadística significativa entre el aumento de la desigualdad y el incremento de la criminalidad. Es la tendencia internacional. Así se constata en el documento “La Seguridad frente al delito”, preparado por Elías Carranza y Emilio Solana, para el “Décimo Informe del Programa Estado de la Nación”. Carranza y Solana demuestran que el incremento de homicidios y delitos contra la propiedad se correlaciona con el aumento de la desigualdad medido a través del Coeficiente de Gini. Esto significa que las respuestas ofrecidas por las personas en la encuesta realizada por la Universidad de Costa Rica se corresponden con hallazgos de esta investigación.

La constatación de que la desigualdad se ha incrementado y que debilita los vínculos sociales y produce sociedades violentas pudo ser una referencia indispensable para construir una alternativa popular democrática, tanto al proyecto neoliberal que se expresa en términos electorales en el PLN, como al autoritarismo populista de la derecha.

PERDIMOS UNA OPORTUNIDAD

Las elecciones 2010 en Costa Rica podrían haber sido la oportunidad para decantar las movilizaciones y el esfuerzo político de resistencia al neoliberalismo. Además, en el último año Costa Rica vivió una crisis económica que también pudo ser un insumo para pensar críticamente el fundamentalismo del mercado. La oportunidad se desaprovechó y, tanto en términos electorales como ideológicos, el resultado parece ser una profundización del giro autoritario y de la legitimidad del centro derecha, caracterizado por opciones políticas que no impedirán que la desigualdad y la concentración del poder continúen profundizándose.

La desigualdad pudo constituirse en un macrotema de referencia, articulador en términos de propuesta de muchas de las motivaciones que han animado las movilizaciones costarricenses en contra de las políticas neoliberales. Esto hubiese impedido que la campaña electoral se limitara a una disyuntiva entre la derecha y el centro derecha. La elección se libró en el terreno de la derecha, entre el neoliberalismo ortodoxo del Movimiento Libertario y el neoliberalismo heterodoxo de Liberación Nacional, que resultó triunfante. Una oportunidad perdida.


PROFESOR DE LA UNIVERSIDAD DE COSTA RICA (UCR).

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