Envío Digital
 
Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 200 | Noviembre 1998

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Nicaragua

Apuntes para una tragedia inesperada

El golpe ha sido demoledor. Pero no de muerte. Y hay salidas. Lo más importante será que el país, el gobierno, la sociedad sepa hallarlas para superar los daños y para transformar esta nueva crisis en una oportunidad. Habrá que seguir, habrá que volver a empezar. Nuestros análisis de los próximos meses tratarán de aportara la búsqueda de nuevas alternativas.

Equipo Nitlápan-Envío

Nicaragua ha quedado gravemente herida en una amplia zona de su geografía tras las devastadoras lluvias que acompañaron el paso por territorio de Honduras del huracán Mitch en los últimos días del mes de octubre. Aunque el Mitch -un potente huracán de 400 kms. de diámetro- nunca entró en el territorio nicaragüense, sus efectos indirectos fueron más dañinos que los efectos directos causados por los 40 huracanes que han afectado a Nicaragua a lo largo del siglo XX. Las lluvias batieron todos los récords históricos. En Jinotega fueron mil por ciento superiores a las del promedio histórico en todo el siglo. En Chinandega, un ochocientos por ciento superiores. Y así en gran parte del país. Diluvios, crecida de ríos y lagos y deslaves de tierras causaron la tragedia. Peor que el terremoto de 1972

Desde que los medios de comunicación -primero que las autoridades del gobierno- dimensionaron la magnitud del desastre, supimos que Mitch había sido peor que el terremoto que destruyó Managua en diciembre de 1972, a pesar de sus 10 mil muertos. Peor porque la geografía devastada es más extensa. Peor porque el país quedó desmembrado en amplias zonas y esto complica al extremo la reconstrucción. Y peor porque el país devastado en 1998 carga sobre sus espaldas más problemas que entonces: los daños aún no superados de una guerra de diez años y los daños causados por más de diez años de un modelo económico que ha ido ahondando hasta el extremo todas las desigualdades entre los nicaragüenses. En 1972 Nicaragua era un país con cierta bonanza económica. Veintiséis años después, Nicaragua es, después de Haití, el país más empobrecido de América Latina.

Las diferencias con el desastre causado por Mitch en la vecina Honduras son muchísimas. Honduras es el país centroamericano que realmente ha retrocedido ¿diez, veinte, treinta? años. Todo en Honduras será, como dijo abrumado su Presidente, Carlos Flores "antes y después del Mitch". Honduras -después de Nicaragua, el país más empobrecido del continente- fue castigada al extremo por las lluvias del Mitch y también durante varios días por la extrema violencia de sus vientos, de más de 250 kilómetros por hora. Esto acabó con la infraestructura vial, productiva, portuaria, petrolera, agrícola, turística, y de servicios de luz, agua y teléfonos en prácticamente todo el país. "En menos de 72 horas perdimos lo que tardamos medio siglo en levantar", dijo Flores. Prácticamente ninguna ciudad, pueblo o comarca quedó ilesa. También fue dañada severamente la tercera parte de Tegucigalpa, que quedó irreconocible, al desbordarse los ríos que la atraviesan y ser destruidos barrios enteros, de todas las clases sociales.


El mapa del desastre

Managua se salvó. El país devastado es un amplio sector de la Nicaragua rural del Occidente (León, Chinandega) y del Norte (Matagalpa, Jinotega, Las Segovias), el país campesino que produce alimentos para subsistir, para el consumo interno y para la exportación. Hubo destrozos significativos en varias ciudades de la zona devastada: Estelí, Matagalpa, Ocotal, Jalapa, Ciudad Darío... Destrozos en zonas de Granada y Rivas y dramas aún desconocidos en municipios muy aislados: Dipilto, San Juan de Limay, Santa Rosa del Peñón, Achuapa... Los destrozos en la red vial -puentes, carreteras, caminos y trochas- de toda esa extensa zona fragmentaron el territorio nacional, dejando a Managua incomunicada.

Las zonas castigadas en Managua fueron el municipio de San Francisco Libre, el cercano municipio de Tipitapa y los miserables barrios asentados en las orillas del lago Xolotlán, que creció más de cuatro metros, su- perando su récord histórico de altura sobre el nivel del mar para unir sus aguas con las del lago Cocibolca.

Se salvó del azote del Mitch la zona que es la columna vertebral de la ganadería nacional, de Matagalpa hasta Rivas. Se salvaron las zonas bananeras del sur y amplias zonas cafetaleras de todo el país. Un buen porcentaje de los cultivos perennes destinados a la exportación y gran parte de la capacidad productiva de la totalidad del país no fue golpeada de muerte. Todo esto permite esperar una recuperación a medida que se vayan restableciendo puentes, carreteras y caminos y siempre que haya políticas acertadas.

El desastre mayor a corto, mediano y largo plazo se encuentra en zonas de producción campesina ya muy empobrecidas, algunas de ellas escenarios de la guerra de los años 80. La destrucción de los caminos rurales de esta geografía hace aún mayor el desafío en comarcas aisladas en las que sólo existe producción de subsistencia y que no producen ningún cultivo estratégico.



Los rostros de los más pobres

Después de años de exclusión y olvido, los productores rurales de este pedazo de Nicaragua, surgen de entre el agua y el lodo ante los ojos de Managua, como los adoloridos protagonistas de la tragedia. Para ellos "llovió sobre mojado": los que ya tenían poco, los que tenían cada vez menos, ahora, de repente, ya no tienen nada. Sólo la ropa enlodada que llevaban puesta cuando huyeron de sus casas o fueron rescatados de techos, árboles o cerros. Lo que ha ocurrido es que ahora ya no están tan dispersos ni podrán ser tan fácilmente "escondidos" o disimulados tras las cifras de crecimiento económico o estabilidad.

El mundo, atónito ante la catástrofe centroamericana, mira quizá por primera vez estos rostros. Pero ellos y ellas no empezaron a sufrir con el Mitch. Cargan en sus cuerpos una desnutrición y un olvido de muchos años. El dolor de estas zonas rurales va a cuestionar de hoy en adelante y a gritos los obscenos niveles de despilfarro en los que la Managua neoliberal ha vivido satisfecha en los últimos tiempos. ¿Provocará esta tragedia un giro en la dirección de una mayor solidaridad y responsabilidad social?

Wiwilí, Quilalí, Bocay, Raití... Nombres que se hicieron famosos en los años de la guerra. De ellos no queda casi nada en pie. Mitch añadió dolor a heridas aún no sanadas entre la población y los desmovilizados de estos heroicos puntos de la geografía, que consideran que el huracán fue más destructivo que la guerra de los 80. De las 2 mil 800 casas de Wiwilí sólo 300 quedaron en pie. En San José de Bocay sólo quedaron tres. Las aguas del río Coco -el mayor de Nicaragua- crecieron más de 4 metros, sobrepasando los techos y, río arriba, llegaron a cubrir casi del todo los altos cocoteros, arrastrando todo el mundo conocido en zonas remotas de Jinotega y del Atlántico Norte. En Quilalí fue gravísima la destrucción. En los días del huracán, se iba a inaugurar allí un estadio de beisbol, que costó muchos esfuerzos levantar y que llamaban "el orgullo deportivo del Norte". No se pudo estrenar. Fue borrado por las aguas y el lodo.


Un país abandonado

Parte de la Nicaragua rural que ha herido el Mitch estaba abandonada a su suerte o era objeto ya de "otras" donaciones. Antes del huracán se estaba comenzando a desarrollar una campaña proselitista del gobierno liberal, consistente en el traslado de alimentos, ropa y servicios médicos gratuitos a distintas zonas del campo. Responsable de las giras era la Oficina de la Primera Dama, María Dolores Alemán, hija del Presidente, que repartía personalmente los donativos. Con esta actividad el gobierno preparaba el terreno a un triunfo de los liberales en las elecciones municipales del año 2000. No resulta fácil saber quién capitalizará políticamente la actual situación y el gran volumen de donaciones que llegan al país con la emergencia.

— A la par de las giras de la Primera Dama, el manejo discrecional, que hacía el gobierno, de los proyectos del Instituto de Desarrollo Rural y del Fondo de Crédito Rural habían puesto en crisis los fondos de la cooperación europea de los que dependen estas dos nuevas instituciones, aumentándose así el abandono del sector rural más empobrecido.


Cifras contradictorias

Al 10 de noviembre, las cifras seguían siendo bastante diferentes, dependiendo de su procedencia: las del Presidente hablando a medios nacionales o internacionales, las del Vicepresidente -quien dirige el Comité de Emergencia-, las de los gremios de productores, las de las autoridades o líderes locales... En números redondos, los costos humanos del desastre parecen ser: 5 mil muertos y 800 mil damnificados. No resulta alarmista afirmar que jamás tendremos un número exacto de los muertos, porque los censos en muchas zonas de desastre -recónditas, aisladas- han tenido siempre vacíos históricos. El número de damnificados representa casi una quinta parte de la población nacional.

Como corresponde a un país de niños, más de la mitad de los damnificados son niños y niñas. Un alto tanto por ciento de los clasificados como "damnificados" lo perdieron todo: la casa y todo lo mucho o poco que en la casa tenían, el ganado, las bestias de carga y transporte, y todos los animales domésticos, los árboles frutales, los cercos, las pequeñas o medianas inversiones en infraestructura de subsistencia que habían hecho en sus fincas, los siembros, las semillas, las cosechas ya a punto de corte. También pulperías, pequeños talleres y herramientas de trabajo. Todo.


El desastre ecológico previo

No han sido evaluadas aún, en conjunto, las pérdidas ecológicas del desastre. El experto nicaragüense Jaime Incer Barquero fue el primero en señalar, lúcidamente, que "la Naturaleza nos había pasado la cuenta", apuntando a que los efectos de las lluvias se hicieron más destructivos por el irracional desequilibrio que existe en el país entre los asentamientos poblacionales y las cuencas hidrográficas, por la gravísima deforestación en la zona del desastre, por la escasa voluntad reforestadora que tienen quienes deciden el rumbo de Nicaragua y también por las antiecológicas prácticas agrícolas que persisten en las zonas rurales como consecuencia de un empobrecimiento y atraso históricos. Recordó Incer las devastadoras quemas de suelos agrícolas que se produjeron en los meses de marzo y abril de este año y que deterioraron tantas tierras agrícolas, saturando de humo los cielos de todo el país durante semanas. En esta situación de desprotección ambiental, nada amortiguaba la avalancha de las aguas.

Mitch ha cambiado la geografía en varias zonas del Norte de Nicaragua, abriendo cañones y zanjas, modificando el curso de ríos y quebradas, que discurren ahora por cauces desprotegidos, arrancando árboles centenarios y afectando zonas enteras de bosques. Es muy probable que el huracán haya arrastrado a las aguas del mar toneladas de nutrientes del suelo, irremediablemente perdidos. La Madre Naturaleza tarda decenas de años en producir un centímetro de suelo fértil. Pero, como tiene también sus paradojas, es posible que los aluviones hagan fértiles algunos suelos bajos que ya estaban muy desgastados. Los campesinos más pobres, que son los que -empujados por los grandes propietarios, que ocupan las mejores tierras-, cultivan y viven en las pendientes de suelos más inclinados son, también por esta razón, quienes más perdieron.


Posoltega: el dolor mayor

El mayor desastre humano se produjo en la zona rural de Posoltega, departamento de Chinandega, en las faldas del volcán Casita, de 1 mil 400 metros de altura. El volumen de las lluvias torrenciales caído desde el 26 de octubre en el cráter del volcán provocó a mediodía del 30 de octubre un gigantesco derrumbe en una de sus laderas. La avalancha de lodo y piedras alcanzó varios metros de altura y provocó un alud que cubrió 80 kms. cuadrados de superficie, sepultando en minutos ocho comarcas y sus más de 2 mil habitantes.

Los 700 sobrevivientes del horror del Casita que, o no encontraron nunca a sus muertos o los vieron incinerar, ya irreconocibles, quedaron heridos en sus cuerpos y, tal vez para siempre, en sus almas. Un grupo de sicólogas nicaragüenses anunció que, vía Internet, habían conseguido, para usarlos en Nicaragua, los materiales con los que sus colegas colombianas atendieron la terapia de los sobrevivientes de la tragedia del Nevado del Ruiz, donde un alud similar mató a 25 mil colombianos en 1985.

La Asociación Italia-Nicaragua tenía hermosos planes para levantar varias escuelas para los niños de las comarcas de las fal- das del Casita. La población infantil ya había sido censada con ese objetivo y esto permitió conocer los nombres de muchos de los niños y las niñas que mató el lodo. El Payasito, El Pececito, Las Estrellitas... se iban a llamar las nuevas escuelas.


Proyectos alternativos arrasados

Durante años muchas de las zonas del desastre -abandonadas por la política oficial- fueron sembradas, paciente y esperanzadamente, con proyectos alternativos de desarrollo. Proyectos productivos muy variados. Un número aún no cuantificado de estos proyectos han quedado arruinados. Y habrá que empezar de cero o de menos de cero. Un ejemplo está en la tragedia de San Francisco Libre, en las orillas del lago Xolotlán, una comunidad pobrísima que estaba en franca recuperación humana y económica con una serie de proyectos alternativos de los que hablamos hace un par de años en las páginas de envío. La crecida del lago de Managua anegó el municipio y arrasó con los nuevos cultivos de pitahaya, con las crías de cerdos, con los árboles frutales, con el ganado vacuno, con los criaderos de tilapia... Con todo.

Otro ejemplo está en las cooperativas artesanales de camarones de la zona de Puerto Morazán, en las que se ha invertido tanto desde hace años. En la semana siguiente al paso del Mitch ya era tiempo de cosechar los camarones. Allí se perdió prácticamente toda la producción y el 70% de toda la infraestructura de las nuevas camaroneras de la zona, tan prometedora. Los más perdedores fueron, naturalmente, los productores artesanales.


Falta de previsión y arrogancia

En la primera semana de la tragedia fue notoria la peligrosa mezcla de lentitud y autosuficiencia de la que se revistió el Presidente y el Vicepresidente de la República y algunos de sus ministros. Arrogancia y falta de previsión acompañaron también las vísperas de la tragedia. El huracán Mitch avanzó tan lento y se sabía era tan poderoso -uno de los cuatro más potentes del siglo XX en el Mar Caribe- que podían haberse tomado algunas previsiones elementales. Pero no fue así. La tendencia del Presidente a minimizar el peligro y los efectos de las lluvias, todavía el sábado 31 de octubre, pueden haber contribuido a agravar las desgracias.

La irresponsabilidad de quienes sean responsables en Nicaragua o en Centroamérica la comparten con otros, más difíciles de identificar, en todo el mundo. Mitch fue un engendro mortífero de la peligrosa corriente de La Niña, que siguió los pasos a la corriente de El Niño. ¿Qué relación tienen estos destructivos fenómenos de grandes sequías seguidas de grandes diluvios con el cambio climático global? Lo que sí está claro es que los terribles efectos de estos fenómenos tienen mucho o casi todo que ver con un modelo de crecimiento económico cada vez más irracional e inhumano que está dominando el planeta, un modelo que imponen unos pocos a la mayoría, en todo el mundo y en cada uno de los países. También en Centroamérica.


¿Sobran médicos?

Hubo, especialmente en la primera semana, muestra tras muestra de improvisación e ineficacia sostenidas con altivez. Una de las primeras y muy notables fue el rechazo público del gobierno de Nicaragua al ofrecimiento que de inmediato hizo el gobierno de Cuba de enviar a Nicaragua a una brigada especializada en desastres de 12-15 médicos, que llegaría al país con toneladas de medicinas. La Ministra de Salud, por orden presidencial, aceptó los medicamentos, pero declaró que los médicos no eran necesarios, porque Nicaragua contaba con suficientes profesionales para enfrentar cualquier problema. Varias brigadas médicas cubanas llegaron a prestar sus valiosos servicios a Honduras, Guatemala y El Salvador. Y brigadas de médicos mexicanos, de EEUU, franceses y de otras nacionalidades llegaron a Nicaragua a prestar su ayuda.


El mundo de las apariencias

El gobierno liberal ha tenido entre sus rasgos más característicos el culto a las apariencias. Desde el primer día de su gestión, en 1997, una de sus prioridades ha sido tratar de imponer la apariencia sobre la realidad. Apariencia de desarrollo con una "economía de espuma" volcada sobre Managua, donde la inauguración del primer McDonald's, en julio 98, hizo exclamar pomposamente al Vicepresidente Enrique Bolaños que con la apertura de la hamburguesería transnacional "Nicaragua se quitaba por fin el taparrabo". Apariencia de gobernabilidad sobre una creciente descomposición social. Apariencia de reconciliación sobre una ideología anticomunista provinciana y una política de exclusión de profesionales capaces en todos los cargos públicos por la única razón de no ser afines al liberalismo.

Mitch derrumbó no sólo más de 70 puentes e innumerables torres de tendido eléctrico. Derrumbó, tal vez para un buen tiempo, la posibilidad de seguir viviendo engañados y de engañar con las apariencias. Ha quedado al desnudo ante nosotros mismos y ante el mundo la fragilidad de nuestro "desarrollo" y lo efímero o falso de nuestras cifras de "progreso". Y no sólo porque la Naturaleza fue fiera con el país, sino porque no es difícil descubrir que decenas de los miles de damnificados de hoy ya lo eran antes del huracán por la marginación sin salida que no les impuso la Naturaleza sino una minoría de sus compatriotas.


Una masa de hambrientos

En una situación tan crítica como la actual, Nicaragua podría empezar a vivir mayor descomposición social que la que ya había y podría asistir a brotes de desorden social desconocidos en los últimos años, si el gobierno y la sociedad no responden con unidad y solidaridad ante la emergencia. Es mucha la gente que ha quedado sin nada cuando ya tenía casi nada y ninguna pocas oportunidades de tenerlo.

En los primeros días, una masa de pobladores hambrientos de Telica, Chinandega, saquearon dos furgones cargados con miles de libras de carne, que quedaron estacionados en la Carretera Panamericana, sin posibilidad de circular por los destrozos que sufrió la columna vertebral vial de Centroamérica. En el saqueo murieron aplastados dos niños pequeños. Diez días después, centenares de pobladores de Estelí reclamaban comida frente a la alcaldía, armados de machetes. Dos días después, los habitantes de Ciudad Darío mantuvieron secuestrado a su alcalde durante unas horas pidiéndole como rescate sacos de frijoles para poder comer... La emergencia del hambre y de un muy previsible mayor desempleo de miles de gentes que quedaron sin vivienda, durará meses. ¿Cómo evolucionará la conciencia de los hambrientos, en tan clara crisis de liderazgo político como el que padecíamos desde mucho antes de las lluvias y el lodo?


Polémica por la "emergencia"

Un tenso debate -que nunca se resolvió- acompañó los primeros días del desastre. El Presidente Arnoldo Alemán se resistió a decretar el "estado de emergencia", tratando de aparentar normalidad y de dar confianza. Sectores sociales y políticos de todos los colores reclamaron inútilmente la declaración de la emergencia. El tema, como casi todos, se politizó. Por fin, el Presidente declaró "estado de desastre natural parcial", sólo en determinadas áreas de algunos departamentos, argumentando con una falacia jurídica: la emergencia exigiría suspenderle a los ciudadanos una larga serie de derechos civiles y "una democracia" no podía permitirse eso. La contradicción mayor se produjo cuando el Presidente, sin decretar emergencia nacional, nombró al Comité Nacional de Emergencia, al frente del cual puso al Vicepresidente Bolaños. También decretó Alemán tres días de "duelo nacional" con la bandera a media asta. Unos días antes había llamado "loca" a la alcaldesa de Posoltega, cuando desesperada clamaba por ayuda para los sobrevivientes de su municipio arrasado.

¿Razones de la resistencia a declarar la emergencia? Varias. Temor de un gobierno donde muchos altos funcionarios son banqueros a que la banca privada se vea obligada a condonar deudas de forma masiva. Aunque los bancos privados no han colocado muchos créditos en el agro, se calcula que el 28% de toda la cartera de la banca privada sí lo estaba y este dinero se perdió. También tenía temor un gobierno centralizador a verse forzado a trasladar poder, recursos y funciones a los municipios. Y un gobierno que ha tratado por todos los medios de arrinconar, debilitar y deslegitimar a las organizaciones de la sociedad civil temía perder el control o la hegemonía sobre las donaciones que atrae siempre una emergencia.


¿Hora del municipalismo?

El huracán afectó, de una forma o de otra a más de la mitad de los 145 municipios de Nicaragua. Antes de la tragedia, muchos de estos municipios hoy devastados se habían declarado en bancarrota por el centralismo del Ejecutivo. En los primeros días de la tragedia, la Asociación de Municipios de Nicaragua hizo público un comunicado en el que decía: "AMUNIC le hace un llamado a toda la población para que continúen apoyando a los alcaldes de sus municipios. Los recursos con los que cuentan son muy pocos, y en algunos casos, nulos. Recordemos que las municipalidades no reciben partida presupuestaria, y para situaciones como éstas, sólo cuentan con la solidaridad y la buena voluntad de sus ciudadanos. En momentos como éste es cuando se hace evidente la necesidad de una efectiva transferencia del Presupuesto General de la República a las municipalidades. El ejemplo de los Alcaldes en medio del drama, la necesidad de reconstruir los municipios afectados y la falta de recursos demandan estas transferencias."

A medida que en la primera semana de noviembre empezaron a bajar las aguas, comenzaron a aparecer cadáveres sepultados en las toneladas de lodo acumulado por los diluvios. A medida que iban subiendo y bajando las aguas, empezó a hacerse manifiesto el acumulado de errores sociales, políticos y éticos de la actual sociedad nicaragüense. Apareció el irrefrenable afán de protagonismo y de "robar cámara" de un buen grupo de dirigentes políticos de todos los colores, aparecieron los altos costos que ahora hay que pagar por años de desorganización de los pobres, aparecieron los vacíos provocados por la actitud del poder central frente a los poderes locales.

Pero todas las crisis son también oportunidades. Y a la par del afloramiento de tantas actitudes negativas, también empezó a surgir una nueva conciencia de responsabilidad y solidaridad, una conciencia de nación en nuevos y aún desconocidos dirigentes locales, y una espontánea organización en municipios y comunidades que -aunque insuficiente para afrontar tanta tragedia- ha creado vínculos forjados en el dolor y puede hacer brotar experiencias nuevas en el seno de los poderes locales. Tal vez esta tragedia signifique la hora del municipalismo, la hora de reforzar a los alcaldes y de potenciar sus espacios de acción y de decisión.


Costos de la polarización

No será sin tensiones que se fortalezcan los poderes locales. La atención a la emergencia puso de manifiesto las rivalidades políticas y los altos grados de polarización partidaria en los que vive inmerso un sector de la clase dirigente del país y también algunos sectores de la sociedad. La manipulación partidaria se hizo evidente en el proceder de altos cargos gubernamentales. Las discrepancias políticas impidieron la coordinación en la entrega inmediata de ayuda en varios puntos del país y añadieron más negligencias a las actividades de socorro y atención de los damnificados y a la recepción de donaciones. Las discrepancias pueden dificultar las tareas de reconstrucción.

El Presidente de un gobierno que se proclama a diario "facilitador" no facilitó la despolarización ni dejó de dar muestras de intolerancia y exclusión, no incorporando al Comité de Emergencia Nacional ni a sectores organizados de la sociedad civil ni a la organización de alcaldes del país ni a los sectores evangélicos.

El 4 de noviembre, algo menos seguro en sus gestos y palabras, el Presidente de la República encomendó a los obispos católicos de las diócesis más afectadas por el huracán la dirección de los Comités de Emergencia departamentales, para que canalizaran las ayudas a través de parroquias y de grupos religiosos, mientras ya para ese momento muchos alcaldes habían decretado "emergencia municipal" haciendo uso de la autonomía que les concede la Ley.

La decisión de entregar la dirección de la emergencia a los obispos fue cuestionada como un atentado a la institucionalidad, porque significa desconocer a las autoridades municipales. La cuestionaron también dirigentes evangélicos de un país donde más del 30% de la población pertenece a denominaciones evangélicas.


Incalculables costos políticos

Es difícil evaluar los costos políticos del desastre, tanto para el gobierno como para el principal partido de oposición, el FSLN. Antes de la desgracia, dirigentes liberales en el gobierno y dirigentes del FSLN, en un clima dominado por el huracán de la corrupción, estaban a punto de concluir un cuestionado pacto económico y político-institucional que representa un importante golpe a la ya frágil institucionalidad del país. Y por eso, un serio desafío al también frágil movimiento social.

La conducción institucional del FSLN ha tendido a ignorar a los poderes locales durante mucho tiempo, más interesados sus dirigentes en los hoy lucrativos espacios del poder central. Los 52 municipios con alcaldes del FSLN han estado trabajando descoordinados, sin estrategia, desconociendo este partido los espacios de poder real que brinda el poder local, desaprovechando los espacios de participación ciudadana, de democracia representativa, que ha abierto la Ley de Municipios. A la hora de la desgracia, mientras el gobierno central desconocía la institucionalidad violando la autonomía municipal y relegando a los alcaldes de la conducción de los comités de emergencia, cierta dirigencia del FSLN se volvió oportunistamente hacia el poder local, tratando de manipular partidistamente el heroísmo de algunos alcaldes, especialmente el de la ejemplar Felícitas Zeledón, alcaldesa de Posoltega.

Días antes de la tragedia, el Vicepresidente Enrique Bolaños, en unas desacertadas declaraciones, había rechazado la posibilidad de la candidatura presidencial de cualquier militar, descalificando a los militares porque "sólo sirven para matar". Bolaños preside el Comité de Emergencia Nacional, donde el trabajo realizado por el Ejército de Nicaragua en el rescate y abastecimiento de la población damnificada ha sido ejemplar, insustituible y encomiado por todos. También lo tuvo que reconocer así el propio Bolaños.


Ayuda con transparencia

La comunidad internacional y varias instancias nacionales expresaron pública o privadamente su preocupación porque la ayuda internacional de todo tipo que llegará al país durante un buen tiempo sea manejada con transparencia y llegue realmente a los damnificados. Ronda en muchas mentes el fantasma de lo sucedido con la ayuda que llegó a manos del gobierno somocista en 1972, cuando el terremoto. Y ronda el más cercano fantasma de los gruesos casos de corrupción en que altos funcionarios del gobierno de Arnoldo Alemán estaban envueltos en los meses que precedieron a la tragedia.

El Contralor General de la República, Agustín Jarquín, recomendó que los alcaldes fueran incorporados a los Comités de Emergencia y sugirió que ninguna ayuda llegue o se entregue a nombre de partidos políticos. A solicitud de varios gobiernos y organismos internacionales, la Contraloría destacó auditores en los lugares donde se recibe la ayuda y tendrá incidencia en su control desde que ésta llega al país, y no sólo al final de la emergencia, como parecía ser la voluntad del Presidente de la República.

El jurista liberal Sergio García Quintero señaló acertadamente sobre este espinoso asunto: "El pueblo de Nicaragua desconfía del gobierno del doctor Alemán y del Comité de Emergencia Nacional creado por él, porque posiblemente intuye la profundidad de todo lo que implican las conclusiones a las que el Banco Mundial llegó con respecto a Nicaragua en su documento de marzo de 1998, donde dice: 1. Que en Nicaragua el sector público es débil e ineficiente. 2. Que el gobierno adolece de una falta de prioridades claras sobre los problemas y objetivos a ser resueltos en corto y mediano plazo.3. Que el sector público muestra una débil coordinación entre los distintos programas sociales que hacen que los acuerdos institucionales sean deficientes. 4. Que la trans- parencia del gobierno es insuficiente en lo que hace al uso de los recursos públicos. 5. Que los controles internos y auditorías son frágiles. 6. Que el gobierno genera una falta de confianza en la aplicación de las leyes y una escasa confiabialidad en el sistema judicial, lo que constituye el mayor obstáculo para la inversión nacional y extranjera."

Desconfían también otros pueblos, solidarios en esta hora con el drama de Nicaragua y Centroamérica. "Impresionan y asombran las respuestas nunca vistas de solidaridad del pueblo español, pero nos asustan las uñas largas de algunas manos por las que puede pasar esa solidaridad. Aún así no los dejaremos solos", nos dijeron amigos de envío en España.


Los muertos, los olvidados

El 2 de noviembre, día de difuntos, los nicaragüenses lloraron a sus muertos pero no siempre en los cementerios. Mientras los sobrevivientes de Posoltega vivían un duelo masivo sin encontrar aún a centenares de sus familiares, los habitantes de Chinandega, Estelí o Jinotega descubrían cómo los aluviones de agua y lodo habían sacado de sus tumbas féretros y esqueletos en los cementerios de estas ciudades.

Hasta el 5 de noviembre no comenzaron a llegar las primeras noticias de la devastación sufrida en la Costa Atlántica de Nicaragua. Y el 10 de noviembre aún no había noticias claras del paradero de los habitantes de más de 70 comunidades mískitas del Río Coco arriba, que lo perdieron todo con la inesperada crecida del caudal del río. El reverendo Norman Bent, representante de la Iglesia Morava, cifró en 45 mil los damnificados en el Atlántico, especialmente en la Región Norte, y denunció la falta de información y de acciones de urgencia en esta zona del país como "una expresión más de racismo y del abandono con el que históricamente han sido tratadas nuestras comunidades".


Deuda externa: la oportunidad

El Presidente de la Comisión Nacional del Café fue el primero en exigir al gobierno "un plan económico acorde con la tragedia", recordando que "Managua no es Nicaragua, que Managua come de Nicaragua". Días después, otros sectores políticos y sociales pedían lo mismo. El FSLN propuso "modificaciones al plan económico." Desde el primer momento de la tragedia, el Presidente del Banco Central de Nicaragua, Noel Ramírez, insistió en que el ESAF, el programa de ajuste estructural, continuaría aplicándose de forma invariable.

El cambio más importante que puede darse en el marco macroeconómico tiene que ver con la reestructuración o cancelación total o parcial de la deuda externa o con una moratoria en el pago de sus intereses. Fue en Alemania y tan pronto como el 1 de noviembre donde surgieron las primeras voces que pedían la cancelación total, y sin condiciones, de la deuda externa de Honduras y de Nicaragua, dos países extremadamente pobres, altamente endeudados y los dos más castigados por la furia del huracán. La iniciativa nació en un organismo de la sociedad civil alemana, el Instituto Sudwing. Pidiendo que la deuda fuera perdonada y se creara un Fondo de Emergencia para paliar los efectos del desastre, recordaban que "la deuda externa tiene paralizadas las posibilidades de desarrollo económico de estos dos países" aún antes del paralizante desastre. En el primer borrador de la iniciativa, se señalaba que en 1997 Honduras pagó 410 millones de dólares en intereses de la deuda y sólo dedicó 16 millones a la compra de equipo médico y quirúrgico, imprescindible para dar respuesta a una catástrofe como la que hoy vive. En 1998 Nicaragua debía pagar en intereses 240 millones de dólares.

La posición oficial del gobierno de Nicaragua -tal vez la única que puede tener dentro del estricto marco del ajuste- es solicitar que se le adelanten los plazos para ingresar a la iniciativa HIPC -por sus siglas en inglés-, que viene siendo promovida desde hace algunos años por el Banco Mundial para aliviar la deuda de los países pobres y altamente endeudados. Esta iniciativa, en la que Nicaragua pensaba poder entrar -ya desde antes de la emergencia- a fines del año 1999, exige de los países el cumplimiento exacto y durante varios años de un duro programa de ajuste estructural y les concede, a cambio, la cancelación del 80% del principal de la deuda, reduciendo en algún nivel el pago de los intereses. La iniciativa HIPC ha sido muy criticada no sólo por las organizaciones de la sociedad civil de todo el mundo, que la consideran totalmente insuficiente, sino también por gobiernos como el británico. Los críticos le han propuesto modificaciones muy interesantes. En este sentido, es útil repasar el contenido del documento "La vida antes de la deuda", elaborado por ONGs católicas de todo el mundo (envío núm. 195 de junio 98).

Aprovechando una emergencia no sólo tan grave, sino tan publicitada internacionalmente, ¿pueden aspirar Nicaragua y Honduras a la cancelación total de sus deudas externas? Es difícil imaginarlo. Una cancelación total sería un precedente preocupante para el sistema financiero internacional, que tiene en el pago de las deudas externas de los países del Sur un importante mecanismo de control de sus economías. Otros países también muy pobres y muy endeudados empezarían a aspirar a una medida de perdón similar. En estas circunstancias, pareciera que lo máximo que podrá lograr Nicaragua es la entrada inmediata a la HIPC y una reducción de los intereses anuales para que no superen el 10% del valor de sus exportaciones.


Respuesta internacional

A partir del 5 de noviembre comenzó a llegar a Nicaragua ayuda humanitaria de todas partes del mundo. La comunidad internacional, conmovida por las impactantes imágenes de la devastación sufrida en toda Centroamérica, respondió con respuestas sin precedentes. La sociedad civil española lo hizo de forma ejemplar, batiendo todos los récords conocidos en cualquier anterior campaña humanitaria. En sólo dos días recolectaron más de 35 millones de dólares. Los gobiernos del mundo enviaron junto a toneladas de comida y medicinas, equipos militares, técnicos y profesionales para colaborar en tareas de reconstrucción que superan la capacidad de los países centroamericanos. Las inyecciones económicas que recibirá Nicaragua y toda Centroamérica paliarán parcialmente y sólo en los primeros meses los efectos más visibles del desastre y rehabilitarán -¿en qué medida?- la infraestructura dañada, pero aún así, las ayudas económicas sólo reconstruyen pero no reactivan la economía.

Mientras el mundo descubría que Honduras existe, el pueblo de Nicaragua, que se acostumbró a estar "en el centro del mundo" en los años 80, durante la revolución sandinista, volvió a ocupar por varios días titulares e imágenes en las primeras planas de los medios de todo el planeta. Ahora en otra posición, no menos digna, pero sí más abatida, más sumisa, más cansada.

Rápidamente se pone de acuerdo la comunidad internacional en momentos como éstos para aliviar el dolor. La rapidez para las respuestas humanitarias que permiten no morir de hambre o de sed o de diarrea a millones en los primeros momentos de un desastre natural y espectacular, contrasta con la lentitud o la desidia en las respuestas estructurales que hagan posible el desarrollo en paz para todos, que construyan un mundo en el que nadie nunca en ningún país tenga por qué morir de hambre, de sed o de diarrea.

El papel de Estados Unidos

Los organismos financieros internacionales que controlan la economía de Nicaragua y que son controlados por Estados Unidos -Banco Mundial, BID y FMI- liberaron más de 60 millones de dólares para reparación de la infraestructura dañada en Nicaragua, urgencia estratégica en cualquier plan de recuperación. Facilitará esta tarea el comienzo del verano, ya sin lluvias.

Después de tímidas e indolentes reacciones del gobierno de Estados Unidos, enfrascada su clase política en las elecciones para el Congreso del 4 de noviembre, la AID calificó el desastre como "la mayor catástrofe natural del hemisferio occidental" y creó un Fondo de Ayuda de Emergencia a Centroamérica de 70 millones de dólares, la mitad en alimentos y la mitad en equipo especializado para reconstruir la infraestructura y enfrentar desastres. Unos días después -viendo las masivas respuestas de apoyo de otros gobiernos, más lejanos y menos responsables de las tragedias bélicas en Centroamérica- aumentaron 10 millones de dólares. La cantidad resulta insignificante contrastándola, simplemente, con la ayuda recogida en sólo días, persona a persona, por la sociedad española. Con entusiasmo pomposo, el embajador de Nicaragua en Estados Unidos, Francisco Aguirre, calificó la ayuda de Estados Unidos como "un Plan Marshall para Centroamérica".


Imágenes reales del país

El modelo neoliberal ha impuesto en países como Nicaragua un Estado que reduce o abandona sus responsabilidades sociales, que recorta cada vez más el gasto público, el gasto social, y que abandera las bondades de privatizar la salud y la educación. ¿Qué cruel significado puede tener esta teoría "modernizante" en un país como éste y ante una tragedia como ésta?

En vísperas del huracán, el Canciller de Nicaragua, Eduardo Montealegre, afirmaba en todas sus declaraciones que había que "vender a Nicaragua". Venderla a los inversionistas extranjeros, venderla a los turistas del Primer Mundo. La tragedia ¿cómo afectará la inversión? Es evidente que los tímidos avances en la industria turística y sus optimistas proyecciones fueron canceladas. Es difícil imaginar que la Nicaragua devastada, con tanta miseria visible y publicitada y con proyecciones de graves epidemias sea un destino atractivo para algún satisfecho ciudadano del Norte. Y es previsible suponer que tardará mucho en serlo.

Más de siete plagas amenazan extensos territorios del país. Porque el exceso de agua caída del cielo -causante, entre otros desastres, de la destrucción de decenas de miles de letrinas- es colosal caldo de cultivo para varias epidemias: malaria, dengue, parasitosis, leptospirosis, hongos de todas clases, enfermedades respiratorias de todo tipo... A su vez, la falta de agua potable originará otras enfermedades: cólera, conjuntivitis, hepatitis, tifus, infecciones... Antes del Mitch empezaban ya a estar fuera de control muchas de estas enfermedades por la crisis existente en el sistema de salud pública, en proceso de privatización. A lo largo de 1998 se multiplicaron los casos de dengue en todo el país y entre todas las clases sociales.


Pérdidas en la producción

Comparando cualquiera de las cifras de pérdidas materiales que han ido apareciendo con los miles de millones de dólares que perdieron las bolsas asiáticas o con el valor de los activos de las corporaciones transnacionales, la devastación que produjo el Mitch en Nicaragua es insignificante. Se calcularon 1 mil millones de dólares como total de las pérdidas materiales. La verdadera magnitud de cualquier número sólo alcanza relieve cuando leemos los datos en la dimensión nicaragüense.

En una primera valoración, la Unión Nacional de Agricultores y Ganaderos (UNAG) dio por perdidas 215 mil manzanas de los más diversos cultivos, algunos de ellos ya a punto de cosechar -maíz, frijol, sorgo, arroz, soya, ajonjoli, maní-, lo que representa el 52% de toda el área de siembra de postrera y el 35% de toda la producción del ciclo 97-98. Valoraron las pérdidas en el agro en por lo menos 52 millones de dólares. Esta cantidad es sólo un par de millones más de lo que se gastó Kenneth Starr en investigar las aventuras sexuales de Clinton...

Sin saber la cuantía exacta de lo perdido, rubro por rubro, en la zona afectada -donde vive un 44% del hato ganadero- se da ya por perdido el 42% de la producción de leche y el 70% de la de café. A lo largo de 1998, antes del Mitch, y tras varios años de sequía, la esperanza de todos estaba puesta en "un invierno cosechero". Por esto, se habían incrementado en todo el país las áreas sembradas con granos básicos. Gran parte de este esfuerzo y de estas esperanzas se perdió con las lluvias. Ahora, se presenta la siembra de apante -la última del ciclo agrícola- como la salvación inmediata para la escasez e inevitable alza de los precios de los granos básicos que se avecina. Pero se trata de una solución parcial y focalizada, porque no se puede sembrar apante en todas las tierras agrícolas de Nicaragua.

La escasez de frijol será la más dramática. Dos escenarios cabe esperar respecto a la oferta de todos los granos básicos. Una importación o recepción masiva de donativos, que mantendrá o bajará los precios y que afectará los bolsillos de los productores de cosechas diezmadas que aspiran a levantarse vendiendo lo poco que les quedó. O un alza de precios, con devastador efecto para los pobladores urbanos de menores ingresos -desempleados, sector informal-. La situación será propicia para que en la justa lógica del mercado se introduzca la menos justa lógica de la especulación.


Arroz, ganado, hortalizas...

El fértil valle de Sébaco se convirtió en un gigantesco lago. El arroz tuvo en el valle grandes pérdidas, y las estratégicas cosechas de hortalizas de esta zona se arruinaron en su totalidad. Zanahorias, cebollas, repollo y otras verduras tendrán que ser importadas de Costa Rica. Esta escasez -que se empezó a sentir de inmediato-, unida a la de- vastación en tantas áreas dedicadas a granos básicos atenta contra la ya precaria seguridad alimentaria de la población nicaragüense y muestra la fragilidad de una economía que depende fundamentalmente del sector agrícola, pero que tiene los mayores porcentajes de su población en ciudades.

UPANIC calcula en 12 mil las cabezas de ganado que se ahogaron. Pueden ser más según otras cifras. Después del desastre, muchas más morirán o disminuirán su producción lechera por la falta de pastizales, por la proliferación de enfermedades mal atendidas y por el estrés que les causan los diluvios. Más incalculable es el número de gallinas, cerdos, cabras y todo el ganado menor, que juega un papel clave en la economía de los campesinos más pobres, y que se perdió en su totalidad. Una vivienda se levanta relativamente rápido, pero la reactivación de la unidad de producción campesina es un proceso cuya velocidad es proporcional al capital disponible. Algunas zonas del campo han quedado totalmente descapitalizadas con las inesperadas avalanchas de lluvia y lodo.

El cultivo que menos sufrió en las zonas castigadas por los embates de Mitch fue el café. Sin embargo, primeros estimados de productores de Jinotega y Matagalpa -la principal zona cafetalera del país- hablaron de que el 30% de la cosecha se había perdido y que el resto, a punto ya de corte, amenazaba con perderse, por lo ruinosos e intransitables que quedaron más de mil kilómetros de caminos de penetración a las haciendas cafetaleras. En cuatro mil se calculan los kilómetros de carreteras dañadas en la zona del desastre.


Pérdidas en cadena

No sólo hay que cuantificar las pérdidas directas. Se producirá un efecto en cadena que se hará sentir en cada localidad: los comerciantes que tuvieron la fortuna de no perder su mercadería no tendrán a quién vender. El desplome económico de varios sectores agropecuarios y el incremento del desempleo -por la destrucción de innumerables planteles artesanales y de pequeñas industrias locales- aniquilará a decenas de miles de nicaragüenses como consumidores. Nicaragua verá agudizarse el problema, ya preocupante, de una demanda mortecina en la inmensa mayoría de su población.

Es previsible que se aceleren los procesos de urbanización, las migraciones del campo a las ciudades, ya plagadas de desempleados venidos de zonas rurales desde mucho antes del Mitch. El gobierno liberal ha mantenido un discurso de permanente apuesta al sector rural -hacer de Nicaragua el "granero de Centroamérica", la hora de "la revolución rural", etc.- pero sin proporcionar los servicios básicos que hagan atractivo el vivir y el trabajar en el sector rural. ¿Lo hará ahora? Unas 320 escuelas rurales han quedado destruídas, más de 200 se convirtieron en refugios, hay innumerables puestos de salud rurales arruinados y decenas de miles de viviendas campesinas que ya no existen... ¿Cómo retener en estas zonas a una población rural en estado tan crítico? Son previsibles también migraciones masivas, más masivas que nunca, hacia los "paraísos" de Costa Rica y de Estados Unidos. Incluso, a los de México y Guatemala.

A todos los costos por lo que pasó, hay que añadir los costos por lo que ya no pasará. La inversión que no llegará porque lo ocurrido mina la confianza en la futura prosperidad de Nicaragua. Y el declive de la productividad debido a las enfermedades, desnutrición y precaria situación en la que han quedado decenas de miles de trabajadores del campo y de las ciudades.

Lo que resulta más imposible de medir, de cuantificar en ningún informe, ni en estos apuntes, son las huellas que el trauma de esta inesperada tragedia puede dejar en la conciencia del pueblo de Nicaragua y los estragos que causará el estrés postraumático en el que han quedado tantas decenas de miles de hombres, mujeres, niñas y niños que vieron morir a familiares, amigos y vecinos y lo perdieron todo en una avalancha a la que no le hallan sentido. En vísperas del huracán, Nicaragua era una sociedad de desempleados, con altísimos grados de violencia contra mujeres, niñas y niños en los hogares, una sociedad asaltada por la desesperanza en la que cada 24 horas se suicidaba un nicaragüense en algún lugar del país. ¿Y ahora? ¿Será posible que la élite política y empresarial de Nicaragua continúe siendo la misma que era en las vísperas de la tragedia? Pareciera que, si no éticamente, técnicamente es imposible.


Oráculo sobre Nicaragua

En 1973, Ernesto Cardenal escribió un histórico poema, "Oráculo sobre Managua". Sobre la Managua destruida por el terremoto del 22 de diciembre de 1972. Sobre los escombros de la muerte, Cardenal escribió: "Ahora desde el seminario se mira otra Managua / unos segundos y todo el orgullo se fue a la mierda / cascarones de casas como huevos podridos y quemados / paredes ahumadas / ventanas como cuencas sin ojos..." Y concluía su trágica descripción del desastre avizorando la resurrección, el principio del fin de una era de injusticias, la era del somocismo: "Sólo los muertos resucitan / otra vez hay otras huellas / no ha terminado la peregrinación." Y así fue. ¿De qué será principio esta catástrofe? No termina nunca la peregrinación del pueblo de Nicaragua.

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