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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 199 | Octubre 1998

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América Latina

Radios comunitarias y ciudadanas: derechos y deberes

En el 50 aniversario de la proclamación de los derechos humanos, y a 50 años de que surgiera en Colombia la primera radio educativa del continente, los radialistas de América Latina y el Caribe integrados en la Asociación Mundial de Radios Comunitarias (AMARC) estudian y debaten los 26 principios de esta "Carta de las Radios Comunitarias y Ciudadanas".

Equipo Envío

La comunicación es un derecho humano universal y fundamental.. La palabra nos aproxima, nos revela, nos desarrolla, nos hace mejores hombres y mujeres. La comunicación nos humaniza.

La palabra pública forma parte indisoluble de la libertad de expresión. Esta libertad implica el derecho a recibir y emitir información y opiniones, sin fronteras ni censura, a través de cualquier medio de comunicación. El único límite de este derecho es el derecho ajeno, el respeto a la dignidad y privacidad de los demás.

La radiodifusión es un ejercicio de la libertad de expresión mediante un determinado soporte tecnológico: las ondas electromagnéticas. Para ejercer este derecho con independencia, la sociedad civil debe contar con emisoras propias que le den voz pública y le permitan ser sujeto de su propio desarrollo.

El espectro electromagnético pertenece a la comunidad internacional, se reconoce como patrimonio común de la Humanidad. Corresponde a los Estados administrar este recurso, que es limitado, para favorecer de la manera más amplia y equitativa la libertad de expresión que se ejerce a través de las ondas.

Las frecuencias radioeléctricas no pueden venderse ni subastarse, puesto que el titular de las mismas es la sociedad como tal y la finalidad primaria de los medios de comunicación es el servicio público, antes que otras finalidades lucrativas o proselitistas. Así pues, el Estado, como buen administrador de las ondas, garantizará la libertad de antena, es decir, el acceso de todos los sectores sociales, en igualdad de oportunidades, al espectro electromagnético, con transparencia en la asignación de las frecuencias y con requisitos técnicos razonables para la operación de los equipos transmisores.

El monopolio y la tendencia a concentrar las frecuencias radioeléctricas en pocas manos, atenta contra la libertad de expresión, empobrece el indispensable pluralismo informativo, y debe ser impedido a través de políticas nacionales de comunicación. Los Estados reservarán una cuota de frecuencias para las organizaciones civiles sin fines de lucro en las bandas de AM y FM, en los canales de televisión abiertos, así como en los nuevos canales numéricos.

Las radios comunitarias y ciudadanas no pueden reglamentarse con medidas inconstitucionales, tales como el establecimiento arbitrario de mínimos de potencia o la prohibición de vender publicidad, de hacer cadenas o la limitación, sin causas técnicas, en el número de frecuencias asignadas por localidad o región. Los medios de servicio social no buscan ningún privilegio frente a los medios comerciales o estatales. Pero no aceptan ninguna discriminación respecto a éstos.

Las acciones de algunos gobiernos destinadas a entorpecer la labor de los medios comunitarios, tales como amenazas y atentados, confiscación de equipos, bloqueo publicitario, detención de comunicadores, y la negativa o demora injustificada en la asignación de frecuencias, atentan contra la libertad de expresión y deben ser denunciadas.

Miles de radios comunitarias en Europa y Australia, en Africa, Asia y en las Américas, a lo largo y ancho de nuestro planeta, desarrolladas exitosamente desde hace décadas, se han legitimado ante sus audiencias, conquistando así el derecho al reconocimiento legal. Estas experiencias han sido y siguen siendo expresión de las más justas aspiraciones de la sociedad civil, especialmente de las mayorías empobrecidas y discriminadas del mundo, así como de las minorías marginadas.

Algunas de estas emisoras no tienen aún su licencia. No por esto son clandestinas ni deben ser silenciadas. Al contrario, son las leyes de algunos países, obsoletas y discriminatorias, las que deben ampliarse y modernizarse. Las radios comunitarias, con licencias de transmisión o en trámites para obtenerlas, expresan su compromiso con la legalidad democrática y la cultura de paz.

Radios comunitarias, ciudadanas, asociativas, populares, educativas, libres, participativas, rurales, interactivas, alternativas, alterativas… en cada época y lugar se han caracterizado con distintos nombres, mostrando así la diversidad y riqueza del movimiento. Pero el desafío ha sido el mismo: democratizar la palabra para democratizar la sociedad.

Una radio comunitaria se define por la comunidad de intereses que representa. Pueden ser intereses barriales o campesinos, sindicales o gremiales, étnicos, de género o de generación, intereses de una comunidad universitaria o de un grupo de ecologistas, artísticos o deportivos, intereses de los niños y niñas, de iglesias progresistas, de organizaciones populares, de movimientos sociales inconformes con la actual distribución de la palabra y las riquezas, que buscan un mundo más equilibrado y más feliz.

Comunitarias pueden ser las radios grandes o chicas, de corto o largo alcance, transmitiendo a través de cualquier banda del espectro. Lo comunitario no hace referencia a un lugar pequeño, sino a un espacio de intereses compartidos. Comunitarias pueden ser las emisoras que trabajan con equipos artesanales y también las que han logrado un mayor desarrollo tecnológico. Comunitarias son las que laboran con personal aficionado y aquellas que han alcanzado un buen nivel de profesionalismo. Lo comunitario no se contrapone con la producción de calidad ni con la condición de empresa rentable. Comunitarias pueden ser las emisoras de propiedad cooperativa, o las que pertenecen a una organización civil sin fines de lucro, o con cualquier otro régimen de propiedad que garantice un periodismo independiente y un compromiso auténtico con los intereses de la ciudadanía.

Lo que define a estas radios son sus objetivos socioculturales. Equidistantes de quienes utilizan las emisoras con una finalidad prioritariamente lucrativa o de quienes ven en ellas aparatos de propaganda política o religiosa, los comunicadores y comunicadoras comunitarios entienden su trabajo como una vocación de servicio a la sociedad. Un servicio altamente político y movilizador: se trata de influir en la opinión pública, de crear consensos en torno a causas nobles, de ayudar a mejorar la calidad de vida de la gente, de propiciar el ejercicio de derechos y el cumplimiento de deberes. En definitiva -y por ello el nombre- de construir comunidad, de ciudadanizar.

En estos tiempos de globalización y homogenización crecientes, las radios comunitarias se convierten en espacios de participación ciudadana donde se expresan todas las voces y se defiende la diversidad de idiomas y culturas. El derecho a ser y pensar diferente, a tener gustos y aspiraciones distintas, se vuelve hoy un imperativo de la democracia. Naturalmente, el derecho a la diferencia implica el deber de la tolerancia.

La defensa de los Derechos Humanos, la promoción de un desarrollo humano sostenible, la equidad de género, el respeto a las identidades étnicas, la preservación del medio ambiente, el protagonismo de los jóvenes, la protección de la niñez y de la tercera edad, la educación y la salud, así como la integración nacional y regional, constituyen prioridades del quehacer comunicacional de las radios comunitarias y ciudadanas.

La participación de las mujeres en las radios comunitarias y ciudadanas debe estar garantizada en todos sus niveles. Esto supone, especialmente, mostrar una imagen real y valorada de la mujer y asumir la perspectiva de género a lo largo de toda la programación. Asimismo, asegurar la presencia equitativa de las mujeres en los cargos directivos.

Las radios comunitarias y ciudadanas son democráticas. Contribuyen a la libre expresión de los distintos movimientos y organizaciones sociales, así como a la promoción de toda iniciativa que busque el desarrollo, la paz, la amistad entre los pueblos y la soberanía de las naciones. En estas emisoras no existe discriminación por motivos de raza, género, clase social, preferencia sexual, opiniones políticas o religiosas. En su programación se abren espacios para el libre debate de ideas en un ambiente pluralista y sin ningún tipo de censura, directa o indirecta. Todo el mundo puede hablar y toda palabra se respeta, incluso la de aquellos que no comparten su línea editorial y combaten sus posiciones.

Las radios comunitarias y ciudadanas son independientes. No aceptan presiones de las autoridades políticas, militares o religiosas. No se dejan sobornar por los poderes públicos ni económicos. No se callan ante la injusticia y denuncian la corrupción venga de donde venga. No tienen otro criterio periodístico que la verdad. Ni otro compromiso que con la justicia y los intereses de los más necesitados.

Las radios comunitarias y ciudadanas son informativas. Cultivan un periodismo ágil, urgente, en pos de la primicia. Sus noticias están verificadas, confrontando diversas fuentes, sin dar cabida a rumores ni al morbo sensacionalista. Son las primeras en informar y las más serias en analizar lo informado. Estas radios trabajan el periodismo investigativo, que supone altos riesgos, pero que multiplica la credibilidad del medio. Ofrecen siempre el derecho a réplica. Mantienen una política informativa coherente con los principios éticos y asumen su responsabilidad social.

Las radios comunitarias y ciudadanas son educativas. La primera educación consiste en acompañar a la audiencia, hacerle más llevadera la jornada, ofrecer programas útiles que ayuden a resolver los mil y un problemas de la vida cotidiana. Educativos son también aquellos espacios donde los oyentes dan su opinión y debaten temas de actualidad, así como los espacios de divulgación científica, promoción de la salud y el ejercicio de los derechos y deberes de la ciudadanía. La participación de la audiencia es constante, en directo y a través de todos los canales: teléfonos, público en cabina, unidades móviles. Son emisoras callejeras, que están donde está la gente.

Las radios comunitarias y ciudadanas son entretenidas. Recuperan la magia del lenguaje radiofónico empleando todos los variados y sensuales recursos que el medio permite. Sus locutores y locutoras son alegres, entusiastas, saben conjugar el contenido con la forma, saben seducir a la audiencia. Su lenguaje es cotidiano, sin ninguna afectación. La música que suenan es de amplia aceptación, sin ningún elitismo, combinando lo nacional con lo extranjero, los artistas locales con los famosos, sin dejarse arrastrar por la pauta comercial impuesta por las disqueras. Radios frescas, coloridas, enraizadas en la vida de la gente, con una programación que responde a los gustos masivos y que hace del buen humor su primera propuesta.

Las radios comunitarias y ciudadanas son rentables. No tienen fines de lucro, es decir, no privatizan sus utilidades. Pero sí producen ganancias, que se reinvierten en la misma empresa para volverla cada vez más competitiva. Pasan publicidad, con los debidos filtros éticos. Exploran mil maneras para financiarse, sin descuidar la cooperación internacional y los debidos aportes del Estado que promueve a través de ellas campañas en favor del bien común. Más que como simples emisoras se conciben como centros culturales, donde obtienen ingresos mediante actividades artísticas, teatrales, deportivas, talleres de formación, una tienda de discos, una cafetería anexa y venta de otros servicios. En el equipo de la radio se respetan los derechos de los trabajadores y trabajadoras y su seguridad social. La gestión es democrática, en coherencia con los principios igualmente democráticos del proyecto radiofónico.

Las radios comunitarias y ciudadanas son modernas. Superando cualquier marginalidad o automarginación, estas emisoras buscan renovar su infraestructura tecnológica y capacitar permanentemente a su personal para lograr una mayor eficacia y un mejor posicionamiento. Según el perfil de su programación, aspiran a los primeros lugares del rating, sin sacrificar por ello los objetivos sociales que son la razón de ser del proyecto.

Las radios comunitarias y ciudadanas son interactivas, se deben a sus audiencias. Someten su programación a la evaluación del público y la modifican de acuerdo a las buenas sugerencias recibidas. Instalan una defensoría de los consumidores del medio. Investigan permanentemente las expectativas de los oyentes y la imagen, adecuada o no, que están proyectando. Sus finanzas son transparentes y sus libros de cuentas pueden ser consultados por cualquiera que así lo desee. Como empresas sociales que son, estas emisoras se dejan fiscalizar por la sociedad a la que sirven y representan. En este proceso de participación, la audiencia va apropiándose del medio y sintiéndolo como suyo.

Las radios comunitarias y ciudadanas son solidarias entre sí. Se hermanan, se apoyan mutuamente, intercambian programas, planes y sueños. Establecen una complicidad, más allá de las diferencias culturales y regionales, porque todas comparten una misma misión democratizadora. Y entre todas, trabajando en red, sumando fuerzas y esfuerzos, enfrentan, día a día, al proyecto neoliberal, excluyente y aburrido, y contribuyen a abrir un camino de esperanza para nuestros pueblos.

La Asociación Mundial de Radios Comunitarias, AMARC, felicita a los artífices de estas emisoras, sin duda, las más audaces y creativas de la historia, las más comprometidas con las luchas populares, las más sabrosas también. AMARC se pone al servicio de este movimiento internacional y convoca a participar en él a quienes han dado sus mejores energías para defender el derecho a la comunicación, a los locos imprescindibles, a las brujas del micrófono, a los radioapasionados y radioapasionadas que creen y seguirán creyendo en la utopía de un mundo donde todos puedan comer su pan y decir su palabra.

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