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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 198 | Septiembre 1998

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Panamá

Un peligroso legado: las armas químicas que usó USA

Resumen del informe titulado "República de probeta: las pruebas de armas químicas en Panamá" elaborado por Fellowship of Reconciliation con la colaboración de: Centro de Estudios Lationamericanos "Justo Arosemena" (CELA) de Panamá, Grupo de Trabajo de Armas Químicas, Fondo de Defensa Legal Earth Justice, Greenpeace y Centro de Estudios y Acción Social Panameño (CEASPA). El 30 de agosto el pueblo panameño cerró al Presidente Pérez Balladares la posibilidad de la reelección. No será "El Toro" quien reciba de manos de Estados Unidos el Canal de Panamá. ¿Quién será? Más importante aún es saber si los territorios que Panamá recibirá estarán limpios y serán seguros.

Equipo Envío

A comienzos de 1998, Estados Unidos estuvo al borde de una nueva guerra contra Irak alegando que este país se resistía a cumplir con las resoluciones de la ONU que ordenaban inspeccionar in situ las instalaciones de armas químicas irakíes. Las armas químicas representan una seria amenaza para la seguridad y el bienestar de la comunidad mundial. Tan sólo una bomba con agente neurotóxico VX, del tipo de las que se acusa a Irak de almacenar, es teóricamente capaz de matar a millones de personas.


¿Qué herencia recibe Panamá?

El Convenio sobre Armas Químicas (CAQ), tratado internacional que entró en vigor el 29 de abril de 1997, representa un importante avance jurídico frente a la amenaza de las armas químicas. Este Convenio exige la destrucción, en los próximos 10-15 años, de todas las armas químicas que existan sobre el planeta, tanto las que se hallan almacenadas como las que fueron abandonadas en algún momento en algún lugar de cualquier país.

En Panamá, y con toda seguridad al menos desde 1930 y hasta 1968, Estados Unidos mantuvo un programa activo de armas químicas. Entre 1930 y 1946 el programa tuvo como objetivo la defensa del Canal. Desde 1943 hasta 1968 estaba orientado a probar el funcionamiento de las armas químicas en un clima tropical. Durante todos estos años, y especialmente desde la década del 30 hasta la del 50, decenas de toneladas de gas mostaza y de fosgeno fueron almacenadas en varios puntos de Panamá. También quedaron abandonadas en territorio panameño armas químicas.

Como muchos otros países latinoamericanos, Panamá está experimentando hoy un crecimiento urbano acelerado, especialmente en torno al área del Canal, donde vive y trabaja la mitad de la población panameña. Este crecimiento está acompañado de proyectos viales destinados a desahogar el tráfico de vehículos. A la par, se desarrollan muchas tierras del área del Canal y se intenta reforestar otras tierras devastadas por negocios madereros y por prácticas agrícolas inapropiadas. La reversión de propiedades que establecen los Tratados del Canal de Panamá de 1977 -que deben concluir con la devolución a Panamá del Canal el último día del siglo XX-, está acelerando este conjunto de procesos. Los terrenos de las bases militares estadounidenses -a los cuales la mayoría de los panameños nunca ha tenido acceso- pasarán a formar parte también de la soberanía panameña el 31 de diciembre de 1999. ¿Existen armas químicas en estas áreas? ¿Y en áreas cercanas? Es imperativo que los panameños conozcan el legado que van a recibir. También lo es que Estados Unidos coopere para asegurar que no herederá peligros para la salud y la seguridad humana y ambiental de los panameños y provea documentos sobre la historia de las tierras que devolverá a Panamá.

Gases para defender el Canal

Desde la construcción del Canal de Panamá, las armas químicas fueron un componente de la estrategia de Estados Unidos para su defensa. Las obras del Canal finalizaron en agosto de 1914, pocos días antes de que se iniciara en Europa la Primera Guerra Mundial, conflicto bélico en el que fue utilizado por primera vez el gas mostaza. El General William Sibert, ingeniero del Ejército de Estados Unidos que diseñó las esclusas de Gatún en el Canal de Panamá, fue el comandante de la primera división de tropas estadounidenses que viajó a Europa para participar en la guerra en junio de 1917. Un año después, Sibert fue nombrado director del Servicio de Guerra Química del Ejército de Estados Unidos. Al finalizar la I Guerra Mundial, Estados Unidos producía más gas letal que todos los países beligerantes juntos. Después de la guerra, Sibert se convirtió en un promotor activo del desarrollo de la armas químicas. De ser inhumano -reflexionaba-, se ha comprobado que el gas letal es uno de los instrumentos más humanos de la guerra, si podemos aplicar la palabra humano a matar o a herir a seres humanos."
En 1921, se le solicitó al Servicio de Guerra Química que formulara planes para la defensa de la Zona del Canal de Panamá y de otras posesiones de Estados Unidos fuera de sus fronteras. Los primeros planes de defensa química del Canal se elaboraron en 1923, siendo actualizados anualmente hasta 1946 por lo menos. El plan defensivo comprendía bombardear con gas mostaza los senderos y rutas que conducían desde las playas de las costas del Atlántico y del Pacífico hasta zonas de tierra adentro, rociar estas playas con armas químicas y disparar morteros químicos a los blancos militares. En 1930 el ejército estadounidense mantenía en Panamá una compañía de armas químicas compuesta de dos oficiales y 77 hombres.
Con la participación de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial se incrementó la sensibilidad militar ante un eventual ataque al Canal y aumentó su control. Además del plan de defensa del Canal con armas químicas, el Ejército estadounidense diseñó un sistema que consistía en centenares de toneles donde se quemarían mezclas químicas con el objeto de quitar visibilidad a un posible ataque aéreo.


El Proyecto San José

En los años 40, Estados Unidos, Gran Bretaña y Canadá colaboraron estrechamente en el ensayo y el desarrollo de armas químicas. La colaboración incluía compartir información acerca de los lugares donde se realizaban pruebas con estas armas: Australia, India, la provincia canadiense de Alberta y Bushnell, en La Florida. Los tres países aliados buscaban prepararse para un posible uso defensivo y ofensivo de estas armas químicas en contra de los japoneses.

Estados Unidos comenzó a buscar un sitio que sirviera para probar estas armas y que tuviera condiciones selváticas similares a las de las islas del Pacífico que estaba invadiendo Japón. El lugar debía ser accesible y cercano a campos aéreos controlados por el Ejército estadounidense. En octubre de 1943, el coronel Robert McLeod buscó ese lugar a lo largo de las costas de Nicaragua, Costa Rica, Perú, Panamá y hasta en las islas Galápagos de Ecuador. Finalmente, se decidió por la isla San José, la segunda en tamaño del archipiélago de Las Perlas en la Bahía de Panamá.

El proyecto inició formalmente el 6 de enero de 1944, dos días después de que Panamá diera permiso a Estados Unidos para realizar "ensayos de guerra química" en la isla. En pocos días, cientos de ingenieros del Ejército de Estados Unidos llegaron a San José para abrir caminos y construir una pista de aterrizaje y múltiples edificios para las operaciones y el alojamiento de los militares que el proyecto requería. A mediados de 1945, había en la isla más de 400 soldados de tropa -muchos de ellos puertorriqueños- y casi 200 oficiales y civiles de Estados Unidos, Panamá y otros países.

El Proyecto San José, ubicado durante cuatro años en aquella pequeña isla, recibió un desagradable regalo navideño: en la medianoche del 23 de diciembre de 1947, sin casi aviso previo y con mucha prisa, se le ordenó trasladarse. Los oficiales, soldados y civiles trabajaron prácticamente 24 horas diarias para cumplir con la orden de evacuación. Fue una tarea ardua y compleja. Tuvieron que cargar cada libra de armamento o equipo por las playas para embarcarla en barcazas, venciendo la fuerza de una marea de 20 pies de altura, propia del mes de enero. La isla San José fue devuelta al gobierno de Panamá el 28 de enero de 1948.



Continúan las pruebas

En los años 50 continuaron las pruebas con armamento químico. Mencionamos algunos ejemplos. Entre 1953 y 1957, el Equipo de Pruebas Tropicales, compuesto por 20 personas, realizó en Panamá trimestralmente pruebas de gas mostaza destilado. Hizo también otras pruebas con materiales tóxicos en Curundú y en un cerrito en el sendero de Chivo Chivo. Además, se almacenaron materiales tóxicos en un edificio grande y abierto en Cerro Tigre, mientras que las armas químicas se guardaban cerca en depósitos en forma de iglúes. Según un informe de aquel tiempo, las pruebas incluyeron detonaciones de minas químicas. En la actualidad, el área de Cerro Tigre ya no parece estar restringida. Tampoco está bien señalizada. En abril de 1998, estaba cubierta de vegetación y no había en ella ni cercas ni rótulos.

En 1961, el Cuerpo Químico del Ejército de los Estados Unidos participó en un ejercicio de transporte llamado Swamp Fox en la zona del Darién, no lejos de Colombia. Parte de esta operación consistió en el lanzamiento de 58 granadas lacrimógenas del tipo CN en la selva, aunque el informe que tenemos no detalla los lugares precisos donde se lanzaron. Una segunda operación Swamp Fox se llevó a cabo en Panamá en 1964.



gentes neurotóxicos

Los documentos que hemos manejado muestran que entre 1964 y 1968 se realizaron en Panamá, por lo menos, cuatro pruebas con armas provistas de agentes químicos vivos (minas M-23 conteniendo gas VX, cohetes y proyectiles, y cohetes de gas sarín). Los ensayos fueron parte de una serie de pruebas en condiciones climáticas árticas, desérticas, templadas y tropicales, variaciones a las que se sometía habitualmente las armas químicas.
La mina M-23 contiene 10 libras y media de agente VX. Diez miligramos de VX constituyen una dosis mortal. Por lo tanto, en cada una de las minas que se probaron en Panamá había casi medio millón de dosis letales. Estados Unidos descontinuó la producción del agente VX en 1968. La producción de sarín cesó en 1957, pero este gas letal sigue siendo parte del arsenal de Estados Unidos hasta el día de hoy. No hemos encontrado documentación sobre almacenaje o pruebas realizadas en Panamá con agentes químicos letales a partir de 1968.

El 19 de noviembre de 1969, el Congreso de Estados Unidos aprobó una ley que prohibe el despliegue, almacenaje o descargue de químicos o agentes biológicos letales fuera del territorio de Estados Unidos, a menos que el país receptor sea notificado y lo apruebe. Sí hay pruebas de que en 1987 se desarrolló en Panamá un ejercicio de entrenamiento llamado Apuestas NBC (nuclear, biológico y químico, por sus siglas en inglés), para preparar a los soldados estadounidenses para potenciales combates químicos. Los soldados tenían que pasar por áreas de contaminación y de radiación nuclear simuladas llevando máscaras antigás y otros accesorios protectores. Durante los años 90, el Centro de Pruebas Tropicales continuó probando equipos diseñados para detectar y defender contra agentes químicos en condiciones tropicales.


Toneladas de gases letales

En 1930, cuando el General de División Preston Brown promovía las armas químicas para la defensa del Canal de Panamá, el ejército estadounidense mantuvo continuamente 30 toneladas de gas tóxico en Panamá. Diez años después, Estados Unidos disponía en la Zona del Canal de 84 toneladas de gas mostaza, 10 toneladas de fosgeno -causó el 80% de las muertes por gases en la Segunda Guerra Mundial-, 800 proyectiles de fosgeno, 900 proyectores Livens, 647 cilindros químicos y 2 mil 377 morteros de 4.2 pulgadas cargados de gas mostaza. Desde julio de 1940 hasta mayo de 1941, el Servicio de Guerra Química consiguió mayor capacidad de almacenaje en Panamá y recibió cargamentos de máscaras antigás. Hubo almacenes para armamento químico en Campamento Paraíso, Fuerte Clayton, Corozal, Albrook, Base Howard, Río Hato, France Field y Fuerte Gulick. El almacenaje de armas químicas se prolongó, al menos, hasta finales de los años 60.


"Como conejillos de Indias"

Los primeros ensayos de armas químicas con agentes vivos de los que se tiene conocimiento en Panamá ocurrieron en el Fuerte Clayton antes de que Estados Unidos entrara a la Segunda Guerra Mundial. Una dramática historia lo prueba. Jack Cadenhead se había enrolado en el Ejército de Estados Unidos, Carolina del Sur, en 1940 para escapar de la depresión económica y del duro trabajo que realizaba en una industria algodonera. Fue enviado con otros compañeros al Fuerte Clayton, en la Zona del Canal. Un día de julio de 1941 él y otros soldados fueron llevados a un gran edificio, donde les dieron máscaras antigás y fueron expuestos a un tipo de gas lacrimógeno. Después de un rato, se les dijo que levantaran sus máscaras e inhalaran el gas. Luego, los oficiales que dirigían el experimento solicitaron a diez voluntarios.

"Dijeron que querían a los que no fumaban," recuerda Cadenhead. El levantó la mano. "Nos hicieron correr bastante rápido por aquel edificio largo." Los voluntarios inhalaban el gas mostaza mientras corrían. Enseguida tuvieron problemas para respirar y fueron llevados de emergencia al hospital cercano de Gorgas. "El muchacho que iba conmigo casi se ahogaba cuando llegamos", recuerda Cadenhead. "El color de su piel alrededor de la boca era azul. Cuando uno de los asistentes médicos le preguntó al doctor qué sucedía, el doctor dijo: ¡Es el maldito gas mostaza!. Al gas mostaza le gustan los lugares bajos y húmedos, es allí donde se acumula. Lo mismo pasa en el cuerpo: se aloja donde se suda o está húmedo," explica Cadenhead. Cuando años después escribió a la Administración de Veteranos, le contestaron que los archivos del Hospital Gorgas habían sido destruidos. Más de cincuenta años después de este experimento, Cadenhead aún tiene problemas para respirar. "Eramos unos niños. Fuimos usados como conejillos de Indias." El uso generalizado de humanos en ensayos con gas mostaza y lewisito (compuesto de arsénico), en Panamá o en otros lugares del mundo lo inició Estados Unidos a partir de 1943.



Miles de bombas y morteros

Entre mayo de 1944 y fines de 1947 se realizaron más de 130 pruebas químicas en la isla San José. Muchas fueron pruebas "desde el aire": los aviones dejaban caer bombas químicas sobre los objetivos. Otras pruebas requerían de tropas para lanzar morteros químicos a las áreas de prueba. Otras, un uso más controlado del armamento.
Sólo se dispone de documentos de 18 de estas 130 pruebas. En estas 18 pruebas fueron detonadas unas 4 mil 397 armas químicas, un promedio de 244 en cada prueba. La mayoría eran morteros de 4.2 pulgadas cargados con cloruro de cianógeno, mostaza o fosgeno. También se incluyeron bombas desde cien hasta mil libras y proyectiles Howitzer de 105 mm.

En el Proyecto San José también se ensayaron armas químicas en el mar cercano a Panamá para poder determinar si la guerra química podría ser eficaz contra barcos enemigos. De acuerdo con un mapa militar de 1946, los ensayos incluyeron un rociado químico sobre la isla Iguana, también usada como campo de bombardeo convencional.



Ensayos con chivos y soldados

En muchas de las pruebas realizadas en la isla San José se utilizaron conejos o cabritos para observar cuán letales eran varios métodos de ataque o cuán eficaces resultaban las máscaras de gas. "Traían chivos de Ecuador," cuenta José Alsola, un peruano que trabajó en San José en 1946 chapodando los terrenos. "Les arrojaban esos gases y a los animales se les caía la piel, se morían y quedaban sancochados. Se ponían rojos, rojos. Como cocinados, quemados."
Una película de 1945 muestra una prueba hecha con tres chivos: uno lleva una máscara antigás americana, otro una japonesa y el otro no tiene máscara. Con los chivos atados a unos postes y la cámara filmando, el área es rociada con gas mostaza. Dos de los chivos se retuercen y caen, mientras que el chivo que lleva la máscara americana sobrevive "ileso." Uno de los propósitos del film era mostrarle a los soldados americanos que en caso de una guerra química con Japón, Estados Unidos no sólo ganaría, sino que tendría muy pocas bajas.

Varias de las pruebas del proyecto San José se hicieron en seres humanos. En todos los casos fueron soldados. Una de las pruebas llevada a cabo en 1944 buscaba "determinar si existía alguna diferencia entre la sensibilidad al gas mostaza de puertorriqueños y de estadounidenses". Las pruebas incluyeron la aplicación de mostaza líquida en los antebrazos seguida de una observación de tres días. Un resumen de esta prueba hecho público por el Secretario de Defensa William Cohen en abril de 1998 informa que algunos de aquellos hombres -indistintamente su origen- fueron hospitalizados después de sufrir quemaduras severas en el cuerpo o lesiones en los ojos.
Sobre un conjunto de experimentos posteriores a los años 50 también existen pruebas. Un problema es que se tiene menos información sobre el emplazamiento final de las armas químicas almacenadas o utilizadas en pruebas en Panamá que sobre las pruebas mismas. Como comentó un participante del Proyecto San José: "No nos preocupábamos mucho sobre cosas como éstas en ese tiempo."


Las armas que no estallan

Las armas químicas "almacenadas" -como las que hoy existen en ocho lugares de los Estados Unidos y en la estadounidense isla Kalama, en el Pacífico -se guardan de manera controlada para poderlas revisar permanentemente por si en alguna existe riesgo de fugas. Se entiende por "armas no-almacenadas" las que ya no forman parte del arsenal. Sobre éstas no existe ningún control. Con las armas químicas sucede como con todas las armas convencionales: cierta parte del armamento no es operativo. Es el que es lanzado o desechado sin haber detonado. Son estas armas que no estallaron en su momento las que después provocan accidentes, a veces mortales, entre quienes despreocupadamente las recogen, las pisan o hasta juegan con ellas.
Según un experto, un 10% de las armas explosivas no operan. Teniendo en cuenta este porcentaje y el promedio de armamento usado en la isla San José puede deducirse que actualmente podría haber en la isla hasta 3 mil 126 armas químicas inoperativas, que no detonaron en su momento, pero que podrían hacerlo.


Almacenes de gases letales

Con respecto a las armas almacenadas, los registros de la base de San José señalan que en 1947 y en 1948 fueron vertidas en el mar varias cargas de armamento químico. Un resumen del Proyecto San José, elaborado en 1979 por el Ejército de Estados Unidos para el gobierno Carter, afirmaba que cuando la isla fue evacuada fueron "destruidas y destoxificadas" una cantidad de armas, pero agregaba que "algunas no pudieron ser verificadas por causa del ambiente de selva y pantano." Esto significa que en los años 70 Estados Unidos estaba consciente de que había aún armamento químico en los terrenos de la isla San José.

Al evacuar la isla, las armas químicas que se pensaba seguir usando fueron trasladadas a la Zona del Canal. Dos de los oficiales del proyecto escribieron: "Las almacenamos en donde encontramos espacio. Una parte fue colocada en los sótanos de las barracas, otra en un patio abandonado, y en la desembocadura del Río Chagres, en la Reserva del Fuerte Sherman, establecimos un almacén de material tóxico". No hay más detalles sobre esta alarmante información. Según un relato posterior, los materiales tóxicos fueron almacenados en el Fuerte Sherman para su "rehabilitación," lo que pudo haber significado que había en ellos fugas que necesitaban ser reparadas. Basándose en documentos que vio cuando trabajaba en una consultoría del Departamento de Defensa, haciendo un estudio de los polígonos activos en Panamá, el experto en bombas Rick Stauber aseguró que Estados Unidos estableció un sitio para enterrar bombas químicas -con fugas- en Panamá, en France Field en los años 30.


"No existe ningún riesgo"

Una versión de la declaración de Stauber salió en la primera plana de un diario panameño en abril de 1998. En una implícita aceptación de los datos, el Departamento de Defensa informó a los oficiales panameños de la Autoridad de la Región Interoceánica (ARI) que los gases tóxicos enterrados en el Campo France durante la Segunda Guerra Mundial ya "se habían disipado", y puntualizó que en 1979, cuando entraron en vigor los Tratados Torrijos-Carter sobre el Canal de Panamá, el Departamento de Defensa de Estados Unidos evaluó la necesidad de remover la pista de aterrizaje del aeropuerto de ese lugar para extraer ese material. Pero se concluyó "que no se justificaba el esfuerzo habida cuenta de que los gases en referencia no representaban, ni entonces ni ahora, ningún riesgo, considerando que su vida útil es menor de 10 años".

Aunque el Ejército de Estados Unidos ha reconocido que existen lugares de Panamá en donde fueron enterradas armas químicas, se ha negado a divulgar una lista de "probables lugares de entierro de químicos en el extranjero," elaborada por el Comando Químico y Biológico del Ejército de los Estados Unidos en 1993. Aun sin esa lista, la erosión, los proyectos de desarrollo y los buscadores de souvenirs podrían descubrir algún día estos sitios...

El Sendero Chivo Chivo fue también lugar elegido para la destrucción y entierro de armas tóxicas entre 1952 y 1956. Las pruebas de laboratorio realizadas en los años 50 y 60 -en las que se utilizaron químicos letales- plantean más preguntas inquietantes. Según el toxicólogo Theodore Henry, en Panamá "podrían estar presentes en el medio ambiente peligrosos desechos de laboratorio". Según Henry, los desechos de laboratorio "son más sensibles a liberarse en el ambiente y tienen el agravante de no poder ser detectados desde la superficie, como las armas".



China, 50 años después

Los efectos negativos que para la salud tienen las armas químicas son de corto y de largo plazo. Así lo están demostrando las quemaduras que todavía hoy padece una parte de la población china por armas químicas que fueron abandonadas en China por el ejército japonés durante la Segunda Guerra Mundial. Como señala un estudio, las armas químicas abandonadas "representan peligros mucho mayores para los civiles que los arsenales militares de armas químicas almacenados en Estados Unidos y en Rusia. Los arsenales almacenados están en edificios especiales sellados y vigilados y, a no ser por una catástrofe, los ciudadanos ordinarios no se encuentran amenazados por ellos. En cambio, como la ubicación de muchas armas químicas abandonadas resulta desconocida y los civiles no conocen el riesgo, corren el peligro de accidentes".
China asegura que Japón abandonó dos millones de armas químicas en su territorio, la mayoría de ellas en la Provincia de Jilin. En 1987, más de 200 personas resultaron heridas cuando unos trabajadores intentaron quemar un barril con mostaza líquida tratando de determinar qué era. En 1991, 20 personas experimentaron mareos, náuseas y problemas respiratorios cuando fueron descubiertos en una escuela secundaria unos morteros de fosgeno con fugas. En 1994, armas químicas y explosivas de la Segunda Guerra Mundial, recuperadas del arsenal Edgewood, de Maryland, en Estados Unidos, eran todavía capaces de ser detonadas. Mal identificadas como armas convencionales, liberaron 11 libras de gas mostaza en el ambiente cuando estallaron.

La experiencia demuestra que el agente químico que ha sido rociado o explotado se disipa, pero el agente químico que es almacenado o abandonado en recipientes o barriles puede sobrevivir activo durante décadas. "Mientras los agentes neurotóxicos y otros químicos de guerra se hidrolizan muy fácilmente, la mostaza lo hace muy lentamente y una endurecida gelatina protectora se forma a su alrededor, haciéndola activa durante décadas", escribe John Hart, experto en armas químicas abandonadas. Es por esta razón que los pescadores del Báltico son todavía heridos por armas químicas que fueron vertidas en esas aguas hace más de 50 años y que ellos, por accidente, atrapan en sus redes.

La experiencia histórica muestra que los agentes químicos de guerra que permanecen en contenedores de almacenaje o en el interior de armamento o que son retenidos de cualquier otra manera pueden mantener todas sus propiedades tóxicas durante muchos años. Esto obliga a tratar con extremo cuidado este armamento y los contenedores sospechosos de haberlos guardado. Además, cuando los agentes químicos de guerra se degradan, se transforman con frecuencia en otros compuestos también muy tóxicos para los seres humanos, particularmente si se mezclan al agua.

San José: aún un peligro

En la isla San José está latente el peligro. En los años 70, el hijo del dueño de la isla, el inventor Earl Tupper, informó de las quemaduras severas que había sufrido uno de sus trabajadores, atribuibles al contacto con armamento químico.
Los efectos de largo plazo producidos por contacto con el gas mostaza incluyen el cáncer de pulmón y de piel, la leucemia, el asma, la bronquitis crónica, el enfisema pulmonar, la laringitis crónica, enfermedades de los ojos, la conjuntivitis y la disfunción sexual. "No hay duda de que las consecuencias de largo plazo para la salud del contacto con el agente mostaza o con el agente lewisito pueden ser serias y, en algunos casos, devastadoras," se lee en el informe del Instituto de Medicina de Estados Unidos de 1993. Y como no son bien conocidos los efectos que tiene para la salud el contacto con niveles bajos de éstos y otros agentes químicos, no es correcto el juicio de Estados Unidos cuando afirma que lo que se enterró en Panamá "no representa ningún riesgo".


Documentos "clasificados"

Con la transferencia a Panamá por parte de los Estados Unidos de todas las tierras de la Zona del Canal el 31 de diciembre de 1999 se inicia una importante etapa histórica. A partir de esa fecha los panameños tendrán completa soberanía y responsabilidad sobre este territorio, que ha estado bajo el control de Estados Unidos por más de 90 años. Como la mayoría de los panameños tiene poca o ninguna idea de la historia del uso de estas tierras, especialmente de la historia de las actividades militares desarrolladas en ellas -mantenidas habitualmente en secreto-, una reversión responsable debe incluir la transferencia del gobierno de Estados Unidos al gobierno de Panamá de todos los documentos históricos relacionados con las actividades que han tenido lugar en estas tierras.

El gobierno de Panamá ha solicitado repetida y formalmente al gobierno de Estados Unidos información sobre las pruebas de armas químicas en Panamá. Hasta julio de 1998, Estados Unidos no había respondido adecuadamente a estas solicitudes. En junio de 1997, y para elaborar este informe, solicitamos todo lo referente a Panamá en la lista en la que figuran los lugares del extranjero donde se sospecha fueron enterradas armas químicas. No obtuvimos esa información. ¿Razones? Estados Unidos considera esa lista como un documento "clasificado". Otras muchas dificultades que enfrentamos en nuestra investigación demuestran que Estados Unidos prioriza sus actuales operaciones militares por sobre cualquier investigación histórica que los lleve a responsabilizarse por sus operaciones militares en el pasado.



Programas de guerra biológica

La Segunda Guerra Mundial despertó un gran interés por la guerra biológica, tanto defensiva como ofensiva. A finales de 1947, la Marina británica propuso usar las instalaciones de Estados Unidos en la isla San José para apoyar ensayos de guerra biológica en el mar. Estos se iniciaron en octubre de 1948. Después de evacuada San José, estos experimentos pueden haber sido llevados a cabo en Parham Sound en la isla caribeña de Antigua, considerada un lugar alternativo.

Los Institutos Nacionales de la Unidad de Investigación de Health's Middle América (MARU, por sus siglas en inglés), creados en los años 50, usaron agentes biológicos en Panamá. MARU "manejaba algunas de las enfermedades más mortales y más infecciosas conocidas en la medicina en ese tiempo," según Carl Peters, un científico que trabajó allí en los años 60.


Encefalitis: vacuna y arma

Un virus con el que se trabajaba habitualmente era el que produce la encefalitis equina venezolana, una enfermedad que discapacita, más que mata, a sus víctimas humanas. En los años 60 la encefalitis acabó en Centroamérica con millares de caballos y de mulas. MARU buscó detener esta enfermedad con el desarrollo de una vacuna para evitar que avanzara hacia Estados Unidos.
Peters escribe: "Pero el gobierno de Estados Unidos tenía otras razones para estar interesado en esta enfermedad. Los síntomas de la misma eran tan discapacitantes en los humanos que la encefalitis fue vista como una potencial arma biológica. El Ejército quería desarrollar diferentes categorías de agentes de guerra química: los discapacitadores y los mortales. Con un período relativamente corto de incubación -dos a tres días- la encefalitis sería un discapacitador ideal: neutralizaría al enemigo justo antes de la batalla y evitaría el riesgo de tener que matar a civiles inocentes o cometer atrocidades. Teniendo este plan en mente, el Ejército desarrolló una vacuna para proteger a nuestras tropas en caso de que el enemigo tratara de usar este virus o en caso de que el viento soplara en la dirección equivocada el día que lo usáramos nosotros."
Los ejercicios para probar la utilidad militar de este virus se realizaron ya en Vietnam y en varias islas desiertas del Pacífico en los años 60. Pero hubo que descontinuarlos porque era imposible proteger a los estadounidenses. Un brote de encefalitis equina venezolana se dio entre las tropas estadounidenses que se entrenaban en el Fuerte Sherman en Panamá en 1981, hecho que fue vinculado a las pruebas realizadas en aquel lugar hacía diez años. Hoy, el virus que produce esta enfermedad sigue siendo una amenaza en determinadas áreas de Centroamérica.



Peste porcina para Cuba

Obtuvimos también otras informaciones que indican que en 1971 agentes de inteligencia de Estados Unidos entregaron a un grupo de contrarrevolucionarios cubanos en Panamá un contenedor sellado que contenía el virus que produce la peste porcina con el objetivo de introducirlo en Cuba. Lo lograron y aquel año, las autoridades cubanas tuvieron que sacrificar a medio millón de cerdos para contener la epidemia. La FAO calificó este hecho como "el más alarmante" de los ocurridos en Cuba aquel año. Para hacer este estudio, no hemos encontrado documentos que atestigüen pruebas o uso del agente naranja en Panamá, aunque no descartamos la posibilidad de que este defoliante haya sido probado también en territorio panameño.


Punto final a guerra biológica

En noviembre de 1969, el Presidente Nixon emitió un decreto por el que Estados Unidos renunciaba al uso de todos los agentes de guerra biológica y ponía fin a cualquier desarrollo legal de estos agentes. Esta declaración fue seguida de la Convención de Armas Biológicas de 1972, que prohibe cualquier esfuerzo para "desarrollar, producir, almacenar o adquirir y retener" cualquier arma biológica. Estados Unidos se convirtió en uno de los primeros países que se adhirió a esta Convención. A partir de esa fecha, los militares de Estados Unidos transformaron todos los agentes biológicos que tenían almacenados en fertilizantes carentes de riesgos.



Obligaciones de Estados Unidos

Las principales obligaciones de Estados Unidos referentes a las armas químicas en Panamá están especificadas en la Convención de Armas Químicas y en el Tratado del Canal de Panamá. La Convención de Armas Químicas entró en vigor el 29 de abril de1997, sólo días después de que Estados Unidos se uniera a otros 109 Estados para ratificarla. La Convención exige a los países firmantes la destrucción de todas las armas químicas que posean o controlen en los próximos diez años, o en los próximos quince, en casos excepcionales. Y requiere de ellos "asignar la más alta prioridad" a la protección del medio ambiente. Por esta razón, las naciones que hubieran abandonado armas químicas en territorios de otras naciones están obligadas a declarar esas armas dentro de 30 días después de la ratificación de la Convención. Una vez que la nación afectada ratifique la Convención, la nación responsable de las armas debe destruirlas en cooperación con la nación afectada, y proveyendo para ello todos los recursos.

Estados Unidos presentó sus declaraciones en la fecha requerida, pero no incluyó ninguna información sobre armas químicas abandonadas en otros países. Teniendo total certeza de que Estados Unidos abandonó armamento químico en la panameña isla San José, podemos afirmar que Estados Unidos está violando la Convención.

El 7 de julio de 1998, la Asamblea Legislativa de Panamá ratificó la Convención de Armas Químicas. Una vez que el Presidente Ernesto Pérez Balladares la firme y su ratificación llegue a las Naciones Unidas, tanto Panamá como Estados Unidos enfrentarán una serie de obligaciones. Estados Unidos estará obligado a "proveer todas las facilidades financieras, técnicas y de expertos necesarias" para la destrucción de las armas químicas que abandonó en Panamá y Panamá tendrá que cooperar para facilitar su destrucción. La cooperación panameña consiste en presentar toda la información de que disponga y hacer todos los esfuerzos para asegurar que las armas sean removidas de su territorio en no más de un año después de que la Convención entre en vigor. Panamá tiene derecho a pedir a Estados Unidos un plan para la destrucción de esas armas. El cumplimiento con la Convención será monitoreado y si Estados Unidos violara gravemente la Convención, el tema podría ser llevado a la Asamblea General o al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

El Tratado del Canal de Panamá de 1977 obliga a Estados Unidos a cumplir "de una manera consistente con la protección del medio ambiente de la República de Panamá." Esa obligación incluye específicamente el deber de "consultar y cooperar" con el gobierno de Panamá. Cualquier consulta y cooperación significativa debe empezar con una completa divulgación respecto a la localización y magnitud del armamento químico enterrado.



Derechos de los panameños

Las obligaciones de Estados Unidos también incluyen el deber de suprimir los riesgos ambientales y el de proporcionar compensación por los daños ambientales irremediables. Los problemas ambientales asociados con las bases militares de Estados Unidos en Panamá violan una gama de principios de derechos humanos. La contaminación ambiental interfiere con el derecho a un ambiente seguro y sano, el derecho a la vida, a la salud, a la seguridad personal, al acceso a agua y comida segura y sana, a viviendas seguras y adecuadas y el derecho a la autodeterminación -que incluye la soberanía sobre los recursos naturales-. El descuidar los derechos de los panameños, presentes y futuros, también supone violaciones al derecho a no ser discriminado -incluyendo el derecho a una justicia ambiental- y al derecho de las futuras generaciones a heredar un ambiente habitable. Como Gran Bretaña y Canadá participaron también en el Proyecto San José, y ambos son Estados parte de la Convención de Armas Químicas, ambas naciones también tienen obligaciones respecto de Panamá.

En 1979, Estados Unidos estuvo preparado -si así lo pedía el gobierno de Panamá- a llevar a cabo una encuesta técnica en San José para "determinar los límites de la contaminación química en la isla y para evaluar la viabilidad de volverla a una condición segura para ser habitada con normalidad." En los lugares del territorio estadounidense donde se usaron armas químicas, el gobierno de Estados Unidos ha estado siempre dispuesto no sólo a evaluar la contaminación dejada por estas actividades, sino a responsabilizarse por su limpieza. No se trata de tareas técnicamente imposibles. Estados Unidos puede y debe llevarlas a cabo.


Una oportunidad única

La Convención sobre Armas Químicas es un instrumento jurídico totalmente nuevo. Estados Unidos, Panamá y todas las naciones se benefician con el éxito de la Convención. Teniendo en cuenta no sólo la letra, sino el espíritu de este instrumento jurídico, Estados Unidos debe evitar el aplicarlo con excesivo tecnicismo y debe privilegiar una perspectiva de futuro.
Estados Unidos tiene una oportunidad única e histórica para demostrar su buena fe y su liderazgo eliminando todo vestigio de armas químicas a lo ancho y largo del mundo. En Panamá puede dar un paso ejemplar.

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