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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 308 | Noviembre 2007

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Nicaragua

Un año después: el diluvio nacional y el arca presidencial

Poco después del azote demoledor del huracán Félix en la Costa Caribe, lluvias torrenciales e ininterrumpidas durante dos semanas afectaron extensas zonas de Occidente y el Pacífico dejando tras sí la declaratoria y la realidad de un “desastre nacional”. ¿Quiénes van, como pasajeros de primera clase, en el arca presidencial que hoy surca las aguas de tan aparatoso diluvio?

Equipo Nitlápan-Envío

Un año después de la victoria del FSLN en las elecciones -lo que significa prácticamente un año de gobierno, porque un triunfo en las urnas es ya la puesta en marcha del plan de gobierno del partido ganador- se palpa en el país un generalizado sentimiento de incertidumbre. Muchos en ese 38% que votó por Daniel Ortega lo traducen todavía en paciencia y aunque sus grandes esperanzas no se han cumplido, afirman confiados que “con la ayuda de Dios las cosas van a mejorar”. Para el resto, que es la mayoría, la incertidumbre se ha convertido en una gran pasividad.

Mientras la cada vez más insensible clase política no renuncia a una febril actividad en busca de cargos y figuración, la mayoría de los de otra clase andan también febriles, abrumados por el costo de la vida y de la sobrevivencia. Cada vez se hace más evidente la contradicción entre las prioridades de este gobierno y la satisfacción que da a las expectativas de su base sandinista y las respuestas que ofrece a las urgentes necesidades de la mayoría del país, que no es sandinista.

LLUEVE SOBRE MOJADO

Cuando Nicaragua fue afectada hace nueve años por el huracán Mitch, llegaron al país profesionales de la cooperación que exhibían un nuevo título académico: “desastrólogos”. Nicaragua no cuenta aún con este tipo de expertos. Tal vez los necesitaría más especializados: “arqueólogos de desastres”. Año tras año se van superponiendo los desastres. Siempre llueve sobre mojado y las tragedias más recientes se van sumando a las históricas. ¿Por dónde empezar? Esta acumulación de capas desastrosas, ¿nos estará haciendo más previsores, cuidadosos y resistentes o más cínicos e indiferentes? Una de las varias “preguntas del millón”.

Apenas tres semanas después del paso del huracán Félix, que devastó el Caribe Norte, y cuando aún no se daban ni siquiera las respuestas más básicas a los 200 mil damnificados caribeños, a punto hoy de hambruna y de desesperación por una insoportable lentitud oficial, las cosas empeoraron con diluvios torrenciales que dañaron cosechas y caminos en la otra mitad del país. Las zonas anegadas dispararon dos epidemias, el dengue -que transmiten los zancudos que viven en aguas estancadas- y la leptospirosis, que transmite la orina de ratas y animales infectados cuando se mezcla con las aguas desbordadas que entran en contacto con los pies descalzos o la piel herida.

Aunque las lluvias de octubre no causaron, ni muchísimo menos, la devastación apocalíptica que produjo el Félix en septiembre en el Caribe, el gobierno se decidió a declarar el 19 de octubre el estado de “desastre nacional”. ¿Para obtener recursos internacionales? ¿Para crearse una “cortina de lluvia” que escondiera sus ineficiencias? ¿Porque las emergencias y las ayudas de emergencias contribuyen a consolidar el clientelismo? Lo cierto es que el primer año del regreso de Ortega del poder “desde abajo” al gobierno “desde arriba” encuentra a Nicaragua desastrada.

¿QUÉ DEJARÁ EL DESASTRE?

Los desastres naturales-sociales de este fin de año han complicado más las cosas para un gobierno con serias limitaciones de ejecución, tal vez por la centralización excesiva de las decisiones en la Presidencia.

El aumento vertiginoso del precio de los combustibles -que no ha contribuido a detener, como se esperaba, la cooperación petrolera venezolana-, los prolongados cortes de energía diarios, el continuo aumento de toda la comida básica -el alza de los frijoles es el tema diario-, la fuerte caída en la industria de la construcción -que mueve tanto la economía-, son “las cosas” que ya iban mal y sobre las que cayó el diluvio.

Los desastres y las emergencias obligan a administrar más racionalmente el corto plazo y a reflexionar sensatamente sobre el rumbo hacia el largo plazo. Sin embargo, también pueden servir de excusa para emprender aventuras que empeoran el presente y no aseguran nada bueno ni mejor para el futuro. Aún no está claro qué se derivará del actual desastre nacional, qué provocará, qué justificará, que encubrirán huracanes y diluvios. Por un lado, la emergencia decidió por fin al Presidente Daniel Ortega a proponer una moratoria de dos años en el pago de la deuda interna para dedicar los recursos que reciben los bancos a atender los problemas generados por los desastres. Pero, por otro lado, en medio de la tragedia, emergió de las aguas, desnuda y obscena, la tercera criatura del pacto Ortega-Alemán: nuevas reformas constitucionales para cambiar todo el sistema político del país.

TRES PASAJEROS “DE PRIMERA”

Cuando hay diluvio, aparece un arca en la que salvarse y salvar. El arca presidencial la viene construyendo el FSLN desde el comienzo de su gobierno. ¿A quienes monta en ella? Este mes, el intelectual más orgánico al servicio del gobierno lanzó una nueva descalificación a “La Prensa”, advirtiéndole que en sus diarias críticas “de derecha” se estaba quedando sola, ya que Ortega tenía un pleno respaldo de la jerarquía de la iglesia católica representada por el Cardenal Obando, del Fondo Monetario Internacional y del gran capital empresarial nacional agrupado en el COSEP. Y celebró estos tres avales como validación del buen rumbo del gobierno. Y así es: estos tres sectores son pasajeros de primera clase en el arca que protege del diluvio y del desastre nacional. Lo inaudito -aunque ya casi nada lo es en Nicaragua- es que un gobierno que se considera de izquierda se sienta reconfortado por el aval de instituciones y sectores de derecha.

Aunque la actividad del Cardenal Obando como funcionario del gobierno de Ortega en la Comisión creada para darle protagonismo tras su retiro no está siendo muy efectiva, y recibe críticas y hasta chistes burlescos de muy diferentes lados, no hay duda de que la jerarquía católica, representada en el purpurado, va como pasajera de primera clase en el arca gubernamental. No hay acto oficial sin presencia eclesiástica católica o sin referencias religiosas al Dios católico. La prueba más significativa del aval la brindó el propio Papa Benedicto XVI al felicitar el 24 de septiembre, con un reconocimiento especial, al gobierno de Daniel Ortega, en primer lugar por haber penalizado el aborto terapéutico -decisión a la que el FSLN contribuyó activamente- y también por los esfuerzos de su gobierno en los contenidos de trabajo de la Comisión del Cardenal: paz, justicia y reconciliación.

EL FMI NO IMPUSO,
EL FSLN PROPUSO

El FMI también va en primera clase. Tras cinco meses de negociaciones, el 5 de octubre, el Fondo Monetario le dio luz verde al programa económico para los próximos tres años que el gobierno de Ortega le presentó, a cambio de créditos concesionales por 111.3 millones de dólares. El Presidente Ortega había denostado al FMI en discursos previos y presentó el aval del FMI como una hazaña, pues parecía, dijo, una misión imposible por nuestra posición crítica. Lo que no entiende o no quiere entender Ortega es que al FMI no le preocupan los discursos. Lo que le interesa es que los discurseadores firmen sus acuerdos.

Según explica en las páginas siguientes el economista Adolfo Acevedo -quien contribuye permanentemente a hacer comprensibles a la población los “misterios” de la economía-, el programa fue “soberanamente” elaborado por el gobierno de Ortega y no por el FMI, como sucedió en anteriores gobiernos. Pero su lógica y sus prioridades son exactamente las mismas que las que mantuvo la administración neoliberal de Bolaños. Acevedo explica por qué hace esta afirmación y, más específicamente, por qué en esta ocasión el gobierno pudo haber actuado de otra manera. Y advierte que si en el discurso del Presidente Ortega vuelven a aparecer críticas apasionadas al FMI por las injustas medidas “impuestas” a Nicaragua, no hay que creer sus palabras, ya que esas medidas fueron “propuestas” por el gobierno del FSLN al FMI.

El Presupuesto 2008, el primero elaborado exclusivamente por el equipo económico de Ortega -ya que el vigente en 2007 lo elaboró el equipo de Bolaños y lo heredó Ortega-, fue presentado a los diputados el 15 de octubre. Acevedo explica también que ese Presupuesto representa una continuidad con la lógica neoliberal del anterior gobierno y calza como anillo en dedo con el marco de políticas del programa con el FMI.

LA DESASTROSA DEUDA INTERNA

En el Presupuesto 2008 -porque ésa es la lógica del acuerdo con el FMI- el gobierno prioriza el pago de la deuda interna y sólo con lo que sobra pone parches a urgentes necesidades sociales, ésas que han ido acumulando otros desastres nacionales en educación, en vivienda, en agua potable, en salud...

El pago de los intereses de la deuda interna priorizada en el Presupuesto 2008 está compuesta fundamentalmente por el pago de intereses por los bonos que se llamaron y son conocidos popularmente como CENI -emitidos ilegalmente cuando quebraron los bancos en el año 2000, como consecuencia de fraudes en los que participaron políticos del FSLN y de todos los colores- y por el pago de intereses por los bonos BPI, emitidos para indemnizar a los confiscados injustamente durante la revolución de los años 80. Son varios bancos y banqueros nacionales los que se benefician con esos intereses.

En octubre, mientras Nicaragua se ahogaba por las lluvias, el Estado pagaba millones de dólares en intereses de deuda interna. Como eso es un escándalo y como desde hace años ha venido creciendo el clamor nacional por la no priorización, por la reestructuración y hasta por la suspensión del pago de la deuda interna, el huracán y el diluvio decidieron al Presidente Ortega a dar alguna respuesta.

El 30 de octubre, Daniel Ortega acudió a la Asamblea Nacional para proponer dos cosas: reformas urgentes al Presupuesto que recién había presentado, para destinar 53 millones de córdobas extra para reparar los caminos deshechos por las lluvias; y además una moratoria de dos años en el pago de los intereses de la deuda interna para dedicar esos recursos a atender a las víctimas de los desastres.

La reforma al Presupuesto fue aprobada de inmediato y por unanimidad. La moratoria de la deuda interna aún era objeto de discusión al cierre de este número. La iniciativa del Presidente Ortega, recogiendo el sentir expresado por la sociedad durante años, recibió el respaldo de la mayoría de los diputados. Y el silencio total de todos los banqueros. Algunos diputados liberales insistieron en que hubiera moratoria para los CENI, pero no para los BPI, los que Ortega no mencionó ni incluyó en la moratoria y que en 2008 significan una erogación mayor que la de los CENI (2,556 millones de córdobas en pago por los BPI y 936 millones por los CENI).

Los sectores sociales más preocupados por sus intereses económicos pidieron prudencia y orden para evitar “improvisaciones” e “impactos negativos”. Los sectores sociales realmente preocupados por los innumerables desastres nacionales aplaudieron la moratoria de los intereses, pero la calificaron como un primer paso, como un paso tímido, como una medida incompleta. Y abogaron justamente por combinar esa moratoria coyuntural con un debate nacional y transparente que conduzca a la inmediata reestructuración de toda la deuda interna a un plazo de 30 años y con una baja drástica de sus intereses.

¿POR RESPONSABILIDAD?

Durante su primer año de gobierno, el Presidente Daniel Ortega se ha especializado en encendidos discursos contra el capitalismo global, la dictadura del FMI, el egoísmo de los empresarios privados, la dictadura del gobierno de Estados Unidos, la explotación de las maquilas, las ganancias sin límite de los banqueros, etc., etc. para, bajando de la tribuna pública, favorecer a todos los que condena y facilitar sus intereses, necesitado del respaldo de estos grupos de poder, a los que lo ligan muy estrechos intereses. En la tribuna pública de la Asamblea Nacional, el Presidente Ortega utilizó una retórica diferente, mucho más ambigua: corazón de izquierda justiciero, cabeza de derecha responsable -leáse oportunista-.

He aquí lo que dijo de la deuda interna: Yo, de mi parte, ¡no me sentaría ni a platicar con la gente del Fondo Monetario Internacional! ¡De mi parte, desconozco ya la deuda interna y externa, pero la responsabilidad me dice a mí que no puedo hacer lo que me dicta mi corazón, mis sentimientos, porque el costo que pagaría el país sería mucho mayor… ¡Sí, mandar al carajo la deuda externa! Yo fácilmente lo hago y sin problemas digo ¡no paguemos un centavo! Para mí sería muy sencillo decirles ¡borremos ya todo eso! Pero yo quisiera aquí, escuchar a un genio, de ésos que viven opinando por los diarios, por la televisión, ésos que ya los tienen de plantilla, que ya los tildan de maestros, de sabios. Yo quisiera que esos sabios me dijeran cómo hacer acabando con esto, no pagando esa deuda inmoral. ¡Porque la deuda es inmoral! Por principios, yo la condeno. Que me digan cómo haríamos para mejorar las condiciones de los trabajadores del sector salud, del pueblo pobre, frente a un esquema de dominación global que nos tiene amarrados a todos, ¡y estamos luchando para desatarnos de ese esquema global!

En las páginas siguientes, uno de los “sabios” a los que implícitamente se estaba refiriendo el Presidente, el economista Acevedo, explica lo que habría que hacer con la deuda interna para ser consecuente y responsable. Según la diputada sandinista del MRS, Mónica Baltodano, la moratoria es una medida timorata, que legitima y reconoce una deuda que es ilegal e inmoral. El gobierno puede renegociar soberanamente. Lo que propuso Daniel Ortega es una moratoria de dos años para después hacer exactamente lo que ya hizo Enrique Bolaños: extender los plazos y bajar los intereses. Lo que hay que hacer es revisar la base de esa deuda, el por qué de esa deuda.

“MIS HERMANOS” EMPRESARIOS

Cercanos a los banqueros están los grandes empresarios del COSEP. Alcanza el espacio para que vayan también, como pasajeros de primera clase, en el arca presidencial. A mediados de octubre, el Presidente Ortega se reunió con ellos en el INCAE y les dedicó todo tipo de elogios cordiales, les hizo una manipulada defensa de su pacto político con Arnoldo Alemán y entre sonrisas y risas les dijo que ellos son el Consejo del Poder Ciudadano que mejor está funcionando en el país.

Los grandes empresarios le plantearon a Ortega que necesitan condiciones para seguir moviendo la economía, le otorgaron un renovado “voto de confianza” y le solicitaron los espacios que tuvieron en los tres gobiernos anteriores, cuando tenían representantes en todos los órganos del Estado, espacios que ahora habían perdido. Hicieron una defensa del libre comercio y de la economía global y delinearon los Ejes de Desarrollo en los que se han organizado para trabajar, mano a mano con el gobierno, que decidió darles los espacios que pidieron y formar equipo con ellos.

Nueve de los ejes son generales: turismo, industria textil, ganadería, café, agroindustrias alimentarias, pesca, maní, caña, desarrollo de la Costa Atlántica; y cinco son transversales: energía, infraestructura, financiamiento, educación técnica especializada y temas sociales. En éste último eje, apenas dan detalles, tal como hacen en los otros. Mencionan únicamente desayunos y almuerzos escolares con contenido vitamínico. Tampoco hay detalles respecto al aporte con el que responderán al desastre ecológico nacional, en el que tantas responsabilidades tiene la gran empresa privada.

“IGUAL QUE SOMOZA”

Antes que Daniel Ortega ganara las elecciones, los empresarios del COSEP insistían justamente en los efectos dañinos del pacto del FSLN con Alemán, en la necesidad de fortalecer las instituciones y des-partidarizarlas, en la independencia del Poder Judicial, en la lucha contra la corrupción. Ahora, todo esto lo han dejado ya a un lado. A cambio de garantías para sus negocios, los empresarios parecen muy decididos a acomodarse y a no hacer más “política”.

El ex-candidato presidencial del MRS, Edmundo Jarquín, valoró así el encuentro Ortega-COSEP para el “informe Pastrán”: En el fondo y tácitamente, Ortega propuso a los empresarios el mismo entendimiento que Somoza en su oportunidad propuso al sector privado: ustedes dedíquense a los negocios y la política me la dejan a mí. Igual que Somoza, Ortega lo que ofreció a los empresarios fue estabilidad, no importando que sea una estabilidad autoritaria.

Los empresarios han aceptado el trueque. ¿O el trueque es otro y hay una doble “guatusa”? Por parte de los empresarios, se trataría de invertir lo mínimo para guardar las apariencias y conservar la necesaria rentabilidad, confiando en el desgaste y fracaso del gobierno, por ineficiente, grandilocuente, improvisador y arrogante. Y por parte de Ortega, se trataría de tolerar a estos “rivales capitalistas” porque no puede hacerse cargo de la economía que ellos “mueven”.

CANTÁNDOLE “CERO”
A LA COOPERACIÓN

Mientras Ortega mantiene el control de los poderes institucionales -éste fue el fruto envenenado de las dos primeras etapas de su pacto con Alemán- ha subido a su arca presidencial a estos otros tres poderes, “animales grandes” todos ellos.

Pero no suben todos los “grandes”. Por ejemplo, la cooperación europea, que ha tenido influencia política en el país durante años, jugando un papel importante en apoyo a proyectos y programas de desarrollo no sube al arca o sólo viaja en tercera.

La falta de claridad del rumbo estratégico del gobierno, sus imprecisiones y dilaciones, el bloqueo a la ejecución de proyectos ya acordados, el escaso conocimiento técnico de los funcionarios que ha colocado en puestos clave, el rechazo a cualquier asistencia técnica que se le ofrece para mejorar esos conocimientos, han entorpecido las relaciones entre el gobierno y la cooperación. Y cuando la cooperación señala estos problemas, no recibe respuesta.

Tampoco hay respuesta cuando la cooperación habla de “otros” temas. A diferencia de la gran empresa privada, los representantes de estos países quisieran ver que el desarrollo que diseñan los grandes anuncios del gobierno -Hambre Cero, Desempleo Cero, Usura Cero- se base en una institucionalidad más democrática y transparente, en un respeto a las leyes, en una participación no fundada en el clientelismo partidario, pero el gobierno les canta “cero” cuando plantean estos temas y les hace ver, con múltiples señales, que es la cooperación venezolana la que dirige el timón del arca y la que marca su rumbo.

¿ESTÁ SEGURO ORTEGA?

En este año, la educación y la salud públicas gratuitas -aún de incierta sostenibilidad- han alentado expectativas y esperanzas entre esa inmensa mayoría de “animales pequeños”, los que no han sido subidos al arca, pero escuchan y creen que de seguro irán “arriba” por ser “los pobres del mundo”, como les recuerdan centenares de rosados afiches gigantescos colocados por todo el país.

¿Cuánto esperarán? ¿Qué alzas en el costo de la vida aguantarán sin reclamar o estallar? ¿Estallarán o el estallido se está dando ya de otras formas, y la emigración seguirá siendo una de ellas, válvula de escape que regula el descontento social que produce tan prolongado empobrecimiento? ¿Está seguro el gobierno que mantendrá a su base sandinista unida sólo con discursos encendidos contra el capitalismo salvaje? ¿Está seguro que el resto de los descontentos permanecerán pasivos siempre? ¿Está seguro Ortega que mantendrá dividido al antisandinismo y unida a su base para mantenerse en el poder?

Las elecciones municipales de noviembre 2008 serán un test para empezar a responder a algunas de estas preguntas, a todo lo que está detrás de la fe casi religiosa que la base sandinista mantiene en su líder y de lo que hay tras la mayoría no sandinista que aguanta y aguanta, sin liderazgos creíbles. Entretanto, y por si acaso, mantener los candados del bipartidismo con una tercera etapa del pacto con Alemán resulta esencial para Ortega. De ahí la obscena aventura política que ambos fraguaron, revolcados en el fango de estos desastres.

HACIA EL CONTINUISMO

Cómo no, en el arca también va como pasajero de primera Arnoldo Alemán. Desde marzo, mucho antes de que el huracán y el diluvio pusieran al país en emergencia, comenzó a rumorarse que Ortega y Alemán estaban cocinando nuevas reformas constitucionales. La película se repite: después de negativas o evasivas, voceros de ambos caudillos comienzan a hablar del plan y finalmente, ambos aceptan que están en “eso”. En este caso fue particularmente notable la torpeza política que acompañó el organizado proceso de simulaciones.

Fue al saludar al reo Arnoldo Alemán -invitado de primera fila, nada más y nada menos que en el primer encuentro, en Managua el 5 de octubre, de las Cortes Internacionales y Regionales de Justicia del Mundo- que Ortega reconoció que desde hacía años ya le decía a Alemán que debían construir entre los dos un sistema parlamentario, convencido de que es lo mejor para Nicaragua.

A partir de ese día, comenzaron a conocerse los contenidos de las reformas que construían hasta entonces en sigilo Alemán y Ortega. Alemán las justifica: son necesarias porque el presidencialismo en Nicaragua está agotado y es obsoleto y requerimos un parlamentarismo “a lo nica”. Ortega globaliza el asunto: hay sistemas parlamentarios en Europa y funcionan muy bien, ¿por qué nosotros no? Su esposa, Rosario Murillo, elige el toque cultural y concluye que el proyecto es ancestral: nuestros indígenas ya tenían formas de gobierno comunitarias, que ella asegura eran parlamentarias. Y el mismo intelectual orgánico lo teoriza: el país está preparado para “el gran salto” al parlamentarismo, que enriquecerá la democracia participativa, dará acceso a la democracia directa y empezará a encarnar la democracia social.

UN CLARO TRUEQUE
ENTRE ALEMÁN Y ORTEGA

Las prosopopeyas encubren algo muy sencillo: no es el presidencialismo ni el parlamentarismo, es el continuismo.

Es la desesperación de Daniel Ortega, que quiere reelegirse, la Constitución actual no se lo permite y cinco años no le bastan para saciar su ambición ni le dan tiempo para que su grupo económico crezca y se consolide. Es la desesperación de Arnoldo Alemán, que no renuncia a continuar en política activa, mantiene un liderazgo cada vez más erosionado y necesita revitalizarlo con un visible cargo de gobierno y con la absolución definitiva de su justa condena por delitos de corrupción.

Su libertad no ha dejado de estar en manos de Ortega. El trueque está claro, es burdo, es obsceno: el FSLN le garantiza libertad y cargo a Alemán a cambio de que él le garantice a Ortega la reelección. Y las reformas les garantizan a ambos lo que desean: poder y figuración.

El debate sobra, todo es muy sencillo: si Daniel Ortega tuviera mayoría en el Parlamento o pudiera alcanzarla con su base incondicional no necesitaría de estas reformas para perpetuar su poder. Y si Alemán no fuera aún un reo aterrorizado por la cárcel a donde Ortega puede mandarlo si quiere, y si no sintiera ya el declive de su liderazgo, no las apoyaría.

EL NÚCLEO DURO

Con estas reformas, a partir de 2011, cuando terminara su mandato, Ortega podría ser reelegido permanentemente como Presidente (Jefe de Estado) -cargo que conserva el mando del Ejército y la Policía, dirige la política exterior, propone al Primer Ministro y puede disolver el Parlamento- y Alemán, por ser ex-presidente, sería diputado vitalicio con vitalicia inmunidad. Los votantes elegirían al Presidente con una mayoría de votos, sin porcentaje mínimo fijo. Y una mayoría de diputados -que ambos caudillos seleccionan siempre entre disciplinados y obedientes para colocarlos en listas cerradas de los dos partidos que controlan- elegiría a la nueva figura de poder en el nuevo sistema: al Jefe de Gobierno o Primer Ministro, que estaría supeditado a los diputados, los que a su vez estarían supeditados a él por lo que ya sabemos sucede en ambos partidos, que actúan como mafias y funcionan como ejércitos. Con insólito descaro, el reo Alemán declaró que desde ya él aspiraba al cargo de Primer Ministro.

Éste es el núcleo duro de las reformas, que continúan trenzando el bipartidismo forzado al iniciarse el pacto entre Ortega y Alemán en 1999. Si quedaban dudas, el Presidente Daniel Ortega, al comparecer al Parlamento, lo declaró abiertamente, sin hacer ascos al desprestigio que la figura de la reelección tiene en Nicaragua por causa de medio siglo de somocismo: ¡¿Cuál es el miedo a la reelección?!, clamó alteradamente Ortega ese día.

¿POSPUESTA LA PROPUESTA?

Las reformas constitucionales y el pacto de 1999 garantizaron a ambos partidos el control y la instrumentalización del Poder Judicial para sus propósitos políticos. Esto les ha permitido acumular bienes, prebendas, tierras, empresas, concesiones…un poder desmesurado. No en balde, las reformas de ahora proponen también que el cargo de los magistrados judiciales sea vitalicio.

Las reformas de ahora para un nuevo pacto nacieron en las filas del FSLN, que considera conveniente y urgente aprobarlas en primera legislatura, antes de cerrar 2007. Tanta urgencia en medio de tanta emergencia resulta grotesca. Una inesperada rebelión en las filas de Alemán -19 de los 25 diputados del PLC que deberían aprobarlas- pospuso el proyecto. Por lo menos hasta 2009: eso dijeron. Pero, como la rebelión no obedece, en la mayoría de los diputados rebelados, a motivaciones políticas sanas ni al dolor nacional por el desastre, no puede darse por fracasado el plan. Lo que sí es seguro es que Alemán continuará viajando en primera en el arca presidencial.

PUEDEN NAUFRAGAR

Daniel Ortega y Arnoldo Alemán parecen asumir que el pueblo nicaragüense lo aguanta todo. La premisa de ambos no es totalmente descabellada teniendo en cuenta la notable tolerancia, la paciencia medieval, con que la sociedad nicaragüense ha aceptado la corrupción, el abuso del poder del Estado y la impunidad de sus líderes políticos y religiosos. Pero Ortega y Alemán pueden equivocarse. Pueden cometer un error que funcione como esa gota de agua que termine rebalsando el vaso de la resignación que hoy mantiene paralizada a la gente. Cuando suceda ese desborde, el arca en la que hoy navegan ellos y las ensimismadas élites del país naufragará.

De diluvios y naufragios está hecha la historia nicaragüense. También, de la esperanza que nace cuando por segundos sale el sol. Ayer diluvió. Hoy llueve aún. Mañana será otro día.

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