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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 304 | Julio 2007

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Guatemala

Rigoberta Menchú: ¿estrella fugaz en el cielo electoral?

“Construiremos la confianza entre los guatemaltecos para poder tener un futuro mejor… Convocaremos a un pacto para lograr una visión conjunta de la Guatemala que todos queremos… Haremos de Guatemala un país más humano, una nueva república incluyente y multicultural”. Así hablaba Rigoberta Menchú al anunciar su candidatura presidencial. ¿Por qué el brillo de su estrella ha sido tan fugaz?

Ricardo Falla

Qué ha pasado con Rigoberta Menchú, candidata a la Presidencia de la República? ¿No era, según varias encuestas, la persona más conocida y reconocida de Guatemala? ¿No causó una reacción eléctrica en los nervios de la sociedad ladina dominante su anuncio, en febrero, de que correría como candidata presidencial? ¿Cómo es posible que, según alguna de las encuestas -si no la más exacta, sí la más influyente-, la intención de voto por Rigoberta haya bajado a un ínfimo 1.5% en junio? ¿No la tenían los gobiernos extranjeros y las organizaciones de la cooperación internacional como la estrella de nuestro firmamento político? La amiga de Jacques Chirac, la que atraía en Italia a la juventud que se agolpaba para escucharla, la invitada por el ex-Presidente de México a su casa particular, la Premio Nóbel de la Paz de 1992, que despertó tanta ilusión entre los pueblos indígenas del continente y entre muchos otros pueblos nativos, incluso los de los países escandinavos, ¿cómo está teniendo tan poco eco en su propuesta política?

Todas estas preguntas caben, aún haciendo la salvedad de reconocer que la intención de voto de la población guatemalteca para las elecciones generales de septiembre aún no está totalmente definida. Las encuestas que apenas
le dan un 1.5% de intención de voto a Rigoberta señalan también que el 40% de la población no sabe todavía por quién votar. Y en algunas encuestas, más privadas y no respaldadas por los grandes medios, le daban en mayo casi un 10%
de la intención de voto.

¿CÓMO EXPLICAR
ESTA DESILUSIÓN?

De todas formas, hay un sentir general -confirmado en mis propias percepciones- que la esperanza que Rigoberta despertó inicialmente, al postularse como candidata, de que renovaría profundamente una campaña rutinaria y previsible, desapareció muy pronto, y que esto ha calmado a la sociedad dominante y a los políticos: Rigoberta no era el enemigo temido que arrastraría tras sí a todo el pueblo indígena maya en municipios y caseríos de todo el país.

Esta desilusión tiene varias explicaciones y razones. La primera y principal es que Rigoberta no tiene tras sí una organización de masas, un movimiento social, como lo tenía y lo tiene en Bolivia Evo Morales. No tiene tampoco una estructura partidaria que cubra las muchas regiones indígenas del país, ni mucho menos el país. Su principal fortaleza, que es su dimensión internacional, su presencia internacional, su trabajo internacional es, en Guatemala, su principal debilidad. La Fundación Menchú es tan sólo una ONG y, por eso, es sólo un grupito de gente ubicada en la ciudad capital. Esto demuestra que el sólo pegamento de la identidad étnica no funciona si no existe una pita, un cáñamo, un hilo que estructure y coordine esa identidad. Y sobre todo, que la mueva. La identidad indígena, por ser de viento, es muy poderosa, pero necesita de ese hilo visible, concreto y tangible, que logre llegar hasta los caseríos indígenas.

Una segunda razón es que Rigoberta es vista por el pueblo indígena -según lo que vengo oyendo- como una persona que ya se distanció de su pueblo. Recibió el Premio Nóbel y no lo repartió -eso dicen-, sino que lo invirtió en una empresa de farmacias. Dicen también que es soberbia, que ya no quiere hablar con los pobres, que no va a Chimel,
su aldea, que ya se olvidó del sufrimiento de su gente. “Hemos ido -dicen- a la Fundación, y nos dice: Vuelvan
en tres meses. Pero aparece un gringo e inmediatamente lo atiende”. Esto lo he oído a menudo y de distintas formas. Muchas mujeres indígenas, con quienes me he puesto a discutir defendiendo a la Rigo, en vez de alegrarse porque una mujer logre llegar a la Presidencia, sienten una especie de envidia basada en la competencia y la atacan fuertemente.

UNA CAMPAÑA MUERTA
QUE LA HA MATADO A ELLA

Una tercera razón es que en los años 80 Guatemala vio pasar su momento, el de la gran esperanza de un cambio muy radical. Y la experiencia fue de gran frustración. Esta cima de entusiasmo no se repetirá tal vez hasta que crezca la tercera generación siguiente a la que vivió ese momento. En aquel tiempo, cuando la chispa del entusiasmo se percibía en los ojos de la gente joven y esa chispa los movía a actuar, a comprometerse, hasta a dar la vida, había un combustible. Ese combustible era una previsión, casi una certeza: “Podemos ganar”. Ahora la gente no ve eso. Aunque Rigoberta ganara la Presidencia, sentimos que no vamos a ganar nada, porque ella se encontrará presa. Es lo que piensa mucha gente. No hay posibilidad de cambio en Guatemala hoy. No existe ahora la posibilidad de una esperanza grande, como la que ha despertado Evo Morales en Bolivia. Yo lo veo, por ejemplo, aquí donde vivo, en Santa María Chiquimula. Aquí han nombrado, casi a regañadientes, a una candidata a alcaldesa por Encuentro por Guatemala (EG), el partido de Rigoberta. Y nadie le pone atención, nadie dedica su tiempo libre a su campaña. Rigoberta agarró una campaña electoral muerta y, en vez de resucitarla, la campaña la ha ido matando a ella. Es triste. Y algunas mujeres indígenas me han dicho: “Ojalá que esto no recaiga en todas nosotras”.

SÓLO UN NEGOCIO

Una cuarta razón es que la campaña electoral es percibida por la gente como un negocio. Negocio, no sólo porque hace falta mucho dinero para pagar anuncios por televisión, para instalar enormes vallas, para pagarle a los activistas partidarios, sino porque el resultado del éxito en la campaña es también un negocio. Es dinero. Si Rigoberta no tiene dinero para su campaña, la gente del pueblo no está dispuesta ni a financiarla ni a ayudarla con su trabajo, porque percibe que con ese dinero la enriquecería a ella si llegara a ganar. La gente no ve la campaña como una lucha por una cuota de poder desde el que cambiar las cosas, sino como una lucha por una cuota de negocio con el que enriquecerse.

SIN DINERO, SIN PRESENCIA

Una quinta razón es que, aunque Rigoberta ha elegido como compañero de fórmula, en la candidatura a la Vicepresidencia, a Fernando Montenegro, un empresario que fue presidente del CACIF, la cúpula empresarial más adinerada y antipopular, esto no se ha traducido en que haya recursos para la campaña electoral en las filas de EG. En mayo, una empresa hizo el cálculo de lo que había gastado cada uno de los principales partidos en propaganda electoral, sobre todo en la televisión. La UNE casi 3 millones de quetzales, la GANA 2 millones 700 mil,
el PP 1 millón y EG apenas 53 mil.

Sin dinero y con un carisma, un encanto, una chispa y una inteligencia que apenas aparecen en los medios, Rigoberta está en una posición muy débil. Cuando aparece en los medios, luce como de prestada, tensa. Y en programas de otros. Además, Montenegro es visto como un rico retrógrado y racista, muy alejado de aquella “tercera vía” que el sociólogo Anthony Giddens auspiciaba para la Gran Bretaña, y el que dicen que Montenegro favorece en su pensamiento.

DENTRO DE UN PARTIDO-CÁRCEL

Una sexta razón es el daño que le ha hecho a Rigoberta la cárcel partidaria en la que compite en estas elecciones.
El partido EG ni es de ella ni es del pueblo indígena que ella dice representar. Encuentro por Guatemala es el partido creado por Nineth Montenegro, activista de derechos humanos, diputada y parienta del candidato a la Vicepresidencia. El partido sólo tiene arraigo en la ciudad capital y Nineth Montenegro se está fogueando para ser su candidata presidencial en el año 2011.

EN UN ESPACIO ESTRECHO,
SIN RESPALDOS

En estas circunstancias, el espacio en el que Rigoberta se mueve es estrecho y la puerta es angosta. Rigoberta no quiere parecer de izquierda. No escogió competir con la URNG, en el partido de la antigua guerrilla, calculando que eso la hubiera “quemado”. Hoy, Rigoberta no aparece liderando agendas radicales. Cuando participó en la II Cumbre Continental de los Pueblos y Nacionalidades Indígenas, celebrada en Iximché, en marzo, no recibió el apoyo que muchos esperaban que los participantes de la Cumbre le darían. De hecho, se lo negaron. Tampoco Evo Morales, cuya llegada a la Cumbre estaba prevista, se lo dió. Se esperaba que Evo viniera a Guatemala, y aunque no sabemos por qué no vino, parecería que no hay simpatía de fondo entre ambos. ¿O será que Evo no quiso perjudicarla con su presencia?

SU BELLO HUIPIL
SALPICADO DE SANGRE

Rigoberta se metió en esa cárcel antes de lanzarse a la candidatura presidencial desde que aceptó ser Embajadora de la Paz del actual gobierno de Oscar Berger. Este cargo la ha dañado. Y como algunos analistas previeron, el asesinato en febrero en Guatemala de los diputados salvadoreños y de los policías que los asesinaron, la ha salpicado también a ella, por estar representando a un gobierno que, por lo menos avala y encubre las ejecuciones extrajudiciales.

Es significativo que después del impacto mediático que causó en febrero el anuncio de la candidatura de Rigoberta, el impacto mediático que provocaron estos asesinatos la arrinconó definitivamente a la sombra. ¿Tuvo una cosa que ver con la otra? Algunos pensamos en esa oportunidad que Rigoberta ya en el gobierno no podría hacer nada frente
a los poderes ocultos enquistados en el Estado. Y sentimos un bajón en el entusiasmo que teníamos, un aterrizaje en la realidad en la que nos encontramos. Los sueños al piso. Otros tal vez pensaron que ese asesinato la dañaba a ella porque provenía de ese gobierno en el que tenía un cargo. Por una razón o por otra, la sangre de los salvadoreños
y de los policías muertos le salpicó su bello huipil. un inexplicable silencio que la daña

Un último barrote de esa cárcel que ella misma se ha impuesto es su silencio ante la denuncia de la Audiencia Nacional de España contra el genocida General Efraín Ríos Montt, una denuncia promovida por ella misma. Ahora, en campaña electoral, Rigoberta ha dicho que por “razones éticas” no impulsa la denuncia y tampoco ataca al General,
quien acaba de ser inscrito como candidato a una diputación para así obtener inmunidad. ¿Qué quiéren decir las “razones éticas” de Rigoberta? No se entiende tampoco este silencio.

¿Callar para no afectar a la Fundación Menchú, que prosigue los trámites de la denuncia, aunque silenciosamente?
¿O es que el partido EG le ha dicho que no se meta con el General por el “acuerdo de caballeros” que se firmó al comenzar la campaña electoral?

¿HABRÁ AL FINAL
ESE ZARPAZO?

Rigoberta Menchú va en un carro que no es de ella. Aunque la llevan, ella no puede impedir que el carro se pare cuando el dueño se quiere detener a tomar una hamburguesa... Tampoco ella puede pedirle al carro que se pare si el dueño lleva prisa por llegar y no le interesa bajarse a platicar con los amigos de ella. Rigoberta va presa.

De todas formas, todavía el voto está indeciso en una alta proporción. Un maestro de Totonicapán me decía el otro día que en esa cabecera departamental, apretadamente indígena, el FRG -el partido del General genocida- es el más fuerte, por los regalos que le hacen a la gente los diputados. Pero decía que el que va detrás es EG, el partido de Rigoberta, con una campaña silenciosa, en lengua quiché, realizada casi de puerta a puerta, de caserío en caserío, y que darían “el zarpazo” cuando menos se lo esperaran.

Esperemos ese “zarpazo”. Pero en Santa María Chiquimula, un municipio de este mismo departamento y vecino al municipio de la cabecera, no se nota ese trabajo de hormiga. No hay entusiasmo por Rigoberta. Como me dijo un político en Alta Verapaz, cuando se acababa de anunciar su candidatura: “No influirá, porque aquí ya todo está repartido”.

NO ES TIEMPO AÚN

Es eso lo que percibimos en este pequeño lugar de Guatemala. Cada partido, con su candidato a alcalde, ya tiene su gente y sus hilos. Y todos son indígenas. “Y que no me vengan a decir que apoyemos el negocio de una indígena, porque yo también soy indígena”. Creo que esto es lo que piensan muchos en su interior.

Y no cambia la repartición del pastel, que es más un pastel de dinero -y de su flujo- que un pastel de poder. Es el pastel de quién nos da más láminas, más abono, de quién nos construye caminos, de quien nos da cemento para el atrio
de nuestro oratorio.

No es un pastel de poder: quién va a cambiar este Estado, quién va a enfrentar el problema del acceso a las tierras, quién va a meterle el diente a la cuestión fiscal y a hacer realidad la justicia en el pago de impuestos…

Todo eso suena demasiado grande y lejano, suena a promesas vacías. No moviliza, provoca impotencia.
Lo cercano, lo cotidiano, es lo que mueve: comer, cubrirnos de las lluvias y que nos dejen ganar nuestro pisto
sin leyes y sin injerencias del Estado. No es tiempo aún de ver en el cielo electoral constelaciones, estrellas organizadas que aspiren al poder para cambiar las cosas.


ANTROPÓLOGO E INVESTIGADOR SOCIAL. SUS DOS ÚLTIMOS LIBROS: “ALICIA. EXPLORANDO LA IDENTIDAD DE UNA JOVEN MAYA. IXCAN, GUATEMALA” Y “JUVENTUD DE UNA COMUNIDAD MAYA. IXCAN, GUATEMALA”, PUBLICADOS POR LA ASOCIACIÓN PARA EL AVANCE DE LAS CIENCIAS SOCIALES (AVANCSO) Y LA UNIVERSIDAD DE SAN CARLOS.

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