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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 190 | Enero 1998

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México

Sangre en Chiapas, crisis en Asia y recuperación económica

La masacre de Acteal puso en evidencia la complejidad de la crisis de Chiapas, conflicto que el gobierno no tiene voluntad de resolver. Mientras, la crisis económica en Asia envió a México lecciones que el país debe aprender

Centro de Derechos Humanos Miquel Agustín Pro y Centro Tata Vasco

La matanza ocurrida el 22 de diciembre de 1997 en ACTEAL municipio de Chenalhó, Estado de Chiapas, en la que fueron asesinados 45 indígenas tzotziles la mayoría mujeres y niños y heridos más de 25 también menores y mujeres por el grupo Máscara Roja, puso de nuevo a Chiapas en el centro de la atención mundial. Ulteriores investigaciones señalaron al Presidente municipal de Chenalhó como uno de los autores del crimen, resultando también acusados altos funcionarios del gobierno estatal y del federal, mientras los autores intelectuales quedaban cuidadosamente enmascarados.

¿Qué evidenció esta masacre? Que existen en Chiapas grupos paramilitares que son armados, entrenados, protegidos, azuzados y financiados por el Ejército, el Gobierno federal y estatal, el partido oficial (PRI), los caciques y los ganaderos. El objetivo de estos grupos es llevar a cabo una "guerra sucia" contra el EZLN y sus simpatizantes, con la que defender los intereses económicos y políticos de todos estos grupos de poder. El Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro ha identificado al menos a diez grupos paramilitares que actúan en Chiapas. La matanza de Acteal es la cruenta consecuencia de haber dejado impunes otros muchos crímenes cometidos por estos grupos, que han asesinado a cientos de indígenas y poco antes de Acteal llegaron a atentar contra la vida de Samuel Ruiz y Raúl Vera, obispos de San Cristóbal de las Casas.


Acteal: pieza de una estrategia

Acteal ha sido una sangrienta pieza dentro de la estrategia de guerra de baja intensidad que desde hace mucho tiempo el Ejército lleva adelante en Chiapas. Con la matanza el gobierno mostró su decisión de combatir a los municipios que, por la vía de los hechos, se han declarado autónomos. En Acteal, Máscara Roja atacó a un grupo de población civil del municipio de Chenalhó que estaba apoyando a las autoridades autónomas.

La estrategia gubernamental se basa en incrementar las contradicciones políticas, económicas y también religiosas que existen entre las comunidades y al interior de ellas, con el objeto de dar la apariencia de que el Ejército nada tiene que ver con el conflicto, para así convertirlo después en factor de pacificación y en promotor del orden.

Desde hace bastante tiempo el Ejército ha venido tanteando la zona para ver hasta dónde puede aprovecharse de este rol de pacificador y así escalar la ofensiva militar anti EZLN, incrementando en Chiapas el número de sus efectivos, penetrando en zonas zapatistas, estrechando su cerco contra el EZLN e intentando aislarlo de su base social de apoyo. El objetivo último es desarmar al EZLN por la fuerza, preparando las condiciones para una operación quirúrgica que descabece al movimiento indígena armado.

Chiapas no es un problema local

Mientras no exista voluntad política por parte del gobierno de cumplir con lo acordado con el EZLN será inviable cualquier solución negociada en Chiapas. El 11 y el 14 de diciembre sólo una semana antes de la masacre , las autoridades autónomas y el gobierno municipal priísta habían suscrito un acuerdo para poner fin a agresiones y provocaciones.

La sangre indígena derramada en Acteal evidenció el nivel de deterioro al que había llegado ya una posible solución del conflicto en Chiapas después del incumplimiento por parte del gobierno de lo acordado con el EZLN sobre derechos y cultura indígena y de la suspensión, por más de un año, del diálogo de San Andrés. Y puso a prueba la decisión del EZLN de ser un movimiento armado que busca solución por la vía política a la insoportable situación de los indígenas. El EZLN ha rehuido el enfrentamiento militar y ha evitado caer en cualquiera de las provocaciones del ejército antes y después de la masacre.

Acteal ha desdibujado totalmente el esquema de negociación acordado en San Andrés: se ha perdido la confianza y la comunicación entre las partes. El último Comisionado del gobierno para negociar la paz no logró recuperar la credibilidad necesaria para poderse sentar a la mesa de diálogo. Su sustituto llegó con una función más restringida: Coordinador para la Negociación. Por otra parte, la Comisión Nacional de Intermediación (CONAI), con la Comisión de Concordia y Pacificación (COCOPA), no ha sido capaz de urgir el cumplimiento de lo acordado ni de mediar efectivamente para reanudar el diálogo, mientras la Comisión de Seguimiento y Verificación de los Acuerdos nació muerta: tras su instalación no se reunió y no pudo ejercer su mandato.

Después de la masacre, que desnudó las intenciones del gobierno nacional al dar una versión amañada de los hechos y demostrar su nula voluntad negociadora , el intento gubernamental se centró en buscar cómo equiparar al EZLN amparado por la Ley de Concordia y Pacificación con los grupos paramilitares ilegales para así poder justificar el desarme de ambos por la fuerza o al menos, para negociar en términos más favorables a sus intereses con el EZLN. También se esfuerza el gobierno en reducir el conflicto y su solución a Chiapas, presentándolo como un problema meramente local que tocaría resolver sólo a los chiapanecos, obviando que Chiapas y Acteal son expresión de un conflicto nacional cuya solución corresponde a todos los mexicanos. Las propuestas de la CONAI y de la COCOPA que, entre otras cosas, urgen el retiro de las provocadoras tropas del Ejército de la zona zapatista, buscan desenmascarar la estrategia gubernamental y crear condiciones para la reanudación del diálogo en favor de la paz.

La economía se recupera

La paz será frágil mientras no se ataquen las raíces de la guerra. Y la guerra nace del empobrecimiento despiadado de la población, del desempleo masivo y de la agudización brutal de las desigualdades. Sin embargo, desde el punto de vista global, no hay duda de que en 1997 el desempeño de la economía marcó una recuperación frente a la severa caída iniciada en 1995.

La reanudación del crecimiento en 1997, que finalmente benefició en algo el consumo de la población y creó nuevos empleos, da pautas para tomar medidas en favor de una efectiva participación de la sociedad en la economía haciendo que, a través del mercado interno, las empresas no exportadoras puedan producir y generar más puestos de trabajo, mejor consumo y más inversión. Con esta orientación en la mira han empezado a actuar los partidos de oposición, obteniendo resultados todavía modestos: aumentaron un poco el gasto en favor de la sociedad, disminuyeron un poco el costo de los servicios públicos para los más pobres y sentaron bases para la vigilancia de la administración de los recursos públicos.

El aplauso del FMI

1997 cierra como un año de buenos resultados: la economía creció y se crearon nuevos empleos. En el año se reafirmó la tendencia a la recuperación al crecer la economía entre un 6.5 y un 7%, lo que rebasó las expectativas oficiales: un crecimiento del 4 5%. Este avance debe matizarse considerando que en 1995 México padeció una severa contracción ( 6.2%), como consecuencia de las medidas restrictivas adoptadas por el gobierno en respuesta a la salida de capitales y a la devaluación del peso ocurridas en diciembre 1994.

En 1997 la economía ha retomado por fin la ruta del crecimiento interrumpida entonces, al superar el PIB de 1994, lo que constituye un indudable logro. Asimismo, en 1997 se crearon en el país unos 940 mil nuevos empleos, lo que significó que el total de trabajadores asegurados en el Instituto Mexicano del Seguro Social importante indicador de empleo llegó a casi 10 millones.

La recuperación de la economía abarcó a prácticamente todos los sectores agricultura, manufacturas, comercio, servicios ya que, por primera vez desde la crisis de 1994, el mercado interno participó en la recuperación. De enero a octubre, el mayor crecimiento, de 22%, se registró en la inversión de las empresas en actividades productivas y por fin, el consumo de la gente mejoró, incrementándose en un 5.6%.

Las exportaciones, que ya representan casi el 30% del PIB nacional, continuaron jugando un papel central en la actividad económica, creciendo en un 17%. La macroeconomía mantuvo una relativa estabilidad. Aunque la inflación superó la previsión del gobierno que había propuesto bajarla de 27.7% en 1996 a 15 16% en 1997 , el avance fue sustancial: en noviembre había llegado a ser de 17.7%.

El control de la inflación es objetivo prioritario de la política económica mexicana, que considera pilar del buen quehacer económico tener la menor inflación posible para así atraer la mayor cantidad de inversión extranjera. En 1997, aunque se liberaron algunas restricciones monetarias y financieras para favorecer el crecimiento de la economía, se continuó controlando la inflación castigando los salarios.

Otro pilar para el control de la inflación la estabilidad del peso frente al dólar se logró mantener hasta septiembre gracias al significativo ingreso de capitales a la bolsa de valores y a la producción, así como al ingreso de préstamos en moneda extranjera recibidos por empresas y gobierno. De enero a septiembre la cotización del peso mejoró al pasar de 7.8299 a 7.7776 pesos por dólar , pero fue una mejoría artificial debido a la mayor inflación en México respecto a Estados Unidos.

La crisis financiera en el Sudeste Asiático permitió la devaluación del peso mexicano sin costos políticos ni grandes salidas de capitales. Así, la devaluación, que de cualquier manera tenía que producirse, apareció vinculada a la mala racha financiera que recorrió el mundo.

Todo bajo control. En un año de cambios políticos tan significativos, el gobierno mexicano y el Fondo Monetario Internacional se esmeraron en ponderar todos estos logros económicos, como una prueba de lo adecuada que resulta la actual política económica. El FMI sabía que era necesaria esta ponderación pública. Desde que, para salir de la crisis financiera en 1982, el gobierno mexicano pactó con Estados Unidos y con los organismos internacionales radicales cambios de política económica hacia la apertura y la privatización, la política económica no había tenido oposición interna por el control que ejercía el gobierno de un solo partido, el PRI. Hoy, la composición plural del Congreso anuncia frenos a esta irrestricta libertad de acción.

¿Y las mayorías?

¿En qué se tradujo la recuperación de la economía y del consumo para los muchos mexicanos, que siguen siendo mayoría, cuya situación económica no mejoró en 1997? La respuesta más razonable es que, saliendo apenas de tan seria crisis, no es posible que la recuperación beneficie a todos de inmediato, aunque ciertamente la creación de miles de empleos sí resultó beneficiosa. La Confederación Patronal de la República Mexicana concluyó que, si entre 1995 y 1997 el crecimiento de la población superó el de la economía, con tasas anuales de 1.9% y 1.5%, entonces somos más pobres.

Es también más que razonable el criticar la manera de sortear las crisis, escogiendo castigar los ingresos y las condiciones de vida de la mayoría. Así, por ejemplo, se aprecia que a partir de 1995 ha aumentado la proporción de la población ocupada en empleos de menores ingresos. El salario también pierde valor. Del 1 de diciembre de 1996 cuando se aumentó en 17% el salario mínimo al 31 de diciembre de 1997, la inflación fue de 19.5%, lo que invalidó el poder de compra del salario mínimo.


Salarios super devaluados

Pero no sólo para salir de las crisis se controlan los salarios. También para prevenirlas. El abaratamiento de los salarios ha sido una constante en los últimos 15 años. 1987 1997 fue la década de los pactos económicos. Empresarios, trabajadores y gobierno concertaban medidas económicas para controlar la inflación y, con menor interés, para impulsar el crecimiento. En diciembre de 1987 un salario mínimo, que era de 6.4 pesos diarios, compraba el 94% de la llamada Canasta Obrera Indispensable, con 35 artículos de consumo básico. En diciembre de 1997 el salario mínimo, ya de 26.4 pesos, adquiría sólo el 25%. En esa década el número de horas de trabajo requeridas para comprar la canasta, ganando el salario mínimo, aumentó de 8.36 horas a 32.22 horas.

En diciembre 97, el salario mínimo sólo podía adquirir el 22.3% de lo que compraba en octubre de 1976, cuando registró su mejor nivel. Así, hoy hay que ganar cinco salarios mínimos para tener el poder de compra que tuvo un sólo salario mínimo hace 21 años. El 88.5% de los trabajadores y empleados mexicanos, percibe salarios equivalentes a cinco salarios mínimos.

La pobreza en México: algunos indicadores

¿Cuántos pobres?

42 millones de personas son pobres en una población total de 93 millones.

De los 42 millones, 22 viven en extrema pobreza.
De los 22 millones, 15 viven en el medio rural.

Condiciones de vida

25 millones de personas no disponen de agua potable en sus casas.

40 millones de personas carecen de condiciones mínimas de higiene ambiental.
Mil municipios están en condiciones de alta marginalidad.
53% de la población consume 1,400 calorías diarias. (Mínimo requerido: 2,300).

Niños en pobreza

15 millones de niños y niñas viven en condiciones de pobreza.
4 millones de menores indígenas sufren discriminación.

2 millones de menores no tienen acceso a la escuela.

800 mil menores abandonan la escuela debido a la pobreza.
60 mil niños mueren anualmente antes de cumplir 5 años por problemas de salud prevenibles. 9 de cada 100 niños nacen con bajo peso.

400 mil embarazos anuales corresponden a mujeres adolescentes.

1 millón 200 mil hijos de jornaleros viajan con sus padres al norte del país para trabajar.

30 mil niños son repatriados cada año en el intento de cruzar la frontera con Estados Unidos.

Los bancos extranjeros

El Fondo Bancario de Protección al Ahorro y todos los programas de rescate de los bancos no logran sanear las actividades de la banca nacional. La salida que se está dando al problema es la creciente participación de bancos extranjeros en los bancos mexicanos. Al finalizar 1996, los 18 bancos extranjeros que entraron al país en asociación con bancos mexicanos, tenían una participación del 12% del capital de la banca mexicana y manejaban el 9% de los créditos.

Aunque la internacionalización o globalización de las empresas es un hecho indetenible en todo el mundo, y éste puede ser un argumento suficiente, para la banca mexicana implica dos problemas. Los bancos nacionales, virtualmente quebrados, hacen negocios con la banca extranjera en condiciones de debilidad y no se ven favorecidos en términos de participación efectiva en la gestión de la empresa y en mejoras tecnológicas. Además, una amplia y precipitada apertura financiera del país hace al conjunto de la economía y no sólo a los bancos mucho más vulnerable a los cambios en el exterior y a las condiciones exigidas por la banca extranjera para operar en México.

Crece la economía informal

Los principales resultados económicos positivos aparecen en la economía formal, en la que paga impuestos y se rige por las reglas establecidas en las leyes y en la práctica. La economía informal fenómeno universal es el otro rostro, en el que se encuentran quienes se ven excluidos de la economía exitosa. Según cifras oficiales, en México la producción informal de bienes equivale a un 8% del PIB y el comercio informal al 20% del comercio formal. Organismos privados estiman que el tamaño del total de la economía subterránea llega a ser de un 40 60% del PIB.

El comercio es la principal activad informal. Dentro de él, el comercio ambulante ocupa a un millón y medio de personas, el 37% de las que están ocupadas en el comercio formal. Siguen en importancia las manufacturas de alimentos, los textiles, la madera, la construcción y otros servicios. El empleo informal refleja el desempleo formal, que ha sido históricamente elevado y sigue en aumento. El empleo informal no fue nunca menor al 40% de la población económicamente activa entre 1970 y 1995 y pasó de 55.5% en 1990 a 59.4% en 1996, un porcentaje que supera el 56%, promedio para América Latina, y el 57% que tiene Brasil.

Estreno del debate económico

Una significativa novedad económica de 1997 se produjo en el terreno político. Al estrenarse la mayoría de oposición al partido de gobierno, el PRI, en las Cámaras de Diputados y Senadores, los asuntos económicos y de política económica han dejado de ser objeto de discusión meramente formal para transformarse en temas prioritarios en la agenda de los legisladores. La oposición ha emprendido ya la revisión de varias acciones gubernamentales en materia de privatizaciones y manejo de recursos públicos: la reapertura del escandaloso caso CONASUPO, el proceso de privatización de los bancos y de TELMEX, y los criterios y manejo de recursos para el rescate de los bancos.

El esclarecimiento de estos casos y las acciones que se tomen en cada uno de ellos deberán contribuir a poner punto final a la unilateralidad en la toma de decisiones sobre asuntos que competen al conjunto de la economía y de la sociedad, a poner alto a la corrupción en la asignación y manejo de recursos y a iniciar el tiempo en que las decisiones se tomen por consenso entre los partidos representados en las Cámaras, que son portavoces de los intereses de grupos sociales más amplios y diversos, hasta ahora prácticamente ausentes de las decisiones y de las estructuras del poder.

El G-4 ante el Presupuesto 98

La actual política económica es la columna dorsal que ha sostenido a los últimos tres gobiernos del país, y por lo mismo se la resguarda con gran celo. Esto se vio en la discusión del Presupuesto para 1998, programa anual de ingresos y gastos del gobierno federal. Por primera vez, el Presupuesto fue sometido a una discusión real en la Cámara de Diputados. Los partidos Acción Nacional, de la Revolución Democrática, del Trabajo y Verde Ecologista el llamado Grupo de los Cuatro G-4 habían llegado a consensos sobre varias modificaciones a la propuesta del gobierno, buscando favorecer la economía de grupos sociales más amplios. Sin embargo, en el último momento el PAN cambió su voto para apoyar al PRI.

Lograr un equilibrio en las cuentas del gobierno ha sido objetivo oficial durante los últimos quince años, considerando el gobierno que si su gasto excede sus ingresos se generan presiones inflacionarias y el endeudamiento daña otros rubros de la economía nacional. Para 1998, el gobierno propuso un gasto total de 871 mil 568 millones de pesos, lo que significaba una participación de 22.8% en el PIB. Este gasto excedería los ingresos en 47 mil 348 millones de pesos, déficit que representaba un 1.25% del PIB, 0.75% más que el estimado en 1997.

Los partidos de oposición consideraron que el déficit podía elevarse hasta el 3% del PIB sin dañar el equilibrio presupuestal. Pero conscientes y quizá hasta temerosos del costo político y de las pocas probabilidades de éxito, optaron por no buscar incrementos en los gastos y se centraron en la distribución de los recursos.

¿Qué logró la oposición?

Desde el mes de octubre empezó a crecer el clima de expectación sobre la discusión de las cuentas públicas entre el Legislativo y el Ejecutivo. Y aunque un presupuesto anual no agota la política económica de un país, la discusión del Presupuesto 98 estuvo cargada de presiones políticas y sociales muy fuertes por el compromiso de los partidos de oposición con quienes los eligieron el 6 de julio y por la ya vigente competencia electoral para los próximos comicios.

Al final de las discusiones, la oposición obtuvo algunas mejoras significativas: reasignación y reducción de unos 15 mil millones de pesos del gasto total, de los cuales 6 mil millones se le quitaron al rescate de la banca; reducción de la partida secreta del presidente de 150 a 50 millones de pesos; aumento del 37% en las partidas de la federación a los gobiernos municipales y su manejo directo por parte de éstos; medidas de control a los ingresos de funcionarios públicos; seguimiento del gasto público por parte del Legislativo; controles al endeudamiento público y al destino de ingresos excedentes; subsidio del 20% al gas y energía eléctrica de los hogares que ganan menos de 3.2 salarios mínimos; obligación del Ejecutivo de informar en los primeros tres meses de 1998 sobre la distribución de los 10 mil millones de pesos que usará para el saneamiento financiero de empresas.

Están en puerta asuntos mayores:
• Una reforma fiscal que favorezca la producción y la productividad, el empleo y el consumo de la población y que controle los movimientos de capitales especulativos de corto plazo.

• La revisión de los programas de rescate financiero, cuyo costo va subiendo y cuyos beneficios no se advierten.

• La revisión de los pagos de deuda del gobierno, que en conjunto con los programas de rescate absorberán unos 135 mil millones de pesos en 1998.

• El saneamiento del manejo de programas sociales para sustituir su enfoque asistencial por un enfoque que incorpore participativamente a las personas, en su medio, a la vida social y económica.

El abismo de la desigualdad

En todo proceso económico está implícita la generación de disparidades entre grupos sociales, sectores económicos y regiones geográficas. No hay mejor ejemplo que el actual panorama mundial, que concentra el saber hacer y el bienestar económico en unos pocos países avanzados, seguidos de otros intermedios entre los que quizá califica México , seguidos de una gran mayoría de países situados en la escala inferior y casi desprendidos de la dinámica económica mundial. También dentro de cada país se producen distanciamientos sociales. En México los vemos agrandarse.
¿Tiene que ser así? Las generalizaciones son riesgosas porque pueden encubrir otras realidades y otras alternativas. Y así, aun en pleno auge de la economía neoliberal, y contradiciendo sus reglas porque utilizan las fórmulas económicas según conviene a sus sociedades , China e India tienen una agricultura autosuficiente, que no es poco decir, y la India va en la ruta de la industrialización y sus mercancías circulan masivamente en el mundo, mejorando paulatinamente su calidad, mientras América Latina se queda muy por debajo de los niveles educativos de países como Corea o Taiwan.

En México todos sabemos que la pobreza no la trajo el neoliberalismo. Si lográramos remover el pesado fardo con el que este modelo inmoviliza nuestra capacidad y necesidad de acción económica, nos encontraríamos de nuevo ante realidades previas al modelo: graves desigualdades en la distribución del ingreso y de las oportunidades de educación y de desarrollo individual y social, graves dificultades para la organización del trabajo y el logro de una productividad no necesariamente basada en la explotación.

El gasto social en México


Es a través del gasto social que los gobiernos pueden compensar las desigualdades sociales favoreciendo a los grupos con mayor atraso económico.
Dos aspectos son importantes para comprender mejor la actual política de gasto social de México. Por un lado, el rezago de la economía respecto al crecimiento demográfico y la inequidad en la distribución del ingreso, demandan un mayor gasto social, que no se incrementa porque la política económica lo califica como injustificado y contraproducente.

Por otro lado, las políticas de gasto social que existen son asistencialistas, pues no buscan abrir vías para lograr que, mediante los programas sociales, los rezagados económicamente se incorporen efectivamente a la vida productiva. Se confía a los mercados el ordenar la vida económica y ese "ordenamiento" logra únicamente que los más hábiles se beneficien, mientras a los no hábiles se les promete que su turno llegará cuando se haya generado suficiente riqueza para que una parte se derrame hacia ellos. Llevamos ya 15 años esperando ese momento.

En 1998, el 41% del gasto total del gobierno, 360 mil millones de pesos, se destinará al gasto social: educación, salud, seguridad social y desarrollo regional. Dentro de este gasto social, 38 mil 101 millones de pesos serán utilizados por la Secretaría de Desarrollo Social (SEDESOL) en programas para combatir la pobreza de 2 millones de familias en 22 estados de la República. En 1997 se atendió a 400 mil familias en 504 municipios, con programas de educación, salud y alimentación, de infraestructura social básica y de fomento a la producción y el empleo. Pero los habitantes de Chiapas le han explicado al resto de los mexicanos que SEDESOL utilizó estos recursos para pagar a los grupos paramilitares que siembran la inseguridad y la muerte en su zona. En este desvío de fondos como opción gubernamental y en la crónica pobreza extrema que padecen sus poblaciones hay que enmarcar las complejas realidades de Chiapas, Oaxaca y Guerrero, donde la indefensión económica se entreteje con la marginación social, cultural y política de los pobres, indígenas en su mayoría.

Chiapas: riquezas inmensas


La pobreza de Chiapas no se debe a falta de recursos. Hay pobreza en la organización social y en las formas de reparto del trabajo y de la riqueza. Toda la realidad refleja la grave discriminación de los indígenas, despreciados y humillados socialmente, despojados de sus tierras y de sus bienes y mal retribuidos por su trabajo. Sabemos, por ejemplo, que en Chiapas subsisten hasta las "tiendas de raya", que suponíamos eran historia pasada.

La riqueza de Chiapas es un motivo muy poderoso de los conflictos y de su compleja solución. En Chiapas, el Río Grande y sus más de 40 afluentes conforman uno de los principales sistemas hidrológicos de toda América Latina: 116 mil millones de metros cúbicos, equivalentes al 30% del total de recursos hidrológicos de México. En Chiapas se genera cerca de un tercio de la energía eléctrica del país, pero el aprovechamiento de esta energía para riego abarca sólo al 3.6% del total de las 1.3 millones de hectáreas productivas de Chiapas. El resto de tierras permanecen como tierras de temporal. Sabemos también que Chiapas guarda en sus entrañas cuantiosos recursos petrolíferos, ese oro negro que a propios, y más a los extraños, tanto atrae.

Los ecos de la crisis en Asia

Los vínculos económicos de México con el exterior continuarán siendo el talón de Aquiles del equilibrio macroeconómico. Quizá por esto se aspirará a un crecimiento menor, ya que apenas éste se activa, las importaciones vuelven a rebasar a las exportaciones, presionando por la devaluación de la moneda y trayendo un consecuente efecto inflacionario, volviéndose así a apretar el cinturón de la austeridad. También tenderá a ser menor, porque el crecimiento fomenta la entrada de capitales del exterior en la bolsa, lo que significa ofrecer altos rendimientos a la inversión y a la vez encarecer el crédito a la producción y el consumo, con lo que se frena la actividad de la mayor parte de la economía.

En el horizonte internacional también se avizora incertidumbre por los efectos de la crisis financiera en Asia. La crisis se inició en julio con la devaluación de la moneda de Tailandia. Siguieron las de Filipinas, Malasia y Vietnam. Muchos capitales en las bolsas de valores de esos países, y en otros en países en desarrollo, fueron a refugiarse a los mercados más estables de Estados Unidos y Europa. Los efectos negativos de la crisis los absorbieron los asiáticos, los beneficios los europeos y estadounidenses. El impacto más espectacular ocurrió en Corea, con la quiebra de empresas y bancos. También en Japón. El posible origen de la crisis es una combinación de exceso de gasto público, con el gran poder desestabilizador de los capitales financieros, que se mueven rápidamente alrededor del mundo sin reglas que los frenen. Pero también puede haberse debido a una estrategia para debilitar la competitividad de los países asiáticos, que a Occidente le resulta muy desventajosa.

En 1997 la política económica oficial de México se benefició con esta crisis y la devaluación del peso, aunque se calcula que salieron del país unos 10 mil millones de dólares. El mapa internacional para 1998 aparece complejo: desde la posibilidad de que la crisis financiera asiática continúe y dañe principalmente a las bolsas de valores de los países en desarrollo hasta que las devaluaciones en Asia permitan mayores ventas a Estados Unidos y los productos mexicanos sean desplazados de ese mercado o que desde Asia lleguen a México más capitales financieros.

Ante la incertidumbre financiera internacional, en la que las crisis se van volviendo recurrentes, lo más importante es que los países en desarrollo tengan respuestas preparadas para enfrentarlas lo mejor posible. El gobierno de México se permitió darle consejos al de Japón sobre la pertinencia de aplicar severas medidas de austeridad a su economía, recortando el crecimiento de su mercado interno. El FMI ponderó la buena conducta de México, que no aplica controles al tipo de cambio durante los vendavales financieros, aunque no dijo que los efectos de esta falta de controles los paga la gente con las alzas de precios.

Cómo enfrentar las crisis

México tiene mucho que aprender de los países asiáticos. A pesar de sus crisis, las sociedades de estos países presentan una gran productividad fundada en el trabajo, en la educación y en un sentido de identidad nacional que les da cohesión y motivación. Aun cuando la crisis haya sido provocada deliberadamente para debilitar la competitividad asiática, estos países no obedecerán dócilmente las prescripciones del FMI y darán sus propias respuestas.

Si México es débil en sus vínculos financieros con el exterior y siempre le falta dinero, tendría que empeñarse en promover una inversión productiva que genere empleos mejor pagados que los de la maquila y que contribuyan a elevar la tecnología y los modos de organizar la actividad empresarial. El dinero de esa inversión no se iría del país tan fácilmente. Naturalmente, tampoco se conseguirá tan fácilmente esa inversión como la que se consigue atrayendo maquiladoras, que ni siquiera traen maquinaria como inversión, sólo como préstamo 15% de ellas , y a las que basta con autorizarles salarios bajos, regalarles terrenos y darles vía libre en la contaminación del medio ambiente. Atraer inversión productiva requiere que el país invierta en infraestructura y eduque y capacite a su gente y que las empresas nacionales puedan ofrecer o competir con mejores productos y servicios.

Y para los choques financieros súbitos, nada mejor que controles fiscales a los capitales de muy corto plazo, a los que México se ha mal acostumbrado, pues llegan fácilmente atraídos por ganancias que no se ofrecen en otros países, pero con igual facilidad se van, llevándose ganancias express, por la rapidez con que las obtienen. Chile y España aplican ya controles a esos riesgosos capitales de corto plazo. Para enfrentar cualquier tipo de crisis, lo más urgente es hacer del ámbito económico un espacio amplio de participación social. También en Chiapas.

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