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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 8 | Enero 1982

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Nicaragua

Tomás Borge: Seminario sobre Derechos Humanos y Discriminación Racial

Extractos del discurso del Comandante Tomás Borge en la clausura del Seminario sobre Derechos Humanos y Discriminación Racial.

Equipo Envío

"No podemos irrespetar los derechos humanos, porque eso sería irrespetarnos a nosotros mismos, no podemos irrespetar los derechos humanos, porque eso sería irrespetar la revolución popular sandinista. No podemos irrespetar los derechos humanos porque eso sería irrespetar los sueños de Carlos Fonseca.

Para nosotros los nicaragüenses defender la Revolución Popular Sandinista es defender los Derechos Humanos y defender los Derechos Humanos es defender la Revolución Popular Sandinista.

Las revoluciones han sido definidas de muchas maneras. Se ha dicho con justa razón que son la sustitución frecuentemente violenta de una clase social por otra en el área del poder. La revolución es un cambio profundo, un cambio cualitativo. No sé si alguien ha dicho que una revolución es la conquista de los Derechos Humanos. En Nicaragua hubo una revolución porque hubo una sustitución no de hombres sino de clases en el poder. Los pobres sustituyeron a los ricos. En Nicaragua hubo una revolución porque nuestro pueblo conquistó el derecho a su dignidad, conquistó el derecho a ser respetado, porque contrajo también la obligación de respetar y el derecho a ser respetado, porque tomó por asalto el derecho a la justicia, a la libertad y a la defensa de los Derechos Humanos.

Recuerdo cuando nosotros estábamos en la cárcel, cuando luchábamos en la clandestinidad y en la guerra, cómo tejíamos los hermosos sueños, entre los cuales estaba el florecimiento del amor de los hombres. Después de la victoria descubrimos que por desgracia la conquista de los derechos humanos es un proceso complejo y difícil, lleno de tremendas dificultades y limitaciones objetivas; descubrimos que no basta anhelar la dignidad del hombre y no basta la decisión política de crear una sociedad donde el elemento predominante sea la fraternidad entre los seres humanos y que los hábitos negativos, el egoísmo, el rencor y el odio no se eliminan por decreto.

Después de la victoria, descubrimos que el odio de las clases desplazadas del poder y su agresividad frecuentemente criminal contra la revolución y el pueblo era una limitante objetiva de los derechos humanos. Que las clases luchan entre sí y que muchas veces esa lucha deja el precio de la sangre y de la vida de las fuerzas sociales en contienda. Ilusos éramos nosotros con nuestros sueños, cuando creíamos que después de la victoria no se iba a derramar una sola lágrima y una sola gota de sangre. Hemos descubierto que por desgracia una revolución sólo puede ser revolución si se defiende con sudor, con lágrimas y con sangre.

La discriminación en la Costa Atlántica y podría añadir la discriminación en cualquier parte del mundo está estrechamente unida a la geopolítica del imperialismo. En Nicaragua el imperialismo y la contrarrevolución quieren aprovecharse de las justas demandas étnicas, del celo por la cultura propia y de las legítimas reivindicaciones económicas y sociales, para transformar estas luchas en una lucha separatista. No podemos confundirnos con tesis como la autodeterminación de los indígenas ni deformaciones alrededor del derecho original sobre la tierra, o sea del derecho preferencial sobre el territorio sin reconocer el derecho del Estado, sin mantener presente el verdadero contenido de la historia, de la realidad de nuestros pueblos y de las mismas étnicas, la Revolución ha rescatado la cultura indígena y sacará del atraso y la pobreza a todos los grupos étnicos, como sacará de la pobreza y del atraso a todos los nicaragüenses; somos instransigentemente defensores de nuestras raíces nacionales y de la autodeterminación de Nicaragua. Los misquitos, los sumos y los ramas por encima de que son misquitos, sumos y ramas son nicaragüenses, como nicaragüenses son los mestizos, los negros y los blancos que nacieron en Nicaragua o adquirieron la nacionalidad nicaragüense.

Las minorías siguieron en nuestro país ligadas al proyecto capitalista y por lo tanto su total emancipación debe estar ligada a la liberación nacional. El acta de defunción de la discriminación racial en Nicaragua, señores delegados se firmó el 19 de Julio. Ese día se liberó Nicaragua y se integró para siempre la Costa Atlántica.

Nosotros hablamos de una justicia muy concreta, no de la justicia que habla Pinochet, Duvalier o Mr. Haig. Es una justicia distinta de la que nosotros hablamos: hablamos de la justicia revolucionaria. ¿De qué justicia hablamos? de la justicia que defendiendo a la sociedad defiende a cada uno de sus integrantes; de la justicia que defendiendo el derecho de los jueces defienden también el derecho de los enjuiciados; de la justicia que defiende el derecho de los combatientes que cuidan las cárceles y el derecho de los reos; de la justicia que defiende el derecho de los niños, a que sus madres no tengan que vender su cuerpo para darles de comer, el derecho a que los campesinos sean algo más que dueños de la tierra, el derecho a que los obreros no se sientan satisfechos con la migajas de pan que los ricos o la sociedad les tiran debajo de la mesa. Nos referimos a la justicia que defiende el derecho a la multiplicación de los panes, del alfabeto y de las mejores cualidades del hombre. Nos referimos a la justicia que defiende el derecho a la verdad, a la defensa de nuestras tradiciones históricas, a la defensa de la cultura nacional y sobre todo a la justicia que defiende el derecho a la defensa de la patria.

Estamos tratando de construir una sociedad justa, es decir, una sociedad en la que los derechos humanos no sean una pancarta ni un instrumento demagógico ni politiquero ni una mentira más para engañar a los pueblos, sino que tengan un sentido extenso y profundo que se proyecten hacia todos y cada uno de los hombres y que sean la expresión más elevada de la solidaridad internacional.

No es cierto que todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derecho, como señalan las Normas Internacionales de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Comprende el espíritu de lo que quiere decir, nos sentimos obligados a afirmar que esta igualdad termina cuando el niño recibe una alimentación especializada o es víctima de la desnutrición. En Nicaragua ahora todos los niños nacen libres, pero todavía no nacen iguales. Sólo serán iguales cuando tengan la misma oportunidad de vivir, cuando no mueran cien cada mil niños que nacen, cuando no existan pañales de lino y pañales mugrientos a la vez; cuando no existan pesebres y cunas de oro.

Nosotros hemos pretendido aportar al derecho de los derechos humanos en el mundo y creo que nuestro principal aporte es haber hecho una revolución, señores delegados sin pena de muerte, sin gases lacrimógenos y con habeas corpus (aplausos). Pero además, sin blandenguerías, con firmeza; tenemos agarradas las riendas de la revolución y empuñados fuertemente los fusiles y que no haya pena de muerte y que haya habeas corpus y que no haya bombas lacrimógenas no significa que vayamos a abandonar el fusil que tenemos empuñado con fuerza en nuestras manos.

A nuestro juicio no hay nada que pueda conmover más la sensibilidad de los revolucionarios que conocer el hecho que una mujer tenga que venderse para darle de comer a sus hijos. Señores delegados, cuando nosotros podamos decirle a Uds. que en Nicaragua no hay una sola mujer que se venda, ni un niño que pase hambre o que tenga que utilizar sus pequeñas manos para ganarse el sustento, entonces y solo entonces, habremos conquistado los Derechos Humanos en Nicaragua.

Tampoco voy a hablar sobre la lucha que emprendimos desde el primer día de la victoria contra ciertas tendencias al maltrato físico y verbal a los prisioneros somocistas y que nosotros fuimos los primeros en denunciar y castigar, ¿se acuerdan ustedes? Pero sí voy a señalar una vez más, el sagrado compromiso de nuestra Revolución de liquidar desde sus raíces la tortura el maltrato contra los prisioneros. Se puede afirmar con toda responsabilidad, que hemos eliminado las torturas y el maltrato físico y verbal, sólo torturan los cobardes, y los sandinistas son valientes.

Delante de los delegados de las Naciones Unidas, frente a nuestro prestigio histórico como Revolución nos comprometemos intransigentemente fieles a la voluntad política, de que Nicaragua será un ejemplo en su respeto a la integridad física y moral de los que por una u otra razón en manos de la justicia revolucionaria.

Nosotros compañeros tenemos derecho a hablar sobre derechos humanos; tenemos derecho porque no explotamos ni explotaremos jamás a otros pueblos; porque no fabricamos ni fabricaremos jamás bombas de neutrones porque no intervenimos ni intervendremos jamás en los destinos de otros pueblos; más que con nuestro ejemplo; porque no somos ni seremos jamás agresores; porque no hablamos de paz mientras nos preparamos para hacerle la guerra a otros países, porque no apoyamos regímenes genocidas e inhumanos; porque no torturamos ni torturaremos jamás; porque no discriminamos a los negros ni a los indios; porque no somos gendarmes internacionales, porque no tenemos en nuestra tierra Ku Klux Klanes; porque no amenazamos a nadie; porque jamás vamos a asesinar niños ni a mujeres negras; porque jamás seremos asesinos de hombres como Martín Luther King; porque jamás habrá un Luther King que diga que "cien años después, la vida del negro está todavía maniatada por las esposas de la segregación y por las cadenas de la discriminación, que cien años después el negro vive en la solitaria isla de la pobreza, en medio de un vasto océano de prosperidad material y se sienta un exiliado en su propia tierra" jamás nadie nos va a acusar como lo hizo Luther King a nosotros podrán acusarnos de otras cosas, tal vez podrán acusarnos de ser soñadores, de no tenerles miedo a los poderosos, pero nadie podrá acusarnos jamás de ser violadores consientes de los derechos humanos, si alguna vez quieren llevarnos al banquillo de los acusados, que nos digan ustedes son culpables de amar más a la patria que a la vida, de amar a los hombres y de ser intransigentes con aquel grito de guerra que hizo temblar de pánico a los invasores y de justa ira y de vergüenza a los nicaragüenses. A nosotros podrán acusarnos de todo, menos de cobardes ni de vende patrias, a nosotros jamás nos van a acusar de maltratar a nadie, de violar los Derechos Humanos.

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