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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 175 | Octubre 1996

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Nicaragua

Hora cero: la suerte está echada

Cualquier radiografía muestra que la Alianza Liberal y el FSLN son bloques económicos, políticos y sociales con evidentes contradicciones. ¿Podrán manejarse estas contradicciones cuando liberales o sandinistas sean gobierno?

Equipo Nitlápan-Envío

En la cultura nicaragüense todo se deja para el último momento. Entonces, se improvisa, se hace uso del ingenio... y se acierta o no. En la recta final del proceso electoral se están tomando muchas decisiones y esto ha ido configurando unos últimos momentos llenos de expectación. Una expectación incomparablemente superior a la que precedió a las elecciones de 1990. Hasta el último momento, las encuestas muestran a Alemán y a Daniel con mínimas diferencias o virtualmente empatados. Uno de ellos dos será Presidente de Nicaragua. Lo será con la Constitución menos presidencialista de la historia del país, con un Legislativo bastante pluralista y con un espectro de colores aún más variado en los gobiernos municipales. Eso también anuncian las encuestas.

Las cosas han ido cambiando

En 1990, la sorpresa se produjo hasta el conteo de los votos. En 1996, la recta final va de sorpresa en sorpresa. La más notable es la que vienen dibujando las encuestas: Alemán se estanca o retrocede y el FSLN avanza sostenidamente. Hace unos meses, la tónica era otra. Un cierto fatalismo de los sandinistas colocaba inexorablemente a Alemán en la Presidencia y un ostentoso triunfalismo de los liberales allí también lo colocaba, mientras más de 30 partidos "de centro" luchaban por acreditarse ante los votantes. Quince días antes de las elecciones, el centro se difumina, el FSLN empieza a verse como triunfador y Alemán da muestras de gran inseguridad.

Después de hablar durante meses de "arrasar" en primera vuelta y de ganar la mayoría de los escaños del Parlamento y de las alcaldías, el 25 de septiembre Alemán habló, con preocupación y por primera vez, de que tendría que competir en segunda vuelta con Daniel Ortega. Ese día, con tono agresivo, amenazó al Consejo Supremo Electoral (CSE) con montarle una manifestación de protesta si continuaba retrasando la entrega de los documentos para votar, pidió a todos los partidos "democráticos" que retiraran sus candidaturas para darle su voto a él porque si no "se lo dan al FSLN", anunció que creará una "Comisión de la Verdad" para esclarecer crímenes de los sandinistas que han quedado impunes y comparando a Daniel Ortega con Drácula - porque "se esconde cuando ve el crucifijo" -, lo retó por tercera vez a un debate público.

Desde días antes y en los días siguientes, los voceros del alemanismo insistían nerviosamente en que se está preparando un fraude - político, técnico o incluso electrónico - a favor de los sandinistas. "Aquí está absolutamente descartado el fraude. Eso es parte de un pasado muy remoto", declaró con la mayor serenidad días después la Presidenta del Consejo Supremo Electoral (CSE), Rosa Marina Zelaya. La capacidad técnica del CSE y la capacidad política del pueblo de Nicaragua se volverán a poner a prueba el 20 de octubre. La suerte está echada.

Alianza y FSLN: varios bloques

Aunque la distancia que separaba al FSLN y a la Alianza Liberal se ha ido reduciendo considerablemente desde mediados del año hasta las vísperas electorales, no puede decirse lo mismo de las distancias que aún continúan separando a los diferentes bloques agrupados bajo la bandera de Daniel y bajo la de Alemán. Estas distancias se mantienen y en algunos casos hasta se han ampliado, en la medida en que para ambos grupos es posible y probable - aunque no segura - una victoria electoral.

Cualquier radiografía muestra que el FSLN y la Alianza Liberal amalgaman bloques sociales, políticos e ideológicos con evidentes y con latentes contradicciones. La incorporación de nuevos aliados a las filas del FSLN y a las de la Alianza Liberal introducen nuevas contradicciones. Sin olvidar que el FSLN ha sido y sigue siendo un partido de frente amplio y que la Alianza Liberal aparece también, desde su origen, como una coalición política de vocación amplia. Ni sandinistas ni alemanistas tienen, en teoría, ninguna razón para excluir a ningún sector político o ideológico. En el proceso electoral, el FSLN ha hecho alianza con un sector de sus adversarios político-militares de la Resistencia y los liberales alemanistas se han aliado con sus adversarios históricos, un sector de los conservadores. Como resultado de este amplio juego de alianzas, hoy el FSLN no se encuentra conformado solamente por sandinistas, ni la Alianza Liberal solamente por liberales.

Ni Daniel ni Alemán pueden eliminar totalmente las contradicciones existentes al interior de sus respectivas agrupaciones, pero como dirigentes carismáticos han podido contener estas contradicciones dentro de ciertos límites durante la campaña. ¿Podrán hacerlo si llegan a ser gobierno? ¿Cuáles son estas contradicciones, al menos las más visibles?

Alemán: un "liberal conservador"

Arnoldo Alemán, exitoso cafetalero y abogado litigante, no representa al gran capital nicaragüense de origen oligárquico, sino al empresario de sangre "plebeya", que a lo largo de su vida ha visto cómo se ha ido revalorizando el patrimonio que posee. Esto explica esa especie de rechazo instintivo que su figura provoca en ciertos sectores de la oligarquía nicaragüense, que ven en Alemán a un advenedizo en la tradicional vida política del país. Quienes le conocen de cerca afirman que en privado nunca ha disimulado sus simpatías por los valores que el primero de los Somoza encarnó en Nicaragua. Aunque de raíz liberal, Alemán es profundamente conservador frente a temas religiosos, familiares, educativos y en su concepción de la autoridad, lo que lo convierte en una especie de "liberal conservador".

El gran capital con el que cuenta la Alianza Liberal es fundamentalmente el capital somocista y el capital de un poderoso grupo de cubanos exiliados en Miami, sumado a algunos de los capitales criollos no-somocistas que se quedaron viviendo en Nicaragua durante la revolución. Abundan en la Alianza capitales de dimensiones más modestas, no por ello menos intransigentes o beligerantes que los grandes. Serían los peces más gordos los que más han contribuido al financiamiento de la campaña electoral de Alemán. Con su dinero, estos grandes capitalistas -de dentro y de fuera- se han asegurado una posición preponderante en el seno de la Alianza.

Son un sector sumamente organizado, que sueña con llevar a cabo una especie de cruzada que reconquiste a Nicaragua purificándola de toda huella de sandinismo e instalando en el país un "somocismo sin Somoza" o, más exactamente, un "somocismo con Alemán". Entre sus sueños figura también el convertir a Nicaragua en una base estratégica en la lucha contra el gobierno de Fidel Castro. Un importante apoyo de Alemán son los políticos y empresarios cubano-estadounidenses que integran el poderoso lobby que hizo posible ese adefesio jurídico que es la Ley Helms-Burton.

Confiscados: el núcleo duro

La figura más conocida y más representativa del sector de capitalistas no-somocistas que se quedaron viviendo en Nicaragua es Enrique el "Churruco" Bolaños, gran algodonero y productor agroindustrial, candidato a la Vicepresidencia por la Alianza Liberal. Anti-sandinista virulento, confiscado por la revolución, Bolaños se presenta ante la oligarquía nicaragüense como un garante al lado de Arnoldo. Con Bolaños en un lugar tan prominente en la fórmula de la Alianza Liberal, los alemanistas intentaron hacer creíble y aceptable ante la oligarquía conservadora -Bolaños es de filiación conservadora- el programa y la persona misma de Arnoldo Alemán. Pero la presencia del "Churruco" no ha tenido todos los efectos deseados y la Alianza Liberal no ha conseguido atraerse a la oligarquía. Quizás porque ésta ve en Bolaños a alguien tan confrontativo como el mismo Alemán. Y teme que esta pareja los lance a una aventura incontrolable.

El núcleo mas cohesionado y beligerante de los empresarios alemanistas lo compone un grupo de confiscados por el gobierno sandinista. La reivindicación más inmediata de este grupo es la recuperación de todas sus propiedades o una jugosa indemnización por ellas, metas que no lograron conseguir a plenitud con el gobierno de Violeta Chamorro, por el que se sienten traicionados y al que no perdonan por haberse aliado con los sandinistas.


La tecnocracia liberal

En la cúpula de la Alianza Liberal están también figuras de la alta tecnocracia liberal. Son egresados de prestigiosas universidades extranjeras y algunos trabajaron para la revolución sandinista, pero la maquinaria del FSLN no fue capaz de prestar oídos a sus planteamientos en materia económica. Después, desencantados, abandonaron la política y una buena parte de ellos se mantuvo estrechamente vinculada al INCAE (Instituto Centroamericano de Administración de Empresas).

Hoy, han experimentado nuevamente el deseo de participar en la política. Sienten que la Alianza Liberal les brinda un espacio para realizar sueños que, como economistas, han venido incubando desde hace años en su trabajo como profesores, investigadores o consultores. Con esta esperanza se han aliado con los políticos y con los empresarios más modernizantes del alemanismo, los que no se identifican con el somocismo. El camino que estos tecnócratas se han propuesto recorrer es tortuoso y angosto. Probablemente, serán muy pocos los que transitarán por él resistiendo a los cantos de sirenas. Si la Alianza Liberal no es capaz de lograr un gobierno de amplia concertación nacional, sus sueños corren el riesgo de no pasar nunca de sueños. En estas circunstancias, se verían enfrentados a dos opciones: continuar en el gobierno, aun al precio de traicionar sus propios ideales cívicos; o renunciar volviendo al seno de la sociedad civil, para impulsar las transformaciones democráticas en las que creen.

El respaldo más numeroso

Entre las filas de la Alianza Liberal encontramos también a campesinos de subsistencia, a finqueros chapiollos, a artesanos y a pequeños comerciantes. Y a tantos y tantos empobrecidos y desempleados durante estos años neoliberales. Todos ellos, junto a sectores de las "capas medias" urbanas (profesionales, técnicos, etc.), representan el grueso de los simpatizantes de Alemán.

Uno de los cementos que cohesiona a este amplio espectro de personas es el haber experimentado los efectos desastrosos que produjo en sus familias el servicio militar obligatorio: muerte de seres queridos, separación y exilio de parientes jóvenes, etc. Apoyando a Alemán, sienten que "le pasan la factura" al sandinismo. También los aglutina la frustración por no haber podido mejorar su nivel de vida, ni con el gobierno sandinista ni con el gobierno chamorrista.

Al interior de la Alianza, la capacidad de estos sectores para hacerse oír tiene que ver sobre todo con su peso numérico. Carecen de los recursos económicos y de la organización necesaria para imponer sus puntos de vista dentro del alemanismo. Su capacidad de presión dentro de la Alianza depende en gran medida de la coyuntura electoral. Una vez que pasen las elecciones, su poder tenderá a declinar. Si la Alianza gana las elecciones, es previsible que se conviertan en el sector que Alemán intente movilizar cada vez que tenga necesidad de imponer su propia estrategia dentro o fuera de la Alianza.

Capitales: en Nicaragua y Miami

Conformada por elementos tan disímiles, la Alianza Liberal se encuentra inevitablemente atravesada por múltiples tensiones internas. Una de las contradicciones más importantes dentro de la Alianza es la que existe entre el capital somocista-cubano de Miami y el capital radicado en Nicaragua. A primera vista, esta contradicción tiene que ver principalmente con un problema de tamaño: el capital de fuera sería mayor que el interno y poseería, por tanto, más poder. Algunos consideran que, por este poderío económico, el gran capital exiliado -y especialmente, el de origen cubano- vendría literalmente a barrer con ciertos sectores del capital residente en Nicaragua: banca, comercio, turismo, construcción.

Pero el problema no es solamente cuantitativo. No se trata solamente del tamaño del capital, sino también de su naturaleza y de su lógica de funcionamiento. El gran capital del exilio nica o cubano es predominantemente especulativo, mientras que el núcleo principal de los capitalistas pro-alemanistas radicados en Nicaragua representa a un capitalismo productivo, cuyas inversiones se ubican básicamente en el sector agropecuario. Los intereses no son los mismos. Y lo que es bueno para uno de estos sectores puede no serlo para el otro. ¿A cuál de ellos favorecerá Alemán con sus políticas económicas?

Somocistas y no somocistas

Otra de las contradicciones internas de la Alianza es la que existe entre los somocistas y los no-somocistas. Se trata de una tensión más política que económica. Hay muchos liberales que se han aliado a Alemán, pero que no se identifican con el somocismo ni tampoco con un antisandinismo visceral. En privado - y a veces incluso en público - no disimulan su deseo de alejarse de los estilos de dirección autoritarios, característicos del neosomocismo que evoca la figura y el discurso de Alemán. Representan una nueva generación dentro de la Alianza y proponen una versión modernizada del liberalismo. Consideran que su misión histórica es demostrar que en Nicaragua el liberalismo no es necesariamente sinónimo de somocismo. Las tensiones existentes entre ellos y los somocistas se pusieron de manifiesto en las elecciones que se llevaron a cabo en el seno de la Alianza Liberal para designar a los candidatos a diputados departamentales y a alcaldes de varias municipalidades del país. En más de un municipio, ganaron las elecciones frente a los candidatos somocistas que no ofrecían más que la nostalgia y la resurrección del pasado.

Liberales y conservadores

Otra contradicción es la que existe entre los liberales y el grupo de conservadores que se unieron a la Alianza. Es difícil saber a ciencia cierta cuántos son estos conservadores unidos al alemanismo. No parecen ser muchos. En todo caso, no parecen provenir de la mera base del conservatismo nacional sino de un sector de sus cúpulas.

La unión de conservadores y liberales parece estar pegada con saliva, porque ese pacto - realizado para la campaña electoral- buscó únicamente el cerrarle el paso a una eventual alianza de los sandinistas con los conservadores. Para los conservadores pactantes se trató de asegurarse un cargo en el futuro gobierno, lo que ha provocado serias tensiones entre los liberales y los conservadores que aspiran a ocupar esos cargos. Estas tensiones se intensificarían en una eventual segunda vuelta para la elección presidencial y podrían acentuarse aún más si Alemán ganase las elecciones.

Grandes y pequeños productores

La otra gran contradicción que atraviesa a la Alianza Liberal es la que existe entre los grandes productores - principalmente agropecuarios - y el abigarrado mundo conformado por los pequeños productores rurales y urbanos que se cobijan bajo la bandera roja "sin mancha" de Alemán. Como el control de la Alianza no lo tienen los pequeños, la política económica del alemanismo tenderá, casi inevitablemente, a privilegiar a los grandes.

Parece poco realista imaginar un escenario diferente. Estando tan cargados los dados macroeconómicos y los de la propia Alianza, resulta poco probable que los pequeños productores del país lleguen a ser los mimados del liberalismo alemanista. Hasta ahora, no lo han sido con ningún gobierno liberal en América Latina. Tampoco lo fueron en el gobierno neoliberal de Violeta Chamorro. Para la pequeña y mediana producción, el alemanismo representaría una continuidad de la política económica chamorrista. Y esto aun en la hipótesis de que Alemán, una vez en el poder, lograse un mayor nivel de reactivación económica que el que pudo obtener el gobierno Chamorro durante su gestión.

FSLN: capitalistas nuevos y antiguos

Aunque con grandes diferencias, el tejido social interno del FSLN es, en muchos aspectos, tan heterogéneo como el de la Alianza Liberal. En el FSLN hay de todo: empresarios, capas medias, campesinado, artesanos, etc. Al igual que la Alianza Liberal - creada hace dos años con propósitos electorales -, el FSLN de hoy - y el de ayer - representa una buena muestra del conjunto de los sectores sociales que componen la sociedad nicaragüense. Los únicos que no figuran dentro del FSLN son las cúpulas alemanistas, del mismo modo que las cúpulas sandinistas no figuran en las filas de la Alianza Liberal.

En la cúpula del FSLN se encuentran tanto dirigentes sandinistas que de la noche a la mañana se transformaron en empresarios capitalistas gracias a la revolución, como quienes ya eran capitalistas antes de la revolución y consiguieron expandir su capital con las políticas de la revolución en los años 80. Esto marca entre ellos una clara frontera de clase: los capitalistas de última hora son de origen plebeyo, los capitalistas de siempre provienen en su mayoría de la oligarquía tradicional, como lo indican sus apellidos. Todos tienen en común el haber sabido utilizar sus posiciones clave dentro del FSLN y dentro del Estado.

Algunos de ellos son los protagonistas de la "piñata" de 1990. Durante el gobierno Chamorro, muchos de ellos figuraron entre los principales inversionistas del país y, asociados a capitalistas chamorristas - que se sirvieron del Estado para favorecer sus propios negocios -, consiguieron aumentar aún más su poder económico, mostrando así que la alianza entre ciertas cúpulas sandinistas y chamorristas fue algo más que una simple alianza política en pro de la estabilidad nacional. Algunos de estos capitalistas sandinistas figuran actualmente entre los más poderosos empresarios del país. Para muchos capitalistas no-sandinistas, representan la garantía de que el FSLN no cometerá "excesos revolucionarios" si ganara las elecciones. Los consideran suficientemente probados: fueron ellos quienes impulsaron los primeros ajustes neoliberales en 1988 y quienes, a partir de 1990 y desde el Ejército, la Policía y demás instituciones del Estado aseguraron la relativa estabilidad política que tuvo el gobierno Chamorro.

Varias ideologías económicas

También integran la cúpula del FSLN los grandes tecnócratas del sandinismo, unos simplemente tecnócratas y otros tecnócratas y empresarios. Durante el gobierno de Violeta Chamorro, la mayoría de ellos trabajaron en la dirección de ONGs o fueron funcionarios de organismos internacionales. Algunos trabajaron, incluso, para el gobierno. Otros - de menor prestigio - trabajaron como empleados de empresarios sandinistas.

Desde el punto de vista ideológico-político, es muy amplio su espectro. Existen los estatizantes de izquierda, que propugnan una amplia intervención del Estado en la economía para aumentar la demanda de bienes y servicios, especialmente para aumentar la capacidad de compra de los sectores populares. La apuesta de otros está en reactivar la economía con el incremento de la oferta productiva de bienes y servicios. También hay estatizantes de derecha: los que piensan que la reactivación económica del país sólo puede conseguirse con grandes proyectos de inversión y de fomento público en infraestructura, orientados fundamentalmente a asegurar los activos de empresarios sandinistas. En el medio figuran liberales de derecha moderada, que consideran que continuar aplicando las políticas de estabilización y ajuste - aunque con rasgos de "rostro humano" - es el costo que tiene que pagar el FSLN para reactivar la economía.

Los fieles y los críticos

Otro sector importante dentro del FSLN lo conforma una amplia capa de propietarios pequeños y medianos que nacieron con la revolución: propietarios de tierra urbana o rural, de viviendas, de medios de transporte (buses, taxis) de medios de comunicación, etc. Entre ellos encontramos desde los más fieles seguidores del FSLN hasta los más críticos del mismo. Pertenecen al primer grupo quienes profesan una fe a toda prueba en los dirigentes históricos del FSLN. El grupo de los críticos está compuesto mayoritariamente por intelectuales que no ocuparon nunca altos cargos, ni dentro del Estado ni dentro del partido, o que si los ocuparon, los abandonaron por conflictos con el poder. Si aún se mantienen en cargos, tratan de disimular públicamente su descontento.

Su criticismo es de principios o responde a los resentimientos que generó la "piñata", sea por razones estrictamente éticas, sea por la desacertada distribución de estos recursos y la poca transparencia que hubo en su asignación, o sea incluso porque consideran que en la "piñata" recibieron bastante menos que lo que se auto-adjudicó la cúpula empresarial sandinista.

La reivindicación común a todos es la democratización del partido. Cuando la fecha de las elecciones estaba lejana aparecían más críticos. Ahora, han cerrado filas detrás de Daniel y contra Alemán, reservando sus críticas contra la dirección del partido para después, sea que el FSLN quede en la oposición o sea que ocupe de nuevo el poder del Estado.

Los pobres y los solidarios

Dentro del FSLN están también todos los sectores populares que, habiendo sido beneficiados o no por la revolución sandinista, se han sentido profundamente desilusionados por el chamorrismo, por el que apostaron en las elecciones del 90. Se trata de pequeños y medianos productores del campo y de la ciudad, empobrecidos, excluidos y desempleados, entre los que figuran también sectores de ex-miembros de la Resistencia. Se trata también de jóvenes - hoy ya maduros - y de adolescentes - hoy ya jóvenes - formados en valores revolucionarios - solidaridad, generosidad, honestidad - con experiencia y deseos de participación.

Cúpulas y bases

Una de las contradicciones más importantes que atraviesa internamente al FSLN es la que existe entre las cúpulas empresariales y tecnocráticas del partido y los sectores populares. Unos se han enriquecido y "posicionado" en estos años, los otros se han empobrecido. Si esta contradicción ha podido mantenerse hasta ahora dentro de límites aún manejables, se debe al discurso popular, populista y anti-somocista de los dirigentes sandinistas, que se encarga de mantener siempre vivo en la memoria de los sectores populares el recuerdo de las cosas buenas que les ofreció la revolución y que el gobierno chamorrista no fue nunca capaz de ofrecerles. Si el FSLN gana las elecciones, tendrá que enfrentarse con expectativas populares largamente postergadas. Y si el equipo de gobierno del FSLN no logra reactivar la economía, esta contradicción puede convertirse en una permanente fuente de inestabilidad. A su favor, el FSLN tiene, más que cualquier otro partido político, largos años de experiencia en el manejo de estas contradicciones, que son históricas, porque el FSLN ha tenido siempre una muy heterogénea base social.

Alianza con productores

Otra tensión importante que hay dentro del FSLN es la que existe entre los sandinistas y sus aliados no-sandinistas. La alianza entre ambos ha alcanzado su máxima expresión en la designación como candidato a la Vicepresidencia de la República del productor agropecuario no sandinista Juan Manuel Caldera. Muchos ven con escepticismo la solidez y la duración de esta alianza y pronostican que se desmoronará si el FSLN llega al poder. Otros estiman que al FSLN le es absolutamente necesaria esta alianza para poder reactivar la economía y que tratará por todos los medios de mantenerla y de consolidarla. El FSLN habría aprendido la lección de los años 80: contra los productores o sin los productores, el país no puede salir adelante. Una ruptura de la alianza con los productores no-sandinistas pondría en crisis el actual plan económico del FSLN.

Las nuevas generaciones

Otra contradicción es la que existe entre la dirigencia histórica sandinista y las nuevas generaciones - más entradas en años unas que otras -, que aspiran a dirigir el partido con nuevos estilos y nuevas ideas. Las pugnas que ocurrieron antes, durante y después del Congreso del FSLN en 1995 pusieron al descubierto estas tensiones.

Es obvio que una democratización interna del FSLN aliviaría las tensiones dentro del partido, pero no es fácil para los dirigentes históricos del FSLN el avanzar mucho en esta dirección. Entre otras razones, porque no son pocas las contradicciones que los mismos dirigentes históricos del sandinismo tienen entre sí, algunos con capacidad de movilizar a bases propias y leales en contra de las bases de sus rivales, reviviéndose así las divisiones entre "terceristas", "proletarios" y defensores de la "guerra popular prolongada". Sin embargo, es probable que estos conflictos internos pasen a ser pleitos internos de familia de llegar al FSLN al poder.

Promesas vs políticas

La principal contradicción será la que puede llegar a establecerse entre las promesas electorales de los dirigentes sandinistas y las políticas económicas de estabilización y ajuste que el gobierno del FSLN tenga que implementar en este mundo, tan diferente al de 1979 y al de los primeros años 80, si no quiere entrar en conflicto con los organismos multilaterales. Sin embargo, la coyuntura internacional es menos adversa para los sandinistas de lo que lo fue en la segunda mitad de los 80, pues no tendrían el desangre económico que significó la guerra y contarían con el apoyo financiero de la comunidad internacional.

FSLN: más experiencia

La Alianza Liberal y el FSLN tienen contradicciones internas susceptibles de convertirse en fuentes de inestabilidad si llegan al poder. Algunas de esas contradicciones son similares: en ambos casos: se dan entre los sectores populares y el gran capital y la tecnocracia; entre las promesas populistas de sus dirigentes y las restricciones económico-financieras impuestas por los organismos multilaterales; entre los dirigentes tradicionales y las nuevas generaciones de cuadros que aspiran a renovar el partido; entre la militancia partidaria y los aliados que no pertenecen al partido ni comulgan con su ideología; entre los sectores más radicales y los más moderados dentro del partido...

El FSLN aventaja a la Alianza Liberal en experiencia: durante el gobierno Chamorro dio pruebas de que sus potenciales focos de inestabilidad interna eran bastante manejables. "Desde abajo", por la influencia de los dirigentes sobre las bases. Y "desde arriba", durante años de co-gobierno con los funcionarios y tecnócratas del chamorrismo. No puede decirse lo mismo de la Alianza Liberal que, hasta ahora, no ha gobernado el país. Alemán dirigió la Alcaldía de Managua, pero Nicaragua es mucho más compleja que la Alcaldía.

Temor a la inestabilidadExiste un gran enigma que pende sobre Alemán y sobre la Alianza Liberal: ¿Hasta qué punto el retorno de muchos somocistas al poder y el arribo del gran capital cubano-somocista de Miami se traducirán o no en fuente de inestabilidad política y económica para la sociedad nicaragüense? ¿Hasta que punto pasarán por encima de la institucionalidad del Estado para"ajustar cuentas" a los sandinistas?

No es sólo el componente somocista de la Alianza Liberal lo que asusta a muchos votantes no-sandinistas. Les atemoriza también el que el capital de los somocistas y el de los cubanos no se encuentra en el país, sino en el extranjero. Cualquiera que sea su tamaño, es un capital que no se ve ni se verá afectado en lo más mínimo por el mayor o menor grado de inestabilidad que sus propietarios - los somocistas y los cubanos miamenses - puedan crear con sus políticas y con sus actuaciones personales en el país. Como decía Virgilio Godoy, candidato presidencial por el Partido Liberal Independiente (PLI), en una entrevista concedida a envío: se trata de un capital que "no tiene nada qué perder con lo que pase en Nicaragua".

No ocurre lo mismo con el capital de los empresarios sandinistas y con el de muchos productores, grandes, medianos o pequeños, que no son sandinistas, pero que se quedaron a vivir en el país durante todos estos difíciles años. Gran parte de estos capitales de todo tamaño los tienen invertidos en Nicaragua. A diferencia de los somocistas y de los cubanos exiliados, ellos sí tienen mucho que perder en el caso de que la Alianza Liberal llegue al poder y el país se vaya internando en un circuito de mayor inestabilidad. Por esto, a pesar de que simpatizan con el anti-sandinismo y con el anti-chamorrismo de la Alianza Liberal, no dejan de experimentar muchas dudas y temores ante un triunfo de Alemán.

Los alemanistas creen que, de llegar al poder, contarán con el apoyo incondicional del poderoso capital cubano de Miami. Pero está por verse qué tan incondicional será este capital y cuántos riesgos estará dispuesto a asumir, invirtiendo en un país en el que muy probablemente los alemanistas- como lo revelan las últimas encuestas- tendrán que resignarse a compartir el poder con los sandinistas y con representantes de otros partidos, que estarán presentes en el Legislativo y en las municipalidades.

De hecho, lo que le garantizará una mayor estabilidad a la nación no será tal o cual partido, sino la coexistencia dentro del Estado de varios partidos. Esta coexistencia es uno de los componentes de la democracia formal. En el caso de Nicaragua puede ayudar a ir más allá de cualquier formalidad democrática.

Pobreza + frustración = inestabilidad

La mayor fuente de inestabilidad para la nación, continuará siendo durante un buen tiempo la situación de desempleo y de pobreza de la mayoría de los nicaragüenses, sumada ahora a la frustración que experimentarían si una vez que termine la contienda electoral, todo sigue igual para ellos.

En cuanto a los recursos para desarrollar las políticas sociales a las que aspiran las mayorías, el FSLN aventaja a la Alianza Liberal en su capacidad y experiencia para movilizar el apoyo bilateral de la socialdemocracia europea para proyectos de salud y educación. También pueden contar con la capacidad organizativa del Movimiento Comunal que, a pesar de no contar con muchos recursos financieros durante el gobierno Chamorro, supo mantener ciertos niveles de movilización de la población alrededor de tareas en beneficio de la comunidad. La Alianza Liberal podría obtener para estas tareas recursos de la AID.

Las encuestas han demostrado, una tras otra, que la inmensa mayoría de los nicaragüenses - que vive en la pobreza o en la miseria- coinciden en dos temas: quieren paz y quieren reactivación económica. Y eso es lo que esperan conseguir con sus votos. La mayoría está harta de guerra y del lenguaje de la confrontación. Quiere tan sólo trabajar y vivir en paz, con un nivel de vida digno.

Durante la década de los 80, muchísimos de estos pobres tuvieron trabajo, educación y salud, pero desde 1982 en adelante no pudieron disfrutar de la paz y cargaron con la pesada carga de la crisis económica que trajeron la guerra y el bloqueo. Con el gobierno Chamorro, tuvieron paz, pero se quedaron sin empleo, sin educación y sin salud. Hasta ahora, ningún gobierno ha sido capaz de ofrecerles juntas la paz y la reactivación económica.

Daniel o Alemán: el gran reto

El gran reto del nuevo gobierno será el poder presentar a la comunidad internacional una propuesta previamente concertada con todos los sectores sociales del país y orientada a obtener una flexibilización de la receta neoliberal que se ha aplicado estos años, a fin de asegurar a las mayorías reactivación económica con empleo. Y paz.

Las fuerzas de la pequeña y mediana producción, del campo y de la ciudad representan un movimiento subterráneo en la cultura económica y política de Nicaragua. La concertación post-electoral de un gobierno de "cambio" o de un "gobierno de todos" no podrá hacerse sin su participación. La suerte está echada.

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