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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 267 | Junio 2004

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Nicaragua

Agenda social cargada, gobierno cercado

La factura petrolera aumentó. Y el TLC se retrasa. Los problemas sociales estallan, se acumulan. ¿Cuáles son los márgenes de maniobra? El gobierno está estrictamente cercado. Y el estilo con que actúa lo aísla cada día más.

Equipo Nitlápan-Envío

En el último mes, los conflic-tos sociales se multiplicaron, a la par que se incrementaban los niveles de frustración de la mayoría de la población. No hay salidas de corto plazo. Faltan recursos, falta capacidad institucional y falta voluntad política. Y es estrecho el cerco que rodea al gobierno, a Nicaragua, para mejorar recursos, capacidades y voluntades.

EL TLC, TABLA DE SALVACIÓN, SE RETRASA

El 28 de mayo se firmó en la sede de la OEA en Washington el Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Centroamérica y Estados Unidos. Fue un acto sin la celebración esperada. Bajo el perfil. No llegaron los Presidentes centroamericanos ni el Presidente Bush. En su lugar, los Ministros de Economía y el representante de Comercio de Estados Unidos, Robert Zoellick. Parco simbolismo decidido porque ya se sabe que el TLC no va a ser aprobado, como estaba previsto, en la actual legislatura del Congreso estadounidense ni entrará en vigencia al alborear el 2005.

Las iniciales expectativas han cambiado, todo se ha pospuesto. El escenario más optimista plantea que el TLC se aprobará después de las elecciones, dependiendo de si Bush gana en noviembre y si los republicanos conservan la mayoría que hoy tienen en la Cámara y el Senado.

Cinco horas después de la firma en la OEA, John Kerry afirmó que, si era elegido, no firmaría el TLC y lo revisaría, sobre todo en sus aspectos laborales y ambientales. Si los demócratas ganan, o si Bush gana, pero con un control republicano en el Congreso reducido, lo más probable es que el TLC no empiece a operar hasta en 2006.

Los gobiernos de Centroamérica han acumulado muchas esperanzas en el TLC para revivir la economía regional. En los últimos tres años, prácticamente desde que comenzó el nuevo milenio, la economía de Centroamérica ha crecido muy lentamente, menos que un 3% anual. Y en Nicaragua, Guatemala y Honduras el crecimiento del ingreso per cápita ha sido negativo durante esos tres años. El liderazgo político y empresarial de la región viene apostando al TLC como última tabla de salvación.

En Centroamérica, la explicación “oficial” de tan decepcionantes resultados económicos es el adverso contexto internacional: un agudo deterioro en los términos de intercambio, con la drástica baja de un producto tan emblemático como el café; y la lenta recuperación en la economía de Estados Unidos, principal socio comercial de Centroamérica. El Consejo Monetario Centroamericano, principal organismo financiero regional, ha evaluado que en estos tres años los países de Centroamérica perdieron tanto como 6 mil millones y medio de dólares por la caída de los precios internacionales de sus principales productos de exportación.

Al iniciar el año 2004 se confiaba en que las cosas empezarían, por fin, a mejorar. Fundamentalmente, porque el TLC atraería a la región un mayor flujo de inversiones. Y porque la caída en picada del precio del café se había detenido. Nadie contó con otro precio: el del petróleo.

SE ESFUMAN LAS PREVISIONES

Cuando a finales de 2003, el gobierno hizo previsiones para el crecimiento del PIB calculó que, por primera vez desde 2001 -inicio del gobierno Bolaños- Nicaragua tendría un crecimiento positivo en su PIB per cápita. El precio del petróleo fue calculado entonces a 27 dólares el barril y a inicios de junio llegaba ¡a 40! Si un precio así -nivel récord en la historia nacional-, se mantuviera tan alto, Nicaragua tendrá que gastar en 2004 unos 150 millones de dólares más en la compra de crudo, del que depende casi totalmente la generación de energía del país. No es poca cantidad: 150 millones es la cuarta parte del total de las exportaciones nacionales.

Una factura petrolera incrementada y un flujo de inversiones “salvadoras” que se retrasa en llegar dibujan a corto plazo un horizonte económico ensombrecido. En busca de “consuelo” mundial, muchos análisis coinciden en que estos precios no podrán mantenerse, deberán bajar. Porque un alza tan grande tiene mayor impacto en las economías desarrolladas, y Estados Unidos y Europa forzarán a los países de la OPEP a aumentar la producción para bajar los precios.

Una vez más, factores determinantes de la vida nacional escapan de nuestro control, con lo que se refuerzan las actitudes resignadas que han caracterizado nuestra historia, con la consecuente insensibilidad en quienes gobiernan y un fatalismo cada vez más irritado en quienes son gobernados. No soy mago para resolver este problema: así trató de “poner calma” ante el alza de los combustibles el Presidente Enrique Bolaños.

EL MIEDO MUNDIAL

La mayoría de los analistas coinciden en que el problema actual del petróleo no se debe ni a escasez ni a falta de abastecimiento ni tampoco a exceso de demanda, aun cuando es cierto, y crea grandes desafíos, la incorporación creciente de la India y de China al desarrollo, pues sus inmensas poblaciones aumentan desmesuradamente la demanda de petróleo, al igual que la incrementa el aumento en la demanda de Estados Unidos, que no toca sus reservas estratégicas y acapara petróleo de todos los países productores.

La crisis actual tiene algo de novedoso. Arabia Saudita produce el 25% del petróleo del mundo. Cada cuatro barriles uno sale de este país árabe. Los saudíes no sólo tienen una producción colosal, sino instalaciones capaces de producir mucho más cuando el mercado se deprime, instalaciones siempre en renovación, lo que les permite regular el mercado.

El temor a que las instalaciones petroleras de Arabia Saudita -custodiadas hoy por más de 30 mil hombres, a costa de un enorme presupuesto- sean afectadas por actos terroristas produciría un caos mundial y ha puesto nervioso al mundo entero. Es posible que el alza en el precio del petróleo se deba al miedo a que esto suceda. El acto terrorista ocurrido en esas instalaciones a finales de mayo le dio realismo a este temor, alimentado también porque se trata de un régimen monárquico autoritario que atraviesa por una grave crisis política, con una oposición muy fuerte, de la que se nutre la red Al Qaeda del saudí Osama Bin Laden, un personaje que siempre ha cuestionado el abastecimiento de crudo con que el gobierno de Arabia Saudita provee a Occidente.

Para complicar aún más las cosas, el segundo país en reservas petroleras mundiales es Irak. La expectativa optimista que para sus aliados fabricó per versamente Bush era un Irak en paz, donde Estados Unidos, controlando estas reservas, bajaría los precios mundiales del crudo. Hoy, el caos irakí derivado de una guerra ilegal e injusta, ha convencido a aliados y a adversarios que un Irak produciendo petróleo con normalidad y a plena capacidad está en un horizonte aún muy lejano.

UN ESTILO QUE IRRITA

Éste es el marco internacional en el que se desarrolla la crisis nacional y en el que busca espacios la cargada agenda social de Nicaragua: el reclamo universitario por el 6% del presupuesto; las amenazas de huelga de los transportistas, agobiados por el alza de los combustibles; las negociaciones del salario mínimo -cuando los precios se disparan al ritmo del disparo del combustible-, los reclamos de los hambrientos obreros agrícolas del Norte, que marchan sobre carreteras y caminos reclamando tierras para trabajar como alternativa al empleo que la crisis del café les arrebató. Las mil y una presiones de tantos sectores sobre un presupuesto aún no aprobado definitivamente.

El gobierno ha mantenido una posición muy inflexible en dos de los conflictos más graves que estallaron este mes: la demanda universitaria por el 6% del presupuesto y el reclamo de los gremios organizados por un ajuste sustancial del salario mínimo, que quiebre la tradicional resistencia de los empresarios.

El estilo arrogante, displicente y nada dialogante con que el Presidente Bolaños y varios de sus altos funcionarios se expresan en los medios sobre estas temáticas, sobre los reclamos y los reclamantes, como desentendiéndose de cualquier solución, como mirando la realidad desde un sitial tan alto en donde se instalan, tan seguros de no tener nada que resolver como de no tener nada que perder, resulta irritante y está contribuyendo, a diario, a agravar aún más todos los problemas. La insensibilidad reiterada con que el Presidente Bolaños y varios de sus más visibles altos funcionarios defienden sus altos salarios -aunque legales, inmorales en un país tan pobre donde la economía necesita de la ética para desarrollarse-, justificándolos en sus elevados coeficientes intelectuales, están dejando al gobierno solo. Sólo y aislado, en su frágil torre de oropel.

LOS MIL MILLONES QUE FALTAN

Detrás de esta inflexibilidad, hay también un cerco tendido en torno al gobierno, que no le deja mucho margen de maniobra. Este mes, tres representantes de la Coordinadora Civil -que aglutina a los sectores más organizados de la sociedad civil nicaragüense- viajaron a Washington a denunciar la doble contabilidad del gobierno, por entregar para su aprobación a la Asamblea Nacional un presupuesto con unos mil millones de córdobas menos -provenientes de los ingresos fiscales-, cantidad que sí aparece en el presupuesto comprometido con el FMI.

La Coordinadora denunció también que los recursos liberados tras el alivio de la deuda externa no se han destinado a proyectos para reducir la pobreza y que ambas cantidades han ido al pago de la deuda interna.

Aunque no lo reconoce -no conoce la humildad, como virtud política- el gobierno no tiene mucho margen de maniobra entre los condicionamientos del FMI y la deuda interna, camisa de fuerza que el presupuesto refleja.

Ni el gobierno ni el FMI han negado la millonaria diferencia denunciada por la Coordinadora. Achacando inicialmente esa discrepancia a presupuestos elaborados en fechas diferentes, admitieron después que esos mil millones fueron destinados a “fortalecer las reservas internacionales en el Banco Central”. Si asumimos como cierta esa respuesta, la siguiente pregunta sería: ¿para qué una inversión financiera de tal magnitud en las arcas del Banco Central cuando el país tiene tantas necesidades urgentes? A eso no se responde.

CERCO: PRIMER CÍRCULO

La respuesta la pueden dar los organismos multilaterales. Para entender la lógica del “cerco” que esta respuesta implica hay que remontarse años atrás. En la medida en que crecían las críticas por el modelo de ajuste estructural que ellos promovieron -o impusieron- en los países del Tercer Mundo, el FMI y el Banco Mundial comenzaron a defenderse. Afirmaron que su “paquete” no funcionaba porque estaba incompleto. Dijeron que necesitaba un marco de reformas institucionales que respaldara el conjunto de reformas económicas ya en marcha.
Plantearon que al “paquete” criticado le faltaba una segunda generación de reformas, de tres tipos. Son las que ahora están promoviendo en Nicaragua. En el primer círculo colocaron las reformas relativas al sistema financiero. Esto implica el fortalecimiento de las reservas internacionales en los Bancos Centrales.

Las crisis financieras de mediados de los años 90 en el Tercer Mundo demostraron que, al no tener suficientes reservas acumuladas para enfrentarlas, las economías de varios países colapsaban. Ahora, el FMI y el BM mantienen que una condición esencial para la estabilidad de largo plazo en cada país es acumular superávits y fortalecer las reservas internacionales. Viéndolo desde este ángulo, el gobierno sólo estaría cumpliendo con uno de los requisitos de esta segunda generación de reformas. Actualmente, el Banco Mundial está invirtiendo en toda Centroamérica muchos esfuerzos para lograr legislaciones bancarias que hagan poco probables los colapsos de los sistemas financieros en los países del Sur.

El primer círculo del cerco supone un estricto control. Por eso, cuando los transportistas le exigen al gobierno que rebaje 20 centavos al impuesto sobre el petróleo, Bolaños se niega. Y cuando los estudiantes exigen un cálculo del 6% que sobrepase lo ya calculado dentro de esas condicionalidades, Bolaños se niega. Con cualquier variante incumple el pacto fiscal y financiero que ha asumido pragmática y resignadamente.

CERCO: SEGUNDO CÍRCULO

Un segundo círculo en las reformas incluye la reforma a la seguridad social, lo que en Nicaragua tendrá pronto graves repercusiones. Según el diseño asumido, quienes tienen más de 43 años se mantendrán en el sistema público con las reglas actuales, mientras que los menores de 43 años pasarán al sistema privado de pensiones, estando sus cotizaciones en manos de administradoras privadas.

El Ministro de Hacienda, Eduardo Montiel, ya reconoció que, una vez que salgan del sistema público todos los menores de 43 años, ese sistema dejará de ser autosostenible. Esto significa que el gasto estatal se va a incrementar para cubrir el déficit de la seguridad social. El gobierno, agobiado por este nuevo monto, negocia la posposición de la implementación del nuevo sistema, prevista para agosto 2004, mientras los bancos privados ya tienen sus administradoras de pensiones listas para empezar a operar con la colosal cantidad de dinero que suponen las cotizaciones de los trabajadores.

EL CERCO INSTITUCIONAL

En este segundo círculo están pendientes la reforma del sistema judicial y la del sistema electoral, buscando crear un andamiaje jurídico-institucional adecuado a la inversión y a la economía de mercado.

En este ámbito, el cerco impenetrable se lo coloca al gobierno la realidad política nacional, donde las instituciones quedaron atrapadas por el pacto de los caudillos Alemán y Ortega. Cualquier cambio, avance o reforma política -elección de cargos, modificaciones de la ley electoral, ley de carrera judicial, nombramientos que no sean en el Ejecutivo- está permanentemente cruzado por el conflicto a tres bandas -¿o a más bandas?- y con la voluntad de los dos caudillos que controlan la institucionalidad del país. Todos los conflictos de la cargada agenda social, que se traducen en modificaciones en el presupuesto, en asignaciones hacia aquí o hacia allá, se ven cruzados por los intereses de ambas bandas.

SIN ORTEGA, LA DEBACLE

Carente aún el país de reglas de juego claras y aceptadas mínimamente por todos, la clase política -y la económica- está hoy entregada a despiadadas luchas de poder. Y más allá de las elecciones municipales de noviembre, son ya intensos los movimientos posicionándose para las elecciones presidenciales.
En el lado del FSLN, Daniel Ortega lo anunció el 18 de mayo: Con la candidatura de Daniel Ortega (sic), el Frente Sandinista ha venido remontando de abajo hacia arriba... Lo que tenemos acumulado con la candidatura de Daniel no se puede tirar a un lado, porque puede significar una debable.

A la par de esta arrogancia, la política de “tierra arrasada” contra cualquier competidor. Rosario Murillo y Daniel Ortega, apoyados por sus medios de comunicación, lanzaron sus baterías contra el alcalde de Managua, Herty Lewites, al que acusaron de faltar a la ética, mordazmente Murillo en una larga diatriba, más cuidadosamente Ortega en declaraciones que la respaldaban. Lo que se le achaca -su versatilidad en las alianzas y su estilo no confrontativo- es precisamente lo que fue esencial del tercerismo del que surgieron los Ortega. Lo que se teme en Herty es el desafío que representa en popularidad ante la obcecación de Daniel Ortega.

EL GUL SE TRANSMUTA

En el lado del antisandinismo, lo más destacado es la rendición de los liberales bolañistas, que abandonaron el proyecto del GUL (liberalismo sin Arnoldo y construido desde el gobierno) para crear otro proyecto: la APRE (Alianza por la República) (alianza libero-conservadora y de otros sectores, también desde el gobierno), que se presenta como la nunca concretada “tercera fuerza” que quebrará el monopolio de los caudillos.
El FSLN aplaudió la nueva alianza, en nombre del “pluralismo”. La aplaude porque le favorece electoralmente. Nada puede alimentar más el mesianismo de Ortega que ver al antisandinismo dividido en dos opciones. Mantener, por su control del Poder Judicial, a Alemán preso, le garantiza al FSLN la división en esta etapa de las pre-presidenciales.

Si la división se mantiene en las municipales, para las presidenciales hay que esperar una presión extraordinaria de la embajada de Estados Unidos hasta lograr que los antisandinistas se unan en una sola oferta política. Para entonces, con un PLC sin dinero -¿de dónde sacarlo?- y con su líder aún en la cárcel, será más fácil que el PLC negocie con la APRE algún tipo de acuerdo.

EL TERCER CÍRCULO DEL CERCO

El tercer grupo de reformas que el Banco Mundial y el FMI ha promovido están orientadas a lograr un crecimiento más equitativo. A finales de mayo, Guillermo Perry, economista jefe del BM para América Latina y el Caribe, vino a Managua a presentar los resultados de una investigación sobre la desigualdad social en América Latina. La conclusión -que está sirviendo de base para este grupo de reformas- es que mientras más desigualdad hay en un país es necesario un mayor crecimiento para lograr eliminar la pobreza. En otras palabras, a los países que tienen menores niveles de desigualdad les cuesta menos reducir la pobreza.

América Latina es la región del planeta con la mayor desigualdad en ingresos. Y Nicaragua y el resto de los países de Centroamérica, con excepción de Costa Rica, están por encima del promedio de desigualdad que existe en este continente tan desigual.

Los organismos multilaterales están proponiendo dos vías para reducir la desigualdad en América Latina: acceso de los pobres a la educación y acceso de los pobres al mercado.

Todas las investigaciones demuestran que en todos los países un acceso masivo a una educación de calidad es lo que puede significar un cambio. Nicaragua está en graves problemas. Un reciente estudio demuestra que la calidad de la educación pública en Nicaragua es pésima y que no hace ninguna diferencia que niños y niñas vayan o no a determinadas escuelas, porque nada aprenden en ellas. Solucionar esto, aun en las mejores condiciones y con las más firmes voluntades, es cuestión de una o dos generaciones.

A corto plazo, y en esa misma dirección, se propone como una manera eficaz de actuar y de lograr un impacto directo en el crecimiento económico transferir directamente ingresos a las familias en extrema pobreza para que envíen a sus hijos a la escuela. La Dalia, en Matagalpa, es uno de los lugares de Nicaragua donde este programa se ha desarrollado más, con resultados positivos.

La segunda vía, el acceso de los pobres al mercado, es más conflictiva políticamente y en Nicaragua apenas se considera. Este acceso significa, entre otras cosas, apoyar de varias formas y sostenidamente las empresas de los pequeños productores del campo y de las innumerables mujeres de los mercados, de las ciudades, facilitarles el crédito, proveer títulos de propiedad en los asentamientos urbanos. Significa, incluso, la reforma agraria, aun cuando los multilaterales no quieran nombrarla así.

¿HAY VOLUNTAD?

El problema de fondo en el que el gobierno está cercado y el país atrapado es cómo responder adecuadamente a una agenda social tan postergada por tanto tiempo, tan cargada hoy, con tan escasos márgenes de maniobra. Todos los estudios -internacionales y nacionales- concuerdan en que para que Nicaragua crezca económicamente más rápido debe tener una mejor distribución de sus riquezas. Pero, por otro lado, los recursos para promover esa mejor distribución, las capacidades institucionales para lograrlo y la voluntad política para emprender esta tarea limitan al gobierno.

La voluntad política. Una “insoportable levedad en el ser” de este gobierno permite pensar que aun cuando hubiera los recursos, tal vez no se estaría en capacidad de promover el acceso de los pobres a los mercados. ¿Lo sabrían hacer? ¿Tendrían “el conocimiento” que esta ciencia social implica?

¿HAY CONOCIMIENTO?

Albert Einstein definió muy sabiamente en qué consiste ese conocimiento: Es el resultado -decía- de un doble proceso: el análisis sistemático y la comprensión intuitiva de las evidencias de la realidad. Las tecnocracias dominantes en el mundo y en nuestro gobierno han olvidado esta ecuación. Lo resuelven todo con frías estadísticas elaboradas en serie en cómodas oficinas, que después muestran, para vencer y convencer -ni vencen ni convencen-, con la tecnología del power point en insulsos actos celebrados en lujosos hoteles.

Es difícil pensar que en los dos años y medio que le quedan de gobierno a Bolaños, va a tener la fuerza suficiente para emprender las reformas institucionales que el desarrollo económico del país precisa y que le han resultado tan dificultosas, por los cercos y por su estilo. La inestabilidad económica mundial y la recurrente inestabilidad nacional hacen difícil prever un programa tan ambicioso de reformas y alguna bonanza para Nicaragua en los próximos dos-tres años.

HAY UNA BRECHA

En medio de esta contradicción bastante irresoluble, quienes nos oponemos a la fría tecnocracia y apostamos cálidamente porque los pobres dejen de serlo dándoles oportunidades, tenemos hoy, inesperadamente, un punto de coincidencia con los organismos multilaterales: afirmamos desde hace tiempo -afirman ellos ahora- que la desigualdad social frena el crecimiento.

Hace tan sólo una década esto no era materia de reflexión en estas poderosas instituciones, que sólo proponían el libre mercado y sólo achacaban los problemas de nuestros países al Estado: a su proteccionismo y a su falta de disciplina fiscal. Hace sólo dos-tres décadas, denunciar la injusticia social, clamar contra la desigualdad, luchar contra ella, era ser comunista, y estar en la mira de militares y paramilitares. Cuántos no fueron matados por esta razón durante los ocho años de gobierno del ya difunto Ronald Reagan. Cuán alta es la montaña de torturados y asesinados en América Latina y en Nicaragua por pensar así y actuar en consecuencia.

Con la desaparición irreversible del mundo bipolar, podemos hoy pensar, hablar y actuar más francamente. ¿Lo haremos? Lo que está claro es que si no se reduce la brecha en Nicaragua -no sólo debe reducirse la extrema pobreza, también la extrema riqueza-, en nuestro país seguirá habiendo “más de lo mismo”.

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