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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 224 | Noviembre 2000

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Nicaragua

Radiografía preliminar del abstencionismo electoral

La abstención fue el dato no previsto. Los dos partidos del pacto se beneficiaron con la abstención. Hay indicios de un "abstencionismo dirigido". Urge una investigación sobre las razones de tan alta abstención.

Marcos Membreño Idiáquez

Los resultados tomaron a la opinión pública por sorpresa: el gran ganador de las elecciones municipales era el abstencionismo. La abstención se convirtió en una opción electoral que superó ampliamente los porcentajes de votos que a nivel nacional obtuvieron el PLC y el FSLN. ¿Es posible determinar con cierto grado de certeza cuál fue realmente el porcentaje de ciudadanos que decidieron abstenerse de votar el 5 de noviembre?
¿Quiénes son esos nicaragüenses? ¿Cuáles son sus características? ¿Qué razones voluntarias o involuntarias les llevaron a no votar? A éstas y a otras preguntas pretendo responder en base a una investigación realizada por el Instituto de Encuestas y Sondeos de Opinión (IDESO) de la UCA, que fue financiada por COSUDE (Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación) y la Embajada Real de Dinamarca en Nicaragua.

Uno o dos días después de las elecciones, los medios anunciaron lo inesperado: el 40% de los nicaragüenses se había abstenido de votar. Tan elevado porcentaje era muy diferente al que la opinión pública se había acostumbrado a escuchar en los mismos medios desde hacía un par de meses. Prácticamente todas las encuestadoras vaticinaban una tasa de abstención promedio en todo el país del 20%, con pequeñas variaciones, puntos más, puntos menos. En Managua, principal plaza electoral del país, y por esto la más "encuestada", los penúltimos y últimos sondeos realizados por IDESO, M&R y CINASE predecían una abstención que rondaría entre el 12% y el 20%.


El efecto padrón

Los pronósticos fallaron. Comparando los resultados oficiales preliminares del CSE con las personas inscritas en el padrón electoral, el abstencionismo llegó al 44.26%, cifra que parece incluir los votos anulados, tanto por equivocación como por decisión política. En 14 de los 17 departamentos del país, el abstencionismo superó el 40%, en el resto también fue inesperadamente alto.
Una primera aproximación a la interpretación de tan alta cifra requiere recordar que, antes y durante la campaña electoral, los medios, diversas instituciones de la sociedad civil y no pocos ciudadanos de distintos municipios denunciaron que el Consejo Supremo Electoral (CSE) no había depurado de fallecidos, extranjeros y emigrantes el padrón electoral. ¿Cuánto más creció la abstención por el efecto padrón? Probablemente jamás lo sabremos. Como tampoco sabremos con certeza si las denuncias sobre un padrón no depurado son ciertas. El padrón electoral, aunque imperfecto todavía, alcanzó ya niveles muy aceptables de depuración, expresó a envío la ex-Presidenta del CSE Rosa Marina Zelaya en vísperas de las elecciones. Algunos dirigentes de la oposición llegaron a asegurar que los datos de las "copias" del padrón que el CSE había entregado a los partidos políticos participantes en los comicios no eran los mismos del "original", guardado celosamente y en secreto por el CSE. Hay mucha oscuridad en torno al tema del padrón.

El padrón electoral refleja las debilidades históricas del sistema registral nicaragüense (graves vacíos en los nacimientos, las defunciones y las migraciones registradas) y la inexistencia en amplios sectores de la población de una "cultura registral" (no se inscriben los nacidos, no se reportan los fallecimientos). Hoy, el padrón refleja también el debilitamiento de la institucionalidad democrática por la bipartidarización política, que crea condiciones y posibilidades para que sea utilizado por los dos partidos que controlan el CSE como un instrumento para competir con ventaja contra los otros partidos que participan en el proceso electoral y también como campo de batalla para rivalizar entre sí.

El CSE es el más obligado a ofrecer una explicación imparcial y concienzuda sobre los elevados índices de abstención en las elecciones municipales. Pero es el menos interesado. Con los plazos tan cortos que tiene ante sí el electorado nicaragüense dada la proximidad de las elecciones presidenciales y legislativas del 5 de noviembre del 2001, la opción alternativa más confiable y expedita sería la elaboración de un estudio independiente, apartidista, capaz de presentar cifras que puedan ser contrastadas con las cifras oficiales del padrón, tanto a nivel nacional como a nivel de cada municipio. Este estudio podría ser una útil herramienta para presionar públicamente al CSE para que depure a fondo y con urgencia el actual padrón electoral.

2001: la tentación del abstencionismo

El nivel de abstencionismo, cifra récord en la historia electoral de Nicaragua, puede convertirse en un peligroso precedente para las elecciones presidenciales y legislativas del 2001. Porque si el PLC y el FSLN -los dos partidos que hoy controlan las instituciones estatales, también el CSE- fueron los beneficiados con la elevada abstención y con las "impurezas" del padrón electoral, puede sospecharse que, desde ya, algunos de sus más inescrupulosos dirigentes estén preparando la re-edición en el 2001 de las condiciones institucionales que estimularon el abstencionismo.
Esta sospecha queda justificada con lo que se veía venir en el municipio de Puerto Cabezas desde semanas antes de las elecciones. Allí, el CSE pudo, pero no quiso, evitar el abstencionismo. Más bien lo indujo como en ningún otro municipio del país, al negarse sistemáticamente a aceptar la participación electoral de YÁTAMA, partido étnico del Atlántico Norte. Al final, el CSE consiguió su objetivo: el FSLN ganó la alcaldía de Puerto Cabezas. Pero la ganó con apenas el 9% de los votos. El 80% del electorado se abstuvo de votar en protesta por la exclusión de YÁTAMA. Si el CSE no tuvo ningún escrúpulo en promover la abstención en este municipio, cifra récord del abstencionismo nacional, ¿por qué dejaría de hacerlo en otros lugares el próximo año?
El PLC y el FSLN pueden verse tentados a re-editar en los comicios del 2001 un "abstencionismo inducido". Disponen de cuatro ventajas para ello. Controlan el CSE, la institución encargada de elaborar y manipular el padrón. Cuentan con la experiencia de esta contienda. Han constatado que los "costos políticos" del abstencionismo son relativamente bajos, como lo demuestra la ausencia de un movimiento social o político que haya cuestionado seriamente la legitimidad de las elecciones o exigido al CSE un estudio a fondo sobre los factores internos al proceso y al sistema que condujeron a la abstención. Y sobre todo, saben que ganaron las alcaldías con cantidades de votos que equivalen tan sólo a un 20% de los votantes, porcentaje muy similar al del voto cautivo con el que cuenta tanto el PLC como el FSLN. Ya han entendido -en la práctica, con estas elecciones- que se asegurarían la victoria en las elecciones del 2001 manteniendo un alto abstencionismo, ya que el tamaño de sus electorados cautivos sería suficiente para darle el triunfo a uno o a otro.

Perfil del abstencionista

Se puede reconstruir el identikit del abstencionista. Para ello, utilizaremos los datos de la encuesta nacional que IDESO-UCA realizó entre el 8 y el 13 de septiembre del 2000, dos meses antes de las elecciones, entrevistando a un total de 1,700 personas en edad de votar. El margen de error de esta encuesta fue de ± 2.5%, con un nivel de confianza del 95% para la estimación de los principales parámetros. Del total de personas encuestadas, sólo el 19% manifestó su intención de no votar en las elecciones municipales. El "retrato" de este 19% de abstencionistas puede ser reconstruido a partir de los datos que aparecen en la columna No votaré del cuadro de la página siguiente.

Entre los abstencionistas, hay tantos hombres como mujeres. Predominan entre ellos los votantes más jóvenes, con edades entre 16 y 19 años de edad. Son parte de la nueva generación ciudadana, que estrenaba en estas elecciones municipales su derecho al voto y, en vez de debutar como votantes, lo hicieron como abstencionistas. Probablemente, ningún partido político les resultaba atractivo o convincente. Hay más abstencionistas en las ciudades que en las regiones rurales, donde aún se conserva una mayor confianza en las elecciones como factor de cambios significativos.
Tienden a poseer un mayor nivel educativo. En este parámetro, la figura más opuesta a los abstencionistas son los ciudadanos analfabetas o quienes no pudieron concluir la primaria. Los datos de la encuesta revelan con elocuencia que a mayor nivel de escolaridad -estudios de secundaria o universidad- existe en los electores una mayor inclinación al abstencionismo. Tanto pueden tener empleo como ser desempleados, aunque quienes tienen empleo muestran una ligerísima mayor tendencia al abstencionismo. Se sitúan en los rangos de mayor ingreso económico.
A diferencia del electorado de bajos ingresos, que expresa voluntad de participar con su voto en las elecciones, los votantes de ingresos medios y altos muestran una mayor preferencia por la abstención. Se confiesan protestantes o increyentes, aunque el cuadro constata que entre los católicos el porcentaje de abstencionistas es apenas inferior al de los protestantes e increyentes. Entre los protestantes, el abstencionismo puede deberse a que sus creencias les alejan de la política o a su oposición al actual gobierno, abierta y decididamente pro-católico.
Dentro del protestantismo, los creyentes de la Iglesia Morava de la Costa Atlántica muestran una mayor tendencia al abstencionismo, expresión de su rechazo a las estructuras estatales administrativas impuestas por los blancos y mestizos del Pacífico. Los increyentes parecen formar parte de una izquierda política profundamente crítica y escéptica frente al actual sistema político nacional. Habitualmente, estos abstencionistas no se informan por la radio. Probablemente porque pertenecen, sobre todo, a sectores de medianos y altos ingresos, menos asiduos a este medio. De las noticias conocen por la televisión o los periódicos. Hoy, comprar periódicos o mantener un aparato de televisión supone un cierto nivel económico.




¿Se equivocaron las encuestas o se confundió a los votantes?

Entre el pronóstico abstencionista de nuestra encuesta -y de tantas otras- y los resultados electorales hay una diferencia grande: del 15-20% al 45-50%. Hay por lo menos dos explicaciones. O las encuestas se equivocaron, lo que indicaría que no son fiables ante un electorado tan "güegüense" como el nica o que quienes encuestaban tenían intencionalidades políticas que les impidieron alcanzar la verdad. O las encuestas no se equivocaron, pero entre las fechas entre las que cerraron sus sondeos y el día de las elecciones ocurrieron cosas que causaron tal impacto en los votantes que les llevaron a cambiar sus decisiones y opiniones.
Dos hechos, por lo menos, produjeron este impacto. El primero fue el efecto esquela: A través de Correos de Nicaragua, el CSE envió esquelas -avisos en pequeños papeles- notificando a un buen número de electores la dirección de la junta en la que les correspondía ir a votar. Por fallas técnicas -según las explicaciones dadas por los funcionarios del CSE-, como miles de estas esquelas contenían direcciones equivocadas, a la primera esquela siguió otra, un aviso corregido que tampoco tenía la dirección correcta y que aumentó la confusión. Este "error" produjo un caos masivo en todo el país el mismo día de las elecciones: millares de nicaragüenses se presentaron a juntas equivocadas, descubriendo con sorpresa que sus nombres no aparecían en el padrón. Los más tenaces se dieron a la tarea de andar buscando su junta "del timbo al tambo" durante horas. Muchos fracasaron por completo en su búsqueda, otros tuvieron éxito, pero al llegar a su verdadera junta les esperaba otra sorpresa.

El efecto decomiso

Como se había hecho evidente la confusión de millares de votantes, las autoridades del CSE autorizaron a millares de electores a votar en alguna junta "equivocada" siempre que probaran que vivían en ese territorio, pero con la condición de que se les retuviera su cédula de identidad para una posterior revisión. Se produjo entonces el efecto decomiso: miles de electores desconfiaron de esta disposición y en el último momento se abstuvieron de votar.
Muchos temieron, justificadamente, el riesgo de perder un documento que tanto les había costado tramitar, aun cuando el decomiso fuera temporal. La sospecha del fraude y el rechazo a que su cédula pudiese ser utilizada en maniobras fraudulentas o con otros fines ajenos a su voluntad llevó a muchos a abstenerse de votar. Según Carlos Tünnerman, presidente de Ética y Transparencia, el más prestigioso organismo nacional de observación electoral, esta fue una de las principales causas del elevado nivel de abstencionismo.

Tres efectos combinados
No es necesario acudir a ningún observador electoral para probar lo que la opinión pública nicaragüense pudo escuchar o ver: centenares, millares, de llamadas telefónicas a las estaciones de televisión o a las emisoras de radio solicitando la dirección exacta de la junta a la que les correspondía acudir a votar. Gracias a la labor de los medios, conectados a Internet y operando durante toda la jornada del 5 de noviembre y en la víspera, miles de electores pudieron votar. Con este servicio los medios contribuyeron -¿en qué proporción?- a reducir la tasa de abstencionismo. Pero, paradójicamente y en contra de su voluntad, también produjeron el efecto contrario: al ver o escuchar por los medios el desorden, la desorientación y la desconfianza de tanta gente preguntando por su junta, hubo no poca gente -¿cuánta aproximadamente?- que tenía la intención de ir a votar, pero que desistió de hacerlo al constatar el caos existente y al entrever en él los síntomas de un fraude.
Un fenómeno similar fue constatado y documentado por el politólogo norteamericano William Barnes en las elecciones de 1997 en El Salvador, cuando, debido a la reagrupación de los centros de votación ordenada por el Tribunal Supremo Electoral de ese país, fueron muchísimos los salvadoreños que no pudieron encontrar su lugar de votación el día de las elecciones.
Todas las evidencias disponibles parecen conducir a la misma conclusión: en la recta final del proceso electoral el abstencionismo se disparó significativamente al combinarse tres efectos coincidentes: el efecto esquela, el efecto decomiso y el efecto padrón. La conjunción de los tres elevó el nivel de abstencionismo pronosticado. El CSE, con sus decisiones de última hora y con su descalabrado sistema electoral, es el principal responsable del fallo de los pronósticos.

Hablan los abstencionistas

La encuesta IDESO-UCA revela las razones que esgrimían los abstencionistas para no votar. Entre ellas no están ni esquelas ni decomisos de cédula. Esto vino después. ¿Cuáles eran las razones que captó nuestra encuesta para abstenerse de votar casi dos meses antes de las elecciones? (cuadro inferior).

No tomando en cuenta a los abstencionistas por razones religiosas o por razones de ausencia, el 66.7% de los abstencionistas entrevistados afirmó que no votaría por cuatro razones. Al 45.9% no le resultaba atractivo o convincente ninguno de los partidos participantes.
Antes de la aparición del efecto esquela y del efecto decomiso, la principal causa de abstencionismo era responsabilidad del CSE por la política de exclusión de partidos y de candidatos decidida en el pacto entre el FSLN y el PLC, que cerró calculadamente el abanico de ofertas electorales.
El 24.4% de los abstencionistas no tenía cédula de identidad. Dos meses antes de las elecciones, y según los datos de nuestra encuesta, el 19% de los electores de todo el país aún no tenía cédula. La gran mayoría de este segmento (70.3%) dijo haberla gestionado sin éxito ante el CSE. El resto no la había gestionado (13.9%), no pensaba gestionarla (14.2) o afirmó haberla perdido y no haberla vuelto a gestionar (1.7%). El 11.9% de los abstencionistas desconfiaba de la honestidad y transparencia del proceso electoral. En palabras de este tipo de abstencionistas, no hay garantías para el voto por la bipartidarización del CSE y de las juntas receptoras de votos. Un 8.9% reflejaba apatía y escepticismo total no sólo en el proceso electoral sino en el sistema político.



El fantasma del güegüense

¿Qué papel pudo haber jugado en el abstencionismo no pronosticado el tan mentado espíritu güegüense de los nicas? No parece haber sido un papel relevante. Y quienes lo invocan para explicar el inesperado nivel de abstencionismo que dieron los resultados, lo convierten, a sabiendas o ingenuamente, en una especie de "chivo expiatorio" que presta un oportuno servicio al CSE para que éste pueda lavarse las manos como máximo responsable de la abstención que este Poder del Estado provocó por acción o por omisión. Al insuflarle vida al güegüense, la opinión pública puede atribuirle a él, y no al CSE, tan elevado abstencionismo inesperado para todos.

Peor aún: ese güegüense, de quien se piensa siempre responde a las encuestas con medias verdades o mentiras completas, le sirve también al gobierno y a los dos partidos que controlan al CSE para deslegitimar de un plumazo las encuestas independientes. Es curioso que todos los partidos hacen sus propias encuestas, con resultados que casi nunca revelan a la opinión pública. Pero en esas encuestas secretas nunca apelan al güegüense para explicar sus pronósticos desacertados. Sólo lo invocan cuando necesitan deslegitimar las encuestas que ellos ni hacen ni controlan.

Güegüense es un término inapropiado para hablar del temor de las personas a expresar libremente su opinión en contextos de fuerte polarización ideológico-política y militar, cuando muy poca gente se atreve a decir sin inhibiciones lo que piensa o lo que va a hacer. Superan entonces el temor a las represalias declarándose indecisos o ignorantes sobre el tema. En este sentido, "güegüenses" no son solamente los nicas, lo son todos los electores del mundo en contextos de riesgo o de peligro. En las elecciones de 1990, cuando la polarización ideológica-política-militar entre el FSLN y las fuerzas de oposición y de la Resistencia era extrema, las condiciones eran propicias para que la gente respondiese "güegüensemente" a las encuestas.
Hoy, esta arraigada polarización tiende a ceder su lugar a lo que podemos llamar fragmentación multipolar. Una encuesta de IDESO-UCA, llevada a cabo en Managua el 21-22 de octubre entre 1,180 personas, bajo el auspicio de la Iglesia Sueca (SKM), reveló que la mayoría del electorado capitalino (61%) no se adscribe al esquema de confrontación antisandinismo/antisomocismo. Aún se adhiere a esta polarización el 26% de los managuas, mientras el resto se reagrupa en el polo de los antipactistas o escépticos (10%) o en el de los reticentes (3%), quienes decidieron "no responder" a esta pregunta de nuestra encuesta. A este último y minúsculo grupo pertenecerían los mal llamados electores "guegüenses" de los comicios municipales del 2000.

Cada organismo nacional o internacional de observación electoral y los analistas políticos harán su propia valoración de las elecciones municipales nicaragüenses. No pasarán de conjeturas o hipótesis si no preguntan directamente a la población las razones que la empujaron a tomar la decisión de no votar el 5 de noviembre del año 2000. Y si no le preguntan también por el momento en que decidieron no votar. Está bastante claro que las principales razones del abstencionismo desplegaron todo su poder en las meras vísperas de las elecciones.

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